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Anécdota 3
10/Jun/1999
–Buenas noches, Dr. Reinhart–Fue la despedida que le dio su asistente.
Salió a la calle sin siquiera quitarse la bata blanca del hospital ni los guantes. Estaba cansado; tal vez no físicamente, porque eso sería imposible para él, pero si mentalmente. Demasiados problemas rondaban por su cabeza y uno de ellos era aquella pequeña criatura que se había encontrado en aquel callejón. Recordar la escena hizo que su piel se erizara. Era cierto que él había hecho muchas cosas malas, pero no era un puto descarado violador de niñas. La pequeña estaba muy mal, tenía varios órganos internos destruidos, ni hablar de su útero, era obvio que no iba a poder ser madre en un futuro, hiciese lo que hiciese. Encogió los hombros resignados, lo bueno era que había podido lavarle el estómago ya que tenía mucha droga que estaba seguro la obligaron a ingerir, también tuvo que sanar unas cuantas heridas en la espalda, seguramente dejaban cicatrices. Escuchó unas risas, por lo que alzó su mirada rojiza para encontrarse con un par de borrachos jugando dominó.
–Entonces, la muy estúpida no me quería dar el pan–Esa frase fue suficiente para detenerlo–Tuve que castigarla–Colocó un seis tres en la mesa.
Los compañeros de aquel hombre se comenzaron a reír, seguramente no se imaginaban la atrocidad que había cometido; sin embargo, el escondido Rey vampiro se carcajeó en sus adentros, ese hombre había cavado su tumba y no lo sabía. No era un fan a las masacres y los asesinatos, de hecho, no le gustaba mancharse las manos, pero solo por hoy jugaría un rato.
– ¿Puedo jugar?–Fue la pregunta de Reinhart, el cual llevaba una imborrable sonrisa.
–Claro–Uno de los borrachos se levantó diciendo que debía hacer sus necesidades, dejándole el asiento libre.
–Empecemos–
El sonido de las fichas le era ensordecedor y el olor a alcohol lo estaba mareando, pero no le importó, tenía en mente algo mucho más doloroso que eso.
–¡Toma, otra pollona!–Dijo el hombre que estaba seguro había violado a la niña–Eres muy bueno, Dr.–No dijo nada, no tenía ganas de hablar con nadie, mucho menos con esa escoria humana que dentro de poco no sería nada más que eso: basura, aunque ya lo era–Vamos a comprar más botellas–Se levantó de su asiento.
Reinhart también se levantó y lo acompañó a una tienda que quedaba justamente dentro de un oscuro callejón. Sonrió aún más, ¿Por qué siempre todo le salía perfecto? Era sabido que era inteligente, una mente del mundo, pero desde que era pequeño, si mal no recordaba, la suerte siempre le había acompañado, no lo abandonó nunca, ni cuando mató al antiguo Rey vampiro, ni cuando desterró a los Tsukinami; por lo que siempre se dijo que la diosa fortuna se había enamorado de él. No esperó más y comenzó la caza. Con el uso de sus poderes, comenzó a esparcir somnífero, el suficiente como para dejarlo 3 horas inconsciente, por lo que despertaría a la 1 de la mañana. Fue solo cuestión de 28 segundos para que aquel asqueroso hombre cayera al suelo rendido. Se llevó la mano a la cara mientras soltaba una carcajada, estaba por cometer una locura, pero lo estaba disfrutando.
…3 horas después, 1:56am/ 11 Jun, en algún lugar…
– ¡Por favor! ¡Yo no he hecho nada!–Llevaba 15 minutos escuchándolo gritar y removiéndose en la camilla completamente desnudo a pesar de estar amarado con cinturones, lo estaba desesperando y él quería tomarse su tiempo.
Lo había llevado a un antiguo hospital psiquiátrico que cerró hace por lo menos 15 años. El olor a cadáver y a podrido eran predominantes, pero bueno, sería un buen lugar para la muerte de aquel estúpido.
– ¿Conoces a una pequeña–Comenzó mientras abría un viejo aparador buscando algo que sirviera–de pelo azul claro?–El hombre comenzó a sudar frío–Me la encontré en un callejón en muy mal estado, estoy seguro que si no hubiera oído los gritos de la niña ahora estuviera muerta–Sonrió al encontrarse un cuchillo, no estaba afilado pero eso se podía arreglar–Tuvimos que hacerle múltiples operaciones–La lámpara del lugar tintineaba a cada rato– ¿Sabes? Estaba pensando adoptarla como mi hermana pequeña–Se acercó al escritorio con el cuchillo en mano, escuchando los quejidos del hombre pidiendo perdón. Comenzó a afilar el cuchillo–Dime ¿Qué clase de hermano mayor sería si no hago nada al respecto con el hombre que le quita la capacidad de ser madre en un futuro?–Se acercó a la camilla con el cuchillo completamente afilado y una sonrisa de maniático.
– ¡Por favor! ¡Por favor no!–Gritaba el hombre.
–Ya cállate, eres muy ruidoso–Reinhart se quitó los espejuelos y se recogió el largo cabello para tener mucha más visión–Eres asqueroso. Pero tranquilo, vine a disipar tus pecados, aunque vas a tener que pagar un precio equivalente al daño causado–Llevó el cuchillo a los dedos del hombre–Te cortaré las manos para que no puedas tocar a nadie–Dicho esto, comenzó a cortarle los dedos uno por uno en pequeñas tajaditas y así siguió hasta dejarlo sin manos.
Los gritos de auxilio y dolor que el hombre estaba dando solo lo animaron a seguir su cometido– ¡AUXILIO! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!–
–Te cortaré los pies para que no puedas perseguir a nadie–El mismo procedimiento que con las manos lo utilizó en los pies. De una mesa sacó unas agujas oxidadas–Te dejaré ciego para que no puedas ver a nadie–Le enterró una aguaja en cada ojo haciéndolos sangrar, parecía que soltaba lágrimas de sangre. Le abrió la boca y le sacó la lengua–Te cortaré la lengua para que no puedas llamar a nadie–Le arrancó la lengua de un solo tirón. Reinhart bajó su mirada hacia el miembro masculino con una sonrisa sádica– ¿Qué debería de hacer con esto?–Agarró al flácido pene y lo levantó. Con el cuchillo comenzó a despellejarlo y cortarlo suave y dolorosamente mientras su víctima trataba de zafarse en vano–Te lo cortaré para que no puedas violar a mas nadie–Y dicho esto, le cortó el pene junto a los testículos.
Ya el hombre no podía gritar ni hablar, solo era cuestión de tiempo para que muriera desangrado. Dejó el cuchillo en la mesa del escritorio y se quieto los ensangrentados guantes y su antes blanca bata. Abrió el grifo del lavamanos y se lavó el rostro lleno de sangre y las manos. Se colocó los lentes y se soltó su largo cabello.
–Ya se han perdonado tus pecados–Dijo antes de salir del destruido hospital psiquiátrico–Espero hayas aprendido para que en tu próxima vida no vuelvas a cometer el mismo error–Dijo mientras desaparecía entre las sombras hacia la ciudad–Ya es muy tarde, debería descansar un rato antes de volver al hospital, seguramente la pequeña despierta hoy–
¡Hola, hola! Ya sé que lo tenía abandonado, ¡pero ya estoy aquí! Ahora tengo un mes de vacaciones, será más fácil para mí, ¡XD!
¡Dejen sus comentarios criaturas nocturnas!
