La sexualidad humana es…

Capítulo 4. La sexualidad humana es desesperación

Cuantas veces lo había sentido, cuanta necesidad recorriendo su cuerpo, cuantos recuerdos… y ahora lo requería, sí.

Necesitaba sentirse acorralada, entre sus ojos negros, lujuriosos y una pared que estrechase su contacto físico, que le hiciese sentir su excitación.

Lo quería, lo deseaba, que él bruscamente la despojase de cualquier prenda, que tocase todo su cuerpo lentamente, que bajase más y más, con su aliento de su amante en su cuello, con aquellos ligeros golpes contra ella que le hacían ver el deseo que él albergaba.

Adoraba cuando sus dedos se introducían en ella, que lubricada, los recibía sin dolor alguno, sin problemas, a pesar de la bestialidad con la que entraban en ella, doblándose, tocándola a fondo y haciéndola gritar, no gemir y jadear, gritaba de placer, y por nada del mundo se callaría.

A pesar de sus súplicas, de sus avisos y de la posibilidad de encontrarse con la vuelta de los padres de él a casa…

Su cuerpo se movía pidiendo más, y él, agachado en el suelo, agotado pero a la vez disfrutando de la reacción de aquella diosa del viento.

Y ella sentía que aquello no iba a acabar, que sus piernas acabarían por fallarle y caería al suelo, aunque este a su paso y reacción pareciera moverse bajo sus pies.

En esos momentos en los que perdía la cabeza, y unas lágrimas de frustración asomaban por sus ojos; también oscurecidos de placer, deseaba la muerte, porque no iba a ser peor que aquella magnifica tortura.

Adoraba el sexo con él, daba igual si se paraban a hacerlo lentamente, el compás de sus corazones, como ella solía llamarlo denunciando lo cursi que podía sentirse, o si lo hacían como bestias, con embestidas que rozaban lo animal, con un instinto que se apoderaba de ellos y les creaba una urgencia de morder casi sádica.

Porque cuando ella lo deseaba, también deseaba esa violencia permitida, eso si, con respeto.

Porque moría al derretirse y notar como el suelo entre sus piernas se encharcaba de su placer, como él la miraba, lascivo, pidiendo su turno, entre sus piernas, y ella dolorida, se llenaba más sensitivamente de él, ardiendo por dentro, deseando llegar de nuevo a su clímax…

A su trozo de cielo en aquel infierno de sexo desenfrenado.


Un nuevo capítulo, como no algo subidito de tono, ya me conocen, les quiero mucho a todas! Este capítulo va para mi querida Yusha, a la cual hace mucho que no la leo como antes por que mi tiempo no da para mucho, pero sigo adorando toooodos sus fanfics :D

¿Merezco algún review?