Al camino a casa después de la cena había transcurrido en silencio, Edward sabía que yo no querría hablar y yo que aquello no dudaría para siempre. Abrimos la puerta, entramos en casa y antes de que terminara de cerrar la puerta se rompió el silencio.

—¿Puedes decirme ahora lo que te ha alterado? Se que no te gusta Rose pero esa reacción ha sido excesiva, sabes que puedes confiar en mi.

Sonaba tan convincente, no sabía que contestar porque ni yo misma sabía si eso era real o eran imaginaciones mías.

—Es solo que me hizo acordarme de algo.

—¿De qué?— preguntó nervioso— ¿Qué te altera tanto?

—¿Prometes no enfadarte?— pregunté mientras me mordía el labio en señal de nerviosismo.

—Claro que no, solo dilo, sabes que puedes confiar en mi —añadió mientras me dirigía hacia el sofá y se sentaba a mi lado.

—Es solo que he estado tan cansada estos días, desde que murió Franky nunca había podido dormir tanto —empezó a mirarme extrañado— además esta mañana no llegue tarde por las colas de seguridad—su expresión comenzó a tornarse una mezcla entre temor y decepción por mi mentira— tuve que ir corriendo al baño, no podía retener el desayuno en mi estómago— su mirada de terror indicó que él también había atado cabos y sabía de mis sospechas.

Todo quedó en silencio por un momento y pude sentir las lagrimas caer por mi rostro, inmediatamente sentí sus brazos rodearme, levantarme y llevarme hacia la cama, allí nos abrazamos y me dormí entre sus brazos.

Un movimiento sutil me despertó, no obstante no pude abrir mis ojos pero escuche atentamente.

—Carlisle, lo siento pero... yo no quería que esto ocurriera, no creí que me pasaría y menos quería que le pasara a ella— su voz demostraba que estaba asustado, asustado por mí.

—Edward, tranquilízate. ¿Le ha pasado algo a Bella?— preguntó preocupado— si no me lo cuentas no puedo ayudarte.

—Carlisle, ella... ella está embarazada— en ese momento noté como su respiración se agitaba y comenzaba a llorar, aún con los ojos cerrados le estreché más fuerte entre mis brazos.

—Pásame con ella— dijo Carlisle en tono autoritario.

—Está durmiendo— se excusó.

—Venid mañana por la mañana al hospital, hablaremos los tres— respondió y colgó el teléfono.

Finalmente pude abrir mis ojos un poco, mirarle y darle un beso, esa noche simplemente dormimos ambos llorando y abrazados.

A la mañana siguiente nada más levantarnos nos dirigimos al Hospital, para mi suerte era mi día libre, aunque faltar a clases ya no me importaba tanto como antes.

—Hola Bella— me saludo Carlisle mientras daba un abrazo a su hijo— Edward me ha contado lo que ha pasado, ¿Estás de menos de tres meses? De no ser así será más difícil acabar con todo esto.

En ese momento caí en la cuenta de lo que pretendían hacer, ellos querían arrebatarme a mi bebé, el niño que había sido creado por el amor, estreche mi vientre entre mis brazos queriéndolo proteger.

—No lo se, no se ni si estoy embarazada— conteste esta vez más segura.

Carlisle dirigió una mirada cortante a su hijo, estaba claro que pensaba que era demasiado impulsivo y no debería haberlo alarmado así.

—Bien Bella, no te preocupes, eso lo podemos ver en un momento, ya sabes cómo funciona esto.

Me acercó un pequeño aparato como el de la entrada de la universidad, una pequeña gota de sangre y todo estaría listo. Posé mi dedo sobre él y comencé a ver como se imprimían más y más hojas con toda la información extraída, Carlisle leía impaciente y entonces vi su rostro perder toda alegría.

—Bella, estás embarazada pero será muy sencillo terminar con esto— abracé más fuerte mi vientre y ambos me miraron extrañados— si quieres mañana mismo...

—No— le interrumpí— no quiero abortar.

En ese mismo instante salí corriendo de la consulta sin detenerme, sin escuchar sus gritos llamándome y solo me detuve para parar un taxi y darle la dirección de Alice, esperaba que ella me ayudara.

Al llegar llamé desde abajo, cuando respondió Alice solo atine a decir unas pocas palabras.

—¿Puedes llevarme a un sitio?

Alice debió verme por la cámara porque antes de siquiera darme cuenta estaba frente a su casa abriéndome la puerta del copiloto para que subiera.

—¿Dónde vamos?— preguntó enseguida— eso si, debes contarme qué ha pasado.

—Al aeropuerto internacional— grité sin pensarlo.

Nos pusimos en marcha y comencé a contarle todo, mis sospechas la noche anterior, los resultados, mi deseo de escapar y mi ardiente deseo de tener a mi bebé aunque fuera sola.

—Bella, huir del país no te va a ayudar, ¿Por que no vamos a ver a tu madre? Te vendrá bien hablar con ella.

—Si— no atiné a decir nada más.

Alice dio media vuelta y se encaminó en un viaje de más de dos horas hacia la casa de mi madre, después de todo ella me comprendería, ella también había decidido tener a su hijo, ella decidió tener a mi hermano. Durante todo el camino pensé en mi pasado.

Mi primer recuerdo en el que Franky estaba envuelto era una discusión de mis padres, escuché sin que ellos me vieran. Mi padre insistió en que mi madre abortara después de enterarse de que estaba embarazada, mi madre se negó y después de varias semanas de peleas él se fue con todas sus cosas, no he vuelto a saber nada de él.

Mi madre y yo pasamos mucho tiempo juntas en aquella época, cada vez su tripa crecía más y finalmente Franky nació, los médicos le dijeron que estaba muy enfermo, su pronóstico de vida era de 8 años. Antes de ir a casa nos explicaron cómo actuar si se ponía enfermo, lo más importante avisar al doctor, para ello nos dieron una alarma que conectaba directamente con el hospital, si la activábamos ellos irían al lugar donde se encontrara el pequeño artefacto.

Durante los 10 años de vida de Franky activamos aquella alarma más de 120 veces, más de una vez al mes nos veíamos obligadas a alertar a los médicos.

El ultimo día que activé esa alarma fue el día del cumpleaños de Franky, 20 de Junio, ese día habían terminado las clases y el vino corriendo a enseñarme las notas al llegar a casa, había sacado muy buenas notas. Por aquel entonces mi madre y yo nos mirábamos cómplices dado que había superado su esperanza de vida en dos años. Mientras celebrábamos su cumpleaños sufrió otra crisis, alarme al hospital y se lo llevaron, mi madre y yo permanecimos durante una semana junto a su cama en el hospital, viendo como enfermeras y doctores nos miraban con lástima, todos sabían que Franky no volvería a salir del hospital con vida. Luego de 6 días allí, pese a estar monotorizado sufrió otra crisis, me obligaron a salir.

Me senté en unas sillas que se encontraban frente a la habitación, en ellas había un joven de piel blanquecina y cabellos castaños, no me importó que me viera llorar, tampoco me importó cuando me abrazó y trató de calmarme, poco a poco fuimos hablando, le conté todo sobre Franky, el me contó que su padre era el doctor que lo estaba atendiendo desde que ingresó y que se acababa de mudar y no conocía a nadie. Ese día me prometió que seríamos amigos, ese día me prometió que nunca me dejaría tener un invalido, ese día me prometió permanecer a mi lado. Unos minutos más tarde salió mi madre llorando para decirme que Franky había muerto.

Aquel joven cumplió muchas de sus promesas, ante todo permanecer a mi lado, ahora era mi novio y vivíamos juntos, sin embargo tenía miedo de que las cumpliera todas, no me importaba si aquel bebé estaba enfermo, era mi hijo y nadie me lo arrebataría.