Los libros de la saga Vamperi academy no me pertenecen. Son de la maravillosa Richelle Mead.

Son solo míos algunos cambios en la historia y nuevos personajes.

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Capitulo tres

Era cerca de la media noche cuando regresamos a la academia lo que significaba que llevaba más de un día sin dormir, habían pasado varias horas desde lo sucedido y ya todos sabían acerca de la masacre. Apenas estuve fuera de la vista de Dimitri, desobedecí su orden de retirarme a descansar y en su lugar me dirigí a la biblioteca, pues el vínculo me decía que Lissa estaba allí y yo necesitaba verla.

Estaba oscuro como la boca de un lobo mientras iba por el corredor de piedra que comunicaba mi dormitorio con el edificio principal de la escuela secundaria. La nieve cubría completamente la hierba, pero el pavimento había sido limpiado a fondo de todo el hielo y la nieve. Lo que inevitablemente me recordó la descuidada casa de los Badicas.

El edificio principal era grande y tenía un aspecto gótico, mas apropiada para una película medieval que para un instituto. Dentro, el aire de misterio y de historia antigua llenaba todo el edificio: paredes de piedra y cuadros antiguos luchaban contra los ordenadores y las luces fluorescentes. La tecnología moderna se había abierto un hueco, pero nunca dominaría. Después de pasar por la puerta electrónica de la biblioteca, me dirigí inmediatamente a una de las esquinas en donde estaban guardados los libros de geografía y de viajes. Por supuesto, encontré a Lissa sentada en el suelo, apoyada contra un estante.

"Volviste" – saludo cerrando el libro que leía, lo dejo sobre el suelo alfombrado. Su novio, Christian, estaba en el suelo cerca de ella. Me saludó con un movimiento de cabeza. Teniendo en cuenta el antagonismo que a veces aparecía entre nosotros, era como darme un abrazo. A pesar de su pequeña sonrisa, yo podía sentir la tensión y el miedo en ella; pues fluía a través de la conexión.

"Entonces lo sabes", le dije, sentándome con un pequeño suspiro.

Me gustaba nuestra conexión por que me permitía protegerla mejor, pero ahora mismo no necesitaba que mis propios sentimientos conflictivos aumentasen al sentir los suyos.

Su sonrisa había desaparecido y los sentimientos de miedo y ansiedad aumentaron.

"Es horrible", dijo estremeciéndose. Christian entrelazó su mano con la de ella y le dio un pequeño apretón. Ella apretó de vuelta. Estos dos eran tan empalagosos y tan dulces que temía ser yo quien sufriera un coma diabético siempre que estaba con ellos. "Están diciendo... dicen que había seis o siete Strigoi. Y humanos que les ayudaron a romper las custodias."

Apoyé mi espalada contra una estantería. Las noticias realmente viajaban rápido. De repente, me sentía mareada. "Sí".

"¿En serio?" Preguntó Christian. "Pensé que eran sólo un montón de paranoias. Con todos los rumores y exageraciones que circulan por los pasillos"

"No..." me di cuenta de que nadie sabía en donde había estado. "Yo... Yo estuve allí. Dimitri y yo, nosotros fuimos quienes descubrimos la escena del crimen". Digo luchando para sonar profesional, para no dejar que mis propios sentimientos me agobien.

Los ojos de Lissa se agrandaron, la conmoción cruzó su rostro. Incluso Christian - el representante de los "sabihondos" - parecía sombrío. Si no fuera por el horror que todos sentíamos, me hubiera alegrado de pillarlo con la guardia baja.

"Estás de broma, Hathaway" dijo, con voz incierta "Ni si quiera yo bromearía con algo así".

"Pensé que estabas haciendo tu test calificativo..." Las palabras de Lissa murieron.

"Debería", le dije. "fue el tipo de cosa en el lugar y en la hora equivocad. El guardián que me iba a hacer la prueba vivía allí. Dimitri y yo entramos, y... "

No pude terminar. Imágenes de sangre y de muerte que habían llenado la casa de los Badica aparecieron de nuevo en mi mente. Tanto el rostro de Lissa como nuestra conexión se llenaron de preocupación.

"Rose, ¿estás bien?" Ella preguntó suavemente.

Lissa era mi mejor amiga, pero no quería que supiese cuan aterrada y molesta me había dejado la masacre. Quería ser valiente.

"Genial", dije, entre dientes.

"¿Estás segura?" insiste "Esto… -duda, sin saber como emitir sus pensamientos – Esto no te trajo… no esta removiendo el pasado ¿cierto?"

Chille un poco a la defensiva "No, por supuesto que no"

"Sabes que puedes venir a mí, Rose. Somos amigas, yo siempre estaré para ti"

"Esto no tiene nada que ver son eso. Ni siquiera se parece un poco" dije tratando de no molestarme por haber sacado el tema a relucir.

Por supuesto que los recuerdos de lo sucedido hace años trataban de apoderarse de mi mente gracias a los acontecimientos recientes, pero luchaba fuertemente para mantenerlos lejos y no iba a permitir que una conversación inocente se convirtiera en mi caja de pandora.

"¿De qué hablan?" Preguntó Christian un poco perdido por el giro en la conversación "Olvídenlo lo más probable es que no me lo digan, pero dinos Rose ¿Cómo paso?" – Su voz estaba llena de curiosidad, pero también había algo de culpa – él sabía que estaba mal querer saber acerca de algo tan horrible. Pero no pudo dejar de preguntar. La falta de control era algo que teníamos en común.

"Fue..." Negué con la cabeza. "No quiero hablar de eso."

Christian comenzó a protestar y, a continuación, Lissa puso su mano en su cabeza. El gesto de censura lo silenció. Hubo un momento de torpeza entre nosotros. Al leer la mente Lissa, sentí que ella buscaba desesperadamente un cambio de tema.

"Dicen que lo sucedido va a estropear nuestras visitas de Navidad", dijo después de algunos segundos. "La tía de Christian va a venir, pero la mayoría de la gente no quiere viajar, y quiere que sus hijos están a salvo aquí. Están aterrados con el grupo de Strigoi".

No había pensado las consecuencias de un ataque como este. Apenas estábamos en la primera semana de diciembre, seis de diciembre, para ser más exactos. Normalmente había una gran cantidad de viajes en el mundo Moroi en esta época del año. Los estudiantes se iban a casa a visitar a sus padres, o los padres se venían al campus para visitar a sus hijos y aunque faltaran varias semanas para las festividades un ataque como el de los Badica no se borraría fácilmente de la mente de nadie; dejando a las familias preocupadas en busca de donde sentirse seguros para poder vacacionar.

"Esto va a mantener a muchas familias separadas", murmuré.

Aunque sentía un poco de pena por aquellos que no podrían reunirse no me importo demasiado, mientras Lissa estuviera conmigo seguirían siendo una buena navidad. Además, Eddie y Mase, pidieron permiso en sus casas para quedarse este año con nosotras, Alberta seguirá aquí y lo mas probable es que podamos arrastrar a Dimitri a lo largo de las celebraciones.

"Y obstaculizar las reuniones de la realeza", dijo Christian. Su breve seriedad desaparecido; había regresado a lo sarcástico. "Ya sabes cómo son en esta época del año – siempre compitiendo para dar la mayor fiesta. No saben qué hacer".

No podía creerlo. Mi vida se basaba en luchar, pero los Moroi tenían sus propias luchas internas - en particular la nobleza y realeza. Libran sus propias batallas con palabras y alianzas políticas, y honestamente, prefiero la forma más directa de golpes y patadas. Lissa y Christian, en particular, tenían que navegar en aguas turbulentas. Ambos eran de familias reales, lo que significa que tenían una gran cantidad de atención, dentro y fuera de la Academia.

La cosa era peor para ellos que para la mayoría de los Moroi de la realeza. La familia de Christian vivía bajo la sombra de sus padres. Ellos se habían convertido en Strigoi por propia elección, abandonado su magia y su moralidad para convertirse en inmortales y subsistir a base de otros. Las personas parecían pensar que él se convertiría en un Strigoi en cualquier momento y se llevaría a todos los demás con él. Su rudeza y el sentido de humor negro no le ayudaban.

La atención sobre Lissa venia del hecho de que es la última de su familia. Ningún otro Moroi tenía suficiente sangre Dragomir como para recibir el nombre. Su futuro marido, probablemente tendría suficientes familiares como para asegurarse que sus hijos fuesen Dragomirs, pero por ahora, ser la única, hacia de ella toda una celebridad.

Pensar en eso me recordó de repente el aviso del espejo. Mis náuseas aumentaron. Aquella rabia y desesperación reaparecieron, pero las envié lejos con una broma.

"Deberían tratar de resolver sus problemas como hacemos nosotros. Una pelea podría ser algo buena para la realeza".

Lissa y Christian rieron. Yo también lo hice, no podía imaginar a Lissa en ningún tipo de combate y Christian, bueno, después de lo sucedido durante el secuestro de mi rubia a miga, realmente no creía que pudiera entrar en una pelea cuerpo a cuerpo o una carrera de media milla.

Él miró Lissa con una sonrisa tonta, mostrando sus colmillos. "¿Qué te parece? Creo que te ganaría si nos peleásemos".

"Ya te gustaría," lo provocó. Sus sentimientos de preocupación desaparecieron.

"Si me gustaría", dijo mientras la miraba.

Había una intensa nota sensual en su voz que hizo que su corazón latiese descontrolado. Cierta envidia me invadió. Ella y yo habíamos sido amigas de por vida. Podía leer su mente. Pero el hecho era el siguiente: Christian es una gran parte de su mundo ahora, y tenía un papel que yo nunca tendría – así como el nunca sería parte de la conexión que existía entre ella y yo. Nosotros dos, medio lo aceptamos, pero no nos gustaba el hecho de que tuviésemos que dividir su atención, y de vez en cuando parecía que la tregua que habíamos hecho por el bien de ella, desaparecía.

Lissa colocó su mano en su mejilla. "Compórtate".

"Yo me comporto", le dijo a ella, su voz todavía un poco ronca. "A veces. Sin embargo, a veces no quieres que yo... "

Suspirando, me levanté. "Genial. Voy a dejar solos ahora".

Lissa parpadeó y arrastró su mirada lejos de Christian, de repente parecía avergonzada.

"Lo siento", murmuró ella. Se puso colorada. Al ser pálida como los demás moroi, esto hizo que ella se viese más hermosa. No es que necesitase mucha ayuda en eso. "No tienes que ir..."

"No, todo está bien. Estoy agotada", le aseguré a ella. Christian no parecía muy preocupado por mi marcha. "Hablamos mañana."

Empecé a irme, pero Lissa me llamó. "Rose?... ¿Seguro que estás bien? ¿Después de todo lo que pasó?"

La miré a sus ojos color verde jade. Su preocupación era tan fuerte y profunda que sentí una punzada en mi pecho. Podría ser la persona más cercana a ella que cualquier otra en el mundo, pero no quería que se preocupase por mí. Era mi trabajo mantenerla a salvo. Ella no debería preocuparse por mí, en particular si los Strigoi habían decidido hacer una lista negra de las familias reales.

La dirigí una sonrisa descarada."Estoy bien. No hay de qué preocuparse a menos que vosotros dos empecéis a quitaros la ropa antes de que me vaya".

"Entonces es mejor que te vayas", dijo Christian.

Ella le dio un codazo y yo puse los ojos en blanco. "Buenas noches", les dije.

Así que me di la vuelta, mi sonrisa desapareció. Me dirigí a mi habitación con el corazón desgarrado, esperando no soñar esta noche con los Badica.

A unos metros de entrar al edificio de los guardianes pude ver a Dimitri en la puerta, sus ojos se fijaron en mí y su ceño se frunció con desaprobación. Ralenticé mis pasos imaginando lo que vendría, afortunadamente jamás tuve que descubrirlo por mí misma.

"Señorita Hathaway" Llama Alberta, desde tras de mí, sin desaprovecharla mi oportunidad me vuelvo a su encuentro.

Su rostro era severo, parecía que algo le incomodaba enormemente.

"Sígueme".

En silencio caminó delante mí, rodeamos el edificio hasta llegar a la puerta trasera – por donde había escapado de los dormitorios hace casi un mes – con una de sus llaves la abrió permitiéndonos el acceso, subimos varios traemos de escaleras hasta llegar a mi piso y seguido de esto a mi habitación. No entendía una mierda de lo que sucedía.

"¿Estoy en alguno tipo de problema, Guardiana Petrov?".

Ella observaba a través de la cortina corrida el amanecer tardío, algo normal durante esta época del año. Yo prefería los veranos, siendo los días mas largo me daba mas oportunidad de poder disfrutar la luz y el calor solar. Parecía un poco perdida entre las nubes que comenzaban a verse rojizas.

"¿Alberta?" llame de nuevo.

La guardiana sacude la cabeza como si enviara algún pensamiento lejos. "Rose, lo siento" dice, mirándome por fin. Sentí mi ceño fruncirse en confusión "Lamento que hayas tenido que presenciar lo sucedido en la casa de los Badica". Entonces esa no era la guardiana Petrov hablando, era la tía Alberta.

Me siento con cansancio en la cama. "En serio, no entiendo por qué te disculpas".

Arrastra la silla de mi escritorio hasta acomodarse frente a mí, toma una de mis manos entre las suyas.

"Porque no he sabido cuidar de ti, Rose. Por mi causa sé que estas sufriendo tremendamente" – quería protestar, pero ella no me lo permitió. Sus ojos brillaban en preocupación genuina – "Debí haber venido a ti semanas atrás, después de lo que sucedió con Victor Dashkov y su hija. Debí haber sabido que tu último encuentro con ellos podría afectarte de alguna forma que recuerdos de lo sucedido hace muchos años podrían inquietarte, pero no lo hice… y hoy has tenido que presenciar una escena macabra y desgarradora que incluso guardianes con el doble de tu edad y experiencia jamás han tenido que ver".

Rígidamente retiro mi mano de entre las suyas, deslizo una mascara en blanco sobre mi rostro.

"¿Por qué es que insisten en traer el pasado de vuelta? ¿Por qué suponen que cualquier evento que involucre a un strigoi debe desbalancear mi vida?"

"Aunque te has negado por mas de siete años a hablar de ello lo que sucedió fue algo terrible, abominable-

"No necesito tu lastima, ni la de Lissa, ni la de nadie". Interrumpí con tono frio y tenso.

"¡Por Dios, Cariño! Te lo dije hace siete años y te lo repito ahora: no es lastima, es solo-

"es solo que piensan que soy débil, patética -intervengo de nuevo – que no seré capaz de cumplir con mi deber como guardiana. Para mi el pasado esta donde pertenece, atrás. Y no le permito que me afecte ni que intervenga con mi propósito como guardiana de Lissa ¿Por qué no pueden hacer lo mismo y dejarlo ir? O dime, ¿Cada vez que enfrente un strigoi, cada vez que asesine a uno de ellos o que alguien cercano muera por su culpa me preguntaran como lo estoy pasando? Porque que no veo que lo hagan con los demás dhampirs"

"Por supuesto que no es nada de eso, siempre he sabido que un día serás la mas grande de las guerreras. Lo que te sucedió fue espantoso Rose y cosas como esas dejan marca. Eso no te hace débil, al contrario, creo que eres la persona mas fuerte que conozco; solo alguien extremadamente fuerte podría sobrevivir a algo como ello. Y aunque lo has hecho, encerraste todo este dolor de alguna manera en ti misma y te has negado a enfrentarlo a mencionarlo si quiera. Sé que lo que sucedió con Dashkov y con los Badica, es lo mas cerca que has estado de la muerte, de lo detestablemente macabro en los últimos siete años y por eso es normal que todos estos sentimientos enterrados se remuevan para atormentarte. Porque a mí me persiguen, porque si hubiera estado cuidándote como se supone debía, nada hubiera sucedido".

En ese momento lo entendí, ella se culpaba. Se creía responsable de aquella desgracia. Esta realización hizo que mi enojo desapareciera como si jamás hubiera existido. Nunca pensé mucho en ello, pero desde que desperté aquella vez en el hospital el rostro de la guardiana se mostraba mas severo, mas alerta, mas distante. Y aunque es cierto que hasta el regreso de Lissa y mío a la academia no pude recordar el lazo de profundo amor que nos une a Alberta y a mí, también, es cierto que durante los años de mi infancia habíamos creado nuestro propio lazo de familiaridad, cariño, camaradería y respeto mutuo, pero todo se enfrío un poco entre nosotras desde que volví en sí en el hospital siete años atrás.

"Es por eso que cambiaste ¿A que sí?" ella me mira con ojos grandes dejando que su máscara de guardián se desquebraje por completo- "Es por ello que te volviste mas dura que los demás guardianes en la academia, más alerta, a veces pareciese que vives al acecho incluso en el interior de la academia, incluso… en la iglesia" – termino casi en un susurro.

"Cosas malas pueden suceder en cualquier lugar, incluso en la academia" murmura, dolorosamente a sabiendas. Asiento de acuerdo.

"Cosas malas pueden suceder en cualquier momento" dije recordando mi conversación con Dimitri en casa de los Badica. "Durante años pensé que las cosas malas solo podrían suceder bajo el embrujo de la noche, pero ahora… Tía… cosas malas también suceden bajo la luz del sol" envió las lagrimas al lugar de donde vinieron, negándome a llorar.

Una pequeña sonrisa misericordiosa se dibujo en su rostro, apretó suavemente ambos de mis hombros "Lo siento, lo siento tanto" murmuró. Sus ojos son empañados por una vulnerabilidad que no recordaba haber visto en ellos antes. Mi pecho se aplasto lastimeramente.

"Tienes razón: los recuerdos tratan de alcanzarme, pero no les dejo. Estoy bien. No quiero que vuelvas a disculparte por ello, jamás podría culparte por lo sucedido. Sé que no fue tu culpa. Siempre has cuidado de mí, más de lo que nadie más ha hecho" mis palabras fueron como un bálsamo para ella, pero, aun así, aunque trató de ocultarlo pude notar que no le consolaron por completo.

Necesitándolo le atraje en un fraternal abrazo. Nos quedamos así por unos minutos.

"¿Puedo preguntarte algo? – Pido buscando su mirada. Asiente de acuerdo. "Independientemente de todo lo hablado y lo sucedido hace años atrás ¿Crees que esta mal como me siento?"

"¿Y como es eso, Rose, como te sientes?"

"Hoy vi cómo se comportaron los guardianes. Sé que actuaron como profesionales y aunque noté que la escena también los afecto ya sea por la visión de ella en sí, lo que ella significa para nuestra sociedad o por la tragedia como tal, yo tengo la certeza de que me ha afectado de una manera más profunda y como lo dije independientemente de lo que sucedió tiempo atrás, sé que ninguno sintió la desolación que estoy cargando ¿Crees que esto me hace menos capaz? ¿Menos profesional? Todos allí fueron asesinados sin piedad ni si quiera tuvieron la oportunidad de luchar, de defenderse. Nadie escucho sus gritos o suplicas, los niños… - niego enviándolas imágenes lejos, tratando de borrarlas de mi mente – La vida es algo… todas las formas de vida son algo delicado y hermoso que no pude, que no debe ser tratado de así. ¿Esta tan mal que sienta que me desgarro una y otra vez por todas esas personas, por Natalie?"- ella me mira con simpatía y admiración "Lo lamento… estoy divagando".

"Eres única en tu clase, Rose. No hay nada de malo en sentirte así, por supuesto que a los guardianes también nos afectan las muertes ya sean de morois o dhampirs en distintas maneras, por distintas y variadas razones. Todos sentimos de maneras diferentes, tú también lo haces. Tienes esta fuerza, este poder que no muchos poseemos, te aferras a la vida como pocos lo hacen, la valoras y la proteges sin temor o duda. Eso habla tan bien de ti, posees el corazón que todos los guardianes deberíamos poseer. Que toda criatura viviente debería tener".

Sus palabras, aunque sinceras me hicieron sentir de alguna manera extraña, jamás nadie -aparte de Lissa - había sido tan fervoroso o amable a la hora de describir cualquier cosa sobre mí, tanto que no pude creer por completo que estuviéramos hablando de la misma Rose Hathaway.

Un par de minutos después mi ita Alf se marchó, dejándome para descansar.

Lamentablemente, como se estaba haciendo costumbre las pesadillas se adueñaron de mis sueños, esta vez fueron charcos de sangre, gargantas abiertas, calabozos y gritos. Gritos infantiles llenos de terror y dolor, mucho dolor.

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