Tiempos
Eran aquellos días de reuniones familiares, de largos encuentros, de interminables abrazos y de tardes en el jardín de los padres, junto a esa gran mesa de madera que reunía a toda la familia, con ensaladas y asados sobre ella, niños jugando a esconderse, contar con los ojos cerrados hasta el número que realmente sabían y correr, persiguiéndose, tratando de atrapar al otro.
Eran tardes cálidas y sensuales.
De recolectar aromas y placeres.
De oír suaves arrullos de flores que abren sus pétalos ante las curiosas miradas.
Cuando la pareja cruzó la puerta de entrada al jardín, fue prácticamente como si hubieran sido recibidos por un viento familiar y fresco, demasiado conocido.
Entrelazaron sus manos y Heiji sonrió suavemente al avanzar por el camino de piedras, rodeado de pequeñas flores, movido por la fuente de ese exquisito aroma a primavera.
Kazuha recordó brevemente la sensación de ignorancia del tiempo cuando se es niño. Esos momentos que vamos olvidando cuando crecemos, asumimos responsabilidades, y retenemos el peso del mundo sobre nuestras espaldas.
Recordó los juegos en la terraza, como solía odiar su uniforme escolar a los 7 años, las historias que su madre le relataba, las tardes en la casa de la abuela, las reuniones familiares, que 18 años más tarde todavía eran recurrentes.
Horas más tarde, cuando el sol intentaba cambiar lugares con la luna, abandonando su trono de astro rey Kazuha buscaba a Heiji con la mirada. Luego de comer, ella había entablado una conversación con una de esas primas lejanas, con la que sólo se vuelve a coincidir en un cumpleaños o en un hospital. Mientras tanto él, acariciando suavemente su mano y acercándose muy lentamente a su oído le había murmurado que enseguida regresaba, posó un delicado beso sobre su cuello.
Una acción tan íntimamente cómplice que muchas de las mujeres allí presentes no dudaron en esbozar sonrisas y comentar, como si fueran besos al viento, la carismática pareja que formaban, que acaso ya eran tantos los años que estaban juntos, lo buen posicionado laboralmente que se encontraba Hattori, y tantas otras cosas, que sólo ese beso pudo anestesiarlas.
Lo buscó con la mirada y lo encontró allí, de pie, con una de sus manos descansando en el bolsillo de su pantalón, mientras la otra sujetaba descuidadamente un cigarrillo entre sus dedos, conversando profundamente, probablemente tratando de solucionar en 3 horas los problemas del mundo, envuelto en una escena que parecía una fotografía, envuelto en el humo del cigarrillo.
Sentada, y apoyados sus brazos sobre la mesa, cruzó una de sus piernas sobre la otra, agitándose levemente la falda que dejaba al descubierto sus piernas, mecida por el suave viento.
Entonces, Kazuha intentó, con todas sus fuerzas que él sintiera su mirada sobre la de él, ponerlo a prueba de algún modo.
Inesperadamente, Heiji ladeó su cabeza, se encontró con sus verdes ojos fijos en él y desplegó una de sus tan encantadoras sonrisas que lograban derretir completamente a Kazuha.
Sigilosamente, como solía ser siempre, Kazuha se levantó de la silla, mientras tomaba el vaso que había previamente estado bebiendo, caminaba hacia él lentamente con actitud decidida y coqueta, dejando a Hattori sin segundos pensamientos.
Se situó junto a él, tomó una de sus manos, le sonrió cómplicemente, se disculpó con el hombre con el que hace unos segundos atrás Heiji charlaba, y caminó rápidamente en su compañía, ingresando a la casa y entrando hacia la cocina.
Lo demás, sucedió tan velozmente, en un abrir y cerrar de ojos, que en la memoria de ambos es recordado como uno de esos momentos de suma intensidad y complicidad. Kazuha, con fuerzas secretas, acarició los cabello de él, posó sus brazo alrededor de su cuello, recorrió su rostro con sus labios y se detuvo en los de él, mientras los acariciaba con uno de sus largos dedos, como si quisiera curar una herida pasada, como si tuvieran todo el tiempo del mundo, como si se dispusieran a otro de sus tantos encuentros nocturnos.
Más tarde, cuando ya se encontraran en su hogar, lejos de las miradas silenciosas de los demás, cuando dormitaba entre los brazos del hombre, lo recordaría justamente envuelto en un telón de aromas familiares que compartía hace un par de años.
Lo recuerda caminando unos pasos más adelante, empecinado en encontrar una vieja librería. Por más que ella intentaba seguirlo, no lograba mantener su vigoroso ritmo y ya empezaba a cansarse.
Tras un par de horas de búsqueda, Heiji sin siquiera mirar atrás, desapareció tras un amplio portón. Así, en un afán de medir fuerzas, de marcar territorio de alguna manera (esos juegos pueriles de los amantes que la mayoría de las veces no llegan a buen puerto) Kazuha se quedó afuera, esperando que de pronto, extrañándola quizás, Heiji asomara la cabeza. Pero no lo hizo.
Cuando 1 hora después emergió con un atado de libros en los brazos y la encontró allí, sentada en el borde de la acera con los zapatos en la mano, la miró con una mezcla de desconcierto y ternura.
Como si en el transcurso de ese tiempo sagrado hubiera olvidado su propia existencia, la existencia del resto del mundo, del resto de los seres humanos y ahora, al verla, se deleitara con su aparición.
En ese invisible reto, Kazuha había perdido, pero no porque Heiji fuera un mejor contrincante, sino porque él nunca entro en el juego.
Sin embargo, unas cuadras más adelante, cuando atravesaban un pequeño puente, él se detuvo y, exactamente cuando ambos advirtieron la sombra de una nube sobre el agua, él dejó los libros en el suelo y la estrechó con tal intensidad que le hizo perder el aliento, el juicio y todo lo demás, y de la intensidad de aquel abrazo, emergió la voz del hombre entrecortada, que había surgido de la nada, de esa caminata pacífica, aspirando el aire limpio con las manos delicadamente enlazadas, mirando ese cielo azul tan propio de Osaka, con sus nubes y lagos extraídos de un cuadro, y allí estaba Heiji estrechándola y su rostro no era el mismo, y fue entonces cuando le dijo"Mierda, te amo tanto Kazuha", como un susurro que cada noche la acaricia, cuando es ella quien le cuenta esas historias sobre duendes y doncellas, recostados sobre sus cuerpos, llevándoles dulzura, flores y delicias eternas.
Notas. Seee...esta vez me tardé menos en actualizar xD
Bueno...nada muy importante que comentar del capítulo. Sólo que desde este capítulo en adelante, la historia ya tendrá una continuidad definida, una trama y ese tipo de cosas ) Ah!!! que me mata la ultima frase...la del "te amo tanto" una vez la leí en un libro, y no logré sacarmela de la cabeza xD
GriTzi..gracias por tu apoyo. Besos y abrazos a todos -
