I Knew I Loved You

Por Giosseppe y Cacell

Capítulo 3: Pero algunas cosas no las cuestionas

- Hola, Harry. Creo que es mejor que te sientes.

Harry parpadeó varias veces, recordando justo a tiempo sus modales y reteniendo el impulso de estallar a preguntas-. Err… Buenos días –balbuceó. Vod abrió por completo las puertas y empujó a su amo adentro, dedicándole una sonrisa que desde el punto de vista de Harry parecía diabólica si considerabas su actual situación.

Draco siguió fulminando con la mirada a Harry, estrechando tanto los ojos que apenas si se notaba que estaban abiertos. Luego le dirigió una mirada de profundo rencor a su madre y volvió a girarse hacia la ventana.

- Vamos, Harry –insistió Narcissa-. Siéntate. –Luego se dirigió hacia el elfo-. Hm… Vod¿verdad? –preguntó haciendo fuerza de memoria. El elfo asintió vigorosamente-. ¿Te importaría traernos algo de té? –pidió con una amable sonrisa.

Vod pareció resplandecer de alegría y desapareció con un "pop", dejando a Harry a solas con dos Slytherins. Lentamente, el morocho hizo su camino hasta una butaca situada frente al sofá donde estaba la Sra. Malfoy, demasiado confundido como para formular cualquier pensamiento coherente. Se tomó todo el tiempo del mundo en sentarse y no le quitó la vista de encima a Narcissa ni por un momento.

- Harry, no vinimos aquí para hacerte daño –tranquilizó la rubia con la misma suave sonrisa.

Draco pateó el piso sin dejar de darles la espalda y bufó-. ¡Vámonos a casa, madre¡Obviamente esto es una pérdida de tiempo!

- No hasta que Harry oiga lo que tengo que decir. Hazme un favor y deja tu impaciencia por un momento –reprendió Narcissa con voz severa-. Que si mi memoria no me engaña, tú fuiste el que salió corriendo hacia aquí.

Draco resopló, levantó las manos en señal de derrota mientras rodaba los ojos y fue hasta el sofá donde estaba su madre, dejándose caer en el posabrazos. ¡Ni con una mierda se casaría con Harry Joder Potter¡Ni siquiera podía imaginarse qué se les había pasado por la cabeza a sus padres para comprometerlo con un Potter, de entre todos los magos del mundo! Por más que quisiera engañarse y pensar que tal vez Potter no fuera su pareja y sólo estuviese misteriosamente relacionado en el asunto, la opresión en su pecho nunca se había hecho tan fuerte como cuando él había entrado por esa puerta.

"¡Malditos genes, malditas costumbres, malditos Veelas, malditos mis padres, malditos sangre pura, maldito POTTER y su manía de joderme la vida!"

Harry tragó saliva por lo que parecía ser la enésima vez en el día. ¿Draco Malfoy había querido ir a verle? Eso no podía significar nada bueno. Seguro que Lucifer estaba disfrutando la nieve en el infierno.

Narcissa estudió a Harry un momento, tratando de figurarse por dónde sería mejor comenzar. Vod reapareció con otro "pop", cargando una bandeja de plata con tres tazas de té y un plato con galletas. Luego de apoyar la bandeja en la mesita ratonera, se paró al lado de su amo con una sonrisa tan descomunalmente ancha que lucía atroz en su ya de por sí desproporcionada cabeza.

Narcissa tomó la taza más cercana a ella y le dio un sorbo tranquilamente. Harry empezaba a impacientarse y Draco ya tamborileaba con los dedos sobre una pierna.

- ¿Por qué están…? Quiero decir¿qué los trae por aquí? –preguntó Harry tratando de ser casual. Narcissa apoyó la taza lentamente sobre su platito y miró fijamente al morocho.

- Algo que debió habernos traído hace mucho tiempo –dijo serenamente. Suspiró-. No creo que estés enterado de tu herencia.

- Hm, no –balbuceó Harry-. Apenas ayer supe que mis padres habían tenido esta mansión.

- ¿O sea que tampoco sabías de este lugar? –preguntó la rubia, aparentemente sorprendida-. Increíble –murmuró en tono amargado, preguntándose qué tanto no sabría el chico-. Tengo algunas noticias para ti…

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Harry parpadeó. Dos veces para asegurarse de que no estaba soñando, ya que no podía permitirse el lujo de pellizcarse frente a sus "invitados".

¿Veela¿Él? De seguro habría algún malentendido, quería decirle a la Sra. Malfoy, pero de pronto su voz había decidido empacar sus maletas e irse de viaje por tiempo indefinido. Él y su suerte. ¿Es que no podía ser un mago normal¡Nooo¡Tenían que cagarla sus genes, que muy contentos iban a decirle que tenía que casarse con una de las personas que más odiaba y hacer supiera Dios cuántas cosas más con él! Bueno¡y con una mierda! Él era heterosexual, muchas gracias. No pensaba poner un dedo encima de Malfoy ni aunque su vida dependiera de ello. No era como si valorase mucho su vida de todos modos. ¡Ni hablar de dejar que el hurón le pusiera un dedo encima a él¡No! Cuando finalmente había creído que había logrado algo de control sobre su vida, venía la persona más despreciable que conocía a decirle "Lo siento, verás, tu vida es mía, y harías bien rindiéndote de una jodida vez".

Y sinceramente no entendía qué tan bueno tenían los Malfoy para que sus padres hubiesen decidido, considerando que todo el asunto ese de ser Veela fuese cierto, comprometerlo con uno de ellos¡de entre todos los jodidos magos del mundo! Una parte de su cerebro se negaba rotundamente a creer las palabras de la Sra. Malfoy al decirle que en antaño ella y Lily habían sido muy buenas amigas, que James había llegado a llevarse bien con Lucius, y que con la ayuda de sus padres ellos habían podido hacer de espías para la Orden del Fénix en la primer guerra contra Voldemort.

No, ahí tenía que haber trampa. ¡Algo! Cualquier cosa con lo que pudiera culpar a los Malfoy de todo y pudiera librarse de esa tontería a la que lo habían sometido sus padres.

Draco eligió ese momento para bufar despectivamente y mirar con su característico gesto de superioridad a su madre-. Ja, no me casaré con un epiléptico con ausencias mentales tan largas que babea la alfombra –dijo arrastrando las palabras.

Narcissa le envió a su hijo una mirada fulminante antes de dirigirse hacia Harry con su mejor intento de sonrisa piadosa. Harry ignoró olímpicamente el insulto y obvió la inquietante presencia del rubio en la habitación-. Si en mi familia hay sangre Veela –dijo, frunciendo el ceño-¿cómo es que mi padre se casó con mi madre, que era hija de muggles? Los muggles no pueden tener sangre Veela¿verdad?

- No, no –respondió Narcissa como si fuese repudiable sugerir semejante cosa-, por supuesto que no. Verás, el gen Veela suele saltarse generaciones ocasionalmente, sobre todo cuando es tan débil como el de los Potter, que lo recibieron hace mucho tiempo de una Black. Y los Black tampoco llevan el gen muy fuerte, permíteme decirte. El gen también suele saltearse miembros de la propia generación. En mi caso, por ejemplo, yo tengo sangre Veela, pero mis dos hermanas no; he allí la diferencia entre nuestro cabello y ojos, los míos son característicos Veela. Presumo que el gen en ti será tan débil que también has perdido esos rasgos, pero definitivamente tienes sangre Veela corriendo por tus venas, eso fue probado antes del ritual.

- ¿Qué ritual?

- El ritual con el que se compromete a los bebés Veela... Lo siento, se me olvida que nadie te ha instruido estos temas –se disculpó Narcissa, ceñuda-. Es algo muy sencillo. Se intercambian unas gotas de sangre entre los bebés en su primer cumpleaños, básicamente. Por eso los magos de sangre pura tenemos tanta fama de matrimonios arreglados. La sangre Veela es algo común entre nosotros y celebramos reuniones una vez al año para presentar a los recién nacidos y escogerles una pareja. Aunque claro que como tus padres, Lucius y yo decidimos comprometerlos, no hubo necesidad de tal reunión.

Harry sintió que acababan de firmar su sentencia de muerte. ¿Ritual? Estúpidos magos¿no podían hacer sus compromisos con meras y simples palabras como los muggles? Estaba seguro de que de algo así (se) habría podido zafar, pero ahora…

Narcissa pareció tomar el segundo trance de Harry como señal de retirada, alisándose la túnica y poniéndose de pie mientras decía algo que Harry no alcanzó a oír. Harry se preguntó nerviosamente qué debía uno decir en una situación así, pero pronto decidió que tales situaciones no entraban en la norma diaria para comenzar. De repente notó que Narcissa le miraba con una sonrisa divertida, y a tropezones se acercó a la puerta para abrírsela.

En ese preciso momento su pelirrojo amigo subía las escaleras hecho una furia, mientras su novia y el elfo que había ido a notificarle a Vod de la presencia de los Malfoy en el desayuno trataban de detenerle jalándole de la ropa.

- ¡¿Y este idiota qué hace aquí?! –exclamó al llegar a la puerta que Harry sostenía abierta. Draco pareció resplandecer de alegría por tener finalmente algo con lo que entretenerse, y caminó hacia él con gracia felina.

- Pero miren quién está aquí –dijo Draco con evidente regocijo-. Ey, comadreja¿cuánto te apuestas a que este estudio vale más que tu casa entera? Ah, lo siento, olvidé que no tienes ni un knut para apostar –dijo con una sonrisa maliciosa. Ron empezaba a ponerse rojo de ira mientras fulminaba al rubio con la mirada.

- Harry, amor –prosiguió, acercándose hacia él y poniendo una mano en su cadera para atraerlo a su cuerpo-, deberías contar los jarrones, temo que este pobretón quiera robar uno. Seguro que con lo que valen puede comprarse una vida.

Harry frunció el ceño sin saber qué decir, sintiendo que su cabeza estaba demasiado sobrecargada como para importarle el hecho de que Ron estaba por echarse al cuello de su prometido. Hermione miraba con los ojos muy abiertos la pálida mano que descansaba sobre la cadera de su amigo. Harry la apartó de golpe, murmurando por lo bajo "no me toques". Narcissa parecía indecisa entre reprender a su hijo y preocuparse por la situación, por lo que prefirió mantenerse al margen. Vod había desaparecido, y Harry no pudo evitar imaginárselo riendo cruelmente a todo pulmón en la punta más alejada de la mansión.

El morocho le dirigió una mirada del más profundo odio a Draco, quien sólo sonrió con arrogancia, mientras le urgía salir de allí. No quería estar tan peligrosamente cerca de Malfoy. No quería soportar la sonrisa presuntuosa de Narcissa. No quería tener que encargarse de que su amigo no le partiera la nariz a Malfoy. Y por sobre todas las cosas, no quería explicarle a Hermione porqué Draco le había llamado "amor". Malfoy, Malfoy, no Draco. Tenía un impulso incontrolable de correr hacia su habitación y dormir hasta el nuevo milenio, o hasta que alguien le dijera que todo había sido una pesadilla. Lo que sucediera primero.

- Draco, querido, volvamos a casa. Creo que ya hemos dicho todo lo que debíamos –dijo Narcissa fríamente, mirando con desaprobación a los amigos de Harry. Obviamente no apreciaba la grosera interrupción de su reunión. Draco asintió y salió del estudio, pechando poco disimuladamente a Ron en el camino. El elfo que había seguido al pelirrojo se incorporó de pronto y se dispuso a guiar a los Malfoy hacia la salida. A Harry no le habría importado menos si los dirigía hacia la puerta o hacia el mismísimo infierno.

Antes de llegar a la escalera, Draco se volteó hacia Harry con una sonrisa torcida y le dijo-. ¿No hay beso de despedida?

- No hasta que aprendas a comportarte –respondió Harry amargamente-... Púdrete en el infierno.

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Poco después se encontró a sí mismo sentado en el sofá de su cuarto, frente a una bandeja de aperitivos que Vod, saliendo de la nada con una sonrisa de oreja a oreja, les había llevado. Ron estaba sentado en una butaca a su derecha con los codos sobre las rodillas y el ceño fruncido. Hermione estaba en la otra butaca, a su derecha, mirando a Harry preocupada mientras abría y cerraba la boca ocasionalmente, sin atreverse a preguntar nada.

Harry decidió romper el silencio, pensando que si no terminaba la situación pronto se volvería completamente loco.

- Soy un Veela –soltó súbitamente. Los ojos de Hermione se abrieron como platos y sus cejas rozaron el nacimiento de su cabello.

- Pero… eso no… ¿Cómo es que…¿Podría ser que Malfoy…? –balbuceó.

- Malfoy es mi prometido.

- ¡¿Qué?! –gritó Ron, golpeando las palmas de las manos contra sus rodillas-. ¡Ni de puta coña¡No pueden hacer eso!

- ¡No puede, pudieron! Aparentemente llevo toda la puta vida comprometido con ese idiota –dijo Harry, furioso.

- Harry –dijo Hermione con voz tensa, mordiéndose el labio inferior-, estoy segura de que… bueno, si lo investigamos, estoy segura de que debe haber alguna forma de cancelar los efectos del ritual.

- ¡Sí, eso! –exclamó Ron, esperanzado-. ¡Verás que podemos solucionarlo, amigo!

- ¿Es que no lo entienden? No me importa una mierda. Nada en mi vida es mío. Lo único que me quedaba era la oportunidad de elegir a alguien y formar la familia que nunca tuve, pero hasta eso me ha sido arrebatado. Mi vida es pura mierda –soltó Harry con la voz ronca-. Fui un tonto al creer que eso sería diferente –murmuró, poniendo los pies sobre el sillón y enterrando la cara entre sus brazos cruzados.

Ron y Hermione intercambiaron una mirada preocupada con aflicción en el rostro por no saber cómo ayudar a su amigo.

- Harry…

- Da igual¿vale? Mi vida está maldita. Viviré con ello –dijo Harry con amargura-. Ahora déjenme solo.

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Draco entró a su dormitorio completamente indignado. Primero se había esforzado enormemente por parecer inmutable ante la situación frente a Potter, pero ahora no podía parar de regañarse a sí mismo por haber perdido los estribos de tal manera cuando había acercado a Harry hacia él y cuando le había pedido indirectamente un beso. ¿Es que no tenía uso de razón¡Él no quería estar dentro de Potter, era su estúpido lado Veela controlándole¡Su estúpido lado Veela necesitándole, deseándole!

Sacudiendo la cabeza y obligándose a pensar que él no deseaba ni siquiera tener que mirar a Potter, caminó hacia un armario y de un rincón sacó un libro muggle que curiosamente su madre le había regalado en una situación muy embarazosa, alegando que sabía que Draco era bisexual. Lentamente dejó que sus dedos trazaran el título, Kamasutra Gay, antes de dejarse caer en la cama, rebotando ligeramente en el colchón. Eso era lo que necesitaba. Un momento de relax en el que pudiera quitarse a la razón de sus desgracias de la cabeza.

Antes de recostarse sobre la pila de almohadas se quitó la túnica y la camisa, dejándolas esparcidas debajo de él y abriendo el libro sobre su pecho. Pese a que las imágenes no se movían, sin duda eran muy estimulantes para su hormonal imaginación. Antes de concentrarse en eso, tomó la varita del bolsillo de su túnica y trabó la puerta de su cuarto desde la cama. Seguramente su madre entendería que querría estar a solas un rato.

Luego volvió a fijarse en las imágenes, cada una más provocativa que la anterior. Una mano de dedos largos subió hasta un pezón para pellizcarlo, mientras la otra sostenía el libro. Cuando pudo asegurarse de que ningún gemido escaparía de su boca, llevó la misma mano que estaba trabajando hasta sus labios para meterse los dedos a la boca. Luego, cuando la mano estuvo suficientemente húmeda, volvió a bajarla hasta su pezón para estrujarlo. Leves gemidos comenzaban a salir de su garganta, pero el placer en el que se encontraba, con los ojos semicerrados mientras de dedicaba a complacerse a sí mismo, evitaba que se diera cuenta de la realidad.

Pronto su mano izquierda se halló también recorriendo su firme estómago, habiendo tirado sin notarlo el libro a un lado. La ropa comenzaba a parecerle terriblemente insoportable. Los pocos rayos de sol que se colaban a través de las cortinas cerradas le daban un brillo dorado a su piel de alabastro, produciendo un efecto tal, que cualquiera que entrara y le viese tendría un orgasmo en el acto.

Draco siguió un rato más jugando con su pecho y sus pezones, torturándose a sí mismo hasta que su pene estuvo húmedo. Rindiéndose, se abrió los pantalones de improvisto bajándoselos de una patada hasta las rodillas y comenzando a acariciar su miembro con un dedo por encima de la ropa interior. Pero quería más. No, necesitaba más. Con otro movimiento rápido dejó su pene húmedo al descubierto y comenzó a masturbarse lenta y tortuosamente. Dejándose llevar por las imágenes eróticas que vagaban por su mente, las caricias de su mano se hicieron más rápidas y necesitadas. Sin embargo, cuando estuvo cerca de ese punto esencial, se detuvo de súbito. Mojó la otra mano con el presemen que había salido de su miembro para lubricar sus dedos antes de llevarlos hasta su entrada. No sabía porqué necesitaba hacer eso. Ciertamente nunca lo había hecho, pero en el estado de excitación en el que se encontraba tampoco se detuvo mucho a pensarlo.

Un dedo se introdujo tímidamente y un gemido de placer e incomodidad escapó del adolescente. Con ese dedo hizo movimientos circulares alrededor de su ano antes de entrar y salir suavemente. Cada vez que entraba, su propietario trataba de que fuera más a fondo. Las caricias sobre su pene nunca dejaron de prodigarse de manera sinuosa. Sus movimientos cada vez se hicieron más rápidos al saber que no aguantaría mucho tiempo más, mientras jadeos y gemidos escapaban de sus labios entreabiertos. Cuando el tercer dedo llegó a introducirse, acarició su pene de manera tan brusca que fue casi dolorosa antes de estallar sobre su abdomen con un gemido gutural y un grito.

Draco nunca admitiría ni para sí mismo, qué nombre había gritado ni qué ojos lo habían visto seductoramente en su fantasía. En la habitación contigua, Narcissa se permitió que una lágrima rebelde cayera hasta su quijada por aquellos seres amados que nunca más vería, pero juró sobre su memoria que haría todo lo que fuera posible porque sus hijos fuesen felices.

Sus reviews del capítulo pasado serán contestados a la brevedad LOL ahora sólo quiero jugar Kingdom Hearts.