DISCLAIMER: Los juegos del hambre y todos sus personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

Este fic hace parte del Intercambio "Día del Amigo" del foro El Diente de León y es mi regalo para Isabella Malfoy Mellark.


IGUAL QUE EL FUEGO

Capítulo VI.

Habían pasado aproximadamente ocho días desde la última vez en que Peeta y Katniss habían hablado.

El rubio no había intentado ponerse en contacto con ella y eso era algo que agradecía, no obstante, en el fondo debía aceptar que lo extrañaba demasiado.

Peeta Mellark era la clase de chico cuyos ojos azules se quedan clavados en el alma y cuyas palabras aunque parezcan falsas, resuenan en los oídos y en el corazón de cualquiera. Katniss también recordaba con gran detalle cada una de las sensaciones que le habían producido sus manos en su cuerpo y la manera como su piel se erizaba al contacto con la de él.

Estaba loca y no sólo por pensar todo el tiempo en un idiota sino también por habérselo contado a Johanna.

Aquel día su amiga había estallado en reproches y luego de no soportar uno más de ellos, había terminado por contarle la manera como había caído en su propia trampa que ahora la hacía presa del maldito error.

—Deberías hablar con él —le aconsejó Johanna—, pienso que hay que darle una oportunidad a lo que sientes.

—Claro que no —refutó Katniss—, yo no tengo cabeza para algo como eso. Lo último que necesito en mi vida es una complicación más.

—Creo que no estás siendo objetiva contigo misma.

—Lo soy y más de lo que piensas. Peeta en estos momentos solo me traería más problemas, además creo que ya tengo suficientes con el asunto de mis padres.

—¡Excusas!, eres una cobarde que últimamente se escuda en cualquier cosa. ¿Sabes? Lo de tus padres no tiene por qué arruinarte la vida.

—¿Tú también con lo mismo?

—Si alguien más te lo dijo es porque ¡ES CIERTO! —le dijo Johanna levantando la voz.

—Ustedes no saben nada.

—Sé lo suficiente para decirte que lo que pasa contigo es que te da terror haber podido hallar en Peeta algo importante y por eso mi amiga, prefieres dejar pasar el bus del amor.

—¿Amor? —Preguntó con sarcasmo—, ¿Eres tú precisamente quien me habla de eso? —Contraatacó— ¿Tú que ni siquiera eres capaz de aceptar que estás enamorada de Gale? Eso es algo hipócrita de tu parte.

—¿Por qué ahora es sobre mí? —bufó Johanna molesta—, ¡Enfrenta de una vez la verdad y deja de huir como lo hace tu madre!

Johanna se arrepintió de aquellas palabras en el mismo momento en que salieron de sus labios, pero ya era tarde y Katniss con un nudo en la garganta guardó silencio.

—Lo lamento, pero sabes que te estoy diciendo la verdad.

Katniss tomó su morral y se marchó a su casa sin hacer caso de la voz de Johanna a sus espaldas y mucho menos de la que resonaba en su interior diciéndole que su amiga tenía toda la razón.


Eran las 02:30 de la madrugada cuando el sonido que indicaba que tenía un nuevo mensaje, retumbó en su teléfono. Al abrirlo, Katniss sintió que el sueño se le había ido a los pies.

Pero cuando una noche yo estaba golpeado y me miraste, sentí que me elegiste como yo te elegía a ti porque tú eres para mí y yo soy únicamente para ti.

Aún estaba tratando de asimilarlo cuando la melodía de Angel de Aerosmith resonó estruendosamente en su celular.

El identificador mostraba un número que no estaba registrado entre sus contactos, pero en realidad Katniss no necesitaba de eso para saber quién la estaba llamando, que además era la misma persona que le acaba de enviar el mensaje. El trozo de canción se escuchó un rato más hasta que procedió a pasar al buzón de voz y justo cuando pensó que era hora de volver a dormir, un segundo llamado iluminó de nuevo la pantalla.

¿Qué diablos quería Peeta a esa hora?

No la había llamado en días y justo en ese momento, cuando por fin había logrado conciliar el sueño llegaba él a arruinarlo todo.

¿Debía contestar o ignorarlo?

Su debate mental hizo que la llamada de nuevo se fuera al buzón pero como su fuera poco, una tercera llamada se escuchó y eso empezó a preocupar a la chica. ¿Y si le había pasado algo?, tal vez la estaban llamando de un hospital o peor aún, desde la morgue. Lo mejor era asegurarse.

—¿Aló?

A lo lejos se escuchaba música, lo que denotaba que alguien andaba de fiesta.

—¿Katniss?

—¿Acaso no viste la hora que es? —bufó molesta— ¿Qué quieres?

—¡Decirte que me muero por ti! —gritó Peeta y ella tuvo que separar el auricular de su oído para que el tímpano no le estallara.

—¿Estás, estás borracho?

—¿Borracho yoooo? —balbuceó el rubio al otro lado de la línea—, borracho no, enamorado sí. Kattie dime que también me quieres.

—Estás borracho —aseguró la chica—, vete a tu casa y de llamar a perturbar el sueño de otros.

—¿Así que perturbo tu sueño, eh?

—¡Adiós!

—¡No Kattie, no me cuelgues! —le rogó—, yo quiero, yo quiero —Katniss lo escuchó reír—, nadie ha podido tomar tu lugar Kat, eres mi chica ideal…

—Estás diciendo tonterías, mejor hablamos luego.

—No Kat, yo sólo quiero que sepas que estoy enamorado de ti y no tiene nada que ver el que haya bebido, si tan sólo pudieras ver que lo que te digo es cierto.

Katniss al otro lado de la línea permaneció en silencio escuchando las palabras del rubio que a pesar de estar ebrio, estaba haciendo que calaran en lo más profundo de su ser.

—Son tus besos, tus caricias, tu ardiente mirada. Cuando mis manos se deslizan suavemente por tu piel erizada —continuó—, dime que alguien te ha hecho sentir así antes.

La chica se sonrojó violentamente en la soledad de su habitación.

—Eso parece la letra de una canción.

—Es lo que piensa mi corazón Kattie. Verte sonreír, verte dormir —susurró—, vendería todo lo que tengo por poder volver a contemplarte de esa manera y no necesito estar borracho para reconocerlo. Katniss Everdeen, me traes loco.

El corazón de la chica empezó a palpitar tan fuerte que sintió que latía en sus oídos.

¿Qué debía hacer? Si escuchaba a la razón debía colgar, pero si le prestaba atención a los latidos acelerados en su pecho, la determinación podía ser muy distinta.

—Katniss danos una oportunidad, por favor —le rogó con voz pastosa—, por favor.

Y la chica tomó una decisión.

—¿En dónde estás?


Peeta permanecía sentado sobre el sofá de la habitación de Katniss, con sus ojos azules perfectamente clavados sobre ella, mientras su cabeza palpitaba. Había bebido bastante pero al verla, su mundo había empezado a dar vueltas peor de lo que lo hacía cuando tenía resaca.

—¿Y bien? —preguntó ella con nerviosismo— ¿Querías hablar conmigo no? Pues aquí estamos.

—Katniss yo… —empezó pero no pudo terminar.

—Detente.

—Me pediste que te diga, entonces ¿Por qué no dejas que hable?

—Porque no necesito escuchar nada más —explicó y Peeta pareció confundido—, ¿Qué? —lo miró—, ya tu dijiste todo lo que tenías que decir y ahora me gustaría que me escucharas tu a mí.

El rubio estaba sorprendido pero acató la indicación de la chica.

—También me gustas —dijo ella de pronto— y quiero intentarlo —continuó—, pero necesitamos algunas reglas.

El rubio sonrió mientras asintió con su cabeza muy despacio. Era increíble lo que estaba oyendo y lo único que deseaba era que fuera real.

—Primero: No quiero que estés todo el tiempo pegado de mí, quiero tener espacios y que tú tengas los tuyos. Odio a esas parejas que parecen siameses. Segundo: Quiero ir despacio, tener citas y eso que hace la gente normal para conocerse.

—Tú y yo no somos normales.

—Pues seremos tan normales como se pueda.

—¿Tercero? —preguntó el chico.

—No cuestionarás mis razones, así como yo no cuestionaré las tuyas. Hablaremos con la verdad por muy dura que sea y si es necesario acabaremos con esto cuando ya no podamos soportarlo.

—Eso no sucederá.

—¿Cómo estas tan seguro?

—No lo sé, sólo lo siento —se levantó del sofá despacio y se acercó a ella tomando su mano y colocándola en su pecho donde el corazón le latía a mil por hora—, aquí.

Ambos posaron sus ojos en los del otro, en un choque de gris y azul que envió chispas luminosas al infinito.

—¿Hay más reglas? —preguntó Peeta con voz seductora y mirada ardiente, mientras Katniss se estremeció.

—Creo que por el momento no. —contestó y al pronunciar la última palabra, los labios de Peeta se desbordaran en los suyos, reclamando lo que por derecho era suyo y hace días le había sido negado.


Katniss se acercó a Johanna que leía un libro muy entretenida, en una de las mesas del café de Sae. La chica por su parte, levantó un poco los ojos, sin darle mayor importancia antes de volver a su lectura. Katniss estaba segura de que su amiga quería ponerle las cosas lo más difícil posible.

—Lo lamento —pronunció despacio y antes de tomar asiento frente a ella—, tenías razón.

Johanna abandonó su libro de nuevo y sin mirarla preguntó: —¿En qué?

—En todo lo que dijiste. He sido una tonta.

Johanna sonrió maquiavélica y Katniss supo que lo estaba disfrutando.

—Siempre tengo la razón. Tú ya deberías saberlo.

—¿Eso quiere decir que estoy disculpada?

—Eso quiere decir que soy una erudita —contestó y Katniss puso los ojos en blanco. Johanna sonrió— No te preocupes descerebrada, sabía que era cuestión de tiempo antes de que te dieras cuenta de que estabas mal.

—Lo sé —sonrió—, al parecer es cierto que siempre tienes la razón.

—Que bueno que lo reconoces.

Un momento después, Gale Hawthorne se acercó en silencio y tomando por sorpresa a Johanna, le plantó un enorme beso en la boca, al que ella correspondió gustosa.

—¿Cómo está mi chica? —preguntó sentándose a su lado y poniendo un brazo sobre sus hombros ante el evidente asombro de Katniss.

—Bien cariño, aunque hubiera sido mejor amanecer a tu lado.

La boca de Katniss se abrió en una enorme O.

—Solo es que lo pidas y se hará realidad.

Johanna volvió a besarlo.

—Bien, entonces esta noche te quedarás conmigo.

—Como digas princesa, ya sabes que tus deseos son órdenes —agregó antes de volver a besarla y marcharse de la misma manera en que había llegado.

Katniss miró en dirección de donde había visto partir a Gale y luego volvió sus ojos a Johanna que hizo como si nada estuviera sucediendo.

—¿Princesa? —rio divertida— ¿Y eso que fue?

—¿Qué cosa? —Johanna fingió inocencia— ¿Acaso una chica no puede saludar efusivamente a su novio?

—¿Novio? —Katniss no cabía del asombro— ¿Será posible que Johanna Mason haya acabado con toda una vida de aventuras?

—No te atribuyas todo el crédito —contestó la chica—, ya lo había estado pensando y es más rentable. Cuando eres la novia, todo lo premium es para ti.

—Ajá —dijo Katniss antes de sentir un susurro en su oído, el cual logró erizarle la piel.

—Hola —agregó Peeta suavemente una vez ella giró su cara hacia él—, Gale dice que tiene a la novia más bonita de todas pero yo le he apostado a que la mía es aún más linda —dijo tomando su mano y depositando un beso en ella.

—Eres tan cursi —contestó la chica con una sonrisa en los labios.

—Y tú eres preciosa.

Se besaron durante unos segundos más, que bastaron para que a su lado Johanna bufara.

—¡Ya tortolitos! —les reclamó, a pesar de que ambos la ignoraron y juntaron sus labios una vez más, al ritmo de sus corazones.

Tal vez la vida no estaba resuelta, pero para Katniss, estar en el presente era mucho mejor que enterrarse en lo incierto del futuro.


Mil disculpas por haber tardado en terminar. Este es literalmente un Everlark Express porque no deseaba tener otra historia más para dejar al pendiente de actualización. Espero sinceramente que te haya gustado Isabella y a quien la lea, ojalá tenga una buena impresión sobre ella.

¡Un abrazo y muchas gracias a todos!

Giselle Jay.