- ¿Tu casa queda muy lejos de aquí? – preguntó, sacándola del estado de vergüenza.

- Sí… más o menos, si caminamos será como una hora y media.

- ¿Estás muy apurada por volver?- sostenía la mirada en los ojos de Yuzu.

- N- no osea ss-si…no sé – dijo finalmente la rubia totalmente dominada por los nervios.

- Asumiré eso como un "No".

- ¿Para qué preguntas si puedes leer la mente?- alegó intentando resguardarse de la situación.

- Solo puedo si me concentro, en general eso sucede en momentos que requieren toda mi atención, como el anterior donde era importante saber que sucedía en el ambiente- se justificaba Mei.

Yuzu se quedó en silencio, había comprendido que ella en situaciones de necesidad usaría ese poder. Igual le preocupaba el hecho de que pudiera saber lo que pensaba, intentó imaginarse hasta lo más ridículo para quitar de su mente cualquier pensamiento que tuviera que ver con ella pero, era imposible. Su aroma, su cabello, su piel, sus ojos… demonios… todo- se decía - ¿a Harumin le pasará lo mismo que a mí con su presencia?, quizás es consecuencia de su poder vampírico, atraer así a la gente y cosas así - cuestionaba. Seguían caminando, Yuzu cruzaba los dedos para que Mei no se diera cuenta de nada.

- ¿Quieres que vayamos volando?- preguntó de pronto la vampira.

- ¿Cómo?- dijo la rubia con los ojos grandes de sorpresa.

- Sigue siendo tu cumpleaños- respondió seria.

- ¿Me estás dando un regalo?...

- Si no quieres, no…- la voz de la rubia le interrumpió enérgicamente.

- ¡Si quiero!- gritó con emoción, a lo que Mei extendió su mano para tomarla del rostro.

Yuzu no entendía por qué fue que la tomó de esa manera, pero se dejó llevar por esa mano que acariciaba y tomaba su barbilla y la atraía hacia su cuerpo. Como un hechizo, cayó bajo el poder de los ojos fríos pero expresivos de Mei, que con su otra mano la tomó de la cintura, comenzando a flotar. Levitaron hasta lo más alto que podía llevarla, se veía toda la ciudad como si estuviera desde un avión. Yuzu estaba maravillada pero indecisa, no sabía si admirar las nubes y el paisaje o a aquella mujer tan bella frente a sus ojos. Después de unos segundos se decidió -Definitivamente, eres lo más hermoso que he visto en vida- pensó, escondiendo su cabeza en el pecho de Mei. La vampira no pudo ocultar su asombro por la comodidad con que se hundía en ella, por suerte Yuzu no la miraba, la poca sangre que le quedaba se le había subido a las mejillas.

- Cuando el frío de la altura comenzaba a afectar a la rubia, bajaron al suelo y seguir la ruta caminando.

- Me-Mei… - pronunció tímida.

- Dime.

- ¿Por qué… por qué eres así conmigo?, no lo entiendo.

- ¿Así como?... -levantaba una ceja.

- Me… confundes… - dijo Yuzu mordiéndose el labio inferior por la ansiedad.

- Yuzu… - susurró con voz grave.

- Dijo mi nombre- se sacudía por dentro - ¿Qué?- preguntó intentando sonar segura.

- Ya llegamos.

Efectivamente, era la casa de Yuzu la que estaba frente a ellas. Decepcionada, la rubia jadeó mirando hacia el cielo. Estaba asumiendo que este era el final de aquella adrenalínica noche de cumpleaños y que tal vez nunca más volvería a ver a Mei.

- Muchas gracias por todo Mei, sin ti… ni Harumin ni yo estaríamos vivas.

- Ya les expliqué la situación, era mi territorio y estaba siendo invadido, si les permitía alimentarse en el, después otros habrían venido a hacerlo- explicaba seria.

- Pero… aún así, te tomaste la molestia de salir de tu territorio a buscar a mi amiga… y bueno…, gracias – se limitó a responder.

- Harumin tiene mi número- respondió mirándola a los ojos.

- Ah, si… que… bien. – balbuceaba Yuzu sin saber que decir.

- Te volveré a ver.

El corazón de Yuzu se fue al infinito y más allá con esa frase, si no se moría de taquicardia era un milagro. Su mano se hizo un puño que acercó a su pecho, respiró profundamente, sosteniendo la mirada hacia Mei. Esperó hasta que ésta volvió a hablar.

- Esta es la madrugada de tu cumpleaños, aún queda el día y la noche- comentó insinuante.

- ¿Qué significa eso?- decía Yuzu en su ignorancia.

- Tu día aún no termina y quizás puedo regalarte algo más.

- ¿Regalarme?... pero si apenas nos conocemos y…

Al decir esas palabras, la vampira se desvaneció en el aire, dejándola sola frente a la puerta de su casa. Los primeros rayos de luz comenzaban a asomarse, afligiendo a los ojos de la rubia que se habían acostumbrado a la oscuridad, eran las 7 de la mañana y recién iba a conciliar el sueño, si es que lo lograba.

A las 12 del día la despertó su madre junto a su mejor amiga, que venían con una torta cantando el feliz cumpleaños. Una vez que su madre se retiró de la habitación, la castaña comenzó con la inquisición. Yuzu no tuvo más remedio que contarle lo que había pasado, sonrojándose cada vez que pronunciaba el nombre Mei, Harumi la observaba sin molestarla. En el fondo disfrutaba verla de esa manera, aunque una pequeña presión aparecía en su pecho- ¿Estoy celosa?- pensó con la voz de la rubia de fondo, ya no la escuchaba más.

- EEEY Harumin! – gritaba haciendo señas con sus manos delante de su cara.

- ¿Qué?, lo lamento me perdí entre tanto romanticismo…- respondía sarcástica.

- Que mala eres, pero tú querías saber, oye… es verdad que…

- ¿Qué tengo su número?, si es verdad… - su mirada se tornó sigilosa - Si lo quieres tienes que hacer algo por mí Yuuuzu chi- sonreía abiertamente al dibujar la letra i en su boca.

- Dime…

- Bésame

- Jajaja, ¿estás de broma?, Harumin ya no seas ridí…

Las palabras de Yuzu se vieron cortadas por una seductora y atrevida Harumi que la había empujado sobre la cama, colocándose sobre ella. Sus ojos chocaron, sin poder esquivar las miradas, el silencio solo permitía que sus acelerados corazones explotaran en sus oídos. La castaña se acomodó abriendo más sus piernas para así acercarse más a la rubia que no se movía de la impresión. Podía sentirla aproximándose a su boca, el calor de su aliento, cerró los ojos moviendo el rostro hacia un costado, la respiración y el aire que brotaba de la nariz le indicaba que ahora estaba en su cuello. Esperaba los labios de Harumi, pero solo la sentía respirar, la sostenía de las muñecas que sin aviso apretó con fuerza, provocando que la rubia liberara un agudo y suave quejido. Yuzu estaba nerviosa, todo había sido muy rápido y ya estaba sometida a la situación como para llegar y quitarse de encima a su amiga.

- Ha-arumin ¿Qué haces?... – preguntó intentando romper la atmósfera.

- Nada Yuzu, solo quería comprobar algo- decía con tono de decepción.

- ¿Qué querías comprobar?

- Que no me gustas

- ¡¿CÓMO?!

- Eso... es que... me sentí celosa cuando hablaste de Mei y quise ser ella para ti… entonces pensé que si te besaba podía saberlo… pero la verdad es que soy incapaz de hacerlo. Porque simplemente te quiero demasiado como mi amiga y no eres mi tipo en realidad.

- ¿Cómo que no soy tu tipo? – replicaba infantilmente.

- ¿Querías que si me gustaras?

- Nn…no , no, no, ridícula, ¿ por qué me haces esto?- decía nerviosa y sonrojada sin saber si era por vergüenza o rabia.

- Tranquila, para que veas que está todo bien y que aquí no ha pasado nada, ten… este es el número de Mei.

Yuzu anotó el celular de la vampira rápidamente, solo por si su amiga se arrepentía o le pedía alguna otra cosa a cambio. El resto del día se lo pasó junto a ella paseando, comiendo helado, comprando ropa y jugando play station en casa. Mamá no se quedaba esa noche y después de la experiencia pasada no tenían mucho ánimo de Disco, pero sí de bailar en la sala.

- Mira lo que encontré querida- habló Harumi animada.

- Mentira… ¿dónde estaba?.

- Por ahí, por ahí, tú sabes que si Harumin no va al vodka, el vodka viene a Harumin- sonreía victoriosa.

Ambas bebieron y bajaron un poco más de la mitad de la botella, ya eran las 8:30 pm, habían bebido como por una hora y medía y estaban echadas en el sillón hablando incoherencias. Uno de los efectos del alcohol, es dar el coraje y estupidez necesarios para hacer cosas que sobriamente no se harían.

- Voy a llamar a Meeeei- dijo con voz determinada la rubia cogiendo su celular.

- Nooo, Yuuuzu piénsalo bien, mira como estás- advertía su amiga.

- No, si va a venir, ya vas a ver, además ella dijo que me iba a dar un regalo- hablaba altanera.

- No creo que sea buena idea, se puede molestar, además estoy aquí y de seguro te quiere ver para ella soooooliiiitaaaah- alegaba perdiendo la dicción y cayéndose al suelo .

- Shhhshs Harumin, está marcando el celular.