Perdon por no haber subido capitulo, es que había estado algo ocupada.
Prometo actualizar dentro de estos dias...
Saludos!
¿Qué es lo que ves?
Tenía claro lo que sus ojos habían visto, era como si en su retina se dibujara con claridad la misma imagen que yo aún intentaba borra de mi mente. ¿Pero en qué momento me había convertido en un idiota?
Aparté a mi hermana y traté de tomar a Bella, pero se aferró a Alice como un gato asustado.
- Vamos, que no pasa nada – susurré tomando una de sus manos para quitarla del cuello de mi hermana - ¿Qué tanto pesaras? ¿Treinta kilos?
Alzó el rostro y lo que antes fue una mirada vacía, ahora reflejaba todo el miedo que flameaba en su interior.
- ¿Vamos?– repetí torciendo mi sonrisa para mostrarme más amable.- Te enseñaré tu habitación.
Pasé mi brazo sobre su hombro y la atraje hacía mi, hundió su cabeza en mi pecho y siguió torpemente el ritmo de mis pasos. Subimos despacio las escaleras hasta llegar al vestíbulo en donde se levantó al fin y se separó de mí. Inhaló hondo y se quedó inmóvil por un segundo.
- ¿Qué pasa? – pregunté sin recibir respuesta alguna.
Nuevamente tomó aire y su rostro comenzó a palidecer.
Sus ojos comenzaron a volverse blancos y su cuerpo cayó de espaldas, tan rápido que no pude hacer nada para evitar que se golpeara contra el suelo.
- ¡Papá!– grité arrodillado a su lado, sosteniendo su cabeza.
- Ahora seguramente me culparan por esto también – pensé mientras sentía los pasos de mi padre acercarse por los escalones.
- Yo no hice nada – exclamé al verlo arrodillarse a nuestro lado, antes que me culpará de querer hacerle algo.
- Ya lo sé Edward – suspiró tomando su muñeca para revisar su presión -Relájate.
- ¿Relájate?– bufé - Como si fuera tan fácil. No le hice nada y se desplomó así como así.
- Es normal en su estado – dijo colocándose de pie – Tómala y llévala a su habitación.
- ¿En su estado? – repetí frunciendo el ceño, ya parecía tarado, cada cosa que mi padre decía yo la repetía - ¿Qué estado? ¿Está embarazada?
Tomé a Bella en brazos y como lo supuse antes, no pesaba mucho, a pesar de llevar ropa gruesa, podía sentir su espina dorsal en mi mano.
- No seas ridículo hijo, Bella sigue en shock. ¿Como estarías tú, si vieras como yo asesino a tu madre y luego me suicido?
Di un tropiezo al procesar lo que acababa de oír.
- ¡Cuidado Edward por dios! – gritó mi padre al ver como perdía el equilibrio con la chica en brazos.
- Podrías haber esperado a que la hubiese dejado en el suelo antes de mandarme tamaño notición – me quejé recuperando el balance.
- Te espero abajo – me avisó descendiendo la escalera.
Empujé la puerta de su dormitorio con mi espalda y la recosté sobre la cama. Era extraño como se contrastaba lo lúgubre de su esencia con lo colorido que era todo ahí. Su rostro pálido y aquel tono cárdeno pintado en sus ojeras.
Busqué el edredón que estaba doblado sobre el taburete y la cubrí para darle un poco de calor, luego bajé a la cocina para reunirme con mi padre y que terminara de contarme la historia de Bella.
- ¡Bueno, ahora si!– exclamé al ver a Alice sentada al lado de mi padre – Cuéntame la historia… ¿como es eso que Juanito mató a Pepito? ¿O Pepito mato a Bella?, como es…no entendí muy bien.
- ¡Ay yo no quiero escucharlo otra vez!- se quejó Alice, colocando ambas manos en sus oídos - ¡Me da mucha pena!
Se puso de pie y salió de la cocina sin decir más. Aproveché para tomar el café que había dejado sobre la mesa y comencé a darle sorbos.
- No sé que quieres que te diga.
- ¿Cómo que no sabes?– fruncí el ceño – Quiero saber la historia de Bella. ¿Por qué está aquí? ¿Cómo que su padre mató a su madre? Eso… ¿Te parece poco? Porque tengo un montón más de preguntas.
Tomó aire, sacudió la cabeza y comenzó.
- Aquel día en que me llevaste a la urgencia en casa del jefe de policía y encontramos a Bella tendida en el piso con…
Me tapé los ojos con una mano.
- Si lo recuerdo, no es necesario que me lo detalles – lo interrumpí cuando aquella imagen volvía a mi cabeza.
- Bueno, los cuerpos que estaban ahí eran los de sus padres, según la investigación, Reneé su madre, era infiel y Charlie la descubrió. En pocas palabras el sacó su arma de servicio y le dio un disparo en la cabeza, luego esperó un rato, llamó a los oficiales y se suicidó antes que llegaran a su casa.
Fruncí el ceño y tragué saliva sonoramente. El café no ayudaba demasiado a la resequedad que se estaba produciendo en mi boca, por lo qué me puse de pie y busqué agua.
¿Es qué en mi casa todos tomaban las cosas tan a la ligera?
-¿Por qué siempre soy el último en enterarme de todo? – refunfuñé luego de dejar el vaso vacío sobre el fregadero.
- Edward – comenzó a sermonear mi padre - el día tiene veinticuatro horas, de las cuales seis estas en clases o por lo menos eso se supone, diez estás fuera de casa y las ocho que quedan las usas para dormir o para empotrarte con alguna chica en la casita de atrás.
- No me des clases de matemáticas, por favor – dije colocando mis ojos en blanco, cuando llegó a mi cerebro lo que acababan de decirme - ¿La casita de atrás?– fruncí el ceño - ¿Lo sabían?
- Hijo – dijo mi madre colocando su mano sobre mi hombro - ¿Realmente pensaste que te creeríamos que llevabas el sofá cama para contemplar las estrellas de noche?
- Yo no dudo que haya visto estrellas – rió mi padre empuñando su mano para que se la chocará.
- ¡Carlisle! – lo riñó mi madre.
- Cariño – susurró mi padre atajándola por la cintura - Lo digo por qué seguramente sacó mi gusto y ya ves a quien tengo a mi lado.
- Bueno, bueno…ya me valen sus cariños empalagosos, ahora podrías explicarme ¿en que lugar de la investigación entra Bella?
- No lo sé muy bien – contestó mi padre, quien tenía a mi madre rodeada por la cintura – Bella no quiere hablar y necesitan que testifique, ya que en torno a ella solo giran hipótesis, creen que se cortó el brazo como amenaza a su padre para detener lo que estaba por ocurrir, pero la verdad es que no hay nada claro aún.
Entrecerré los ojos.
- ¿Estas diciéndome que no están seguros si en realidad ella tiene que ver con la muerte de sus padres? – susurré acercándome a mis padres por sobre el mesón de la cocina.
- No – negó con una sonrisa en su rostro, esas que me entregaba antes de mandarme - Lo que te estoy diciendo es que vayas a ver si ya despertó.
- Hazlo tú que eres el doctor – contesté molesto.
- Lo haces tu que eres mi hijo – rebatió - ¡Y rapidito!
- ¿Así mismo mangoneas a tus enfermeras? – refunfuñé, entrecerrando los ojos.
- No, ellas por lo menos tienen un titulo.
- Claro, seguramente la minifalda no ayuda – bufé.
La risa de mi padre se oyó en toda la casa.
Resoplé y saqué la lengua como todo un niño, me acerqué a mi madre y le besé la mejilla.
- No logro entender a fin de que una mujer como tu, se quedó con un hombre como él.- susurré sonriéndole.
- Ve a ver a Bella – dijo mi madre negando con su cabeza – No sea que a tu padre le de por ponerte faldita.
- ¡Ja! ¡Que buena idea!– vociferó agarrando la cara de mi madre entre sus manos y besándola.- ¡Ya escuchaste a tu madre, o me obedeces o te pones la ropa de Alice!
- Madre, si no vuelves a verme, quiero que sepas que todas mis pertenencias te las heredo a ti.
Salí de la cocina antes de que se les pasara por la cabeza maquillarme. ¿Es que tenía que ser yo el único maduro en esta familia?
Subí los peldaños a saltos y crucé el vestíbulo a modo de trote, sin detenerme hasta llegar a la puerta de enfrente a mi dormitorio…la de Bella.
Ahí estaba ella, sentada con los hombros hacía adelante, sobre el taburete al lado de la ventana. Su cabello suelto caía como cascadas sobre su espalda hasta sus caderas y solo se veía un perfil de su cara, mientras el otro se reflejaba en la ventana.
La sensación de soledad te envolvía de solo mirarla, las lagrimas contenidas en su mirada y la fragilidad de su cuerpo. Era como ver un fresco de algún pintor deprimido, el dolor plasmado en una imagen de falsa paz.
Me sentí patético… ¿en qué momento había pensado que ella podía dañar a alguien?
Golpeé la puerta a pesar que se encontraba abierta. Dio un pequeño salto tras oír el sonido y siguió viendo hacía fuera.
- ¿Permiso? – pedí entrando en su habitación. Tomé el edredón que estaba sobre la cama y se lo coloqué en la espalda. – No creo que sea buena idea que agarres un resfriado.
No se movió ni un centímetro y mucho menos abrió la boca. Eché un vistazo furtivo a la habitación y me di cuenta que al lado del tocador se encontraban dos maletas. Me acerqué a ellas y las tomé para ponerlas sobre la cama.
- Si vas a quedarte aquí, creo que es una buena idea que desempaques – le propuse para ver si de esa forma por lo menos me miraba.
Como era de esperar siguió con sus ojos volando por el bosque.
Resoplé de mala gana y me acerqué a la ventana para ver que le divertía tanto.
- ¿Qué tanto ves?– pregunté acercándome a ella, pero como era de esperar, no había nada.- ¿Te gustan los árboles? ¿El césped? ¿El color verde?
