Advertencias: Segundo intento de humor. Es gracioso porque quería tirar más al humor que al drama pero al final no puedo evitar ser quien soy, lol. Me gusta el Sonia/Gundham.
4. Segundo candidato: Kazuichi Souda.
Me vuelvo a equivocar; la historia típica
Y en un irracional impulso eléctrico mi corazón corre en tu dirección.
Peligro; Reik.
El fracaso con Makoto ha sido un golpe más duro para ella de lo que realmente quiere admitir (y es su culpa, en realidad, por empezar por aquel en quien más esperanzas había puesto). ¡Pero no va a permitir que eso la desanime! Ahora que Makoto ha quedado fuera de juego vuelven a ser solo Fukawa y ella. Dos cabezas piensan mejor que una y tres son multitud, ¿no? (quizá el dicho no es así pero a ella le da igual). Mira la lista de su libreta y golpea varias veces el nombre siguiente que ha apuntado en ella. Souda. El mecánico.
Dado que Juzo tiene que verle constantemente por el tema de la prótesis de metal Asahina quiere creer que es un posible viable. Además, después de que Sakakura fundiera la puerta tiene que ir a verle. Resulta que es un arma que solo debe usar en emergencias y, bueno, él dice que fue una emergencia, ella piensa que exageró un poco (pero no lo dice porque es una de las culpables y no quiere delatarse aún). ¡La cuestión es que juntarlos debe ser infinitamente más sencillo!
Al menos juntarlos en el mismo lugar.
No tiene puestas demasiadas esperanzas en juntarlos de la otra forma.
La forma en la que a ella le interesa al menos.
Chasquea la lengua y mira de reojo a Fukawa. Está escribiendo. Otra vez. Frunce los labios, recelosa. Da igual, necesita su ayuda.
—Fukawa —llama—. ¿Sabes que dos cabezas piensan mejor que una? —y quiere golpearse por el hecho de que no se le ha ocurrido una frase mejor—. Me vendría bien un poco de ayuda y eso —se queja finalmente. La aludida alza la cabeza y le regala una sonrisa que la obliga inmediatamente a arrepentirse de haberla llamado.
—Está vez me toca a mí, nadadora —explica lentamente—. Souda es un… cabeza de chorlito. Es tan simple que tengo un plan que no puede, de n-ningún modo, fallar con él —y no deja de sonreír y a Asahina le da una mala espina tremenda que se abanique con las hojas que ha estado escribiendo todo ese tiempo. Si el plan tiene algo que ver con sus novelas… el resultado puede ser totalmente nefasto.
Pero está desesperada (para variar) así que acepta.
La siguiente sesión de Sakakura con Kazuichi para revisar su mano tras el incidente con la puerta y de paso ver como se está adaptando a su cuerpo es cuatro días después. Fukawa ha desaparecido para, supone, llevar a cabo el plan. Aoi es totalmente reticente a la idea de que Touko lo lleve a cabo porque la novelista no le ha revelado los malditos detalles. "Tú quédate quietecita y observa a la maestra" había dicho. Y ha cedido.
Porque un plan desconocido es mejor que ninguno.
Espera no arrepentirse.
De verdad lo espera.
—Nada de babear a nadie encima está vez —le advierte a la más pálida cuando por fin la ve aparecer. Un escalofrío sacude su cuerpo cada vez que se acuerda de la que liaron.
—Va, va, está ve-vez no n-necesitaremos n-ningún conducto de v-ventilación —replica. Tartamudea más que de costumbre. Lo cual es una mala señal. Está excitada o nerviosa. Asahina no sabe cuál de las dos posibilidades es más peligrosa. Finalmente, ambas se refugian en la esquina que se abre en dirección al taller de Souda y antes de que Sakakura aparezca y capte toda su atención Asahina advierte que Fukawa tiene una cuerda en la mano.
Juzo no puede decir que realmente odie a Kazuichi Souda. No le tiene un especial aprecio por ser un remanente de la desesperación pero tampoco es que pueda echarle la maldita culpa de que le lavaran el puto cerebro. Y es responsable de que su mano metálica exista así que se podría decir que es el idiota antiguamente desesperado cuya existencia más tolera. Aunque a veces quiera tirarle por la ventana. Como quiere hacerlo en esos putos momentos.
A ver, no es que conozca excesivamente bien a Souda. Sabe que es un exagerado, que grita demasiado y que tiene alguna especie de amor no correspondido hacia la diva rubia que le recuerda porque razón nunca le ha confesado sus sentimientos a Munakata. El rechazo que ve en los ojos de esa mujer cuando el mecánico le confiesa su devoción le estremece. La sola idea de que Munakata le mire así le provoca ansiedad.
Pero no es esa la razón por la que quiere matarlo. En realidad, Sakakura es una persona más paciente de lo que parece con las personas patosas pero todo tiene un límite y su límite llega cuando le dan con una llave inglesa en el codo y le chillan en el oído algo sobre a saber qué cosas demasiado grandes. Desde su posición el exboxeador puede ver las orejas rojas, el cuerpo tembloroso de Souda mientras configura en la mesa su prótesis. Y no puede evitar preguntarse qué demonios le sucede al estúpido mecánico.
Nunca le ha visto tan alterado.
Y por desgracia ha tenido que verle en muchas ocasiones.
¿Quizá ha tenido por fin éxito con la chica?
No, no lo cree. La ha visto. A ella. La ha visto contemplar el horizonte de la misma manera que ha visto a Munakata. Con añoranza, con melancolía. Sonia Nevermind lamenta la pérdida de alguien de la misma manera que Kyosuke extraña a Yukizome.
Chisa.
Cuando Sakakura piensa en ella se pregunta por qué es él quien está vivo y no ella.
Nadie le habría echado de menos.
No como a ella.
—¿Vas a tardar mucho más, Souda? —aspira profundamente—. Llevas cinco minutos intentando encajar ese tornillo —sisea a un paso de la crispación más inoportuna. No es un buen momento para pensar en ella.
Ninguno lo es.
Siempre siente que se ahoga de lo que la echa de menos.
Siempre siente que se ahoga por la culpabilidad de haber sido el superviviente.
Ella lo merecía más.
Ella le habría podido ayudar mientras que él no es más que un estorbo.
La pieza sobrante de un mueble ya construido.
—¡Lo siento! ¡No sé lo que pasa! ¡Bueno, si lo sé, pero no te lo voy a decir! —Juzo lo encuentra irritante, ridículo. Se plantea sacarle la verdad a golpes si es necesario y luego se obliga a recordar que hacerle eso al único que puede encargarse de su mano no es una buena idea.
Kazuichi gruñe lleno de frustración, suelta la llave inglesa y se tira del pelo con tanta fuerza que el moreno cree que se lo va a arrancar de la cabeza. Murmura algo que Sakakura no escucha y luego se acerca a las escaleras de su taller y sube por ellas. Juzo mira la puerta abierta (porque siempre está abierta, no le dejan tenerla cerrada por motivos de seguridad) y luego vuelve a mirar al de cabellos rosados que en ese momento está apoyando su cuerpo en la estantería y rebuscando en una caja de cartón llena de tornillos y otra clase de llaves.
Se acerca a él por pura inercia y algo de aburrimiento. No es la persona más curiosa del mundo pero incluso él lo es de vez en cuando. Aunque por una vez quizá fue mala idea serlo.
La escalera se tambalea una vez.
Y él mueve su cuerpo por puro instinto cuando se tambalea una segunda, estira los brazos hacia el mecánico. Todo acaba en el suelo. Él con Kazuichi encima de su maldito pecho, la caja a unos cuantos centímetros de su cabeza y la escalera se ha perdido medio metro por debajo de sus piernas. Le cuesta un poco enfocar la vista pero cuando lo logra su primer impulso es gritarle al chico por descuidado. No lo hace, sin embargo, porque el muchacho está aferrado a su camisa, temblando y prácticamente echando humo por las orejas.
Juzo presupone que está avergonzado por lo que ha pasado.
Se equivoca.
—¡Ya no aguanto más! —exclama y antes de que el exboxeador pueda procesar sus palabras se encuentra con las manos de Kazuichi Souda sobre sus pectorales, palpándolos por encima de la tela de su camisa. Juzo está tan descolocado que su rostro pasa rápidamente del rojo al morado hasta llegar finalmente al blanco. Souda, por su parte, parece aliviarse—. ¡Lo sabía! ¡Son duros!
Y probablemente Sakakura acaba de romperle la nariz con la única mano que tiene disponible. Y probablemente va a romperle algo más cuando se lo quite de encima.
—¡Espera! ¡Espera! —chilla el muchacho. Sus cabellos caen descuidadamente, desordenados, por su rostro. Sus mejillas están empezando a mancharse de sangre—. ¡Lo siento! ¡Pero no es culpa mía! ¡Ella hizo que no pudiera dejar de pensar en el puto tema! —explica de manera temblorosa con la mano derecha tapando su nariz, tratando de parar el sangrado de una zona de su cuerpo más que probablemente rota.
—¿Ella? —pregunta con el ceño fruncido. Kazuichi señala su escritorio. Una pila de papeles llenos de letras y manchas de tinta y aceite sobre ellos. El moreno se acerca y agarra el pequeño taquito. Lee. Mala idea. Tres páginas son más que suficientes para que decida parar. Pasan veinte segundos y repentinamente tira las hojas a la basura. La expresión de su rostro por un momento puede equipararse a la de un oni.
—¡Fukawa! —exclama rabioso, pálido de la ira que siente.
Desde su posición Asahina no puede más que mirar la cuerda que unía la mano de Fukawa con la escalera del taller de Souda, desde su posición es capaz de ver como la novelista ya ha empezado a correr fuera del alcance de su mejor amigo. Corre. Riendo como una maniaca. Es entonces cuando Aoi entiende cual era el plan.
Se queda rígida cuando Juzo pasa por su lado como una exhalación.
—¡Esa mujer es un demonio! —le advierte sin girarse a mirarla—. ¡No te acerques a ella!
Asahina se queda callada.
Y esa vez el que calla no otorga.
Después de todo, Fukawa le es necesaria.
Aunque sea una retorcida con ideas más raras que un perro verde. Suspira y, cuando se queda sola, tacha un nuevo nombre de la lista.
RESULTADO:
FRACASO
NdA: Me gusta el Sonia/Gundham y por eso dejó a Gundham en coma -khé-. Ya sabéis porque era una advertencia, upupupu.
Nos leemos.
