Disclaimer: Inuyasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takashi
Chapter 3: EL brillo de tu corazón.
Hacia varias horas había terminado la fiesta y me sentí abrumada, sino hubiese sido por uno de los invitados que había roto una copa de cristal Inuyasha la habría besado; di varias vueltas en la cama aún pensado lo extremadamente apuesto que se veía a la luz de la luna.
– ¿Qué me está pasando?– susurré al viento, mientras me ganaba el sueño poco a poco, y la primera imagen que pensé fue la de Inuyasha en la mañana cortando leña, dejándome una sonrisa en el rostro.
Los rayos del sol se escurrieron entre las cortinas, pegándome en el rostro; abrí lentamente los ojos acostumbrándome a la luz de un nuevo día, y prometía ser el mejor como cada día. Alguien tocó a la puerta resultando ser Urasue con el desayuno, esto me sorprendió, ya que era raro que se me trajera el desayuno a la habitación desde que había cumplido los 14 años no había vuelto tener un desayuno en la cama.
–Nana Urasue, no es que me queje pero ¿por qué el desayuno en la cama?– pregunté con extrañeza.
–La verdad es que fue tu madrastra quien me dijo que lo hiciera– levante la ceja con incredulidad– lo sé es extraño, sin embargo es verdad y cambiando de tema, tú amigo Inuyasha te está esperando abajo– dijo con una sonrisa pícara saliendo de la habitación, dejándome sonrojada a más no poder; terminé de comer mi desayuno y me vestí con una sencilla falda color verde y una camisa color blanco con un tono como crema, y zapatos cafés sencillos, además de que me puse el collar que Inuyasha me había regalado ayer.
Al bajar por las escaleras me encontré con Inuyasha parado en la puerta con una camisa rojo opaco, un pantalón negro azabache y unas botas de igual tono que el pantalón, dejándome con el corazón latiéndome a mil por hora.
–Hola Inuyasha– saludé con una sonrisa tímida, y las mejillas sonrosadas.
–Hola Kagome– respondió sonriendo de manera seductora, cosa que me sorprendió, y en sus ojos vi algo raro, no obstante lo ignore– oye el día es muy hermoso y quería pedirte, si es posible que saliéramos quiero enseñarte un lugar en el bosque muy hermoso– eso era raro nunca se mostraba tímidamente, algo nuevo en él.
–Claro, me encantaría salir contigo–
–Genial te espero en las caballerizas– dicho esto se fue, dejándome más roja que un tomate; esperaba que saliera lo mejor esta sería como mi primera cita.
Estaba en las caballerizas observando nuevamente la daga de plata que Tsubaki, me había dado la noche anterior, no podía dejar de evitar de escuchar la voz de ella "La matarás en la parte más obscura del bosque".
–Debo luchar contra esto– dije con voz cansada, colocando mi mano en mi cabeza.
–¿Te duele la cabeza Inuyasha?– preguntó la persona quien se supone debía matar, sin embargo también por la cual lucharía contra la maldición.
–No te preocupes ya se me pasó– mentí, sintiéndome otra vez controlado por la marca de Tsubaki– mejor nos vamos, no se nos vaya hacer tarde.
–Tienes razón, pero si te sientes mal sólo dime y regresamos– ofreció tiernamente, haciendo que mi inconsciente se contrajera.
Tomamos los caballos el mío el semental negro y ella su fiel Buyo de color crema; salimos primero rumbo a un lago muy hermoso bañado con los rayos de sol, simplemente perfecto, nos detuvimos a observar el paisaje mientras metíamos los pies al agua, la cual acabó en una lucha de agua dejándonos empapados, nos tiramos en el pasto relajándonos disfrutando de la naturaleza que nos rodeaba.
–Oye Inuyasha, mi nana nos preparó una merienda, vamos a comerla o– me dijo con su cálida sonrisa.
–Sí, además mi estómago está reclamando algo– justo en ese momento se escuchó el retumbar de mi estómago, cosa que le provocó mucha gracia a Kagome, no obstante a ella también le rugió el suyo.
La merienda consistió en pan, mermelada y unas cuantas frutillas, nos divertimos embarrándonos de mermelada la cara, siendo la merienda más divertida en toda mi vida; estos momentos que compartían siempre le sacaban una sonrisa verdadera, desde que la había conocido.
Se estaba poniendo increíble la tarde, nunca me había sentido tan feliz en mi vida, aunque sabía que a pesar de todos mis esfuerzos por oponerme a la orden de Tsubaki, estaban flaqueando y por primera vez en mi vida, deseaba morir yo en vez de Kagome, la que siempre me sonreía, la que lo trataba como un igual y nunca lo miraba como un simple leñador, sin embargo la marca lo estaba quemando y lo que le quedaba de consciencia estaba desapareciendo.
–Kagome debemos irnos– dije con la voz ronca, mientras ella me miraba extraño– todavía no te he enseñado el lugar que te he dicho– expliqué con un cierto tono de pesar, siendo desapercibido por ella.
Tomamos nuestros caballos dirigiéndonos a un camino al principio liso, sin embargo conforme avanzábamos este se convertía en algo de difícil trayecto, yo conocía estos rumbos del bosque, como buen leñador debía conocer el bosque tal y como si fuese la palma de mi mano; seguimos avanzando un poco más hasta que los caballos no podían seguir.
–Debemos seguir a pie, no falta mucho sólo unos cuantos árboles– señalé el camino, mientras escuchaba la voz de Tsubaki "Sigue hasta llegar al bosque obscuro, no te detengas y cumple mi mandato", y como buen siervo obedecía, a pesar de que a la vez otra parte de su ser trataba de oponerse.
El bosque se tornaba cada vez más obscuro, se oía el viento azotar las ramas de los árboles, los búhos y cuervos hacían más tétrica la escena, inclusive los troncos de los árboles parecían personas lamentándose, sin embargo seguí avanzando con Kagome tomando mi brazo fuertemente.
–Inuyasha este bosque no me gusta, será mejor volver o se preocuparán por nosotros– trato de convencerme jalando de mi brazo, pero no la escuchaba simplemente seguía avanzando tan sólo faltaban unos árboles más– por favor vámonos, todo está muy obscuro y me da miedo– la escuché sollozar levemente y por un instante había recobrado el conocimiento, pero la marca hizo que desapareciera inmediatamente ese momento de consciencia.
Me detuve en seco, observando un pequeño prado con flores de diversos colores y formas nunca vistas, observé por encima de mi hombro la reacción de Kagome, quien se relajo al momento de enseñarle el prado.
–Este es mi sorpresa– di un paso atrás para dejar a Kagome oler las flores con toda plenitud.
–Me encanta, son hermosas estas flores, voy cortar unas cuantas y se las daré a mi madrastra y a mi nana– dicho observé como cortaba algunas de las flores.
De repente mi mente recibió de lleno la orden de Tsubaki "Mátala, mátala, mátala…", extraje de mi cinturón la daga plateada, sosteniéndola en lo alto fuertemente, colocándome detrás de Kagome, haciendo presente un poco de mi sombra, casi en el momento en que me disponía en clavarla en su espalda, se volteó, mirándome con sus ojos achocolatados brillantes al igual que la perla de Shikon; tembló mi mano y mis ojos se nublaron por lágrimas, no nunca la mataría. Tomé mi brazo tratando de contenerme.
–Kagome huye de aquí, huye no sé por cuanto tiempo podré luchar– mi voz se escuchaba cansada, estaba costándome mucho esfuerzo no caer de nuevo en el hechizo.
–Inuyasha no te dejaré en ese estado, por favor reacciona– pidió con lágrimas en los ojos, no soportaba hacer llorar a las mujeres y si era Kagome mucho menos.
–Por favor Kagome, no quiero hacerte…daño…huye– rogué, pero en vez de eso se acercó a mi y me abrazó, mojando con sus lágrimas la daga de plata.
–Yo nunca te abandonaré Inuyasha, si he de morir lo haré en tus brazos– después de pronunciar esas una luz envolvió nuestros cuerpos, solté la daga y de esta salió una especie de demonio azul, siendo arrasado por la luz. Luego de que la luz ya no estuviera, escuché a Kagome sollozar por mi, y mis brazos rodearon su cuerpo.
–Kagome… Gracias– aspiré el aroma de sus cabellos y suspiré, ya no sentía la marca quemando mi frente, por el momento todo había acabado; la separé levemente de mi cuerpo mirando sus ojos aún con unas cuantas lágrimas, mismas que quité con ternura– a partir de este momento te prometo protegerte con mi vida, pero necesitamos irnos de aquí– vi como asentía, la abracé una vez más y salimos de ese lugar lleno de obscuridad.
En el sótano del castillo, Tsubaki se encontraba enfrente del espejo admirando su belleza, con total frivolidad, imaginando la cara de sorpresa de su hijastra al ver como su amigo le clavaba su daga.
–Naraku te invoco y quiero que me hables con verdad, soy yo o no la más hermosa del reino –pregunté con una sonrisa macabra.
–Reina Tsubaki, sabes que eres la más hermosa, pero Kagome sigue siendo aún más hermosa–respondió Naraku.
–Eso es mentira, mi marca desapareció de ese leñador, y tú bien sabes que eso sólo sería posible de haberse cumplido mi mandato–era imposible inclusive el rey Suikotsu no se había podido librar del hechizo, mucho menos ese leñador de pacotilla.
–No ese leñador recibió ayuda de alguien que conoces muy bien–
–No es posible que sea esa entidad…–
CONTINUARÁ…
Qué fue la luz que ayudo a Inuyasha y a Kagome, de quién hablan Naraku y Tsubaki. Estas y otras respuestas en el siguiente capítulo; gracias por seguirme con este fic, ya pronto les tendré otro capi de Eres lo que buscaba, sólo necesito que me dejen REVIEWS con sus ideas me ayudarían un buen.
