Advertencias: Lime yaoi feo (no me considero muy... na', me encuentro bastante mala xD)
Viernes 16, Sala de Reuniones
Por alguna razón, esta reunión no era como ninguna otra. Inglaterra, quien siempre llegaba un par de horas antes, había llegado tres minutos antes de la hora acordada, acompañado de Chile, ambos con el ceño fruncido. Estados Unidos acompañaba a su invisible hermano y esperaba para poder iniciar la reunión con aun más entusiasmo que de costumbre. Y Escocia… bueno, él fumaba con una sonrisa burlona en su rostro, como en todas las reuniones a las que asistía.
― Okay, daremos inicio a la reunión de hoy ―vociferó animado Alfred.
Tanta era su felicidad que ni siquiera reparó en el silencio de su ex tutor, quien se había sentado al lado de Chile y Escocia, lo más próximos a la salida. Por alguna razón, él y la chica se hallaban nerviosos.
Javiera Acevedo no tenía ni la menor idea de cómo comunicarse con el estadounidense. No tenía tiempo, tenía que hallar una forma de explicarle… pero la reunión ya llegaba a su fin, y no había conseguido nada. ¿Así, tan rápido? ¡Pero si el héroe nunca concluía las juntas así!
― Yo veré cómo decirle ―susurró Arthur.
Por poco y no lo escucha, pero mejor así, eso quería decir que era imposible que Escocia le hubiese oído. Alfred apenas sí alcanzó a saludarla con la mano, pues tuvo que salir de allí rápidamente. Canadá empujó a su hermano suavemente, sacándolo de allí antes de que nadie reparara en su mueca de horror. Porque si bien nadie se fijaba en él, él sí se fijaba en todo lo que ocurría a su alrededor, y no fue difícil darse cuenta de que esos tres tenían un problema.
― Gracias ―musitó Inglaterra respirando al fin con normalidad.
― Ya, pero tú vai a tener que ayudarme con Alfred… espera ¿a qué hora es el partido de hockey?
― Hm? Well… si te vas ahora, alcanzarás a llegar, pero…
No necesitó más que una mirada. Arthur sacó su celular y la acompañó en el taxi que él mismo pidió. La chilena estaba nerviosa. No conocía muy bien este deporte y tampoco sabía dónde encontraría al estadounidense, por eso agradecía profundamente la presencia de su rubio amigo. No prestó mucha atención a lo que él hacía, pues hablaba por teléfono a gran velocidad. Adoraba su acento, pero a veces le dificultaba la tarea de entenderle.
Alfred estaba sentado al lado de su hermano y observaba el partido sin ganas. Cuando le había dicho a Matt que quería ir al partido tenía una idea completamente diferente. No entendía por qué se había marchado tan rápido de la reunión, si antes lo habían pasado tan bien… no le prestaba atención a nada, y quizás por eso no notó a su ex tutor hasta que se puso frente a él y comenzó a regañarlo.
― ¿Artie? ―Se sorprendió entonces.
― En serio eres idiota ―rió entonces el inglés.
No comprendió hasta que alguien sentado a su lado le quitó unas papas.
― Ya, como que yo no cacho na' de esta weá, ¿tienen que meter esa cosa, no? ¿Es como el hockey sobre pasto? ―Preguntó una castaña como si llevara siglos allí sentada.
Estados Unidos giró para ver al inglés sentado con Matt, comentando el partido. Él ya estaba muy perdido pero al menos ahora estaría acompañado de ella. Sabiéndola a su lado, se relajó instantáneamente, volviendo a dibujar en su rostro su infantil sonrisa.
― ¿Y a quién apoyamos? ―Preguntó entonces, atenta al juego.
― A esos ―le indicó Canadá.
Se acercaba el final e iban empatados, se sentía la tensión alrededor de la pista, y Javiera se aferraba al brazo de Alfred inconscientemente. Él solo atinó a llevar su mano izquierda sobre la que aprisionaba su antebrazo derecho. Arthur no fue ignorante de este hecho, y sonrió de corazón. Matthew, en cambio, por primera vez fue él quien no le prestó atención a nadie más.
8 segundos. Tan solo 8 segundos faltaban cuando los Edmonton Oilers[1] ganaron. Todos en su lado celebraron felices y el hero adoró ver una sonrisa adornando el rostro de la chica, quien había disfrutado ampliamente del partido.
Afuera, un pelirrojo fumaba un cigarrillo.
― ¡Me debes mucho! ¡Podrías haberme avisado que tenías cosas que hacer con Arthur! ―Se quejó.
― ¡Quise hacerlo, pero no pude! Además tú prácticamente me obligaste a venir, así que…
― ¿Te obligué? ―Inquirió riendo, deteniendo su camino abruptamente.
La castaña se volteó con un escalofrío. Algo en la mirada de Alfred le causaba cierta inquietud. Esperaba no haber dicho nada malo, pero era la verdad. Sino la hubiese puesto tan nerviosa ella no…
― ¿Te obligué ―repitió esta vez atrayéndola hacia sí, aprisionando con ambas manos sus muñecas―? ¿Quieres decir que cuando hago esto, te estoy "obligando" a aceptar? ―Dijo esta vez con una sonrisa burlona.
Conchesumadre. Cagué fue todo lo que pensó la chilena. Sentía arder su rostro y su respiración descontrolada. Necesitaba soltarse, pero el norteamericano era muy fuerte, y tampoco quería hacerle daño, por lo que intentar darle una patada no era una opción. Ridículo, un pequeño golpe no le produciría nada además de una oportunidad para escapar, pero no se sentía bien lastimarlo.
― ¡Tú… imbécil, ya, suéltame ―gruñó sin alzar la voz. Estaban en plena calle y no quería causar un alboroto―! ¡Suéltame, por la mierda, suéltame!
― ¿Por qué tanta urgencia ―preguntó acortando la distancia entre ellos, tomando sus muñecas con una sola mano para poder bordear su cintura con la otra―? ¿Qué es lo que tanto te asusta, Javiera? ―Se estremeció al escuchar su propio nombre. Nunca, ningún país lo decía así, porque si no era alguien lo suficientemente cercano como para decirle "Javi" le decía "Chile". Además, cuando exhaló al pronunciar tan graciosamente la J pudo sentir su tibio aliento peligrosamente cerca de su rostro.
― Quiero irme ―murmuró débilmente.
― ¿Ahora? ―Susurró pegando sus labios al oído de la muchacha.
― Sí… quiero irme a mi casa, ahora. Y si no me soltai, anda olvidándote de mí ―rezongó feroz, mirándolo con todo el valor y dureza que pudo reunir.
El estadounidense abrió los ojos sorprendido. Si le decía eso, quería decir que le estaba dando una oportunidad real, donde le advertía que lo estaba haciendo mal… o quizá, lo estaba haciendo demasiado bien.
― ¿Quieres decir que si te llevo para tu casa ahora, me prometes una siguiente cita?
― Yo… ya, pero no quiero que me lleví' a ninguna parte, solo suéltame ―él la soltó suavemente, y ella luego aún más avergonzada agregó desviando la mirada―. Te veo en la próxima reunión.
El americano contempló sonriente la silueta que se desvanecía por la esquina, y luego emprendió su camino a casa con ánimos renovados. ¿Y quién lo diría, que le llegaría esta revelación estando en la casa de su hermano? Bueno, algo de herencia francesa le tiene que quedar, ¿no? Después de todo, de niño estuvo en manos del país del amor.
Cerró la puerta de la casa completamente relajado. El plan que había ideado en unos minutos había funcionado increíblemente. Por fin, necesitaba un descanso. Solo deseaba poder tomar un buen baño, luego leer un buen libro acompañado de un exquisito té bien hecho y finalmente poder dormir en su cama sin ninguna preocupación… dígase en especial una con cabello rojo y pulmones en pésimo estado.
― Debe ser agotador dárselas de Cupido, ¿no? ―Preguntó una conocida voz, sobresaltando al rubio que reposaba en la bañera.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Había llegado recién, o había estado esperando el momento justo para molestarlo?
― ¿Qué? ¿Pensaste que con lo de esta tarde no me iba a aparecer por aquí esta noche? ―El escocés negó con la cabeza, irrumpiendo en el baño descaradamente.
― Hey! ¡No entres así, al menos espera a que…!
― ¿A qué? ¿Qué, acaso tengo que esperar, como si fuera cualquier otro? ―Preguntó arrodillándose al lado de la tina y jugueteando con el agua, alterando al menor cada vez más.
― ¡¿Q-qué estás haciendo?! ¡Ya lárgate, quiero darme un baño!
― ¿No prefieres que te acompañe?
Arthur se estremeció al contemplar la lujuria en los ojos del mayor. Si hubiese podido, habría salido corriendo de allí, pero el pelirrojo no lo permitiría, no. El pelirrojo atrajo su nuca con brusquedad, comiéndose su boca, mientras una traviesa mano recorría su torso bajo el agua.
― Hng… no ―murmuró el rubio bajo los labios intrusos―. ¡N-no~ ―repitió terminando en un gemido, haciendo sonreír al que acariciaba expertamente su entrepierna. Oh, fucking bastard, lo estaba masturbando, el muy maldito―! Ya… déjame en paz… márchate ―volvió a pedir entrecortadamente, mordiendo su labio inferior al intentar reprimir un gemido, consiguiendo así solamente extasiar al otro.
― Oh, no, Arthur, te has portado mal, te estás portando muy mal, necesitas un castigo. Además, ¿cómo esperas que te deje en paz si tú mismo no dejas de provocarme ―repuso burlón―? Ahora… di mi nombre ―exigió ejerciendo más presión. El inglés estaba en las nubes, estaba que se corría, y el escocés lo sabía. Pero no cedería, no. Se quedaría en silencio, por mucho que le costara―. Di mi nombre, Artie, ¿o es que aún tengo que consentirte? ―El menor palideció al escuchar estas palabras. Sabía muy bien lo que significaba. Con un movimiento experto lo alzó por las caderas sentándolo en el borde de la gran bañera, y de un viaje se metió su miembro en la boca.
― Ah… no, me voy a… hng… ―el pelirrojo sonrió, había entendido muy bien, pero no se iba a detener.
― Di mi nombre ―volvió a exigir, delineándolo con su lengua en toda su longitud.
― ¡Ian! ―Gritó corriéndose en la boca del mayor. Este sonrió con sorna y lo empujó de vuelta a la tina. El pánico se apoderó de los ojos esmeralda, pero sabía que no le quedaba escapatoria… y tampoco es como si no le gustase lo que venía. Ian Kirkland se desvistió rápidamente y se metió a la enorme bañera, besando al otro con pasión, terriblemente excitado. Ya no tenía que pedir que dijeran su nombre, entre suspiros y gemidos, el inglés se deshizo en sus brazos hasta que ambos cayeron rendidos en el agua, terriblemente agotados.
― ¿Sigues prefiriendo hacer de Cupido con esos dos, o vas a dejar de cancelarme? ―Inquirió separándose del rubio y apoyándose con un brazo de un borde de la tina.
― Cállate ―gruñó Arthur incorporándose velozmente para besarlo en un impulso, atrayéndolo y hundiéndose ambos en el agua.
El escocés, complacido, le abrazó fuertemente y lo besó con ganas, maravillado con el placer que le proporcionaba el mero hecho de ver el sonrojo del menor. Siempre era así, verlo a su merced lo enloquecía.
En un momento de cordura, el inglés se separó del pelirrojo y salió de la tina envolviéndose en una bata, confundiéndolo. Le guiñó un ojo, atrevido, y salió del baño esperando que el otro le siguiera. Se dirigieron a la habitación del rubio.
Despertó con la cabeza sobre algo cálido y suave, con un inconfundible y particular aroma que le encantaba, pero nunca lo aceptaría. ¿Qué hacía apoyado sobre su pecho? Siempre se retiraba al amanecer, nunca estaba allí para cuando despertaba… ¿acaso se había quedado dormido? Si era así, no quería moverse, lo despertaría y eso solo…
― Sé que ya despertaste ―Canturreó Escocia, quien aún no soltaba al rubio, y aprovechándose de eso le besó lenta y suavemente, nada que ver con cómo era siempre. Pidió permiso para adentrar su lengua, la cual fue muy bien recibida dentro de la boca de Inglaterra, quien estaba gratamente sorprendido. No entendía qué diantres le había sucedido al pelirrojo, pero no iba a perderse nada, no podía desperdiciarlo por nada del mundo.
[1] De verdad existen. Son un equipo de Hockey sobre hielo perteneciente a la NHL.
Lo siento muchísimo, ni siquiera sé por qué no actualicé antes. Bueno, quizá las seis pruebas, los informes y los trabajos que tuve en las últimas dos semanas influyeron xD pero no lo considero excusa, en serio lo siento, así que posiblemente suba el próximo capítulo cuando sienta que voy preparada para las dos pruebas que tengo mañana ^.^
Muchísimas gracias por leer, y a todos los que han comentado y que siguen esta historia °u^
¡Besos!
