Mrs. Sweeney Lovett Todd


Toallas Ensangrentadas

-Cariño… ¿Qué ocurre?-preguntó con curiosidad

-Nos devolvemos a Londres, Turpin va iniciar un juicio contra mí por la muerte de su estúpido hermano…

Y así ocurrió, a las dos semanas ya estaban instalados de nuevo en Londres, solo que no en su antiguo hogar. Lo había vendido a buen precio antes de marchar lejos de allí para poder comprarse la casita de sus sueños. Ahora dormían en una habitación de hotel antiguo aunque era bastante amplia.

- Amor, como no te des prisa llegarás tarde- le decía Nellie desde la cama.

- Sí, sí- se veía arreglarse en el baño puesto que la puerta estaba abierta a lo que Nellie no pudo reprimir una carcajada- ¿de que te ríes?

- ¿Todos los barberos (peluqueros) os arregláis tanto siempre?- volvió a reírse.

- …no querrás que fuera con el peinado que me dejaste anoche, ¿no?- le guiñó un ojo.

Nellie puso cara de "enfado de niña pequeña" y se tapó hasta arriba con la manta hasta que se escuchó la puerta cerrar.

- "Se habrá ido sin despedirse el muy…"- pero un beso le calló los pensamientos (primero le quitó la manta)

- Hasta luego, Nell- dijo ya en la puerta Sweeney.

- ¿De verdad que no puedo acompañarte?- repuso desde la cama todavía.

- Te he dicho que no mil veces, además Turpin es capaz de involucrarte si te ve por allí- suspiró- ¡Hemos gastado mucho dinero en el mejor abogado de todo Londres!

- Bueno, vale, pero tienes que comprarme flores.

- ¿Flores?- Nellie asintió- las más caras- y cerró la puerta. Una sonrisa tonta se le quedó en la cara a Nellie y decidió que ya era hora de dejar de vaguear en la cama.

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Sweeney miraba una y otra vez el gran reloj de la plaza.

- ¡Señor Todd! ¡Señor Todd!- le saludaba un hombre desde el otro lado de la acera.

- "Por fin"- pensó enfadado- Te dije que a las ocho en punto y mira que hora es- intentó sonar agradable.

- Señor Todd, solo son las ocho y cuatro minutos.

- Ya está, cuatro minutos en los que pueden haberme metido en la cárcel- empezaba a ponerse nervioso.

- ¡Pero si empieza el juicio a las nueve!

- Mira niñato (era jovencillo)…- hizo un amago de sacar una de sus navajas de su cinturón, como en los viejos tiempos- da igual, ¿quieres?

- Sí, señor Todd- y comenzaron a caminar por las calles de Londres.

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- "Perfecta"- pensó por milésima vez frente al espejo- "estas se mueren al verme"

Para pasar el rato había pensado ir a visitar a sus "viejas amigas" (vamos, las cotillas del barrio) no sin antes pasar por su antigua tienda y ver que habían hecho con ella.

Se puso su sombrero y se guardó el monedero en el escote y se fue a la puerta pero antes de tocar el pomo vio que este ya giraba solo. Acercó silenciosamente el odio a la puerta y escuchó una respiración fuerte al otro lado. Alargó la mano y cogió una de las antiguas cuchillas de su marido y se preparó, abrió la puerta y acuchilló lo primero que encontró que se desplomó en un ruido sordo.

-¡Ah!- el grito fue de la expanadera.

En el suelo se encontraba una joven del servicio de limpieza.

Nellie dejó todo y metió rápidamente el cuerpo dentro de la habitación que no dejó rastro ya que llevaba una montaña de toallas y fueron estás las que se tiñeron de rojo.

- "Esto me pasa por levantarme tan tarde"- se regañó mientras cortaba la hemorragia, se limpió y colocó el cartel de no molestar.

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La misma sala, el mismo sitio. Recordaba esa sala como si fuera ayer. A pesar de los 17 años que habían pasado desde que entró a esa sala (15 de cárcel, 1 como barbero y 1 como esposo) no se había olvidado del húmedo olor de aquella sala de juicios y alguien se percató y le dedicó una falsa sonrisa.

- "Todos los Turpins son iguales…"- se alejó lo más que pudo de él hasta que apareció el juez y se sentó en su respectivo sitio.

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Ya no se acordaba de aquellos huevos fritos con beicon que preparaba Loret para desayunar, ella era la única a la que de verdad se podía considerar una amiga. Su hija había crecido mucho desde la última vez que la vio ahora estaba más… un tic en el ojo empezó a surgir en el ojo derecho de Eleanor Lovett.

Frente a ella se alzaba su antigua panadería pero ahora ponía una cosa totalmente distinta en el letrero principal, una cosa totalmente distinta:

"Vestidos Lucy Turpin"

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¡Matadme! ¡Lo merezco! Pero dejadle a mi fantasma RR, bueno, se que es cortísimo y he tardado muchísimo pero estoy en medio de un trabajo de tecnología para mañana, en fin, ¡ya podéis matarme!