¡Actualizando de nuevo, Mundo Fanfiction! Me siento bastante feliz pero algo molesta, no me gusta hacer capítulos tan largos, y este, mi querido publico, este si es el mas largo hasta el momento; 13,407 palabras. Lo se, me siento mal, terriblemente, pero necesitaba, ocupaba que este capitula llevara todo lo que tiene, no me era sencillo dividirlo, aunque digamos que le quite unas cosas que de plano si sobraban.
Bueno, no les hago perder mas el tiempo, solo les doy gracias por leerme y comentarme, de veras que me hacen muy feliz. El siguiente capitulo tratare de subirlo lo mas pronto posible, y me parece sera el penúltimo.
Advertencias: contiene una fuerte escena sexual, si, no quise ser explicita pero por desgracia resulto, no del todo como lo esperaba, pero salio, soy pésima para ese intento de lemon, creo que no son lo mio u.u quizá se hallen una que otra palabrota, espero no lo asocien con mi nacionalidad, repetición de palabras, y algunos párrafos que no concuerdan; hice mi mejor esfuerzo.
Sin mas, disfrútenlo.
Disclaimer: Inazuma Eleven Go no me pertenece.
¿Problem? By Madoka
4
Once minutos es lo que dicen dura una relación sexual; no sé realmente si sea cierto o no, no tengo un reloj en la mano para cronometrarlo cada que la situación lo amerita, lo único que sé, es que en ese momento, ya sea prolongado o corto tiempo, uno puede decir lo que se le venga en gana, incluso incoherencias propias de un demente, hasta discursos para presidentes.
Las grandes ideas no solo surgen sentado sobre la taza del baño; también pueden presentarse como guturales gemidos de placer en la cama mientras le haces el amor a alguien. Eso es lo que pasa con Kyosuke, tiene la extraña manía de hablar cuando estamos teniendo relaciones; habla, y habla, y dice, dice cualquier cosa, lo primero que se le venga a la mente, y ahí me doy cuenta de que no está precisamente concentrado en que alcance el orgasmo.
Yo me dedico a suspirar, gemir y de vez en cuando a gritarle su nombre, o en ciertas ocasiones, a reprenderlo porque me dolió, o porque no estoy sintiendo suficiente, muy contrariado con él que aprovecha el instante para informarme de las ultimas noticias relevantes.
Como aquella vez que me dijo que le interesaba meterse al equipo de beisbol de la región, por mi parte, yo si estaba tan concentrado, que no capte su idea a la primera, creyendo que cuando se refirió a meter, sería otra cosa y seria en mí. Mi silencio lo interpreto como incentivo para seguir con su charla repentina, y siguió contándome sobre el grupo deportivo; que eran muy buenos, tenían excelentes uniformes, un compañerismo excepcional en circunstancias necesarias, entrenamientos con flexibles horarios, partidos los fines de semana y todo en un ambiente relajado, ameno y saludable: que quería entrar.
Y como no le estaba prestando la debida atención, mi respuesta fue, entre placenteros suspiros, que por supuesto, que sí, que entrara bien y profundo: al día siguiente lo mire con su uniforme nuevo como titular de Los Ocelotes Blancos.
A Kyosuke le gusta mucho el beisbol, se puede comprobar fácilmente con su uniforme blanco y azul, es fiel fanático de los Diamondbacks, y se la pasa viendo partidos extranjeros en el cable, cosa que desapruebo rotundamente porque incluso me obliga a verlos a mí también, aunque le insista que no me interesan, o que estoy aburrido y no le entiendo; le arrojo sutiles indirectas para que subamos la temperatura, provocándole con manoseos furtivos mientras tiene la vista al frente; solo me ve de reojo sonriendo altanero y me dice "estamos a un out de ganar, espera un poco", y esa es siempre su respuesta, a pesar de que acaba de empezar el juego o el equipo vaya perdiendo, me dice eso y yo no puedo defenderme, porque abusa de que no lo comprendo del todo. Además de que si no está en el club de futbol entrenando, o en su defecto, malgastando energías conmigo, lo puedes encontrar en algún diamante practicando bateo.
Terminó siendo muy bueno en su equipo, todo un pequeño profesional de la región infantil, no recuerdo exactamente qué posición juega, algo así como parador en corto, no sé, quizá yo también sea deportista y todo lo que quieran, pero soy más futbolista que otra cosa.
He intentado muchos otros deportes que no me han satisfecho, llenado mis expectativas ni dejádome con un buen sabor de boca. Un claro ejemplo es la vez que mire por televisión el Tour de France; me dije que tenía una bicicleta, que no se veía tan difícil, que va, solo pedalear y ser más rápido que los otros. Así que con esa idea en la cabeza, salí tomando la bicicleta de la tía Kino y andando camino arriba.
Sentir el aire fresco golpearte el rostro, ver tu alrededor como toma esa forma abstracta llena de colores, escuchar a lo lejos cada uno de los coros del ambiente, son sensaciones reconfortantes y maravillosas, andar en bicicleta, con la velocidad de por medio, me hacía sentir bien, vivo, recordando las carreras en el campo de soccer, teniendo a tus compañeros detrás, al lado y enfrente tuyo apoyándote, era increíble.
Me gustó mucho andar en bicicleta, me dije que lo haría más seguido.
Estaba tan sumergido en mis meditaciones mentales, que no vi la curva que se aproximaba frente a mí; era una inclinada cuesta abajo. Entonces el pánico me sobrevino y tuve escalofríos en todo el cuerpo, tensando mis músculos, apreté con fuerza el manubrio y marque lo más que pude los frenos, sintiendo la caída bajo las ruedas, torcí la bicicleta para evitar más movimiento.
Lo cual fue una pésima decisión y termine cayendo de boca al suelo.
El asfalto estaba duro, muy duro, y la bicicleta bastante pesada, pues acabo sobre mí. Con los brazos temblorosos me incorpore, viendo debajo de mí, el reguero de sangre que salía de mi boca, provocado por haber caído directamente de cara sin meter las manos y un diente roto que me ardió como mil demonios.
El horror se apodero de mí y comencé a llorar, eso sí que me había dolido, no solo física, sino también emocionalmente, tanto que me estaba gustando el ciclismo, ¿para qué me haga esto? Fue como una apuñalada por la espalda.
A duras penas me levante, quitándome de encima la bicicleta, por suerte no hubo nadie cerca que me viera y se burlara, o me ayudara, mejor dicho. Tratando de calmarme, agarre la bicicleta y mi trozo de diente roto y fui a la casa de Kyosuke, que casualmente me quedaba cercana.
Toque su puerta desesperadamente, molido en lágrimas y dolor; me abrió, quedando completamente pasmado ante mi imagen desaliñada. Balbuceante le dije lo que había sucedido, esperando palabras bonitas de consuelo y que se ofreciera a llevarme al hospital, o al dentista, no sé; para recibir como respuesta unas sonoras carcajadas que escupió en mi cara. Se echó a reír sin más.
Me quede congelado, figurativamente, aturdido por la acción, aun con mi pedazo de diente en la mano y la sangre manando de mi boca a chorros.
Fruncí el ceño desaprobatoriamente, diciéndome mentalmente que se fuera muy lejos a lo más alto de una montaña a chiflarle a su madre, que bien podría atenderme yo solo y no ocupaba de la ayuda de este idiota que se burla de mi descaradamente.
Me di la vuelta indignado para marcharme, pero el chico reacciono milagrosamente a tiempo y me sujeto del brazo; aguantándose las risas y lágrimas, me dijo que lo sentía, que subiera al auto, que me llevaría a urgencias, viéndolo como tomaba las llaves del coche de sus padres y cerraba la puerta tras de sí.
Con un puchero de enojo nada disimulado, me subí al auto y nos fuimos directo al hospital. Desde la sala donde me atendían, no dejaba de ver furtiva y fulminantemente a Kyosuke sentado en la sala de espera leyendo una revista, pensando en que me las pagaría, o si, claro que me las cobraría.
Hasta el momento, no puedo decir que ya me las cobre, pero cada que me veo en el espejo y sonrío, puedo apreciar la forma y el color incorrectos en el diente que me pusieron reemplazando el roto que acabó en la basura, junto a la bicicleta y mis ganas de participar en el Tour de France.
En otra ocasión, fui con Hayami y Hamano a pescar, ya no involucraría indirectamente a Kyosuke en mis intentos por ser más deportista, así que invite a Shinsuke y Shindou para que me acompañaran.
Fue un completo desperdicio de tiempo, sentado sobre un banquito de madera con la caña en las manos, nada picaba mi anzuelo, logrando que mis ilusiones por alguna vez convertirme en buen pescador, se derrumbaran y carcomieran de envidia, pues a todos les iba de maravilla con sus pescados, incluso Hayami pescó muchos más que yo; uno, porque yo no pesque ninguno en la hora y media que estuve allí plantado.
En el lugar nos encontramos a Ichino y Aoyama, quienes me estuvieron aconsejando sobre como transmitirles sentimiento a los peces para que mordieran, y no sé qué tantas tonterías más, porque los deje de escuchar en cuanto hablaron sobre su antiguo equipo de futbol.
Hasta Shinsuke tuvo más suerte que yo, y eso que ni siquiera le gusta tanto el pescado. Uno bastante gordo le pico el anzuelo, y como no tiene la suficiente fuerza, se estaba yendo de boca al agua. Me apresure y lo tome de los brazos para ayudarlo, pero no sé qué tenía ese pez, esteroides, me imagino, que de un jalón, nos tiró directamente al estanque.
Además de la humillante escena y la pérdida del buen espécimen, tuvimos que soportar el regaño de la señora que atiende, argumentándonos que esto no era una piscina, que bien pudimos habernos ido a la pública que está a unas cuantas cuadras.
Ese día no pudo haber salido más mal; me equivoque, Kyosuke me llamo en la noche y me pregunto, ya que el adorable y buen amigo Shindou le conto. En cuanto le escuche la primer risa, colgué el teléfono y lo apague, esa vez no soportaría sus burlas, en definitiva.
Ya podía tachar de mi lista la pesca.
Así lo estuve intentando con varios deportes más; el volibol, el baloncesto, sumo, rugby, de ese último me arrepiento porque me dejo maltrecha la columna; ping pong, tenis, entre otros tantos que ni recuerdo, pero me dejaron terribles experiencias que no quisiera revivirlas, y en todas ellas, tenía las burlas de Kyosuke, que ya me eran habituales, diciéndome que me rindiera, que para qué buscaba otro deporte si tenía el futbol, y en ese soy de los mejores. Rematando con "y si estabas buscando un deporte, ¿Por qué jamás me pediste a mí que te enseñara beisbol?".
Esa conversación la estaba evitando.
No quería practicar beisbol porque él ya lo hacía, además, le adquirí un odio irracional por su culpa, no me pondría a jugar con un bate y una pelota a estas alturas. Le agradecí la oferta y le colgué.
Una noche de sábado, me quede hasta tarde en su casa jugando videojuegos encerrados en su habitación. Como siempre no se encontraba nadie, y regresábamos de ir a ver a Yuuichi en el hospital. Me tumbe en su cama con el control en la mano, concentrado en la pantalla, mientras él comía de un pequeño tazón arroz frito con brochetas de camarón que pedimos a domicilio para cenar.
Se me recostó en las piernas, viéndome jugar.
-Tenma- dijo de pronto, entre sus bocados de arroz.
-Mande- le conteste sin voltearlo a ver, perdido en el juego.
-Estaba pensando- dijo, colgando la frase, como queriendo ponerle misterio. Por mi parte estaba tan concentrado en la matanza de zombies que básicamente no me interesaba mucho lo que quisiera decirme, pero debía sonar interesado, por supuesto, así que le pregunte.
-¿En que estabas pensando?
-Mañana- y seguía cortando la oración. Me ponía de los nervios cuando hacia eso, no leo mentes ni predigo el futuro, ¿Por qué piensa que se a lo que se refiere? Suspire y le insistí.
-Mañana es domingo… ¿juegas?- y recordé que los domingos por lo regular jugaba con su equipo de beisbol. Para mi fortuna, le atine, asintió.
-Así es, y no solo es cualquier juego; jugamos la final para el campeonato regional. Si ganamos, podríamos ir a Okinawa al torneo.
-¡Que padre!- exclame, sin siquiera pensarlo; ya tenía de frente a un zombie mordiéndome el cuello.
De inmediato, Kyosuke noto mi indiferencia y falta de atención a su charla, y me volteo a ver con una ceja enarcada.
-Sabes a lo que me estoy refiriendo con eso, ¿verdad?
-Oh…- dije, colocando pausa al juego y bajando el control poniéndole finalmente la debida atención -. No, pero seguro puedes explicarme- y sonreí. Kyosuke suspiro, rascándose la nuca y dejando el plato en el marco de la ventana; se me fue encima, apretándome contra su cama.
-Seguro…- repitió despacio, un poco cabizbajo; después de todo, Kyosuke es humano y tiene sentimientos, que en claro ejemplo, puedo llegar a herir.
-Vamos, vamos, vamos, Kyo, ¿no me quieres explicar? Me he estado portando muy mal, deberías enseñarme buenos modales- comencé a susurrarle provocativamente, alternando mis besos de su boca, a sus mejillas y cuello.
Podía sentir la tensión en el cuerpo de Kyosuke, se había ofendido. Usualmente, cuando se ofende, por x razón, se pone rígido y aparta la mirada, sin corresponderme nada y poniendo cara de no interés, así como lo estaba haciendo en esos momentos.
Pase mis manos libremente por su espalda, metiéndolas por debajo de su playera, acariciando su piel fría y suave, bajando lentamente hasta llegar a su trasero, donde comencé a masajearlo con delicadeza, ocupándome de su cuello a mordidas. Baje un poco más las manos, delineando sus piernas, luego las moví al frente, topándome su entrepierna, allí, introduje una por debajo de su pantalón, sintiendo la erección venirse, lo empecé a masturbar.
Justo ahí, Kyosuke me tomo con fuerza de ambas muñecas y las aprisiono al lado de mi cabeza, reteniéndome bajo su peso. Me quede sorprendido por el repentino cambio de acontecimientos, sin decir nada, lo mire a los ojos, esos ojos que se posaban en mí seriamente, me hicieron pasar saliva nervioso.
-Tenma- murmuro, sin despegar de mi esa afilada mirada, y con un tono demasiado duro.
-¿Qué pasa?- fue lo único que atine a decir sin sonar temeroso, eso no me estaba gustando. Gire los ojos en ambas direcciones, sude frio y sonreí nerviosamente.
Finalmente Kyosuke suspiro derrotado, soltándome e irguiéndose, quedando sentado sobre mi regazo. Me incorpore también viéndolo confundido.
-Sabes exactamente lo que te quiero decir, ¿Por qué lo evitas?- sus ojos volvían a ser normales, normal para él, y su voz ronca regresaba a la seriedad y sentimentalismo rudo de siempre.
-No lo estoy evitando- me excuse, volteándome a otro lado. Sabía perfectamente a donde conducía la conversación desde el inicio, pero me rezagaba totalmente para no afrontarla. Desde hace mucho que Kyosuke me invita a sus partidos de beisbol, bueno, en realidad desde que comenzó a jugar me ha estado insistiendo en que lo vaya a ver, pero yo le respondo negativamente, buscando cualquier pretexto para no asistir.
Y no es como que no lo quiera y por eso no vaya, o me moleste que juegue, no, solo que, no sé, no me dan las suficientes ganas ni motivos para ir. Cosa que llega a deprimir severamente a Kyosuke, pero lo repongo con algún trato especial, si es que se sabe a lo que me refiero.
Aunque esta vez, era realmente importante para él que fuera, eran las finales para la regional, y que más quisiera que su amado fuera a animarlo. Y mi complejo de culpa atacaba. Pero no quería ir, no quiero ir, no me gusta el beisbol, independientemente de que Kyo juegue, no me gusta ni me gustara. Pero a veces hay que hacer sacrificios por las personas que se aman.
Nos quedamos en silencio un buen rato, viendo la nada con la cabeza baja, sabía que si alguien debía hablar primero, ese sería yo.
Respirando profundamente, me levante y lo tome del rostro, obligándolo a que me viera.
-Kyo, sé que quieres que vaya… es importante para ti, ¿no?- Dios, pero que mal pregunta, me lo recrimine mentalmente, sacudí la cabeza y lo volví a ver -. Y si es importante para ti; para mí también lo será- sonrió de lado, le correspondí el gesto, besándonos, y por fin pude volver a jugar.
El domingo me levante con unos indescriptibles ánimos demasiado disimulados con mi cara de pocos amigos. Pase la noche en casa de Kyosuke, este se había levantado a las ocho de la mañana, cosa que no me agrado del todo, era fin de semana, no se supone que me deba levantar temprano, escuchándolo como se arreglaba para su gran partido, jugaría a las diez, y yo aún seguía botado sobre la cama envuelto en las sabanas tratando de conciliar el sueño que no pude adquirir en la noche por su sin fin de habladurías que normalmente se le escapaban durante nuestros actos sexuales: Kyosuke amanecía de maravilla, le sentaban bien, yo amanecía de malas, me caían pesimamente.
A regañadientes me tuve que levantar luego de media hora soportando sus reclamos de que me pusiera en pie, que odia llegar tarde. Me metí en la ducha y el agua estaba helada, no ayudando para nada a mi condición, y para rematar la mañana, ni siquiera desayune, eso sí que era malo.
Nos fuimos a pie hasta el campo, que se encontraba como alrededor de quince cuadras de su casa. No evite verlo reprochante cada que tenía oportunidad. Llegamos al lugar, y para mi mayor asombro, ya había gente; las gradas se llenaban de a poco y los jugadores calentaban. Varios saludaron de lejos a Kyo mientras nos acercábamos, me señaló una parte de las gradas del lado de su equipo y me indico que me fuera a sentar.
-¡A sus órdenes, jefe!- le dije en tono sarcástico que salió solo, realmente no quise demostrarle mi disgusto, haciéndole una señal de saludo militar. Kyosuke enarco una ceja pero no dijo nada, me palmo el hombro y se fue, teniendo que irme yo también a sentar.
Y la primera regla que aprendí al ir a ese partido, es que a lo único que los espectadores van, es a comer. Todos, a donde se quisiera ver, estaban comiendo algo, desde pan hasta papas fritas, gaseosa, comida casera llevada en topers, golosinas diversas, en fin, toda una tienda de abarrotes se podría haber alzado al lado del campo. Por ende tuve que adaptarme y disfrutar de una manzana acaramelada que me obsequio una anciana que se sentó a mi lado.
La mujer, que no recuerdo su nombre, era muy amable, platicadora y adorable. En cuanto me vio, se me acerco y comenzó a hablar, de cualquier cosa, preguntándome por igual, pero sobre todo hablaba del juego, obviamente, diciéndome que cada domingo iba a ver a su nieto que juega con Kyosuke, del cual desconozco, o mejor dicho, no recuerdo su nombre tampoco.
Me dijo que no me había visto antes, y le respondí que era la primera vez que iba, que un amigo me invito a apoyarlo, no le diría que salía con Kyosuke y me rogo que lo acompañara, bueno, no exactamente me rogo, pero me gusta como suena. La señora asintió sin sospechas y siguió chachareando de lo lindo como si nada.
No entendía del todo el desarrollo del juego, pero por lo que se veía, y escuchaba, no les estaba yendo tan bien a los Ocelotes. Desde las gradas podía ver la molestia de Kyo, refunfuñaba y se gritoneaba a cada rato con otro muchacho. Durante una bateada, cabe destacar que Kyosuke es un majo, se lucia moviendo de un lado al otro el bate, incluso haciendo malabares, encantando a las chicas en las gradas que suspiraban viéndolo. Solo pude negar con la cabeza, esa sí que me la desquitaría en la casa. Total, el chico con el que se había estado gritando se encontraba en primera base, y Kyo lanzo un "hit" tan alto, que ambos salieron corriendo lo más rápido que les fue posible, por desgracia, atraparon la pelota y fue "out", eso me lo estaba explicando la señora, por supuesto.
Sacaron a Kyosuke pero el tipo estaba entre primera y segunda, corriendo de un lado al otro para que no le marcaran out, y justo estaba por volver y salvarse, se detuvo, sin más, ni corrió ni hizo nada, y lo tocaron, sacándolo también. Su equipo estallo en gritos, junto con la tribuna que lo abuchearon por no haberse movido. Acabando la entrada y llevándolos a la baja en el marcador.
Todo el equipo estaba furioso, pero en especial Kyosuke, diciéndole que había perdido una tremenda oportunidad por alcanzarlos, que acaso no se daba cuenta de la importancia del juego. Estaba hecho una fiera.
Terminaron por perder el encuentro, y por la culpa del chico que no corrió. Me pareció excitante el evento, ciertamente, entretenido y llenador, pues me la pase comiendo, claro, a pesar de que no ganaron. Le agradecí a la señora la compañía y me despedí, acercándome a la banca del equipo para ir por Kyosuke.
Ahí pude distinguir como le gritaban al pobre muchacho, que no se defendía, extrañamente, solo asentía sin tomarle importancia. Kyosuke aún seguía molesto, y se le enfrento a empujones, a lo que el otro no se echó para atrás y dieron inicio a una disputa no solo verbal sino también física. El resto de sus compañeros trataban inútilmente de separarlos, y viendo que no surtía efecto, decidí colarme, tomando con fuerza a Kyosuke de la cintura, jalándolo y susurrándole en el oído que se detuviera.
El chico le planto un puñetazo en la mejilla, y Kyo se lo devolvió con un punta pie en la rodilla que lo tumbo al suelo, acabando oficialmente con la pelea. El entrenador los reprendió por el mal comportamiento y tuve que llevármelo del brazo aun sin poder contener su ira.
En el trayecto no se pudo evitar mascullar airado cuanto detestaba a aquel chiquillo que decía no servía para nada y solo estaba para echar mierda al palo, eso dijo él, seguido de comentarios sobre que ya no volvería a ir a jugar por su culpa, y porque quedaron fuera de juego esta temporada.
-Es un maldito idiota, ni siquiera sabe jugar; solo lo ponen de titular porque todos los domingos va su abuela a verlo y no quiere decepcionarla- en cuanto escuche esas palabras me quede estático, con un choque eléctrico recorriendo mi columna.
-Ay…- solo pude exclamar, preferí entonces callarme mis comentarios, para seguir caminando mientras escuchaba sus quejas.
¿Y cómo por qué vienen a mi memoria todos estos acontecimientos pasados que a simple vista no parecen tener ninguna relevancia? Muy sencillo.
Luego de ver la silueta de Kyosuke desaparecer entre los árboles de invierno y la calle, escuche claramente como me llamaban por detrás. Naturalmente, como se es de esperar, me voltee para corresponder el saludo, pero al ver de quien se trataba, desee que la tierra me tragara, literalmente, con la última persona con la que me hubiera gustado toparme en esos instantes estaba de pie junto a mí, sonriente con una dona a medio comer en la mano y una boina militar.
-¡Hola, Tenma!- me saludo animadamente Taiyou, con su habitual encantadora sonrisa desinteresada.
Casi se me detiene el corazón, me habría gustado un infarto en esos momentos, el alma me cayó a los pies y la sangre se me coagulo en el cuerpo, tensándome y no dejándome mover, me quede helado, figurativamente, aunque bien pudo haber sido literal, porque estaba haciendo demasiado frio, y yo andaba muy tranquilo con el uniforme de Raimon.
Me quede sin aliento ni habla, la garganta se me hizo nudos y sentí el estómago revuelto. Taiyou estaba allí, comiéndose una dona como si llevara en el parque más de diez minutos, y si era así, lo más probable es que me haya visto u oído hablar con Kyo, y eso sería devastador.
O tal vez exageraba, bien pudo habérsela comprado en algún otro lugar y no exactamente en el puesto ambulante que estaba a siete metros de distancia frente a mí en el parque, caminaba calmado por aquí y me vio, acercándose a saludar, no pudo haber sido todo un drama.
Aun así, me puse nervioso, ¿y si me escucho, o me vio? ¿Qué hago, qué digo, cómo actúo?
-Tenma ¿estás bien?- me cuestiono enarcando una ceja y tocándome el hombro, su repentino contacto me hizo sobresaltar, sacándome del estupor por unos segundos. A decir verdad, Taiyou no aparentaba nada, se veía como siempre, feliz de la vida; tampoco vendrá con cara de pocos amigos, por supuesto.
-¡Ah! Sí, sí, estoy… bien- pase saliva duramente y desvié la vista. Sentí un leve hormigueo en la espalda y sude frio.
-¡Menos mal! Hace rato que te veo aquí en el parque.
-¡¿Qué?!- le pregunte sin disimular mi exaltación. Entonces todo estaba confirmado, me había visto con Kyosuke, ¿Qué habría visto, habría escuchado?
¡Y que importa, Tenma! Así le quedara más que claro que no tienes intensiones de separarte de Tsurugi, y que él bien se puede conseguir a alguien más.
¿Qué estás diciendo? ¡Pero si Taiyou solo es tu amigo!
¡Un cuerno con ese amigo! Tú mejor que nadie sabe cuáles son sus intenciones.
Sí, pero, de cualquier forma no me gustaría que hubiese visto algo, sabes, se supone que es secreto.
¿Y cuándo saldrás del closet, cuando se acabe la moda de las fotos multicolor en la red social, o cuando legalicen los matrimonios homosexuales en Japón, eh?
¡Demonios, cierra la boca!
-¿Tenma?- me llamo de nuevo Taiyou, sacándome otra vez del estupor; discutir con mi Tenma interno es cansado y frustrante, debo de estar teniendo delirios emocionales por la situación.
-Ah, Taiyou, perdón… divague- fue lo único que atine a responderle, mordiéndome el labio nervioso y jugueteando con mis dedos, sin querer verlo.
-Descuida, suele suceder- y ahí estaba de nuevo su sonrisa reconfortante, esa sonrisa me estaba gustando, últimamente, me hacía sentir un abrasador calor en el pecho, y extrañamente, se me transmitía, sonriendo como idiota sin motivo alguno, como bien lo hago -. Hace rato que llegue al parque y te mire sentado en el banquillo, me quise acercar a saludarte, pero vi que hablabas con alguien, no sé con quien, no le preste atención, así que me fui a dar una vuelta. Me compre una dona y cuando cruce de nuevo por aquí te mire solo y vine- soltó simplemente, sin deformar su mueca.
Pude respirar aliviado, después de todo, Taiyou solo paso y no le tomo interés a mi asunto, me alegro, no sabría que decirle si preguntaba algo.
-Ya veo- baje la cabeza, ahora me sentía culpable por mi actitud, pero no pude pensar en otra cosa ya que Taiyou coloco su mano en mi brazo, tomándolo con cariño. Levante el rostro con sorpresa, perdiéndome en sus brillantes ojos azules que denotaban ese ameno y considerado afecto hacia mí, sin prejuicios ni tapujos. Sentí de pronto mis mejillas arder, estaba apenado.
-Entrenabas ¿no?- le asentí, apartando la mirada, este amplio su sonrisa y supe de inmediato que mi cara se había puesto rojísima de vergüenza -. Pues vamos- dijo, me tomo de la mano y nos dirigimos hasta el campo de Raimon.
¿Por qué permito este tipo de consideraciones, por qué me pongo nervioso, apenado y me sonrojo, será acaso que, pudiera estarme enamorando de Taiyou, sus obsequios, su atención, su afecto?
Eso no puede ser, yo amo a Kyosuke, y se puede demostrar viendo todo el sufrimiento que viví esperándolo, y ahora que vuelve, no puedo no interesarme en él, acabar, ya no quererlo, es ilógico.
Pero como leí alguna vez "si te enamoras de dos personas; quédate con la segunda. Porque si de verdad amaste a la primera, no te hubieras enamorado de la segunda", eso no puede estar pasando conmigo, me rehúso a creerlo. Yo amo a Kyo, no lo estoy dejando de amar, y por Taiyou solo siento… ¿Qué siento por Taiyou, realmente?
Taiyou es mi amigo, me cae muy bien, es bueno conmigo, y apegado, sobre todo en estos últimos días. Me confía las cosas y es verdaderamente esplendido en ocasiones, como cuando me invita a comer; me dice, "pide lo que quieras, no te preocupes", o cuando pasamos al lado de una dulcería, "te gusta el chocolate, ¿no? Vamos, te comprare uno", y terminamos saliendo de la tienda con medio kilo de dulces.
Ciertamente, en el pasado ayude mucho a Taiyou, según él, a mí no me lo pareció, así que solo devolvía el favor; me admira, debe ser gratificante mi presencia.
¿Y eso es todo?
Bueno, cuando sonríe, como dije antes, el pecho se me comprime de emociones, del buen modo, y me hace sentir felicidad, genuina felicidad. Cuando recibo sus mensajes en la mañana deseándome un excelente día, los comienzo con el pie derecho.
Él es una persona increíble; gracioso, ocurrente, divertido, te sabe sacar una sonrisa a cualquier costo, aunque tenga que hacer alguna payasada, la hace con tal que verte reír. Es un artista nato, te canta y actúa, además de motivador y generoso: un estuche de monerías, en pocas palabras.
Oh, cielos, no puedo negarlo, es más que evidente; me estoy enamorando de Taiyou.
De vuelta en el entrenamiento, Shindou me aparto del campo para hablar, preguntándome si me encontraba bien, que se quedaron muy preocupados al verme marchar de esa forma, y que de igual manera, el entrenador Endou quería conversar. Le conteste con que estaba bien, ahora sí, creíble, que ya podían dejar de lado las angustias, que de ahora en adelante, las cosas conmigo estarían mejor, y le pedí por favor, que se lo comentara al entrenador él mismo, no deseaba enfrentar a nadie, mucho menos repetir las cosas.
Me respondió afirmativamente y volvimos al juego, donde mire como Taiyou regateaba y anotaba, junto a los alegres gritos de emoción del equipo. No pude evitarme una sonrisa de idiota en la cara, las cosas mejorarían, como lo había dicho Taiyou, en definitiva, irían mejor desde ese punto.
A las dos horas, el entrenamiento acabo, con los rostros contentos y sudorosos, los ánimos al tope de la frente; antes de despedirnos y tomar cada quien por su lado, Taiyou pidió cortésmente si podía venir cada miércoles a practicar con nosotros, a lo que, con el permiso del entrenador, todos respondimos felizmente con un sí.
-¡Muchas gracias!- dijo Taiyou, y una cálida sonrisa adorno su rostro, haciéndome sentir tranquilo.
Me acompaño a casa, hablando de un montón de cosas diferentes durante el trayecto. Nos detuvimos frente a la puerta de la barda cuando llegamos, cruzando miradas.
-Gracias por acompañarme- solté simplemente, dándome vuelta para entrar, en ese momento, me tomo del brazo, deteniéndome. Lo voltee a ver intrigado, pero toda esa duda desapareció cuando volvió a sonreír dulcemente.
-Tenma, ¿No te gustaría acompañarme el viernes al beisbol?- me quede completamente petrificado ante sus palabras, ¿había escuchado bien, dijo beisbol en serio?
Parpadee confuso, sin creérmelo aun, pensando en que había escuchado mal y que dijo otra cosa, pero no, repitió su pregunta: si quería acompañarlo el viernes al beisbol.
-¿Hablas en serio?- le cuestione sorprendido, si escuche bien, a lo que me contesto con que un primo suyo juega en el equipo de la región, y que lo invito al juego, así que decidió invitarme a mí también para no ir solo.
Me mordí el labio y torcí la mueca, bajando la vista. Del único equipo regional que sabía existía, eran Los Ocelotes Blancos, quizá su primo sea mayor y juegue con adultos, aunque lo dudo, ellos no están en temporada. Era obvio que se trataba del mismo equipo al que pertenecía, o perteneció Kyosuke.
Sí, pero Kyo juega los domingos, el partido es el viernes.
Sí, pero recuerda que perdieron y horita están en amistosos, por eso juegan los viernes.
Dios mío, ¿qué tal si iba, y me topaba a Kyosuke? ¿Qué le diría? "Si pues mira, acompañe a Taiyou porque él me invito porque un primo suyo lo invito y no quería venir solo, sabes, pero te estaré apoyando, no te mortifiques, sabes que te amo solo a ti, aunque tenga severas dudas al respecto en estos momentos por culpa de este solecito de Arakumo, ¡despreocúpate! No es para tanto".
¿No es para tanto? Si Kyosuke estuvo molestándome por mucho tiempo para que finalmente lo acompañara a sus juegos, y Taiyou viene invitándome por menos de dos minutos y yo le digo que sí, eso es como traición sin ser traición, preferencia conveniente sobre relación "estable y duradera".
Y rematando; es el chico con el que te he estado engañando a beso y beso, solo para que estés enterado.
-¿Tenma?- me llamo Taiyou, desconcertado por mi repentino silencio y discusión mental que agradecía no había soltado la lengua como últimamente lo hacía. Me sobresalto escucharlo y verlo inquirir en mí con su ceja enarcada y su cara contraída.
Fingí una bonita sonrisa distraída y me rasque la nuca.
-Ah… Taiyou, ¿beisbol? Uf, la verdad es que no es de mis deportes favoritos, ciertamente- busque excusarme, moviendo los ojos de un lado al otro y torciendo la boca -. Así que debo rechazar tu oferta…
-Sabes, de los míos tampoco, no sé nada de él, pero anímate, será divertido salir de aquí.
-Bueno…-y estuve a punto de decir "bueno, ya que", pero mi frase fue obstruida por la humedad de los labios de Taiyou sobre los míos, en un rápido y suave beso furtivo que me tomo desprevenido, logrando dejarme estupefacto y apenado, las mejillas me volvían a arder.
-Vamos, ¿sí?- no quise responder a su insistencia, temiendo algún otro fortuito movimiento, le asentí poco convencido, a lo que me sonrió enormemente, diciendo que pasaría por mí a las cuatro. Se despidió agitando la mano y deseándome buenas noches.
A ver, creo que necesitamos poner algo en claro y solucionar unos cuantos problemas, ¿no te parece? ¡Te estás pasando de la raya! Ya viene siendo hora de que pongas limites, como te pusiste de moñudo con el carita de Kyosuke y sus arrebatos lujurioso; en aquel entonces eras un mojigato de lo peor y te daba vergüenza todavía besarlo francesmente, ¿francesmente? ¡Si, dije francesmente porque "de lengua" suena muy feo! Le decías tímidamente, como un animalito asustado poniendo tus ojos de cordero a medio morir que se detuviera, que no te "tocara", que aún no estabas listo para las relaciones sexuales. Y ahora, te besas a diestra y siniestra con cualquiera que se te ponga enfrente, incluso le has llegado a hacer ojitos al mono de Taiyou para salirte con la tuya. Qué pena, verdadera pena deberías estar sintiendo en estos momentos, te estas aprovechando, y cuando menos te lo esperes, se te regresaran las cosas, y a ver quién aguanta más.
Basta, estoy cansado, no quiero sermones ni reclamos de nadie, quiero dormir, te lo repito; estoy cansado.
¡Y un cuerno con el cansancio! Lo que pasa es que te da miedo confrontarlo y admitir que has dejado de amar a Kyosuke, y que te está gustando Taiyou.
¡Eso no es verdad!
¡Claro que lo es!
-¡Claro que no!- grite desesperado, levantándome de golpe, con la cara cubierta de sudor y la respiración agitada.
Otra cosa para mi lista de confirmaciones; me estoy volviendo loco, hablo solo y discuto con mi Tenma interno en un sinfín de protestas que no llegan a ningún acuerdo, entre si amo a uno o a otro.
Era cierto, me lo podía decir incluso mi subconsciente, me estaba saliendo de control con esas consideraciones con Taiyou, ¿Cómo dejaba que me besara de esa forma cada que quería? Se supone, se supone, aclaro, que tengo una relación seria y "estable" con Kyo, no puedo andar por allí en la calle repartiendo afecto y contacto físico, cuando yo no soporto siquiera que Kyosuke hable de mas con Hakuryuu.
Tengo la contraseña de la red social de Tsurugi, y la última vez que entre a checar ociosamente su cuenta, me topé con unos mensajes sin leer de Hakuryuu hacia Kyo, donde mencionaba que tenía ganas de verlo y jugar soccer. Me subí en su conversación y me percaté de que sostenían charlas muy amenas casi diariamente, con ligeras insinuaciones, coqueteos, coqueteos muy obvios, por parte del "amigo SEED" de Kyosuke, que él, o no notaba o le restaba importancia, pasaba de lado completamente, enfrascándose en otros temas.
Esas conversaciones me desconcertaron, pero no le pedí explicaciones al respecto, no soy quien para decirle con quien puede hablar y con quien no, bueno, sí, soy su pareja y presumo de ello silenciosamente; yo también sufro de un socialismo muy activo, mi bandeja de entrada esta atiborrada de mensajes de muchas personas, pero a todas las respecto como amigos nada más. Pero de cualquier forma, esa "amistad" con Hakuryuu me dejaba intranquilo, aunque sé que no debo desconfiar de Tsurugi, él me ha sabido demostrar su verdadero amor y sinceridad hacia mí, uno que a veces lo demuestra sin demostrarlo con su actitud desganada, pero atractiva que me hace suspirar.
Pero lo que yo estaba haciendo con Taiyou era diferente y peor, no podía seguir así, simplemente, si realmente amo a Kyosuke y quiero que sigamos nuestra relación, no puedo continuar saliendo con él, o bueno, al menos poner espacios y condiciones; condiciones suena raro, así que diré "poner las cartas sobre la mesa y saber decir que no".
¿Y si no quería decir que no? ¿Cómo decirle que no a los brillantes, deslumbrantes y vivaces ojos de Taiyou, sus sonrisas encantadoras y sus fuertes abrazos calientes, ¡su montón de dinero despilfarrado solamente en mí!?
¡Dios mío, estoy mal, muy mal!
Esa noche no pude dormir, no dejaba de pensar en lo que debía hacer. Lo que si sabía, y me sacaba de orbita ligeramente, es que lo acompañaría al beisbol, si me topaba allí a Kyosuke, entonces sería el momento idóneo para "aclarar dudas y solucionar problemas, poner las cartas sobre la mesa", por supuesto que el sitio no, tendríamos que irnos a un lugar más íntimo. Si es que sucedía, si es que Kyo iba a jugar.
El viernes llego mucho más rápido de lo que esperaba, dejándome al borde de un colapso nervioso, en mis fallidos intentos por enfermarme o encontrar una excusa para no asistir. Estaba nervioso y preocupado aun por si veía a Kyosuke allí, me estaba atando una soga al cuello y a punto de tirar de ella.
No había sabido nada de él en toda la semana, y seria desastroso si me lo topaba junto a Taiyou. Mi Tenma interno me lo repetía cada noche entre reclamos altos, sin dejarme dormir, insistiéndome en que admitiera que estoy cambiando de gustos; por ende que ahora mi rostro se decore con espantosas ojeras negras y tenga los nervios crispados todo el tiempo.
A las cuatro de la tarde, mire a Taiyou de pie frente a la puerta esperándome. Bastante puntual, pensé, mientras salía de la casa con mi abrigo y bufanda alrededor del cuello, tratando de ocultar mi rostro lo mejor que pudiera. Al contrario de mí, Taiyou estaba muy emocionado por asistir, era la primera vez que iba a un juego de esos; vestía una chaqueta blanca y unos pantalones de mezclilla deslavados y rotos de las rodillas, rematando con una gorra azul que tenía bordado OB.
Se veía muy bien, ciertamente, guapo, lo que ocasiono un ligero sonrojo en mis mejillas, del cual mi Tenma interno me recrimino entre burlas escupidas en la cara. Me maldije mentalmente y nos fuimos al campo.
Cuando llegamos, me topé con el mismo escenario de la última vez; llenas las gradas, los jugadores practicando y todos comiéndose algo con altos concentrados de grasas Trans. Y para mi mayor asombro, la viejecita amable que me hizo compañía durante el juego de Kyosuke, estaba allí sentada, justo en el sitio de antes.
Taiyou saludo amistoso a unos cuantos chicos del equipo, luego señalo las gradas y nos fuimos a sentar al lado de la señora, que casual, extraña y convenientemente, conocía a la perfección. Cabe destacar, que el primo de Taiyou, no es nada más ni nada menos que el mismo chico que la adorable ancianita va a ver, con el que Kyo se peleó su pasado partido.
Yoji se llama, y es familiar de Taiyou por parte materna, por lo cual no lo conoce muy bien ni sostienen una íntima relación de primos. Al contrario, me confesó que es la primera vez que cruzan palabras, su hospitalización no le permitió llevar una sana convivencia familiar con todos sus parientes en Japón.
Taiyou me presentó a la abuela de Yoji, Chiyoba, que no es su abuela, pero le cae bien. En cuanto me vio, me reconoció, saludándome amenamente, a lo que le correspondí nervioso, volteando en los alrededores.
La situación no se podía tornar más fatídica y bromista, el destino jugaba cruelmente conmigo y mis relaciones sociales, lo único que me faltaba en esos momentos era que para rematar mi desagradable encuentro, me llegara a cruzar a Kyosuke. Por suerte, la primera suerte que me sonríe en lo que va de tarde, en este satírico día, es que no asistió, ni luces de su paradero por los lares remotos. Pasaba de la hora citada para el juego, y Kyo detesta las demoras, así que era más que probable que no fuera. Respire un poco tranquilo, sentándome y prestando atención al evento.
Después de todo, Yoji resulto ser un tipo agradable, muy payaso para mi gusto, el bufón del equipo, pensé, corroborándolo con su sentido del humor ácido y estúpido con el que les hablaba a sus compañeros. Me resulto difícil conectarlo con mi último recuerdo, esa vez, me pareció un pésimo chico, arrogante y odioso, solo un saca problemas, y mal jugador, pero ahora, parecía una persona totalmente distinta, quizá sea por el hecho de que Kyosuke no está, y no hay tanta tensión en el grupo, o tal vez, solo tal vez, quien acarrea los problemas y logra las disputas en el equipo sea el mismo Kyo y no Yoji, como bien me lo temía desde el principio. Asociado a su etapa adolescente, por supuesto, sus cambios de humor y su lamentable carácter fuerte e inestable.
-Te me haces conocido, ¿no te he visto antes aquí?- me pregunto Yoji, viéndome con un gesto torcido, mientras acompañábamos al equipo en la banca.
-A decir verdad…- pensé en que sería bueno responderle, no creo que parezca muy conveniente decirle que soy amigo del problemático Kyosuke con el que se peleó hace un par de meses en la final para la regional, que hiciste perder, por cierto. Así que me limite a contestarle con un "no lo sé, no soy muy fan del béisbol".
A lo que un entrometido muchacho del equipo, se coló en la conversación, afirmando que si me habían visto antes, que asistí a la final junto a Tsurugi, que fui yo quien se lo llevo hecho un manojo de furia después de su pelea.
-¡Ah, es cierto!- sentencio Yoji, cambiando su expresión por una clara mueca de disgusto mezclada con sorpresa e incredulidad ante las palabras de su compañero, dirigiéndome una vista escéptica, me pregunto -. ¿Tú no serás como ese tipo, o si?
-¿Cómo ese tipo, te refieres a Tsurugi?- le cuestione desconcertado, enarcando una ceja.
-Sí, bueno, es que a veces viene con una cara y humor… ¡que no sé cómo se aguanta él mismo! Solo sabe hacer bronca, de veras.
-Si, al principio pareció muy amable, incluso agradable y buena onda, muy bueno, es realmente bueno, nos ayudó a ganar varias veces, pero después se amargo, ya no hablaba tanto y si lo hacía, lo único que decía era que éramos unos inútiles que no lo ayudábamos. Y cosas así, luego de la final, ya no volvió y no hemos sabido nada de él- terminó diciendo el otro chico, cruzándose de brazos, pensativo.
-Tú no pareces ser así- continuo Yoji, mirándome intrigante con sus enormes ojos verdes -. ¿De veras eres su amigo?
-Ah… si, se puede decir que si- me quede en silencio un momento, meditando lo que diría en busca de una defensa para Kyo, no me gustaba lo mal que estaba quedando para todos ellos -. Bueno, Tsurugi tenía varios problemas personales cuando jugaba con ustedes, por ello de su actitud, pero no niego que tiene su carácter un tanto explosivo, es un buen chico, ciertamente, solo se le necesita comprender un poco, es todo- dije, finalizando la conversación, recibiendo el asentimiento de ambos jugadores.
Esta vez no puedo decir que me divertí, esas confesiones respecto del comportamiento de Kyo con Los Ocelotes Blancos me descolocaron, incomodándome, y haciéndome pensar más de la cuenta. Después de todo, Kyosuke tenía muchos más problemas de los que imaginaba, de los que sabía, de los que se supone debía ayudarlo a resolver, vaya que soy un atento y considerado chico.
Mi complejo de culpa actuó acompañado de las quejas de mi Tenma interno y sus constantes reclamos por haber sido un mal receptor amoroso, detesto la palabra novio, ya lo dije.
De vuelta a casa, tomamos el camino largo, de por si el campo estaba bastante retirado de mi casa, Taiyou opto por el recorrido del puente, el rio y las canchas de soccer, alumbrados con los últimos destellos del sol escondiéndose bajo las penumbras purpuras del cielo invernal.
-Tenma- dijo de pronto, sacándome de mis pensamientos -. Espero te la hayas pasado bien- y sonrió en mi dirección, ocasionando que me volviera a sonrojar. ¡Maldita sea! Esto ya no me está gustando; soy un fácil.
-Sí, si me divertí, fue… entretenido- por no decir revelador -. La señora Chiyoba es muy buena gente, y tu primo también.
-¿Verdad? Aunque no los conozco del todo, se puede distinguir fácilmente si nos llevaremos bien o no, es una de las cosas que me gusta de la gente, algo que solo yo puedo ver en ellas. Pensaras que solo hablo disparates- y se echó a reír, colocando una mano frente a su boca.
No pude evitar sonreír también, a veces Taiyou podía ser encantadoramente dulce, tierno e infantil, además de inocente y tonto, muy tonto, pero una persona irrepetible y maravillosa.
Dejó de reír y se detuvo bruscamente, colocando una mano en mi pecho para que me parara también; señalo a mi costado, un campo de futbol.
-¡Mira!- me tomo de la muñeca, jalándome mientras corría cuesta abajo.
-¡Espera!- fue lo único que pude decir antes de caer de rodillas sobre el pasto recién cortado. Taiyou no se esperó, corrió hasta un almacén de la orilla, entro y salió con un balón viejo y sucio entre las manos -. ¿Qué haces?- le pregunte, pero mi cuestión resulto ser bastante absurda, era más que obvio que pretendía que jugáramos.
-¡Juguemos futbol!- corrió desde el extremo del campo hasta el centro, deteniendo el balón con su pie, apunto la portería -. Tenma, tu una vez jugaste de portero, ¿recuerdas?- le asentí, alzando las cejas; me levante, caminando hacia él. Puso la mano frente a mí y negó con la cabeza. Fruncí el ceño, ahora si estaba confundido, volvió a señalar la red -. Quiero ver que tan buen guardameta eres; yo tirare, tu trata de detenerlo.
-¿Qué?- abrí los ojos sorprendido, no esperaba que me propusiera jugar de portero, como dos veces lo hice, y solo para sacar mi avatar a luz, no creo ser bueno, bueno para detener algún tiro, menos del Dios del Sol.
-Sí, vamos, Tenma, será divertido. Puedes intentar con cualquier parte de tu cuerpo, lo que te venga mejor- y me guiño un ojo. Eso no pudo haber escuchado más altanero y provocador, hice un puchero y voltee la cara, yéndome hasta la portería.
-Vale, pues, tira- le dije simplemente, poniéndome en posición.
-Okey. ¡Prepárate!- grito, levantando los brazos, sabía lo que ocurriría; invocaría a su avatar. La brillante luz amarilla apareció deslumbrante, casi cegándome por el resplandor, tuve que cerrar un ojo. El Dios del Sol, Apolo, se alzaba frente a mí -. ¡Ahí voy!- fue suficiente para que ese fulminante y poderoso tiro me pasara por un lado sin siquiera alcanzar a reaccionar, resonando tras de mí, dejándome con el aliento cortado y la tensión en el cuerpo -. ¡Venga, Tenma, puedes hacerlo mejor!- grito alegre Taiyou, sonriendo ampliamente.
-¡Ah!- sacudí la cabeza, saliendo de mi estupor, me di vuelta por la pelota y se la lance -. No me estas dejando opción, Taiyou, tendré que llamar a alguien que me apoye- solté irónico.
-¡Esa es la actitud!- y resurgió nuevamente Apolo, no tenia de otras más que llamar yo también a mi avatar; ¡Sal de donde quiera que estés, Pegaso!
No puedo describir que paso, lo que se, es que fue muy rápido; Taiyou disparó y de alguna forma, logre detenerlo de una patada, lanzando el balón hasta el otro lado de la cancha, quedándonos sin habla, viendo como la pelota volaba por los aires y aterrizaba sobre el tejado de un edificio.
-¡Si, Tenma, si!- celebró Taiyou, echándose a correr en mi dirección, lanzándoseme encima, aterrizamos en el suelo -. ¡Si, si, si!- seguía diciendo emocionado, colgándose de mi cuello.
Le correspondí el gesto y lo abrace con fuerza, gritando a todo pulmón; de nuevo me faltaban las palabras para poder traducir la situación; había sido perfecta, sin lugar a dudas, el mejor momento que habíamos pasado juntos, uno que desee no terminara, porque no podía recordar cuando había sentido una felicidad tan grande, llenadora y agradable como esa, compartiendo el calor de un cuerpo ajeno, sonriendo con sinceridad, con aprecio y alegría.
Un verdadero amor compartido. Con las repercusiones, por supuesto; mi Tenma interno vuelto un nervioso compulsivo acusándome con su dedo tembloroso: ¡eres un infiel, ya no amas a Kyosuke!
Y volvió a ser lunes, el maravilloso día que tanto había estado esperando, supuestamente, porque según mi Tenma interno, yo era un hipócrita que estaba jugando con los sentimientos de dos increíbles muchachos que acabarían matándose entre ambos si se llegaban a enterar de lo sucedido, además de que quedaría como el perro de los dos panes y como un #&$", me niego a decir la palabra.
Total, dejando de lado mi inestable cordura que pendía de un hilo más que delgado y liviano, me levante de buenas, con el rostro repleto de emoción, ganas de poder ver al fin a Kyosuke y poder seguir con "nuestra relación".
¿Y Taiyou? Bueno, puedo decir a ciencia cierta que me gusta, me encanta Taiyou, pero no lo amo, a quien amo es a Kyo, digan lo contrario y me contradiga en cada oportunidad. Supongo que le rompería sus ilusiones de poder llegar a ser más que amigos, tendría que confesarle la verdad, si es que no la sabia, pero creo mucho que está bien enterado de todo.
Estuve el día entero aguantándome las ansias de correr y buscarlo a su salón, abrazarlo con fuerza y dedicarle un profundo beso, agradecido por tenerlo de vuelta, esperando el entrenamiento de la tarde y la salida para poder charlar tranquilos, además de que no lo vi durante los recesos, ni supe básicamente nada de él. Kageyama me dijo que se veía algo distraído, pero bien.
Torcí la boca y enarque las cejas, debía esperar, no tenia de otra.
Pendiente del reloj, en cuanto toco el timbre para salir, me levante de un salto y salí rápidamente del salón, no contando con toparme a Akane en medio del pasillo; chocamos sin más. Le rendí disculpas, dispuesto a seguir con mi camino, pero la cortesía y la culpa me sobrevinieron, que novedad, y tuve que ayudarla a levantar todo lo que traía en manos; cientos y cientos de anuarios, su cámara y muchas fotos de Shindou. Termine de recoger las cosas, y me pidió de favor si podía acompañarla al taller de periodismo, a donde se dirigía, si la ayudaba llevando las cosas.
Tuve ganas de decirle que no, que se me haría tarde para el entrenamiento, pero no pude, y la seguí con sus lentos pasos hasta el segundo edificio de Raimon donde se encuentra el taller. Allí, deje las cosas sobre la mesa más próxima, dispuesto nuevamente a marcharme, sin anticipar que otra vez me pidiera que la ayudara, ahora a acomodar los anuarios en los estantes, ¡en orden alfabético!
Maldije mentalmente ser tan buena gente.
Entonces se me había hecho tarde para la práctica, llegando una hora después; apresurado, con el uniforme desarreglado y agitado por la carrera, me detuve sobre la escalera, viendo directamente al campo; allí, justo ahí, estaba Kyosuke, con su singular cuello levantado, corriendo de un lado a otro, pateando y dribleando, el mismo Tsurugi Kyosuke que tanto había estado esperando.
Una abrasadora sensación de alivio, reconforte y alegría me invadió, recorriéndome la espina entera. Los ojos se me aguaron por un segundo y la respiración se me cortó; Kyo estaba de vuelta, lo tenía conmigo de nuevo.
Baje de a dos los escalones, emocionado, siendo recibido por la mano del entrenador Endou frente a mí, viéndome severo, me reprendió por el retraso, obligándome a darle como mínimo cinco vueltas corriendo alrededor del campo, en forma de castigo.
¿Qué, está bromeando? ¿Todo lo que espere para que no me deje jugar con el amor de mi vida? ¡Debería dedicarse a la comedia, entrenador! Pensé, pero solo atine a bufar fastidiado, haciendo un puchero. Le dirigí una mirada furtiva a Kyosuke, sin ser correspondida, me fui a cumplir con mi castigo.
Por suerte llego a ser rápido, así que no fueron muy pesadas ni tediosas las vueltas que le tuve que dar a la cancha, incorporándome finalmente al juego de práctica. Acostumbrado, me plante a la derecha de Tsurugi, corriendo a su lado, sonriendo como idiota por tenerlo cerca y el viento golpeándonos el rostro. Extrañamente, él no parecía compartir mi felicidad; como había dicho Kageyama, se veía distraído, ausente, y algo rezagado, por no decir molesto. Su ceño fruncido me lo corroboraba. A pesar de todo, yo si estaba contento, solo era cuestión de tiempo para que las cosas regresaran a la normalidad.
¿Y qué tanto es ese tiempo? Me choca esperar.
Llevábamos más de media hora entrenando y aun no recibía demostraciones afectivas sutiles de su parte, incluso, puedo llegar a decir que me ignoro brutalmente, sacándome la vuelta cada que podía, me regateaba sin ver y anotaba sin mí. En una ocasión, le pedí que me pasara el balón, que estaba solo; ni siquiera me volteo a ver, pateo la pelota y pude ver como volaba por arriba de mí, yendo a parar el pase a Kageyama, que siguió corriendo como si nada, dispuestos ambos a anotar juntos.
Así siguió pasando, me estaba evitando, obviamente, hacia pases a cualquiera menos a mí, hasta se arriesgaba a fallar con tal de no darme la pelota. Tampoco me buscaba, cuando me tocaba el saque o yo dribleaba con el balón, prefería esperar a cierta distancia, a que alguien más me robara y se lo diera.
Era frustrante y extraño, ¿Qué diablos pasaba? ¿Por qué actuaba de esa manera? ¿Qué había sucedido? No tenía idea, lo único que sabía, es que ya me estaba colmando la paciencia esta ridícula actitud.
-¡Tsurugi!- le llame en cuanto se acabó el entrenamiento; estaba desconcertado y necesitaba explicaciones, definitivamente, pero este seguía renuente a contestarme, ignorándome ágilmente, conversando con el primero que se le cruzara en frente, con tal de no responder.
Quise llamarlo de nuevo, preguntarle a gritos qué pasaba, pero me contuve, no podía hacer una escena en el campo rodeados de los chicos del Raimon, por supuesto que no, si algo he aprendido a lo largo de estos días, es a callarme las cosas, cuando la situación lo requiere, aun no logro superar completamente el drama que le arme a Shindou, y no deseaba justificarme con alguien más tampoco ante mi hostil actitud.
Lo deje irse, fue de los primeros en abandonar el campo al finalizar la práctica; se marchó con sus manos metidas en los bolsillos del uniforme, meneando la cabeza como le era costumbre para batir su cabello al viento; se fue sin mirar atrás, sin sonreír en mi dirección, sin voltearme a ver siquiera, se alejó de mi otra vez.
Vale, estas exagerando, solo se ha ido al vestidor a cambiar, a la salida lo agarras desprevenido y lo confrontas, así de sencillo. No, las cosas no son así de sencillas, algo malo, algo importante está abordando la mente de Kyosuke, lo sé muy bien, por lo regular adopta esa actitud rezagada cuando está enojado por pensamientos de más, si es que no son por mi culpa.
Entonces estaba enojado conmigo, ¿Por qué? ¿Hice algo malo, algo que le molestara, incomodara, decepcionara?
¿Además de besuquearte cada que puedes con Taiyou? ¡Oye, no lo sé!
Cierra la boca, no tengo ganas de discutir contigo ahora, lo que debo hacer es buscarlo y pedirle aclaraciones, nada más, no te metas tú, ya vendrás con tus babosadas en la noche.
¡Ya que!
Entré al vestidor del club cabizbajo y pensativo, esperando topármelo enseguida, pero allí estaban todos menos él, ¿tan rápido se cambiaría e iría? No, su mochila seguía en el suelo frente a su casillero, seguro se fue a dar una ducha, lo más probable. Pensé en que las duchas serian un buen lugar para hablar, si no es que para otra cosa también, el agua caliente revitaliza el cuerpo y te relaja, calmando las tensiones, si, un espléndido sitio para las reconciliaciones.
Aunque estuve a punto de tomar una toalla y dirigirme hasta las regaderas, me detuve recordando que el club está lleno de gente, aún estamos todos los del equipo en el edificio, alguno debe de estarse duchando por igual, no podía entrar así nada más a "compaginar", bueno, no exactamente a compaginar, pero esa era mi intensión.
Con los movimientos más lentos que fui capaz de realizar, me vestí, observando como de a poco el club se vaciaba, y Kyosuke no regresaba. Al cabo de unos cuantos minutos, me quede completamente solo, cruzado de brazos, con la mueca torcida, moviendo el pie impaciente, esperándolo frente a la puerta.
¡Como tarda! ¿Es acaso que se mandó a hacer de nuevo? Era desesperante estar allí, ya comenzaba a aburrirme. Me pregunte si no se habría ido sin su mochila, pero Kurama me dijo que no, que seguía en las duchas. Le agradecí y lo vi irse, el último en abandonar el recinto.
Frustrante y tedioso se volvió el ambiente, por no decir incómodo y sin sentido. Kyosuke no vendría, no atravesaría esa puerta otra vez; es un chico listo, lo más seguro es que sabe que lo estoy esperando.
Y como dice el refrán popular; "si la montaña no viene hacia ti, tu ve a la montaña", o algo así.
Decidido, salí de los vestidores rumbo de las duchas. La puerta deslizante se abrió, y me encontré el lugar vacío; pulcro sin la mayor interrupción. ¿Qué rayos está sucediendo? ¿Se tele transportó, o Kurama me mintió?
-¡Argh!- me queje, llevándome las manos a la cabeza, me di la vuelta y regrese a los vestuarios.
Ya estuvo bueno, ¿no? Si no quiere hablar, bien, no hablemos, a ver quién está rogando después; sé que seré yo, pero ahora me pondré firme y me ofenderé, se puede ir muy lejos a la montaña, que yo no planeo ir pronto.
De vuelta en los vestidores, me lo encontré, ahí estaba de pie frente a su casillero acomodándose la chaqueta, como si nada, de lo más normal. No sé qué clase de sensación me ataco en esos instantes, si alivio o disgusto, pero mi ceño fruncido y suspiro tranquilo me decían cosas contrariadas.
Me le acerque a pasos firmes, deteniéndome a su lado.
-¡Kyosuke!- le dije, sin recibir respuesta. Apreté los puños y arrugue aún más la cara, molesto, ahora si podía decir que estaba molesto -. ¡Kyo, contéstame!- y su mirada afilada se clavó en mí, una que me hizo retroceder un paso instintivamente, estremeciéndome, ¿Cuándo fue la última vez que mire esos ojos así? No lo podía recordar, pero si sabía que había sido en una ocasión muy fea.
Sacudí la cabeza, no tenía tiempo para divagaciones.
-¿Qué es lo que quieres?- pregunto seco, con ese tono de voz duro y libre de sentimiento, sentándose en el banquillo para atar sus agujetas. Tense los músculos, algo descolocado.
-Nada, yo…- la garganta se me hizo nudos de pronto; no sé si era el tono, o la referencia lo que me derrumbo, figurativamente, pero el ánimo y las ganas de pedirle explicaciones se esfumaron tan rápido como habían venido -. Kyosuke… - ni siquiera tenía palabras en la boca, todas se marcharon en cuanto lo vi ignorándome de nuevo, cerrando su casillero y tomando su mochila dispuesto a irse -.¡Espera!- le dije, recobrando fortaleza y decisión, lo agarre del brazo.
-¿Qué es lo que quieres?- repitió, viéndome fulminante. Fruncí el ceño, esto ya no me estaba gustando, sentía que estaba a punto de estallar.
-¿Qué es lo que quiero, en serio te preguntas qué es lo que quiero?- solté sin medir mi tono, claramente furioso.
-No leo mentes, genio, ya sabes, ¿verdad?- busco liberarse, moviendo el brazo, pero apreté mi mano a su alrededor.
-¡Que si no se!- levante un poco más la voz, soltándolo de golpe, haciendo que trastabillara -. ¡¿Qué rayos pasa contigo, Kyosuke?! ¿A qué viene tanta indiferencia?- se quedó aturdido, viéndome expectante con los ojos muy abierto, para después, fruncir duramente el ceño.
-¡No lo sé! ¿Por qué no se lo preguntas a tu adorable solecito? ¡¿Eh?! ¡No soy estúpido, Tenma!
-¡¿De que estas hablando?!- finge demencia, finge demencia, finge demencia, me repetí mentalmente, logrando calmar la tensión de mi cuerpo, suspire airado -. No quiero discutir, Kyosuke, así que se más claro- y me acorde de la canción; me era divertida, sonreí para mis adentros idiotamente.
-"Porque después de la primera discusión hay muchas más"- soltó de pronto Kyosuke, pero no lo dijo animado ni disfrutándolo, no estaba contento, lo dijo más de una forma dolida, enojada, irónica.
-¡Exactamente!- le dije, suavizando mi histeria, la cual no le resulto amigable y refunfuño.
-¡Chin…!
-¡No lo digas!- lo interrumpí, amenazándolo con mi dedo tembloroso. Kyosuke apretó los puños, los dientes, arrugo la cara, estaba a punto de perder la paciencia. Se tambaleo de un lado al otro y finalmente me encaro.
-¡Yo puedo decir lo que quiera, cuando quiera!- se señaló a sí mismo. Apreté los labios, tapándome los oídos con ambas manos, viendo como abría la boca y gritaba palabrotas a diestra y siniestra. Luego, relajo los hombros y bajo los brazos, respirando agitado, se quedó en silencio observando el piso.
-¿Ya?- le pregunte, bajando las manos por igual. De inmediato, subió la mirada y la volvió a clavar en mis ojos.
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo con esa consciencia tan sucia que tienes?- su tono despectivo me dejo conmocionado, había escupido esa pregunta de una forma que jamás escuche antes, tan amarga y hastiado -. Dime, Tenma, ¿Cómo puedes estar así de calmado?
-¿Qué? ¿De qué hablas, Kyosuke? No sé lo que tratas de decirme.
-¡Déjate de eso ya! No soy estúpido, Tenma, no lo soy. ¿Por qué diablos no me lo dices en la cara? ¿No eres lo suficientemente hombre para confrontarlo?
-¡Mira quién lo dice! Si tú fuiste el cobarde que huyo sin decir nada.
-¡Cierra la boca!- grito, dejando escapar un alarido gutural de frustración, revolviéndose el cabello -. Mierda, Tenma, maldición, ¿Por qué no me dices de una buena vez que estas colado por Amemiya? ¡Me ahorrarías muchas cosas!- abrí los ojos enormemente, sin palabras, sin podérmelo creer.
Kyosuke se había enterado de lo sucedido, como no, y ahora él me pedía explicaciones; bueno, al menos ya sé por qué de su actitud. Pero, ¿Cómo se enteró, qué pretendía que le respondiera, debía decir algo? Cualquier cosa que dijera, solo lograría hacerlo enfadar más, si es que se podía, estaba hecho una verdadera furia, mascullando entre dientes un sinfín de majaderías que no tenía idea que sabía.
-Kyosuke, yo…- ¿Qué decía? ¡Por Dios! Estaba muerto del susto y de la culpa, no sabía qué hacer, solo pensaba en seguir fingiendo demencia, pero mi largo silencio me delataba. Kyosuke se tranquilizó un poco, un poco, y se giró a verme, sus ojos lucían delirantes, conmocionados, vibrantes, esa imagen me dio pánico.
-Tenma, ¡Di algo! ¿Te ha comido la lengua el gato, o mejor dicho, el sol?- sus palabras salían de su boca cubiertas de veneno, un ácido corrosivo que me golpeo de lleno el pecho -. No creas que no se, como la otra noche se divirtieron mucho jugando al futbol mientras parabas sus tiros; sabes, ¡no me imagino que otra cosa le pudiste haber parado!
Me quede de piedra, impactado, estupefacto, ¿escuche bien? Kyosuke estaba insinuando que yo me había acostado con Taiyou, ¿en serio, dijo eso? No cabía en mí, no podía creer como lanzo esas palabras en mi rostro, de esa forma tan agresiva y acusadora. Fue la gota que derramo el vaso.
Abrí la boca y los ojos enormemente, viendo su gesto contraído. No soportaría mas esta reverenda estupidez, era una mierda toda la situación. Otra oleada de calor invadió mi cuerpo, pero esta vez no era ninguna sensación de felicidad, era ira, la más pura que pude haber concebido.
De un rápido movimiento cerré los ojos y le plantee una fuerte bofetada en la mejilla izquierda, un golpe que resonó sonoramente. Le voltee la cara por el impacto, percatándome de la marca rojiza que le deje sobre su pálida piel. En mi mano sentía el hormigueo, sí que le di duro.
-¡Idiota!- le grite. Y de otro veloz movimiento, se incorporó y me tomo de ambas muñecas, estrellándome contra los casilleros, quejándome por el repentino y agudo dolor que me recorrió la espalda. Aprisionó mis brazos a los costados de mi cabeza y enterró su cara en mi cuello, comenzando a morderlo bruscamente -. ¡No!- le espete, pero hizo caso omiso y continuo clavándome los dientes sobre la piel.
Me queje nuevamente, soltando un gritillo que apenas pudo salir de mi garganta mientras intentaba soportar los suspiros involuntarios que se me aglomeraban lentamente. Me resistía, comenzando a zarandearme de un lado a otro, pero me resultaba en vano, Kyo es mucho más grande y fuerte que yo.
Kyosuke levanto la cabeza y se me abalanzó a los labios, besándome forzosa y desesperadamente. Apreté los ojos, sintiendo su lengua recorrerme por completo, saboreando cada espacio de mi boca sin dejarme lugar; me ultrajaba duramente. Trate de apartar el rostro, pero no podía, seguía jugueteando conmigo; sabía lo que pasaría, sabia cuáles eran sus intenciones con todo aquello, y yo no quería, no lo haría a la fuerza.
Así que, tomando valor y una oportunidad que me brindo inconsciente, le mordí el labio inferior, atrapándolo contra mis dientes, aplicando toda la fuerza que me fue posible en esos momentos, hasta que escuche el débil chasquido de la piel rasgarse, y el espeso liquido rojizo emanando de la herida abierta.
Kyosuke se quejó, apartándose de mí unos centímetros, lo que aproveche para soltarme y empujarlo por los hombros, alejándolo lo más que pudiera. Dio unos pasos atrás y trastabillo, tropezándose con el banquillo, cayó de espaldas al suelo, con la sangre resbalándole por el labio destrozado hasta su barbilla, perdiéndose en su camiseta roja.
Me quede impresionado por el giro tan drástico de los acontecimientos. Temblé ligeramente, viéndolo en el suelo, como se levantaba lentamente, sin despegarme esa mirada acusadora y penetrante, cegada de odio.
Pase saliva duramente y me eche a correr a la puerta, pero Kyo se puso de pie de un salto, tomándome con fuerza del brazo, me estrello de nuevo contra el frio metal, y esta vez, agarrándome de ambas extremidades, me azoto una y otra y otra vez, golpeando mi espalda terriblemente contra las aberturas de los casilleros.
-¡Tenma!- me grito, pero yo no podía escucharlo, solo pensaba en el dolor físico y en la ira acumulada. Fruncí el ceño, abriendo los ojos de golpe, lo tome de la chaqueta, empujándolo con el peso de mi cuerpo; caímos al suelo.
Me senté sobre su estómago y le lance manotazos, que cubría con ambos brazos. Le grite, mucho, que recuerde, reclamándole y diciéndole cuanto lo detestaba. Aprovecho mi descuido y me hizo rodar, quedando en la posición contraria, conmigo debajo de él. Tomo el cuello de mi chaqueta y la desabrocho de un tirón. Justo en ese momento, corrobore lo que estaba tramando. Le grite un severo no, pero de nuevo no me hizo caso, comenzando a manosearme el pecho.
Puse resistencia, tratando de apartarme sus manos de encima, lo empuje de los hombros y me puse en pie. Se levantó también y nos jaloneamos de la camiseta. Lo tome con fuerza del cuello y me di la vuelta, estrellándolo contra el borde de la mesa.
Gritó de dolor, para después abalanzarse sobre mí de nuevo, rodando por los escalones.
Quedamos tumbados sobre el suelo, molidos, figurativamente, cansados y respirando entre cortado, con el pecho ardiente.
Hace tiempo que no peleábamos así, a golpes, generalmente una bofetada o dos, quizá un puñetazo, pero eso eran extremos, nos pasábamos de la línea. No dijimos nada en un rato, estaba boca arriba viendo el techo, tratando de normalizar mi agitado corazón, Kyosuke estaba a unos metros de mí boca abajo, sin moverse, por un segundo pensé en que había muerto, pero su constante movimiento de espalda me decía que aun respiraba.
Fue suficiente, pensé, ya habíamos tenido el desahogo que necesitábamos. Pero no fue así, por supuesto que no, no había sido necesariamente, "suficiente" para ambos.
Kyo se levantó, aproximándose a mí, doble las rodillas sobre mi estómago, poniendo mis pies en posición de defensa, por si intentaba algo más, pero no resultaron ser muy factibles, apartó de un manotazo mis piernas y me recogió del suelo, jalándome de la chaqueta, me dejo caer sobre el sofá, azotándome cerca de tres veces como en los casilleros.
Estaba aturdido y agotado, me dolía la cabeza, no pensaba con claridad, esos contantes azotes me revolvían las ideas, aunque aún permanecía lo suficientemente consciente para sentir como Kyo me abría las piernas sin consideración.
-¡No!- le grite, y de nueva cuenta no hizo caso, se metió por entre mis piernas, presionando su rodilla en mi entrepierna, lo que ocasiono que apretara los labios y cerrara un ojo por el dolor -. No- le repetí, pero en su rostro podía apreciar una clara mueca de gusto, lo estaba disfrutando, disfrutaba verme sufrir, aprovechándose de mi condición.
-¿Qué pasa, Tenma? ¿Ya no te gusta el sexo duro, eh? ¿Amemiya te coge suavecito?- rechine los dientes y aparte la mirada, como me jodía que hablara así, usaba ese tono lascivo y altanero, burlándose y recriminándome las cosas; detesto cuando hace eso.
Me beso de nuevo, metiendo su lengua a mi boca, paseándola por todos lados. Le mordí el labio herido y se me separó, sonriéndome malicioso, con la sangre aun corriendo por su piel.
-Así me gusta, Tenma, ¡que duela!
-¡Púdrete!- le dije. Kyosuke se rio, una horrible risa que me perforo los tímpanos. Bajo sus manos por mi cuerpo, delineando cada zona; cuando llego a mis piernas, tomo el extremo de mis pantalones, dispuesto a bajarlos. Le agarre las manos, deteniéndolo. Manoteamos, y me las aprisiono al lado de mi cabeza.
Me beso el cuello, bajando nuevamente sus manos hasta mi entrepierna, donde comenzó a tocarla por arriba de la ropa.
-Tsk- sisee, sintiendo los escalofríos obvios de que estaba pasando; me excitaba, a pesar de que estaba furioso, no podía evitar sentirme también extasiado y deseando que siguiera así. No quería darle el gusto, pero si continuaba tocándome de esa manera y haciendo lo que me temía, acabaría con una gran erección dolorosa, que de alguna forma tendría que ayudarme a quitarla.
Lo agarre con fuerza del cabello, jalándolo para quitármelo de encima, mis dedos resbalaron por entre sus mechones azules, soltándole la liga de la cabeza, su cabello cayo como cascada por sus hombros. Me encantaba su cabello largo y suelto, se veía adorable, tentador, antojable, ¡pero justo en esos instantes no, allí no!
Deslizo sus labios hasta mi pecho, dejando atrás un diminuto rastro de sangre. Levanto mi camiseta y paso su lengua por mi abdomen, haciéndome suspirar. Continuo bajando, tomo la orilla de mis pantalones y me los quito velozmente, quedando colgados en mis cobillos. Me observo lascivo, con sus ojos brillantes que me recordaron a una serpiente.
Por mi parte, comencé a morderme el labio, nervioso, sosteniéndole la mirada. Estaba a centímetros de mi entrepierna, con su gesto ansioso y divertido. Saco la lengua y la paseo por mi miembro, desde la punta hasta arriba, sin despegarme los ojos de encima.
Odio el sexo oral, es una de las cosas que más detesto de la vida sexual. Me hace sentir vulnerable y me parece humillante, vergonzoso, además de que deja un pésimo sabor en la boca.
Kyosuke sabe muy bien que esa es una de mis debilidades esenciales y se aprovecha de ella cada que tiene oportunidad. La primera vez que nos decidimos por realizarlo, resulto agradable, delicioso, me hizo sentir cosas nuevas y extravagantes, por no decir que alucine, por mi alto contenido de alcohol en la sangre, cabe destacar, y una pequeña línea blanca que no tiene importancia.
Durante mi confusión, sentí la lengua y los labios de Kyosuke saborearme diestramente, sin detenerse a suspirar; el placer me recorría el cuerpo en escalofríos, haciéndome gemir incansable, me retorcía y estremecía, encorvando mi espalda, me vine en su boca sin pensar.
Kyosuke lo escupió y me beso, un beso profundo que me supo a rayos, entre la mezcla de semen y alcohol, me dejo un amargo y asqueroso sabor en la boca que casi me hace vomitar. Y cuando el turno fue para mí, no supe ni que paso, pero lo mordí, tan fuerte, que prefirió no experimentarlo.
Desde entonces que me niego a realizarle uno, aunque tampoco le quedaron muchas ganas, pero él extrañamente disfruta hacérmelos, a pesar de que sea muy de vez en cuando, cuando me llega a agarrar de buenas.
Esta vez no estaba de buenas, y aun así pretendía hacerme uno. Le dije que no, que se detuviera, que no quería, pero le valió madres; se lo metió directamente en la boca.
Primero lo degusto con su lengua, apretando los labios para evitar el deslice, y después, comenzó a chuparlo rápidamente, sacando y metiéndolo de su boca, clavándome su dedos en los costados de mis caderas.
No me pude resistir gemir, encorvarme y suspirar, mientras me quejaba y le reclamaba aun que lo dejara, prefería aguantar el dolor de mi erección a satisfacerlo. Pero ya era demasiado tarde, estaba gozando del engorroso acto, tomándolo con fuerza del cabello, lo presionaba a que no se detuviera y continuara a ese ritmo. Me tomo de los muslos y me subió las piernas a sus hombros, siguiendo con sus saboreadas intensas.
Y fue que lo sentí, el hormigueo que indica la peor, si no es que la mejor, parte del clímax.
Le dije a Kyosuke que ya era suficiente, que estaba a punto de venirme, pero en vez de separárseme, acelero el ritmo de sus chupadas, sintiendo el roce de sus dientes sobre mi piel, haciéndome gemir fuertemente. Acabe en su boca, con la respiración agitada y el pecho adolorido.
Destense los músculos y relaje mi espalda, apoyándola de lleno en el sillón. Levante la vista, encontrándome a Kyosuke con la cabeza alzada viéndome inexpresivo, con los labios entreabiertos y un hilillo viscoso resbalándome por la comisura de los labios, mezclándose con la sangre seca.
Usualmente, llegados a ese punto, Kyo siempre tiene una pequeña bandeja donde escupe luego de que termine en su boca, pero allí, no había ni siquiera un contenedor de basura, y no se lo tragaría.
No tuvo de otra más que escupirlo a un lado en el piso.
Se me acerco para besarme, pero le puse la mano sobre los labios, negándole con la cabeza. No me respondió, se limitó a besarme la frente, para después desabrocharse el pantalón.
Y si el oral no bastaba, la penetración serviría para rematar y remendar esta curiosa pelea-reconciliación.
Sin esperarse a nada, me penetro con dureza, rápido y de golpe. Me encorve instintivamente por el dolor, dejando salir un grito, desgarrándome la garganta y enterrando las uñas en el sofá. Me rodeo la cintura con un brazo y con el otro me tomo la pierna, subiéndola a la altura de su cadera.
Continuo embistiéndome firme y profundamente, suspirando con el pecho agitado, mientras yo me tensaba y gemía. No puedo decir con certeza cuanto duro, pero fue un placentero tiempo de violento contacto que disfrutamos al máximo.
Con un gutural gemido que se nos escapó a unísono, se vino dentro de mí, sintiendo el abrazador calor del cuerpo ajeno, de ese repugnante líquido que me erizaba la piel, acompañado de ese acto tan sucio pero tan perfecto que nos terminaba de unir, siempre, cuando estábamos molestos, cuando estábamos tristes, cuando sentíamos que la vida no valía la pena, el tenernos cerca de esa manera, era suficiente para recobrarnos el sentido de la existencia.
Las palabras sobraron después de aquello. Nos vestimos, quedándonos sentados sobre el sofá que segundos antes sirvió de cama para nuestro encuentro, sin decir nada.
Subí los pies y me abrace las piernas, recargando la barbilla entre ellas, mientras Kyosuke se apachurraba en el respaldo a mi lado, con los vestidores desordenados como escenario tras nosotros.
-Tenma- suspiro desanimado, incorporándose, apoyando los codos sobre sus rodillas, viendo el suelo en una mueca de disgusto.
-¿Qué pasa?- le pregunte, estaba cansado, muy cansado, lo único que deseaba entonces era acostarme y dormir, olvidándome de ese día, de todo el espectáculo que montamos.
-Hay algo importante que debo decirte- soltó no muy convencido, peinándose el cabello suelto hacia atrás.
¿Algo importante que decirme? No creo poder soportar otra sorpresa este día. Suspire agotado, volteando a verlo. Contrajo el rostro y se mordió el labio, desviando la mirada, con el rastro de sangre seca aun decorándole la boca.
-Están planeando mudarse- dijo. Yo enarque una ceja.
-¿Quiénes?
-Mis padres- entonces fruncí el ceño y baje las piernas, quedando frente a él -. Quieren irse a Hokkaido.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Les gustó mucho esta última vez que fuimos- bajo la vista, moviendo nervioso los dedos. Exhalo, mirándome a los ojos con seriedad -. Hay mejores instalaciones de rehabilitación para mi hermano, quieren… estar al pendiente de él, conseguirle calidad, una que no hay aquí.
-¿Qué? ¿Y eso qué? Cuantos años ha estado Yuuichi aquí y le está yendo bien, no me vengas a decir ahora que no ha servido de nada- le dije, exaltándome inconsciente. Kyo trato de calmarme, poniendo las manos frente a mí.
-Sí, lo sé, es lo mismo que yo les dije, pero están convencidos de que en Hokkaido hay un mejor ambiente para que pueda tratarse, además de que se les ha ofrecido una gran oportunidad de negocio- y salió el peine, que novedad, sus padres y el trabajo; egoístas ambiciosos -. No la quieren rechazar- terminó diciendo en un débil tono de voz, girando los ojos a otro lado. Fruncí más el ceño, extrañado.
-¿Y qué dice Yuuichi al respecto?
-Bueno, esa es cosa aparte… quiere ir- me quedé estupefacto, abriendo la boca ligeramente, sin habla. Contraje el rostro sin saber a dónde mirar.
-¿Y… tú?- le pregunte, temeroso por la posible respuesta que me diera. Suspiro de nuevo.
-Yo no quiero ir, por supuesto que no, soy feliz aquí en Inazuma, claro- hubo silencio, un silencio incomodo que me crispo los nervios -. Pero…- levanto los ojos, viéndome directamente -. Es mi hermano- sentencio para concluir.
Como podía buscar preferencia ante Yuuichi, era más que obvio que jamás, nunca Kyosuke me escogería sobre él. Se perfectamente que el corazón de Kyo se divide en un sesenta por ciento su hermano, el restante cuarenta es mío, ni más ni menos. Pero, ¿irse, mudarse, separarnos de nuevo? ¡Cómo podía estar meditándolo, siquiera concebirlo mentalmente! Kyosuke tiene familia aquí, puede quedarse con ellos, y como si no estuviera solo en casa todo el tiempo, claro que puede sobrevivir sin sus padres, pero sin Yuuichi…
-¡Lo estás pensando!- le dije poniéndome de pie bruscamente, señalándolo acusador. El cuerpo se me sacudió entre escalofríos y los ojos se me aguaron ligeramente, picándome a punto de soltar en llanto -. Lo estás pensando…- susurre, bajando la cabeza, apreté los labios, sintiendo finalmente las lágrimas resbalarme por mis mejillas.
-Tenma, no…
-¡No!- grite cortando su frase. Ceñí los puños y corrí a la puerta, saliendo lo más rápido que me fue posible.
Bueno, espero les halla gustado, recibo cualquier comentario, queja, sugerencia, lo que gusten ;)
Nos leemos pronto, besos.
