Los personajes pertenecen a S.M. La historia es un invento loco de mí.


The storms begin, I can hear the thunder.
I can feel what you say but don't understand
I can't get my feet on the ground but you are the innocent.
I fear the consequence
Give me… give me reason to live

Innocence –Fools Garden


LA PASIÓN TIENE UN MÉTODO DIVERTIDO

Una mujer difícil

-Vamos, salgamos- su propuesta tentadora le hizo morder sus labios. Lo cierto es que deseaba ir, perderse en la música, ver el juego de luces, tal vez incluso tomar un trago.

-Alice…

-¡No! –La cara de Alice casi cómica pasó de su mirada de cachorro a ponerse en su plan manipulador –es hora de salir. Te he dejado ver todas esas películas –señaló exageradamente a las cajas tiradas enfrente del reproductor de videos y la pantalla de la habitación.

Los empaques de "Mujer Bonita", "La boda de mi mejor amigo" y "La novia fugitiva" adornaban la pequeña alfombra de la casa de sus padres. Su maratón de Julia Roberts y Bridget Jones había llegado a su final, y gracias al cielo pues su joven amiga no creía aguantar una sola declaración más. Alice le había amenazado desde un principio

«Vomitaré Bella»

La sonrisa vacía de ella y los ojos decepcionados la arrastraron a la estancia sin excusa, pero sí varios minutos de pequeños bufidos de disgusto.

Tiempo atrás ambas se sentaban durante horas frente al televisor, Bella le obligaba a ver sus películas rosas, amores imposibles y finales felices, Alice era de esas mujeres eclécticas que podían ver desde la película más rosa hasta la más dependía de su humor. Sin embargo, no tenía especial afinidad por esas películas. Alice la arrastraba a su casa para ver el final de la liga de Futbol junto a su familia, y la empujaba al centro comercial. Bella era la que le llevaba al centro de Londres, a perderse en los museos, los parques o los conciertos de música.

El dúo se complementaba como piezas de rompecabezas.

Alice era la hija de un contador, la primer vez que ambas estuvieron juntas en una habitación fue durante el tercer grado. Tenían casi 9 años y lo primero que Alice Brandon había hecho había sido pegarse a Bella como lapa. Isabella, rodeada de niñas había hecho entrar a Alice dentro de un pequeño grupo que la miraban como un bichito raro.

Era, en realidad, rara la ocasión en que peleaban o se alejaban, y casi siempre la razón de eso era la misma: la horrible elección (según Alice) de novios que buscaba su amiga.

Hacía casi semana y media que Alice le había llamado eufóricamente. Cuando Bella contestó el teléfono el gritó ensordecedor se escuchó; Isabella esta segura que aún si Alice estuviera en Barcelona la hubiese escuchado sin la línea telefónica. Cuando le confesó su regreso, ella gritó junto a Alice.

Alí, como solía llamarla Bella, había ido durante un tiempo a Nueva York, a París y a Milán, por un tiempo considerablemente largo. Era una fotógrafa de moda, con un portafolio tras su espalda, que cada día aumentaba mucho más. Isabella nunca terminó de entender porque se iría de allí, Londres una capital de la moda, sin embargo allí estaba después de un buen tiempo fuera.

-¡Oye! Que no te has quejado del helado –le sonrió cómplice a la que fue y seguía siendo su mejor amiga. Alice que siempre estaba para ella.

-Isabella –la llamó ella con tranquilidad y su mueca manipuladora – ¿Por qué no quieres salir?

Isabella sin contestar nada y en un pobre intento de zanjar el tema se levantó y comenzó a ordenar la habitación. Ali la freno y le obligó a verla. Sus ojos oscuros y gatunos le presionarían hasta obtener una respuesta más o menos convincente.

Alice pensaba que era casi deprimente adivinar el lío de su cabeza, y lo preocupante no era el trauma post-ruptura, lo preocupante era sentirla perdida, casi ansiosa de agotar las heladerías de todo el Reino Unido. Mirarla con ese gesto de aburrida y sin sentimientos.

-Porqué no importa –suspiró rendida. No era una pregunta, no era una afirmación. Quizá un punto medio y confundido. –Ni siquiera siento como si… como si fuera real es que, ¿acaso no lo asumo?... Aaron se fue Alí, lo dejamos… rompimos, finito.

-Todos sabíamos que tu "relación" –le dijo haciendo énfasis con sus manos– No daba para mucho más, no tenía sentido Bella.

Desviar la mirada de todo el embrollo no lo hacía desaparecer. Había sido ella la que aprovecho todo de Aaron. Su departamento, su confianza, su cariño. Aaron y ella… que locura, ¿Cómo habían empezado a salir siquiera?

-Aunque debo reconocer, no pensé que terminara de ese modo –pensativamente Alice se lamentó. Aaron había sido un buen partido. Considerado, guapo, trabajador y bastante atento.

-Te refieres a la parte del "seguiremos en contacto" o lo del equipaje –Bella y su sentido irónico salían a flote. Método de supervivencia le habían llamado desde hacía años.

-Enserio, no pensé que tuviera el descaro de correrte del flat –Alice estaba lo que le seguía a molesta con aquel patán. Nunca hubiese pensado que sería capaz de hacerlo tan impersonal y… despreciable.

-No me hecho. –Bella se calló abruptamente al recordar la pequeña escena del día anterior –Bueno, no del modo que piensas

Trataba de mejorar o ayudar a la pobre imagen de Aaron, y es que, por su parte, no se sentía molesta o triste por la forma en que terminaban las cosas, pero ese ligero peso en su abdomen regresaba con más fuerza cada que caía en cuenta de que Aaron, su Aaron no estaría más allí.

No habría más paseos por el parque, no más desvelos en pláticas, no habrían más de sus acostumbradas rutinas, o de sus manías diarias. No había perdido a su novio, había perdido a su amigo. Y honestamente eso era la fuente del dolor y lo que la mantenía sumida en un pequeño pero notable hoyo.

Sus vidas no serían lo que fueron, no volverían a verse todos los días después del trabajo. La parte más o menos buena era el hecho de que no tendrían más discusiones donde Aaron salía del apartamento y no se le volviera a ver hasta un par de días después.

-Entonces. Levántate mujer, deja de hundirte en esa estúpida miseria sin sentido.

Escuchó la voz optimista de Alice. Sintió una mano en el hombro, ella en respuesta y agradecimiento le brindó una enorme sonrisa que no llegaba ni a la mitad de lo que quiso mostrarle.

Alice le ayudo a levantarse del sofá, donde seguía en pijama, y la miró reprobablemente. Alí era una mujer de nunca parar. Proactiva, positiva y tenaz. Incluso al punto de llegar a ser irritante.

.

Isabella se vio arrastrada a la ducha donde el agua tibia relajo sus hombros y le hacía reflexionar sobre su actual situación.

Bella y Aaron. Aaron y Bella. No sonaba como una buena combinación.

Desde hacía mucho las cosas habían dejado de funcionar de la manera correcta. Desde el punto en que Bella pasaba tanto tiempo como podía en el hospital con tal de no llegar a Balham Hill junto a él. Desde el momento en que Bella pensaba muchas más veces en Edward-idiota-Cullen que en el propio Aaron. Por supuesto, desde esa vez donde casi le confunde a la mitad de una fallida sesión de sexo. Eso estaba mucho más allá de mal y reprobable.

Aaron, al igual que mucho en su vida, y para su pesar y miseria, había llegado al punto de aburrirle. Hase y sus palabras cariñosas, su vida agradable, Aaron y su preocupación ya no le hacían temblar por su voz. Y sinceramente era horrible.

Tenerlo enfrente, tenerlo a su lado en la cama, sentirlo dentro de ella, su calor, compartiendo su vida con ella. Nada de eso era lo que fue, ni siquiera se aproximaba a un punto remotamente agradable... normal.

Isabella se había esforzado tanto como podía por volver a como se sentía cuando inició a vivir junto a él. Quería la sensación de fortaleza que le proporcionaba el abrazarlo. Su cuerpo duro como una estructura que resistiría todo. La cálida sacudida que provocaban sus labios sobre los suyos. La seguridad que tenia de poder cerrar los ojos y saber que nada le atacaría la espalda mientras estaba con él, como si juntos pudieran derribar al mundo.

Ahora, solo era Aaron, el chico gracioso y bromista con el que alguna vez vivió una buena vida de dos años.

Compartían cosas como viejos amigos, y es que habían iniciado así. Se tenían confianza el uno al otro. Aaron había sido el que soportaba sus días de humor negro, el que llevaba chocolates cuando sabía que no se soportaba ni a ella misma. Aaron, el que se dejó pintar todo el cuerpo cuando estudiaba anatomía sobre él, el mismo que le preparó tarjetas de memoria para sus exámenes.

Definitivamente sería un buen amante, pero nunca era como ella quería que fuera. Bella pensaba firmemente que ese había sido uno de los principales problemas, el querer hacer de Aaron alguien acorde a sus planes, alguien mejor, alguien a quién su abuelo considerara digno y que fuera aceptado en la familia.

Había muchas cosas que reconocer como errores, sin embargo si debía ser honesta, ella era la culpable de muchas más que él. Aaron... se sentía como algo tan bueno que no puedes tocar por temor a que se desmorone.

Cuando deslizo sus llaves en la cerradura del departamento ese día hubiese esperado encontrarlo en calzoncillos y la televisión. Le hubiese gustado que Aaron hiciera esa pasta suya que era deliciosa. Habría sido lindo abrazarlo durante todo el tiempo que pudiera y sentir su cuerpo de roca bajo ella.

Hubiese esperado una linda noche. Por el contrario ahí estaba él con su traje sin ninguna arruga y el cabello húmedo. El olor a jabón y la sensación de que algo no iría bien. La sensación que en el hospital le pondría los pelos de punta y le haría hacer estresante toda la noche a sus compañeros hasta provocar a fuerza de voluntad la sensación que a ella le cruzaba el cuerpo.

Se había visto de esa manera en un montón de veces, con su puño frente a la cara y dispuesto a dejarla en el piso. Alzo la barbilla y espero lo que fuera que quisiera tirarla del pequeño break en su vida.

«-Tenemos que hablar

-No es necesario –le respondió en un suspiro.

Aaron deslizó la maleta rosada de Isabella desde atrás del sofá. Se la extendió con el mismo gesto que hubiese esperado al ser despedida y tomar un cheque de compensación por los servicios otorgados.

-Bella… -la interrumpió él cuando ella volvió a recoger su bolso –Bells

-No me digas así –estúpida… tonta Bella seguiría recriminándose hasta el último segundo.

-Te quiero Bells, por eso lo hago. Vamos te llevaré a donde quieras

-Gracias pero tomaré el autobús –Isabella tomó todo lo que pudo de sus cosas, que no eran muchas, todo estaba en esa maleta que él aún tenía en las manos.

-Seguiré allí para ti cariño, solo llama y…

-No importa Aaron –con todo el poco orgullo que ese hombre acababa de pisotear salió del lugar tan deprisa que no se detuvo a corroborar todo lo que dejó atrás»

.

-Bella… muévete –le apuró con voz enojada de Alice.

Terminó de cerrar el agua y salió del baño antes que ella la sacara. Apenas entró a la habitación, observo el montículo de ropa que se había formado en el suelo

-Al menos ella se ocupó de desempacar

-Ni la mires, puedes elegir entre la ropa que está en la cama, esto –señalo el bulto desdeñosamente –son solo pantalones y camisas.

-¿Qué esperabas? No puedo ir en minifalda al hospital –bufó.

Alzo el primer par de jeans que vio. Carajo, si eran sus mismos jeans justos que usaba para andar en la motocicleta de su padre cuando tenía 20 años.

-Alice, no creo que estos siquiera me entren

-Qué poca fe tienes –la miró con una expresión retadora, y Bella prefirió seguir buscando algo que vestir antes de aceptar usar ese trapo.

Alice era otro pequeño-enorme tornado lleno de vida. Sí, la siempre a la moda señorita Brandon era de esas mujeres que cuando tenían una meta harían hasta lo imposible por obtenerla.

Una ligera, pero sincera, sonrisa atravesó sus labios al recordar a una Alice pequeña y más frágil que una hoja naranja de otoño, armar toda una manifestación frente al hotel donde se llevaba a cabo la semana de la moda, todo porque no la dejarían pasar con ese enorme bolso que había insistido en llevar.

Igual que aquella vez, Alice estaba con su cabello apenas más largo que su barbilla. Con un montón de terminaciones de colores en las puntas. La podía ver ordenando parte del armario en busca de algo. Aún había tiempo de escapar de su salida de fin de semana. Aún podía irse, y lo haría sino estuviera segura que esa mujer con aspecto de hada la llevaría cargando junto a ella.

Faldas tubo, vestidos, mucha ropa de hace siglos atrás, ropa que le recordaban tiempos viejos, pero también menos monótonos. Había ropa de su madre de la cual nunca se pudo deshacer. Sabía que en cuanto Alice la viera le daría una mirada que le haría temblar, y pondría el grito al cielo. Pero era la ropa de su madre muerta, no podía deshacerse de las cosas que le recordaban su presencia.

No eran cosas que usara muy seguido, de hecho eran las cosas que ella dejaba en la casa de sus padres, donde se encontraban justo ahora. Chester Square número 3, a cinco calles de la casa del abuelo y de la familia Cullen. A menos de cinco minutos de él.


Cuando Alice salió de la ducha, la pálida piel de su amiga sostenía un vestido purpura pequeño y con volados.

-Debería usarlos más seguido

Alice tenía muchas cosas que hacer en esta vida, según su propia opinión. Cosas personales como ganar alguna condecoración, participar en algún largometraje, encontrar al digno padre de sus hijas, las dos niñas que venía planeando desde que tenía 12 años, la edad en que pensaba haber tomado algunos de los sueños y decisiones más importantes para su vida.

Ahora agregaba un nuevo renglón a su lista mental de "patanes a los que habré de golpear algún día por joder la puta cabeza de Bella y la mía por consiguiente".

Aarón. ¿Cómo es que había sido capaz de hacer eso? Porque aunque esa necia de Isabella no lo quisiera ver, él muy…cobarde, la había corrido de su casa. Y es que esperarla después de la guardia con dos maletas y sentado en el sofá no había sido muy cortés o si quiera considerado.

El relato de ella le hizo tragar todo su enojo, porque si había entendido muchos años atrás era que la inteligencia que tenía su amiga en lo relacionado a su carrera, le faltaba el doble en su propia vida amorosa. Bella podría darte el mejor concejo de toda tu vida, pero haa.. cuando había que aplicarlo la muy... cobarde hacía todo lo contrario a lo que aconsejaría en primera instancia.

Primero el idiota de Edward Cullen, luego los esporádicos hombres con los que salía; y por fin, cuando ella pensaba que había elegido a la persona correcta, o que encajaba en el mejor perfil, salía esto: un idiota más.

-Hombres… todos son iguales


Vibra

El bar que habían elegido era bastante pintoresco. Nuk, nuevo en la mitad de Soho. Alice había escuchado a Leah, una chica de la firma hablar sobre él y el misterio de obtener la entrada. Tras una ardua investigación, sobornar un par de personas y cobrar algunos favores. Alice había logrado anotar sus nombres en la lista.

Las tejas de la entrada le daban un aire muy diferente de lo que era el lugar. Observando la fila con burla, Alice se dirigió directo al hombre de la entrada. Sonrió descaradamente al cadenero, su nombre y las largas piernas de Isabella les aseguraron la entrada al establecimiento mucho más rápido de lo que un perro lame un plato.

Si bien ambas contaban con 27 años bien cumplidos, Bella conservaba esas facciones aniñadas tan características, si no fuera por los pocos centímetros que rebasaba a su amiga el hombre la hubiese visto de mala gana. Como adolescentes inmiscuyéndose en bares.

Al llegar al lugar Alice fue por las bebidas a la barra, mientras Bella se encamino a través del humo y las parejas de la pista, lo hizo lo más rápido que pudo, cruzó la orilla y diviso un par de mesas vacías, extraño para un viernes por la noche.

Se sentía como atravesar una campo minado. En los mortales tacones que le había obligado a calzarse, sin la fuerza que aún mantenía en las piernas, hubiese temido terminar en el piso. Pero vamos, eran casi 14 centímetros, literalmente Alice la había puesto sobre las puntas.

-¡Qué suerte! Al menos encontró un lugar –se dijo Alice en un susurro. Con lo complicado que era conseguirlas cuando el bar estaba lleno, tal vez era uno de los reservados.

Tomo una de las altas sillas negras para sentarse frente a ella. Dejo el pequeño bolso sobre la reluciente mesa de metal; lo gris reflejaba las luces de colores que se desprendían desde el techo, haciendo figurillas que Isabella se dedicaba a seguir diestramente con sus dedos.

- Toma –le extendió un vaso diminuto con un chispeante líquido

- Yo no… No

- Que no, ni que no, solo un poco. Isabella es algo que probé en uno…bueno no importa. Solo confía en mí es bueno.

Bella veía la ondeante sonrisa de Alice y la larga botella de tequila, parecían un rascacielos sobre ella, empujándola cada vez más cerca de un largo precipicio. Sin ganas de discutir con una duende chillón, acepto el trago.

Alice no quería verla ebria bailando sobre las mesas, pero una pequeña copa no le vendría mal a su ya gastado humor.

-Cuando eres joven haces estupideces, quieres todo –le susurro Bella a Alice –No quieres dar explicaciones, no tienes grandes metas para un futuro próximo. Y crees que esa estrenada identificación te dará carta blanca a tus ideales adolescentes.

- ¿Y? – preguntó Alice confundida de las mordaces palabras.

-Yo tuve todo eso –sus palabras tranquilas sonaron como sentencia – y créeme, daría mi vida cien veces si pudiera tener unos padres inquisitivos ahora. ¿Sabías que Reneé no tuvo la oportunidad de consolarme por algún tipo de traición amorosa?

-No te pongas así –le contesto, ella también extrañaba a los señores Swan, pero era hora de que Bella siguiera con su vida sin que pensara en ellos como «¿qué hubiera pasado si…?»

- Y bien, ¿Qué es lo que piensas hacer? –Alice le relleno el vasito y se lo acerco un poco. Ella tiro de él y lo trago de un solo sorbo.

- Salir de allí, no se tal vez ¿volver a casa?

- Créeme tu saliste ya de allí –le dijo pensando en el imbécil y tarado de Hase –pero ¿piensas volver con tu abuelo?

- No, a casa –le repitió como si fuera lo más obvio del mundo –una donde no esté esa zorra, la muy maldita de Victoria ahora vivía permanentemente en la casa de SU abuela.

-La casa de tus padres. Sí, es buena idea

Alice entendió años atrás que el único lugar donde volvía siempre era su antigua casa. La casa de Charlie y Renée Swan. Volvía para recordarlos, ahora volvía porque estaba perdida.

El abuelo había pensado en vender ese lugar, era suyo y peleó por el todo lo que pudo. Corrió al amigo más cercano de sus padres, Carlisle Cullen al menos él había sido la persona que le permitió conservarla. Una sociedad anónima había comprado la casa, el abuelo había estado feliz de deshacerse del inmueble, Isabella había soltado un enorme suspiro de alivio al tener las escrituras en sus manos de nuevo.

De los secretos mejor guardados de Isabella Swan. Había involucrado a Sue y Harry, ambos se turnaban para escabullirse un par de horas y mantenerla siempre lista. Sue se había acostumbrado a las visitas fantasmas de la chica.

-¿Bailaras? –inquirió Alice con anhelo, ella quería bailar hasta sentir que debería quitarse los zapatos, y si su amiga no le seguía estaba más que dispuesta a dejarla por el moreno de la pista que le guiñaba un ojo de vez en cuando.

-Ya anda, ve. –Isabella le gritó por encima de la música.

-¿A dónde? -preguntó Alice inocentemente. Bella sonrió de medio lado. Alí estaba casi brincando desde que puso el primer pie en el Nuk. Su figura pequeña y fina la hacía una excelente bailarina, grácil y ágil.

-Alice, no has parado de ver a ese hombre desde que estamos aquí –Bella volteo la cabeza y observo los lánguidos movimientos de las personas de la pista. En especial un hombre con una traviesa y prometedora sonrisa.

-No. –Alice casi lamentó haberlo dicho antes de pensarlo. –Estamos aquí por ti… aunque tengo que reconocer: de verdad quiero ir

- No te detengas por mí –le sonrió sinceramente.

-No iré sola –era gracioso ver una Alice tímida.

-Bien. Sírveme dos… tal vez tres tequilas más e iré contigo.

Mujer alocada, impulsiva, grosera en algunas ocasiones, la gama de contradicciones siempre sorprendente. La mirada pícara de Alice le dijo que aceptaba el trato. Tomó la larga botella y vertió de nuevo en los dos vasitos. El resplandeciente líquido paso por sus labios.

Quemaba. Su garganta podría estar en llamas, pero el sabor y el efecto eran grandiosos. Tres segundos de dolor por 30 de diversión, ese en definitiva si era un buen trato.

-¡Salud!- grito a pleno pulmón Bella provocando que varias personas voltearan a verla.


La sombra que le había seguido la observaba desde una de las esquinas del bar. Ella nunca tomaba más de una copa, estaba completamente seguro que al otro día se arrepentiría de sus acciones. Una pequeña copa de vino le tornaba sus mejillas de un apetecible rosado ¿Qué le haría una botella de tequila?

-Uno, dos, tres, cuatro… ¿Cuántos llevas ya?

Ella era impulsiva, esa chica… Alice, siempre la hacía cometer tonterías. A quién se le ocurría llevarla a un bar. Verla pararse tambaleante de su asiento lo puso alerta y con sus sentidos de cazador. No estaban solos y sabía que Isabella y el alcohol eran una presa fácil para cualquiera.

Bella caminaba a la pista, ambas lo hacían. Un ritmo sensual podía escucharse, y la vista perdida de Aaron Hase estaba puesta sobre aquella mujer del vestido borgoña. Movía sus caderas tortuosamente, incitando a la mitad del pub, pronto tuvieron la atención de dos hombres, Alice tomo a uno de ellos y Bella dejó que el otro la tomara de la cadera.

Sus manos picaban por tomarla de la cintura y mantenerla a su lado. El tirón de su entrepierna seguía molestando desde que la vio.

-¿Qué buscas?

Observaba atentamente los movimientos, si bien ahora ella no era más su novia, mas nunca dejaría de cuidarla. Un movimiento en falso e intervendría. Pronto el joven desconocido la guió a su mesa y siguió vertiendo tequila en un pequeño vaso que estaba cada vez más vacío.

...

Su garganta le dolía y en definitiva su lengua estaba más perezosa que nunca. Había dejado de escuchar a Tomás… Teo… Mike o como fuese.

Sentía un letargo que entorpecía, a sus ya de por sí lentos reflejos. Tiempo atrás era la señal de tomar un taxi y regresar lo más rápido a un lugar seguro. De su tiempo junto a James era un motivo de castigo, una acción que le reprendería toda la vida.

-¿Quieres una más bonita? Solo otra más –le acercó de nuevo el vaso lleno.

Le había hecho tomar más de la cuenta. Una mujer como ella no aguantaría tal cantidad de alcohol. Diversión segura. La idea de es escultural mujer con la obnubilación necesaria para manipularla, en la esquina de un callejón vacío era la idea, y no faltaba mucho para ello.

- No, creo que ha… sido suficiente

Isabella se levantó tambaleándose de la mesa. Era una total estupidez haberse embriagado. Era una de las reglas: siempre alerta, siempre lista.

-A la mierda. A la mierda James y sus estúpidas reglas de supervivencia -se dijo mentalmente, estaba harta de vivir con reglas que la mantenían en un estado constante de alerta. Hasta el gorro de tener la sensación de ser perseguida la mitad del tiempo.

- Vamos, otra más tómala – le volvió a colocar el recipiente en la mano.

Era un hombre no tan alto. Quizá 1.6 m calculó. No era musculoso lo cual podría traducirse en no pesado. Derrumbarlo no sería tan complicado, y contando que estaban a en un lugar público, habría siempre un inglés dispuesto a ayudar.

- No –escuchar su voz temblando no le gustaba para nada. Esta vez te pasaste Isabella –su voz… esa voz le recorría la espalda de manera helada.

-Tomala y nos iremos de aquí, juntos –insistente volvió a colocar el vaso en su mano.

-Ya no quiero más –le gritó frustrada. Isabella tenía cierta impaciencia a las personas impertinentes.

- Un lugar privado…

- Ella dijo no – la potente voz de un hombre ni siquiera le llegó en la nube de alcohol que estaba instalada en su cabeza de manera permanente. No le importaba quién era, la distracción le serviría para buscar a Alice que había desaparecido hacía una media hora o algo, y largarse lo más rápido que pudiera.

- Vete de aquí mocoso, esto es entre esta perra y yo

- Vete tú, a menos que quieras salir mucho más rápido de lo que entraste –le dijo con lentitud. Su voz sedosa y enojada le dejaba ver cierto poder.

- Bah! Qué más da, si está más borracha que una cuba- le dijo con sorna –Disfrútala, te dará lo que le pidas.

Bella seguía la música con su cuerpo, perderse en ella, seguir su camino. Escuchó la conversación de los dos hombres, ella no estaba borracha, o es lo que seguiría diciéndose como excusa. El hombre le tomo las mejillas e hizo que lo viera. Ella se rió de él. Una risa sin sentido, incluso una risa psicópata.

- ¿Dónde está tu amiga? –esa voz era familiar

- Pues a este paso… tal vez con Sabir… Ben. No lo sé

- Isabella ha sido suficiente – su voz dura y furiosa le retumbo en la cabeza antes de que todo se volviera negro.


500 millas

Levántate de la cama perezosa. Vamos Bella, tienes que levantarte… ¿Qué día es hoy? ¿Tengo que ir al hospital? Carajo, es por esto que no tomo. –El retumbar de su cabeza cada vez era peor, y parecía aumentar conforme seguía despertando. Suspiro el aroma de la almohada. –Huele bien Que extraño suavizante, me gusta…

La suave cama la recibía gustosa. Varios días de cansancio se debía a sí misma; y por momentos donde la cama es lo más preciado en esta vida, valía la pena la falta de sueño, solo para poder sentir que vuelves al cielo cada que tocas una almohada.

Se deslizo con suavidad por ella, y algo estaba mal, fue tan fácil hacerlo

¿Esto es…seda? –Si, en definitiva eso era seda. –¿Desde cuándo tengo sabanas de seda? Seguro fue Sue… sí debió ser ella

La mujer salto de la cama sin delicadeza. La suave tela resbalo por su cuerpo como una caricia. Con rapidez y preocupación observo el lugar. No, esta no era su casa. Y en definitiva estaba segura que su cama no se sentía así esa mañana. Las paredes lavanda con molduras de blanco no eran parte de su memoria. Los muebles de color caramelo eran parte del mobiliario que en terminantemente no había comprado. Las sabanas y cobertor haciendo juego con la habitación se burlaban de ella.

-Ca-ra-jo. ¡Mierda!

Con toda la prisa que pudo busco su ropa. Del lindo vestido solo quedaba el recuerdo. Sus zapatos botados a un lado de la cama y el bolso sobre la silla.

-Bueno podría ser peor… al menos tengo calzones.

-¡Qué buena coartada Bella!

Abrió una de las puertas que supuso seria el baño. Para su alivio si era el baño, en gris. Abrió las gavetas del armario que se anexaba y tomo unos jeans que supuso le quedarían, agarro una de esas finas camisas que abundaban y trenzo su cabello improvisadamente.

-Te has levantado -le llamó un hombre desde la puerta. Su voz tranquila y grave hicieron que pegara un brinco tirando la botella de loción que apenas había encontrado.

Si tuviera algún defecto en el corazón seguramente eso habría desencadenado algún tipo de pitido en el aparato de vigilancia. Se autodiagnosticaría una arritmia en cuanto pusiera un pie en el consultorio de su amigo Tay de cardiología en el edificio de al lado.

El hombre sentado en la cama esperaba que saliera del servicio.

-Mierda

Edward Cullen con sonrisa arrogante y ropa casual le fruncían el señor con ahínco y como si la quisiera traspasar con la mirada.

-¿Sabes lo irresponsable que has sido? –preguntó sin quitarle las dagas de sus ojos que amenazaban con sacarle la verdad a punta de estas.

-Edward –fue lo único que salió de sus labios, con voz rasposa y mal atinada, perfectas para hacerle saber su enorme asombro y las enormes ganas de correr en círculos y alterarse histéricamente.

Sabía que tarde o temprano volvería a ver sus arrogantes ojos, y su personalidad dominante, su sonrisa cálida y esos hoyuelos que prometían mentiras. Nunca había planeado hacerlo de esta manera… de hecho esperaba postergar su encuentro algo más de lo que pudiera, aún cuando se muriera por verlo.

-Tienes suerte de que haya sido yo el que te…–paro las palabras y se corrigió a si mismo enfatizando y entornando los ojos –las encontró en tan lamentable estado. ¿Qué dirían tus padres sobre esto Isabella?

Su comentario no hizo más que molestarla… ¿quién se creía? Y desde cuando era Isabella, solo la llamaban así cuando estaban o muy enojado o muy excitado… de lo cual no tenía derecho a enojarse.

-No me sermones Cullen, soy bastante mayor para saber lo que...

-¿para saber lo que haces? –Le riño satíricamente –Déjame recordarle a esa pequeña y obsoleta memoria que tienes que de no haber sido por mí te hubieras revolcado con un estúpido borracho de bar.

Él espero que Isabella le dijera algo de vuelta, pero no le daría el gusto. Hacia tanto que la joven no lo veía que su mente estaba más ocupada en detallar su persona. Era injusto.

Cristo… no debería haber hombres tan… tan así. ¿Qué ha sido de ti? ¿Qué habrás hecho con tu vida? ¿Habrás conocido a alguien más? ¿Te quedaras mucho tiempo?

Estas tan cambiado, tu voz es más potente. Tus rasgos más duros. Te ves tan igual y tan distinto, no has cambiado… ¿verdad? Seguirás siendo el mismo, seguirás queriendo vivir en el campo… ¿Quién eres ahora?

-Bella, es que ¿en qué mierda pensabas? -Ambos suavizaron su comportamiento. Edward relajó los hombros y ella dejó de arrugar la frente.

-En olvidar mi vida –le respondió sin detenerse a nada, como aquellas veces en que no contenía su lengua.

Sigues en tus mundos oscuros. Una palabra tuya y todo este tiempo se esfuma.

Edward la veía con sentimientos cruzados. Furia. Éxtasis. Deseo. Cariño. Odio. Repulsión. Anhelo.

-Veo que tomaste mi ropa. No te queda mal

-Antes te encantaba que la usara pensó Bella con tristeza que no sabía de donde venía. –No sabía que le paso a la mía.

-El vestido, sufrió un pequeño percance, pero en mi defensa debo decir que es muy difícil bajar el maldito cierre. –tenía esa mirada traviesa e inocente. Su confesión encendió las alarmas de su cabeza, endureció su rostro y con miedo y reminiscencia preguntó

-Edward… tu y yo no… tu… bueno nosotros no

-Nosotros ¿no qué?

Su pregunta era para que expresara en voz alta sus pensamientos era sofocante. Él quería que lo enfrentara y ella no estaba lista para hacerlo. Quería salir huyendo como pudiera. Quería esconder su persona por los siguientes mil años.

Dos personas, dos vidas, un mundo y todo era tan malditamente difícil con él. Siempre lo fue, pero ahora la tenía contra la pared.

Él se había sentado en la cama y ella a dos metros se recargó en el muro, casi buscando un poco de apoyo. Sentía su cuerpo frente al suyo, impidiendo su huida. Sus ojos recorriéndola con nerviosismo y desesperación. Y allí, en el fondo de sí misma, lo que no quiere reconocer… muy o tal vez no tan en el fondo, seguía allí, tan vivo como en su adolescencia, tan simple, voraz, e identificable. Seguía allí su deseo por ese hombre. Y el muy maldito lo sabía, sabía y estaba perfectamente consciente de sus hormonas haciéndole fiesta.

-Maldita Endocrinología…


I gave her laughter, she wanted diamonds
I was romantic, she treated my cruelly
Where is the mercy, where is the love?
You see, passion has a funny way
Of burning down and running low
And suddenly it goes out
And you wonder where does it go

She's a hard woman to please

Hard Woman -Mick Jagger


Por cierto, gracias a todos los que leen HD, es realmente sorprendente encontrar las visitas y los rw, son apenas algunos pero me han dejando una enorme sonrisa en la cara. Por favor, no paren de hacerlo, es lindo.

Ha y se me olvidaba. Voy a tratar de ser constante con las actualizaciones, de momento lo haremos cada semana, los viernes. :)

Lo que se siente como el final es a menudo el principio. V. O'H