Capítulo IV
- Ojos Emblemáticos –
"To think I might not see those eyes
makes it so hard not to cry
and as we say our long goodbye
I nearly do"
- Run – Snow Patrol –
Una mirada fría y anónima. Eso era lo que el reflejaba.
Ante el peligro que representaba estar sola en el bosque y con malas compañías, supuse que al menos reconocer al enemigo era algo responsable. Por segundos pude pensar que Christine había tenido toda la razón. Ir a la biblioteca por libros había sido la excusa más estúpida para arriesgar mi vida en pro de la ciencia. Y ahora ahí estaba yo, mirando de arriba abajo a aquel extraño personaje, que no dejaba de sonreír como si me hubiera descubierto desenterrando un tesoro y en espera de poder cobrar una parte a cambio de guardar el secreto.
- ¿y bien? – su voz me alarmo nuevamente, esta vez hablaba con una confidencia imponente y burlona. Era la voz de un asesino que tenía a su víctima para él solo.
Por estúpido que pudiera haber parecido, mi única opción quedó en reconocerlo físicamente, creyendo mas allá que si salía viva de aquella situación, podría reconocerlo en el futuro. Pero la suerte, una vez más me acechó y provocó, cayendo en las redes de la muerte. Eso era lo único concluyente; la muerte me había puesto una trampa.
Era alto, esa era la descripción más básica, me sacaba una cabeza y media y por lo que podía ver, tenía un rostro juvenil, quizás de mi edad o un poco más grande pero aparentemente tenía unos cuantos rasguños en la mejilla y la frente. Tenía el cabello negro, y lo suficiente como para darle el semblante de un vago, era de forma sencilla pero dispareja, la parte de la frente era más larga y mas parecía que el mismo se hacia los cortes que otra cosa.
Fuerte era otro adjetivo calificativo y me daba dos opciones: o era un vigorexico con altos estándares de egocentrismo, o era alguien que vivía por las montañas y se mantenía a sí mismo. La segunda opción era la más probable, ya que sus ropas hablaban claramente sobre un cuidado no muy bien acentuado.
Tenía unas botas negras para la nieve un poco arriba de los tobillos, parecían modernas pero debido al uso su desgaste era notorio. Llevaba por dentro de estos, pantalones de mezclilla que para mi sorpresa estaban rotos. Un rajón horizontal por la parte de la mitad del muslo derecho y uno en diagonal que comenzaba por la parte trasera de la rodilla izquierda hasta la parte de enfrente de donde comenzaba el tobillo. Bastante extraño para el clima al cual estábamos ambos expuestos. Encima llevaba un cinturón negro sobrepuesto, era más decorativo que para sostener el pantalón. Una camisa de color negra y por encima una chamarra abierta y afelpada de color café.
Llevaba puesto un collar; parecía hecho a mano por que el dije principal era un colmillo, seguramente de algún animal salvaje. El detalle más desagradable de todos era una argolla en su oreja izquierda, que para mi gusto personal no le beneficiaba en nada a su masculinidad; aun cuando Christine y las demás chicas dijeran lo contrario, mis gustos eran demasiado conservados para lo que veía en frente.
- no deberías perforar tus orejas –mi comentario salió demasiado natural, quizás por el hecho de que había olvidado de que estaba en peligro, pero la verdad, nunca me guardaba mis críticas.
-¿ah? –El joven pareció reaccionar y me miró confundido. Parpadeo y entonces comprendió de que hablaba- ¿te refieres a esto? –Dijo mientras con su mano izquierda sostenía la argolla despreocupadamente- es solo un regalo.
Guardo silencio nuevamente y esta vez sonrió mas ampliamente, enterándose por completo que había perdido el miedo y que ahora me encontraba criticándolo como si nada. Si en verdad era un asesino, este tipo de actitudes le parecían más fascinantes a la hora de matar. De cualquier manera, esa sonrisa me había intimidado un poco e hizo relucir un detalle que había pasado por alto: sus colmillos estaban ligeramente pronunciados.
No me pareció extraño, aunque si me incomodó con el hecho de imaginar que los había afilado con la intensión de aumentar el sadismo al hacer sufrir a sus víctimas. Pensar en ello hizo que una sensación punzante recorriera toda mi espalda hasta hacerme reaccionar y prestar nuevamente atención a su persona.
- aun no me has dicho –susurró en un tono más bajo mientras daba dos pasos ligeros hacia mi- ¿Qué hace una chica tan ingenua como tú, en medio de un bosque tan lleno de peligros? –su postura entonces se me hizo más erguida, e incluso más imponente cuando se cruzó de brazos en espera de mi respuesta.
- estaba buscando algo que perdí hace unos días –quizás hablar con él no era la mejor opción, pero me daba tiempo de buscar una ruta de escape.
- ah ya veo –se encogió de hombros como si mi respuesta le hubiera parecido lógica y común- ¿has tenido suerte?
Fue entonces que volvió a sonreír. Mire sus colmillos y me quede quieta por un minuto, sin decir nada.
- apenas he llegado –susurré.
El joven dejo caer sus hombros y me miro con más interés.
- tal vez pueda ayudarte –guardó silencio unos segundos- no deberías estar sola, ¿tienes idea de lo peligroso que es este lugar?
- no es necesario –intervine casi al instante dando un paso atrás- vivo en Whitehorse y queda a unos 5 kilómetros, así que no debes preocuparte, se como regresar. Y sí, estoy consciente de los peligros de este lugar.
Su reacción fue de una leve sorpresa y después ladeo el rostro, haciendo que su cabello se moviera de una manera más cautivadora, y nuevamente sonrió. Eso me hizo enfadar, no me gustaba ser la burla de nadie, pero con el tuve que ser reservada y esperar.
- solo déjame ayudarte a encontrarlo. Una vez que lo tengas en tus manos me marcharé, es obvio que te he incomodado.
Había oído de asesinos que eran amables, pero esto era demasiado.
- está bien –fue todo lo que dije y mantuve mi postura reacia. Darle permiso de acercarse había sido demasiado apresurado, pero no había otra forma para reaccionar.
Comenzó a caminar hacia mí. Me sentí llena de pánico y no podía moverme, tenía que esperar lo inevitable. Pero nada sucedió. Me pasó de largo y se dirigió al escombro de rocas donde había estado escarbando y se sentó de cuclillas apoyando sus codos en las rodillas.
-¿aquí fue donde lo perdiste? –hablo como si nada y se giro para verme; pero yo todavía le daba la espalda.
- si…más o menos –aparentemente quería que le siguiera la corriente, y si lo hacía, podía darme tiempo de tomar una de esas rocas y entonces defenderme.
Me gire y agache como él, mirando las rocas cubiertas de nieve. Me quede unos segundos en silencio, y sentí como me retumbada un sonido agudo, quizás era el sonido del peligro.
- ¿y cómo es? –Alzó sus cejas de forma inocente en espera de mi obvia respuesta.
- ah bueno…es un collar –dije rápidamente.
-¿y? –siguió preguntando, aumentando el tono de burla.
- ¿Cómo que "y"? –respondí desesperada.
El joven lanzo un suspiro.
- necesito mas detalles, ¿Cómo hallar algo que no sé cómo es?- preguntó algo ya desesperado.
- ahhhhh si…lo siento…-reí de forma nerviosa. Ahora de actuar de manera inteligente, actuaba como una idiota- es un collar de oro, y el dije es un anillo de plata –
Me observó unos segundos y rio levemente mientras cerraba sus ojos. Sentí más pánico al creer que se le había agotado la paciencia y me mataría ahora.
- vaya lugar para perder algo tan valioso –y siguió con la burla- ¿de casualidad tampoco perdiste un diamante también? –tras decir esto rio nuevamente.
Su sarcasmo hacia evidente que disfrutaba el hecho de postergar mi muerte unos minutos más, no solo me había bloqueado mentalmente, sino que su "modo operandi" era más incomprensible de lo que había imaginado. Pensaba que terminaríamos en una lucha entre la nieve hasta que pudiera estrangularme, pero la verdad que siempre era capaz de pensar en lo peor.
- ¿no vas a ayudarme o esperas que lo encuentre yo solo? –dijo como si nada mientras seguía escarbando.
Reaccione de un modo natural y comencé a sacudir la nieve mientras poco a poco iba retirando las rocas a un lado mío, haciéndome de mis municiones contra el agresor. Si se acercaba un poco más, solo bastaba con tomar una roca y estrellarla contra su rostro, solo entonces podría correr con algo de tiempo a mi favor.
- me siento muy estúpido haciendo siempre preguntas pero el silencio incomoda un poco, así que ¿Cómo termino perdido tu valioso collar? –vi de reojo como me miraba, esperando sabotear mi coartada.
Ambos sabíamos que esto era una mentira. Yo lo sabía. Él lo intuía. Simplemente perdíamos el tiempo, y esperábamos… a ver quien se cansaba primero.
- solo vine a caminar un rato –respondí cortante sin siquiera mirarlo.
El guardo silencio y sentía su penetrante mirada sin parpadear
- y solo se te cayo y ¿ya? –el tono con el que hablaba solamente me provocaba mas. Sabía que se burlaba de mí. Que quería que de algún modo cayera y me rebelara, algo, lo que sea, para que empezara la acción. Pero no le iba a dar ese gusto.
- estaba caminando cuando un animal me ataco –agregue algo mas "enfadada".
Inmediatamente el joven dejo de escarbar y quitar piedras. Solo se quedo mirando el suelo y sus manos se quedaron con algo de nieve. Lo mire entonces, que no reaccionaba, ni siquiera al frio de sus manos, ya que la nieve comenzaba a derretirse por el calor de su cuerpo.
El siguió de cuclillas y cada vez los segundos seguían pasando hasta que dieron paso a los minutos. El silencio me supo devastador y sentí habíamos llegado al clímax. Algo había dicho para que el asesino por fin saliera a la superficie.
- ¿sabes algo? –mire entonces sus labios, ligeramente abiertos, buscando mas palabras para decir y quise buscar sus ojos, pero su cabello los escondía perfectamente. Era una mirada sombría- Creo que estas mintiendo.
Justo en ese momento se giró en torno a mí y se acercó de una manera rápida y peligrosa, yo solo reaccioné echándome para atrás, apoyándome con los codos contra el suelo. Sentí el frio de la nieve en la espalda y a la vez, el cálido aliento del asesino en mi rostro.
Otra vez la sensación de "deja vu" me embargo. Me encontraba respirando entrecortadamente mientras él estaba calmo y lleno de vitalidad. Su sonrisa volvía a surcar su rostro. Al fin se mostraba complacido de haber llegado al momento que quería.
Ni siquiera tenía que decir algo, no había necesidad. Esos momentos eran los del asesino. Solo sus palabras y demás acciones tenían derecho a proclamarse en esos instantes. Yo, solo como un conejo, en las garras de un águila, esperaba el final.
- ¿Por qué no empiezas diciendo la verdad? –su voz era ahora fuerte y seria. Grave y mortal. La voz del cazador.
Su pregunta me tomó por sorpresa. A estas alturas ya no había nada que yo pudiera decir. ¿Acaso era un ritual que el tenia contemplado? ¿Quería que me confesara? ¿Qué dijera mis pecados?
Darle el gusto de saber mis oscuros secretos. Eso parecía ser lo que buscaba en cada víctima.
-¿Qué es lo que quieres que diga? –respondí con una furia contenida. Sentía una desesperación enorme y solo me enojaba mas el hecho de que buscara provocarme más.
- tú no fuiste atacada por un animal salvaje –entre su voz, me pareció oír un gruñido- esa no es la razón por la cual regresaste.
Su comentario me asusto, dándome la decisión que necesitaba para tomar una de las piedras que había acumulado a mi lado. La tome con fuerza y mire su cara.
Entonces sonreí. Le di el gusto.
- así es, yo regrese aquí por otra razón.
Y sin darle tiempo de decir nada más, lance mi mano contra el rostro del joven. Solo escuche el ruido de un hueso quebrándose muy cerca de mis odios cuando cerré mis ojos por unos segundos. Cuando los abrí de nuevo, vi como su cuerpo comenzaba a rodar por la fuerza del golpe. No dude ni un segundo, cuando me levante con la enorme satisfacción de correr y sentir la vida por mis pulmones.
Comencé a correr, sintiendo así como mi respiración se volvía más agitada por el golpe de la adrenalina. No había mejor dicha o sensación que la libertad.
Solo llevaba unos cuantos metros cuando escuche unos ruidos detrás de mí. Como si miles de ramas se quebraran al mismo tiempo. Por un instante pensé que alguien estaba desprendiendo un árbol desde sus raíces. Sentí el sonido casi rozar mi espalda y simplemente sentí más terror.
Fue entonces que percibí algo más. Algo que me heló la sangre y cortó mis enormes ganas de seguir corriendo. Algo que hizo que tropezara y rodara por la nieve solo para alzar la vista y encontrarme con el peor de mis temores. Había escuchado un gruñido aterrador, seguido de un leve aullido y luego unas pisadas correr tras de mí.
Cuando había caído, lo que sea que había detrás de mí, paso de largo. No pudo alcanzarme con tiempo y su fuerza choco contra un árbol. Pude sentir un leve temblor y el sonido de las ramas agitándose. Giré, presa del pánico y encaré mi terrible destino.
El lobo negro había regresado.
- No –fue todo lo que dije mientras mis palabras se las tragaba mi enorme agitación, me arrastraba hacia atrás y luchaba por ponerme de pie y correr nuevamente.
Solo escuche más ruidos atronadores detrás de mí. Y me gire, como el peor de los consejos, -jamás mirar hacia atrás-, encare mi terror y sacie mi última gota de curiosidad.
El lobo no se abalanzó contra mí, sino contra los arboles que había cerca de él. Sus garras destrozaron la corteza y vida de todo lo que se cruzaba a su paso. Era una ira casi insaciable, una furia que solo se controlaba con la descarga de toda su fuerza sobrehumana.
Comprendí entonces que solo estaba desahogando un castigo que iba dirigido a mí.
No me moví, cubriéndome detrás de un árbol, miré como poco a poco la criatura se cansaba y al final solo se mantuvo quieta, en espera de recuperar su respiración. Cada vez que exhalaba aire, sus gruñidos eran más evidentes; estaba exhausto.
Debía irme, largarme y no volver. Ya había probado mi suerte dos veces y el hecho de quedarme ahí era otra provocación. Pero debía tener grandes problemas psicológicos, porque me mantuve quieta y solo me movía para respirar.
Cuando el lobo entonces estuvo tranquilo, volví a escuchar el sonido de las ramas quebrándose. Solo cuando vi a la criatura con más detenimiento me percaté que todo provenía de él. Algo dentro de sí mismo cambiaba y se notaba también exteriormente. A pesar de quedarse muy quieto, parecía que sufría de ataques de epilepsia y se encogió aun mas bajando su cabeza contra el suelo.
La metamorfosis paso de manera rápida.
Las garras y las patas se volvían manos y piernas. El pelaje se perdía dejando ver la verdadera estructura del animal. Pero este también mutaba, costillas, rodillas, codos, brazos. Todo adquirió una forma humana y entonces la ropa comenzó a cubrirle. Una ropa que ya había visto antes.
Tuve que ahogar el grito al darme cuenta que quien ahora estaba tirado en el suelo de rodillas era el joven que había intentado atacarme.
Se levantó del suelo apoyando una mano sobre la rodilla y se puso de pie mientras extendía los codos hacia atrás relajando los músculos y contrayendo los huesos. Entonces me miró. Sus ojos azules ahora eran como el hielo y me miraban con una severidad que no me quedo otra opción que quedarme allí en espera de su reacción.
- sigues sin entenderlo ¿no es así?-
Mi silencio fue la única respuesta de mi parte.
- ¿no me recuerdas? –su voz seguía igual de grave y ronca. Ya no tenía ganas de huir – Fui yo quien te perdono la vida hace unos días en este mismo lugar.
El viento soplo de manera ligera, moviendo mi cabello suavemente, alimentando el paso de mi incredulidad.
Ahora ya sabía de quien eran aquellos ojos emblemáticos.
