Disclaimer: la trilogía de Los Juegos del Hambre le pertenece a Suzanne Collins y yo escribo esta historia sin fines de lucro.

Este escrito participa en el Reto Especial de San Valentín/Día Blanco; ¿Qué significa el Amor? (Personaje: Effie Trinket) para el foro El diente de león.


Capítulo 4: Salvación


En la habitación donde el olor a sangre y rosas la acerca a la inmundicia del ser que esta frente a ella. Ya no se siente tan valiente como mientras caminaba por los pasillos.

—Es una gran oportunidad, Señorita Trinket—

El siseo le llega a loa oídos acompañado de una sonrisa abrumadora y llena de odio, no le está dando una propuesta, es una orden, y saberlo no le ayuda. Se siente más indefensa bajo esa mirada, él podría acabar con ella en ese momento si es que una de sus palabras es errada.

La suerte no parece estar de su parte.

—Señor Presidente, no dudo de que es una gran propuesta. Pero no me siento preparada para aceptarla, por ahora estoy conforme con mi trabajo en el Distrito 12—

¿Alguna vez creyó que eso podría salir de sus labios?

Había luchado por salir de ese lugar tan miserable y ahora cuando la oportunidad de escapar se presentaba, la estaba dejando alejarse, su única salvación, el único cable de cobardía que podía mantenerla con vida.

¿Acaso pretende morir sin ser condenada?

Claro que no, ella se estaba condenando.

—Su desempeño ha sido impecable, Señorita Trinket, claro que es apta para el trabajo en el Distrito 1— ahora los pequeños ojos de serpiente la reducen a nada.

Su coraza se está cayendo a pedazos, y ahora tal vez sea ella la que acabe en tragedia. Pero la furia la corroe, el odio a un ser invisible, a la muerte inevitable. A la muerte de tantos inocentes a las manos de una sola persona.

El Presidente Snow

¿Alguna vez se atrevió a sentir agradecimiento hacia él? Si, lo hizo, muchas veces.

—Lo siento Señor, pero no creo que pueda aceptar, Katniss y Peeta necesitaran apoyo durante la Gira de la Victoria—

Tal vez yo diga una estupidez. Quizá me lleve a la tumba algun error patetico, con Katniss y Peeta de premio consuelo.

— ¿Katniss y Peeta? ¿Está segura de lo que dice Señorita Trinket? ¿O tiene otro motivo para no salir del 12?—

El piso bajo sus pies tiembla, sabe que ya no tiene poder en la vida que juega entre sus manos

Haymitch

Por favor que esto no esté pasando. Snow lo sabe, y tal vez, fue el único que no debió saberlo.

—No creo tener otra razón más relevante que los Vencedores, Presidente Snow, ellos son lo más importante ahora—

Su voz resuena en sus oídos, hasta a ella el acento le desespera. El la observa, el mínimo movimiento, pero ella permanece intacta con la sonrisa pintada de colores. Así la cubrieron, de mentiras.

Su mente este sobre el suelo junto a ella, pero los pensamientos la inundan, se ahoga.

—Está bien, Señorita Trinket— el suave siseo le causa un escalofrío— Entonces... Nos veremos pronto...—


El tren se alejaba del Capitolio tan rápido como ellos mismos quisieran.

Effie habla, despacio casi sin mover los labios, temiendo que desde alguna cámara dos ojos de serpiente la observen.

—¿Que tú que?— el miedo lo inunda, ha sido un desliz, un error que podría costarles todo.

Como a él.

La imagen de su familia muerta lo invadió como una flecha.

—Estaremos a salvo. Lo prometo¾ Pero ni siquiera está segura de eso.

—Ella dijo lo mismo¾ El mentor subió el tono — ¿Y sabes dónde está? Pudriéndose bajo tierra— La voz le fallo en la última letra.

La escolta puso una de sus manos en el hombro, esperando ser rechazada. Pero Haymitch siguió, hablándole al aire.

—Cuando matas en los Juegos... tienes una excusa. Pero el que mueran por un error, un insignificante error que pudieras haber evitado... te hace sentir impotente. Podrían haberme matado a mí. Y ya. Pero no... Me castigaron donde más me dolía— La miro con ojos vidriosos —Donde más me duele—

Effie se arriesgó y lo abrazo. Fue rápido y torpe, le costó no caer de sus altos tacones. Y él se lo devolvió.

—No te aferres al pasado, recuérdalos con todo el amor que puedas, pero déjalos ir— La escolta susurro, aun aferrada a Haymitch.

—Ellos me visitan todas las noches, pero ese no es el problema— Disfruto de su calor, sin detenerse a pensar en cuánto costaría más tarde. —Sabes que yo no sería capaz de dejarte ir a ti—

Effie sintió que se desmoronaba. Eso era mucho más de lo que ella podía soñar, sabiendo cuan poco demostrativo era él. Y también porque, desgraciadamente, ella tampoco soportaría.

Las lágrimas ardían en su piel y sintió que su alrededor daba vueltas. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado, tan difícil?

Y decían que no hay lugar para el amor en la guerra.

Tal vez ese era el problema. Que cuando está ahí duele y corroe, y te lastima.

Quizá nunca diría cuanto lo amaba, porque si algo había aprendido de las bellas novelas que su madre le regalaba de joven era que decirlo en voz alta, atreverse a soñar en voz alta, solo traía problemas. Y dolor.

En resumen, empeoraría la tragedia

Su propia tragedia


(Nota: Si hay algún error, agradecería que me lo dijeran- Espero que les haya gustado... Y gracias por leer.)