30 Días.
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Día 4: "Más que sólo perfección."
—Ah… ¿Hanabi?— Consultó Kiba.
—¿Uhm uh?
—¿Qué es esto?
El plan "Más que sólo perfección" comenzaba.
Kiba señaló, con su bolso para misiones aún amarrado a sus caderas, la mesa desbordante de comida. Hanabi inclinó su cabeza hacía un lado en un acto de ternura que a Kiba aún no le cerraba en la personalidad austera de la Hyuuga. Eran como dos Hanabi. Una dulce y amorosa, la que sabía era tan falsa como su sonrisa, y otra Hanabi, la real. Aquella de apariencia educada, lejana pero ruda. Con su perfil perfecto y su actitud altanera pero intocable.
Mierda, ahora mismo se inclinaría por la primera, pero luego pensó en cuan derrochadora era ésta.
Seriamente ¿Qué pensaba ella que era él? ¡Nadie podría comer una cantidad de comida como aquella! Bueno, sí, Naruto. Pero él no era Naruto, y no tenía tres estómagos como las vacas…
— ¿No querías salmón ahumado, peluchito?
"Peluchito" ¿Le parecía a caso un peluche? Él era un hombre, carajo. Con su respectiva fibra, y tampoco era una bestia peluda para que le dijera de esa forma. Bah, lo que le fastidiaba era el tono. Si el sonido de tradujese en materia, el tono empalagoso de ella sería el equivalente al petróleo. Una vez que se te pega, no se va ni con el mejor detergente. Puaj.
—Sí, claro. Pero yo decía… solo un salmón ahumado.
Kiba casi se sintió culpable cuando los ojos hermosos de Hanabi, envueltos en rímel y delineador oscuro, se aguaron y escocían. Era casi como ver a Hinata llorar. Fue la primera vez que las encontró ligeramente parecidas. Hanabi bajó la mirada hacia un lado, aparentemente avergonzada, y su voz salió casi como un sollozo.
—Lo hice mal todo ¿Cierto? — Y se quebró.
Un par de lágrimas oscuras, llevándose parte del maquillaje, corrieron por los pómulos altos de la jovencita. Ella pareció reparar en eso "repentinamente" y llevó sus dedos hasta las gotas borrándolas de su rostro. Kiba se quedó tieso. Nunca, jamás, pensó que viviría para ver a la frigidita Hyuuga lloriquear como una nena. Pero ella estaba allí, llorando.
—¿Eh? ¡No, no, Hanabi! Lo has hecho genial, en serio— Trató de arreglarlo, y luego sacudió su cabeza.
"Ella está fingiendo, imbécil". Entonces pensó que, si ella quería hacer teatro, la probaría como actriz. ¿Ella era la pobre esposa perfecta víctima de un esposo insensible? Bien, el también podía interpretar perfectamente su papel. Entonces sonrió, interesado, pensando cuán lejos llegaría esa chica para cumplir una apuesta. Era el día cuatro apenas.
—Sólo que, sería mejor que lo hicieras más que genial. — Agregó, al ver que ella repetía "No, no. Lo hice mal" —Ya sabes, ser más lógica ¿Quién comería todo esto? Tú eres una inconsciente ¿Por qué desperdicias así la comida?
Hanabi levantó la vista, en apariencia sorprendida por la respuesta. Curiosa, también ¿Así qué él había descubierto su primer juego rápidamente? Tal vez lo hubiese subestimado mucho más de lo que pensó. Entonces, pensó, debería explicarle las reglas, solo para que fuese un juego limpio.
—¡Soy tu esposa, no tu esclava!
Y se echó a llorar, trágicamente. Tomó un almohadón y lo lanzó contra su "marido". Entonces se acomodó en el sofá y cubrió su rostro con las manos para comenzar un llanto previamente ensayado. Tal como pensó, Kiba lo tomó al instante. Habría muchas interpretaciones de esposas perfectas. Genial, si quería que especificara, especificaría.
—Bien, deja de llorar. Quiero una esposa tranquila, que no llore y simplemente haga lo que necesito. — Lanzó, con un bufido.
Seriamente, le daría un premio a esa chica por su actuación. Porque apenas escuchó esas palabras levantó el rostro, que lucía incrédulo y fastidiado, y luego bajó la mirada hacía un lado. Kiba casi se compadeció de ella, pero se recordó que era todo una farsa y que dentro de esa coraza absurda estaba la autentica Hanabi burlándose de él.
—¡Eso no fue lo que dijiste cuando nos casamos!
Kiba se atragantó.
¿Casarse? ¡Ellos nunca se casaron!
Entonces Hanabi lanzó su discurso previamente corregido. Había llevado finalmente la conversación hasta un punto donde ella quería ir. Le daría, entonces, opciones. Se aguantaría una esposa perfecta, empalagosa y sentimentalista, o se "divorciarían" por, legalmente, diferencias irreconciliables*.
—¡Me pediste ser perfecta! ¡Y lo soy!
Hanabi giró sobre si misma, con los brazos señalándose ligeramente a sí misma. Obviamente, había escogido el atuendo con el plan "marcar atributos".
—¡Y tú, que te vas y me dejas sola! ¡Que te quejas cuando hago un festín! — Acusó, llorosa— Di la verdad, Kiba, si no me aguantas solo dilo ¿Quieres abandonarme, cierto? Prefieres divorciarte de mí antes que soportar todo el amor que te tengo.
Kiba, entonces, ensanchó su sonrisa. ¿Iba a ponérselo en esa línea? ¿Seriamente?
—Oh, cariñito— Él la llamó, envolviéndola con sus brazos y estrujándola contra sí mismo. — Tienes razón, lo siento ¿Sí? No quiero divorciarme… sería… demasiado tonto.
Hanabi suspiró, nop, él no quería la salida fácil. Bien, ella le había ofrecido la tregua, y él eligió la guerra. Genial, que se lo aguantara. Más bien, que la aguantase a ella. Porque Hanabi Hyuuga iba a ser tan perfecta que le iba a doler a Kiba, e iba a estar tan preocupada por él y su bienestar que se asfixiaría, e iba a olvidar lo que significa "privacidad".
Oh, sí. Iba a sufrir un calvario.
Porque si hay algo que sabía que buscaba un shinobi al mudarse solo es intimidad, privacidad e independencia. Y al casarse, vamos, pierden normalmente parte de las primeras dos. No planeaba sacar sus armas secretas, pero si la cuestión lo ameritaba lo haría. Por ese momento, se limitaría a darle solo… unos pocos adelantos.
— ¡Entonces siéntate a comer, peluchito! — Dijo, sonriente, separándose del pecho masculino. — ¡Te traeré el postre! Por supuesto que guarde esas tartas que me pediste. Estoy segura que te gustaran.
Hanabi lo tomó del brazo y lo jaló hasta la mesa, donde lo acomodó en la cabecera de la misma. Sonriente, desplegó los manjares que tantos dolores de cabeza le habían costado y le sirvió jugo. Con la misma eterna felicidad fue por los postres y los dejó. Un segundo luego, acomodó sus faldas y se sentó a su lado, con la cara sostenida delicadamente por su mano y su brazo apoyado en la mesa observando a Kiba fijamente.
—¿No vas a comer?
Ella se rió, con una dulzura que Kiba supo era, en realidad, maliciosa.
—Oh, no, amorcito, yo ya comí. Hice todo esto para ti, con todo mi amor.
Kiba le sonrió con cinismo y ella le devolvió la sonrisa.
—Buen provecho— Ella le deseó.
Como era natural él no pudo terminar con la comida, a pesar de ser un hombre de buen apetito. Hanabi, pues, vio su oportunidad perfectamente planificada.
—¿Eh, no te ha gustado? — Su tono fue decepcionado y angustiado.
Kiba quiso matarla a golpes, zarandearla hasta que ella volviera a ser la misma arrogante de siempre y borrara esa estúpida sonrisa de su rostro. Mierda, lo asustaba un poco que nunca dejara ver mínimamente un poco de sí misma en esa actuación. Pero, ella era una ninja de las mejores ¿Debería sorprenderse en realidad?
—¿Por qué no lo guardas, lindura? Así mañana almorzamos esto, te ahorras cocinar y te dedicas a ti un poco, y comeré contigo. — Pidió, con un tono autoritario implícito y se levantó sin esperar respuestas.
Pero Hanabi estaba decidida a hacerle la vida imposible, a Kiba no le quedarían ganas de casarse.
—¡Eh! ¡No! ¡Ya tengo preparado el itinerario de las comidas, Kiba! — Protestó, volviéndolo a sentar— ¡Come, come! Sabes que cocinó sólo para verte comer feliz.
Él se levantó sintiéndose pesado. Que va, prefería soportarla con sus llantos que seguir comiendo sin apetito. Su estomago estaba comenzando a resentir la ingesta desmedida de alimentos. De modo que, insensiblemente, sacudió sus hombros para sacar las manos delicadas de Hanabi de allí se dio varios pasos hasta su cuarto.
—He dicho que no, Hanabi, así que limpia el basurero que hiciste y déjame en paz.
¿Cruel? En lo absoluto. No se puede ser cruel con alguien inexistente. De modo que aunque sintió la tormenta sobre él, la dejó acercarse. Pero, claro, Hanabi era más lista que solo eso. De modo que lo siguió y sabiendo que llorar no era una carta disponible, uso otra.
La decepción.
—¿Ahora entiendes por qué creo que ya no me amas? — Susurró.
Kiba, expectante al llanto o gritos, evito girarse, pero hizo lenta su marcha. Eso era más que suficiente para Hanabi, una manipuladora experta.
—Siempre… siempre que yo lo intento, lo hago mal y termino alejándote de mí — Continuó, parada a un lado de la silla, como la dejó— Esto es distinto a lo que era antes, y no sé cuando lo perdimos.
Kiba estaba incrédulo ¿La chica se había inventado toda una maldita historia melodramática? Él bufó. Claro que lo había hecho. Era parte de un romance inexistente que, como base de un matrimonio igual de nulo, se había improvisado. Ella actuaba como si siempre hubiera sido su esposa y, por ende, como si tuvieran un pasado juntos.
Él podía tener buena inventiva también, de modo que se unió a esa guerra fría. Donde él modificaría su escena, y como era todo improvisado, ella tendría que adaptarse.
— ¿Antes, Hanabi? Antes era peor, aunque al menos ahora no te matas trabajando, el daño que me hiciste cuando me metiste los cuernos, no pretendas repararlo.
¡Ah, genial! Ahora la había convertido en una perra infiel ¿Cómo podía ser perfecta si había sido infiel? Entonces, simplemente, agradeció haber visto miles de novelas por medio de Hinata. Sólo se limitó a inventarse un guion. Si él se creía escritor, ella se haría toda una autora.
— ¡Fue en una misión Kiba! ¡Y si esa noche no hubieras llegado borracho, no me habría enfadado y no habría tomado esa misión suicida! — Kiba, apretó los puños. Perra astuta. —No sé porque peleamos, solo sé que no importa lo que haga, ya no me amas.
Kiba no la dejaría ir tan fácil, fingiendo una moderada separación conyugal. Ah, no.
—Quizá… sólo intentémoslo más ¿Sí? — Murmuró, acercándose y tomando sus manos.
Hanabi lo odiaba, con todos sus ánimos.
—¿Más, Kiba? — Preguntó.
Entonces Kiba se dio cuenta que en ningún momento tuvo el más mínimo control de la conversación, que todo había sido planeado, que ella había guiado todo hasta un nuevo punto desde que él modificó la historia. Hanabi sonrió, con su sonrisa delatora que lo dejaba saber que ella había ganado, solo para regocijarse de que él lo supiera.
—Entonces así será, mi pequeño peluchito hermoso.
Oh sí, maldita Hyuuga manipuladora.
*Diferencias Irreconciliables: es uno de lo típicos argumentos legales para solicitar un divorcio legal. Tal como "maltrato" o "infidelidad". Es, normalmente, utilizado para no ser demasiado especifico en las causas reales.
Muchas gracias por leer, y sí, HW789, sé que es cortito xD
