Autor: Kami-cute

Autor: Kami-cute.

Summary: Él adoraba esa canción. Era una pequeña obsesión que tenía. De a poco, lo corrompía. Y ella no lo supo nunca. Fue tarde cuando se enteró. Lo que quedaba de él, no tenía ni una pizca de razón. Universo Alterno.

Advertencias: Es un fic gore. Gore: Asesinatos. No quiero gente que lea esto y se asuste. Luego me cargan con el peso a mi. No, no... Si leen, debe ser responsables completamente de que están advertidos. Y si siguen leyendo sin prestar atención a mi importante advertencias, pues... aguántensela.

Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. Mi carácter mezcla entre el instinto asesino de Itachi y la ternura de Hinata es algo completamente coincidencial. Al igual que mis ojos grandes pardos, al estilo Sakura. Coincidencia. Y mis gatitos llamados Itachi y Sasuke-kun. Coincidencia Pura.

Notas de autor: ¿Acaso había intentado abandonar el fic? Bien, pues... no. A decir verdad, estuve ocupada en otras cosas. Ya saben: estudios, amigos, instintos asesinos que resurgen y se muestran más violentos que antes, psicólogos que te temen... Cosas normales. La cosa es que mi falta de tiempo había postergado el progreso de este sanguinario encuentro que tengo con ustedes, lectoras. ¿A que algunas me han extrañado? Pues, lo agradezco si así es. He de decir que he extrañado sus reviews también, comentandome lo horroroso y simpático que les pareció la continuación de éste experimento con mi salud mental. Muchas gracias por leer y espero que disfruten los asesinatos. ¡Benditas con sangre pura de la gran realeza, que así nos salvaremos todas! Matta ne, mis adorables e inocentes lectoras...

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x... Déjala que vuele alto ...x

Pasaron semanas de esos acontecimientos. Tristes, terribles acontecimientos. Sakura había olvidado por completo a Sasuke. Alegando, claro, a que era un mal niño y se lo merecía. Pero ella no sabía la verdad. Itachi seguía protegiendo a Sakura. Inconcientemente, esperaba que ella le agradeciera su protección quedándose siempre con él. Pero...eran ideas de niños. Ideas de un niño psicópata...con un amor insano.

x...x

Unos pasos apresurados se sentía por el pasillo del horfanato. Pasos de niña. Y la puerta de un cuarto se abrío, haciendo un ruido realmente aterrador. Esos mismos pasos se adentraron en el, ahora, cuarto oscuro. Una sonrisa apareció en el rostro de la niña. Unas manos taparon sus ojos, haciendo que ella inconcientemente las tomara. Un susurro en su oído.

- Muy feliz cumpleaños, Sakura-chan...

Las manos resbalaron por su rostro, hasta llegar a sus hombros. Y el dueño de aquellas caricias inocentes, plantó un pequeño beso en las mejillas de la muchachita de ojos verdes. Ella se giró sobre sí misma y abrazó al ojinegro. Un gesto tan necesario. Un gesto tan inocente. Y él le correspondió.

x...x

Sakura e Itachi estaban sentados en la cama de él. Hablando. ¿De qué puedes hablar en un horfanato? Simple: sueños. Ella soñaba volar. Ir lejos. Obtener alas y alejarse de los miedos y el dolor. Él...Él soñaba con ella. Con sus ojos color verde jade. Con su cabello rosa. Con su sonrisa infantil. Soñaba con ella. Soñaba cosas simples. Y, al mismo tiempo, secretas. Porque jamás se lo diría.

- La verdad es que...es un sueño tonto –confesó ella, bajándo la mirada

- No, no creo eso... –le dijo Itachi, mirando a la nada

- Konan dijo que mi sueño no sirve para nada... –se escuchó un sollozo mal acallado-. Porque de nada sirve volar...

Itachi miró a Sakura, que se escondía de aquellos ojos negros. ¿Porqué era tan inocente y tan infantil? No lo sabía. Pero le gustaba. Porque era distinto a él. Diferente. Mucho más positiva. Y no tenía una mancha en su vida; una mancha imborrable.

- Creo que lo mejor es olvidarme de soñar...

Él no pudo responderle. Simplemente, cerró sus ojos con fuerza. Apretó las sábanas de su cama con demasiada fuerza. Sí, el odio volvía a surgir. Todo era culpa de Konan. Y él quería que Sakura no dejara de soñar. Que siguiera sintiendose como una niña. Y él se tenía que ocupar...

x...x

Caminaba por los pasillos de el horfanato. Silencio. Con sus ojos negros buscaba algún indicio de testigos. Pero no había nadie. Se detuvo ante la puerta del baño de mujeres, mirando a ambos lados. Sí, sería la primera y última vez que iría allí. Empujó la puerta y entró. Nubes de vapor se formaron a su alrededor. Había alguien bañándose. Y sabía bien quien era.

Con sus ojos negros divisó una figura femenina, envuelta en una toalla, avazando por entre las nubes de vapor. Apretó con fuerza sus manos, haciendo presión a eso que lo ayudaría a terminar con otra mala persona.

- ¿Qué haces aquí, niño raro?

Clavó sus orbes oscuras en Konan. La inspeccionó. Era más grande que él, unos dos o tres años. Era un poco más alta. Y tenía un cuerpo de mujer. Pero a él no le importó. Ya que ninguna muchachita se comparaba con Sakura.

- ¿Me escuchaste? No tienes porqué estar aquí... –siguió ella.

- Yo tenía diez perritos, yo tenía diez perritos: uno se perdió en la nieve; no me quedan más que nueve. De los nueve que quedaban, de los nueve que quedaban: uno se comió un bizcocho; no me quedan más que ocho. De los ocho que quedaban, de los ocho que quedaban: uno se tragó un cohete; no me quedan más que siete.

- ¿Qué dijiste? –la palidez obtenida por Konan era increíble.

Itachi observó fijamente a los ojos celestes de Konan. Y vio como ella se movía, inquieta, a tener esa mirada gélida sobre ella. Esa mirada que le mostraba claramente lo que era la oscuridad. La maldad. Los ojos de la bestia.

- De los siete que quedaban, de los siete que quedaban: uno se mojó los pies; no me quedan más que seis.

Konan miró con pánico a Itachi, para luego mirar sus pies. Parada, sobre un charco de agua. ¿Eso quería decir que ella era...la siguiente? Le devolvió la mirada temerosa a Itachi, para ver ese rostro. Con una sonrisa psicópata y una mirada asesina. Definitivamente, era su fin. Cerró sus ojos celestes en el mismo momento que él arrojaba el cable al suelo. Electricidad recorrió su cuerpo. Y los espasmos fueron tan dolorosos y múltiples como se los hubiera imaginado. Podía sentir cómo se iba quemando por dentro. Oyó la puerta del baño y unos pasos que se marchaban. Sí, Itachi había nacido para matar. Era un asesino de sangre. Sabía bien qué hacer y cuando irse. Y, por sobre todo, tenía una razón lógica para matar. Todo era por el bien de ella.

- Maldita Sakura –pensó Konan, mientras 220 voltios de electricidad recorrían su cuerpo húmedo. Su último pensamiento. Luego de eso, cayó al suelo. Sin sentir, sin respirar, sin vivir. Aún tenía pequeños espasmos a causa del electrochoque. Y en sus ojos, aún se reflejaba el terror y el pánico de ver a su asesino. Y el porqué de su acción.

x...x

Itachi no podía dormir. Recostado en su cama, a media noche, sin poder cerrar sus ojos. Sentía como si una revolución se librara dentro de él. Por una parte, sentía que lo que hacía estaba mal; por más que lo hiciera por Sakura. Y por otra, se sentía satisfecho y bien; porque sabía que tenía el poder de castigar.

Sus ojos negros se dirigieron a la ventana, directo hacia la luna. Necesitaba saber si estaba bien o no. Pero sabía que tenía que guardar silencio. Porque lo que hacía era secreto. Y la única que sabía su secreto, era esa esfera gigante color plata que flotaba en el cielo; brillando y oyendo los secretos de él.

x...x

Itachi estaba sentado en la cama, mirando hacia la ventana. En su mano izquierda, se encontraba el zorro de peluche de Sakura. Sí, el pequeño muñeco color naranja claro al que habían nombrado Kyuubi. Ese zorro que era tan importante para él como la mismísima Sakura.

Sintió rechinar la puerta y dirigió su mirada hacia ese punto. Una muchachita de cabello rosa y ojos verdes se adentró en la habitación. Y él, volvió su vista a la ventana.

- ¿Tú también estás triste? –le preguntó ella.

Itachi negó con la cabeza y esperó a que Sakura se sentara a su lado. El leve hundimiento de la cama le dio a entender que ella se había situado junto a él. Clavó sus orbes oscuras en ella y esperó a que hablara.

- Yo sí... –dijo Sakura-. Estoy un poco triste.

- ¿Por qué? –preguntó él

- No lo sé... –dijo ella, dirigiendo la mirada a la ventana-. Creo que es el día...

Las pupilas negras de Itachi se dirigieron a la ventana. Estaba lloviendo. Si prestaba atención, se notaba un ambiente triste. Algo que te hacía achicar el alma y sentirte inseguro. Y al mismo tiempo, roto por dentro.

- Sí, debe ser el día... –justificó Itachi.

Diciendo eso, colocó una mano sobre el hombro de Sakura. Había aprendido que cuando ella estaba mal, era bueno hacerle alguna caricia o decirle algo lindo. Ella sonrió a la nada, apoyando su cabeza sobre el hombro de Itachi. Sintió como él se tensaba. Y su inocente sonrisa se ensanchó.

x...x

Hacía horas que Itachi se encontraba sólo. Sentado en su cama, contando las gotas de lluvia que caían en su ventana. Tan solitariamente aburrido. Aunque estaba acompañado en cierta forma. Sí, por ese extraño muñeco que simbolizaba la inocencia de Sakura. La inocencia que él protegía. Aunque perdiera la suya en el proceso. Aunque perdiera esa falsa inocencia que lo caracterizaba.

Desvió sus ojos negros de la ventana, al contar la gota número cien. Miró el muñeco. Tan fijo. Quería hundirse en sus pequeños ojos de plástico vacíos. Esos ojos muertos, que tenían el mismo color que los suyos. Negros. Volvió la vista a la ventana, dispuesto a retomar su extraño juego. Por lo menos sabía que no era el único con ojos vacíos y muertos. No era el único que llevaba la oscuridad en la mirada.