CÁP 4
P.O.V Shindou Mikaela.
Era Heian, año 939
-Muchas gracias por su visita-sonrió de forma educada y codiciosa aquel anciano que se supone que es mi jefe, inclinándose de forma a mi parecer poco digna ante el otro con el que hasta hace unos minutos le había hecho un servicio. En serio, que postura tan poco digna, como vende su orgullo Ohara por un puñado de monedas, pero claro, soy el primero que debe cerrar la boca. Gracias a esas monedas es por lo que puedo comer todos los días.
-Espero poder contar con vuestros servicios en otra ocasión-comentó aquel hombre alto y robusto, siento como me mira y sin evitarlo le sonrío de forma suave y al mismo tiempo insinuante, como sé que le gusta. Pobre estúpido ¿de verdad se cree que tuvo el control en algún momento? Ignorante.
-¡Por supuesto! ¡Puede contar con nosotros siempre que usted lo desee!-asintió efusivo el señor Ohara a pesar de saber que está siendo ignorado por nuestro cliente.
-Hasta que volvamos a vernos, pequeño Shindou, me ha alegrado pasar esta velada contigo-se despidió de mi con una sonrisa que le devolví con gracia y sumisión.
-Me complace saber que ha quedado satisfecho con el servicio que le he prestado y que sea tan amable de pensar en mi cuando quiera regresar, Kirihara-sama-le hago una respetuosa reverencia pegando mí frente al suelo, tal y como me enseñaron hacerlo hace tres años para despedir a cada cliente. Le siento sonreír complacido, aunque no tanto como yo, por motivos distintos, por supuesto, pero no le dejo que admiré mi sonrisa y no despegó mi frente del tatami hasta que siento que la puerta corrediza se cierra con suavidad dejándome a solas con mi jefe.
Cuando escucho el sonido de las monedas chocando entre sí entre las manos de Ohara mientras está contando la cantidad es cuando me animo a levantar mi cabeza del suelo y levantarme e ir a mi armario empotrado para ponerme un kimono limpio y decente. Hoy tengo que salir a ver a alguien especial y quiero estar presentable para él, por lo que sin hacer caso al sonido metálico de las monedas, comienzo a rebuscar con cuidado de entre todos mis kimonos, intentando encontrar el que más me parezca apropiado para encontrarme con esa persona.
Oigo a Ohara murmurar cosas por lo bajo, por lo que parece está satisfecho por las ganancias obtenidas en las últimas horas, pero no me paro a atender lo que está diciendo. Acabo de encontrar un kimono decente y bastante bonito con el que quiero ataviarme para salir, es uno discreto de un color azul claro con estampados de rojos en un diseño abstracto que me regalaron hace mucho tiempo para clientes especiales pero yo por mi parte nunca lo he utilizado para el trabajo. Me parece demasiado bonito y discreto para desperdiciarlo de esa manera.
-Muy bien, esto ha ido bien ¿Quién iba a decir que con esa apariencia que tienes ibas a atraer tanta clientela? El local no estuvo tan lleno desde hace mucho tiempo…-oigo susurrar aquel anciano decrépito de Ohara mientras termino de vestirme.
-Quien sabe, supongo que a la gente en el fondo le gusta las cosas diferentes aunque se empeñen en decir que no-opino con toda la calma del mundo. Y es que no me falta razón. Toda la vida me han discriminado por mi color de ojos y de pelo, todo el mundo o los tiene castaños o los tiene negros mientras que yo he nacido con el pelo amarillo y los ojos azules. Siempre he sido el diferente y el descolorido y me han tratado mal por ello, pero desde que trabajo en el local de repente soy la persona más exótica e interesante del mundo. Je, que asco de personas.
-No seas arrogante, mocoso-me señaló el anciano Ohara con severidad-Sé un poco más humilde cuando te diriges a los clientes delante de mí, vives gracias a ellos pero recuerda que ante el mundo sigues siendo un muchacho feo y descolorido. De no ser por mí y los clientes que te solicitan, seguirías viviendo en la calle como si fueras un perro abandonado. Así que ten cuidado con lo que vas diciendo y sé más respetuoso.
Miro a mi jefe por encima del hombro, como le gusta tanto a ese anciano recordar que soy tan diferente de los demás que me es imposible disimular mi aspecto. Pero dispuesto a quedar por encima de él le sonrió mostrando mis dientes negros antes de volver a continuar con mi tarea de vestirme, sin decir nada, sé por experiencia que una sonrisa puede llegar a provocar más ira que un mal gesto o una mala palabra. No tengo tiempo de entrar en una disputa con mi jefe, tengo algo de prisa y no puedo permitirme el lujo de llegar tarde.
-Si me disculpa, mi señor, debo salir-le comunicó una vez he terminado de colocarme bien el kimono que me evidenciaba como un trabajador de aquel burdel. Era bonito y discreto, pero también era recatado y todo el mundo me conoce como para saber que no tengo dinero ganado honradamente para comprarme un kimono de semejante nivel sin pasar por algunas situaciones nada dignas.
-¿Y donde quieres ir, muchacho?-le veo arquear una ceja con sospecha.
-Solo voy hacer una visita, regresaré en un rato.
El anciano se rió con ganas.
-Haz lo que quieras, Shindou, mientras no manches la reputación del negocio ni me dejes a mí en evidencia haz lo que te plazca.
¿En serio es eso lo que le preocupa? Este negocio ya es bastante turbulento de por sí, no hace falta que yo diga nada para que tenga mala reputación entre la gente "decente". Pero claro, la mayoría de esas personas decentes suelen pedir cita por una sesión al menos una vez por semana, tendremos mala reputación pero desde luego estamos bien solicitados.
-Oh, eso haré…-susurro por lo bajo antes de hacerle una reverencia y salir silenciosamente de la habitación, antes de que quiera decirme algo que me haga retrasarme más.
Comienzo a caminar de forma silenciosa y segura por los pasillos del local, cruzándome de vez en cuando con compañeros y clientes que están por entrar en alguna de las habitaciones o que, por el contrario están saliendo de las mismas. No dirijo mirada ni palabra, hago como que no les veo, no son ni mis clientes ni son mis servicios. Ahora mismo mi cabeza anda ocupada en otra cosa más importante que el trabajo.
Salgo tranquilamente del local, no falta tiempo para que empiece a sentir las miradas de la gente de la calle, no me hace falta devolverles la mirada para saber que tienen expresión recelosa y muchas son de reproche pero ¿sabéis? Me da igual, tengo cosas más importantes en las que pensar que en avergonzarme por cómo me están mirando. Camino y camino por las calles, escuchando el grito de los vendedores de tiendas ambulantes, y algunos niños pequeños, ensuciarse mientras juegan, y de fondo el olor a hierro fundido de las herrerías entraba por mis fosas nasales, continúo con mi recorrido. Sé donde ir para encontrar a quien busco.
Voy llegando al prado apartado donde tantas veces he ido cuando era más pequeño, puedo escuchar el ruido de la madera chocando entre si y varios gritos de guerra que se iba haciendo más fuerte conforme me voy acercando, no puedo evitar esbozar una sonrisa cuando recuerdo que entre esos gritos se encuentra ese terremoto andante al que ando buscando. Pero sé que no debo ser visto, no aun, así que en cuanto tengo a la vista mi objetivo, me quedó apartado y medio escondido entre dos árboles observando lo que hace.
Veo los típicos chicos del barrio de esos que se han criado juntos toda la vida, como siempre reuniéndose todos juntos en este sitio para hacer lo que ellos llaman entrenamiento de esgrima para poder algún día ser dignos de sus familias. Están practicando lucha con los bokutos, el ruido que hacían al chocar las maderas no es que fuera ensordecedor pero desde luego dejaba claro que si te alcanzaba alguno de esos golpes te haría bastante daño, apoyo mi espalda en uno de los troncos, observando con toda la calma del mundo mientras veo como intentan abrirse las cabezas los unos a los otros, incluso puedo ver que algún que otro sale volando.
Y ahí le tengo. Haciendo el bruto como ya es costumbre en él.
-¡No me venceréis!-le escucho gritar a ese muchacho entusiasta usando la fuerza de sus brazos y su impulso para hacer volar a su contrincante por encima de su cabeza y hacerlo caer pesadamente de espaldas al suelo, que hizo un ruido sordo. Uh, eso sí ha tenido que doler mucho.-¡¿Alguien más?! ¡¿Alguien más se atreve a medirse conmigo?!
¡Será presumido! ¡Que se cree invencible!
-¡Deja de creértelo tanto!-advirtió uno que le va a atacar por la espalda, sin embargo a los pocos segundos le veo retorcerse de dolor en el suelo en cuanto recibe una violenta patada en el estomago.-¡AAARG!
-¡Los ataques por la espalda solo lo hacen los cobardes! ¡¿Y tú dices querer ser un guerrero?! ¡Si haces esto en el campo de batalla tu familia se avergonzaría de ti!-le oigo bramar hinchando el pecho. Pfff mira que aires de grandeza se da, ni que se creyera ser un maestro dando lecciones a un alumno.
-¡Maldita sea, Gekkomaru, te has pasado!-protesta el herido incorporándose del suelo casi sin aliento sosteniéndose el estomago.
-Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre-veo como sonríe triunfante echándose el bokuto al hombro con aquella actitud tan arrogante, me encojo de hombros divertido por aquella representación de chulería entre lo que se supone que son futuros guerreros y me decido a dejar de esconderme y dejarme ver.
Cuando llamo su atención al hacer sonar unas cuantas hojas con mis pasos, poco tardan en voltear a verme y sus inquisidoras miradas se clavan en mí. Ahora de repente soy el centro de atención y, por raro que parezca, eso me hace sentir importante, aunque sé de sobra que las miradas recelosas no tienen intención de hacerme sentir bien pero no me importa. Sigo caminando con seguridad, sé perfectamente que aquella panda de bravucones no se atreverán hacer nada en mí contra, sobretodo porque yo conozco cosas de sus "honorables" padres que a lo mejor no les gustaría que saliesen a la luz.
-Otra vez ese raro descolorido, el que trabaja en el burdel…-escucho susurrar a uno de ellos mirando con preocupación a sus compañeros.
-¿Qué hacemos…?-inquirió uno de ellos, aparentemente el más joven. Poco faltó para que las miradas de todos se centrasen en la misma persona.
-¿No te gusta tanto decir lo fuerte que eres?-sonrió como urraca el perdedor del duelo con toda intención de cargarle el muerto. Si el supiera…-Pues echarlo de aquí y procura que no quiera volver.
-Ocúpate de él, Gekkomaru-ordena el que parece ser el más mayor de todos dándose la vuelta para irse de allí, y solo bastó medio segundo para que todos siguieran su ejemplo dándome la espalda y hacer como que no me miraban. No querían tener nada que ver conmigo por lo que les podría suponer para ellos que les vieran mezclándose con alguien como yo. Por mi perfecto, que se vayan es lo que esperaba y lo que quería para poder dar rienda suelta a mis intenciones.
Gekkomaru es el único que no se ha movido, permanece de pie, mirándome a la espera de que diga algo en cuanto llegue, pero no puedo seguir aparentando tranquilidad cuando ya se han ido todos, por lo que me apresuro en ir donde él notando como abre los ojos sorprendido al verme corriendo.
-¡¿Mika?!-le oigo exclamar cuando lo embisto con tal fuerza que le hago caer al suelo y me quedo yo encima de él, oyendo como el bokuto corta el aire al ser lanzado por los aires y quedar tirado luego por el suelo. Me río al escucharle protestar y sobarse la cabeza-¡¿Qué intentas?! ¡¿Descalabrarme?!
-¿Eh? ¿Esa es forma de saludarme…Gekko?-pronuncio su abreviación de forma pausada y coqueta recostándome mas y mas sobre él para tenerlo más cerca.
-¡¿Qué saludos ni que niño muerto?! ¡Haz el favor de quitarte de encima de mí!-le siento revolverse bajo mío. No puedo evitar que una sonrisa se me aparezca en la cara, con ganas de tomarle un poco el pelo, presiono mi pecho sobre el suyo obligándolo a que se quedase acostado en el suelo y procuro dejar mi cara muy cerca de la suya.
-Vamos, Gekko, no seas niño y salúdame como es debido-me burlo de él para hacerle rabiar.
-¡Aaarg! ¡No me lo puedo creer! ¡¿Cómo es posible que tengas más fuerza que yo si de los dos soy yo el que siempre está entrenando?!
-Porque los dioses fueron sensatos a la hora de repartir entre nosotros la valiosa virtud de la fuerza física, mi pequeño Gekko.
-¡ESO SI QUE NO!-rugió ruborizado, se incorporó tan de golpe que me hace irme hacia atrás y me quedo sentado en el suelo ¡Madre mía! Puede que de los dos yo sea el fuerte, pero desde luego cuando le dan esos arranques mejor no estar en medio-¡Que a estas alturas me sigas llamando "Gekko" tiene un pase, pero de ahí a que me digas "pequeño" ya eso no te lo permito!
-Pero ¿Por qué?-pestañeo con fingida inocencia apreciando como mi pobre compañero se pone rojo de rabia-Si soy mayor que tu.
-¡SOLO POR DOS MESES! ¡DOS MALDITOS MESES!-me enfatizó levantado dos dedos para representar el número.
-Uh, con dos meses se puede tener una gran diferencia de visión del mundo y madurez de la vida entre dos personas, mi ingenuo Gekko.
-Sigue hablando y veremos donde va a ir a parar el bokuto, Mika.-me amenaza mirándome a los ojos con cara de circunstancia.
-¿Ves? Si tu también me sigues llamando "Mika" a mí, como siempre, como cuando éramos pequeños-le bromeo haciéndole que tenga un tic nervioso en el ojo, en seguida me calmo y sin querer seguir molestándolo más le envuelvo con mis brazos y le atraigo a mí para darle un abrazo para poder hablarle de una forma más seria e intima.-Tenía muchas ganas de verte…
Le escucho resoplar pero ya me conozco yo sus cambios de humor, y tal y como presiento, me va devolviendo el abrazo poco a poco.
-Yo también…tenía ganas de verte…-me reconoce de forma susurrante.
Sin poder dejar de sonreír como un idiota, tomo a Gekko de la cara y sin cortarme un pelo le beso con suavidad. Noto como se pone tenso al recibir mi beso, pobrecito, aun no se ha acostumbrado a que le bese por sorpresa ¿Cómo no voy a llamarlo "mi pequeño"? Es tan inocente aun en estos temas, no como yo que por mi oficio y las trabas que hubo y hay todavía en mi vida no me han permitido conservar ni una pizca de esa inocencia. Por ello valoro tanto las pequeñas acciones que tiene Gekko con respecto a nuestra relación. Le acaricio con suavidad los costados y los brazos para sentirlo temblar sin dejar de besar su boca, aquello era muy diferente a lo que pasaba cuando estaba con clientes. Gekko besaba mal, de forma muy torpe por su inexperiencia e incapaz de corresponder adecuadamente por lo tímido que se ponía, pero desde luego era de lo más dulce y acogedor, era algo que me atraía de forma irremediable, me hacia querer tenerlo todo de Gekko, absolutamente todo. Hundo mis dedos en aquellas largas hebras castañas para evitar que en algún momento le entre la vergüenza y quiera separarse pero para asegurarme, vuelvo a ir echándome encima suya poco a poco, mientras le acaricio con mi mano libre la cara, cuando veo que le tengo donde quiero me separo para que pueda respirar.
-Sigues teniendo muy poco aguante-me burlo de él en su cara mientras le veo jadear-Aun eres un niño, Gekko. Después de todos los que ya nos hemos dado, aun no sabes responder un beso en condiciones.
-¡Repítelo, desgraciado!-me soltó en la cara con cara avergonzada, y sin poder evitarlo, dejo salir una gran sonrisa sintiendo regocijo ante su expresión.
Pero me quedo frío en cuanto veo como aquellos ojos castaños se me quedaron mirando primero sorprendidos que enseguida pasaba a aquella mirada seria que siempre auguraba problemas. Oh, no, no tendría que haber sonreído así.
-¿Gekko…?-me atrevo a preguntar con precaución volviendo a ver aquella mirada seria cerniéndome sobre mi persona, más concretamente en mi boca. Siento como su mano se coloca sobre mi mejilla y como su pulgar me levanta el labio superior, me siento tan nervioso que no me veo capaz de detenerle.
-Te has coloreado los dientes de negro…-sisea con enfado en su tono de voz-…otra vez…
No sé qué decirle, su mirada hace que me sienta avergonzado y temeroso a lo que pueda decirme si me atrevo a decirle algo. Entonces su mano se pone en el kimono y lo agarra con fuerza.
-¡No!-niego con la cabeza, no quiero que me vea así, pero me pegó un tirón dejando mi cuello y mi hombro al descubierto, y con ello las numerosas marcas que tengo repartidas en mi piel.
-Ya…-susurró con aquel tono de molestia y decepción. Tiemblo, no me gusta que use ese tono conmigo.-Por favor, Mika, quítate de encima.
-Gekko, no es nada. Nunca significa nada…
-¡Mikaela, quítate de encima!-me exige con tal vehemencia que me deja inquieto, no quiero hacerlo enfadar mas, así que opto por hacer lo que me dice pero sin alejarme de él.
Nos quedamos los dos en silencio, en lo personal yo no me siento capaz de mirarlo a los ojos cuando me descubre con los dientes ennegrecidos o con alguna marca en mi piel, me da mucha vergüenza. Es por eso que me esfuerzo por esconderlos cuando vengo a verle pero me resulta muy difícil hacerlo, Gekko no es idiota como para olvidar fácilmente a lo que me dedico. No estoy seguro como va acabar esto ahora pero no quiero ver esa mirada de reproche dirigida a mí, ni tampoco quiero que se vaya enfadado conmigo. No otra vez por lo mismo.
-Gekko…por favor…-intento hablarle para romper ese incomodo silencio.
-Mika, creo que es mejor que nos veamos otro día…creo que ahora mismo no voy a ser buena compañía y…
-¡Siempre eres buena compañía para mí!-salto de golpe sabiendo cual era el mensaje que ocultaba entre esas palabras y me niego a dejar que se vaya de aquella forma, luego de dos semanas sin poder vernos.
-Creo que si vuelves a tu trabajo encontraras otras compañías que merezcan más la pena que yo…-me escupe con toda la acidez que puede.
¿Se acaba de atrever a decir lo que acaba de decir?
-¡No vuelvas a decir eso!-le grito embravecido ¡¿Cómo se atreve a decir eso?! ¡¿Cómo se atreve a despreciarse de esa manera así mismo con esa facilidad?! ¡O a insinuar que preferiría estar en el local a estar él?!-¡¿Por qué eres tan cabezón, Gekko?! ¡Sabes perfectamente porque estoy haciendo esto! ¡Si no, estaría vagando como un perro por la calle buscando comida por las basuras como lo estuve haciendo cuando tú "querida" madre me echó de casa!
-¡Ey, ey ey ey! ¡Contén tu lengua o si no voy a tener que cortártela!-me amenaza con una de esas miradas siniestras que siempre tiene cuando ofenden a algún miembro de su familia, mejor dicho cuando soy yo quien menciono alguna grosería acerca de su "pura" madre.
-¡Es la verdad!-insisto sin achantarme.
-¡Te recuerdo que el que te echara de casa te lo ganaste tu solito!-me señala con el dedo de forma acusadora.-¡Te has pasado media vida insultándola, humillándola en público, haciéndola sentir avergonzada, incluso has llegado atacarla cuando todo lo que ha hecho ha sido darte todo lo que estaba a su alcance, te ha dado lo mismo que me ha dado a mí! ¡Te ha tratado como a un hijo!
-¡Pero mira que poco a tardado en ponerme de patitas en la calle tan pronto Yasha desapareció!
-¡Murió, Mika! ¡A ver cuando te entra en esa cabeza decirlo como lo que es, mi padre está muerto! ¡Le mataron en la guerra, tú y yo vimos su cuerpo! ¡Le dimos sepultura!
-¡Es mentira! ¡Ese cuerpo no era el de Yasha! ¡La furcia de tu madre fue responsable de que…!
-¡Segundo aviso, Shindou Mikaela…! ¡Si hay un tercero te juro que te parto la cara en estos instantes!-me amenaza juntando su frente con la mía de forma rabiosa, como si esperase a que dijera otra palabra para abalanzarse a darme de golpes.
Siento furia revolviéndome las tripas pero viendo su expresión me obligo a mi mismo a morderme la lengua y ahorrarme mis comentarios al respecto de esa mala pécora. Tal como temía, esa furcia de Oshizu sigue manipulando a su hijo para que la crea y le siga como un perrito fiel, esto no va bien, debo encontrar rápido una solución para poder llevarme a Gekko conmigo y lejos de ella. O eso me gustaría hacer ahora, pero lo importante ahora es calmarme e intentar arreglar esto, no quiero que Gekko se vaya ahora que estamos juntos. Me toca aguantarme de nuevo…
Pienso en que decir mientras nos hundimos de nuevo en un incomodo silencio ¿Por qué tiene que ocurrirnos esto cada vez que volvemos a vernos? Siempre estamos discutiendo y peleando por lo mismo, ya sea por su madre o por mi trabajo ¿no podemos disfrutar de la compañía del otro y olvidarnos de lo demás?
-Gekko, yo…
-No lo comprendo, Mika-me cortó Gekko lanzándome una mirada más serena, parece que ha conseguido calmarse y está dispuesto a cambiar de tema. Qué extraño viniendo del siempre impulsivo Gekkomaru.-No entiendo porque tienes que trabajar en un sitio así, tienes trece años, deberías de estar aprendiendo un oficio no haciendo…eso que haces…
Entrecierro un poco los ojos observando su expresión apenada. Lo sé, sé que está muy preocupado por mi y que no puede evitar enfadarse cada vez que ve marcas en mi cuerpo o cuando tengo los dientes negros. Le comprendo. De suceder al contrario yo también me enfadaría y me atrevería a ir a aniquilar a los bastardos que osaran ponerle un dedo encima a Gekko.
-Escucha, Gekko-le digo con un tono de voz más calmado y acercándome un poco a él-Al contrario que tu, yo no tengo familia ni título, no tengo a nadie que hable por mí para que me acepten de aprendiz en ningún lado. Soy un don nadie. Y encima soy muy extraño, mi color de pelo y de ojos hace que los demás desconfíen de mí sin saber absolutamente nada. Soy el raro, el extraño, el que no es de fiar ¿Qué futuro quieres que me labre? No me gusta nada este trabajo pero debo hacerlo porque es lo único que puedo hacer para sobrevivir.-le siento entonces tensarse y emitir un gruñido de frustración, le tomo enseguida la mano y le alzó la cara para que me mire a los ojos, quiero seguir mirando esos ojos castaños-Pero quiero que te quede claro que aunque tenga que ganarme así la vida, solo disfruto contigo. Solo contigo estoy a gusto y solo me gusta que tú me toques.
-Mika…-me susurra con ese aire deprimido. No, Gekko, no pongas esa cara por favor…-No puedo aguantarlo ¿Qué es lo que me falta para que pueda sacarte de todo esto…?
-Tú no tienes que hacer nada-me apresuro en acariciarle la cabeza para trasmitirle algo de calma-Escucha, todo irá bien, algún día saldré de ese lugar ¿vale? Tal vez no lo parezca pero soy un chico apañado, llegara un momento en que pueda ganarme la vida de otra forma.
-¿Y eso cuando pasará, Mika? ¿En un año? ¿En cinco?
-No lo sé…-susurro antes de darle un corto beso en los labios-Deja de preguntar, Gekko…déjalo-le digo de esa forma que sé que tanto le atontece. Tan dulce y tan tierno ¿Cómo espera que no me derrita cuando se trata de él?-No tienes ni idea de cuánto me gustas y hasta qué punto te adoro…
-¿Eh…?-veo como su cara se ruboriza, sorprendido por lo que acabo de decirle-¿A-A qué viene eso ahora?
-Me apetecía decírtelo-le digo con tono juguetón hundiendo mi rostro en el hueco de su cuello y comenzando a darle pequeños y lentos besos en su piel.
-Mika…quieto…estamos hablando…
-Creo que ya lo hemos dicho todo, mi dulce niño-susurro sin despegarme de su cuello, y antes de que comience a protestar le empiezo a acariciar el cuello con mi lengua con el propósito de provocarle.
Se me hace increíble como llevamos esta extraña relación, donde nos peleamos como si quisiéramos matarnos pero luego queda más que claro lo importante que somos el uno para el otro ¿Quién podría creerse que cuando éramos pequeños nos odiábamos hasta el punto de hacernos la vida imposible? ¡La de problemas que le dimos a Yasha con nuestras peleas!
El recuerdo del padre de Gekko me hizo estremecer, aquel hombre fue un ángel en la tierra cuando sin preguntarme nada me ofreció alimento y un lugar donde dormir. A mí, que no era más que un crío extraño y descolorido que rebuscaba en la basura para poder echarse algo a la boca. Entonces me vienen a la cabeza aquella horrenda imagen de ese cadáver que nos trajeron para identificarlo… la mala pécora de Oshizu dijo convencida que se trataba de Yasha. Pero ya no quiero seguir pensando en el pasado, ahora mismo es más importante el presente, el ahora que tengo con Gekko.
Le tomo entonces de la cara para darle un beso en la boca, en busca de esa tranquilidad que sólo su persona era capaz de brindarme. No le doy siquiera un momento para reprochar, y colocando la fuerza suficiente para que su resistencia le impida alejarse de mí comienzo a invadir su boca sin cortarme un pelo, y sin dudar le acaricio en su interior buscando profundizar aquella pasión que nos unía.
-M-Mika…o…e-le oigo balbucear en los escasos momentos en los que me separo de él entre beso y beso. Aquel tono de voz que usa para suplicarme, lejos de detenerme para escuchar lo que trata de decirme, sólo me enciende y me hace desearle todavía más. Un tono de voz que solo usa conmigo. Que es todo mío. Sólo mío. Mío. Mío.
Con la experiencia que he adquirido en mi trabajo empiezo a deslizar mis manos al interior de su ropa buscando acariciar su piel caliente y sudorosa por el ejercicio y, más temprano que tarde, acaricio con mi dedo pulgar uno de los pezones de Gekko. Su reacción fue inmediata, se quedó tan sorprendido por mi osadía que dio un respingón provocando un choque entre nuestras caderas.
Jadeo. Ardor. Kami-sama, necesito hacerle mío ya, tiene que ser todo mío. ¡Mío!
-M-Mika ¡Ya! ¡Basta!-entonces un fuerte empujón me hace salir de mi ensoñación, no puedo evitar gruñir con exasperación ante esa brusca interrupción, mi deseo por él es lo suficientemente fuerte como para envalentonarme y devolver el empujón para hacer que no se reincorpore del suelo.
-No, Gekko-sentencio fuera de mí volviendo a besarlo con fiereza, reteniéndolo a mi lado e intentando provocarlo a toda costa rozando con total intención nuestras caderas de nuevo. Otra vez ese ardor, ese que solo él me provoca y que sólo quiero saciar con él. Le siento resistirse pero no estoy dispuesto a permitírselo, no ahora que pareciera que todo el mundo se ha ido al demonio, ahora sólo estamos Gekko y yo, es como un sueño. Lo único en lo que puedo pensar es en lo loco que me está volviendo con su resistencia, como desearía tener el poder para detener el tiempo y hacer que dure tanto como se pueda. Le deseo y quiero que él me desee a mí. Paseo mi mano por todo su torso sin dejar de besarlo, de paso recorro sus costados y su vientre sintiendo como se estremece bajo mi contacto y me animo a llevar más lejos todo esto.
-¡Mika... ya!-logra decir entre jadeos-. ¡Detente!. ¿Y si...y si alguien nos ve...?. ¡AAHHH!- le muerdo un pezón para hacerle callar, no quiero que hable y se termine este sueño del que no quiero despertar.
Una vez que lo escucho jadear de nuevo y gruñir para aguantar el pequeño daño que le hice, subo mi rostro hasta que nuestras miradas vuelven a encontrarse.
-Mika...- le escucho susurrar y no le doy tiempo para que diga otra cosa, mi nombre es todo lo que quiero oír de sus labios.
Entonces vuelvo a acercarme a su boca una vez más y comenzar a darle unas lamidas, luego introduzco mi lengua sin decoro y forzadamente hasta que atrapo la suya con la mía para empezar acariciársela y, al tiempo que estoy en eso, empiezo a rozar mi cadera con la de él, no pasa mucho hasta que siento como da respingos en cada roce que le doy. De pronto me siento tan confiado como para hundir mis manos entre sus ropas, acariciando todo su paso hasta llegar a su espalda y clavar mis dedos en su columna vertebral. Un sonoro gemido retumba dentro del beso ante otro roce que hago entre nosotros, estoy complacido de escucharlo y por ello permito que una de mis manos abandone su espalda para empezar a quitar ese incordio de prenda que me limita tocarle.
Mío. Todo mío...
-¡MIKA, YA BASTA!-rugió Gekko colocándome ambos manos en mi pecho tratando de empujarme para separarme de él, pero es inútil mi dulce niño ya que te tengo bien sujeto. No hay nada ni nadie que pueda alejarme de ti, ni siquiera tú-. ¡MIKA!- le escucho reclamar otra vez cuando me acerco a besarle el cuello-. ¡MIKA!. ¡ESCÚCHAME UNA VEZ! ¡AAAAAH!-suspira fuertemente apenas empiezo a besar su cuello succionándolo un poco. No quiero parar, pero me sorprende que grite de esa forma. ¿Por qué lo hace? ¿Es qué no está disfrutando de cómo me entrego sólo para él?
Pero en eso...
¡PAAAAAAAAF!
-¡UGH!- siento un agudo dolor en mi estómago y reacciono de inmediato alejándome hacia atrás sentándome en el suelo. Llevo mis manos a donde me duele presionando fuerte pudiendo sentir algo de alivio con ello. No he entendido muy bien lo que ha pasado sino hasta que veo a Gekko aun recostado tratando de recuperarse y con la rodilla derecha levantada en el aire, ahí comprendo que me había dado un rodillazo. ¡Y vaya que me ha dado bien! Todavía me siento aturdido como si me hubiera sacado de golpe el aire que estaba en mis pulmones.-¿A…a que ha venido eso, Gekko?
-¡¿Y aun lo preguntas?!-se reincorporó de golpe quedando sentado frente de mi todavía jadeando al igual que yo, aunque por un motivo diferente.-¡Te estaba diciendo que parases y estabas pasando de mi!
-Pero ¿Por qué tendría que detenerme?-cuestiono arqueando una ceja, no entiendo a qué viene tanto remilgo por su parte.
-No sé, tal vez porque no me da la gana hacer esto-me retó con la mirada.
-¿Me quieres decir a que viene esa actitud de señorita?-siento como me acuchilla con la mirada-Mírame como te dé la gana, pero cada vez que estamos haciendo esto siempre pones trabas ¿se puede saber porque te comportas como si fueras una mujer virgen?
-¡Cierra la boca!-me gritó avergonzado ante aquella comparación, creo que acabo de darle un golpe en su orgullo masculino.-¡Eres demasiado brusco! ¡Cuando te pones así ni siquiera me escuchas cuando te digo que pares y…!
-¿Te das cuenta que incluso estás hablando como una señorita? Diciendo que soy brusco, cuando aquí al que le gusta presumir de fuerza bruta es a ti-no pude evitar burlarme un poco de él, todavía sosteniéndome el abdomen. Uff, me ha dado con todas sus ganas…
-¡Cállate!-me volvió a gritar provocando que no pudiera evitar reírme de su expresión.-¡No me da la gana que me trates como si fuera uno de tus clientes!-mi risa se corta de golpe al sentir como un filo frío y cruel me atraviesa el corazón cuando me echa en cara aquellas palabras. Entonces, con toda la compostura que puedo mantener fue cuando me quedo mirando la expresión de su rostro, comprobando como va alternando el estar mirándome con vigilar lo que hay a nuestro alrededor.
Oh, ya entiendo de que va todo esto.
-¿Qué pasa, Gekko? ¿Tanta vergüenza te da que nos vean juntos?-mi pregunta salió de mis labios de forma mordaz y fría, pero no puedo evitarlo, mi buen humor de repente se ha esfumado. Capto de nuevo toda su atención porque me clava la mirada como si se hubiera sorprendido de esa sutil acusación.
-Yo no he dicho eso…-intenta escurrir el bulto y ahora mira para otro lado.
-No, pero me lo estas demostrando. No estás cómodo. Estas continuamente vigilando que no venga nadie y te vea hablando conmigo.
-¡Bueno, vale! Si, no quiero que nadie nos vea juntos ¡pero eso ya deberías saberlo, Mika!-me reconoce enrojecido provocando que la seriedad volviera a mi rostro-Sabes que no puedo dejar que nadie hable mal de mí por estar contigo. Mi madre se sentiría avergonzada y mi padre se estaría revolviendo en su tumba, no puedo dejar que el nombre de mi familia quede manchada solo porque me vean contigo.
-Todo el mundo sabe que estamos relacionados, Gekko-gruño con seriedad clavándole la mirada sin ninguna intención de apartarla de él-He vivido contigo y tu familia durante tres años, llegue a ser hijo de Yasha y hermano tuyo ¿recuerdas? Pero claro eso fue hasta que Yasha desapareció y tu madre decidió repudiarme. No es tan raro que sigamos viéndonos a pesar de vivir separados, no después de haber vivido varios años juntos.
-Me lo pones aun peor, Mika-me insistió devolviéndome la mirada-Fuiste hermano mío, puede que creas que ahora que ya no perteneces a mi familia eso ya no suponga un problema. Pero tu oficio es casi tan malo que si siguieras siendo mi hermano ¿Qué crees que pasaría si la gente comenzara a hablar de cómo me sigo viendo con el muchacho que mi familia adoptó y luego repudió? ¡Que ahora ese muchacho se dedica a vender su cuerpo a otros! ¡Joder, Mika ¿no lo ves?!
-No, no lo veo-me encojo de hombros como si aquello no me supusiera ningún drama.
-¡La madre que te parió, Mikaela…!-bramó desesperado por intentar hacer que entendiera. Lo que él no sabe que si que le entiendo pero que no me da la gana bajar la cabeza y aceptar la situación tal cual. Yo le quiero y él me quiere a mi ¿Qué importa su familia y los demás? Se preocupa mucho por cosas que en realidad no deberían preocuparle, no cuando su futuro es conmigo y lejos de este lugar y de su familia, aunque todavía no lo sepa-¡Yo quiero ser un guerrero, igual que lo fue mi padre! ¡Pero si hay calumnias hacia mi persona nunca podré serlo y mi madre se quedaría humillada y…!
-Gekko, lo que le pase a tu madre me da igual-le corto viendo como me miraba sorprendido a lo que le estaba diciendo-Sabes que ella jamás me ha gustado. Y sabes de sobra lo que pienso de ella, si buscas que te comprenda poniéndome de ejemplo lo mal que lo pasará tu madre, vas por mal camino.
-¡¿Se puede saber porque la odias tanto?!-me cuestionó poniéndose de pie.-¡Ella siempre te ha tratado bien! ¡Ha cocinado para ti, te ha hecho ropa, ha procurado que siempre tuvieras calor cuando hace frío!
-Porque Oshizu es una mala mujer…-siseo sin poder evitarlo, pero intento contenerme. Podría darle a Gekko mil razones por las que detesto a esa mujer, pero no puedo decir nada. Es su madre y mi pobre Gekko es demasiado inocente y es ciego a la retorcida mente de esa bruja. Gekko está cegado por el amor que siente hacia su madre, y esa arpía se aprovecha de eso para manipularle y ponerle siempre contra mía. Así que evito entrar en discusión de nuevo por esa mujer, podría decir cosas de las que luego sé me arrepentiré y no quiero quedar a malas con Gekko…-Pero no intentes despistarme, Gekko, tu madre ahora no viene al caso de nuestra conversación ¿de veras te importa tanto lo que diga la gente que no puedes simplemente disfrutar de estar conmigo?
-Disfruto de tu compañía, Mika. Pero no quiero que nadie manche el honor de mi familia…ni menos aun que tu…
-No te trato como a mis clientes, Gekko-le corto en seguida sabiendo por donde iba la cosa acercándome de nuevo a él para darle un suave y rápido beso en la mejilla e intentar que no se altere mas.-Ya deberías saber la diferencia de como trato a mis clientes y como te trato a ti. Cuando estoy con ellos, solo hago lo que me dicen que haga, contigo...contigo me permito perder el control porque lo que deseo es hacerte disfrutar, porque me encanta mirarte y ver que te gusta lo que te…
-¡NO SIGAS POR AHÍ!-me interrumpió volviendo a estar rojo como un tomate alzando los puños como si quisiera golpearme. Es tan fácil de avergonzar…. Entonces algo me llama la atención, bajo la mirada hacia eso que me hizo bailar los ojos.
Oh vaya…de repente mi buen humor ha regresado lo suficiente para que una sonrisa empiece a dibujárseme. Miro a Gekko que se encoje en el sitio y trata de ocultar aquel bulto que se la formado bajo la ropa.
-¿Qué pasa, Gekko-chan? Tienes mala cara…-me doy el lujo de molestarlo con mi típica sonrisa juguetona.
-¡Encima recochineo!-me protesta intentando darme la espalda para que no pudiera seguir admirando el resultado de mis…atenciones.-Haz el favor de mirar para otro lado, Mika.
-Oh pero ¿Por qué, Gekko?-pregunto con toda la inocencia del mundo acercándome a él a gatas y apoyándome en su espalda lo suficiente para susurrarle a la oreja-, soy el malvado culpable que te ha hecho esto. Creo que es justo que asuma la responsabilidad de mis actos ¿no te parece?-le digo con una insinuante voz juguetona al mismo tiempo que deslizo mi mano por su espalda dejándola viajar por su costado y luego por su vientre hasta llegar a tocar aquella protuberancia que se encontraba en sus pantalones.
-¡Aaah! ¡M-Mika ¿pero qu…?!-le siento estremecerse y arquear la espalda cuando mi mano le acaricia su erección. Jé, sabía que mis caricias y mis besos de antes no podían haberle dejado indiferente.-M-Mika, quita la mano, no tiene gracia…
-Shhhh, tranquilo, Gekko-le susurro con suavidad contra su oreja abrazándolo por la espalda con mi brazo libre para apretarle contra mí y que no intente huir a ninguna parte.-Te duele mucho ¿verdad?-como respuesta solo le oigo como traga saliva, incapaz de darme una respuesta más clara, pero no necesito mas-No te preocupes, me encargaré de que te sientas mejor enseguida.-ni corto ni perezoso, meto mi mano con rapidez en el interior de los pantalones de Gekko y con ella rodeo su miembro. Un jadeo de sorpresa sale desde el fondo de la garganta de mi amante. Mi amante, mi Gekko, mi todo.
-M-Mika…no, detente…para…
-Shhh, mi dulce niño, relájate-le insisto llamándolo por aquel cariñoso apelativo empezando a dejarme llevar de nuevo por aquella atmosfera dulce y embriagante que se estaba formando entre nosotros-¿Cómo me pides que me detenga y te deje así? Seria de ser muy mala persona.
-D-Desgraciado ¡Aaaah!-volvió a jadear cuando comienzo a acariciar su miembro con lentitud-…E-Esto l-lo tenias planeado…maldito…aaaah.
No siento vergüenza alguna cuando siento como el miembro de mi Gekko comienza a crecer y a endurecerse más, al contrario, alimenta mi ego y mi propia excitación hacia él. Me animo a mi mismo a acariciarle con más velocidad para hacerle sentir bien lo antes posible, quiero disfrutar de verle la expresión de su cara.
-Calla, mi Gekko…-le ordeno con seducción permitiéndome pasar mi lengua por el lóbulo de su oreja, se estremeció pero no dijo ni una palabra, no puede decir nada. Como adoro cuando esta así de sumiso y tranquilito-Cierra los ojos y solo disfrútalo…me ocuparé de hacerte sentir bien…
-Aaaah, Mika…y-ya…-le escucho jadear en cuanto comienzo a mover mi mano por toda la extensión de su miembro, con suavidad, que lo disfrute, momento que aprovecho para apegarlo más a mí para poder apoyar mi barbilla en su hombro y contemplarlo mejor desde esa perspectiva.
-Hazlo otra vez, Gekko-susurro en su oído.
-¿…E…El que…?-me cuestiona jadeante.
-Ese sonido…quiero volver a escucharlo-respondo mordisqueando su cuello.
-¿Q-Que…soni…? ¡Aaaah! ¡Mika!-volvió a gemir cuando aplico un poco mas de fuerza en las caricias a su miembro. Si. Eso es. Eso quiero escuchar. Quiero escucharlo gemir para mí.
Siento como el ardor que antes había sentido vuelve a venir a mí, haciéndome sentir acalorado en cuanto noto como mi mano se está humedeciendo, el olor que mi nariz aspira en cuestión de segundos me eriza la piel y comienzo a mover mi mano con rapidez. Está llegando, bien, eso es, solo un poco más.
-¡MIKAAA! ¡AAAAH! ¡AAAH!-aquel gemido fue intenso, salió desde lo más hondo de su garganta al mismo tiempo que echaba la cabeza hacia atrás haciendo presión en mi hombro.
La sensación cálida y viscosa que sentí luego en mi mano me hace sonreír, le tengo donde quería. El cuerpo de Gekko cae en un estado de relajación total y sin poder evitarlo apoya su peso en mi pecho sin dejar de jadear, me aprieto contra él en un suave abrazo mientras poco a poco voy soltando su intimidad.
-…Mi…Mika…
-Tranquilo, no hables hasta que tu respiración sea normal-le susurro con voz intima acariciándole el vientre para darle unos mimos.
-T…Te voy a matar…ya verás…-le oigo amenazarme con tono avergonzado que solo me hace reír y no me resisto a darle un cariñoso apretón en el abrazo que aun le estoy dando.
-Te quiero.
Le oigo resoplar fastidiado pero no necesito ni contar hasta cinco para sentir como pone sus manos en la piel de mis brazos y me los acaricia con el pulgar. No puedo evitar emocionarme por su pequeña muestra de afecto correspondiendo a lo que le he dicho, mi pobre Gekko es demasiado tímido para decirme lo mismo en voz alta pero sus gestos, los sonrojos que consigo sonsacarle, que se ponga nervioso cuando estoy con él o cuando le hago reír me demuestra lo importante que soy para él.
Le quiero, y no hay nada que deseé más en este mundo que poder tomar a Gekko y llevármelo conmigo. Lejos, algún lugar donde nadie nos conozca y donde podamos estar juntos sin que la arpía de su madre este siempre incordiando o malos ojos y opiniones cerniéndose sobre nosotros. Quiero demasiado a Gekko como para permitir que los demás le estén perjudicando con sus continuas manipulaciones. Por eso no puedo evitar preocuparme por ese deseo que tiene de ser guerrero, como lo fue Yasha, él dice que es porque quiere seguir sus pasos y ser alguien tan grande como él para traer el honor a la familia…pero no puedo permitir que lo cumpla, tengo que llevármelo conmigo lo antes posible, mientras todavía tenga la mente lo suficientemente abierta como para querer seguir conmigo antes de que le empiecen a meter la idea de formar familia en un futuro con alguna muchacha de buena familia. No, Gekko no puede ser guerrero, no quiero que se convierta en uno de ellos, no podría soportar que le hicieran daño, que intenten matarlo en alguna batalla…no…y mucho menos que sea una idea que le han metido en la cabeza por el honor de la familia o por seguir los pasos de su padre. Esa maldita mujer, sabe que Gekko adora a Yasha y haría lo que fuera por ser alguien del que estuviera orgulloso.
-¿Mika…? ¿Qué ocurre? Te has quedado callado…-la voz de mi castaño me despierta de mi ensoñación. Reacciono rápido apresurándome a darle un beso rápido en la nuca antes de separarme de él.
-No pasa nada, es solo que estaba tan a gusto que casi me quedo dormido-bromeo jugueteando con su coleta castaña, le ha crecido bastante el pelo este ultimo año ya ahora se lo recoge en una coleta. Es divertido juguetear con ella.
-Ufff, solo me faltaría eso, tener que cargar con tu peso muerto en mi espalda.
-¿Me estas llamando gordo?-cuestiono con un tic en la ceja.
-Nooo, que va, Mika, solo digo que no eres peso pluma-me miro con una burla descarada.
Le quiero pero otras veces lo mataría.
Pero dispuesto a quedar por encima de él me cruzo de brazos haciéndome el interesante y le miro con cara de guasa.
-Bueno, no sé como tomarme eso cuando el que supuestamente es el chico más fuerte del pueblo no fue capaz de frenarme ni mucho menos zafarse de cuando le tuve agarrado.
Le veo dar un respingón y como un sonrojo se empieza a surcar por toda su cara. Oh si, esa es la reacción que yo andaba buscando.
-¡No vale que uses eso en mi contra!-me protesta alzando el puño.
-Pues no juegues contra quien sabes que no puedes ganar, mi querido Gekko. Nuestros juegos duran segundos y gana quien dé el primer golpe mortífero.-le susurro de forma enigmática para generar un aura de sabiduría a mi alrededor…mientras veo como la cara de Gekko ardía en deseos de matarme.
Entonces le veo esbozar una peligrosa sonrisa ¿y eso? ¿Por qué sonríe ahora? Es el momento en que mi expresión burlona se queda congelada en cuanto le veo alzar con lentitud amenazadora una flecha partida por la mitad enseñándome la punta de piedra. Sudo frío ¿de dónde ha sacado eso? Ni lo he visto.
-¿Y sabes tú donde suelen ir a parar las flechas?-le oigo preguntar con aquella sonrisa torcida.
Pregunta retorica, lo sé, pero ahora no me veo capaz de apartar la mirada de aquella arma que empuñaba mi Gekko, con un destino que no va a ser agradable.
-Pues…no…no me hago una idea…-intento hacerme el tonto, pero en cuanto veo que se levanta del suelo sin borrar esa sonrisa me veo que es el momento de echar a correr.
-¡Para tu culo van derechas!-me grita empezando a correr tras de mi empuñando la flecha-¡Ven aquí, maldito vándalo!
-¡Eso es peligroso, Gekko! ¡Te acabarás haciendo daño, que eres muy manazas!-puntualizo sin dejar de huir.
-¡Pues toma pinchazo!
-¡AUCH!-me quejo justo cuando siento como la punta de la flecha se hunde en una nalga haciéndome saltar.
Sin darme cuenta me hago yo solo un lio con los pies y caigo de bruces en el suelo, ¡au! eso duele, seguro que me ha quedado algún rasponazo. A continuación noto como Gekko se sienta sobre mi espalda y comienza a revolverme el cabello con ambas manos.
-¡Gekko! ¡Para, ya, estate quieto! ¡Ya!-le ordeno revolviéndome para que parara pero el muy maldito solo siguió revolviéndome mi pelo.
-¡¿Quién es ahora la señorita, eh?! Que no aguantas tener el pelo revuelto o con un poco de polvo. Siempre con el pelo limpio y perfumado como una mujer ¡Niñita!
-En cuanto te vuelva a pillar, Gekko…
No sé qué ha pasado de repente, que las manos de mi Gekko comenzaron a aminorar la velocidad y la brusquedad hasta el punto en que solo dejaba caricias en mi cuero cabelludo. Me quedo durante unos segundos parpadeante ¿Qué ha pasado? ¿He dicho algo para que haya dejado de jugar? No me estoy quejando, prefiero que me toque de esta manera pero solo no entiendo a que viene ese cambio repentino.
-¿Gekko…?-me atrevo a preguntar sin poder disimular mi confusión.
-A mi…-empezó a decir con cierta duda-…a mí siempre me ha gustado tu color de pelo, Mika…
Uh, ahora me toca a mi ruborizarme ante aquel inesperado cumplido, mi color de ojos y mi pelo eran algo anormal y siempre he sido señalado por ello…pero escuchar que a Gekko le gustaba me hacía sentir que…
-¿Te parezco guapo?-me salió la pregunta de mis labios sin que yo tuviera intención de formulárselo mirándolo por el rabillo del ojo.
-Ah…yo…-balbuceo avergonzado esta vez dejando que solo una mano me tocase el cabello-Nunca he dicho que me parecieras feo…
-Pero…¿te parezco atractivo? ¿Me encuentras guapo?-le insisto, necesito escucharlo, todo cuanto diga me importa más de lo que él cree.
-Tu…tu siempre has sido el descolorido, el raro, pero…no sé, tu color de pelo y ojos me…me gusta, me atraen.
-Gekko…
-Es que no sé cómo la gente no lo ve, tu pelo tiene el mismo color que el sol y tus ojos igual que cielo…y se supone que nuestros dioses están en el cielo y bueno…yo... parece que solo yo lo veo….lo lamento y…¡AAARG! ¡¿Por qué me haces decir toda esta sarta de cursiladas! ¡No es nada varonil! ¡Al final, los compañeros van a estar burlándose de mí si me oyen decir esas cosas tan empalagosas!
Mi pecho se desboca y siento un frenético aleteo. Deseo besarlo. Sé lo mucho que le avergüenza decir esa clase de cosas por lo tímido que es pero lo que todavía no sabe es el efecto que causa en mí. Lo que me acaba de decir me ha conmovido de tal manera que quiero besarlo en este mismo momento sin esperar un segundo más. Lo quiero, quiero besarlo.
-Gekko, suéltame…-ordenó revolviéndome un poco.
-¿Mika? ¿Qué pasa? ¿Qué he…?
-Quiero besarte-me mira con sorpresa-Quiero besarte ahora, déjame hacerlo, déjame que te bese ahora.
-¡¿Eh?! ¡¿Ahora?!-le oigo exclamar sorprendido ¿Qué pasa? ¿Por qué le extraña tanto que le pida que me deje besarle? Ni que fuera la primera vez…
-Por favor, Gekko, suéltame-le ruego revolviéndome en el suelo buscando liberarme-Déjame que te bese por favor.
-¡Pues ahora te quedas ahí abajo!-entonces siento como usa sus manos para hacer presión en mi cabeza y hacer que mi cara quede pegada contra el suelo-No te basta con hacerme decir cosas empalagosas y cursis sino que encima pretendes ponerme en una situación embarazosa ¡No soy una chica, Mika! ¡No vayas de galante pidiéndole un beso a una doncella casadera!
Volteo mi rostro hacia él como puedo para mirarlo por el rabillo del ojo a pesar de que sus manos siguen haciendo presión en mi cabeza.
-Pero…¿Qué tiene de malo que te pida que me dejes besarte? Ya deberías estar acostumbrado, además, ¿no habría sido más embarazoso lo que he hecho contigo hace solo dos minutos?
¡POC!
-¡Auchs!-me quejo en cuanto siento que me que toma de la cabeza y me la estampa con mala baba contra el suelo. En serio, tengo que aprender a morderme la lengua y contener mis burlas hacia mi Gekko cuando él está con el control de la situación. Creo que me iría mejor.
-Una palabra más del asunto y te juro que te descalabro.-me amenazó con la voz cargada tanto de rabia como de vergüenza.-¡No entiendo cómo te gusta tanto dejarme en evidencia!
-Eso no es verdad. Me gusta tomarte el pelo, eso es todo, pero tú te avergüenzas enseguida por todo.-me defiendo sobándome el lugar golpeado.
Entonces siento como se quita de encima de mí y se sienta a mi lado, aprovecho para voltearme y quedarme recostado de lado mirándole. Nos miramos el uno al otro, presentando batalla pero al final no pudimos resistirnos y comenzamos a reírnos de la cara que ponía el otro. En serio, que par de idiotas estamos hechos.
-¿Quién iba a decirnos a nosotros de pequeños que tendríamos esta extraña relación hoy en día?-cuestionó casi para sí mismo, pero alcanzo a escucharle y me quedo mirándolo confuso ¿Qué quiere decir con eso?
-¿A qué te refieres?
-A esto-nos señaló a ambos-Vamos, Mikaela, se supone que tu eres de recordar las cosas ¿acaso no recuerdas lo mucho que nos odiábamos de niños? No recuerdo un solo día desde que mi padre te adoptó donde no tuviéramos alguna herida por nuestras peleas.
-Yo…yo no diría que nos odiábamos-comento sintiéndome avergonzado de esos recuerdos-Creo que solo eran cosas de críos….
-Sí, sí, de críos, menuda mala leche te gastabas, compañero-se ríe con buen humor.-Aun me acuerdo como me perseguías con aquella rana. Esa repugnante y verrugosa rana…uuurg.
Veo como sonríe, e incluso como se permite así mismo soltar una carcajada ante esos recuerdos de nuestra infancia juntos pero yo no consigo reírme de ello. Porque era cierto, aunque intentase decir lo contrario yo odiaba a Gekko cuando era pequeño, le odiaba tanto como a su madre porque pensaba que los dos estaban teniendo algún complot en mi contra para quitarme la atención de Yasha. Recuerdo nuestras peleas cada vez que tuvimos algún desacuerdo o simplemente no soportábamos como nos mirábamos entre nosotros en algún momento del día, o sin ir más lejos cuando me envalentonaba lo suficiente para hablarle mal a su madre en su presencia. Para Gekko aquellos recuerdos parecían ser ya lejanos y los tenía presentes para reírse un rato, pero no para mí, me da mucha vergüenza recordar como yo estaba muerto de celos porque Gekko era hijo legítimo de Yasha, mi salvador, mientras yo siempre seria el intruso, el niño descolorido que recogió de la calle cuando nadie le quería. Llegué a tener tanta envidia de Gekko por ese vínculo paterno-filial tan genuino que tenia con Yasha que deseé que se muriera.
Un escalofrío me recorrió al recordar aquel deseo que tuve en mi infancia ¿Quién me ve ahora? Antes que le odiaba con toda mi alma y ahora que no soy capaz de estar sin él. Mi Gekko lo es todo…
-Creo que lo único que lamento es que empezásemos a llevarnos bien cuando te fuiste de casa…-suspiró apenado.-Me apena que mi padre no llegase a ver qué limamos asperezas…
Me entraron ganas de saltar para decirle que aquello fue cosa de Oshizu pero, igual que siempre, me muerdo la lengua. Su rostro entristecido al hablar de Yasha siempre me estremece porque siempre me hace pensar que nuestra manera de sentirnos al respecto de la desaparición de Yasha es bien distinta. Para mi desapareció un ángel, un héroe; para Gekko desapareció su padre, su maestro, su confidente y su todo. Si me pone esa cara no me veo capaz de decirle nada.
-Gekko…yo…
-Mika.-alzo la cabeza en cuando me llama y me sorprendo gratamente cuando siento como de pronto los labios de Gekko tocan los míos en un corto y suave beso.
-¿Eh? ¿Y eso?-pregunto confuso, Gekko no era de hacer esa clase de gestos a la ligera y en lugares públicos.
-Me apetecía hacerlo-me devolvió las palabras que antes había dicho-Pero lo siento no soy tan apasionado como tú a la hora de besar. Es lo que hay, amigo. Te aguantas.
No puedo evitar sonreír tocándome los labios sin pudor sintiendo aun la suavidad de los de Gekko.
-Tus besos siempre son los que más me gustan, Gekko-le hago saber permitiendo que viera mi rubor, a diferencia de él, no me importa dejar ver lo mucho que el significa para mí.-A pesar de que besas fatal.
-Idiota descolorido-se me burla levantándose para tomar su bokuto y echárselo a la espalda, intentando verse como todo un guerrero experimentado.-Se está haciendo tarde, creo que va siendo hora de regresar.
-¿Tan pronto?-pregunto incorporándome.
-Sí, pronto será la hora de la cena y me gustaría darme un baño antes. Estoy sudado, no quiero irme a dormir con la sensación de estar pegajoso.
-¿No quieres pasar la noche conmigo?-me atrevo a preguntarle dejándome llevar por mi deseo de pasar más tiempo con él. Hace mucho tiempo que no estamos juntos y este rato que llevamos me parece ha sido demasiado corto como para separarnos ahora. Quiero disfrutar de su compañía más tiempo.-Es que hace mucho tiempo que no nos vemos y me gustaría estar más tiempo contigo, aunque sea solo haciendo el tonto.
Volteó a mirarme arqueando una ceja.
-¿En serio me estas pidiendo que pase la noche contigo?-inquirió como si hubiese dicho algo totalmente fuera de lugar.-¿Y qué pretendes? ¿Llevarme al local donde trabajas?
No puedo evitar encogerme ante la dureza que noto cuando me formula esa cuestión. Y es que es verdad ¿Cómo se me ocurre pedírselo? Vivo en el burdel, y eso es un problema en mi relación con Gekko. Quiero poder estar más tiempo con él, que durmamos juntos en la cama y poder abrazarle cuando ya esté dormido pero…¿de verdad valía la pena hacernos pasar a los dos por eso? No sé si algún cliente solicitará mis servicios esa noche, y no puedo llevar a nadie por mi cuenta al local a no ser que pague por ello y me niego a presentar a Gekko como si fuera un cliente. Él es mi querido amante y no pienso tratarlo de otra forma.
-Lo siento, Gekko-me disculpo entonces bajando un poco la cabeza-Es solo que tengo muchas ganas de estar contigo y últimamente nos vemos tan poco que no puedo evitar querer acapararte todo el tiempo posible.
Veo como su expresión se suaviza y da un suspiro.
-Yo también tengo ganas de estar contigo, Mika-me reconoce y me quedo mirándole con una sonrisa al mismo tiempo que él se acomoda el bokuto a la espalda-Pero mira, nos estamos haciendo mayores y ahora esperan más cosas de nosotros. Creo que es normal que nuestro tiempo juntos se esté reduciendo.
Alzo la cabeza de golpe al escucharle, no me ha gustado nada como han sonado sus palabras. Parece que intenta decirme algo entre líneas.
-¿Qué quieres decir?
-Te adoro, Mika, jamás dudes de eso-me aseguró con la mirada llena de determinación que me hizo sentir inseguro ¿Qué significaba esto que me estaba diciendo?-Pero debes comprenderlo, ya no podemos pasar tanto tiempo juntos como antes. Ya no solo porque ya no vivas conmigo sino porque ahora debemos asumir nuevas responsabilidades y tal vez…-siento como el cuerpo me tiembla ante las palabras que me está diciendo. No. No quiero creer que es lo que me está diciendo-…bueno…ya sabes, nuestros caminos en algún momento van a separarse y cada uno tendrá su vida y…
-¡Mi camino siempre ha estado entrelazado con el tuyo, Gekko!-le salto sin poder evitarlo haciendo que pegase un bote del susto, por lo que haciendo un intento de tranquilizarme respiro profundamente para no asustarlo y hablarle de forma más pausada y calmada-Escúchame, nuestros caminos siempre han estado entrelazados. Por ello estamos juntos y yo quiero seguir unido a ti lo que me queda de mi vida.
Noto la mirada de Gekko cerniéndose sobre mí antes de bajar la mirada.
Entonces una sonrisa apareció en su rostro.
-¿El resto de tu vida…?
Aquella pregunta me dejó helado ¿Qué narices es esto? La voz de Gekko parecía haberse entremezclado con otra que no conozco.
Fue en ese momento cuando le veo alzar la cabeza y de alguna forma que no comprendo sus ojos se habían vuelto de un intenso color verde y su cabello se tornó de un color azabache, tan negro como la noche cambiando su forma y estando más corto y revuelto. Sus ropas también cambiaron, como si se deshicieran en sombras aquella persona comenzó a lucir una vestimenta blanca con detalles negros ¡¿Pero qu…?!
-Escoria chupasangre-me siseó señalándome con el dedo y con una sonrisa aquella persona con su propia voz dejando que la de Gekko desapareciera.
Parpadeo varias veces intentando analizar qué diablos acaba de pasar aquí, entonces un rayo de lucidez cruza mi cabeza cuando mantengo el contacto visual con aquellos ojos eucalipto.
Yo a este muchacho le conozco. Sus ojos, su cabello, su mirada impertinente y desafiante. Entonces me vienen a la cabeza varias imágenes en donde aparece ese muchacho, en donde está continuamente mirándome con desafío o con una impertinencia irritante.
-¿Yuu-chan…?-murmuro sorprendido al recordar quien ese muchacho.
Entonces todo a mí alrededor se quebró.
FIN DEL P.O.V SHINDOU MIKAELA
Mikaela se quedó quieto viendo como todo lo que había a su alrededor se iba rompiendo en finos trozos de cristal quedando en su lugar un espacio blanquecino, como si estuviera rodeado por una niebla. Vio sus preciosos recuerdos quebrarse ante sus ojos, cayendo en pedazos de cristales como si fueran hojas cayendo en otoño. Sus ojos se posaron en la figura del azabache que continuaba erguido frente a él con los brazos tras la espalda mirándole con aquella sonrisa impertinente y arrogante, Mikaela fue totalmente consciente de los cambios bruscos que se habían producido de repente haciendo que de esa manera su apariencia se deshiciera dejando volver a ver su aspecto habitual con las ropas blancas de la nobleza vampírica, volviendo con él sus colmillos y sus ojos rojizos. Su sueño y sus recuerdos rotos en ese momento.
-¿Cómo te atreves…?-gruñó Mikaela apretando los puños mirando al insolente mocoso con ira ¿Qué narices había hecho, destrozando sus preciados recuerdos con aquella facilidad?
-Eh, Mika, no te enfades conmigo-siguió sonriendo el pequeño azabache acercándose a Mikaela sin ningún atisbo de miedo permitiéndose a si mismo moverse con aire provocador como si buscara enfurecerlo de la manera más sutil. Mikaela parpadeó viendo como ese muchacho se le acercaba sin miedo ni vergüenza.-No sé porque eres tan frío conmigo, luego de todas las cosas que me has dicho…
-No te las dije a ti.-siseó apretando los dientes el rubio justo cuando el pequeño estaba a dos palmos de él.
-Sí, sí que me las dicho a mi…-entonces el niño le pegó un tirón al vampiro haciéndolo inclinarse hacia su altura para luego rodearle el cuello con sus delgados brazos.-¿A quién si no ibas a decírselas?
Mikaela se quedó sorprendido por aquel acto tan desvergonzado por parte del muchacho, incluso se sorprendió así mismo al sentir que se ruborizaba levemente ante la cercanía de ese travieso azabache. Lo miró a los ojos, esos ojos grandes, verdes y llenos de arrogancia y determinación que tanto le había fascinado desde siempre. Yuuichirou era guapo, y eso Mikaela no podía negarlo pero tampoco se consideraba así mismo un estúpido.
Abrazó con fuerza al niño de la cintura, alzándolo para volver a quedar erguido y que el pequeñajo no pudiese tocar el suelo con los pies.
-Yuu-chan, Yuu-chan-canturreó Mikaela con un tono juguetón sin dejar de mirar aquellos ojos eucalipto que tanto le atraían-¿Tienes idea de en que lio te has metido? Venir aquí a molestarme luego de lo que te he hecho antes. Hace falta tener valor, o ser muy estúpido para regresar a incordiarme de nuevo.
-Mika…estoy aquí porque eres tu quien me quiere aquí-susurró Yuuichirou rozando juguetonamente su nariz contra la de Mika en un agradable caricia que hizo al rubio estremecerse de placer-Me quieres contigo pero yo quiero saber es…¿Qué es lo que de verdad quieres de mi?
Mikaela suspiró contra la boca del menor, sintiendo placer ante aquella cercanía. Los alientos de ambos se entremezclaban de forma pausada sin llegar a tocarse, sus rostros se rozaban una y otra vez provocando pequeñas caricias que les producían un agradable cosquilleo, sus narices se tocaban pero no hubo en ningún momento un contacto labial, solo un constante jugueteo en el que ambos provocaban al otro para que diera el paso a la espera de que sucediera lo siguiente que ambos sabían anhelaban. Mika de pronto se vio así mismo cayendo en una calidez agradable que le proporcionaba la presencia ajena, sorprendiéndose de sentir el irrefrenable deseo de besar al azabache al sentirse harto de ese juego de tanteo. Aquel ambiente, aunque extraño, era embriagador para el rubio, deseaba a ese niño, le deseaba muchísimo.
-Mikaela…-susurró Yuu contra su boca sin que su sonrisa desapareciera acariciando la nuca de Mika con sus finos dedos mientras le escuchaba dar un suspiro de confort.-¿Qué es lo que quieres de mi?
-Quiero…-murmuró Mika hundiendo sus dedos en la cabellera negra del menor mientras acariciaba su fino cuello con el roce de sus labios-…quiero que dejes de intentar tomarme el pelo, Asuramaru.
Mikaela le dio entonces un tremendo tirón al cabello del niño al convertir sus dedos en un puño, haciendo que su cabeza fuera hacia atrás con brusquedad.
-¡Arg! ¡Mikaela!-se quejó el muchacho mirando la sonrisa ladina que tenía el rubio en el rostro ante su gesto de molestia.
-Déjate de juegos, Asuramaru…-sonrió Mikaela con un matiz amenazador en su tono de voz-…antes de que me enfade de verdad por haber manipulado mis recuerdos a tu antojo.
-¡Para! ¡Estate quieto, idiota!-exigió una voz distinta que salía de los labios de Yuu. Mika arqueó una ceja sin borrar su sonrisa antes de dejar caer al niño al suelo pesadamente como si se tratara de un saco de patatas.-Mierda…¿acaso eso era necesario?
-¿Era necesario que tu montases todo este espectáculo?-contraatacó el rubio cruzándose de brazos mirando al muchacho desde toda su altura.
-Je, no sé porque te molestas tanto. Parecías estar divirtiéndote-se burló el azabache dejando ver unos ojos rojos y un colmillo afilado asomándose por sus labios.
-Estaba disfrutando hasta que tuviste que arruinarlo todo-gruñó Mika sin sentir ni una pizca de gracia ante lo que ese demonio consideraba una travesura.
-Oh ¿acaso te has enfadado porque te he cortado el ambiente con el fantasma de tus recuerdos? ¿Con tu adorado Gekkomaru?-se rio Asuramaru como si le hubiesen contado un chiste muy gracioso-Es penoso que a estas alturas sigas aun la sombra de un muerto.
Mikaela arqueó una ceja mientras miraba al demonio que seguía riéndose en su cara como si estuviese tratando con un idiota.
-Si tan aburrido estas como para estar molestándome justo ahora debería ir a hablar con Krul para ver qué puede hacer contigo para que tu estancia en la bitácora sea más…"entretenida"
-Jaja ¿el pequeño Mikaela aun debe recurrir a mi encantadora hermana para solucionar sus problemas conmigo? Aunque sinceramente te agradecería que hicieras venir a Krul, no sabes lo mucho que me apetece estar un rato con ella…-siguió burlándose el azabache de ojos rojos pero al ver como el rubio la miraba decidió frenarse un poco-Vamos, Mika, no pongas esa cara, sabes perfectamente que ha sido solo una broma.
-Sabes perfectamente que no me hace ninguna gracia que utilices mis recuerdos para divertirte.
-No estás siendo justo conmigo. Te recuerdo que es gracias a mí que puedes volver a vivir lo que en su día escribiste en esta bitácora. Es gracias a mí que puedes volver a ver a tu querido Gekkomaru tal y como le recuerdas.-reiteró esa última parte de forma especial, como si de algún modo estuviese echándole algo en cara de lo que sabía que era consciente, pero como ya era costumbre Mika hizo caso omiso a su tono de voz.
-El pacto quedó claro en su día.-indicó Mikaela sin alterarse lo más mínimo-Tu usabas tus poderes para recrear lo que tengo escrito en la bitácora y a cambio te permito hacer uso de ella como vinculo para que sigas existiendo.
-Pero esto ya es muy aburrido, Mikaela-se quejó el azabache poniendo una graciosa expresión de aburrimiento señalando a su alrededor donde se podía todavía vislumbrar cristales que representaban fragmentos de recuerdos del rubio.-Ya son miles de veces las que contemplo las mismas cosas de tu pasado. Una y otra vez, tanto cuando me pides recrearlas como cuando no estás. Una y otra vez ¿sabes lo aburrido que resulta estar siempre siendo el espectador de la vida de otra persona? ¡Ya ni siquiera me entretiene la forma en la que intentabas someter a Gekkomaru para que se fuera contigo!
-Yo no intentaba someterle a nada…quería darle una vida mejor-gruñó Mikaela sintiéndose ofendido por aquella acusación dada por el demonio, pero como era de esperar este no le hizo caso en su protesta.
-Pero ¿sabes? Por primera vez en mucho tiempo he encontrado algo realmente interesante…-volvió a sonreír Asurameru señalándose así mismo, o más bien a la apariencia que había adoptado en ese momento-…este muchacho.
Mikaela se tensó durante unos segundos al ver la burlona mirada que le dedicaba el demonio, sus ojos rojos resplandecían de entre la sombras de su cabello negro mientras su dedo palpaba su pecho señalándose así mismo. Sabía a lo que Asuramaru se estaba refiriendo, era el demonio que había poseído su bitácora para poder asegurar su propia existencia y, a cambio, recrearle todo cuanto había escrito en ella. Eso significaba que también tenía vía libre de hurgar en su cabeza cada vez que le permitía inducirle al sueño para introducirle en el interior de las páginas de la bitácora. Asuramaru ya debe de haber visto unas cuantas cosas en lo que se refiere a Yuu.
-No es como tus otros amantes…-comentó el demonio sin dejar de mirar fijamente al rubio.-Esta dentro de tu cabecita. Veo su cara de sufrimiento desde que has entrado aquí, cuando has intentado abusar de él ¿Qué ha pasado con ese muchacho, Mikaela? Le has dejado huir y no terminaste con él, ¡y mira que es un niño la mar de atractivo! ¿Qué pasa? ¿Cómo no es tu tipo no se sentías animado de llevarlo hasta el final? Te creía mejor que eso.
Sin poder evitarlo, Mikaela desvió durante unos segundos la mirada al sentir como los ojos demoniacos del otro se clavaban en su ser buscando respuestas. Se puso tenso cuando al regresar la mirada instantes después contempló como Asuramaru lo miraba con los ojos muy abiertos como si estuviese sorprendido.
-Te importa.-afirmó el demonio señalándole. Mika no respondió a eso por lo que Asuramaru rompió a reír de forma escandalosa provocando que el rubio le mirase de mala manera-¡No me lo puedo creer! ¡Shindou Mikaela teniendo genuino interés por un crío humano! ¡Lo nunca visto!
-No he dicho en ningún momento que tuviese interés en él-espetó Mika mirando muy mal al demonio que se divertía a su costa-Es solo un cordero descarriado al que intento impartir disciplina.
-¿Disciplina?-repitió Asuramaru sin borrar su sonrisa ladina y burlona-A otro perro con ese hueso, Mikaela. Te conozco mejor de lo que te conoces a ti mismo. Y sé que si de veras esto fuera cosa de disciplinar a un cordero rebelde no habrías dudado en hacerlo sufrir más de lo que has hecho. Me sorprende más que quisieras abusar de él sabiendo lo mucho que te gustan los niños de pelo y ojos castaños, como tu adorable Gekko pero…¿Qué es lo que tiene ese muchacho que te llama tanto la atención como para no querer aplicarle un castigo más ejemplar y doloroso?
-Estás diciendo tonterías, Asuramaru-negó Mikaela con una sonrisa encogiéndose de hombros como si la cosa no fuera con él-Vale que estés muy aburrido pero ¿llegas al punto de inventarte historias para pasar el rato? En el fondo eres igual de teatrero que tu hermana.
-¿Intentas tu darme esquinazo en el tema, mocoso oxigenado?-inquirió entonces el demonio acomodándose en el suelo con las piernas extendidas y las manos apoyadas en el suelo para recargar su peso en ellas-Puedo entrar en tu cabeza, y por lo tanto en tus recuerdos, las veces que quiera mientras permanezcas dentro de la bitácora ¿y sabes qué? Estoy encontrando cosas realmente interesantes de este muchachito ¿Yuuichirou se llama? Oh, espera, tú le llamas Yuu-chan ¿verdad? Que adorable-comentó de forma empalagosa y burlona.
-Ya basta…deja de meterte dentro de mi cabeza-ordenó Mikaela comenzando ya a sentirse fastidiado del comportamiento del demonio.
-Así que el estúpido de Felid y tu le encontrasteis a él y a sus amiguitos hace tres años. Pobrecitos, huérfanos y solos ante este mundo caótico y cruel. Qué suerte tuvieron de que vosotros les rescataseis…-siguió hablando Asuramaru esta vez cerrando los ojos como si estuviese recreando algo en su propia mente sin hacer caso a lo que Mika le decía.-Veamos ¿Qué es lo que viste en él?
-Basta-ordenó Mikaela acercándose al rostro del demonio. Asuramaru abrió los ojos sorprendiéndose al encontrar la mirada de advertencia que le dedicaba Mikaela-Te he dicho que ya es suficiente.
-¿Por qué te alteras tanto?-preguntó entonces Asuramaru volviendo a mostrar esa sonrisa, puede que a veces Mika le sorprendiera con sus repentinas cercanías pero desde luego aquel vampiro rubio lo que menos le provocaba era temor. Ya estaba muerto y sabía que Mikaela dependía de su poder para poder seguir contemplando sus preciados recuerdos, no tiene modo de deshacerse de él sin deshacerse también de todas aquellas escenas de las que tanto dependía.
Mikaela no le contestó pero dejó salir de sus labios un resoplido alejándose del demonio para darle la espalda. Asuramaru no estaba dispuesto a dejar la conversación ahí, no ahora que se encontraba en un punto la mar de interesante.
-Te atrae ¿no es así?-preguntó de repente haciendo que Mika detuviera su andar de repente.
-¿Qué dices…?
-Ese niño, Yuu, te sientes atraído por él ¿verdad?-volvió a preguntar esta vez dejando la burla y el sarcasmo a un lado para mirarlo con curiosidad. Alzó la mano para cortar lo que fuera que iba a decirle el rubio para proseguir.-Lo he visto en tus recuerdos. Te gustan sus ojos. Te divierte que te desafíe con su arrogancia. Adoras burlarte de él cuando te da malas contestaciones. Y te sientes fascinado cuando te mira de esa manera…
-¿Qué manera…?-se hizo el tonto el rubio.
-La misma mirada fiera que tenía Yasha, tu padre adoptivo en la era Heian, antes de una batalla.
-Eso es solo una casualidad.-se encogió Mika como si no le diera importancia alguna.-Ya he visto esa mirada muchas otras veces. No hay guerrero que no tenga una mirada fiera…
-No como esa, Mika, y lo sabes-dijo Asuramaru apoyando su rostro en uno de sus puños-Esa mirada está grabada a fuego en tu cabeza y no puedes sacarla de ahí.
Mika no contestó a eso, solo dio un suspiro como si se sintiese aburrido de aquella conversación y pensaba dejar a Asuramaru hablando solo cuando le escuchó decir lo siguiente;
-Es la primera vez que te arrepientes…
Mika volteó a verle por el rabillo de los ojos, rojo contra rojo, uno mirándolo desafiante mientras que el otro solo mostraba una expresión de serenidad y calma.
-Es la primera vez que te arrepientes de verdad de haber intentado abusar de un niño-indicó Asuramaru señalándolo con el dedo y moviéndolo de manera juguetona pero sin dar muestras algunas de querer bromear-Ese niño te atrae mucho. Te sientes fascinado por él y, lo peor de todo, no puedes ni quieres hacerle daño. No como se lo hiciste con los demás…-se quedó unos segundos mirando los ojos de Mikaela, sabiendo lo que ambos estaban pensando y que el otro no quería que formulase la pregunta, pero lo haría de todos modos.-Y por lo que veo, no quieres ponerte a pensar en la posibilidad de que Yuu puede ser Gekkomaru ¿verdad?
Aquello fue un interruptor para hacer que Mika le lanzara una mirada fiera al demonio. Asuramaru no se intimidó en absoluto pero desde luego sí que se sorprendió de ver esa mirada en el dueño de la bitácora, el tema de Gekko siempre había sido delicado para Mikaela pero encontrar a su reencarnación era el anhelo más grande de Mika, era su razón de seguir viviendo.
-No es él-siseó Mikaela apretando los dientes.-¡No es él! ¡No puede ser él!
-¿Y eso porque?-cuestionó Asuramaru cruzándose de brazos mirando directamente a Mikaela a los ojos.
-¡Porque no es él y punto! ¡No tiene nada que ver con Gekko!-gruñó Mika apretando los puños.
Asuramaru esbozó una sonrisa.
-Yo creo que ese niñito se parece mucho más a Gekkomaru de lo que quieres reconocer-señaló sonriente Asuramaru.
-No tienen nada que ver el uno con el otro…-insistió Mikaerla negándose a pensar en lo que Asuramaru le estaba diciendo.
-O sea, que según tú Yuu no puede ser tu querido Gekkomaru porque no tiene el pelo y los ojos castaños como él ¿es eso?-no recibió respuesta al respecto pero no pudo evitar dar una pequeña risa antes de proseguir-No eres tan estúpido como para creerte eso de verdad, Mika.-jugueteó entonces con uno de los mechones azabaches pero enseguida se levantó del suelo de un grácil salto y comenzó a caminar hacia el vampiro rubio.
-No puede ser él. Soy el que mejor conoce a Gekko, y Yuu-chan no puede ser él. Puede que me llame la atención porque hay rasgos de su carácter que me recuerdan a Gekko pero…
-Sigue, sigue intentando engañarte a ti mismo, Mika, pero no podrás conseguirlo.-dijo el demonio quedando solo a medio palmo de Mika volviendo a alzar los brazos para rodearle del cuello y acercarlo a él pudiendo así susurrarle cerca del rostro-Ya lo sabes, la reencarnación puede llegar ser muy puñetera.
-Asuramaru…-susurró viendo aquel rostro infantil que representaba al pequeño Yuu.
-Llevas muchos siglos en busca de la reencarnación de tu querido Gekkomaru. Y has hecho un daño atroz a muchos niños solo porque tenían algún parecido con él. Pero la reencarnación jamás trae de vuelta a alguien con el mismo aspecto que su anterior vida…las almas regresan a la vida con un cuerpo nuevo y una mente nueva, siendo de esta manera personas distintas a las que fueron-fue entonces cuando Asuramaru se acercó al oído del vampiro rubio-Los muertos no pueden volver.
Aquella frase hizo que la mandíbula del rubio se tensara pero se abstuvo a decir nada al respecto por mucha ira que estuviese acumulando dentro de sí.
-Las almas siempre regresan a la vida, en eso consiste la reencarnación. Pero por mucho que un alma reencarne no quiere decir que la misma persona haya resucitado.-poniendo una voz más seria y sin despegarse del oído del rubio, Asuramaru continuó-Gekkomaru está muerto y ya no habrá nada que le traiga de vuelta, Mika. Su reencarnación jamás podrá recordar nada de su vida en la era Heian, aunque tu se lo contases o incluso llegases algún día a enseñarle lo que hay en el interior de estas páginas para él esto no significará absolutamente nada.
-Cállate…-gruñó Mikaela apretando los puños.
-No, cállate tú y escúchame-exigió el demonio mirándole a los ojos-Sé que en el fondo lo sabes y aunque intentes hacerte el duro, también te conozco lo suficiente como para saber que te da miedo encontrarte con la reencarnación de tu Gekkomaru y ver que no es capaz de recordarte.-el demonio acarició entonces de forma intima el pecho del rubio con cuidado, subiendo poco a poco por este pasando por el cuello y llegar al rostro-Solo has estado con todos esos niños porque buscabas conservar la imagen que tienes de él. Pero su reencarnación puede ser bien distinta…si de veras quieres reunirte con esa alma que tanto amaste, primero debes dejar que Gekkomaru se vaya de tu cabeza.
-Asuramaru.-susurró Mikaela observando los ojos rojizos de Asuramaru que no le apartaba la mirada ni por un segundo.
-Los muertos no pueden volver, Mikaela-repitió el azabache contra su boca.-Gekkomaru también fue la reencarnación de otra persona y nunca jamás recordó su vida anterior, porque esa vida ya no existía. De la misma manera que ahora Gekkomaru ya no puede existir de ninguna forma, por mucho que haya reencarnado…
-Je... Jejeje- rió tranquilamente el vampiro al tiempo que se pasaba unos dedos por sus rubios cabellos-. Ya sé lo que estas intentando, y te advierto que no lo conseguirás.
-¿Uh?- musitó el demonio mirándole expectante.
-No sacarás nada tratando de confundirme, porque Yuu-chan no es Gekko y no lo será jamás- tachó tratando de sonar seguro de sus palabras, aunque no contó que con el tiempo que llevaba Asuramaru conociéndole ya era capaz de notar hasta la más mínima pizca de nervios y la sutil inflexión de voz, tal y como ahora.
-¿Y si lo fuera?- inquirió con una seductora mirada, como si con ella se riera de antemano de la próxima desdicha de Mikaela.-Nunca antes has necesitado pruebas para estar convencido que el niño con el que estabas podría ser Gekkomaru. Y ahora que aparece el candidato ideal de repente eres reacio a creértelo ¿Por qué será?
-Nunca lo será- volvió a tachar dándose la vuelta para darle la espalda al demonio, ya le estaba cabreando con toda la discusión y ya quería salir de sus recuerdos de una vez.
-Más vale que sea así, porque de serlo... tendrías muchos problemas Mikaela- dijo tratando de hacer un tono como si no le diera importancia.
-¿Qué dices?- le afrentó apenas volteando lo suficiente para mirarle por el rabillo del ojo.
-¡Es que sólo piensa en lo divertido puede llegar a ser!- sonrió burlón-. Se me hace divertido pensar que acabas de violar a la persona que mas dices haber querido y apreciado. Aunque claro, eso sería así en caso de que Yuu sí fuera tu querido Gekkomaru- apuntó encogiéndose de hombros.
-¡Ya basta Asuramaru!- le ordenó volteando a verlo haciendo notar su molestia en su iracunda expresión.
-Eso sí que sería un divertido y emotivo recuerdo- siguió burlándose el demonio al tiempo que hacía aparecer lo que parecía ser un redondo espejo no más grande que la mano de Mikaela, el cual levitó por el aire hasta posicionarse justo frente a la cara del rubio mostrándole una imagen en particular: El rostro de dolor de Yuu cuando era violado-. Imagínatelo: Tú violando a tu querido Gekko- y poco a poco la imagen del niño azabache y ojos verdes fue contrastada hasta que sus cabellos se tornaron de una tonalidad castaña así como también lo hicieron sus ojos. La imagen era tan surrealista para el vampiro que no quería creerla, no quería siquiera pensar en la cara de dolor de quién tanto había esperado, peor aún saber que él era el causante de todo ese dolor. Pero la imagen parecía tan real que incluso no podía dejar de especularse lo que el demonio trataba de demostrarle.-…y lo mejor de todo es que no supiste reconocerle a tiempo mientras le destrozabas.
-¡YA BASTA!- gritó al tiempo que hacía añicos la imagen de un sólo golpe con su puño-. ¡NO ES ÉL! ¡NO ES ÉL! ¡NO ES ÉL!- gritaba sosteniéndose la cabeza queriendo negar todo cuanto vio-. ¡DEJA DE MANIPULAR MIS RECUERDOS!- acabó por decirle mirándole con odio.
-No he manipulado nada de nada, tan sólo te he hecho volver a recordar las cosas tal y cual las has visto entonces- sonrió burlón acercándose con confianza al rubio.-Durante un segundo, viste con total claridad la cara de Gekkomaru en Yuu cuando le escuchaste gritar, por eso te arrepentiste y te detuviste en el momento. Es así de simple ¿Tan difícil te es asimilar lo que pensaste?- le cuestionó posicionándose a menos de un metro del otro.
Mikaela lo miro con rabia a punto de decirle alguna barbaridad pero entonces, Asuramaru le dio un empujón por sorpresa que le hizo caer sentado en el suelo, y aprovechando el desconcierto del rubio se le subió encima colocando sus ahora piernas infantiles a cada lado de la cadera ajena sosteniéndole el rostro para quedar muy cerca de él.
-Precioso y malcriado Mika-kun-susurró contra su cara el demonio mostrando esa sonrisa ladina y seductora-Eres el dulce hijo adoptivo de mí hermana y, aunque no te lo creas, yo a mi manera me ocupo de demostrarte lo mucho que te aprecio.-siguió hablándole esta vez contra su boca-¿Y qué mejor manera de hacerlo que…dejándote soñar un rato?
Entonces los ojos del demonio mostraron un intenso color verde haciendo desaparecer el rojo demoniaco que le caracterizaba, al mismo tiempo que también desaparecían los colmillos que evidenciaba su vampirismo. Mika vio ante él la cara sonriente de Yuu que le miraba a los ojos intensamente, como si sintiese adoración hacia su persona.
-Mika-susurró con la propia voz de Yuu, en un tono dulce y cariñoso que dejaba ver deliberadamente su deseo de ser atendido por el rubio.
Mikaela sudó frio y los cabellos se le erizaron al sentir aquella vocecilla diciendo su nombre. Dejándose llevar por las emociones que estaba sintiendo, tomó con brusquedad la nuca del contrario a modo de retenerlo y evitar que de alguna manera se quisiera alejar o evitarle, pero estaba claro que viendo lo dispuesto que estaba el azabache era un acto innecesario pero con ello remarcaba su completo control sobre la situación.
-Yuu-chan…-susurró contra su boca dispuesto a devorarle al completo. Era suyo, completamente suyo e iba dejarlo claro en ese instante. Porque lleva siglos siendo todo suyo-Gekko…
Y con ello se lanzó invadir la boca del menor, quien con una sonrisa complaciente, le permitió al rubio invadirle como mejor le pareciera.
El niño abrió la boca tan pronto como Mika exigió entrar en su interior luego de lamerle el labio inferior. Sumiso y obediente, le permitió al rubio acariciar su lengua y entrelazarla con la suya en una batalla por el control del acto, presentó un poco de resistencia y lucha para darle emoción a lo que hacían pero luego se volvió a dejar llevar al sentir como el rubio le tomaba por la cabeza y la cintura de forma posesiva y con algo de brusquedad, al mismo tiempo que dejaba escapar un gruñido gutural donde le advertía que se mantuviera quieto.
El propio Mika se sorprendió de sí mismo al haber dejado escapar ese gruñido en cuanto sintió al pequeño revolverse para separarse, no le tomó demasiada importancia de momento pues estaba disfrutando de estar tomando la cavidad ajena. Sentía placer por el dominio que estaba ejerciendo en ese beso, incluso sentía cierto placer cuando sintió como se rendía de resistirse con tan solo una pequeña advertencia.
Y es que había algo más en todo aquello que le hacía sentir que no era una ilusión, habían sido tantas las veces que buscaba a su querido Gekko que por primera vez en muchos siglos volvía a sentir de nuevo la calidez que ya casi no recordaba. Era tan increíble todo que no podía parar de besar a la imagen del pequeño azabache, una y otra, y otra vez; nada era suficiente, necesitaba más que eso, más ahora que había encontrado lo que tanto había buscado.
Mika juntó la cadera de Yuu con la suya, quería sentirlo todo lo cerca posible mientras le besaba. Escuchó complacido como el niño tembló ante el íntimo contacto y un suspiro murió de entre sus labios, podía tocarlo como quisiera y no pensaba tener restricciones, menos aun cuando lo sentía tan predispuesto a lo que quisiera.
-Eres mío…-susurró el rubio de forma gutural contra la boca del menor antes de seguir besándole con pura vehemencia, como si estuviese dispuesto a devorarlo en ese momento.
-Mika…-escuchó un suspiró provenir de los labios del niño cuando cambió su rumbo a besarle el cuello. Tuvo un pequeño sobresalto acompañado de un gemido entrecortado cuando Mika le mordisqueó la piel con sus afilados colmillos, en un acto de provocarle mayor excitación. Siguiendo con ese juego de provocación, el azabache se apegó mas al rubio dejando que escuchase bien los sonido que salían de su boca, teniendo pleno conocimiento de lo mucho que le gustaba eso-Pídeme lo que quieras.
Escucharle decir aquella frase con unos tonos de voz de entremezclaban la inocencia con la sensualidad, el rubio sintió como se le erizaba el vello mientras una corriente eléctrica le alcanzaba desde la base del estomago hasta la raíz del cabello. La voz de Yuu estaba llena de una inocencia tan hipnótica y provocativa que hacía que le fuera imposible a Mika no sentirse atraído por él. Con aquella vocecilla y sus pequeños gestos repentinos cuando le acariciaba, incrementaba el deseo que sentía por poseerlo…
¡RAAAAAAAAAAAAAS!
…y lo dejaba bien claro cuando hizo uso de sus manos para abrirle con brusquedad la sudadera del uniforme de ganado para dejar al descubierto su recto y delgado torso, carente de músculos y en pleno desarrollo. Aquel cuerpo infantil no le quitaba atractivo, le seguía dando ese aspecto inocente que Mika deseaba poseer a toda costa, su precioso Gekko estaba vivo en ese muchacho. Ahí, esperando por él y no tenía intención de hacerse de rogar.
-¡Ahhh! ¡Mika! ¡M-Mika!-gemía el muchacho al sentir como las manos de Mika recorrían y apretaban los músculos de su espalda con tanta intensidad que incluso sentía sus largas uñas presionando contra su piel-¡Aaah!-entonces se arqueó por completo cuando sintió al vampiro bajar su rostro hacia sus botones rosados para succionarlos. El oji-verde sonrió ante aquella acción por parte del contrario y con toda intención de aportar su granito de arena a la situación comenzó a mover sus caderas contra las del rubio en un lento vaivén.
-Uuuurg…mío…-la reacción de Mika no se hizo esperar ante aquel lento e insistente roce entre sus miembros. Era excitante y le provocaba un intenso ardor por todo el cuerpo que le hacía desear todavía más a ese travieso diablillo.-Eres todo mío…
-Mika…-susurró el contrario sin dejar de mover las caderas provocativamente-¿Qué quieres de mí?
-A ti-gruñó igual que un animal al reclamar su territorio, completamente enloquecido por la seducción que mantenía aquel niño hacia él-Voy hacerte mío ahora mismo, y te dejaré bien claro que yo soy tu dueño porque pienso marcarte…
-¿Eso quieres…?-cuestionó el azabache mirándolo con la cara ruborizada y, con toda intención de enfurecerlo le cuestionó;-¿No puedo hacer esto con nadie más…?
-Ni te atrevas…-amenazó el rubio con fiereza tomando al niño de los cabellos para acercarle con brusquedad a su cara y que le mirase a los ojos-Eres mío, me perteneces solo a mí. Nadie tiene permitido tocarte porque tu dueño soy yo, aniquilaré a todos cuanto se atrevan a ponerte un dedo encima, y ten por seguro que te castigaré a ti por permitirlo…Tu dueño soy yo y nadie mas ¿entendido?
-Solo…te pertenezco a ti, Mika-susurró Yuu con los ojos entrecerrados admirando la mirada que le dirigía el rubio.
-Sí. Eso es…-asintió suavizando su tono de voz, mas no la excitación que brillaba en todo su esplendor en cada matiz.-Mi dulce niño, solo me perteneces a mí.
Fuera de control, Mika volvió a lanzarse a devorar la boca del menor, primero rozando las lenguas en una caricia antes de recorrer toda la cavidad bucal contraria, se permitió morder el labio inferior del niño en un modo de marcar territorio. Con su mano libre acarició el estomago y los costados del menor sintiendo la agradable calidez que desprendía, le encantaba sentir ese calorcito que emanaba aquel cuerpo y quería abarcarlo tanto como fuera posible.
-Jujuju-lo escuchó reír en ese momento.
Sin embargo, aquella risa fue extraña. No era una risa de regocijo o disfrute, era una risa claramente burlona ¿Qué pasaba…?
-El sueño se ha terminado. Es hora de despertar.-susurró la voz de Asuramaru, alejándose de repente de un muy sorprendido Mika que no se esperaba para nada lo que acababa de pasar, sintiéndose de repente ridículo e iracundo cuando apreció que los ojos de Yuu volvían a ser rojos y unos colmillos sobresalían de su boca.
-Asuramaru…-gruñó rabioso el rubio al sentirse vilmente engañado en su cara otra vez por el demonio y con aquella facilidad.
-Eres tan penoso, Mika. Solo me ha bastado adoptar la forma de Yuuichirou y ponerte ojitos de corderito para que enseguida tu sacaras a relucir ese lado tan animal que posees.-dijo burlonamente deshaciendo en partículas de arena negra la apariencia que tenía de Yuuichirou para dejar a relucir su verdadero aspecto. Mostrando su cabello largo y morado oscuro, los pequeños cuernos por encima de su cabeza que dejan ver su estado demoniaco, una figura fina y delicada igual que el de una niña pero que poseía una fuerza bárbara, y unos ojos rojos con una expresión de eterna burla. Asuramaru tenía un aspecto infantil, causado por haber sido transformado en vampiro con tan solo doce años pero era sabido por todos que de infantil solo tenía el cuerpo porque antes de convertirse en demonio fue uno de los vampiros mas retorcidos que se conocían, más de lo que se esperaba de un vampiro raso. No era alguien que se pudiera infravalorar…
-¿Cómo te has atrevido a…?-exigió saber el rubio pero fue interrumpido por una carcajada del demonio.
-No me vengas ahora con enfados, Mikaela. He dejado que te diviertas con la ilusión que he creado para ti, estate agradecido.-siguió burlándose cabeceando hacia un lado como quien canta alegremente una canción-He dejado que te diviertas con lo que más deseabas, con la imagen que tienes de la reencarnación de tu adorado Gekko. Tu deseo de que ahora retomes con Yuu lo que dejaste pendiente en su día con Gekko; que él se entregue a ti sin restricciones de ningún tipo.
-¡Deja de burlarte de mí!-bramó Mikaela acercándose al demonio para asestarle un golpe con su mano que en un humano causaría que le cortase la cabeza, pero Asurameru lo esquivo con una gracia casi femenina situándose en unos pocos metros alejado volteando a mirarlo con una divertida sonrisa.
-Si tanto deseas que vuelva a hacerte soñar, tráeme a Krul-le dijo sin variar la expresión de su mirada-Eres su precioso y estúpido hijo adoptivo y solo por eso no me importa complacerte. Pero Krul siempre ha sido mi favorita y, antes que tu, siempre va a estar ella.-y con una mirada afilada y centelleante que no admitía otra cosa repitió-Tráeme a Krul. Dile que su hermano arde en deseos de verla.
-¡Asu…!-fue a replicar el rubio pero entonces sintió una fuerza conocida y arrolladora que lo arrastraba hasta atrás.-¡Maldit…!
Los ojos de Mika se abrieron de golpe encontrándose con la cabeza recostada sobre las páginas de su bitácora mientras vislumbraba una de las pinturas que estaban plasmadas en una de las paredes de su habitación. Parpadeó un par de veces intentando despegar la pesadez que sentía en la cabeza, y justo después una expresión iracunda adornó su rostro cuando fue consciente de lo que acababa de pasar.
-¡Asuramaru!-exclamó con furia sin poder evitarlo incorporándose de la mesa donde estaba recostado y mirando la pagina de la bitácora por donde se había quedado.-¡Te voy a matar, estúpido demonio shota!
Como respuesta, la página dejó ver un leve brillo rojo oscuro que Mikaela interpretó como que Asuramaru estaba haciéndole una burla. Enfadado, cerró con brusquedad la bitácora y la metió bajo llave en el interior de un cajón para no tener que seguir viendo como el demonio se divertía a su costa, y fue a recostarse a su cama para intentar calmar ese mal humor que definitivamente le hizo el día.
Siempre terminaba igual cuando se trataba de Asuramaru. Cuando hizo el pacto con él para recrear las páginas donde estaban plasmados sus recuerdos ya tenía una idea de los dolores de cabeza que iba a ocasionarle. Al igual que todos los vampiros, Asuramaru era retorcido y sádico al que le gustaba divertirse a costa de todos los que había a su alrededor ya fuera torturando a humanos o molestando a vampiros. Mikaela lo conocía desde hace varios siglos, concretamente desde que Krul se encaprichó con él para adoptarlo como hijo suyo, y sabía muy bien como procedía a la hora de divertirse. Pero cuando murió fue precisamente por Krul por lo que le escogió a él quien poseyera su bitácora en vez de otro, y como había aceptado mantenerlo vivo a cambio de recrear sus recuerdos no tenía modo de hacer que se fuera, no al menos sin que Krul se enfureciera con él.
Pero había una cosa de la que no era capaz de quitarse de la cabeza con lo que le había dicho Asuramaru.
"Imagínatelo; Tú violando a tu querido Gekko"
Aunque intentase hacerse el duro, aquella frase le atormentaba en cada rincón de su cabeza. Intentaba negárselo pero luego de haberse dejado llevar de esa manera por la ilusión de Yuu ¿Qué podría pensar? Le daba pavor pensar que Asuramaru tenía razón y que había herido a Gekko, a su querido Gekkomaru.
Todo lo que había pasado le había trastocado más de lo que quería demostrar. Se había pasado casi nueve siglos buscando a Gekkomaru de entre tantos y tantos niños que compartían ciertas características físicas con él y ninguno había dado resultados deseados. Y precisamente, ese crío rebotado de ojos desafiantes y melena azabache…ese que tanto le sacaba de sus casillas pero que al mismo tiempo le divertía cuando le retaba. Para Mikaela aquello nunca pasó de ser más que un juego, o más bien un pequeño entretenimiento cada vez que regresaba a Sanguinem para entregar los informes de las misiones a Krul, le era divertido ver aquellos ojos como le enfrentaban de entre tantos otros llorosos y miedosos, por eso siempre que podía antes de ir a ver a Krul intentaba toparse siempre con Yuu solo para divertirse a su costa.
¿Era posible que durante todo ese tiempo lo que sentía en ese momento no fuera necesidad de entretenerse sino alguna especie de atracción? No sería algo extraño, Mika había sentido atracción por todos los niños con los que había estado, pero claro eso era porque siempre se auto convencía de ver a Gekko en cada uno de ellos. Sin embargo, si sentía atracción por Yuu no fue porque hubiese pensado en Gekko, Mika jamás los relacionó a ambos, pero ahora ya no estaba seguro de que pensar.
No estaba seguro de creer lo que Asuramaru había dicho y aceptar que Yuu y Gekko se tratan de la misma persona, aunque ahora que lo pensaba había muchas similitudes entre ellos pero aun así no tenía pruebas que confirmaran aquella teoría. Pero si que podía aceptar que se sentía atraído por Yuu, la expresión de sus ojos cuando le invadía verdadero coraje era igual al de Yasha cuando estaba de camino a la guerra, y ese comportamiento rebelde e impulsivo sí que podía recordarle a Gekko.
Eso quería pensar pero en cuanto el recuerdo de la cara de sufrimiento de Yuu al abusar de él volvió a su mente junto a su grito de horror fue causante que sintiera un temblor recorrerle el cuerpo. Asuramaru tenía razón, se sentía arrepentido por lo que le había hecho a Yuu pero…¿Por qué ahora? ¿Por qué precisamente con él? Mika se reincorporó con brusquedad de la cama apretando los dientes mientras se pasaba una mano por su rostro y parte de su cabello. Los gritos de Yuu no se callaban de dentro de su cabeza, al mismo tiempo que podía ver el rostro de decepción de Gekko, acusándole.
-Kuso…tengo que confirmarlo o me volveré loco…-gruñó Mikaela apretando las sabanas de su cama. Justo en ese momento, cierto aroma le llegó a su nariz que le llamó la atención. Sus ojos bajaron hacia donde su mano apretaba la sabana y parpadeo al encontrarse algunas manchas rojas contrastando con la blancura que la caracterizaban.
Sangre. Era la sangre de Yuu.
Sin apenas percatarse de lo que hacía, Mika se dirigió hacia aquel rastro rojizo pegando su nariz justo donde se encontraban y aspirar su aroma tanto como podía.
-Que delicia…-susurró el vampiro con los ojos entrecerrados al sentir aquel dulce aroma.-Yuu-chan…
Aspiró profundamente aquel intenso aroma recreándose la imagen del pequeño azabache bajo él con cada respiro. Ignorando lo que sentía al recordar su expresión de dolor, se imaginó como habría sido la situación si el pequeño hubiese sido sumiso desde el principio ¿lo habrían disfrutado? Puede que sí. Yuu tenía un aroma exquisito, tal vez podrían habérselo pasado bien y…
-Mika-kun-se escuchó la voz de Felid llamando a la puerta. Mika al escuchar la voz de su maestro dio un respingo sorprendido de estar haciendo aquello y como si tuviera un resorte se levantó de la cama de un salto pero no contestó a la llamada-Krul requiere tu presencia para los informes de la misión, es mejor que no la hagas esperar. Últimamente no anda de buen humor.
El rubio entendía lo que el peliplateado quería decir con ello. Krul estaba enfadada, seguramente porque los humanos habían estado molestando más de lo habitual con esos equipamientos malditos. Sabía que como hijo suyo, era el único que podía ir a ella darle los informes sin que se pusiera agresiva, o al menos no demasiado agresiva ¿podría ayudar en algo si le mencionaba de pasada que Asuramaru deseaba verla? No sabía si jugársela, esos dos mantenían una relación tan extraña y tan tóxica que uno nunca sabía si mencionar el nombre de uno al otro podría provocar regocijo o una furia imparable.
Mika comenzó a vestirse apropiadamente para ir a ver a su madre, no quería hacerla esperar más sino solo aumentaría su mal humor. Sin embargo, en estos momentos el enfado de Krul era lo que menos le preocupaba; en su cabeza solo tenía los rostros de Yuu y de Gekko que de alguna manera se entrelazaban entre si, como si los uniera un hilo. Mikaela no podía quedarse con esa duda, debía averiguar si la teoría de Asuramaru era cierta con eso de que Yuu era Gekko reencarnado aunque no tenía ni idea de cómo hacer para averiguarlo.
Aunque más incertidumbre sentía al no estar seguro de cómo proceder si resulta que efectivamente, Yuu era su precioso Gekkomaru.
Mientras tanto, regresando a la ciudad de Sanguinem donde las luces ya habían sido encendidas y todos los niños se encontraban cenando en sus casas. Bueno, aunque había excepciones, como ahora que se veía a la joven Akane rodeada por todos sus hermanos en la puerta de su casa teniendo ante ella a un muchacho de cabello moreno y ojos azabaches que cargaba en su espalda a un lloroso Shigeru que se aferraba a él como si no hubiese un mañana.
-Gracias, de verdad, gracias de todo corazón. No tenéis ni idea de lo agradecido que me siento-dijo Satoshi con los ojos hinchados de tanto llorar pero con una expresión de alegría que no le cabía en la cara.
-Satoshi…Satoshi…Satoshi…-llevaba gimiendo todo el rato el castaño sin despegar su cara ni un momento del hombro de su amigo.
-No ha sido nada-sonrió Akane viendo la felicidad de aquellos dos-Lo importante ahora es que volvéis a estar juntos, y que ahora Shigeru podrá volver a estar con todos sus amigos.
-Si-asintió Satoshi para luego dirigirse a su amigo-Masato y Eureka te echan mucho de menos, no dejan de preguntar por ti. Dento, Citron y Takeshi hacen lo que pueden para calmarlos y ¿sabes? Iris, Kasumi, Hikari y Haruka se han preocupado de mantener tu espacio intacto, estaban convencidas que regresarías con nosotros.
Entonces Shigeru lloró con fuerza al escuchar aquellos nombres que tanto significaban para él, llenando el hombro del moreno con lágrimas que no era capaz de detener por el gran alivio que sentía al abrazar aquel cuerpo familiar.
Aquello era digno de conmoverse. Ako y Kouta habían llevado casi arrastras a Satoshi desde la estatua del Pájaro de Fuego donde siempre se encontraba sin apenas explicarle nada. El moreno solo colaboró en ir a su casa cuando les mencionó a Shigeru, en ese mismo instante su raciocinio se fue por el caño y hasta corrió más que los menores para poder ir cuanto antes donde estaba su amigo casi echando la puerta abajo en el proceso.
Shigeru, que se encontraba despierto cuando Satoshi hizo aparición, solo tuvo que tomarse dos segundos para reconocerlo y echarse a llorar sin control alguno en cuanto lo vio. Satoshi no fue para menos, estuvo unos segundos en shock sin poder creerse el ver a su amigo con vida, tanto era su impacto que se acercó muy lentamente al lloroso Shigeru para tocarle la cara y confirmar que se trataba de él de verdad. Satoshi rompió a llorar cuando Shigeru se lanzó a abrazarle por el cuello, diciéndole entre lloros cuanto se alegraba de verle.
-En serio, mis amigos y yo estamos en deuda con vosotros. Siempre os estaré agradecido de que nos hayáis devuelto a Shigeru.-insistió Satoshi mirando con agradecimiento a Akane.
"Yo no he hecho nada, fue Yuu-chan"-pensó para si la muchacha apretando un poco su mano contra su brazo. Su hermano se había sacrificado por todos y aun no había vuelto de donde se lo había llevado Mikaela, pero intentaba mantener la sonrisa y la calma por los demás. Yuu era terco, demasiado, y si decía que iba a volver lo haría sin lugar a dudas.
-Bueno, creo que es hora de ir a casa-comentó Satoshi mirando a su amigo que no se despegaba de él-Tenemos cosas de las que hablar.
-Lo entiendo.
-Para cualquier cosa, buscarnos. No importa el momento-dijo con seriedad el moreno mirando a los ojos a Akane para que viera que iba a serio con que se sentía en deuda con ellos.
-Lo tendremos presente, de momento cuida de él. Es lo que más necesita.-asintió Akane.
-Lo haré-y con una respetuosa reverencia, Satoshi comenzó a hacer camino hacia su casa cargando en todo momento con Shigeru a la espalda. Tenían muchas cosas de las que hablar y desahogarse pero sobretodo celebrar que estuvieran todos reunidos de nuevo.
Akane observó a ese par de amigos marcharse, y sin poder evitarlo pensó en Yuu. Ella también quería a su hermano de vuelta, no quería tener que explicarles a los demás que se fue con Mikaela y que no volvería con ellos. No se sentía capaz de decirles algo así a los niños, sobretodo a Taichi luego de que Yuu le prometiera que regresaría junto a ellos.
-Akane-nee, tengo hambre-se quejó entonces la pequeña Fumie tirándole de la falda a su hermana mayor para que le hiciera caso.
-Ah, pues la cena esta lista desde hace un rato ¿os parece que vayamos comiendo?-preguntó con su habitual toque maternal para dirigirse a la mas pequeña.
-¿Cuándo volverá Yuu-nii? Se ha hecho tarde y las luces ya se han encendido ¿No viene a cenar con nosotros?-preguntó entonces la inocente Fumie ladeando la cabeza hacia un lado.
Kouta fue entonces el único que se dio cuenta de que la cara de Akane se puso pálida en cuanto Fumie había pronunciado el nombre de su hermano mayor. El azabache menor no entendía a que venía esa expresión, ni que era lo que había pasado mientras Ako y él fueron en busca de Satoshi, pero en cuanto regresaron Yuu no estaba y Akane estaba con los ojos enrojecidos de llorar. Lo peor de todo es que Taichi se encontraba mas ausente que de costumbre, quedándose en una esquina de la casa sin tan siquiera escuchar cuando Fumie le llamaba para jugar. Kouta entendió que a no era hora de pregunta y que a lo mejor era sensato dejar que su hermana respirase un poco.
-¡Mejor! ¡Mas ración para nosotros!-exclamó sonriente Kouta tomando a Fumie de las axilas y colocándola sobre sus hombros-Que tú tienes que crecer y ser la más alta de todas ¡Y para eso, hay que comer!
Fumie, encantada con recibir atención, se olvidó enseguida de la pregunta que acababa de hacer y entre risas dejó que Kouta la llevase al interior del hogar para ir a cenar. Los demás niños se apresuraron en ir tras ellos para evitar que se comieran también sus raciones, la única que no entró fue Akane que se quedó fuera para poder respirar un poco, agradeciendo a Kouta su intervención pues no sabía que contestarle a Fumie.
-Yuu-chan…-murmuró para sí la muchacha frotándose el brazo ¿Qué iba a decirles a los demás en cuanto volviesen a preguntar por él? Yuu había prometido regresar con ellos, pero ningún niño que se iba con Mikaela regresaba jamás. Puede que Shigeru hubiese podido escapar pero fue gracias a que Yuu desvió su atención…
Entonces un sonido de pasos puso a la muchacha en alerta, dando un pequeño bote. Se giró rápidamente para mirar a una esquina donde se escuchaba el sonido de unos pasos apresurados ¿un vampiro? ¿Les había olido que estaban fuera de sus casas luego de que se encendieran las luces? La castaña se dio prisa en ponerse en el quicio de la puerta para cerrarla en caso de que fuera un vampiro haciendo la ronda de vigilancia.
Dos segundos. Dos segundos bastaron para que los ojos de la muchacha se quedasen como dos puntitos de lo dilatados que estaban al contemplar la imagen que se hallaba frente a ella. Justo había doblado la esquina un muchacho de cabello azabache que conocía a la perfección, se quedó rígida escuchando como estaba jadeando como si hubiese estado corriendo durante mucho rato con la ropa de ganado destrozada y manchada por sangre por la zona del cuello y del costado.
-¿Y-Yuu-chan?-se atrevió a preguntar todavía sorprendida, acercándose a paso lento hacia él observando cada vez mas espantada por cómo eran las profundidades de las heridas que tenían en su piel ¿aquello eran mordiscos? ¡¿Mikaela se había atrevido a morder a su hermano?!
-A…Akane…-susurró Yuu alzando la mirada encontrándose con los de la muchacha.
-¡¿Qué te ha pasado?! ¡¿Qué te ha hecho?!-exigió saber ella muerta de la preocupación acercándose a él a toda prisa para sostenerlo por los hombros-¡Oh, Kami-sama! ¡Estas herido..!
Akane entonces no pudo seguir hablando, no cuando sintió como Yuu la rodeaba con sus brazos y la estrechaba contra él, escondiendo la cara en su hombro. Consternada, Akane se quedó quieta, sin mover un solo musculo mientras sentía el cuerpo de su hermano tenso y que en cuestión de segundos comenzó a temblar.
-Snif…sniff.-lo escuchó sollozar en ese momento dejándola aun mas consternada.
-Yuu-chan…¿estas…?-quiso preguntar pero no se atrevió a terminar de formularla. Yuu nunca lloraba, jamás le había visto derramar una sola lágrima, ni siquiera cuando se vieron solos y atrapados por ese mundo de vampiros. Yuu era el más fuerte de todos ellos, el que siempre estaba cuidando de todos incluso de ella misma que intentaba ser lo más útil posible para él.
Yuu por su parte intentó buscar cobijo y calor en el cuerpo de su hermana. La experiencia que había vivido sin duda iba a ser difícil de olvidar ¿era eso por lo que había tenido que pasar Shigeru y todos los demás niños que se fueron con Mikaela? Si era así, entonces murieron todos de forma horrible, y es que lo peor era que ahora se sentía estúpido y débil, porque había acabado mejor parado que Shigeru ¿Qué se había creído que era? ¿Creía que con valentía y arrojo podría hacer caer a Mikaela? Había sido ingenuo y estúpido, y le había tocado aprender por las malas como de superior era un vampiro ante un niño humano. El único consuelo que podía ofrecerse así mismo de haber pasado por semejante herejía era que con ello le había evitado ese sufrimiento a Taichi.
-Ya no más…ya no más…-siguió gimiendo el niño aferrándose más a ese cuerpo familiar. Pero no obstante, la experiencia había sido demasiada para él, difícil de procesar y que costaría mucho tiempo que la superase.
-Yuu-chan…-Akane le devolvió el abrazo con fuerza al pelinegro mientras en sus ojos la rabia iba haciéndose camino. Jamás iba a perdonar a Mikaela el haberle hecho eso a Yuu, jamás se lo iba a perdonar, y estaba convencida que llegado el momento tomaría cartas en el asunto solo por hacerle pagar cada una de las lágrimas que ahora su hermano derramaba contra su hombro.
Pero sin que ninguno de los dos hermanos lo supiese, había un tercero admirando la escena en absoluto silencio. Taichi estaba asomado en el quicio de la puerta, mirando con absoluta indiferencia aquel cuadro que le ofrecían sus dos hermanos mayores, no era capaz de demostrar ninguna emoción; ni alegría por ver que Yuu había vuelto, ni tristeza o miedo por ver en el estado en que había regresado. Solo podía quedarse ahí, mirando como Yuu descargaba su dolor en el hombro de Akane por salvarlo a él. Nadie pudo notarlo aquella noche, pero algo en el interior de la mente de Taichi cambió a partir de ese momento…
CONTINUARÁ.
Y aquí termina un capitulo de Cadena de Recuerdos, donde ya todos habéis conocido al famoso Gekko y sabéis más o menos quien es Yasha. Pero, ey, no os preocupéis no va a ser el único capitulo donde aparezca Gekko. En este fic, los recuerdos de Mika tienen un gran peso pesado, así que veréis otros capítulos que se compongan de recuerdos donde aparece Gekko y Yasha y se podrán ver más cosas de la vida de Mika y el porqué se convirtió en vampiro.
¿Alguien se esperaba que Asuramaru estuviera en la bitácora de Mika? ¿No? ¿Nadie? Jo…
Antes de que nadie me diga nada. Asuramaru en este fic es varón ¿Por qué? Porque yo estoy convencida que realmente es varón por las siguientes razones; primero que nada porque en las wiki inglesas lo tratan como el "hermano" de Krul, el término "maru" en los nombres japoneses se emplea para que sea masculino, en el anime usa el sufijo masculino "boku" para referirse a sí mismo, y por ultimo en el anime cuando Yuu habla de él pero no dice su nombre usa el pronombre "kare" que quiere decir "él", de dirigirse a Asuramaru como mujer diría "kanojo" que es "ella".
Bueno, supongo que algunos (o todos, no sé) se habrá quedado un poco trastocado con la relación que existe entre Asuramaru y Krul. No os voy a desvelar nada con seguridad pero hay una subtrama de estos dos que desvelaré más adelante.
También me imagino que algunos les llamara la atención algunas cosas en los recuerdos de Mika, como puede ser el que tuviera los dientes tintados de negro. Vale, en el Japón antiguo, concretamente durante los periodos Heian y Edo, había mucha costumbre de practicar el Ohaguro, que consistía en tintarse los dientes de negro con una mezcla de limaduras de hierro y vinagre. En aquellos tiempos se consideraba que tener los dientes negros era algo de gran belleza tanto para hombres como para mujeres, aunque había veces en que los hombres lo hacían para demostrar su lealtad hacia su amo y señor.
Por cierto, un Bokuto es como se le llama a una espada de madera, cuyo uso era muy popular para empezar a formar a los niños en la esgrima.
También es posible que muchos se escandalicen o se sorprendan de ver a Mika y a Gekko con trece años practicando cosas de adultos. Pero ya digo, están en la era Heian donde los niños tenían que madurar mucho más rápido, en aquella época no era extraño que una joven de catorce o quince años se casara y tuviera a su primer hijo al año siguiente. Como también tengo que dejar en claro la incomodidad que siente Gekko al estar con Mika y que alguien les vea, no por temas de homosexualidad sino por a lo que se dedica Mika. En aquel entonces, era bastante común que hubiera relaciones homosexuales (se hecho se consideraba que los actos homosexuales no hacían homosexual a la persona, cosa extraña lo sé). También el tema del honor era algo delicado, porque según el honor que tuviera un guerrero recibía mas o menos dinero por sus servicios a su señor, su su honor era puesto en duda ese dinero se reducía y en caso de fallecer podría dejar a su familia en la pobreza. Así de importante era el honor en aquel entonces.
¿Y qué? ¿Os ha gustado el capitulo? Si es así petarlo a reviews de esos que sabéis que me alegran el día y que motivan a seguir escribiendo. Que de nuevo y sin que yo misma me lo pueda creer he vuelto a alcanzar cuarenta paginas en este capítulo y es gracias a vosotros. Y pensar en que mis otras historias sufro porque no me veo capaz de llegar ni siquiera a 20…y ¡miradme, heme aquí con cuarenta paginas de capitulo solo para vosotros! ¡Putos amos todos vosotros!
Y ahora, sin más dilación ¡Contestaré a los reviews!:
Ai-chan: Pues aqui tengo otro capítulo largo…que realmente no sé de donde los estoy sacando la verdad jajaja. Y siii, esa frase de la diva y el desnatado me recordaba a un anuncio de leche sin lactosa XDD. No sientas pena solo…¡solo sufre! Sufre porque habrá mas emociones entre esos dos y otros que se verán implicados muajajajaj ¡sufre! En serio, debo ser malvada hasta la medula, adoro haceros sufrir y que encima os guste que os haga sufrir…¡masoquistas! XDD Muchísimas gracias, en serio por tu apoyo y tus reviews, me hacen la vida y el dia.
Laura16: No, no moriste, hija mía, estas vivita y coleando y así quiero que sigas (no me dejéis huérfana de lectores, que eso es muy duro –lloriquea-) Creo que el contenido de este cap puede aclarar alguna de tus dudas…¿o tal vez crear otras?
Rianberry: ¡Eso busco! ¡Qué os emocionéis, que os guste! Si te ha gustado, me doy por el trabajo bien hecho y realizado.
I FAB WE FAB: JAJAJAJAJA no eres la única que se decepcionó en parte porque no se terminara el acto, pero ey, tiempo al tiempo.
Lara:…ups ¿interrumpí en algo tu reunión familiar? ¡Lo siento! Toma, este capítulo largo para que vuelvas a estrangular tu almohada XD.
Juilette: ¡Pues toma otro capítulo largo! Eso de que ama de verdad a Yuu…mec, es difícil que un vampiro se enamore (al menos en esta historia) pero ey, aquí todo puede pasar. Pero….no esperes que Yuu crezca para que haga cosas de adultos, Mika no siente que la edad de Yuu sea un impedimento para hacer cosas de adultos XDD.
Kagomejunko: ¿en serio gritaste? ¡¿Y por qué me lo he perdido?! ¡¿POR QUÉ?! Jaja me alegro de que te haya gustado, yo soy de las que intentan dejar más o menos intacto la esencia de los personajes, que sean lo más parecidos posible al anime si no no estoy a gusto escribiendo de ellos. Aquí ya se revela quien es Gekko y más o menos quien es Yasha, pero habrá más recuerdos con ellos de protagonista ¡no te los pierdas! Es mas, mi colega del mal Sakkako quiere dedicarte también unas palabras. Y….entra Sakkako: Querida kagomejunko, te agradezco por haber notado mi existencia. No sabes cómo me has alegrado (¡YUUUUUUUUUUUPIIIIIIIIII!). Realmente me esforcé mucho en ponerle alma a ese lemon, Chao me dijo qué debía tener y qué debían sentir los personajes, luego fui metiendo ideas en el camino con su previa aprobación y poco a poco surgió lo que viste. Por si quieres saberlo, lo que escribí inicia justo después de que Mika le dice a Yuu que le "enseñará modales" (hasta ahí llegó lo que hizo Chao y empecé yo) y termina cuando Yuu grita de dolor cuando Mika decide salirse de él junto con la descripción de que tal vez el peque tenía heridas internas. No lo parece pero Chao y yo tenemos formas de escribir bastante similares, aunque ella todavía necesita ayuda con los lemons de vez en cuando; de hecho nuestra manera de relatar es tan parecida que cuesta mucho distinguir qué es de una y qué es de otra cuando nos dedicamos a ayudarnos haciendo párrafos o largos fragmentos. De hecho te lo puedo dejar como tarea, ya que incluso en este cuarto capítulo aporté directamente en una pequeña parte y realmente dudo que logres distinguir donde puse mi granito de arena. ¡Te reto a que lo intentes, jejejeje! n-n
Mary-animeangel: Si, si que cometió un dolor muy grande pero créeme, se va arrepentir de lo que ha hecho. Y ahí estaré yo, lista para hacerle sufrir XDD
Mafe: ¡pues la espera se acabó! ¡Aquí tienes la continuación!
TharynNeko: Hola, hola lectora fantasma ¿por qué lees mi fic de una tacada? Lo bonito es disfrutarlo…(y lo digo yo, que hago tres cuartas partes de lo mismo XDD). Gracias por comprender mi situación, el trabajo me deja escasa de tiempo y hago lo que puedo por escribir porque es algo que me gusta y me ayuda a olvidarme un poco del día a día. Espero que este capítulo lo hayas podido disfrutar.
Kali: -le toma de la mano-ponte de pie, hija mía, que este fic continua en adelante XDDDD Adoro que te haya gustado, y es que me he esforzado cuanto pude de que este también quedase interesante, espero que te haya gustado!.
Anto-chan:¿un capitulo bonito y hermoso? Si había dolor y desesperación que otra cosa XDD pero oye, te ha gustado y eso es lo que cuenta. Espero que este capítulo te llegue a gustar tanto como el anterior.
Yerigsus: Subido! Ahora disfrútalo.
Guest: Actualizado.
Ciara: Holaaa, no, descuida que la historia no está abandonada. Pero tengo razones por las que ausentarme tanto, y es que estoy trabajando, me dedico a la hostelería y eso consume mucho de mi tiempo por lo que intento escribir en los huecos sueltos de mi tiempo libre. Muchas gracias por seguir mi fic y espero que te siga agradando tanto como hasta ahora. Tus reviews son siempre bien recibidos.
