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Aclaraciones:La letra en cursiva son los pensamientos de Harry o recuerdos, los "―AOT―" son cambios de tiempos muy largos, como al día siguiente o una semana.

Spoilers: Séptimo libro, Tercer libro. P.D.: ¿realmente existen personas en esta página que no se hayan leído los libros?

Disclaimer:Los personajes no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling ni nada de lo que reconozcáis.

Alma en Otro Tiempo

Capítulo IV: Miedo Indecible

Actualización: 02/01/2012

El miércoles por la tarde llegó muy pronto, a pesar de que ese día había tenido clase de Historia de la Magia por la mañana y hace poco había salido de la clase de Herbologia.

Harry había decidido ir a hablar con la profesora McGonagall sobre su cambio de clase de Adivinación, ese día. Había intentado persuadir a Ron de hacerlo ese día, pero estaba muy indeciso y él no quería perder más días sabiendo que si se hacía muy tarde, quizá no lo cambiasen de clase. Hermione había estado de acuerdo con él, y eso fue lo que le llevó a estar caminando por los pasillos de Hogwarts en busca de la profesora McGonagall, antes del toque de queda. Su primera idea fue el despacho de la profesora McGonagall, sin embargo ella no se encontraba allí, así que decidió ir a la sala de profesores.

Cuando se encontró cerca de la puerta de la sala escuchó un fuerte sonido dentro. Harry sacó su varita y la empuño con fuerza con su mano, mientras se dirigía hacia la puerta con cautela. Sabía que nada catastrófico había sucedido en su línea de tiempo, pera estaba empezando a sospechar que él ya no tenía conocimiento sobre el futuro, no después de haber visto que Voldemort estaba de "regreso". Harry meneó la cabeza con fuerza quitando esos pensamientos de su cabeza; no debía asegurar sin pruebas, que la visión era real.

Al empujar la puerta con la varita se encontró a Remus Lupin luchando con un… armario al final de la sala. Su corazón dio un pequeño vuelco, estaba paralizado en la puerta. Lupin siguió luchando con el armario, mientras Harry intentaba tranquilizarse, se pasó las manos por la túnica para secárselas y guardo su varita. A penas podía ver los rasgos del hombre, pero encontró acogedoramente tranquilizador darse cuenta que sus movimientos eran parecidos a los de Teddy, incluso el perfil de la nariz era parecida (que era una tontería porque su ahijado tenía la nariz de Tonks, según Andrómeda). Remus soltó un bufido cuando se percató que tenía compañía; Harry sin embargo, seguía sumido en sus recuerdos sobre la familia Lupin.

―¿Harry? ―el chico dio un respingo sobresaltado, no se había dado cuenta cuándo Remus se le había acercado tanto. Tragó saliva e intentó articular algo, pero solo salieron unos sonidos sin sentidos. Remus le sonrió levemente, cosa que hizo que Harry se sonrojara. Dios, este cuerpo es demasiado hormonal, pensó Harry sintiéndose estúpido.― ¿Buscas a alguien? ¿Te… encuentras bien?

―¿Qué? ¡Oh, sí! ―se apresuró de decir Harry, volviendo a sonrojarse―, solo estaba buscando a la profesora McGonagall; quiero cambiarme de clase de Adivinación ―se encogió de hombros.

Remus sonrió de medio lado y asintió con la cabeza.

―Comprensible. ¿Has buscado en su despacho? ―Harry movió la cabeza como un "sí, claro"―. Supongo que seguirá hablando con el profesor Dumbledore, al salir de su despacho me la encontré ―Harry asintió con la cabeza, pero no se movió del sitio―. He escuchado que tuviste que permanecer en la enfermería.

―Sí, bueno, pero no era para tanto, la Sra. Pomfrey siempre es muy sobreprotectora y no tenía ánimos de discutir con ella ―Remus asintió con la cabeza. El armario dio una fuerte sacudida, seguramente sería un Boggart que quería salir―. De todos modos, ¿qué es eso?

―¡Oh! Es algo que tengo preparado para la primera clase ―dijo Remus, sonriendo misteriosamente.

―No parece muy seguro ―Harry intentó imitar un tono de voz asustadizo, pero pareció más bien un tono molesto―, quiero decir ―se apresuró a decir al ver el rostro de Remus―, no es que hayamos tenido los mejores profesores durante estos años…

―No te preocupes, es bastante sencillo, basta con decir las palabras correctas, el pensamientos correcto y una buena risa.

Harry sonrió levemente. Desde el punto de vista de un adolecente sin más que preocuparse que de los deberes, era sencillo, pero desde el punto de vista de alguien en medio de una guerra o conocedor de la guerra, no era nada sencillo; como la Sra. Weasley, miedo de la muerte de su familia y seres queridos. Harry se preguntó si su Boggart había cambiado, había sido hace unos cinco años que no se había enfrentado un Boggart y esa última vez seguía siendo un Dementor.

―Suena como un Boggart ―murmuró Harry, no muy seguro sí debía hacerlo o no―, lo he leído en el libro de Defensa de este año. Cuando lo leí me pregunte cuál sería mi mayor miedo, al principio pensé en Voldemort ―Remus asintió con la cabeza y sonrió tristemente―… pero luego he pensado en los Dementores. Desde ese día en el tren no dejo de pensar en ello, en los gritos y ese sentimiento de… ―el cuerpo de Harry dio un escalofrió inconscientemente al pensar en los dementores.

Remus hizo un movimiento con el brazo, como si quisiera posarlo en el hombro de Harry, pero lo pensó mejor y se rascó el brazo.

―Me gustaría que no me afectara tanto como al resto, pero el pasado no se puede cambiar, ¿cierto? ―preguntó Harry, intentando no sonreír ante la ironía.

―Lo siento, Harry ―dijo Remus con verdadera tristeza en los ojos. Se le quitaron todas las ganas de sonreír―. Tu pasado tiene tantos horrores, que me extrañaría que no te afectara de tal manera. Los dementores están entre las criaturas más nauseabundas del mundo. Infestan los lugares más oscuros y sucios. Disfrutan con la desesperación y la destrucción ajenas, se llevan la paz, la esperanza y la alegría de cuanto les rodea. Incluso los muggles perciben su presencia, aunque no pueden verlos. Si alguien se acerca mucho a un dementor; éste le quitará hasta el último sentimiento positivo y hasta el último recuerdo dichoso. Si puede, el dementor se alimentará de él hasta convertirlo en su semejante: en un ser desalmado y maligno. Le dejará sin otra cosa que las peores experiencias de su vida. Y el peor de tus recuerdos, Harry, es tan horrible que desmayaría a cualquiera. No tienes de qué avergonzarte.

Harry asintió con la cabeza lentamente, sin atreverse a mirarle a los ojos. Se humedeció los labios y se preparó para lo que iba decir:

―Eso es definitivamente lo que más miedo me da…

―Eso es muy sensato, Harry. Tener miedo al mismo miedo ―dijo Remus, repitiendo las mismas palabras que la línea de tiempo de Harry.

Harry volvió a abrir la boca, pero en ese momento se escucharon unos pasos de tacones, que venían del pasillo. Harry se asomó. La profesora McGonagall venía caminando por el pasillo, al verlo su marida se tornó severa al mismo tiempo que sus labios se volvieron una fina línea.

―Sr. Potter, ¿se puede saber qué hace a estas horas? Ya ha pasado el toque de queda y está vagando por los pasillos.

―Discúlpale, Minerva, le retuve yo. En realidad, estaba buscándote antes de encontrarnos ―dijo Remus en su rescate.

―¿Y bien? ―replicó la profesora McGonagall.

―Vera, me preguntaba si existe la posibilidad de cambiarme de clase ―la profesora McGonagall seguía mirándole con el entrecejo fruncido. Dio un suspiro. Sabía que McGonagall lo entendería―. Estoy de acuerdo con usted en que la clase de Adivinación es simplemente una pérdida de tiempo y preferiría aprender algo útil.

―Me parece muy bien, Potter. ¿Qué materia desea estudiar? ―preguntó. El entrecejo había desaparecido y ahora lo miraba con comprensión.

―Runas Antiguas.

―Bien, estoy segura de que podré hacérselo entender a Bathsheba y no creo que Dumbledore encuentre un problema ―dijo. Harry asintió con la cabeza; aliviado de quitarse de encima Adivinación―. Le hare saber cuándo todo este arreglado.

Cuando Harry llegó a la sala común de Gryffindor, estaba casi completamente vacía salvo por Ron y Hermione, que estaban sentados en dos butacas enfrente de la chimenea, y otros chicos de séptimo curso. Hermione lo miró con los ojos brillantes, expectante a la respuesta de McGonagall, mientras que Ron parecía más interesado en vigilar a Crookshanks, el cual estaba acurrucado enfrente de la chimenea.

―No ha hecho objeciones ni nada, me ha dicho que hablara con la profesora de Runas Antiguas y que ya luego me avisaría ―dijo Harry, encogiéndose de hombros.

―¿Y… ya está? ―preguntó Ron con el ceño fruncido.

―Sí, bueno, qué puedes esperar de una profesora que detesta Adivinación ―Ron asintió con la cabeza.

―No la detesta, simplemente sabe que son puras tonterías y que no debería ser admitida como una materia. Quiero decir, sé que existen verdaderos videntes, pero nacen con él no aprenden como pretende que hagamos la profesora Trelawney; es más, creo que ni siquiera es un verdadera vidente ―dijo Hermione sin respirar.

Harry alzó las cejas. Pensó en tantas profecías que había hecho aquella mujer, de alguna manera u otra se habían cumplido. Él prefería quedarse ignorante ante aquellas profecías, le molestaba que todo se hubiese basado en una estúpida profecía que se podía haber ignorado como cualquier otra. Dio un suspiro y se pasó la mano por el cuello.

―Creo que mejor me voy a dormir…

―Espera, no nos has dicho por qué has tardado tanto ―preguntó Ron.

―No sabía dónde estaba McGonagall y en el camino me encontré con el profesor Lupin así que estuvimos hablando un rato, hasta que apareció la profesora McGonagall ―Harry volvió a encogerse de hombros. Ron seguía mirándole; quería saber de qué habían estado hablando―. Solo estaba preguntándole sobre los Dementores, el por qué me afectan tanto… Al menos es satisfactorio saber que existe un hechizo para contraatacar.

―Eso es bueno ―dijo Hermione sonriéndole con comodidad―, ¿es sencillo? Quizá podríamos ayudarte a practicar e incluso podríamos aprender nosotros.

―Eh… sí, eso estaría bien, pero el profesor Lupin me ha dicho es muy complicado para nuestra edad…

―¿Desde cuándo le hacemos caso a los profesores? ―preguntó Ron sonriendo―, además de que tenemos a Hermione y no existe hechizo que se le resista.

Harry sonrió divertido, no estaba seguro de por qué estaba actuando tan amable con Hermione. Ron solo había comenzado a tener tacto o hacer halagos cuando terminó su relación con Lavender, después había mejorado mucho más con el libro que le habían regalado de Fred y George, Un buen libro Doce Maneras Infalibles de Encantar a una Brujarecordó Harry con diversión.

Hermione y Ron se sonrojaron fuertemente, y ninguno de los dos se atrevió a mirar al otro.

―Os dejaré solos ―dijo Harry con picardía.

―¡No! ―gritó Ron, carraspeo con la garganta cuando se dio cuenta que había gritado y se aclaró:― Yo también tengo sueño, estaba a punto de quedarme dormido mientras te esperábamos.

Sonrojado, pasó al lado de Harry y subió la escalera a los dormitorios de los chicos como una flecha disparada. Harry miró a Hermione, la cual se movía hacia las escaleras de las chicas en silencio y todavía sonrojada. Todavía eran jóvenes y sus hormonas debían estar confundidas. Harry rió por lo bajo mientras subía a la habitación.

Ron ya estaba en cama cuando entró en el cuarto. Mientras se ponía la pijama con ronquidos como música de fondo, Harry intento despejar su mente. Él nunca había sido bueno en el arte de Oclumancia y después de la guerra no le había dado mucha importancia. Metió su pequeño y delgado cuerpo entre las sabanas de la cama y se arropó con la gruesa manta. Cerró los ojos e intentó dejar su mente en blanco… era tan aburrido, necesitaba pensar en algo; resistió el impulso y al poco tiempo se quedó dormido.

Harry se encontraba caminando por un pasillo de madera, al final de él se veía luz salir por el ras de la puerta.

Mente en blanco

Delante de él se encontraba tirado en el suelo un viejo muerto, tenía los ojos abiertos y sorprendidos. Harry sintió enfado ante aquella muerte, y a la vez divertido.

― ¿No te había dicho que vigilaras? ―gruñó, mirando a una mujer que estaba observando por la ventana, de espaldas a él.

Mente en blanco.

―… ha valido para uno ―replicó la mujer sin darse la vuelta.

Sintió la sangre hervir de rabia. "Cómo se atreve a hablarme así, esa…"

Mente en blanco- Mente en blanco – Mente en blanco.

―… Tu cena está servida, Nagini ―dijo acariciando la serpiente.

Notó que la serpiente estaba herida con un pequeño rasguño cerca de la cabeza. Volvió a sentir rabia… Nagini se acercó al hombre y clavo sus colmillos en la mejilla del hombre; los dientes y algunas venas se dejaron a la vista, junto con mucha sangre. Nagini siguió engullendo el rostro del hombre, hasta que uno de sus ojos se desgarro de su cuenca y quedó colgando, sintió las ansias de Nagini al mismo tiempo que sentía nauseas.

¡Mente en blanco! ¡Mente en blanco! Suplicó Harry.

Se incorporó sudando en la cama con la respiración entrecortada. Se levantó corriendo de la cama cuando sintió la bilis en la garganta y a lo lejos escuchó a Ron despertarse.

―¿Te… te encuentras bien? ―preguntó Ron con voz adormilada.

Harry se inclinó sobre el retrete y vomitó, expulsando lo poco que había comido esa noche. Ron entró por la puerta y volvió a intentar llamar su atención.

―Sí… solo ha sido… ha sido una pesadilla ―respondió con voz temblorosa―. Vuelve a dormir.

Ron se quejó durante unos segundos, hasta que por fin se dio por vencido.

Harry apretó con fuerza los puños y dio un golpe contra el suelo, se alejó del retrete aunque seguía teniendo nauseas. Salió en silencio del baño y luego del cuarto, bajó las escaleras a la sala común, se dirigió hasta una ventana y la abrió. Odiaba ser dominado por aquellas visiones, se sentía tan sucio y molesto. No podía permitir que se le saliera de las manos, ¿y si Voldemort lograba manipular su cuerpo como una vez pudo?, está vez no tendría a Sirius. El corazón de Harry golpeo con fuerza contra su pecho. Lo admitía estaba asustado por ello, el sentirse dentro de aquel cuerpo de Voldemort y escuchar sus pensamientos siniestros, o sentir la gula de Nagini mientras engullía a personas. Tenía que ser más fuerte que él y defender su mente.

Durante unos segundos se quedó recibiendo el frío viento contra su cara, mientras miraba la luna en el cielo y contaba las estrellas. Extrañaba su familia, los susurros y besos tranquilizadores de su esposa, sus hijos jugando de un lado a otro -aunque, claro, ellos ya estaban en Hogwarts y tenía que hacerse a la idea, excepto con Lily-… y a sus amigos mayores y maduros.

Se pasó una mano por el rostro. Estaba perdiendo en tiempo allí parado, tenía que hacer algo útil. Subió corriendo las escaleras y entró en puntillas en la habitación, cogió la capa y, deseando tener el mapa del Merodeador, salió de allí en camino a la biblioteca. Quién iba a decir que Harry Potter de trece años se escapaba por la madrugada para ir a la biblioteca; pero él había cambiado con el tiempo y sabía, gracias a Hermione, que se podía obtener mucha información de los libro.

Había tenido suerte de no haberse encontrado con la Sra. Norris; siempre había tenido la sensación de que podía ver a través de la capa. Al llegar delante de la puerta susurró: "Alohomora" y entró silenciosamente en la biblioteca. La tenue luz de la luna entraba por las ventanas, creando sombras extrañas y molestas con las estanterías y las mesas. Caminó hasta el final de la biblioteca, donde se encontraba la sección prohibida, sacó su varita e iluminó los lomos de los libros teniendo cuidado de coger un libro que no gritase, por equivocación. Buscaba algo que tuviera que ver con "almas" o "viajes en el tiempo" y "Oclumancia y Legeremancia", no iba a quedarse de brazos cruzados mientras Dumbledore "buscaba" una solución, esos tiempos habían quedado atrás y tenía que encontrar sus cosas; y mientras estaba en este tiempo intentaría impedir que Voldemort entrara en su mente.

Entonces, se paró en seco delante de una estantería. La simple cuestión de que tuviera visiones de Voldemort era que este tuviese un cuerpo sólido y manejable para sí mismo, no como con Quirrell… Tendría que informar de esto al profesor Dumbledore sobre esto por la mañana o lo más pronto posible. ¿Cómo he podido ser tan estúpido? Tenía todas las pruebas delante de las narices, nadie puede engañar esas visones a menos que sea Voldemort y por consecuencia tiene que tener un cuerpo para hacer todo esto, pensó Harry con furia.

Pasaron las horas mientras Harry seguía pensando en el nuevo descubrimiento y viendo libros como: Invocaciones a tu "yo" oscuro, Males de Ojo al prójimo, Historia del Parsel, Creación de los Muertos Vivientes e Inferis, Extracción de Órganos, Mitos y Leyendas del Mundo Mágico quizá fue ese el único un poco inocente. Su varita por fin se detuvo delante de un libro que decía específicamente ¿Cómo viajar en el espacio tiempo? Harry lo cogió con entusiasmo, lo redujo de tamaño y se lo guardo en los bolsillos de su pijama. Pasado solo una hora consiguió más libros, Leyes del Tiempo, Crono y Nornas y el último que le faltaba el de Oclumancia y Legeremancia; volvió a hacer el mismo procedimiento que con el anterior libro y se lo guardo en el bolsillo.

Harry bostezó cuando se dio cuenta que afuera empezaba a amanecer. Se recolocó la capa y se dirigió hacia la sala común a dormir un poco antes de clase. En su camino se encontró con Filch, pero parecía que había estado toda la noche despierto porque apenas podía mantener los ojos abiertos, mientras que la Sra. Norris maulló como loca cuando lo vio, por lo que, sin preguntarse si de verdad podía verlo, salió corriendo.

Una vez que llegó a la habitación, se tiró sobre la cama y una vez su cabeza toco la almohada, se quedó dormido.

―¡Harry! Vamos, llegaremos tarde y tenemos clase con Snape ―suplicó la voz de Ron.

Harry frunció el seño, si solo han pasado unos minutos desde que me dormí. Ocultó la cara y dio un gemido ahogado.

―¿Qué hora es? ―preguntó.

―Muy tarde, sino no estaría despierto ―dijo Ron con voz entrecortada.

Dio un suspiro divertido y por fin decidió levantarse. Ron estaba saltando por toda la habitación, preparando la mochila y vistiéndose al mismo tiempo. Sonriendo de medio lado, cogió lo que necesitaba llevar y su túnica. En un santiamén estaba listo; él estaba acostumbrado a levantarse unos minutos antes de irse al trabajo y prepararse en unos segundos.

―Ag ―gruñó Ron al mismo tiempo que sus tripas hacían lo mismo. Puso una mano sobre su estomago y se quejó―, ni quiera nos dará tiempo para comer. ¡Y son dos horas encerrados con Snape! Espero que Hermione nos haya guardado algo.

―Podríamos ir a la cocina, Ron ―dijo Harry bajando por las escaleras de dos en dos.

―Fred y George saben, pero nunca me lo han querido decir ―dijo Ron corriendo detrás de él―, apuesto a que te lo han dicho a ti.

―No, la verdad es que me tropecé con ella un día ―mintió Harry.

―¿Así como con la clase de adivinación? ―preguntó Ron alzando las cejas. El chico se limitó a encogerse de hombros, sin parar de correr por los pasillos― ¿Cuándo hiciste todo eso? Yo no me acuerdo.

Harry no respondió, después de todo no tenía respuesta a aquella pregunta y era mejor mantener la boca cerrada. Al llegar por fin a las cocinas solo les quedaban unos 5 minutos para coger la comida y correr a las mazmorras, lo cual era un punto a su favor ya que las mazmorras quedaban muy cerca de allí.

Al llegar a la clase, había una multitud de personas de Gryffindor y de Slytherin esperando delante de la puerta. Se recostaron en la fría pared de la mazmorra y cogieron aliento, inmediatamente después Ron mordió un buen trozo de un muffin de arándanos, y Harry lo imitó.

― ¿Dónde estabais? Os espere en la sala común por horas y nunca aparecisteis. ¿No estaréis tramando algo verdad?, porque estamos a principios de año y no podemos permitirnos más aventuras locas con tantas materias nuevas ―Harry abrió la boca para replicar, pero Hermione se colocó las manos en la boca y dio un chillido ahogado, se veía furiosa y asustada a la vez―. No estarás intentando ir detrás de Black, ¿verdad, Harry?

―Dios mío, Hermione, tranquilízate ―le espetó Ron, tragando un pedazo de pan tostado―. Solo nos quedamos dormidos. Dios, haces un drama de todo.

Hermione se sonrojo furiosamente y les dio la espalda molesta.

―Siento por preocuparme por vosotros. La próxima vez me lo pensaré mejor ―dijo Hermione fríamente.

―Ya se le pasará. Es más exagerada ―bufó Ron, terminando de comer.

El profesor Snape abrió la puerta de clase y el pasillo quedó en silencio, cada uno de ellos entró en la clase en silencio para no hacer enfurecer a Snape, a excepción de los alumnos de Slytherin. Snape era el jefe de la casa de Slytherin y siempre favorecía a los suyos.

Ron y Harry se sentaron juntos en una mesa, mientras que Hermione se sentó sola en la parte de delante de la clase. Cuando Harry vio a Neville entrar en la habitación, llamó su atención y le incito a sentarse a su lado. El chico regordete y torpe sonrió ampliamente y fue a sentarse a su lado; Harry quería darle una oportunidad a Neville, se merecía demostrar quién era y demostrar lo valiente que era. Además, podría ayudar a Neville con su poción y que no fuese humillado por Snape.

Malfoy, Crabbe y Goyle entrar con arrogancia a la mazmorra pocos minutos después, no parecían nada preocupados por haber llegado tarde. Snape les indicó que se sentarán y, para molestia de Harry, los únicos puestos libres estaban al lado de Hermione.

Snape comenzó su clase como de costumbre y finalmente les ordenó a preparar la poción para encoger. Durante la preparación mantuvo un ojo vigilante sobre Draco, Neville y Snape. Más le valía a Severus que no permitiera que Draco le hiciera daño a Hermione. Sin embargo no tuvo que preocuparse mucho por Hermione, se defendió muy bien de Malfoy e impidió que dañase su poción. Por otra parte, Neville era un asunto más serio, tuvo que rescatar su poción unas siete veces en solo cuarenta y cinco minutos.

―Solo es un bazo de rata, Neville ―susurró Harry, reteniendo la mano de Neville que buscaba otro bazo.

―¿Te gusta hacer sufrir al Sr. Longbottom, Potter? ―preguntó Snape con una horrible sonrisa en su cara― Igual que tu padre siempre intentando disfrutando del dolor de los demás.

Harry frunció los labios intentando contener su temperamento.

―Sin tan sangre sucia crees que soy, ¿por qué tienes que pedirme ayuda para hacer tu poción? ―le gritó frustrada Hermione a Malfoy, de repente, en la parte delantera de la clase.

La clase quedó en silencio absoluto, mientras que Ron y Harry se preparaban para defenderla si era necesario. Snape se acercó a donde estaba y colocó una mano sobre Draco, mientras miraba a Hermione con odio.

―Qué tan descarada e insolente puedes ser, Granger, dudo mucho que el Sr. Malfoy le pediría consejos a usted cuando él es uno de los mejores en la clase con diferencia y con una sangre de linaje ―murmuró Snape en voz alta, enviando una mirada a la mayoría de los de Gryffindor.

Hermione se sonrojo fuertemente de furia.

―Le divierte tanto abusar de una alumna en clase y acusarla por su sangre cuando usted tuvo una amiga hija de Muggles, ¿verdad? Debería darle vergüenza por pagar su dolor sobre otras personas inocentes. Todos sabemos que Hermione sabe hacer una poción con los ojos cerrados y usted prefiere humillarla, como hicieron con usted cuando era joven. Y esa no es la salida ni le respuesta a los problemas ―dijo Harry con voz calmada, aunque por dentro estaba furioso.

Snape se quedó mirando a Harry con los ojos muy abiertos, como si fuera la primera vez que lo veía. Harry dio un escalofrío, definitivamente no le gustaba sostenerle esa minada a Severus durante mucho tiempo, le recordaba aquellos últimos segundos que estuvo con él cuando murió. Pronto la mirada de Snape se volvió oscura y dijo con voz entrecortada:

―Fuera… aquí... Potter...

Harry lo miró sorprendido por unos segundos.

―¡Lárgate! Lárgate si no quieres que le quite todos los puntos a tu casa, Potter, por ser descarado.

No espero a que volvieran a repetírselo. Miro sobre su hombro y vio que tanto Hermione y Ron estaban molestos, se alegró que por lo menos Ron no sospechaba de él esta vez. Salió tranquilamente de la clase al pasillo de las mazmorras. Dio un suspiro, todavía quedaba una hora de clase y no iba a desperdiciarla vagando por los pasillos. Regresó a su habitación en la torre de Gryffindor, sacó los libros del bolsillo del pantalón de su pijama y se sentó en la cama con las piernas cruzadas, volvió a la normalidad los libros y comenzó con el libro titulado: ¿Cómo viajar en el espacio tiempo?

A medida que leía cada vez pensaba que el libro era una basura, solo hablaba sobre el paso del tiempo y manejabilidad de ella a través de magia oscura, era un viaje en tu propio espacio tiempo.

Bostezo y decidió descansar los ojos durante solo unos segundos, pero su cuerpo tenía otros planes para él y antes de que se diera cuenta había acabado dormido en la cama con el libro sobre su pecho.

Harry entreabrió los ojos cuando escuchó la puerta abrirse, seguido de unos pasos pesados inconfundibles de Ron. Al sentir un peso sobre su pecho, se recordó que tenía la cama cubierta de los libros. Se levantó de un brincó y tiró los libros debajo de la cama.

―Oye, si ahora quieres comenzar a leer como un obsesivo como Hermione, no me molestaré ¿sabes? ―dijo Ron encogiéndose de hombros. Harry asintió con la cabeza lentamente―. En fin, ¿quieres venir a comer? Yo, si hubiese sido tú, me hubiese ido inmediatamente a las cocinas cuando Snape me sacó.

―Estaba bien con el desayuno ―rio Harry.

―Por cierto, ¿qué fue todo eso con Snape? Fue increíble lo dejaste sin habla durante el resto de la clase, ni siquiera le dijo nada a Neville cuando su poción se convirtió en naranja, ni nos quitó ningún punto ―dijo Ron con emoción―. ¿Qué fue eso de una amiga muggle? ¿Es cierto? ¿Cómo lo has sabido?

―Tranquilo ―rio Harry con fuerza―. Lo primero, sí, tenía una amiga muggle y lo sé porque era amigo de mi madre.

― ¡¿Qué? ―gritó Ron con ojos abiertos como platos.

Hermione estaba sentada en una butaca con un libro en las manos, al verlos se levantó y guardo su libro.

―Harry, lo que has hecho ha sido pasarse de la raya, creó que burlarse del profesor Snape delante de toda la clase no era lo mejor ―soltó Hermione―. Pero aun así gracias, por defenderme y que no haya sido a punta de golpes.

―¿Pero de qué te quejas? ―dijo Ron sin comprender aquella amonestación.

―De que Harry pudo haber sido castigado por lo que dijo ―a travesaron el retrato de la Sra. Gorda y se encaminaron al Gran Salón―. Al igual que tú, Ron. Malfoy es un imbécil y solo quiere llamar la atención, si le sigues la corriente conseguirá lo que quiere.

―Pero nada de eso fue así ―replicó Ron frustrado―. Estuve a punto de golpear a Malfoy ―explicó Ron a Harry―, pero no le hice ni un rasguño. Así que déjalo ya.

―No iba a decir nada…

―Asique sobre lo de Snape… Tienes que estar bromeando ―continuó Ron con ansias―. ¿Amigo de tu madre?

―¿De que estáis hablando?

―Harry ha dicho que la amiga muggle, que le mencionó a Snape era la madre de Harry ―dijo Ron con una sonrisa y mirándola expectante ante su respuesta.

Hermione miró a Harry durante unos segundos sin ninguna reacción. Entraron en el Gran Salón en silencio, mientras Ron se mordía la mejilla con emoción, esperando a que Hermione dijera algo.

―Es extraño ―dijo Hermione en un susurro―… serían más que amigos ¿verdad?

―Él quería ―contestó Harry, encogiéndose de hombros―, pero creó que mi madre no lo veía como tal.

―¿Qué? ―preguntó Ron sin entender nada.

―Ron, obviamente si el profesor Snape era amigo de la mamá de Harry y él la quería más que eso, seguramente cuando la mamá de Harry se junto con el papá de Harry, el profesor Snape no estaría muy feliz, por eso odiaría en cierto sentido a los hijos de Muggles y a Harry, porque si el papá de Harry era su enemigo desde jóvenes y su amor platónico se unió a él ―le explicaba Hermione con voz pausada, a Ron― odiaría con toda su alma al hijo de su enemigo y su amor platónico.

Harry y Ron se quedaron mirando a Hermione con la boca ligeramente abierta. Harry todavía seguía asombrándose de esa capacidad extraña que tenían las mujeres, y cada día lo veía en Hermione, en Ginny y en las tantas mujeres de la familia, incluso de su hija. Era un poco escalofriante, después de todo Hermione no sabía nada el asunto, o eso pensaba él… Las mujeres no necesitan saber toda la información para entender se recordó Harry.

― ¿Snape estaba enamorado de la madre de Harry? ―preguntó Ron, frunciendo la cara en un gesto de asco―. Eso es un poco asquerosos, amigo, lo siento. Imagínate si tu madre hubiese terminado con Snape, habría un Harry Snape grasoso, nariz de cuervo y ojos verdes ―el cuerpo de Ron tembló exageradamente―. Menos mal que tu madre sabe elegir bien.

―¡Ron! ―gritó Hermione, mientras intentaba ocultar la sonrisa que intentaba salir.

―Sabes que estás aliviada ―dijo Ron sonriendo.

Hermione y Harry negaron con la cabeza, mientras que Hermione sonreía y Harry se reía a carcajadas. Tenía que admitir que estaba feliz que su padre fuera guapo, aunque luego su hijo se estuviera aprovechando de eso al máximo. Por un segundo le hizo sentirse mal burlarse de Snape así, pero por más que fuera tan valiente y amará a su madre, no permitiría que Snape se aprovechará de sus alumnos.

Comieron el almuerzo entre bromas y risas, de las cuales Hermione no aprobaba pero aun así ella se reía.

―Debemos ir a clase de Defensa ―dijo de repente Hermione con entusiasmo―. Debe de saber muchas cosas sobre defensa contra las artes oscuras y criaturas oscuras. Me encantaría que nos enseñase como defendernos de los Dementores, si ya que están aquí deberíamos entrenarnos para defendernos por si… ocurre algo.

― ¿Qué va ha suceder, Hermione? ―preguntó Ron levantándose del asiento y levantando una ceja―. Después de todo no podemos salir de noche por los terrenos, ¿verdad?

―Por supuesto que no ―le atajó Hermione, siguiéndolos fuera del Gran Salón―, solo digo que sería fascinante aprender nuevos hechizos, después de todo Quirrell no fue el mejor profesor…

―…Y Lockheart, pero ese no le cuentas porque estás enamorada de él.

―Calla, ya sé que era un incompetente, pero sus libros eran muy interesantes ―replicó vagamente.

―Ya, claro.

Ron le dio una sonrisa a Harry y negó con la cabeza, haciéndole entender que Hermione todavía seguía gustándole Lockheart.

Remus no estaba en el aula cuando llegaron a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Todos se sentaron, sacaron los libros, las plumas y los pergaminos, y estaban hablando cuando por fin llegó el profesor. Remus sonrió vagamente y puso su desvencijado maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía que había tomado un buen descanso de la luna llena; ni ayer mismo tenían tan buen aspecto como hoy.

—Buenas tardes —dijo—. ¿Podríais, por favor; meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica. Sólo ne cesitaréis las varitas mágicas.

La clase cambió miradas de curiosidad mientras recogía los libros. Harry sintió una ferviente emoción en el pecho, al mismo tiempo que se preguntaba si está vez Remus le dejaría enfrentarse al Boggart, después de todo había dejado muy claro que no tenía miedo a Voldemort. Pero aunque no fuera así, le gustaba mucho está clase, debido a que por primera vez tenían una clase práctica con un profesor competente.

—Bien —dijo el profesor Lupin cuando todo el mundo estuvo listo—. Si tenéis la amabilidad de seguirme...

Harry vio como todos en la sala se levantaban desconcertados pero con interés y salieron del aula con Remus. Este los condujo a lo largo del desierto corredor. Doblaron una es quina. Al primero que vieron fue a Peeves el poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire y tapaba con chicle el ojo de una cerradura. Peeves no levantó la mirada hasta que el profesor Lupin estuvo a medio metro. Entonces sacu dió los pies de dedos retorcidos y se puso a cantar una mo nótona canción:

—Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin...

Harry tuvo que contener su sonrisa, que ansiaba por salir. Estaba al cien por cierto seguro que su padre y su padrino le habían enseñado esa canción a Peeves pensando que sería una buena broma. El chico no se extraño que Remus sonriera, pero se dio cuenta de un atisbo en sus ojos que él no había visto antes, y era aquel brillo de añoranza. Nunca se había parado a pensar lo mucho que había sufrido Remus después de que sus padres murieran y su amigo fuera llevado a Azkaban; ellos se habían unido más cuando Sirius murió y ambos estaban en la misma situación.

—Yo en tu lugar quitaría ese chicle de la cerradura, Peeves —dijo amablemente—. El señor Filch no podrá entrar a por sus escobas.

En esos momentos no entendió por qué tanto cariño para con Filch, pero obviamente Remus tenía que actuar como un ejemplo a sus alumnos, aunque eso supusiera no actuar como un merodeador… bueno no tanto como un merodeador, nunca se puede dejar de lado ese pequeño lado malo, pensó Harry con diversión.Pero Peeves no prestó atención al profesor Lupin, salvo para soltarle una sonora pedorreta.

El profesor Lupin suspiró y sacó la varita mágica.

—Es un hechizo útil y sencillo —dijo a la clase, volvien do la cabeza—. Por favor; estad atentos.

Harry se mordió el labio, recordando cuán útil sería en años posteriores. Remus alzó la varita a la altura del hombro, dijo ¡Waddiwasi! y apuntó a Peeves.

Con la fuerza de una bala, el chicle salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquier da de Peeves; éste ascendió dando vueltas como en un remo lino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldi ciones. Harry y el resto de la clase se echo a reír.

—¡Genial, profesor! —dijo Dean Thomas, asombrado.

—Gracias, Dean —respondió el profesor Lupin, guar dando la varita—. ¿Continuamos?

Se pusieron otra vez en marcha, mirando al desaliñado profesor Lupin con creciente respeto. Los condujo por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de profesores.

—Entrad, por favor —dijo el profesor Lupin abriendo la puerta y cediendo el paso.

Al entrar en la sala de profesores, la única persona que se encontraba allí era el profesor Snape, que estaba sentado en un sillón bajo y observó a la clase mientras ésta penetra ba en la sala. Snape los vio entrar con tranquilidad, mientras sus pequeños ojos negros brillaban de furia ante todos los Gryffindor, sin embargo lo extraño fue que su mirada no posará en Harry.

—Déjela abierta, Lupin. Prefiero no ser testigo de esto. —Se puso de pie y pasó entre los alumnos. Su toga negra on deaba a su espalda. Ya en la puerta, giró sobre sus talones y dijo—: Posiblemente no le haya avisado nadie, Lupin, pero Neville Longbottom está aquí. Yo le aconsejaría no confiarle nada muy complicado, si no quieres que sus compañeros lo quieran así.

La clase miró con odio a Snape, mientras que Harry se contenía de decir algo. Snape no había aprendido, seguía siendo tan infantil y vengativo con los inocentes… Si quería pagarlo con alguien, que fuera con él, después de todo él había sido el que se había enfrentado a Severus y había grosero. Era rebajarse tanto, una cosa era burlarse de alguien en clase y otra que lo hiciese delante de otros profesores; por lo menos había sido ante Remus y no Trelawney, estaba seguro de que si fuese ella, le predeciría una muerte y eso no ayudaría en absoluto a Neville con su autoestima.

El profesor Lupin había alzado las cejas.

—Tenía la intención de que Neville me ayudara en la primera fase de la operación, y estoy seguro de que lo hará muy bien.

El rostro de Neville se puso aún más colorado. Snape torció el gesto, pero salió de la sala dando un portazo.

—Ahora —dijo el profesor Lupin llamando la atención del fondo de la clase, donde estaba el viejo arma rio en el que se encontraba el Boggart. Cuando el profesor Lupin se acercó, el armario tembló de repente, golpeando la pared.―No hay por qué preocuparse —dijo con tranquilidad el profesor Lupin cuando algunos de los alumnos se echaron ha cia atrás, alarmados—. Hay un boggart ahí dentro.

Harry se movió incomodo en su lugar, vio que el resto de la clase hacía lo mismo. Neville dirigió al profesor Lupin una mirada de terror y Seamus Finnigan vio con aprensión moverse el pomo de la puerta.

—A los boggarts les gustan los lugares oscuros y cerra dos —prosiguió el profesor Lupin—: los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero... En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pa red. Se vino aquí ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contes tar es: ¿qué es un boggart?

Hermione, como de costumbres, levantó la mano. No sabía cuánto extrañaba que Hermione hiciera eso hasta que la había vuelto a ver.

—Es un ser que cambia de forma —dijo—. Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da.

—Yo no lo podría haber explicado mejor —admitió el profesor Lupin, y Hermione se puso radiante de felicidad—. El boggart que está ahí dentro, sumido en la oscuridad, aún no ha adoptado una forma. Todavía no sabe qué es lo que más miedo le da a la persona del otro lado. Nadie sabe qué forma tiene un boggart cuando está solo, pero cuando lo dejemos sa lir; se convertirá de inmediato en lo que más temamos. Esto significa —prosiguió el profesor Lupin, optando por no hacer caso de los balbuceos de terror de Neville— que ya antes de empezar tenemos una enorme ventaja sobre el boggart. ¿Sa bes por qué, Harry?

Harry dio un suspiro decepcionado de que Remus lo había descartado tan rápido del enfrentamiento al Boggart, había tenido la esperanza de que cambiara, pero quizá era mejor así para su línea de tiempo.

―Debido a que somos muchos en la sala y no sabe por qué forma deci dirse ―respondió vagamente.

—Exacto —dijo el profesor Lupin. Hermione, que había estado dando saltos con la mano levantada, la bajó algo decepcionada—. Siempre es mejor estar acompa ñado cuando uno se enfrenta a un boggart, porque se despis ta. ¿En qué se debería convertir; en un cadáver decapitado o en una babosa carnívora? En cierta ocasión vi que un bog gart cometía el error de querer asustar a dos personas a la vez y el muy imbécil se convirtió en media babosa. No daba ni gota de miedo. El hechizo para vencer a un boggart es sen cillo, pero requiere fuerza mental. Lo que sirve para vencer a un boggart es la risa. Lo que tenéis que hacer es obligarle a que adopte una forma que vosotros encontréis cómica. Prac ticaremos el hechizo primero sin la varita. Repetid conmigo: ¡Riddíkulo!

¡Riddíkulo! —dijeron todos a la vez.

—Bien —dijo el profesor Lupin—. Muy bien. Pero me temo que esto es lo más fácil. Como veis, la palabra sola no basta. Y aquí es donde entras tú, Neville.

El armario volvió a temblar. Aunque no tanto como Ne ville, que avanzaba como si se dirigiera a la horca.

—Bien, Neville —prosiguió el profesor Lupin—. Empe cemos por el principio: ¿qué es lo que más te asusta en el mundo? —Neville movió los labios, pero no dijo nada—. Per dona, Neville, pero no he entendido lo que has dicho —dijo el profesor Lupin, sin enfadarse.

Neville miró a su alrededor; con ojos despavoridos, como implorando ayuda. Luego dijo en un susurro:

—El profesor Snape.

Casi todos se rieron. Incluso Neville se sonrió a modo de disculpa. Sin embargo, Harry no lo encontró nada gracioso; estaba seguro que la intención de Snape no era llegar hasta ser la pesadilla de un niño, pero ahí está lo había conseguido. Por otra parte, el profesor Lupin parecía pen sativo.

—El profesor Snape... mm... Neville, creo que vives con tu abuela, ¿es verdad?

—Sí —respondió Neville, nervioso—. Pero no quisiera tampoco que el boggart se convirtiera en ella.

Harry se rio suavemente, después de todo no sería mala idea. En muchas ocasiones la Sra. Longbottom podía dar mucho miedo.

—No, no. No me has comprendido —dijo el profesor Lu pin, sonriendo—. Lo que quiero saber es si podrías explicar nos cómo va vestida tu abuela normalmente.

Neville estaba asustado, pero dijo:

—Bueno, lleva siempre el mismo sombrero: alto, con un buitre disecado encima; y un vestido largo... normalmente verde; y a veces, una bufanda de piel de zorro.

—¿Y bolso? —le ayudó el profesor Lupin.

—Sí, un bolso grande y rojo —confirmó Neville.

—Bueno, entonces —dijo el profesor Lupin—, ¿puedes recordar claramente ese atuendo, Neville? ¿Eres capaz de verlo mentalmente?

—Sí —dijo Neville, con inseguridad, preguntándose qué pasaría a continuación.

—Cuando el boggart salga de repente de este armario y te vea, Neville, adoptará la forma del profesor Snape —dijo Lupin—. Entonces alzarás la varita, así, y dirás en voz alta: ¡Riddíkulo!, concentrándote en el atuendo de tu abuela. Si todo va bien, el boggart-profesor Snape tendrá que ponerse el sombrero, el vestido verde y el bolso grande y rojo.

Hubo una carcajada general. Como había dicho, Remus nunca perdería su lado Merodeador. El armario tembló más violentamente.

—Si a Neville le sale bien —añadió el profesor Lupin—, es probable que el boggart vuelva su atención hacia cada uno de nosotros, por turno. Quiero que ahora todos dediquéis un momento a pensar en lo que más miedo os da y en cómo po dríais convertirlo en algo cómico...

La sala se quedó en silencio.

Harry ya lo tenía muy claro, el Dementor. Durante años había temido al mismo miedo, a aquellos últimos gritos de vida de su madre y de su padre, la carcajada de Voldemort, sus propios gritos intentado hacerse creer que Sirius no estaba muerto, las palabras de Voldemort antes de asesinar a Cedric y ese sentimiento de infelicidad y fría en el pecho que le impedía respirar por la nariz. Sin embargo, hoy no iba a averiguar si su boggart había cambiado o no, pero en cualquier otro momento podía suceder ya que no iba quedarse ignorante de su propio miedo.

Miró a su alrededor, la mayoría de sus compañeros te nía los ojos fuertemente cerrados. Ron murmuraba para sí:

—Arrancarle las patas.

Harry adivinó de qué se trataba. Lo que más miedo le daba a Ron eran las arañas, incluso de mayor seguía temiéndole, tanto así que Hugo llegó a temerles también.

—¿Todos preparados? —preguntó el profesor Lupin.

Todos asintieron con la cabeza y se arremangaban las mangas.

—Nos vamos a echar todos hacia atrás, Neville —dijo Remus—, para dejarte el campo despejado. ¿De acuerdo? Después de ti llamaré al siguiente, para que pase hacia delante... Ahora todos hacia atrás, así Neville podrá tener sitio para enfrentarse a él.

Todos se retiraron, arrimándose a las paredes, y dejaron a Neville solo, frente al armario. Estaba pálido y asustado, pero se había arremangado la túnica y tenía la varita preparada.

—A la de tres, Neville —dijo el profesor Lupin, que apun taba con la varita al pomo de la puerta del armario—. A la una... a las dos... a las tres... ¡ya!

Un haz de chispas salió de la varita de Remus y dio en el pomo de la puerta. El armario se abrió de golpe y el profesor Snape salió de él, con su nariz ganchuda y gesto amenazador. Fulminó a Neville con la mirada.

Neville se echó hacia atrás, con la varita en alto, mo viendo la boca sin pronunciar palabra. Snape se le acercaba, ya estaba a punto de cogerlo por la túnica...

¡Ri... Riddíkulo! —dijo Neville.

Se oyó un chasquido como de látigo. Snape tropezó: lle vaba un vestido largo ribeteado de encaje y un sombrero alto rematado por un buitre apolillado. De su mano pendía un enorme bolso rojo.

Hubo una carcajada general. El boggart se detuvo, con fuso, y el profesor Lupin gritó:

—¡Parvati! ¡Adelante!

Parvati avanzó, con el rostro tenso. Snape se volvió ha cia ella. Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había es tado Snape apareció una momia cubierta de vendas y con manchas de sangre; había vuelto hacia Parvati su rostro sin ojos, y comenzó a caminar hacia ella, muy despacio, arras trando los pies y alzando sus brazos rígidos...

¡Riddíkulo! —gritó Parvati.

Se soltó una de las vendas y la momia se enredó en ella, cayó de bruces y la cabeza salió rodando.

—¡Seamus! —gritó el profesor Lupin.

Seamus pasó junto a Parvati como una flecha.

¡Crac! Donde había estado la momia se encontraba aho ra una mujer de pelo negro tan largo que le llegaba al suelo, con un rostro huesudo de color verde: una banshee. Abrió la boca completamente y un sonido sobrenatural llenó la sala: un prolongado aullido que dejo a Harry casi sordo.

¡Riddíkulo! —gritó Seamus.

La banshee emitió un sonido ronco y se llevó la mano al cuello. Se había quedado afónica. ¡Crac! La banshee se convirtió en una rata que intenta ba morderse la cola, dando vueltas en círculo; a continua ción... ¡crac!, se convirtió en una serpiente de cascabel que se deslizaba retorciéndose, y luego... ¡crac!, en un ojo inyectado en sangre. Lo estaban confundiendo con tantos miedos seguidos.

—¡Está despistado! —gritó Lupin—. ¡Lo estamos lo grando! ¡Dean!

Dean se adelantó. ¡Crac! El ojo se convirtió en una mano amputada que se dio la vuelta y comenzó a arrastrarse por el suelo como un cangrejo.

¡Riddíkulo! —gritó Dean.

Se oyó un chasquido y la mano quedó atrapada en una ratonera.

—¡Excelente! ¡Ron, te toca!

Ron se dirigió hacia delante.

¡Crac! Algunos gritaron. Una araña gigante, de dos metros de altura y cubierta de pelo, se dirigía hacia Ron chascando las pinzas amenazadoramente. Ron se había quedado petrificado, pero Harry sabía que lo conseguiría, ya se habían enfrentado a una de verdadera el año pasado, esto sería más fácil estaba seguro.

¡Riddíkulo! —gritó Ron.

Las patas de la araña desaparecieron y el cuerpo empe zó a rodar. Lavender Brown dio un grito y se apartó de su ca mino a toda prisa. El cuerpo de la araña fue a detenerse a los pies de Harry. Echó una mirada fugaz a donde estaba Lupin, pero este no parecía haberse movido de su sitio.

¡Crac! El cuerpo de la araña se convirtió en un dementor que se cernía sobre todos los alumnos y creaba un aura fría y triste. Harry levantó la varita al punto que el dementor se inclinaba sobre él, bajándose la capucha. Tenía que pensar en algo feliz y divertido para convertir al Boggart en otra cosa.

¡Riddíkulo! ―gritó Harry.

El Boggart-Dementor se enredó con la túnica y se cayó al suelo de cara, al mismo tiempo que la temperatura de clase subió.

—¡Muy bien! Ahora N…―pero lo que fuese a decir Remus, nunca lo supo porque el Boggart volvió a cambiar.

¡Crac!

El dementor tirado en el suelo había desaparecido. Durante un se gundo todos miraron a su alrededor con los ojos bien abier tos. Entonces vieron a un hombre mayor de cabello negro rebelde, ojos verdes detrás de unas gafas y una cicatriz en forma rayo. Harry se miró a si mismo con el entrecejo fruncido, preguntándose qué pasaba. Los ojos del él cambiaron a un color rojo vivo y entonces, apareció una niña de cabello rojo, su hija. La mano de Harry tembló cuando se vio a si mismo empuñando la varita en dirección de su hija y antes de que pudiese asimilar lo que pasaba, el Boggart-Harry dijo las palabras de tortura. Harry apenas podía sostenerse sobre sus piernas mientras veía como su hija gritaba de dolor ocasionado por sí mismo.

Pestañeó con fuerza y alzó la varita con decisión.

¡Riddíkulo! ―gruñó Harry con voz temblorosa.

El Boggart-Harry volvió a tener los ojos verdes, se inclinó hacia adelante y abrazó a su hija, mientras susurraba palabras de disculpas. Harry dejó de mirar la escena y, sin mirar a nadie, salió como un bólido de la clase. No quería que nadie lo viera en está situación.

Caminó a zancadas por los pasillos sin saber muy bien a dónde ir. Necesitaba un lugar dónde pudiese estar sólo y poder pensar lo sucedido. Caminó con furia de un lado a otro delante de la pared y después de tres vueltas, una puerta apareció enfrente de él.

La habitación se había transformado en algo parecido a la sala común de Gryffindor, pero rodeada de un montón de fotos de su familia. Había fotos desde que él era un bebé hasta el cumpleaños de Albus, el último cumpleaños que había celebrado antes de haber caído a este tiempo. Estuvo durante un largo tiempo mirando las fotos hasta que consiguió calmarse y hacerse a la idea de que él no era Voldemort y jamás podría daño a sus hijos y menos si se esforzaba por dominar el arte de Oclumancia.

No supo cuánto tiempo estuvo viendo las fotos, estaba tan entretenido llorando de añoranza y de alegría que no se había dado cuenta que ya se había hecho de noche. Extrañaba mucho a su familia, estaba preocupado por ellos, quién sabe si les habrá ocurrido se culparía por ello toda su vida. Tenía que regresar, no podía dejar a sus hijos sin un padre al que pensarán que los abandonó.

Se levantó de la butaca y miró por la ventana. Desde allí se podía ver el lago, la cabaña de Hagrid iluminada, el sauce Boxeador moviendo sus ramas con fuerza en la noche y una pequeña parte del bosque prohibido. Era momento de regresar a la sala común e intentar actuar con tranquilidad, si eso era posible. Paso una mano por la foto de su familia, recorriendo el rostro de sus hijos y esposa con un dedo.

Al salir de la sala de Menesteres y camino por el pasillo con las manos en los bolsillos. Pero no había terminado de llegar al retrato de la Sra. Gorda cuando se encontró con Ron. Parecía muy preocupado y por las siguientes palabras que dijo, hizo poner los pelos de punta a Harry.

―Yo pensé que eras mi mejor amigo y podías contármelo todo, pero veo que ya no es así ―murmuro Ron abatido, pero mirando a Harry directamente a la cara.

Ron lo sabía.

AOT

FELIZ AÑO NUEVO 2012 Primero que nada, me disculpo por mi retraso de dos meses pero desde mediados de noviembre y comienzos de diciembre, he tenido exámenes todos los días (sin exagerar), ni siquiera yo misma sé cómo he hecho para terminar todos esos exámenes y tener buenas nota, solo sé que fue un estrés total y ni un segundo para mí. Sin embargo, quise subir el video en diciembre, pero otra ves los exámenes me pillaron… y ya en vacaciones recibí a mi hermana y ella no quería que pasará ningún rato delante del ordenador, así que solo podía entrar a escondidas y por poco tiempo. Y por si no fuera poco me han "diagnosticado" síntoma de depresión y según el psicólogo, debo de salir más y estar menos tiempo en casa, pero la verdad es que creo que ese no es el tratamiento, porque siento que me hace más infeliz.

Para recompensar mi falta de capítulos, os prometo que no abandonare la historia ni obligare a nadie a comentar, quiero que sea vuestra elección si vale la pena comentar. Espero no hundirme más en la depresión cuando vea que no he recibido ningún comentario xD.

Quisiera aclarar una cosa: seré sincera y os diré que no me gusta nada Snape, sigo odiándolo, eso de que estaba enamorado de la madre de Harry me parecía muy siniestro, no creo que la amará sino que era la única persona que quiso ser su amigo y después de insultarla se sintió culpable. Si fuera por Snape, Harry y James podían haber muerto con tal de que Lily estuviese viva, y eso es muy egoísta, para mi nunca será un héroe, pero sí alguien muy valiente y resentido con la vida. Sin embargo, por vosotros intentare dejar mis gustos a un lado, cosa que será un gran esfuerzo, y ayudar a Snape. No aseguro un acercamiento entre él y Harry, pero sí que Snape empiece a superarlo.

Respuestas:

franlo: Gracias, bueno cómo podrás ver he elegido a Ron… Neville y Hagrid no me parecen tan mal, hay que darle una oportunidad a Neville por muy loca que sea y bueno Hagrid es Hagrid, me divertiría escribiendo la escena. En eso tienes razón, pero creo que todos cambiamos y cuando se nos presentan nuevas metas, puede llegar a ser diferente nuestro miedo, por eso he decidido mezclar ambos miedos, pero con un secreto por detrás, no es tan sencillo ;). De Harry ante ella, pero solo lo sabrás cuando llegue el momento, pero te daré una pista: odio a Ginny, pero los prefiero juntos. Sí, he cambiado un poco la clase de Adivinación, me pareció apropiado hacer a Trelawney más misteriosa. Gracias, todo lo sabrás a su tiempo (a mediados del fic comenzará a pasar), yo siempre he tenido buena estima a Trelawney a pesar de que sea una loca xD.

Paochiss64: Gracias. ¡Ag! Bueno, Teddy todavía seguí rondando en mi cabeza sin saber qué hacer con él. Hay tantas cosas, pero me parecen descabelladas. ¿Tu qué opinas?

Jazmin-Black: Hola! Si lo siento :( mucho tiempo y más ahora. Muchas Gracias, me alegro mucho. No ya no correrá peligro. Bueno, espero que te haya gustado el cap, después de todo eran tus respuestas. Nos vemos en este capítulo :D

FELIZ AÑO NUEVO 2012 que tengáis un prospero año nuevo y que todos vuestros deseos se cumplan, porque tenemos un año entero por delante que aprovechar e intentar remendar los errores del pasado, para que estos queden atrás.