NOTAS:
DIOS, me ha costado la vida escribir esto, porque he estado enferma y la musa estaba tonta… sólo quería dormir. Por suerte, como he dicho, se escribe muy rápido porque es sólo adaptar el libro original y la trama general ya está escrita.
¡Espero que os guste tanto como los demás! Otras 15 páginas para vuestro deleite ^^
3 — ¡Trol!¡Trol en las mazmorras!
A pesar de lo aliviado que estaba, al día siguiente Draco aún no se creía que ni siquiera hubiesen castigado a Harry. Ventajas de ser el Niño Que Sobrevivió, supuso. Quizá por eso se pasó todo el desayuno mirando fijamente la mesa de Gryffindor, donde en efecto, Harry estaba desayunando tan campante.
—Menos mal que no ha pasado nada, ¿eh? —comentó Blaise. Draco, por encima de sus tostadas, asintió, y su amigo sonrió. Pansy también sonrió y miró la mesa por encima del hombro.
—¿Y qué dices exactamente que pasó?
—Que entiendo perfectamente por qué el pasillo del tercer piso está prohibido —Pansy abrió la boca, pero Draco no la dejó acabar—. Y no me preguntes más, porque no tengo intención de volver allí en el futuro próximo. Si te apetece a ti, adelante.
—Blaise, vamos a fisgar —dijo la niña, mirando al moreno con los ojos brillantes. El niño, que tenía la boca llena de cereales, abrió mucho los ojos y se atragantó—. Sólo una miradita, va, venga, porfi.
—Soy demasiado joven para morir y quiero ser Ministro de Magia, así que no, Pansy. Y no pongas esa cara, porque no voy a ir.
—Muy sensato.
Pansy estuvo de morros el resto del día, pero a nadie le importó lo más mínimo, porque se ponía de morros cada poco tiempo. Aunque, si algo tenía que concederle Draco, era que a él también se le había quedado la curiosidad de qué demonios habría en aquella trampilla que guardaba el cerbero.
Esa misma tarde, en los terrenos, estuvieron hablando de ello, de hecho.
—La pregunta es, ¿qué protege el perro? —preguntó Harry a nadie en particular, sentado en las escaleras que daban hacia la zona del lago.
—O algo muy valioso o muy peligroso –dijo Weasley, con cierta sensatez.
—O ambos —opinó Harry, aún pensativo—. ¿Qué diablos es ese paquetito? Era muy pequeño.
—A saber —Draco se encogió de hombros—. ¿Estás seguro de que lo viste bien?
—Es que no había demasiado que ver —explicó Harry, frotándose los pelos de la nuca—. Era pequeño y envuelto en papel marrón arrugado, no era nada del otro mundo.
—Pero si alguien ha intentado robarlo, es que tiene que ser muy importante. Y si lo protege ese bicho… —comentó Weasley.
—Gracias por dejar claro lo obvio, Weasley —Draco puso los ojos en blanco—. Ahora bien, como has dicho antes, ha de ser algo valioso o peligroso… y pequeño —Cerró su propio puño para ponerlo de ejemplo—. ¿Teorías?
—Ah…
Weasley se quedó en blanco, y Harry negó con la cabeza. Draco se miró el puño. Tampoco él tenía ni idea.
—Ah, por cierto, Harry —dijo Draco, recordando entonces algo que se le había ocurrido no hacía mucho. El moreno se giró hacia él—. Si pillas a Hermione por ahí… ¿puedes decirle que no ande diciendo que es hija de muggles?
—Es que es un problema enorme, ¿verdad, Malfoy? No vaya a ser que te ensucie la reputación… —gruñó Weasley.
—Ron tiene razón… ¿por qué no quieres que lo diga? No tiene nada de qué avergonzarse —dijo Harry, frunciendo el ceño. Draco resopló, mirando a Weasley con el ceño fruncido.
—No tanto por eso sino por su propio bien —explicó con infinita paciencia—. Vivo rodeado de fanáticos de la sangre limpia y sé lo que podrían hacer si se enteran… sobre todo considerando que les da mil vueltas a todos. Yo incluido —añadió, mirando al pelirrojo con intención, y en efecto se quedo boquiabierto unos instantes.
—Bueno, si la veo se lo diré… —Harry suspiró— Aunque todo eso de la sangre limpia es una tontería. Mi madre era hija de muggles.
Draco se abstuvo de comentar nada. Seguía prefiriendo relacionarse sólo con gente mágica, pero Hermione era una bruja, ¿o no? El hecho de que sus padres no lo fueran sólo implicaba que su magia era lo bastante potente como para superar toda esa corrupción. O eso estaba empezando a creer, a pesar de que las palabras que sus padres siempre le decían al respecto resonaban en su cabeza y le hacían sentirse enfermo cada vez que se paraba a pensarlo. No quería darle muchas vueltas, así que sí, si Hermione no lo andaba diciendo por ahí, podría ignorarlo y no sentirse mal. Aunque parecía lo bastante sensata como para no hacerlo, nunca estaba de más confirmárselo.
—¿Y cómo es que no se lo dices tú? Pasas bastante tiempo en la biblioteca, ¿no? —preguntó Harry de pronto— También la ves bastante…
—Si te lo pido es porque parece que huye de mí —dijo Draco—. Trabajamos juntos en Pociones y no me dice nada más de lo estrictamente necesario —suspiró. Weasley soltó una risa ahogada, que intentó ocultar ante la mirada que le echó Harry.
—Pues… vale, se lo diré.
—Gracias.
El miércoles tenían Pociones a primera hora. Mientras esperaban en la puerta, Draco vio la espesa cabellera de Hermione un instante antes de que la niña se escondiese tras Brown y Patil, que le miraron con cierto desagrado, antes de que Harry se acercase y dejase de hacerles caso.
Apenas había intercambiado tres palabras con él, ignorando a Weasley como siempre, cuando Snape hizo acto de presencia con su túnica negra, abrió el aula sin decir palabra y todos entraron a una, sentándose en sus asientos habituales antes de que el profesor pudiese decir nada. Al fin y al cabo, ninguno quería acabar en su punto de mira tan temprano por la mañana.
—Bien, parece que estáis todos —dijo Snape tras pasar lista en un instante, mirándoles desde la pizarra por encima de su enorme nariz—. Entregadme ahora mismo los deberes.
Uno a uno, todos se fueron levantando. Harry dejó un pergamino bastante decente, mientras que el de Weasley era, como era de esperar, bastante corto. Draco, que estaba justo tras Hermione, sujetó su propio pergamino, bastante orgulloso de su longitud, aunque palidecía un poco comparado con el de Hermione, que incluso enrollado parecía bastante largo, cerrado con una cinta negra formando un pulcro lazo.
—Impresionante, Granger —dijo Snape cuando la niña dejó sus deberes en el montón. Aunque, para ser sincero, no parecía demasiado impresionado—. Increíble para una hija de muggles.
Draco sintió como se le caía el alma a los pies, y aunque la sala ya estaba en silencio, éste se hizo más tenso. Todas las miradas estaban clavadas en la niña, que asintió un poco y volvió a su sitio a toda prisa, pálida como una muerta. Draco, por fin frente a Snape, dejó el pergamino en el montón y miró un momento al profesor, que le sonrió con malignidad antes de despedirle. Tras él, Blaise miró a Draco un momento, aunque el rubio no pudo leer su rostro moreno, antes de volver a sentarse junto a Hermione, que tenía la vista clavada en el tablero del pupitre.
—¿Estás bien? —le preguntó Draco en un susurro, ignorando la mirada de Nott, que tenía la nariz arrugada de asco.
Hermione dio un bote.
—S… sí, pero Harry me dijo que no… y Snape ha… —balbució la niña con un hilo de voz. Draco observó la fila de entrega de deberes desaparecer cuando Daphne dejó su pergamino en la mesa y volvió a la primera fila.
—Le pedí que te lo dijera para evitar problemas —admitió Draco, mirando al profesor en caso de que les pillase cuchicheando, pero parecía ocupado ordenando los pergaminos—. Ahora habrá que pensar una solución.
—No creo que tenga que avergonzarme de mis padres —replicó ella, mirándole con los ojos marrones brillantes.
—No digo que lo estés —se defendió el chico—, pero… tampoco tiene por qué saberlo todo el mundo, ¿no? Sobre todo… bueno, supongo que ya sabes por qué.
La niña no dijo nada, pero pareció un poco más tranquila, aunque miró de reojo a los Slytherin. A Blaise le daba igual, Pansy estaba ocupada mirándose las uñas, y Daphne miraba en su libro. Los demás, sin embargo… la miraban con lo que sólo podía calificarse como asco, y Draco volvió a sentirse enfermo. Se giró hacia la pizarra, dado que frente a él sólo estaba la despeinada cabeza de Harry, y atendió a la clase con más ganas de lo normal.
—Draco, como se entere tu padre… —dijo Blaise esa misma tarde, mientras se dirigían al comedor para cenar. Draco se estremeció.
—La cabeza-arbusto es sangre sucia —se burló Pansy como si fuera muy gracioso, y el rubio apenas pudo contener una mueca al oír el apelativo—. Quién lo diría…
—Eh…
—Me da que Draco ya lo sabía, Pansy —comentó Blaise, sentándose en su sitio habitual y sirviéndose automáticamente tres filetes de pollo adobado y un montón de patatas fritas. Pansy se giró inmediatamente hacia el rubio con los ojos como platos, y el niño se encogió.
—Eh… sí, sí que lo sabía —dijo, notando como, una vez más, se le cerraba el estómago, a pesar de lo bien que olía la crema de calabaza—. Lo dijo el primer día en el tren…
—¿Y te dio igual? Vaya, Draco…
—Nunca está de más llevarse en gracia con la mejor del curso, ¿no te parece? —se defendió Draco, sirviéndose la crema aunque fuera para tener las manos ocupadas.
—Tienes razón —asintió Pansy, dando el asunto por zanjado—. ¿Y qué vas a hacer? Ya lo ha dicho Blaise, si se entera tu padre…
—No tengo ni idea —admitió Draco, revolviendo la crema con la cuchara, a ver si la suave textura le daba ganas de comer.
—En serio, amigo… —suspiró Blaise, girándose hacia él, con una media sonrisa iluminando su rostro de piel oscura— Para lo listo que eres, a veces eres muy espeso. ¿Eres un Slytherin o no? —Draco frunció el ceño, sin entender— Busca algo con lo que chantajearlos… o directamente sobórnalos —El moreno miró a Greg y Vince—. Por ejemplo, con que a esos dos les des tu surtido semanal de dulces, los tienes ganados. Y a lo mejor si les das tu postre de vez en cuanto. Yo no voy a decir palabra, claro, y creo que a Daph le ha dado igual…
—¿Daph? —El rubio alzó una ceja. Pansy sonrió.
—Daphne, claro —explicó la niña, trasteando con sus chuletas, quitándoles los huesecillos cuidadosamente—. Es un poco empollona, la verdad es que creo que le da igual lo de los muggles siempre que pueda estudiar tranquila… ¡Oh! Y yo no voy a decir nada tampoco. Puedo convencer a Millicent también, no creo que le importe mucho callarse la boca si… —Pansy se estremeció y Draco decidió no preguntar.
—El problema va a ser Nott —continuó Blaise, mirando al chico, que seguía cerca de los de tercero, pensativo—. Es un tanto… capullo.
—Esa boca, Blaise —le reprendió Pansy, aunque no era convincente porque se le había escapado una sonrisa—. Pero tienes razón, es un insoportable. No sé cómo…
—¿Y si le digo que, si dice algo, mi padre no le cogerá cariño? —intervino Draco, iluminado por un golpe de genio— Ya sabéis, mi padre es influyente, y me parece que a Nott le interesaría eso…
—Por intentarlo no pierdes nada —confirmó Blaise, algo más relajado, comenzando a comer las chuletas.
—Pues problema resuelto —sonrió Pansy, y también empezó a comer.
El estómago de Draco se quejó entonces, demandando ser llenado, y se sintió mucho más tranquilo.
El jueves empezó con un evento sorprendente: a Harry le llegó correo. Y no cualquier tipo de correo, sino un enorme paquete, llevado por un montón de lechuzas blancas. Era sospechosamente alargado, y cuando Harry y Weasley salieron a toda prisa del comedor, Draco estuvo seguro de qué se trataba.
Terminó de desayunar a toda prisa, permitiéndole a Blaise terminarse el bacon que había sobrado, y poco le faltó para echar a correr tras los Gryffindors.
—¡Harry! —exclamó, deteniéndoles en medio del pasillo. Harry, en efecto, se giró con el paquete en la mano, y Weasley puso los ojos en blanco y compuso una expresión de desagrado— ¿Es eso lo que creo que es?
—¡Sí! —exclamó el niño, con los ojos verdes brillándole de emoción tras las gafas.
Draco le miró con los ojos muy abiertos y se acercó en dos zancadas. Hizo ademán de coger el paquete, aún envuelto, pero se lo pensó mejor y metió las manos en los bolsillos.
—¿La has ordenado por correo?
—Se la ha regalado McGonagall, Malfoy —dijo Weasley, inflándose como un pollo orgulloso—. Y es de las buenas, una Nimbus 2000. ¿Cuál era la que tenías en casa, una Comet 260? —el pelirrojo se rió burlonamente— Esas parecen rápidas, pero no tienen nada que hacer contra una Nimbus.
—¿Y tú que sabes, si no puedes comprar ni la mitad del palo? —gruñó Draco, ofendiéndose en honor a su Comet— Supongo que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniéndola ramita a ramita.
Harry le miró con el ceño fruncido, y abrió la boca al mismo tiempo que Weasley para replicar algo, pero antes de poder hacerlo, les interrumpió una voz chillona.
—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —dijo Flitwick a la espalda de Draco.
—Eh… no, para nada, sólo estaba mirando la escoba de Harry —explicó el rubio rápidamente, apretando los puños en el interior de los bolsillos.
—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor, mirando radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?
—Una Nimbus 2000, señor —dijo Harry, mirando a Draco de reojo—. Y en realidad es gracias a Draco que la tengo.
—Ah, muy bien —asintió el pequeño profesor, y se dio la vuelta en dirección al comedor tan contento.
Los niños esperaron a que Flitwick se perdiese de vista antes de seguir hablando.
—Harry, no le defiendas —gruñó el pelirrojo, molesto.
—Cállate, Weasley —replicó Draco, mirando de nuevo el paquete.
—Bueno, es verdad —dijo Harry, girándose hacia Weasley, que miraba a Draco con el ceño fruncido y las orejas rojas—. Si no fuera por lo de la Recordadora, no estaría en el equipo.
—¿Y cuándo la probamos? —preguntó Draco, ansioso. Harry sonrió de nuevo.
—Pues la verdad…
—¿Así que crees que es un premio por quebrantar las reglas? —Les interrumpió una voz irritada tras ellos. Hermione había cruzado la esquina y se acercaba a ellos, mirando con desaprobación el paquete de Harry.
—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry, aferrando la escoba como si temiese que se la fuera a quitar.
—Sí, continúa así —dijo Weasley—. Es mucho mejor para nosotros.
Hermione se alejó con la nariz muy alta, y Draco se giró hacia el pelirrojo muy molesto.
—¿Hace falta que tengas la educación de un trol, Weasley? —gruñó el rubio, mirando a la niña subir las escaleras de mármol.
—¿Y a ti qué te importa, Malfoy?
—No, si a mí me da igual, pero deberías llevarte bien con ella. A lo mejor así apruebas y todo —resopló. Harry puso los ojos en blanco y comenzó a subir la escalera con el paquete al hombro. Weasley y Draco le siguieron—. Lo digo en serio, sobre todo considerando…
—Cállate, Malfoy —gruñó Weasley, adelantándose para situarse junto a Harry, dejando a Draco rezagado—. ¿A ti qué te importa?
—Tanto me da, pero no es taaaaaan mala, ¿sabes? Sólo…
—Una mandona —completó Harry, conteniendo a duras penas la sonrisa.
—Exacto —confirmó Draco. Por el rabillo del ojo vio una cabellera espesa a lo lejos—. Bueno, cuando vayas a probarla avísame —dijo el rubio, mirando el paquete aún envuelto.
—Claro. ¿Después de clase? —Weasley resopló, pero ni Draco ni Harry le hicieron ni caso— ¿Sobre las cinco, en el campo de quiddich? Tengo que ver a Wood a las siete…
—Nos vemos entonces —asintió el rubio, ignorando una vez más a Weasley, que subió las escaleras quejándose a Harry, y se dirigió en busca de la niña.
La pilló justo antes de que se encerrase en la biblioteca, y era demasiado pronto en su opinión para acercarse a Pince… Draco prefería estudiar en la sala común. Pero, supuso, Hermione prefería no acercarse demasiado a Harry y el pelirrojo idiota. ¿Era posible que…? Bueno, bien pensado, estaba clarísimo que no tenía amigos. A Draco le dio un poco de lástima.
—¿Hermione? —la detuvo justo antes de que entrase. La niña dio un bote y se giró hacia él, pálida y con los ojos como platos. Aquello ya empezaba a ponerle de los nervios.
—Qué… ¿Qué quieres, Malfoy? —tartamudeó un instante, pero en su defensa Draco tenía que admitir que enseguida se recompuso.
—No le hagas caso a Weasley, es idiota —dijo, metiéndose las manos en los bolsillos.
—¿Eh…?
—Lo que he dicho. Eres demasiado inteligente como para dejar que te afecten sus memeces —Draco se encogió de hombros, y Hermione alzó una ceja—. ¿Qué?
—Nada, que no pensé que fueras tan… —hizo un gesto vago con la mano, ajustándose la mochila al hombro— Por lo que he leído…
—Sé lo que has leído —refunfuñó el niño—, y he de decir que todos esos rumores… ugh.
—Bonito adjetivo —Hermione por fin sonrió, divertida, y Draco sintió un peso levantarse de sus hombros.
—¿Verdad? Si es que soy de un elocuente…
Ahí ya la niña se echó a reír del todo, y aunque era un sonido agudo, no era desagradable.
—Sí, eres todo un maestro de las palabras, Malfoy, por supuesto.
—Claro que lo soy, tengo una educación excelente —Draco alzó una ceja—. Y puedes llamarme por mi nombre si quieres, ¿sabes? Últimamente cada vez que oigo mi apellido suena a insulto… o lo dice un profesor —se estremeció. Hermione le miró sorprendida.
—Eh… ¿seguro? Quiero decir… después de lo de ayer…
—Eso está resuelto, tranquila. Y como de todos modos el daño ya está hecho…
—Tú lo que quieres es robarme los apuntes de Historia, ¿a que sí? —Draco estuvo a punto de ofenderse, pero había un brillo jocoso en los ojos marrones de Hermione y se detuvo a tiempo.
—Por supuesto, es una hora de sueño que me gano —sonrió con suficiencia fingida, y tras un instante ambos se echaron a reír de nuevo.
—No deberías dormirte en clase… —le regañó, aunque la sonrisa remanente la delataba.
—Qué quieres que te diga, Binns es soporífero. No sé cómo te las apañas para no dormirte tú.
—Eso es porque soy más responsable que tú, Malf… Draco —se corrigió justo al final, y sus mejillas se tiñeron de rosa. A Draco se le hizo bastante raro, pero no tenía intención de quejarse—. Binns dice cosas bastante interesantes, y no todas están en los libros…
—Pues no sé, es que es capaz de hacer que las revueltas de los duendes suenen aburridas.
—…eso no te lo puedo negar —admitió Hermione.
—Claro que no, yo siempre tengo razón.
Hermione se echó a reír de nuevo, pero el sonido quedó cubierto por la sirena que indicaba el inicio de las clases, y ambos niños dieron un bote.
—¡Tengo que subir hasta Encantamientos! —exclamó ella— ¡Me has hecho perder preciosos minutos en la biblioteca!
—Yo tengo Defensa —suspiró Draco, caminando junto a ella por el pasillo, dado que compartían parte del camino—. Y no me apetece nada…
—¿Y eso?
—Quirrel es… ugh.
—Bonito adjetivo —Esta vez, Draco también sonrió—. ¿Te veo por la tarde?
—Claro, pero sólo un rato… Voy a probar la escoba de Harry —explicó Draco con ojos brillantes, deteniéndose un momento en la bifurcación que les dirigiría a cada uno a sus respectivas clases.
—Tú tampoco tienes perdón, Draco —Hermione frunció el ceño—. Tú también te saltaste las normas… tienes suerte de que a ti no te echasen tampoco.
—Tuve suerte de que no me vieran, sí —asintió el niño, pero sonrió, esta vez con suficiencia auténtica—. Pero bien está lo que bien acaba.
Hermione negó con la cabeza, se despidieron con un gesto y cada uno se fue por su lado.
Las cinco no podrían llegar lo bastante deprisa. Las clases se pasaron tan despacio que se le hicieron más eternas que nunca, aunque en efecto durmió como un lirón en Historia. Dejó la mochila en la sala común y prácticamente echó a correr hacia el campo de quiddich a las cinco menos cuarto, escuchando a Blaise partirse de risa a su espalda. Pero le daba igual, porque iba a montar en una Nimbus 2000 y eso evitaba que escuchase las carcajadas de su amigo.
Esperó junto al campo de quiddich durante lo que le parecieron horas, aunque seguramente no pasaron ni dos minutos cuando Harry apareció, cómo no seguido de cerca por Weasley, cuya emoción casi le hacía dar saltos.
—Vamos dentro —indicó Harry, señalando la entrada al estadio, y los tres se metieron a toda prisa.
La verdad, el campo era enorme, con cientos de asientos divididos en los colores de las casas, bien altos, aunque no era tan grande como el de los Falcons.
—Vale, ¿quién la quiere probar primero? —dijo Harry, plantándose en el centro, pero Draco estaba muy ocupado admirando la escoba en sí. Era tan bonita, tan brillante, tan bien montada…
—¡Yo mismo! —exclamó Weasley, y Harry le dio la escoba sin problemas.
Draco abrió la boca para quejarse, pero en dos segundos el pelirrojo ya había despegado y estaba dando vueltas por el campo, dando berridos emocionados. No volaba del todo mal, había que decirlo. Le miraron hacer tirabuzones y dar vueltas a toda velocidad, y Draco pronto se aburrió de verle.
—¿No querrías probarla tú primero? —preguntó, mirando a Harry para tratar de distraer su impaciencia— Es tuya. Yo la probaría primero.
—Sí, claro, pero bueno, voy a hartarme de estar encima, ¿no? —Harry sí que seguía mirando a Weasley, sonriendo— Y mírale que feliz está… no me importa esperar un ratito.
—Eres tan bueno que das grima, Harry —resopló Draco, cruzándose de brazos.
Harry rió un poco, aparentemente no tomándoselo a mal, y unos minutos después llamó a Weasley, que bajó con una sonrisa radiante en su rostro pecoso.
—¡Es una pasada, Harry! Va como la seda… —prácticamente gimió del gusto, tendiéndole la escoba al moreno con ojos reverentes— ¡Prueba!
—Es el turno de Draco —replicó Harry, alzando una ceja. Weasley torció el gesto inmediatamente, y abrazó la escoba.
—Pero Harry… que es de Slytherin… y tú eres el nuevo buscador…
—Y ni se lo he dicho a nadie ni tengo intención de boicotear una Nimbus 2000, Weasley —gruñó Draco, agarrando el palo de la escoba, a la que el pelirrojo seguía firmemente aferrado—. Nuestro equipo es perfectamente capaz de ganaros sin que yo tenga que hacer trampas, muchas gracias.
—Eso dices ahora…
—Que me la des, Weasley.
—¿Queréis dejar de pelearos cada vez que os veis? —resopló Harry— Ron, dale la escoba a Draco.
—Pero…
—¡Ron!
—Vale —resopló el pelirrojo, y Draco sonrió con suficiencia.
Disfrutó un momento del cálido tacto de la madera, la suave vibración de los encantamientos que la hacían volar, antes de despegar dando una patada al suelo.
Al instante entendió por qué Weasley berreaba como un crío cuando volaba. Su Comet era estupenda y muy rápida, pero aquello… la Nimbus respondía a sus comandos casi instantáneamente. Fue capaz de hacer varios tirabuzones que no hubiese soñado hacer con ninguna de sus escobas de casa, y voló tan deprisa que dio tres vueltas al estadio en menos de minuto y medio. El viento le golpeaba la cara tan fuerte que se le saltaron un poco las lágrimas, aunque también podía deberse a la emoción. Le costó muchísimo contener un chillido al hacer un tirabuzón especialmente complejo en el que sus pies rozaron los asientos, pero sí que se echó a reír con fuerza. Y seguía riéndose cuando bajó un poco después con la escoba firmemente agarrada.
—¡Madre mía! —exclamó, tendiéndole la escoba a Harry, sin querer dejarla marchar realmente— ¡Qué maravilla! No sabía que McGonagall podía permitirse esto…
—Seguramente es de los fondos del colegio o algo así —replicó Harry, recuperando su escoba—. ¡Me toca!
Y echó a volar. A dos metros de distancia de Weasley, Draco se sintió torpe al ver volar a Harry de nuevo. Tenía un talento natural asombroso. Aquellos giros que había hecho Draco parecían torpes y forzados en comparación con el modo de volar de Harry, que simplemente estaba dando vueltas en torno al campo. Y cuando hizo más tirabuzones... y voló hacia el suelo a toda velocidad, frenándose poco antes de golpearse contra la hierba… Draco notó su corazón latir a mil por hora. Era una visión imponente.
—Merlín, qué bien vuela —comentó Weasley, abstraído.
—Y que lo digas —asintió Draco.
Se miraron un momento, pero ninguno dijo nada, y en su lugar se giraron a mirar a Harry de nuevo. Era tan impresionante que el tiempo pasó volando, y cuando quisieron darse cuenta, eran casi las siete y Wood estaba cruzando el campo a largas zancadas. El capitán de Gryffindor miró a Harry admirado, antes de girarse hacia Draco.
—¿Qué haces tú aquí?
—Probar la Nimbus —replicó, alzando una ceja.
—Lárgate, Malfoy —gruñó el capitán, casi dispuesto a tirarle la caja de las pelotas de quiddich—. No necesitamos espías de Slytherin por aquí.
—No estoy espiando, sólo estoy…
—Que te pires, joder —insistió, cada vez más molesto. Draco apretó los puños y aferró su varita. Creía recordar un maleficio interesante…
—Wood, no pasa nada, ya nos vamos —intervino, sorprendentemente, Weasley, mirándoles un momento antes de girarse hacia Harry, que había bajado a toda prisa y se había plantado junto a ellos—. Nos vemos luego, Harry.
—Claro. Buenas, Wood.
—Potter… ¿qué hace ése aquí? —Wood parecía dispuesto a morderle— ¡Es de Slytherin!
—Me había dado cuenta —Harry apretó la escoba y alzó una ceja—. Yo le invité a probar la Nimbus, parecía muy emocionado…
—Pero, joder, no…
—Vámonos, Malfoy —dijo Weasley.
Draco asintió, pensando que era mejor no estar ahí cuando se desatase la bronca que le esperaba a Harry. Había sido sincero cuando había dicho que no iba a soltar prenda a nadie. No se lo había dicho ni siquiera a Blaise, que era muy capaz de guardar un secreto, y eso que le quemaba en la lengua. Podría habérselo dicho a Flint, el capitán del equipo de Slytherin, claro, pero tampoco lo había hecho. Harry había confiado en él, y no tenía nada que ganar traicionando esa confianza, y sí mucho que perder.
—Malfoy —dijo Weasley una vez hubieron llegado al castillo.
—Weasley —replicó Draco. Se miraron un momento antes de irse cada uno por su lado.
Draco se dirigió inmediatamente hacia la biblioteca, donde enseguida vio la espesa cabellera de Hermione y se sentó junto a ella, que le saludó con un gesto antes de volver a escribir en su pergamino. Draco cogió uno de los pergaminos en blanco de la chica y una de sus plumas de águila antes de agarrar un libro de bibliografía de Transformaciones para preparar el ensayo que les había mandado McGonagall. Consideró positivo que Hermione no se quejara, aunque también podría ser que no le estuviese prestando atención.
—¿Has encontrado la información sobre permutaciones? —preguntó un rato después, atascado a mitad del ensayo. El maldito libro daba tantas vueltas sobre lo mismo que le estaba costando sudor y sangre aclararse. ¿Por qué tenía el autor que ser tan rebuscado en sus expresiones?
—Página doscientos cuarenta y cinco —dijo la chica, mirando por encima de su hombro un instante—. Aunque ese libro es una basura. Te recomiendo el de Raymond.
—Hmm, vale… —suspiró Draco, haciendo una línea en el pergamino en tinta roja. No le dio tiempo a levantarse, sin embargo, cuando Hermione le tendió un grueso tomo encuadernado en azul eléctrico.
—¿Quieres que te eche una mano? Ya he acabado los deberes de Quirrell…
—No me voy a negar. Seguro que así acabo enseguida —aceptó Draco—. Y luego puedo echarle en cara a Pansy que tengo el fin de semana libre.
—Porque eso es lo más importante, claro —Hermione puso los ojos en blanco, y sin más dilación los dos empezaron a trabajar en los deberes de Draco.
Como era de esperar, los terminaron todos para la hora de la cena. También tenía mucho que ver que Draco ya tuviese casi terminados los ejercicios de Encantamientos y que la redacción de Quirrell fuese un chiste. Draco se quedó charlando con Hermione en el pasillo un rato antes de dirigirse hacia el Gran Comedor.
—Te has pasado con el largo del trabajo de Historia —dijo el chico, agarrando los pergaminos como podía porque se había dejado la mochila en el dormitorio—. Tenía que ser medio metro, no metro y medio.
—Eh… ¡es que había tanto que escribir! No quería dejar nada fuera.
—O Binns te pone un doce o te quita puntos, no va a haber punto medio.
—¿Tú crees? —Hermione se mordió el labio, aferrándose nerviosamente a la correa de su mochila— ¿Debería resumirlo?
—Quítale setenta centímetros al menos… por si acaso. Siempre puedes poner la información extra en el examen.
—Supongo que sí… Y tú casi te quedas corto en el ensayo de Transformaciones —comentó entonces ella, como si hubiese tomado ofensa en las palabras de Draco.
—Bueno, no me he leído todos los libros de la biblioteca como otros, y no miro a nadie —miró fijamente a Hermione, que puso los ojos en blanco, aunque la traicionó la sonrisa—. Me has ayudado mucho… gracias.
—De nada —Hermione sonrió más, enseñando sus dientes de conejo—. Sigo sorprendida de que aún trates conmigo…
—Como he dicho… -Draco se encogió de hombros— el daño ya está hecho, y en base a eso, sólo veo ventajas. Tengo que construir mi red de contactos, ¿no?
—Slytherin tenías que ser…
—Y a mí me sorprende que tú no estés en Ravenclaw.
—Bueno, el Sombrero casi me puso allí… estuvo mucho rato pensando —cambió el peso del cuerpo de una pierna a otra con cierto nerviosismo—. Supongo que soy más compleja que otros…
—¿Estás insinuando que soy simple, Hermione? Porque te aseguro que soy un ser complejo y lleno de matices.
Hermione le miró un momento y se echó a reír a carcajadas, que resonaron por el pasillo e hicieron, de hecho, que se le saltasen unas lágrimas.
—Estoy seguuuuuura de ello, Draco, claro que sí —Parecía que le costaba respirar.
—Deja de burlarte de mí.
—Ay, es que me ha hecho mucha gracia —suspiró ella, respirando hondo—. Pero no, sólo supongo que tu Slytherin es más evidente que mi Gryffindor.
—Será eso, claro —Draco puso los ojos en blanco y se le escapó una sonrisilla—. Supongo que mañana también estarás en la biblioteca… ¿Por qué te pasas tanto tiempo allí, de todos modos?
—Eh… me gustan los libros. Y huele muy bien.
Draco no pudo negar eso. Caminaron juntos en un silencio extrañamente incómodo y se despidieron en la puerta del comedor, momento en que cada uno se dirigió a su mesa. Draco se sentó junto a Blaise, que ya estaba engullendo los filetes de pescado, y miró un momento a Hermione, que se sentó sola en un extremo. Desgraciadamente, al niño no le costaba creer que no tuviera amigos, lo cual era en cierto modo una lástima, porque aunque era mandona y estricta, también le gustaba ayudar y era bastante graciosa.
En cualquier caso, mientras se servía un plato de sopa de verduras, sus ojos volaron hacia Harry (fácilmente reconocible porque siempre estaba pegado a una cabeza pelirroja), que también le vio y le saludó con la mano. Escondiendo la sonrisa tras su cuchara, Draco le devolvió el saludo y los dos niños se pusieron a comer.
El tiempo fue pasando, y una agradable rutina se estableció en los días de Draco. Por las tardes, un rato después de comer y tras pasar un rato con Blaise y Pansy, se pasaba por la biblioteca a hacer deberes con Hermione o simplemente pasar un rato teniendo una conversación inteligente, y un par de horas antes de la cena se reunía con Harry (e, inevitablemente, también con Weasley) y estaban un buen rato charlando o jugando al ajedrez, aunque le fastidiaba admitir que el mejor de los tres era el pelirrojo. Por desgracia, Harry entrenaba en su equipo de quiddich tres días a la semana, así que esas tardes las tenía libres para pasarlas con sus compañeros de Slytherin. Nott era tan estúpido como siempre.
Los fines de semana se levantaban relativamente tarde (aunque nunca tanto como Pansy, que siempre se perdía el desayuno) y, o se reunía con Hermione en la biblioteca, o pasaba el día con Blaise y Pansy, o se encontraba con Harry y hablaban de estrategias de quiddich, y las discutía con Weasley, que apenas superaba el nivel de aficionado. No podía ser otra cosa siendo fan de los Cannons.
Así, cuando llegó la mañana de Halloween, Draco apenas se dio cuenta. Llevaba dos meses en Hogwarts y le había parecido toda una vida y muy poco tiempo a la vez. Lo mejor de ese día, aparte del banquete que les esperaba en la cena, era que al día siguiente no tenían clase, y se librarían de Pociones. No ver a Snape siempre era algo positivo a ojos de Draco, porque parecía tenerle una manía terrible, y eso no se había arreglado con el paso del tiempo. En cualquier caso, había ido a peor.
Pero no quería pensar en Snape aquel día, porque olía divinamente por los pasillos, a calabaza asada y todo tipo de platos que Blaise comenzó a enumerar según los iba identificando. Además, Flitwick, a última hora, decidió que podían hacer ya lo encantamientos levitadores, y la clase se convirtió en una algarabía mientras cada uno corría a sentarse con sus amigos para practicar.
Pansy se sentó con Daphne, así que Draco se puso junto a Blaise y empezaron a practicar. Se equivocaron un par de veces, hasta que Blaise corrigió el pequeño error en su movimiento de muñeca y Draco se dio cuenta de que estaban pronunciando mal el Wingardium. Les costó un poco, pero consiguieron que su pluma diera botecitos. Pansy, junto a Daphne, había conseguido que la suya se elevase unos pocos centímetros, y Greg y Vince no habían conseguido nada. Nott y Millicent, sin embargo, se habían apañado para convertir la pluma en un insecto palo de color rosa chillón, ante el que el profesor se quedó anonadado.
—Bueno… eso es… —tartamudeó Flitwick, mirando al bicho con ojos bizcos. Pansy se estaba ahogando de aguantarse la risa, y Draco se mordió el labio por dentro, mientras que Blaise fue perfectamente capaz de mantener la expresión seria, aunque sus ojos brillaban de diversión— No tiene que hacer eso… ¿Qué habéis…?
Dejaron de hacerles caso, porque Daphne elevó la pluma un metro en el aire y la dejó caer suavemente sobre su escritorio, ganándose cinco puntos para Slytherin y logrando que el profesor olvidase el bicho fucsia de Nott, que lo pinchó con la varita.
—Honestamente, Mill, no sé qué has hecho —refunfuñó Nott mientras salían del aula. La niña le miró ofendida.
—¿Perdona?¡Pero si has sido tú el que ha estado haciendo el tonto con la varita!
—Mentir está mal, Mill… recuerdo claramente que fuiste tú la que transformó la pluma.
—¡Pero bueno!
Draco no les hizo más caso, porque Millicent era bastante más grande que Nott, y tenía bastante genio, así que podría darle una lección sin problemas. Además, el niño desconocía cuál de los dos tenía razón.
Cuando esa noche se dirigieron hacia el Gran Comedor, Draco se quedó impresionado, y eso que estaba acostumbrado a fiestas copiosas. Pero estaba increíble, decorado con miles de murciélagos, y calabazas gigantes llenas de velas que titilaban cada vez que los animales volaban a su lado. Se sentó junto a Blaise y Pansy y la comida apareció frente a ellos, tan abundante como el día de la Selección. Blaise se había echado un buen montón de patatas asadas, dos muslos de pavo y un chuletón cuando Quirrell entró a toda prisa en el comedor, con el turbante torcido y muy asustado. Más de lo normal, en cualquier caso. Todas las miradas se clavaron en él cuando se acercó a Dumbledore y se apoyó en la Mesa Alta, jadeando.
—Un trol… en las mazmorras… Pensé que debía saberlo.
Y cayó redondo en el suelo.
Empezó el pánico. Una chica de Ravenclaw chilló con voz aguda, y un banco se cayó estruendosamente cuando todos los de Hufflepuff se levantaron al mismo tiempo. Para calmarles, Dumbledore tuvo que hacer aparecer fuegos artificiales por la punta de su larga varita.
—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.
Gemma Farley, una de las prefectas, se levantó de inmediato, pero antes de que pudiese decir nada, Snape se le acercó y le susurró algo, antes de desaparecer con los demás profesores.
—Chicos, no podemos ir a nuestros dormitorios por razones evidentes —explicó la chica, algo nerviosa—. El profesor Snape me ha dicho que nos dirijamos hacia la torre de Astronomía, que está más lejos, y esperemos allí hasta que resuelvan el problema. Y… confidencialmente, no voy a decir nada si decidís refugiaros en… digamos… otras salas comunes —añadió, nerviosa.
Todos los Slytherin estaban nerviosísimos, como era evidente, y Draco por una vez se alegró honestamente de tener amigos en otra casa. Cuando se mezclaron con los demás en el vestíbulo, el rubio se mezcló con los estudiantes de Gryffindor y buscó a Harry, encontrándole enseguida mientras subían las escaleras.
—¡Harry! —exclamó. Su amigo se detuvo al instante y le miró sorprendido.
—¡Draco!¿Qué haces aquí?
—Eh…
—Vete a tu sala común, Malfoy —gruñó Weasley.
—¡Mi sala común está en las mazmorras, Weasley, cierra el pico! —exclamó Draco, nervioso. Si no fuera por ese detalle, estaría mucho más tranquilo, estaba casi seguro— ¡No te haces idea de lo grave que es esto!
—Draco, nos acabas de decir dónde…
—¡Me da igual! No podemos ir, tenemos que ir a la torre de Astronomía o a donde podamos, nos han dado permiso para refugiarnos en otro lado. ¡Harry, te pido asilo político! —casi chilló el rubio, retorciéndose las manos. Weasley le miró con los ojos como platos (lo que resultaba sorprendente, porque Draco se hubiese esperado que se echase a reír), pero Harry asintió muy lentamente.
—Claro, vamos… Si te han dado permiso…
—Harry, después de la bronca de Wood, te la estás jugando —resopló Weasley, pero no se quejó mucho más.
Algunos Gryffindor mayores miraron mal a Draco en cuanto repararon en el color de su corbata, pero no dijeron nada, en vista de que otros Slytherin también se habían ido con Ravenclaws y, sobre todo, con el grupo de Hufflepuff, que corría por los pasillos como pollos sin cabeza. Fue entonces cuando Harry se detuvo de golpe y aferró el brazo de Weasley, que seguía caminando. Draco se chocó con su espalda.
—¡Acabo de acordarme de Hermione!
—¿Qué pasa con ella? —preguntó Draco al mismo tiempo que el pelirrojo.
—No sabe lo del trol.
—¿¡Qué!? —casi chilló Draco, al límite de sus nervios— ¿¡Cómo que no!?
—Eh… Ron la hizo llorar por la mañana y por lo visto lleva desde entonces llorando en los baños —explicó Harry. Weasley se mordió el labio.
—Weasley, voy a arrancarte las tripas con una cucharilla —gruñó Draco en voz muy baja, pero por lo visto ninguno de los Gryffindors le escuchó, porque no reaccionaron.
—Oh, bueno —dijo finalmente el pelirrojo, enfadado—. Pero que Percy no nos vea.
—Eres más idiota de lo que pensaba —gruñó Draco, mezclándose, junto a Harry y Weasley, entre los de Hufflepuff—. Y una persona horrible.
—No me des lecciones de moral, Malfoy.
—Al menos yo no he hecho llorar a Hermione —gruñó. Hermione era una buena chica, que Weasley la tratara tan mal le molestaba bastante. Aunque tenía que admitir que era muy posible que estar con ella todos los días llegase a ser cargante.
—¿Te gusta o qué? —gruñó Weasley mientras se deslizaban por un pasillo.
—No, pero es maja. Y lista. Ya te he dicho que tendrías que llevarte bien con ella y a lo mejor así apruebas y todo —replicó Draco. Harry les hizo callar, y justo a tiempo, porque se escucharon pasos tras ellos.
—¡Percy! —exclamó el pelirrojo, empujándoles sin miramientos tras un buitre de piedra.
Sin embargo, cuando miraron no era el tal Percy, sino Snape, que cruzó el pasillo y se perdió de vista.
—¿Qué es lo que está haciendo aquí? —murmuró Harry— ¿Por qué no está en las mazmorras con el resto de profesores?
—No tengo la menor idea.
—Es raro, cuando le dijo a Farley que nos fuéramos a donde Astronomía, se fue con los demás…
Pero no siguieron reflexionando sobre ello, y lo más silencosamente posible se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos de Snape.
—Va al tercer piso —informó Harry, pero Weasley levantó la mano.
—¿No huele raro?
Draco frunció el ceño. En efecto, olía fatal, como a calcetines sucios y baño sin limpiar. Y se escuchó un gruñido ronco, y pisadas inseguras de pies enormes. El pelirrojo señaló el fondo del pasillo, donde algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron tras una armadura y la luz de la luna iluminó al trol.
Era enorme y feo como un demonio, armado con un bastón de madera que arrastraba por el suelo, y tenía cara de idiota. El trol se detuvo frente a una puerta y miró el interior, tomando decisiones con su rostro estúpido, y finalmente entró.
—La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Podemos encerrarlo ahí.
—Buena idea —asintió Weasley. Draco estaba demasiado bloqueado para hablar: estaba claro por qué no era un Gryffindor.
Los otros dos se acercaron a la puerta, que Harry cerró dando un salto y le echó la llave.
—¡Sí! —exclamó.
Sintiéndose mucho más tranquilo, Draco corrió junto a ellos por el pasillo para reunirse con los demás Gryffindors, pero no habían doblado la esquina cuando escucharon un grito agudo y aterrorizado. No…
—Oh, no… —dijo Weasley, pálido como un fantasma.
—Lo habéis encerrado en el baño de las chicas —resopló Draco. Harry bufó.
—¡Hermione! —dijo al mismo tiempo que Weasley.
Sorprendentemente, ahí fue Draco el que echó a correr en primer lugar, girando la llave con manos temblorosas con los Gryffindor a la zaga. Harry y él empujaron la puerta al mismo tiempo, jadeando aterrados, y entraron a toda prisa.
En efecto, Hermione estaba encogida contra la pared del fondo, asustadísima mientras el trol se acercaba hacia ella golpeando los lavabos con su bastón.
—¡Distráelo! —gritó Harry con desesperación, tirando un grifo suelto contra la pared.
El trol se detuvo muy cerca de Hermione, y tras unos momentos, se giró hacia ellos, titubeando un momento antes de blandir su bastón hacia Harry.
—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Weasley desde el otro extremo.
En vista de que los Gryffindor lo tenían controlado, Draco se volvió hacia Hermione y tiró de ella, pero la niña no se podía mover. Draco sentía ganas de llorar de frustración y miedo, pero siguió tirando de su mano, tratando de forzarla a moverse. Finalmente, logró que diera un paso, y eso pareció desbloquearla, porque echó a correr hacia la puerta.
—¡Harry! —chilló Draco.
Su amigo, sin embargo, había trepado a la espalda del trol y le había clavado la varita en la nariz, lo que debía ser bastante doloroso. Y asqueroso, también. El trol agitó el bastón, amenazando la vida de Harry. En la puerta, Hermione y Draco estaban bloqueados, y por una vez Weasley fue el que reaccionó primero:
—¡Wingardium leviosa!
El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó hasta el techo y cayó pesadamente sobre el duro cráneo del ser, que se balanceó y cayó bocabajo con un ruido ensordecedor.
Harry se levantó, temblando, y Weasley miraba su varita y al trol de hito en hito.
—¿Está… muerto? —preguntó Hermione con un hilo de voz.
—No creo —dijo Harry—. Supongo que está desmayado.
Entonces, el moreno sacó su varita de la nariz del trol, cubierta de sus mocos grises, que limpió contra su gruesa piel con una mueca de asco.
—¡Vámonos de aquí! —exclamó Draco, desbloqueándose por fin y dirigiéndose hacia el pasillo por el que habían llegado— Seguro que nos han oído…
—S… sí —asintió Weasley, guardando la varita.
Los cuatro echaron a correr hacia las escaleras justo a tiempo, porque apenas doblaron la esquina cuando escucharon gritos asombrados en el baño donde seguía el trol inconsciente, hasta llegar al pasillo donde se habían separado del grupo de Gryffindor, en dirección hacia una zona del castillo que Draco no conocía. Nadie dijo nada al respecto, y pronto llegaron a un retrato con una señora gorda vestida de rosa, que miró a Draco con el ceño fruncido, pero simplemente suspiró.
—Hocico de cerdo —dijo Harry, jadeante. Draco se quedó bloqueado en el marco del retrato un momento, pero el moreno tiró de él, que entró por el hueco, titubeante. Les habían dado permiso, pero se sentía tan… extraño, estar en otra sala común…
Era una estancia redonda, decorada en rojo, y estaba abarrotada de estudiantes de Gryffindor que engullían los restos del banquete que les habían subido. Por suerte, ninguno pareció reparar en Draco, que se apresuró a quitarse la corbata y guardarla en el bolsillo, cubriendo los colores de su jersey con la túnica.
Hermione, que se había quedado plantada en la puerta, les miró a los tres, aún muy pálida, y musitó un "Gracias" muy bajito antes de correr a coger platos para comer y llevárselos a la esquina donde se habían escondido hasta que Draco pudiese deshacerse de su chaleco sin levantar sospechas.
Ahí fue cuando todo cambió para los cuatro. Weasley seguía siendo un idiota, pero incluso a él se le cogía cariño cuando había tumbado a un trol de tres metros y medio. Era una experiencia que Draco nunca olvidaría… y que no contaría jamás a sus padres. Ni por todo el oro del mundo.
—Malfoy… —murmuró Weasley, aceptando el plato dorado repleto de patatas que le tendía Hermione— ¿No deberías irte ya a donde Astronomía?
—Ni muerto —gruñó el niño, encogiendo las piernas contra el pecho para asegurarse de que no se veían los colores de su ropa—. ¿Tú estás tonto?
—Vale, ya me callo —resopló el pelirrojo—. Madre mía…
—¡De todos modos!¡Hermione, te dije que no tenías que hacerle caso a ese idiota! —la reprendió Draco, notando la tensión llegar a su punto máximo. La niña le miró con los ojos como platos—. ¿¡Has visto lo que ha podido pasar!?¡No dejes que te afecte!¡Es idiota!
—Draco…
—¡En serio, Hermione, eres más lista que eso!¡Qué estupidez!¡Has podido morir! —Draco tenía la voz aguda, pero le daba igual. Temblaba como una hoja, y ni siquiera Weasley tuvo ánimo para burlarse— ¡Podríamos haber muerto todos!¡Por no mencionar que si nos hubiesen pillado…!
—Ya lo sé… lo siento… —murmuró Hermione, y como parecía sinceramente arrepentida, Draco se calló. Harry suspiró.
—Pero no ha pasado nada y estamos todos bien —El moreno le tendió a Draco un plato lleno de patatas fritas—. Come y cálmate, ¿vale?
Respirando hondo, el rubio asintió y empezó a comer a una velocidad digna de Blaise. Eso le ayudo a tranquilizarse un poco, y paseó la vista por la abarrotada sala común de Gryffindor. No era tan elegante como la suya, pero era acogedora, y… Un momento…
Junto al fuego, abrazando a una Gryffindor de sexto, reconoció a uno de sus propios compañeros de Slytherin, un chico también de sexto de pelo castaño claro. Se metió una patata en la boca para contener la sonrisa, y siguió mirando. Enseguida vio también a una chica de tercero y dos muchachos de cuarto cerca de un grupito de alumnos de Gryffindor. Así que… el disgusto de los leones por las serpientes no era tan terrible en el fondo. Estaba bien saberlo.
Aún así, no dijo nada, porque sus compañeros de Slytherin estaban vestidos con ropa casual evidentemente pensada para que otros no les reconocieran, y no tenía intención de estropearlo. De hecho, la chica de tercero le vio, le sonrió y se volvió hacia su conversación con sus amigos.
Pasó un buen rato, y poco a poco todos fueron desapareciendo en dirección a sus dormitorios. Cuando ya casi no quedaba nadie, los cuatro se dirigieron también a los dormitorios. Hermione se despidió de ellos en la escalera, y Draco, Harry y Weasley se metieron en los dormitorios de los chicos. Tres de los cortinajes rojos de las camas ya estaban cerrados, y el pelirrojo se encerró enseguida en la suya, dejando solos a Harry y Draco.
—Eh… ¿Te dejo un pijama? —dijo Harry en voz baja. Draco le miró, con una ceja alzada, pero el moreno ya estaba rebuscando en el baúl. Sacó un pijama verde pistacho horrible y enorme, que le tendió— Lo siento… lo he…
—Heredado de los muggles, ya —Draco suspiró.
En cuanto los niños se pusieron el pijama (ambos con la forma y tamaño aproximados de un saco de patatas), se subieron uno a cada lado de la estrecha cama, de tal modo que sus hombros se rozaban. Draco miró el techo de madera rojiza de los dormitorios de Gryffindor, se giró hacia la ventana que daba hacia los terrenos, y pensó en lo raro que era todo aquello. Llevaba dos meses durmiendo mirando el fondo del lago, y le costaba dormirse sin el sonido de las olas.
—Menudo día, ¿eh? —dijo Harry en la oscuridad.
—Es lo que me he ganado por rodearme de Gryffindors —comentó Draco, aún mirando las estrellas a través de la ventana. Harry se rió muy bajito y se giró para mirarle—. Buenas noches, Harry.
—Buenas noches, Draco.
Aún sin las olas, el rítmico sonido de las respiraciones de los chicos de Gryffindor sirvió como arrullo, y el rubio se durmió enseguida con el calor de Harry en su espalda.
NOTAS:
Temo que penséis que me muevo demasiado rápido, pero es que no tiene realmente sentido alargar nada cuando la mayoría de las cosas ya las conocemos de sobra desde el punto de vista de Harry… así que eso.
En el libro, Ron nunca llega a probar la Nimbus en esta ocasión (aunque creo que sí en el segundo), pero no podemos negar que así mola más. Me encanta tomarme licencias poéticas xDD como he hecho con la prefecta de Sly, que sólo sale nombrada en Pottermore y no parecía así, pero shhhhh quiero hacer Slytherins majos fuera de los protas. ¡Los Slys somos majos, vale! I blame you, JK.
Y SÍ, antes de que me lo digáis, me he leído todos los libros varias veces… y el séptimo y el pasado de Snape dos (el que menos xD), así que todo lo que escribo sobre Snape está pensado y calculado. Y ES QUE LE ODIO MUCHO. Como dicen en Piratas del Caribe, una buena acción no sirve para anular toda una vida de maldades. Snape se ha pasado años en canon atormentando a Harry, así que aunque admito que es un tipo valiente, sigue siendo un asqueroso, odioso, traidor… hasta JK lo ha admitido en una entrevista xDD Así que sí, eso. Admito que puede que servidora haga a Snape más odioso que otros autores porque me cae mal, pero ¿me podéis decir honestamente que no reaccionaría así al ver a Draco relacionarse con el Golden Trio? No hay ninguna confirmación oficial de que conociera a los Malfoy estrechamente antes de que Draco fuese a Hogwarts, así que… eso. Así que, si sois fans suyos… no os esperéis amor hacia él en este fic, aunque nunca negaré sus (escasos, aunque relevantes) méritos. He dicho xD y ya me callo con Snape, que me eternizo. Podría haceros una tesis… no veáis cómo discuto con un amigo mío por su culpa xD
RESPUESTITAS FRESQUÍSIMAS! (a todos, sí, buscad vuestro nick porque estáis xD Me gusta demasiado explayarme)
SALESIA: antes de darte una respuesta, decir que tus tres larguísimos comentarios me han tenido sonriendo como una tonta durante dos días xDDD ¡Me alegro un montón de que te esté gustando! Y, como premio, una respuesta LARGUIIIIIIIIISIMA que me va a aumentar demasiado el conteo de palabras, pero a quién le importa el conteo de palabras!
Ahora sí, vamos a la respuesta per se: admito que, cuando era pequeña, pensaba que Draco tenía malas notas. Por todo lo que se queja de Hermione, sobre todo, pero también por cómo le echa Lucius en cara sus resultados en el segundo libro cuando Harry acaba por accidente en el callejón Knocturn. Y por lo mal que me caía xD Pero, después del sexto libro, cosa de 60 fics (NO MIENTO) y algo de análisis me he dado cuenta de que, si no se menciona lo inteligente que es Draco, es porque Harry le odia xDD así que sí, Draco es un chico listo y definitivamente se hubiese llevado bien con Hermione de no ser por todos los prejuicios (por ser hija de muggles y por ser Gryffindor).
Me has leído la mente con lo del trol xDDD era evidente que iba a pasar, creo, pero bueno, espero que te hayas echado unas risas con el por qué. ¿Qué te ha parecido lo de que se quede a sobar en Gryffindor? Admito que tenía planeado que eso ocurriese después de Fluffy, pero no tenía sentido siendo la hora que era xD
No he entendido muy bien si quieres que ponga a Ginny con Blaise o no, pero en cualquier caso, varios fics me han hecho querer mucho a Blaise y ahora no le veo de otro modo que como le estoy escribiendo, así que… eso xDD Pansy y Blaise tendrán importancia, aunque por motivos diferentes, aviso. En los libros, Pansy es tonta del culo, pero no sé, me hace gracia xD Y a mí Molly me gusta mucho, sobre todo porque es la madre que Harry nunca tuvo. Me estoy releyendo el quinto libro y he soltado una lagrimita por ella con su boggart. Además, los pelirrojos molan xD
Evidentemente, he mantenido que en cuanto se han pegado con el trol, se han hecho todos amigos 5ever, por supuesto. Primero, porque tienen 11 años y a esa edad hacer amigos es prácticamente cuestión de preguntar "¿Quieres ser mi amigo?", y segundo porque es una experiencia traumática (como hemos visto con los histerismos por una vez justificados de Draco). Aún así… el pelitonto (me encanta el adjetivo, a lo mejor te lo robo, yo aviso) sigue siendo un… bueno, un tonto xDD De nuevo, mucho tiene que ver con que no vemos las cosas buenas que hace por Harry porque siempre estamos con Draco… que duerme bajo el lago xDD
Y respecto a Snape (me niego a llamarle Severus, le odio demasiado)… bueno, tiene sentido que sepa que Hermione es hija de muggles: al fin y al cabo, los estudiantes deben de tener algún tipo de ficha donde se especifique para que los profesores sepan lo que tienen que aclarar y lo que no, por el tema de la cultura popular mágica que los hijos de muggles no conocen. Por desgracia, ya has visto que no es capaz de callarse la boca y… bueno, digamos que Draco, como todo Slytherin que se precie, es amigo de sus amigos a viento y marea. Aunque ello vaya en contra de sí mismo, y velar por uno mismo también es una cualidad de Sly. Quiero pensar que Draco se parece más a Narcissa en lo mental de lo que se parece a Lucius en lo físico. Como he dicho… ODIO A LUCIUS MALFOY Y NINGÚN FIC QUE HE LEÍDO ME HARÁ CAMBIAR DE OPINIÓN (uno me ha hecho reírme con él, pero no cogerle nada cercano al cariño)
Por más rabia que le dé a Draco, no pienso hacer que Harry le coja manía a Ron. No. La amistad de Harry y Ron es una de mis partes favoritas de los libros y no me veo capaz de quitarla… por eso no me acaban de gustar mucho los fics de Sly!Harry (a pesar de que, como he dicho, soy una orgullosa Slytherin xD). RON Y HARRY SON SAGRADOS, OK.
De nuevo, me voy a callar respecto a qué emparejamientos voy a hacer. Como he dicho, sólo empezarán a mencionarse lejanamente en cuanto llegue a la época del Cáliz de Fuego (que de hecho tengo muchas ganas de llegar, porque es cuando empieza mi verdadero trabajo de adaptación xD), pero quiero pensar que, a pesar de todo, no estamos aquí sólo por las OTPs… Ok, a quién quiero engañar, TODOS estamos aquí por las OTPs. Incluso yo xD aún así, me niego a avisarlas porque… ¿dónde queda la gracia en ello?
Princesa Vampirica: Draco el Dramático, me gusta xDD Lo usaré uvu Sí, su dramatismo tiene que ver con su crianza, pero también con cómo es él de por sí. Los dramáticos tenemos que existir, ok, merecemos un lugar en el mundo D: (aunque los hijos únicos tenemos más probabilidades de serlo, lo admito)
Y no hago spoilers si digo que sí, va a haber muchas escenas de Harry y Draco charlando y haciéndose amiguetes, porque me encanta y admito que estoy echando de menos sus discusiones con tensión sersuá de los libros xDD Estos dos son tan distintos y tan parecidos al mismo tiempo…
Y Draco y Hermione qué? En serio, siempre les vi mucha química desde el momento del bofetón del tercer libro xDD fue tan… maravilloso xD
Y no, no estoy admitiendo ni negando nada respecto a las OTPs que voy a usar. Ni una pizca. Mis labios siguen sellados.
Perla09: uh, entonces mi publicidad subliminal dio resultado? xD Sí, en los últimos tiempos (AKA el último mes) Drarry se ha convertido en una de mis OTPs porque… UFIGDFKJGHSKDJFHG (y conste que Ginny me encanta y me parece que con Harry hace una pareja muy graciosa xD la verdad es que soy de las personas a las que les gusta el epílogo aunque lo ignore vilmente casi todo el tiempo xD)
SPOILERS: tengo planeado un fic de ocs en que el prota es un hijo de muggles Slytherin xD aunque queda mucho para que vea la luz porque… bueno, ocs y eso, pero sobre todo porque tengo las manos llenas con mis novelas originales y con este MONSTRUO que he parido xD quiero tenerlo muy avanzado antes de siquiera pensar en subir nada, porque al contrario que este fic, tengo que pensar todos los eventos y la pereza me puede xD
Respecto a las OTPs, insisto en que mis labios están sellados. Con cola de contacto, grapas y velcro, todo a la vez XD Podría decirlas, claro, pero soy malvada y me gusta callarme info para teneros leyendo, dado que… bueno, no puedo hacer demasiados cliffhangers con esto xDD al fin y al cabo, intento mantenerme muy fiel a la trama de JK. PERO CUANDO PUEDO LOS HAGO porque soy de Slytherin y por tanto malvada uvu Nah, estoy de acuerdo contigo en lo de la Casa, es sólo parte de tu personalidad. Si los Sly tenemos más magos oscuros es porque el poder corrompe, y los Sly buscamos el poder. Pero el propio Draco al final hizo lo correcto, y Slughorn era un absoluto peluche.
Snape sigue siendo un asqueroso. Odio a Snape casi tanto como a Lucius xD
Nua-Shirma: xDD te entiendo, te entiendo. Yo misma soy una impaciente sin remedio y me cuesta esperar a las cosas… por eso me lo voy currando para sacar al menos un capítulo a la semana, al menos hasta que empiece los exámenes a mediados de mayo D: quiero terminar el primer libro cuanto antes xD Y esto es complicado, porque soy de esas personas que es INCAPAZ de terminar nada. PERO DRACO ME PEGA SI NO LO HAGO, así que no me queda otra xDDD
Como le digo a todo el mundo… mis labios están sellados. Ni confirmaré ni desmentiré nada, pero creo que, antes de que se digan claramente mucho MUUUUUUCHO más adelante… se sabrán. Espero. Me estoy dando cuenta de que, como autora, pienso que algunas cosas son evidentes y resulta que no xD
SaraAcv219: me alegro de que no te haya echado atrás que Harry no sea Slytherin ^^ para Slytherin ya tenemos a Draco, Pansy, Blaise… Por más Sly que sea yo misma, hay un límite para la cantidad de serpientes originales de JK que soy capaz de manejar, y en serio, Sly!Harry=pánico xDD así que dejemos al prota en Gryff que pa eso es un Gryff perfecto (en serio, me lo he pensado mucho y es que… no me cuadra que sea Sly en mi trama, para nada xDD) Y sí, hay capítulos enteros desde el punto de vista de Draco. De hecho, intentaré mantenerme lo más posible con él, aunque por supuesto habrá momentos que tenga que usar a otros personajes… aún falta bastante, lo siento DDD: y no diré nada respecto a las OTPs, insisto. Teorizad aquí en los comentarios, pero llegará antes de lo que os esperáis jajaja.
Admito que soy super-inconstante escribiendo, pero dado que estoy adaptando la trama orginal, es bastante fácil escribir esto, así que, aunque puede que haya algún parón (estoy a punto de empezar los exámenes y uuuuugh) en principio la seguiré hasta acabar, cueste lo que cueste. Eso sí, no puedo dar fechas…
Karliss: ay, muchas gracias :DDDD intento actualizar todas las semanas entre domingo y martes, aunque ahora que no me queda mucho para empezar los exámenes, a lo mejor tengo que cambiar a cada dos semanas hasta junio… pero bueno, los tres primeros libros los escribiré muy rápido ^^ ¡Espero seguir viéndote por aquí!
