El sol se estaba poniendo, y la intensa luz que entraba por la ventana teñía la habitación en varios tonos anaranjados. Allí solo había dos personas en completo silencio. Las puertas debían de estar a punto de cerrarse cuando uno de los dos rompió el silencio. Solo uno de ellos podía hacerlo.
-Lo que has hecho esta mañana por ese chico –dijo en voz baja, adaptándose a la repentina irrupción que su voz había supuesto en el tranquilo ambiente en el que habían estado envueltos hasta ese momento-. Ha sido muy considerado de tu parte.
Ella se encogió de hombros. Qué otra cosa podría haber hecho si no. "Era lo que tenía que hacer". Le habría gustado poder decirle eso. Colocaba las vendas alrededor de su mano con paciencia, calma, y con la mente en otra parte. De rodillas frente a él pensaba en que aquel había sido un día muy largo. Pensaba en que su ropa había terminado manchada de barro, y que había tenido que ducharse largo rato para eliminar los restos de hojas y demás cosas de su pelo. Pensaba en que ella tenía una herida casi idéntica a la suya en la misma mano, y que, a pesar de que las de él eran ásperas y secas, maltratadas, su tacto era reconfortante.
Tesla tuvo que parpadear varias veces para hacer desaparecer ese pensamiento de su mente, y estuvo segura de que había resultado bastante cómico. Él pareció no darse cuenta.
-Ojalá hubiera habido alguien como tú cuando llegué yo al Claro. Yo fui de los primeros en llegar aquí, ni si quiera tuve la oportunidad.
Tesla quería saber más sobre aquello, así que alzó la mirada y la posó sobre sus oscuros ojos rasgados. Él sonrió con un suave suspiro, una sonrisa que a ella siempre se le antojaba arrogante, como él mismo algunas veces.
-Habría dado lo que fuera porque hubiera habido alguien como tu allí, verducha.
Y tras decir aquello la revolvió el pelo, llevándose con aquel gesto la atmósfera extrañamente íntima que se había sumido sobre ellos. Tesla sacudió la cabeza y el rió. Ella cogió fuertemente su mano, como advertencia de que no se moviera más. Llevaba allí solo un mes y Minho la seguía tratando como si fuera la mascota del Claro. Lo bueno era que las pocas veces que habían hablado él lo había hecho con normalidad, actuando igual que con los demás clarianos. Eso era todo lo que ella quería. No tratos especiales, no miradas esquivas ni que Alby tuviera que mandar a Newt a que se asegurara de que nadie andaba cerca cuando ella tenía que ducharse. "¿Realmente alguien va a molestarse en intentar verme en la ducha?" pensaba ella cada vez que Newt se quedaba en la puerta de lo que eran los aseos. Lo único que no podía negarles fue aquella cara de confusión y tal vez de sutil grima cuando en el cargamento que se presentó posterior a su llegada al Claro habían aparecido unas cajas con lo que ella –no sabía como lo había recordado- supuso que eran tampones.
Minho era la única persona allí dentro que no la trataba como si fuera diferente, aparte de Newt, con el que había tenido más tiempo para entablar una pequeña relación de amistosa cordialidad. Le caía bien Newt, y sabía que a Newt también le caía bien ella. Solía pasarse a verla cuando tenía un descanso y ella estaba recostada en la hierba, sin nada que hacer. A veces se sentaba a comer con ella, y otras simplemente se quejaba de todo el mundo, incluido Alby, aunque siempre con una pequeña sonrisa. Newt aseguraba que le gustaba hablar con ella porque sabía escuchar. "¡Qué remedio!" había exclamado ella mentalmente, transmitiéndole ese pensamiento con la mirada. Newt cazaba sus gestos y les daba voz. Le caía bien Newt. Este le había dicho que las conversaciones que mantenía con ella eran las más inteligentes que podía mantener en aquel lugar. No era una gran amistad, pero ella estaba segura de que con el tiempo lo sería. Al principio Alby le mandó mantenerse cerca de ella, y la comunicación se había sentido algo forzada. Pero día tras día había fluido, y no resultaba incómodo en absoluto.
-Y lo que ha ocurrido con ese chico… yo lo he visto.
Tesla dejó de vendarle la mano para detenerse a pensar en lo que había dicho. Después siguió, como restándole importancia.
-Puedo decírselo a Alby.
Tesla negó rotundamente con la cabeza y le miró a los ojos con una expresión que denotaba clarísima determinación ante lo que estaba diciendo.
[***]
-Enhorabuena verducha, parece que vas a dejar de serlo.
Tesla no conocía a ese chico en absoluto, pero allí estaba, dándole la buena noticia entre aquella aglomeración de personas que se empujaban unas a otras. Tesla había intentado preguntar qué estaba sucediendo. Llevaba allí un mes y Newt era la única persona que parecía ser capaz de entender sus gestos. Sin embargo aquella única frase que aquel chico de cabello castaño considerablemente largo le había dicho fue suficiente como para que Tesla fuera consciente de lo que estaba pasando. Entonces comprendió que debían de estar concentrándose alrededor de la Caja. Ella acababa de despertarse, y al no encontrar a nadie fuera había corrido hasta donde se encontraban guiada por una inmensa curiosidad. Los clarianos murmuraban entre ellos y unas risas empezaron a escucharse, cada vez más altas. Se abrió paso entre el mar de cuerpos sudorosos y descuidados mientras se aproximaba al frente. Los comentarios ya no se escondían entre los susurros, si no que ahora iban dirigidos directamente al recién llegado.
-Es como una clonc con camiseta.
-Una clonc bien grande.
Risas se esparcieron por todo el coro como una ráfaga de viento inesperada. Cuando logró abrirse entre los clarianos lo vio, con sus ojos azules asustados y húmedos moviéndose en todas direcciones. Estaba rodeado de todos aquellos chicos claramente más mayores que él, con sus risas gorjeantes y voces raspadas mientras él, pequeño y solo, intentaba comprender aquellas palabras extrañas que salían de sus bocas, asustado y confundido. Tesla no lo dudó un segundo más y empujo a un chico que había a su lado, que acaba de decir algo que ella no había alcanzado a oír, pero por el modo en que él y sus amigos se reían, había sido igual de cruel que los comentarios anteriores o incluso más. Le dio un fuerte empujón en la espalda, haciéndole a un lado y provocando que chocara con otros clarianos. Se acercó al niño, que estaba aun allí quieto, con el labio temblándole por el llanto reprimido. Las risas parecieron amenizadas, pero los murmullos continuaron. Le agarró por los hombros y le miró directamente a los ojos, sin saber muy bien qué hacer. "Si pudiera hablar…" pensó.
-Parece que a alguien se le ha despertado el instinto maternal.
Tesla torció la boca en un gesto que denotaba cansancio y una creciente necesidad de golpear a alguien en el estómago lo más fuerte posible.
-¿Tiene algo que ver con esos días del mes?
Tesla se levantó en un momento, y con las manos firmemente apretadas en puños encaró a aquel chico, que retrocedió algunos pasos hasta darse con el muro de clarianos que observaban como si fuera alguna clase de espectáculo. Algunos chicos que habían estado en torno a ellos se habían acercado, expectantes. Pero antes de que pudiera hacer nada una voz firme y autoritaria se abrió paso entre el sordo sonido de los murmullos y siseos entre la pequeña multitud.
-¿Qué está pasando ahí?
Se oyó la voz de Alby, y ella cogió aire con fuerza. Estaba apenas cinco centímetros de la cara de aquel chico, que sonreía con sorna.
-Venga, díselo –se burló-. Cuéntaselo todo.
Tesla sintió que el rostro le ardía de la rabia, y estaba segura que sus orejas debían haber adquirido un intenso color rojo. Pero, aun así, soltó todo el aire aun sin apartar su mirada de odio y abrió los puños. Para cuando Alby y Newt habían llegado ella estaba en una falsa posición relajada, pero su mandíbula estaba apretada, tensa.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Alby, y quedó claro que no pensaba repetirlo más.
El chico miró a Tesla y sonrió ladinamente.
-Nada –aseguró encogiéndose de hombros.
Alby miró a Tesla, con el ceño fruncido.
-¿Hay algún problema?
Tesla le miró a los ojos un instante y luego apartó la mirada. En su recorrido hacia el suelo se topó con los de Newt, cuya expresión era la misma que la de Alby. Finalmente ella negó. Las cosas podrían haber sido peores si alguien no se hubiera dado cuenta de que el pingajo nuevo había desaparecido.
Todo el mundo salió en su busca, temiendo que hubiera entrado en el laberinto, cuyas puertas estaban ya abiertas. Sin embargo Tesla le vio antes de que la espesura del bosque se lo tragara como si el pequeño hubiera entrado en la boca de un horrible animal. Le había encontrado entre los árboles, sollozando recostado contra un tronco de gruesa y pálida corteza. Él había atinado a salir corriendo, pero pareció como si al darse cuenta de que era ella y no uno chico hubiera cambiado de opinión. Le había hecho un montón de preguntas con voz temblorosa y ella se había arrodillado junto a él.
-Quiero irme a mi casa –le había dicho-. Pero ni si quiera sé si tengo una.
Cuando Newt, y tres clarianos más aparecieron entre los arboles ella les indicó que se fueran. Ellos prefirieron no discutir. Algunos minutos después él se calmó, habiendo intuido que ella no podía hablar.
-Me llamo Chuck. Es lo único que recuerdo.
[***]
-La próxima vez que me corte con un cuchillo recuérdame que deje que se infecte en lugar de venir aquí a sentarme y ver cómo me miras con esa cara de "ya te lo dije".
Tesla puso los ojos en blanco. Estaba guardando las gasas mientras Minho se examinaba la mano con interés. Oyeron los pasos en la escalera, y segundos después Newt estaba en la puerta con una expresión exhausta en el rostro. Resopló y luego dijo:
-Que alguien calle a ese pingajo o lo meto de una patada en el laberinto.
Tesla había dejado a Chuck con Newt cuando este se hubo calmado. Newt había decidido que él le guiaría en su visita por el Claro ya que seguramente lo último que Alby necesitaba aquel día era hacer de canguro. Al parecer, fue buena idea.
-¿Te está dando problemas el verducho? –rió Minho, dándole una palmada en el hombro.
-No me hagas hablar.
Tesla les escuchaba desde el otro lado de la pequeña habitación, pero ambos se quedaron en silencio. Newt le hizo a Minho un ademán con la cabeza, señalando la puerta. Minho miró una vez más a Tesla y después se marchó con una extraña sonrisa. Cerró la puerta tras de sí, y todo quedo sumido en un extraño silencio, una calma ensordecedora, como si aquella habitación estuviera aislada de todo lo demás. Ella estaba de espaldas, esperando a que él hablase, aunque no le quedara otro remedio. Newt se rascó la nuca y dio un par de pasos hacia donde ella se encontraba, sorteando la cama.
-¿Vas a contarme lo que ha pasado esta mañana?
Tesla se giró hacia él, cansada. Había sido un día muy largo como para que todo el mundo quisiera remarcarle el hecho de que un idiota se había burlado de ella en su propia cara. La sangre la hirvió como aceite ardiendo, asentándose en su pecho y desembocando una nueva oleada de frustración y grandes ganas de gritar que se quedaron en un pesado suspiro. Newt pareció cogerlo y se acercó más a ella, intentando amenizar la conversación.
-Solo quiero saber si ese pingajo se ha pasado de la raya. ¿Te ha molestado?
La neblinosa imagen de un padre junto a una niña pequeña se hizo visible en su imaginación, como un recuerdo de caras borrosas. No distinguía caras, ni tampoco ningún sonido, solo la voz de un hombre formulándole a la niña pequeña la misma pregunta. Fue solo una fracción de segundo, como un destello. Así era como se había sentido por un momento, como una niña pequeña. Tesla no pudo evitarlo y puso los ojos en blanco, dándose la vuelta de nuevo sin siquiera mirarle a los ojos.
-Bueno, perdona si me molesto –dijo Newt, con voz rasposa y grave, claramente molesto.
Se dio la vuelta, con sus pies pisando fuertemente el suelo de madera que crujía a cada paso que daba hacia la puerta. Notó como alguien le agarraba del brazo y se volvió para encararla, aquella cara que estaba pidiendo perdón. Ella resopló e hizo uno de aquellos gestos, y él entendió que le estaba diciendo que no quería hablar de ello.
-No encerramos a nadie en el Trullo por ser un gilipullo –dijo con voz calmada, aun manteniendo el ceño fruncido, como acostumbraba a hacer cuando hablaba sobre algo importante, como si intentara concentrarse-. Solo quiero que me digas la verdad porque si suceden cosas como esta y descubro que no me las estas contando no voy a poder…
Newt cogió aire, exhaló un hondo suspiro y cerró los ojos. Entonces, con voz baja pero firme, casi casual, preguntó:
-¿Ha sucedido esto antes? –Tesla negó con la cabeza-. Tesla –la llamó, demandante.
Tesla volvió a negar y él se humedeció los labios como si fuera a decir algo, pero no lo hizo. En su lugar la miró, aun con aquel semblante adusto y aquella mirada seria. El silencio se había sumido de repente sobre ambos, y cuando Tesla se dio cuenta de por qué se sintió tan estúpida que estaba segura de que preferiría pasar la noche en el laberinto a mirar a Newt a la cara y descubrir qué clase de mirada la estaba echando. Sus manos seguían firmemente agarradas al brazo de él, gesto del que se deshizo con un movimiento tan brusco que si había intentado ser discreta obviamente no lo había conseguido. Pero el rostro de él no había cambiado, segía tan serio como antes y pareció no darle la más mínima importancia.
-Quiero que me lo cuentes la próxima vez que suceda algo como lo de hoy –dijo mientras se daba la vuelta, y cuando terminó se volvió para añadir-. Tú ya me entiendes.
Ella asintió, aun sintiendo el rubor en sus mejillas, maldiciéndose a sí misma por lo estúpida y ridícula que debía de parecer en aquel momento. Newt la miró de arriba abajo antes de soltar otro suspiro –había habido demasiados en aquella habitación aquel día- y decir:
-Vamos a cenar.
