Reencuentro

Luego de haberle escrito una breve respuesta a Moody, Harry se sentó en la desvencijada cama y pensó en todo lo que estaba pasando. Tendría que confiar ciegamente en que Hermione había encontrado la solución para el problema de su primo. Estaba demasiado preocupado como para retomar el curso habitual de sus pensamientos, los Horcruxes, por lo que decidió bajar a tomar su desayuno para luego dormir nuevamente.

Cuando llego a la cocina, el ambiente estaba bastante tranquilo y nadie le dirigió la palabra, ni siquiera para molestarlo. Harry comió lo que le había preparado su tía, lo más rápido que pudo y subió nuevamente a su habitación.

Deseaba dormir toda una semana de corrido, acortando así el tiempo que le quedaba para ver a sus amigos y se maldijo por no poder realizar un hechizo silenciador, para dormir con más tranquilidad.

La semana paso con una rapidez que sorprendió a Harry, sin más inconvenientes que algún otro jarrón roto. El día que tanto esperó había llegado, Harry vería a Ron y a Hermione esa misma noche y estaba tan ansioso que cuando se levanto olvido sus gafas y tropezó con la mesa de luz. Había arreglado su cuarto para que fuera un lugar presentable y tía Petunia se había encargado de colocar dos colchones para sus invitados. Harry observó su habitación ordenada y pensó que no era tan malo como parecía, pero luego se retractó, con miedo de estar tomándole algún cariño a aquella casa.

Permaneció casi todo el día dentro de su cuarto, saliendo únicamente para alimentarse e ir al baño. Miraba el reloj cada dos minutos nervioso, más por la reacción de sus tíos que por el reencuentro. Estaba totalmente seguro de que Hermione sabría exactamente como tratar a los Dursley, pero sentía miedo por Ron. Habían convenido que debían llegar a la noche para no despertar sospechas, y que les dirían a los vecinos que estaban recibiendo a dos de los más aplicados compañeros de Harry en el reformatorio, para que el chico pudiera seguir su ejemplo.

A las 9:00pm en punto, sonó el timbre.

Harry se precipito escaleras abajo para ganar tiempo y abrir la puerta, pero tía Petunia estaba parada frente a ella, lo miró, se infundió valor y abrió la puerta. Ron estaba bien vestido y traía con el una pequeña maleta; Hermione iba equipada de igual manera y llevaba además un pequeño bolso de mano.

- Buenas noches Sra. Dursley – Saludó Hermione, que tenia un especto muy presentable, casi formal, el pelo recogido en un moño, y una vestimenta digna de una señorita inglesa – Mi nombre es Hermione Granger, soy amiga de Harry, él es Ronald Weasley.

- Buenas noches – Dijo únicamente Ron mientras sus orejas adquirían color rojo.

- Adelante – Tía Petunia miró nuevamente a Harry, pasó la mirada hacia la casa de enfrente, saludo a una vecina y con expresión seria y contrariada dijo – Bienvenidos.

Los dos chicos entraron mientras tía Petunia cerraba la puerta y se sentaba en el sillón a mirar la televisión. Miraron a Harry sonrieron y Ron inspeccionaba la casa en el momento en que Hermione decía:

- Buenas noches Harry ¿Dónde puedo dejar mi bolso?

- Ve-ven, sígueme – Tartamudeo, impresionado por la poca efusividad de su amiga.

Tomó el bolso de Hermione y se sorprendió de que pesaba más de lo que el esperaba, se imagino que ambos le habían realizado un encantamiento de extensión indetectable y sonrió.

Subieron la escalera, entraron al cuarto y cuando Harry cerró la puerta se abalanzaron sobre él.

- ¿Cómo estas? – Susurraron al mismo tiempo sus amigos.

- Bien, debo felicitarte Hermione, me has dejado impresionado. Ron, no tienes porque estar nervioso, esta también es mi casa.

- Yo no estoy... – Replicó pero Harry no lo dejó terminar.

- Tus orejas Ron, tus orejas – Dijo y Hermione ahogó una risa.

Harry los puso al día y les contó sobre su charla con tía Petunia, sobre Dudley y les advirtió sobre los cuidados que debían tener para que no los echaran de la casa de sus tíos. Pasaron la noche conversando y casi no durmieron, al despuntar el alba, Harry arregló su cama para Hermione y durmió en uno de los colchones, al igual que Ron.

Cuando despertaron Ron estaba dándole de comer a Hedwig y leyendo el profeta que le había llegado a Hermione, que se encontraba en la puerta de la habitación, indecisa.

- Harry, ¿Cómo vamos a hacer para convivir con tus tíos?

- Tranquilo Ron, los tres van a irse a una exhibición de autos antiguos y pasaran fuera la mayor parte del día. Mañana será otro día, ya nos arreglaremos.

- ¿Dónde se encuentra el baño? Preguntó Hermione

Luego de vestirse, bajaron a desayunar. Hermione se ofreció a prepararlo mientras Ron traía una maleta que habían arreglado especialmente para la comida, concientes de que los tíos de Harry no les brindarían alimento.

- Lamento que hayan tenido que traer todo esto – Se disculpó Harry mirando la maleta rebosante de ingredientes.

- ¡No hay problema compañero! – Dijo Ron con entusiasmo mientras le alcanzaba un paquete a Hermione.

- Odio no poder usar magia e impedir que ustedes también lo hagan, lo único que he causado son molestias.

- No te aflijas Harry, sabíamos a lo que nos enfrentábamos cuando decidimos acompañarte a destruir los horcruxes, además no es algo que tu puedas controlar, el rastro dejara de funcionar en unos días, ten paciencia y todo acabara bien – Sentencio Hermione. – Debemos preocuparnos por cosas que realmente importen, por ejemplo, que vamos a hacer con Dudley; lo que Dumbledore hizo es algo que se escapa de nuestras posibilidades como magos, y sabemos que ha dejado de funcionar ahora que el profesor esta muerto. He leído, he buscado y he encontrado cosas que nos sirven hasta cierto punto, ya que ninguno de los libros en los que busqué explica como hacerlo ni que hechizo pronunciar y dudo que alguno lo haga. Estamos en un punto muerto, para hablar con el profesor Dumbledore debemos ir a Hogwarts – Viendo la cara incrédula de sus amigos, les explicó del cuadro que le correspondía por haber sido director – y estoy segura de que ya hemos decidido que no vamos a volver.

- Pero Hermione, para volver a "atar" la magia de Dudley necesitas hacer magia, y Harry aun tiene el rastro sobre él – Discutió Ron

- Ya lo se Ronald, por ese motivo, creo que lo mejor es que rompamos el encantamiento de protección de Harry antes de que cumpla los diecisiete. Esperen, déjenme terminar – Aclaró – El encantamiento se romperá cuando alcances la mayoría de edad, o bien, cuando dejes de llamar hogar a esta casa; por lo tanto, si te vas de esta casa para siempre, y decides nunca más volver, el encantamiento quedara sin efecto, en ese momento "atamos" la magia de Dudley, nos marchamos de aquí, y de esa manera, la orden tendrá que venir a buscar a los tíos de Harry para trasladarlos con mis padres antes de tiempo.

- Aún no entiendo lo del rastro... – Dijo Ron

- Verás, he estado pensando, y si nos vamos el mismo día del cumpleaños de Harry, hay más probabilidades de que Voldemort este al acecho para tratar de matarnos. Si rompemos la protección y el rastro al mismo tiempo, vamos a tener más posibilidades de escapar con vida de aquí. Además dudo que el ministerio esté limpio de mortífagos, por lo tanto, si hacemos magia cerca de Harry e infringimos la ley, los mortífagos y el ministerio sabrán que estamos planeando escapar y vendrán hacia aquí.

- Hermione, ¿Lo que tu propones es adelantar mi partida? Porque si es así, debemos avisar a la orden y prepararnos, ya que supongo que tendría que ser lo antes posible.

Ahora que lo pienso, tiene más sentido, ya que Voldemort debe pensar que saldré de aquí el día de mi cumpleaños.

- ¡Exacto! Contamos con el elemento sorpresa que nos da muchas más posibilidades. Ya mismo voy a buscar pergamino y tinta para escribirle a la orden, ¿Harry, me prestas a Hedwig?

- Si, puedes tomarla. Ten cuidado con tus palabras Hermione, no reveles nada más que lo esencial y explícale a Hedwig que debe ser precavida.

- De acuerdo. Apresúrense a comer y apronten sus cosas, partimos esta noche – Declaró. Harry se atraganto y comenzó a toser a la par de Ron, salir tan pronto tenia sentido, pero...