Todos los personajes pertenecen a Andrew Hussie
Rose
Hoy era un día perfecto para pasar el rato escribiendo. Tu historia de magos venía avanzando a la perfección, pero hacía bastantes días que no habías conseguido escribir una palabra. No por falta de inspiración ni de tiempo, si no que tu mente estaba más ocupada en intentar calmar a tu hermano. Él vivía en Texas y te trataba a ti, Rose Lalonde, como una psicóloga con la que descargarse.
El titulo no te venía mal y de cierta forma te gustaba, pero también cargaba con la responsabilidad de lograr aconsejar a tu hermano de la mejor manera posible. Hasta ahora no había sido para nada complicado, y su intercambio de palabras sarcásticas resultaba fácil y tranquilizador, pero ahora no se trataba se eso. La situación que te presentó era, por primera vez, seria. Seria con "S" mayúscula y todas las letras. Nunca creíste que vivirías para este día, en donde por primera vez tú hermano no pida que lo psicoanalices por no saber si su botella de jugo de manzana estaba llena de jugo de manzana o de pis. Y es que ese miedo se había establecido después de una charla con un amigo de ustedes, John Egbert.
Pero habías vivido para este día, y de cierta forma lo lamentabas. Dave Strider, tu hermano, te había informado de algo bastante perturbador, que ni él y, lamentablemente tenías que aceptar, ni tú lograban entender.
Su hermano, Dirk, había desaparecido.
Se había ido y él no sabía dónde estaba, ni tampoco como era que había pasado. Porque al parecer, cuando despertó en el sofá del salón, él ya no estaba.
Te había explicado la situación y lo que recordaba de los sucesos, y ninguno de ellos tenía sentido alguno. Parecía que se trataba más de una película de ciencia ficción que de un hecho verídico, pero aun así escuchaste y creíste cada una de sus palabras.
Desde ese día, habías investigado sobre estos "fenómenos".
Te sorprendiste cuando diste con varios blogs de personas que decían sufrir circunstancias fuera de lo común. De personas que se sentían diferentes. De personas que se llamaban a sí mismos monstruos.
En diarios de otros países se relataban sucesos extraordinarios e inverosímiles, donde un chico aparecía con las manos prendidas fuego y sin sufrir quemaduras, casi como si este saliera de él. Una muchacha arrestada después de provocar disturbios en un parque, en donde testigos confirman haber visto como "levantaba la fuente con la mente". Un muchacho que provocó un incendio en su clase después de lanzar luz por sus ojos.
No se mencionaba el nombre de ninguno de estos chicos, y la justicia disfrazó cada uno de los inconvenientes con explicaciones ilógicas y de cierta forma, tontas. Estaba claro que aquí había algo extraño, y si estás circunstancias se aplicaban al caso de tu hermano, la cosa era peor de lo que te imaginabas. Por desgracia, si lo que te había contado Dave era verdad, estabas en presencia de uno de estos casos.
Pero en este momento no pensabas en eso. Tenías una historia por seguir y magos por enamorar.
Agarras tu cuaderno violeta que estaba bien escondido debajo de tu cama, y te sientas en esta, con lapicera ya en mano. Afuera está lloviendo y las gotas chocan contra la ventana junto a tu cama. Te permites divagar un segundo, mirando el paisaje, antes de volver a concentrarte en escribir. Habías dejado la historia en una situación delicada en donde tu protagonista está a punto de confesarle a su archienemigo que siempre lo-
Espera, todavía no terminaste de mirar por la ventana. La historia de magos tendrá que esperar para otro día, porque actualmente estás muy concentrada en distinguir que es lo que pasa afuera. Hay un auto estacionado en frente de tu casa, con las luces aún prendidas. Reconoces el paraguas rosa de tu madre como una mancha que se mueve. La lluvia no te permite ver más allá.
Cierras tu cuaderno aún sin despegar la vista de tu ventana y lo tiras al piso, empujándolo con el pie de vuelta bajo la cama, donde pertenece.
Tienes que investigar y saber que está pasando. Tu madre no saldría ni a recibirte a ti con esta lluvia, así que debe ser alguien muy importante. Extremadamente importante.
Sales sigilosamente de tu habitación. La tormenta es fuerte, por lo que dudas que tu madre te escuche aún caminando normalmente. Escuchas voces escaleras abajo y solo logras reconocer la de tu madre. Te asomas por la barandilla y miras. Tu madre ya cerró el paraguas y otra mujer está junto a ella, sonriendo educadamente. Crees recordarla de algún lado, pero no sabes dónde. Tal vez se trate nada más que de un conocido.
Las visitas nunca te entusiasmaron demasiado, pero eres una chica muy bien educada, así que decides bajar a saludar al inesperado invitado. Bajas las escaleras tranquila, sin ninguna prisa. Tu madre se lleva a la visita a la cocina, donde tiene su barra y un pequeño comedor.
La muchacha de pelo negro estaba hablando con ella. Mientras más te acercas, más crees haberla visto antes, pero su recuerdo todavía no vuelve a tu cabeza. Estás a punto de llegar cuando te detienes. Algo aquí no va bien. Frunces tus labios pintados de negro, y te metes en uno de los pasillos de tu casa antes de que tu madre voltee y te vea. Tal vez debas investigar un poco más para dar el visto bueno a la situación.
Miras oculta tras la pared como tu madre conversa alegremente con la invitada. Eran pocas las veces en donde tu madre actuaba tan abiertamente, por lo que el hecho te sorprende. Sabías que antes ella había sido una mujer mucho más carismática, pero había "madurado" después de tenerte. O al menos, eso te dijo Dirk.
Dirk era tu padre, aunque nunca lo habías visto como uno. Él también era el padre de Dave, pero este siempre lo había tratado como un hermano. Así que supones que tú lo haces igual. Dirk, tanto para ti como para Dave, era un hermano mayor con el derecho que tiene un padre. Él fue quién te dijo que tu madre había madurado, y el que te contó una gran cantidad de historias de sus momentos de juventud. No es que fueran viejos, es más, ambos eran jóvenes para tener hijos de 15 años, pero ya no era como antes.
Eso también te lo dijo Dirk.
Dejando eso de lado, tu madre se dirigió a su invitada con dos copas de sustancias misteriosas color rosa y celeste brillante. Oh, claro, se iba a emborrachar. Solo esperabas no tener que cargar con ella para que elimine esa gran cantidad de alcohol en el retrete. Pero lamentablemente, de su jaqueca no lograrías salvarte.
La invitada agarró el vaso con la bebida, pero no probó ni un solo sorbo. Tal vez no era tan buena amiga del alcohol como tu madre. Dejo el vaso a un lado.
La situación parecía lo bastante segura. Conversaban del pasado, del presente y de sus posibles futuros. Estabas a punto de salir cuando escuchaste cierto cambio en la voz de la invitada. Más seriedad que la que venía llevando hasta el momento. Decidiste esperar un poco más antes de darte a conocer.
-Ro-lal… Roxy, quería hablarte sobre algo… puede sonar estúpido pero-
-Suéltalo, Janey –la cortó la rubia, jugando con su vaso.
-Eh… Bueno, se que llevas una buena vida, no digo que no, pero… vine hoy para, además de conversar contigo, ofrecerte… trabajo.
-¿Hm? –Tu madre arqueó una ceja –Eso es raro viniendo de ti, Janey. No necesit-
-Lo sé, lo sé, pero aún así quiero que al menos me escuches y lo consideres, ¿puedes?
-Por supuesto, cariño. Soy todo oídos.
-Bueno… Estoy bastante segura de que conoces a Betty Crocker, la compañía.
-Sabes lo que pienso de ella, Janey. No bromeaba cuando antes decía que no se trae nada bueno entre manos.
-Uh, lo sé, lo sé, pero escucha. Están expandiendo sus campos y gracias a la tecnología que producen, ahora pueden… bueno, están probando con la ciencia y buscan a personas expertas en el campo. Me preguntaron si podía recomendar a alguien y les dije que sí. Ro-lal, te recomendé a ti.
Tu madre se quedó un segundo en silencio, mirando con los labios levemente fruncidos a la pelinegra.
-Sabes que no puedo considerarlo, ¿verdad? –preguntó después de un momento, más seria de lo que la habías visto nunca, aunque su voz ya sonaba ligeramente… alegre.
-Roxy…
-No, Janey, es como una corporación malviada y me estás pidiendo que forme parte de ella –exclamó. Pareció no darse cuenta que el alcohol ya le estaba afectando en su habla.
-Estás exagerando
-No, nu lo stoy… estoy –se corrigió después de un segundo. –Boeno, tal vez un poco. Pero no poedo… puedd… poedu, mierda
-Por favor, Ro-Lal. Esta compañía va a ser mía en un futuro y quiero a los mejores en ella. Te necesito ahí para que me ayudes. Por favor…
Ambas quedaron un segundo en silencio, con la mirada clavada en la de la otra. Fue tu madre la primera en desviarla.
-Mhnn… Janey, Janney, Jeny… Siemrpe… siempre sabes que dicer, decir –sonrió la rubia. Jane se limitó a sonreír abiertamente. Tu madre suspiró, como si estuviese cansada de casi haber terminado en una discusión, y luego sonrió para darle un fuerte abrazo a su amiga. Sonreíste, aunque también tu sentimiento de duda creció.
Jane Crocker, heredera de la corporación Betty Crocker, número uno en lo último en tecnología… y las mejores recetas de torta pre-hechas, esas que tanto odiaba John. Había numerosos rumores sobre esta poderosa empresa, algunos realmente malos… y serios.
Serios en toda la extensión de la palabra.
Y con mayúsculas.
SERIOS.
No vamos a dar pie a estos, porque pronto te enteraras de su veracidad. Mejor dicho, ya lo has hecho. Y eran jodidamente reales.
Y SERIOS.
Serios como tu condición actualmente…
-Perru… -agregó tu madre –Me vaz a prometur que… no esh nada malu, molo, malo, ¿entendido? No quieru ser parti, parte, de suus planes malveados
-Malvados –la corrigió Jane con una sonrisa.
-Lo que sea –terminó Roxy, haciendo un movimiento con su mano para restarle importancia.
-Ehm, dudo que puedas beber en el trabajo, Ro-lal
-Shhhhhshshs –la calló tu madre con un risa tonta –Cual creíash que era mi secrito… seretro…se… cre… ti, mierda.
Ambas comenzaron a reír, pero tú ya habías perdido el interés en su conversación. Tu madre iba a empezar a trabajar para la empresa de Betty Crocker, y realmente no sabías que conllevaba eso. ¿Tendrían que mudarse? ¿Era un secreto? ¿Por qué probar con el campo de la ciencia?
Necesitabas hablar con ella cuanto antes, pero era obvio que este no era el momento. Deberías esperar al que se le pase la borrachera para lograr tener una conversación seria.
Te diste la vuelta y fuiste directo a tu cuarto, lo más rápido y silenciosamente que te fue posible. No notaste la mirada rosada que se clavó en tu espalda y la ligera tristeza que la invadió. No supiste que tu madre si te había visto cuando te ocultaste en el pasillo, ni que no estaba ni la mitad de borracha de lo que hacía parecer. No supiste que nunca tendrías esa charla con ella, ni que la próxima vez que la vieras fuera atada a una cama, cada vez más enojada y ella inyectándote el líquido negro y espeso.
No sabías nada.
Pero ahora lo sabías todo.
Y por eso te acercaste a tu madre con los pensamientos nublados y completamente cargada de furia. Ella te miraba como algo perfecto, como una creación sin errores. Y también con miedo, miedo escondido en su par de ojos rosas. Por eso decidiste no pelear, pero si al menos dejarla inconsciente.
Y no sabías que le harían a aquella chica de ojos jade, pero si sabías que lo evitarías.
Y matarías a quién la toque.
Lo que me costó terminar este capítulo xD
Perdón por la tardanza y traer algo que es tan... corto xD No es ni la mitad de largo de como lo quería hacer, y sinceramente no tengo ni idea de como hice para terminarlo xD Definitivamente no es mi capítulo favorito, peeero, si intenté dar un par de explicaciones. Espero que les guste. El próximo no tengo ni idea de cuando lo voy a publicar, con suerte, va a ser no este sábado sino el otro. Gracias a los que leyeron hasta acá y los que siguen la historia ;u; Los reviews son bienvenidos ;u;
Chauchiis
