Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Tomo prestado parte de eso en el presente fanfic sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.

Advertencia: el presente fanfic insinúa detalles que no siguen el canon debido a que está ligado a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.

Este fanfic es para los "Desafíos 2.0" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".


F3: Saludos.

El trimestre terminó, a juicio de Sirius, demasiado rápido. ¿A dónde se habían ido los primeros meses de clases?

Bueno, si te la pasabas estudiando, haciendo tareas y bromeando a medio mundo (más a los de Slytherin y en particular, al bicho raro de Snape), era bastante probable que no te dieras cuenta del transcurso del tiempo.

Al niño le daba pánico pensar en las vacaciones. James no había vuelto a mencionar lo de pasar las fiestas en casa de sus tíos, y a él su familia no le había escrito comentando algo respecto a las fechas, ¿qué iba a hacer?

Navidad, Navidad, blanca Navidad… —canturreó Peter la semana anterior a las vacaciones, sentado delante del fuego en la sala común —Ya quiero ir a casa, mi madre prepara un pastel de frutas delicioso, bañado en miel y…

—Siempre pensando en comida, Peter —indicó Remus, meneando la cabeza, aunque mostraba una tenue sonrisa —Bueno, también quiero ir a casa. Mi madre escribió diciendo que vamos a visitar a los abuelos.

—¿Tu madre ya está mejor, Remus? —preguntó Sirius enseguida.

Su amigo asintió, lo que hizo que Sirius contuviera una mueca. Se le hacía raro que Remus nunca dijera de qué estaba enferma su madre, pero tampoco insistía mucho en el tema, para no poner triste al castaño.

—Pues no se olviden de escribir. Voy a pedirle a tía Dorea un montón de galletas para enviarles, son estupendas. Eso si Sirius no se las come antes.

—¿Yo? Oye, ni que fuera a estar detrás de tu tía robando sus galletas.

—Conociéndote, eso vas a hacer en cuanto lleguemos a su casa.

James se rió al segundo siguiente, imaginando la escena que acababa de decir, por eso tardó en darse cuenta que Sirius ponía cara de asombro, hasta que Remus le dio un codazo que sobresaltó tanto al de anteojos como a Peter.

—¿Qué pasa? —quiso saber Peter, preocupado.

—¿Qué? No, nada —Sirius enseguida intentó sonreír, aunque sus amigos vieron que no le salía como siempre —Entonces, ¿tía Dorea sabe cocinar?

—Tío Charlus dice que tía Dorea aprendió cuando se dio cuenta de que los elfos domésticos preparaban todo lo que no le gustaba. Creo que tío Charlus bromea, pero no pienso preguntarle a tía Dorea, es capaz de no darme postre todas las vacaciones. Tiene un genio insoportable, a veces.

—¿Tu tía Dorea es la misma que la de James, Sirius? —se interesó Remus.

—Ah, sí. Bueno, ella es hermana de mi abuelo. No la recuerdo bien, de hecho. La última vez que la vi tenía unos tres años, fue a visitar a la… A mi madre.

Sirius detuvo a tiempo el "vieja bruja" que se le iba a escapar, refiriéndose a su madre, porque pensó que a sus amigos no les haría ninguna gracia. Ellos, por lo que decían, se notaba que querían mucho a sus madres, ¿qué iban a pensar de él si sabían que él lo único que quería era no ver a la suya nunca más?

—Pero, ¿entonces no irás a tu casa para las fiestas? —preguntó Peter.

Acababa de poner el dedo en la llaga. Peter no lo sabía, pero James y Remus lo sospecharon cuando vieron a Sirius negar con la cabeza, sin mirar a ninguno.

—Lo que voy a echar de menos de Hogwarts es la nieve —soltó Sirius, intentando olvidar la incomodidad que Peter, sin querer, le causó —¿Dónde viven tía Dorea y tío Charlus, James? No me lo has dicho.

—¿Ah, no? Debí olvidarlo… Viven en Mould–on–the–Wold, seguro te suena…

—Sí, claro. Qué raro, ¿tú no vives en Godric's Hollow?

—Ajá. Es que hace mucho los Potter vivían allí y también porque a mi padre le hacía ilusión, o eso dice mi madre. Todo porque allí se fabricó la primera snitch.

Los cuatro niños rieron a más no poder.

Al poco rato, vieron a la profesora McGonagall pasar por el agujero del retrato, llamando a unos cuantos alumnos que iban a cenar para preguntarles algo, y tomando notas en un pergamino. A continuación, se acercó a los cuatro amigos.

—Buenas noches —saludó —Vengo a preguntar si van a salir del castillo para las fiestas o se van a quedar.

Remus y Peter respondieron, por turnos, que ellos irían a sus casas. Luego fue el turno de James, que al decir "Sirius y yo" hizo que la profesora arrugara la frente.

—Potter, ¿puede dejar que su amigo responda por sí mismo? —indicó.

—Pero es que él va a venir conmigo —respondió el aludido enseguida.

La profesora miró a Sirius todavía más seria, y el niño temió que dijera algo en contra, como que no podía irse a otro lugar que no fuera su casa, pero entonces la mujer se giró hacia James.

—Entonces, Potter, ¿dice que usted y Black van al mismo sitio? —preguntó.

—Sí, a casa de mis tíos. Ya sabe, los padres de Darius.

—Muy bien —McGonagall escribió unas palabras en su pergamino, aunque en su cara se notaba que algo le desagradaba —Salude a su primo de mi parte, Potter, y dígale que le deseo éxito en sus estudios de auror. Con permiso.

La profesora se marchó y los cuatro chiquillos no tardaron en imitarla, dispuestos a disfrutar de la cena y de los siguientes días, los últimos del trimestre.

Sirius, en el camino al Gran Comedor, dejó escapar un suspiro de alivio que no sabía que estaba conteniendo.

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King's Cross estaba lleno de gente cuando llegaron. Mientras que Remus y Peter apenas se acordaron de despedirse antes de tomar sus baúles y marcharse con sus familias, Sirius se tomó todo el tiempo del mundo en bajar su equipaje, aunque acabó hartando a James, quien no tardó en apurarlo.

—¡Anda, rápido! Mira, allí están mis padres.

Sirius no habría necesitado la aclaración, de todas formas. Magnus Potter era una versión muy, muy vieja de James, solo que la mayor parte de su pelo negro tenía canas.¡Incluso usaban el mismo tipo de anteojos! A su lado, una mujer de pelo castaño entrecano mostraba la misma sonrisa que su amigo. A paso lento, se les acercó.

—… Y por eso harás todas esas tareas, jovencito —indicó la mujer castaña, arrugando la frente, para luego sonreír —Si quieres, te ayudará Darius, ¿de acuerdo?

—¿Y Sirius qué? Madre, él es tan culpable como yo.

—¿Qué cosa? —se desconcertó el recién nombrado.

—¿Sirius? —la mujer miró a Sirius con aire pensativo, antes de dedicarle también una sonrisa —Jane Potter, muchacho, mucho gusto. James dice que también eres culpable de esas bromas que han hecho en el colegio.

—Ah… Gusto en conocerla, señora. Y bueno, solo fueron un par de bromas.

—No creo que "un par de bromas" sean razón suficiente para que nos escriba la profesora McGonagall cada dos semanas —indicó entonces el señor Potter, intentando ocultar la diversión en su rostro —Jane, querida, creo que el jovencito Black aquí presente debe recibir el mismo castigo que nuestro James.

—¿Castigo? ¿En vacaciones? —se lamentó Sirius enseguida, con gesto tan cómico que los tres Potter se echaron a reír.

—Pues sí, pero dejaré que a este niño lo castigue Dorea. Ya verás, se le ocurrirá algo bueno, estoy segura.

Sirius no imaginó que la señora Potter quisiera castigarlo, o que dejara que lo hiciera su cuñada. ¿Qué pasaba allí? Ni siquiera sus padres se habían preocupado por mandarle alguna carta regañándolo y, por lo que decía el señor Potter, McGonagall debió escribirles también cada que hacía alguna trastada.

Al final, Sirius dejó de lado su confusión y recordó que, después de todo, quería llevarse bien con los parientes de James, y si para eso debía aceptar algún castigo por sus travesuras, no importaría mucho, ¿verdad?

Aquel trato, pensó, era el que se obtenía en una familia normal.

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La casa de los Potter de Mould–on–the–Wold era bonita, tenía que reconocer Sirius. Como él toda la vida se la pasó en la lúgubre casona de los Black, en el número doce de Grimmauld Place, le resultó un tanto extraño encontrarse con habitaciones bien iluminadas, con cuadros alegres en las paredes, con todo reluciente a su alrededor y, sobre todo, con caras sonrientes dirigidas a él.

—¡Sirius Orion Black! ¡Qué guapo te has puesto!

El niño se llevó un buen susto ante semejante exclamación cuando, en la sala de la casa, vio ir hacia él a una mujer de pelo negro peinado en una coleta alta, que lucía una túnica verde esmeralda estampada con algunas estrellas rojas y cuyos ojos grises, tan parecidos a los suyos, brillaban con algo que no supo identificar. ¿Felicidad, quizá?

—No te veo desde que eras pequeño —dijo Dorea Potter con voz cantarina, ya estando delante de Sirius —¡De verdad, qué guapo! Te pareces a mi hermano.

Y lo abrazó. Al principio, Sirius se quedó quieto, sin saber qué hacer, hasta que con un suave apretón, la señora Dorea lo alentó a corresponderle, y eso hizo.

—El abuelo Pollux era… —intentó decir Sirius en voz baja.

La señora Dorea, soltándolo poco a poco, negó con la cabeza y guiñó un ojo, lo cual desconcertó a su sobrino nieto lo suficiente como para no preguntar enseguida de qué hablaba, y olvidó su duda al ver que venía un hombre muy parecido a James y Magnus Potter, solo que no usaba anteojos y su pelo negro, por algún motivo, lanzaba destellos rojizos a la luz de las velas.

—¿Este es el hijo de Orion? —inquirió Charlus Potter, frunciendo el ceño.

—Ah… Sí, señor. Me llamo Sirius. Mucho gusto

—Vaya, pareces buen chico. ¿Seguro que Walburga es tu madre?

—¡Charlus! —regañó la señora Dorea, con gesto escandalizado.

—Lo siento, querida, pero tu sobrina es de esas que los muggles pondrían en sus libros de cuentos como una vieja bruja mala.

—¡Charlus!

Sirius no pudo evitarlo, se echó a reír. No sabía bien a qué se refería el señor Charlus con eso de los cuentos muggles, pero al menos veía a Walburga Black igual que él. James no tardó en unirse a sus risas, mientras los adultos hacían distintos gestos de resignación y la señora Dorea, a duras penas, lograba no sonreír.

En eso, la puerta principal se abrió, cosa que hizo sonreír de manera amplia a la señora Dorea. Quedó explicado su gesto cuando entró a la sala un joven alto y delgado, con el pelo negro muy revuelto y ojos grises, que observó a su alrededor con gesto imperturbable, antes de mostrar la misma sonrisa que la señora Dorea.

—¡Llego tarde! No puedo creerlo —exclamó el muchacho, quitándose del cuello una bufanda a rayas verdes y rojas, dejándola en el brazo de la butaca más próxima —¡Tío Magnus, tía Jane! Me alegra mucho verlos. ¡James, bribón! ¿Cómo va el colegio? Oí que has hecho un par de bromas muy buenas.

—¿Ves, madre? Darius sabe de qué hablo —exclamó James entre risas, dejando que su primo le revolviera el pelo más de lo que ya estaba, como si tuviera cinco años —¡Eh, Darius! Él es Sirius.

El aludido se vio arrastrado por su amigo hasta quedar delante de Darius Potter, que según sabía, había ido a Slytherin cuando estaba en Hogwarts y al graduarse, ingresó a la Academia de Adiestramiento de Aurores, a la que casi todo el mundo, para abreviar, llamaba "Triple A". Y como se decía que para ser auror debías ser muy listo, Sirius lo admiraba, pero también le tenía algo de miedo. ¿Qué pensaría de él, un Black que quedó en Gryffindor y al que su familia parecía ignorar?

—Mucho gusto —Darius tendió la diestra mientras esbozaba una sonrisa —Me alegra conocer a alguien más que rompe tradiciones.

—¿Alguien más? —Sirius le dio la mano con timidez, algo que jamás creyó que llegaría a sentir, aunque ya no estaba demasiado asustado.

—¡Pues claro! Soy el primer Potter que va a Slytherin en… ¿Cuánto tiempo, padre? ¿Cincuenta, sesenta años?

—Setenta —indicó el señor Charlus, meneando la cabeza.

—Pues eso, los Potter casi siempre van a Gryffindor, debes haberlo oído. Pero soy mejor que eso —Darius le guiñó un ojo a Sirius, risueño —Eso y que mi padre dice que no nos parecemos en nada.

—¡Darius! —soltó la señora Dorea en tono de reproche.

El aludido rió, con lo cual Sirius acabó de confirmar que estaba bromeando.

Definitivamente, los Potter no estaban tan mal como familia postiza. Eso le quedó claro a Sirius esa Navidad y, sin saberlo, lo seguiría creyendo con el paso de los años.

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Los saludo en este tercer capítulo de la Bifurcación "Family".

Comienzan las vacaciones de Navidad y Sirius nos hace conocer a los Potter, tanto a los padres de James como a sus tíos y su primo. Como expliqué en otro One, "La buena sangre prevalece" (en el que sale brevemente Dorea Potter), algo no me cuadraba enlas fechas del árbol genealógico Black, así que me inspiré y creé a un hermano mayor de Charlus Potter, Magnus, quien es padre de James a una edad avanzada junto a su esposa, Jane. Igualmente, el hijo de Charlus y Dorea que aparece en el árbol genealógico Black es Darius, un chico que le lleva los años suficientes a James como para haberse graduado de Hogwarts antes que él entrara y actualmente, estudia para ser auror. Y bueno, Darius Potter fue a Slytherin porque, de personalidad, se parece más a su madre, una Black, aunque en este capítulo no se note mucho.

Cuídense mucho y nos leemos en el siguiente episodio de la Bifurcación "Family".