Capítulo 4. El tesoro de Arthur.
Harry y los hermanos Weasley, estaban jugando una partida de Quidditch, como sólo eran 8 decidieron hacer equipos de 4. En el primer equipo se encontraba el mayor de los Weasley, Bill, para sorpresa de todos Percy se había animado a jugar, ya que, después de todos los problemas con su familia, se había vuelto más comprensivo y participativo en lo que respectaba a su familia, Fred y George se habían separado para hacer más justa la partida, Fred estaba con Bill, y para completar el Cuarteto estaba Charlie, para jugar en la posición de buscador.
-¡Vaya!- Dijo George- Siempre quise saber quién es mejor, si Harry o Charlie.
-Bueno- Dijo Charlie dando vueltas por los aros, montado en su escoba- hay que considerar que hace mucho que no juego- dijo sonriendo.
-Eso no importa- dijo Fred- nosotros no hemos jugado mucho, y todos siguen diciendo que somos un par de bludger humanas- dijo haciendo piruetas en el cielo mientras George lo seguía, en cuanto a movimientos.
-Bueno, es que ustedes con o sin escobas son un par de bludger- Bill estaba desempolvando su escoba- ahora, el punto es no caernos.
Por el otro lado estaba Harry, que volaba en su saeta de fuego, aunque habían escobas en el mercado mucho más veloces que su escoba y más bonitas, su saeta era especial, era el regalo de su padrino, y la cuidaba más que a su vida. Él estaba sumamente emocionado, habían platicado los gemelos en un par de ocasiones, junto con Ron, del talento que tenía Charlie como buscador, siempre alabando las hazañas que hacia cuando iba al colegio, era la ocasión perfecta para poder competir con alguien de tan alto nivel. Ron por su parte volaba su bonita Nimbus 2001, mientras George y Ginny tomaban posición frente a los aros.
-Bien- Dijo Bill, una vez estando en el aire- como nuestros equipos no están completo, tendremos que improvisar, no habrá golpeadores o guardianes, sólo buscadores- todos asintieron-muy bien- ¡Papá!- Grito mirando al suelo- lanza la pelota.
Arthur estaba junto a su esposa en el porche de la casa, camino hasta el centro del prado y lanzo con fuerza la Quaffle, encantó dos pelotas un poco más pesadas, para que simularan las Bludgers, no quería que ninguno de sus hijos se lastimara jugando, y éstas salieron despedidas hacia los jugadores.
-Molly cariño- dijo acercándose a ella- ¿Recuerdas cuando intente ingresar al equipo de Gryffindor?- se sentó en una banca para poder observar a sus hijos, a lado de su esposa.
-Claro que lo recuerdo- había soltado una risita inocente- Estuviste 2 semanas en el hospital- Lo que no entiendo- dijo después frunciendo un poco el ceño- es cómo tus hijos son grandes jugadores, y tú fueras tan negado, digo- empezó a gesticular con los brazos- no eres malo volando en escoba, pero, ¿cómo es que tienes poco talento para el Quidditch?- volteo a ver a su marido con ojos interrogantes.
-Bueno cariño- Respondió él con una sonrisa sin apartar la vista de sus hijos- Mi padre y mis hermanos, según recuerdo fueron grandes jugadores en sus tiempos, o al menos eso decía mamá, supongo que lo heredaron de ellos.
-Sí- dijo Molly, volviendo a mirar a sus hijos- Tampoco Fabián y Gideon eran unas estrellas del juego, sólo estuvieron un año en el equipo y fue la peor temporada para Gryffindor.
Arthur miraba la pizarra que había encantado Percy para saber el marcador, que, hasta ese momento eran 30 puntos del equipo de Bill y 20 puntos del equipo de Harry. Miraba con interés a sus hijos, que volaban de un lado a otro, Bill iba a toda velocidad con la Quaffle cuando le fue arrebatada por una pequeña mano, su hermana Ginny, era una experta en el vuelo, había conseguido quitarle la Quaffle y se abría paso entre Fred y Percy, entre altos y bajos consiguió otra anotación dejando 30 a 30 el marcador.
-¡WOW hermanita!- dijo Bill impresionado- sí que me has superado- Ginny sólo sonrío y siguió volando con los demás.
-Son fabulosos nuestros hijos- Dijo Arthur, que miraba como George y Fred competían para hacerse de la Quaffle.
-Sí- afirmo Molly- Cada uno es una joya, que vale más que todo el oro de Gringotts.
Arthur asintió con la cabeza. Nunca se imaginó el talento de sus hijos, no sólo para el Quidditch, sino también los grandes magos que son. Él nunca había destacado en el colegio, no había sido prefecto, ni mucho menos premio anual, nunca fue un gran jugador de Quidditch ni mucho menos alguien que destacará en sus materias. Pero aun así jamás se sintió un fracasado en la vida, porque él había conseguido el amor de su mujer, alguien que lo amo con todo y sus excentricidades, con sus manías locas por los muggles, alguien que lo acepto sin tener un solo galeón en el bolsillo. Había conseguido una familia que ni Lucius Malfoy podía comprar con todo el oro de su fortuna.
Dejo de prestar atención al juego mirando sólo hacia el cielo, recordaba cada uno de los pasajes de su vida. Había crecido dentro del alboroto de la primera Guerra, siempre blanco de los sangre puras, que, por apoyar ciertos ideales que no terminaba de entender Arthur, gozaban de grandes fortunas, y puestos envidiables en la sociedad mágica. Siempre molestado y en cierta forma resentido con todos aquellos que osaban de burlarse de sus hijos.
Cuando Arthur se había graduado del colegio, no contaba con más que unos cuantos EXTASIS, y por los tiempos oscuros en los que vivía, el ministerio necesitaba más gente, así que, con un poco de suerte logro hacerse de un empleo en un pequeño departamento de uso incorrecto de artefactos muggles. No era bien remunerado, pero era perfecto para empezar, necesitaba juntar todo el oro que pudiera, para poder llevar a cabo sus planes.
Habían pasado pocas semanas después de que Arthur consiguiera su empleo en el ministerio, cuando empezó a escuchar los rumores de todas las desapariciones que eran ocultadas por el ministerio para tranquilizar a la población mágica.
-Has escuchado del viejo, Theodore Sprint- dijo un auror en el comedor.
-Sí- contestó su compañero tomando su ensalada- desapareció hace dos noches, ha sido el quinto en estos dos días.
-Lo sé- se habían sentado en una mesa cerca de donde se encontraba Arthur, que para más que nunca las orejas- Si esto sigue así, el ministerio pronto tendrá que rendir cuentas claras, es imposible ocultar tanta información.
Arthur, que estaba comiendo, se quedó paralizado, pensaba en los múltiples escenarios, donde se veía sin Molly, secuestrada por algún mortifago. Apresuró su comida y se dirigió a su departamento, que no era más que un pequeño cubículo con dos pobres escritorios. Sobre su escritorio reposaba la foto de Molly que le sonreía. La tomo y siguió pensando en qué sería de su vida si Molly no estuviera. Sacudió fuertemente la cabeza, pues era terrorífico el mencionarlo, pensarlo. Tomo su maletín y su capa de viaje algo gastada, y desapareció, para volver con su familia. Su madre para ese entonces había fallecido quedándose sólo, con sus hermanos, y su padre, que había caído enfermo.
-Ya llegue- Anunció al aparecer en el salón.
-Qué bueno- dijo Charlie, su hermano mayor, entrando al salón. A diferencia de Arthur, su hermano tenía un semblante duro. Había heredado los ojos de su madre, grises como la familia Black, su cabello igual de rojizo que el de su hermano menor, asomaba unos cuantos destellos color plata, portaba una túnica color vino, con los puños y el cuello blanco y por una cabeza, más alto que Arthur, y en su rostro se reflejaba una cicatriz que descendía desde el pómulo hasta perderse por la túnica a la altura del cuello.
-¿Cómo se encuentra papá?-preguntó preocupado Arthur mientras se desataba la capa de viaje.
-Bien, sólo está algo cansado.- Dijo sentándose- ¿Ha habido más desapariciones?
-Sí- contestó amargamente Arthur sentándose en frente de su hermano- Las cosas se ponen más difíciles.
-A este paso será casi imposible ganar- Dijo Charlie pensativo.- Lo mejor es huir con la familia y ocultarse, habrá tiempo después para planear un ataque, pero por ahora, lo mejor es protegerse.
-¿Tú crees?
-Si, por eso quiero decirte algo- Cruzó su mirada con la de Arthur- ¿Aun sigues con Molly?- preguntó serio, mientras Arthur movió la cabeza de manera afirmativa.
- Escucha, toma esto- tendió su mano con un pequeño saco. Arthur lo tomo y lo abrió, alzó las cejas en señal de impresión, había una sustanciosa cantidad de dinero.
-¿Qué significa esto?- dijo recuperándose un poco de la impresión.
-Los tiempos son difíciles Arthur, William y yo, hemos decidido que, es mejor que empieces tu vida.
-¿Empezar?- dijo aún más sorprendido- pero, no los puedo dejar a ustedes…
-Escucha, puede que mañana Molly haya desaparecido- Arthur se estremeció ante las palabras de su hermano- No fue tu culpa vivir estos momentos, pero no puedes estar atado a nosotros, nosotros nos encargaremos de papá y te haremos saber el avance de su situación, mientras tú, busca un sitio donde vivir, un lugar tranquilo, lejos de todo este desastre.
-Pero…-Arthur estaba conmocionado. Lo más importante para él era su familia y Molly. La sola idea de irse le causaba escalofríos.
-Estaremos bien, papá también lo piensa- Dijo para tranquilizarlo- Él dice que su fin se aproxima y no es justo que tú tengas que sobrellevarlo, por eso me ha encargado de que te de sus ahorros.
-¿Y ustedes?
-Nosotros tenemos lo suficiente para vivir. Escucha Arthur, sé que es difícil, pero tú, más que nadie en esta familia, tiene la oportunidad de ser feliz, aprovéchala, porque no vendrá otra ocasión como esta. Por favor.
-Está bien- dijo algo triste Arthur- Pero aun no estoy seguro que Molly quiera casarse tan pronto.
-Hermano- dijo con una sonrisa Charlie- Molly te adora, se le nota en la mirada que está más que ansiosa para ser tu esposa. Ella es una buena mujer y te ama, no tengas miedo de pedírselo.
Arthur se quedó sorprendido. Todos los que lo conocían sabían hasta qué punto podía ser inseguro y distraído, siempre ciego ante las indirectas, que, aunque fueran directas él no las podía ver. Algo que sin duda alguna el más pequeño de sus hijos varones había heredado. Ronald Weasley, el mejor amigo de Harry, era un mago, excepcional, pero siempre se mostraba distraído, ciego ante las oportunidades con las chicas, inseguro de sí mismo. Siempre estaba al pendiente de su hijo, cuidándolo más que a los otros, por miedo a qué pudiera seguir sus pasos, y, aunque al muchacho no le fue nada mal después del colegio, Arthur se veía reflejado en él.
Enfoco su vista en Ron, que estaba siendo perseguido por Fred, había esquivado a Percy y haciendo un remolino anoto en el aro, dejando el marcador, que, para ese entonces era de 80 contra 100 puntos que tenía el equipo de Bill.
-Amor- Dijo Molly que veía con cara de preocupación a Arthur- has estado muy ausente, ¿Te sucede algo?
Arthur sacudió su cabeza, y miro a Molly, su hermano tenía razón después de todo, si no tomaba esa oportunidad de ser feliz, jamás hubiera tenido lo que ahora, consideraba él, su mayor tesoro, su familia.
-Sí, cariñito mío, me encuentro bien- Le sonrío y acto seguido tomo la mano de su mujer y la beso con delicadeza. Molly por su parte se ruborizó un poco y le devolvió la sonrisa.
-El partido está muy reñido, creo que es hora que sueltes la snitch. Arthur asintió, y se levantó algo entumido, abrió el baúl de donde saco la Quaffle y tomo una pelotita dorada, que ésta, al instante desplego sus alas. La lanzó con fuerza y se perdió en el cielo.
En el cielo, todos estaban divirtiéndose en grande, Harry que había hecho sólo una anotación vio un pequeño destello dorado cerca de Fred, instintivamente volteo a ver a Charlie, que también había visto la snitch. No perdió más tiempo y se lanzó con su escoba, cruzo la mitad del prado en un instante y persiguió a la snitch, que había empezado a volar más rápido. Charlie se le emparejo, aunque no tenía una escoba tan buena como la de Harry, tenía una habilidad impresionante para volar.
-Bien Harry- dijo lo más alto que pudo mientras el viento le pegaba en el aire- que gane el mejor.
Harry lo volteo a ver y le sonrió, paso después acelero con su escoba y Charlie no se quedó atrás, ambos volaban a la par, ambos hacían complicadas maniobras, que entre piruetas y remolinos, seguían el rastro de a snitch, que había pasado por los árboles y el arroyo que se encontraba cerca. La Snitch emprendió el vuelo hacia el sol y ambos jugadores hicieron lo mismo. El viento y el sol les pegaba en la cara, dificultando la visión, Charlie estiro su mano al tiempo que Harry ambos quedaron suspendidos en el aire.
-Nunca me había pasado algo así- dijo Charlie que tenía extendida su mano.
-Ni a mí- Harry también tenía extendida su mano.
Ambos habían atrapado a la snitch, descendieron al mismo tiempo donde los jugadores los esperaban ansiosos en el piso.
-¡Empates!- Gritó Ron que estaba todo sudado y sucio de tierra.
-No hermanito- Dijo Ginny- Gano el equipo de Bill, ellos tienen 20 puntos de ventaja.
-Fabuloso- dijo Harry descendiendo de su escoba- Eres magnifico- dijo aludiendo a Charlie.
-Tú también eres bueno Harry-Dijo Charlie- nunca había tenido que volar así, me has costado trabajo- dijo estrechando su mano con la de Harry.
-Bien muchachos- dijo Arthur que se había acercado al prado con su esposa- eso ha sido fantástico, pero ahora guarden sus escobas y vayan a tomar una ducha, que pronto comeremos.
-Ron- dijo su madre- Ve a arreglarte, Hermione llegará en cualquier momento.
-Pero mamá- dijo el pelirrojo- ella me ha visto más sucio así que…
-Nada- a recoger y a bañarse, ¿cómo pretendes que tu novia te vea en ese estado?
-Ginny está viendo a Harry y no veo que se moleste- murmuró Ron, mientras caminaba junto a Fred.
-¡Te he escuchado!- Grito su madre.
Arthur veía sonriente a su familia. Su tesoro más preciado, seguramente desde donde quiera que este, Septimus Weasley estaría orgulloso del más pequeño de sus hijos.
