Disclaimer: Los personajes de Frozen no son míos, sino del gran señor ratón, que es casi tan maligno como este compendio de pequeñas historias. :)

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No tenía salvación. Aquel demonio de ojos verdes no se cansaba de poseer su cuerpo. Y no descansaría hasta apoderarse también de su alma.

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Día 4

Prompt: Sagrado y profano

Género: Horror/Angst/Supernatural

Palabras: 913

Rating: M


El beso del demonio


Él la puede ver desde las sombras. Hace demasiado tiempo que observa, que la acecha aprovechando esa delgada barrera que separa el mundo terrenal de su propio abismo. Su inocencia, la pureza que emana con cada una de sus oraciones, son como una fruta prohibida y tentadora. Todas las noches se da el gusto de probarla, lenta y sigilosamente.

Elsa no puede recurrir a nadie. Ha hecho un voto de silencio con el que habrá de irse a la tumba y eso, la está consumiendo lentamente.

Nadie sabe las razones que empujaron a una muchacha, hermosa y joven como lo es ella, a tomar los hábitos en ese modesto convento de la montaña del norte. Su largo cabello plateado no ha de mostrarse nunca más en público y sus labios no han de pronunciar una sola palabra. Así ha sido designado desde su consagración al creador. Pero hace mucho tiempo que el buen Dios se olvidó de su sierva, porque cada noche sus pesadillas se vuelven más reales.

Sueños en los que el pecado y el placer se convierten en uno solo, en los que parece que la sangre le hierve como el fuego de los infiernos y cada parte de su cuerpo lozano es mancillado por una presencia que la hace estremecer.

El demonio existe y su mirada tiene el mismo color del jade.

Todas las noches se arrodilla a un lado de su catre para encomendarse al cielo, rogando en silencio porque las visiones se terminen. Todas las noches es en vano.

Aún puede recordar con claridad la primera vez que la vio, mientras recorría invisible ese plano en el que habita la humanidad. Elsa recitaba sus oraciones matutinas en su humilde habitación del claustro, con la cabeza gacha y sus manos entrelazadas. Su pelo caía como una cascada sobre el camisón. Entonces procedió a desnudarse, exponiendo por breves segundos la piel de porcelana y los pechos firmes que por modestia, ni siquiera ella misma se detenía a mirar.

Aquella piel sería su perdición.

Él la adora apasionadamente, más de lo que ningún íncubo puede adorar a una mortal. Hay algo en ella que le resulta simplemente irresistible. La mirada tímida de sus ojos azules y esa permanente apariencia celestial que lo incitaba a corromperla con desesperación. El demonio profanando al ángel.

Ya se han apagado las luces y la joven yace en su lecho, temerosa e indefensa.

Su ceño se frunce y los labios le tiemblan en sueños. El corazón le late de puro terror al sentir como, una vez más, un cuerpo duro y de inconmensurable fuerza se materializa sobre ella, inmovilizándola por completo.

Por primera vez en años quiere gritar, pero no puede. Desea orar un Padre Nuestro pero se le ha olvidado por completo.

El demonio sonríe. Sus manos la acarician por debajo del camisón, accediendo a lugares cuya sola mención la hace sentirse sucia y arrancando gemidos de miedo y de gozo de su garganta. Elsa siente unos labios ardientes en torno a su boca y sus pechos, labios que queman de una manera deliciosa y oscura. El agarre de aquel ser en su cuerpo se identifica, sus uñas se clavan en su delicada carne.

Al amanecer, cuando la pesadilla haya terminado, ella notará las huellas de unos dedos monstruosos en sus hombros y muslos, y como cada mañana, volverá a orar y a sollozar en silencio, implorando porque aquello termine.

¿Por qué el buen señor tiene que someterla a pruebas tan difíciles?

La muchacha siente como un cosquilleo se apodera de su vientre y sus piernas se separan, sin voluntad alguna. Un dolor penetrante se dispara cuando siente algo cálido y rígido en su interior, inundándola por completo, más solo es momentáneo. La criatura encima de ella se mueve con vigor, obligándola a arquear sus caderas y entonces la fricción se convierte en placer.

Un obsceno, oscuro placer.

—Mi dulce, dulce Elsa —la voz que le habla es suave como el terciopelo, seductora y lúgubre a la vez—, eres mi más perverso deseo…

Aquellas palabras le hielan la sangre. Sabe bien que su alma está en juego pero la carne es tan débil y esa lengua que recorre su cuerpo es tan tentadora. La incita a pensar en cosas que traicionan su moral.

Las estocadas se vuelven más firmes y ahora, ella no puede contener un grito de placer.

"Oh padre mío, perdóname… perdóname", quiere pronunciar, internamente horrorizada por su pecado. El cielo sabe que ha tratado de ser fuerte, pero nunca lo ha sido.

Una mano firme acaricia su mejilla y atrae su rostro hacia aquellos labios, abrasadores como el fuego de los infiernos. En su pesadilla, la pobre chica alcanza a distinguir el destello de unos ojos esmeraldas y una mata de cabello rojo. El ser tuerce sus labios en una malvada sonrisa.

Es curioso. Siempre decían que el demonio se presentaba bajo formas atractivas, pero aquella realmente parece casi humana y para que negarlo, también es hermosa.

Elsa vuelve a gemir cuando otra mano presiona su intimidad, sin piedad alguna.

Ya está perdida y él lo sabe. Es cuestión de tiempo para que no solo su cuerpo, sino también su alma sean suyos. Y entonces nada podrá apartar a aquella mortal de ojos como el cielo de su lado.

Después de todo, tenía una eternidad por delante para terminar de corromperla y él sabe mejor que nadie cuan inmortal es el alma.

En especial una tan pura como la de ella.


Nota de autor:

Desde que hice el prompt de súcubo en los 30 días, tenía pendiente hacer la versión contraria, con Hans como un maligno incubo que acecha a copo de nieve. Él es tan perverso. 7u7 ¿O ustedes qué piensan? ;D

PD. Tengo pendiente devolver todos sus reviews, pero ya saben que me encanta leer sus comentarios. ¡Tengan una feliz semana!