Visión

Aquella noche de luna llena en que las estrellas brillaban con intensidad en el despejado cielo de Konoha, Haruno Sakura estaba exhausta.

Llevaba gran parte de la tarde y noche internada en el bosque a orillas de la aldea, buscando y recolectando una serie de hiervas y plantas medicinales que se Tsunade sama necesitaba, y de no ser porque había una planta que debía ser cortada a la media noche, desde hacía horas que se hubiera ido a dormir a casa… porque aunque no quisiera aceptarlo, el sueño ya le estaba ganando, y si no hacía algo por mantenerse despierta pronto, acabaría dormida sobre el pasto en mitad del desolado bosque…

Por fortuna para ella, la dichosa planta medicinal se encontraba cerca de un pequeño lago en donde podría refrescarse la cara, y mantenerse despierta un par de horas más, así que bostezando ampliamente, camino bajo la luz de la luna con calma y tranquilidad.

Quizás para la próxima, debería traer algún libro para leer, algún crucigrama para entretenerse, o lo que era mejor: fingir en la medida de lo posible que estaba demasiado ocupada para evitar que Tsunade sama volviese a enviarla a ella a buscar las dichosas plantas… sí, eso era lo que debía hacer la próxima vez, casi se juró la pelirosada, dibujando una pequeña sonrisa de satisfacción en su rostro, ante la perspectiva de una grandiosa idea para librarse de aquellos tediosos deberes, vislumbrando ya a pocos metros la cristalina superficie del lago… y deteniéndose abruptamente en el instante en que escuchó con claridad el chapoteo del agua.

Alguien estaba ahí.

Tomando sus debidas precauciones, la joven kunoichi se escondió sigilosamente tras el tronco del árbol más cercano y deslizó su ágil mano hacia el portakunais que llevaba amarrado a la cintura: si se trataba de un enemigo, quería estar preparada para enfrentarlo, ya que siendo ella sola, era probable que se encontrara en desventaja…

Pero conforme se acercaba, lenta y silenciosa hacia el lago, poco a poco se tranquilizó al notar que no había señal alguna que indicara la presencia de un grupo, y que más bien, era tan sólo una persona cuyo equipaje se encontraba cerca del lago…

Quizás un viajero, un civil que había decidido acampar a orillas del lago, nadar un rato para refrescarse y dormir antes de volver a partir… y lo correcto sería que ella se marchara, cortara la bendita planta de una buena vez y se marchara de regreso a la aldea. Sí, eso era lo que Sakura debía hacer...

Y sin embargo, justo cuando se había decidido a retirarse, oculta desde donde estaba, la ojiverde pudo ver con absoluta claridad el rostro de aquella persona emerger de la cristalina superficie del lago, con su cabellera platinada bajo la blanca luz de la luna, escurriendo de agua y adhiriéndose en su cráneo y parte de su cuello blanco y reluciente de gotas que escurrían, que se había decidido por fin salir del lago…y en el acto, todas las intenciones de Sakura por marcharse, se esfumaron.

Ella conocía a ese muchacho, ¡por supuesto que lo conocía!

Con el corazón acelerado y sintiendo la garganta terriblemente reseca, la joven de cabellera rosa, casi se sintió desfallecer y aferró su mano al áspero tronco del árbol que la mantenía oculta, maldiciendo su suerte y a la vez agradeciendo a Kami por permitirle ver tremendo espectáculo… porque era verdaderamente todo un deleite para su vista ver el musculoso y bien delineado torso del muchacho que a paso lento salía del lago, con aquellos goterones de agua recorriendo su desnudo cuerpo mientras distraídamente él se quitaba el cabello que tenía pegado en sus violáceos ojos, que por poco y descubren a la espía, que convenientemente y justo a tiempo, había cerrado los ojos y se había echado pecho tierra, negándose a ceder ante la tentación de verlo salir completamente del lago…

Porque según sus propias palabras, dichas una y otra vez para convencerse a sí misma mientras caminaba de regreso a casa, ella había visto suficiente del cuerpo de adonis que poseía Hozuki Suigetsu, y que no necesitaba quedarse a ver más…

Aunque si Inner, insistente y sincera como era, no dejaba de decirle que aquello era una vil mentira, porque de verdad quería regresar al lago a seguir deleitándose la pupila con el apetitoso cuerpo que Suigetsu poseía…