Siento la tardanza, mis pequeños aliens sexis, pero es que el insti me está quitando mucho tiempo... T.T (4º ESO :D).

Como dije en el primer capitulo, probablemente suba capítulos los fines de semana, depende de los exámenes o trabajos que tenga.

Siento haceros esperar, pero es lo que hay, no puedo hacer más.

Y bueno, sin nada más que decir, ¡os dejo aquí el tercer capítulo!


Capitulo 3: Llegas tarde, burro.

Era de noche y llovía, ahí afuera no había nada, salvo una sirena de la policía. La chica escucha como sus padres gritan. Está cansada de que las peleas sean la rutina.

Pone sus cascos, sube el volumen al máximo, en su cuaderno dibujos raros, tachones, garabatos.

Hoy no habrá cena, ni tele, ni baño. En su Tuenti pone: Les odio. Debajo, ningún comentario.

-No le importo a nadie. Quisiera morirme aunque solamente fuera para hacer que sufrieran mis padres. –Muy a menudo piensa cosas similares.

Esa noche sueña con otra vida, en otra parte.

Al día siguiente, en el insti, la historia se repite. En el pasillo una colleja y todos se ríen. Los cuatro tontos siempre le fríen. Son palizas, son risas, burlas. La chaqueta pintada con tiza.

Quisiera ser más fuerte, hacer como en la tele: entrar en el insti armada hasta los dientes.

Fantasía con venganzas crueles, con un mundo paralelo en el que todos le temen y es que los profesores no el entienden, siempre ha sido invisible, siempre ha sido la don nadie, la que pierde.

No toma apuntes, ya ni atiende:

-¿De que sirve aprobar si nadie va a valorar que te esfuerces?

Cada día pasa más tiempo metida en su mente, el mundo de afuera es hostil, la gente le es indiferente. Nadie le quiere, nadie pregunta como se siente, ni hace por que se integre.

De vuelta a casa está sola, sus padres trabajan. Hace la comida mientras su cara refleja la nada, la nada que se ha instalado en su alma, porque nada le importa, nada le duele, nada le agrada.

Entonces llega la idea, se asoma a la ventana, piensa que un solo salto podría acabar con la desgana, con los insultos, con la indiferencia, con las peleas en casa, con su existencia.

Dibuja una sonrisa y salta.

Un grito hueco y frío inunda la habitación y el pasillo. Un sudor frío se desliza lento por su sien, bajando por el pómulo, por la mejilla, hasta perderse por la barbilla. Está temblando y no de frío…

Pasa sus brazos alrededor de su tronco, queriendo autoprotegerse de ese miedo que le embriagaba…

Sabía perfectamente a que se debía ese sueño, pues antes de que sus padres se marchasen al extranjero, aquel sueño era una representación de su anterior vida.

Abren la puerta de golpe, sobresaltando a Bea, la cual estuvo a punto del infarto.

-¡¿Qué pasa?! –Gritó Fran, el cual, en pijama, había escuchado aquel desgarrador chillido.

Se acercó al cuerpo tembloroso de su prima, estaba completamente vulnerable a cualquier cosa.

-Bea… ¿estás bien?

Ella, tomando una bocanada de aire, asintió en un susurro, pasándose una mano por la cara, avergonzada por su estado, no era bueno ser una persona así de débil, y menos con alguien con el que había compartido tan poco, aunque se tratase de su propia sangre.

-Cualquiera lo diría…tienes mala cara…

-Ha sido solo una pesadilla, en serio… -Apartó la mirada, se sentía incómoda.

El pelirrojo se sentó en el borde de la cama de la chica y chasqueó la lengua, a modo de burla, lo que llamó la atención de la castaña.

-No te recordaba tan refunfuñona, primilla… -Dijo el chico, esbozando una de sus mejores sonrisa a la vez que pasaba su mano diestra a la cabeza de ella, acariciándola cual perro desolado.

-Ni a ti tan toca pelotas –Bufó ella, aunque acabó por reír. Hacía tiempo que alguien estaba así de cariñoso con ella y aunque no lo quisiese reconocer, se alegraba de que ese alguien se quedase un tiempo con ella.

Sonó el dichoso despertador, dando comienzo a una nueva jornada, un comienzo de la rutina.

Todos los habitantes de la casa se pusieron en pie, aunque cabe destacar, que unos más perezosos que otros.

Una vez Beatriz acabó de arreglarse, vistiendo con una simple sudadera verde, unos vaqueros largos y unas botas de lona verdes, se alisó el pelo, dejándoselo suelto, colocó sus cacos alrededor del cuello y marchó rumbo al instituto.

Tras encontrarse con su fiel amiga Inma por el camino, comenzaron las clases, no muy interesantes la verdad.

Tomó apuntes y, cuando la lección no le parecía de su agrado, dibujaba algún que otro garabato sin sentido en el respectivo cuaderno.

Una vez tocó el timbre que indicaba el tan ansioso descanso, una ola de gente loca por salir al patio, arrastró y empujó con rapidez a la muchacha por los pasillos.

Esto solía pasar todos los trescientos noventa y cien días del año…si es que esto último hubiese tenido sentido, y así se sentía, sin sentido. De aquí para allá, sin rumbo fijo, la gente le arrastraba y ni se molestaba el moverse. El problema es que no contaba con un grupo de Bachillerato que la arrinconó contra la pared.

-Hola, preciosa, ¿cómo es que vas sola por los pasillos?

-Porque para ir con subnormales como tú, prefiero ir con una cucaracha, que su compañía es más agradable –Bufó la castaña tratando de zafarse del arrinconamiento, cosa que no surgió mucho efecto, pues acabañaron por agarrala de las muñecas impidiendo que se fugara.

Bea intentó visualizar de cuantos se trataban…cuatro grandullones pajilleros.

Ella no solía golpear a nadie y mucho menos a personas que le sacaban cabeza y media.

-Joder… -Alcanzó a pensar mientras notaba la cercanía del cuerpo del que la aprisionaba.

El problema mayor era que el pasillo estaba lleno de gente, por lo que era imposible que estuviesen atentos de lo que pasaba a los lados…

-Eres un poco borde, ¿sabes como tratamos a las tías como tú? –Dijo el moreno que la aprisionaba, deslizando una mano por la cintura de ella para llegar a su trasero. Ella, esbozando una mueca de desagrado, alzó la cabeza, escupiéndole en la cara.

-Pero si tenéis una cara de palilleros que no podéis con ella.

-¡Me cago en la puta! –Bufó el afectado, limpiándose el escupitajo con rapidez- ¡Ven aquí, hija de…!

-Ponle otra mano encima y te reviento la cara, gilipollas –Se escuchó a un lado, interrumpido la discusión.

Hubo un instante de silencio entre ellos, al menos Bea no era consciente de que otras personas pasasen por el pasillo hablando entre ellos, ahora solo estaba ella, esos tipos y esa voz que, aunque la había escuchado pocas veces, le resultaba demasiado familiar.

Por parte de los acosadores, una mueca se dibujó en sus caras. Al parecer, ellos también habían reconocido esa voz.

Uno de los que se dieron por aludidos se dio la vuelta, quedándose cara a cara con el emisor del anterior mensaje, a lo que al confirmar de quien se trataba, no dudó en unirse al gentío que había por el pasillo, dejando a sus compañeros, los cuales acabaron por seguirle, dejando solo al que aprisionaba a la muchacha, la cual tenía una pequeña sonrisa dibujada en su cara.

Rubén alzó una mano a una de las orejas del chico y comenzó a retorcerla, pues este, probablemente, no se esperaba un movimiento como ese por parte de él. Tal vez un puñetazo en el estómago, una bofetada o tal vez habría dejado que se marcharse par ano crear más problemas.

Tiró de la oreja para acercarla a él y que nadie más le escuchase, ni siquiera Beatriz, la cual miraba atenta la escena.

-Vuelve a mirarla si quiera y te mato, gilipollas…

Y dicho esto, el muchacho, con el orgullo tocado, acabó por alejarse de ellos.

-Llegas tarde, burro –Comentó ella, acomodándose la sudadera.

-Lo siento, aprovechada… -Contestó el, con un claro tono de diversión en su voz- Guau…ahora, además de deberme un bocata, me debes una cita… Me sorprende la rapidez con la que te metes en líos, aprovechada.

Ella echó a reír, ¿qué encima le debía una cita? Le había quitado a esos pelmazos por que había querido, ella no se lo había pedido, podría habérselos quitado de encima cuando hubiese querido.

-Perdona, pero te debo un bocata, y en compensación por esto, como mucho, una lata de cocacola y vas que chutas, majo.

Y dicho esto, comenzó a caminar, dejando atrás a un Rubén fascinado por la bordería de ella, que a fin de cuentas, era algo que le llamaba la atención de la chica.

En silencio, ambos caminaron hasta llegar a la cafetería, donde ella se acercó al mostrador a pedir un bocadillo para el chico, mientras este se sentaba en una de las sillas de plástico y apoyaba las piernas en otra silla.

Rubén se quedó mirando a su alrededor, la verdad, en esa estancia había pocas cosas que le llamasen la atención, así que se quedó mirando a un punto fijo, pensando en nada.

-¡Burro! –Acabó por gritar Bea, la cual estaba harta de llamar al chico, el cual estaba absorto en sus pensamientos.

Este tan solo giró la cabeza para mirar a la chica, la cual le plantó el bocadillo enfrente.

-Toma, ya puedes dejar de llamarme aprovechada.

Una vez Rubén cogió el bocata entre sus manos, la morena se giró para irse al patio con Inma, que probablemente estaría esperándola.

-Hey, aprovechada, ¿a dónde te crees que vas? –Preguntó el chico, agarrando la muñeca de ella, la cual se giró para echarle un vistazo por encima del brazo.

-Pues ha hacer vida social.

-Acabo de salvarte la vida, así que si no me concedes esa cita, al menos quédate haciéndome compañía, ¿no te parece?

-Me parece, me parece… -Refunfuñó, cogiendo una silla en la que sentarse.

Y consiguió zafarse de sus problemas, aunque solo fuese por un rato.

Continuará….


La pesadilla que tiene Bea al principio del capitulo está sacada de la canción: "La Triste Historia del Vecino de Arriba" de El Chojin.

Y bueno, poco más que añadir, solo deciros que espero que os haya gustado, creo que me pondré ahora mismo con el siguiente capitulo.

Solo recordaros que podéis seguir las novedades del fanfic siguiendo mi Twitter: arrova - BeaYohoho. #MiPerroEsunAlienSexi

¡Ser felices, aliens sexis!

Yuuko.