— Eso estuvo realmente cerca, ¿no creen? —soltó Kuroo cuando ya estaban cerca de su escondite.
— Sí, muy cerca. —Contestó Tsukishima con voz claramente molesta, lo cual hizo que Kuroo también se irritara. — Pero no hubiera pasado si ciertos estúpidos hubieran seguido todo lo que planeamos. — No alzó la voz, pero claramente estaba furioso, cada palabra la soltó con voz más tosca.
— ¿Disculpa? ¿Ahora resulta que nosotros tenemos la culpa? Tú fuiste el que llegó tarde, tú fuiste el que se cayó justo cuando lo estaban siguiendo. —Dijo Kuroo tratando de defenderse. Bokuto no le importaba en lo más mínimo, discretamente se fue a la cocina.
— ¡Nada de eso hubiera pasado si ustedes hubieran seguido los pasos! —Ahora sí alzó la voz molesto. Pero tampoco tenía ganas de estar discutiendo. — Como sea, esta es la primera y la última vez que trabajo con ustedes. —Fue lo último que dijo antes de encerrarse en la habitación con las cosas que él había robado.
Kuroo sólo lo fulminó con la mirada y se fue hacerle compañía a Bokuto en la cocina. A Tsukishima siempre le gustaba hacer un recuento de lo que robaba. Se sentó en la orilla de la cama junto con las pequeñas bolsas de tela. Una de ellas sonaba algo raro, pero intuyó que podría tratarse de las monedas.
Abrió la primera la cual tenía collares, aretes, pulseras, estaba llena de joyas; posiblemente eran para la esposa del alcalde, él no las miraba útil, pero podía intercambiarlas por algo más valioso, pues se miraban muy costosas y al ser regalo del noble lo más probable es que todo fuera de oro. Ahora abrió la otra bolsa esperando que fuera algo más valioso o algo que pudiera usar por lo menos, quitó el pequeño nudo que había en la bolsa vaciando todo lo que había en ella sobre la cama; para no encontrarse con ni una sola moneda de oro, ni siquiera joyas. Para encontrarse con seis piezas de herraduras para caballo; un extraño tic se apoderó de su ojo izquierdo, tenía que ser una broma, ¡tenía que ser una puta broma! Desesperado volvió a revisar la bolsa, la sacudió de nuevo esperando que fuera una broma, pero no, ¡eran herraduras! Se tuvo que contener las ganas de aventarlas contra la pared, pues podría ser escuchado. No era momento de enfadarse, no ganaba nada, tenía que pensar en algo; esas herraduras no estaban, tenía que hacer memoria de donde habían salido. Si bien recordaba, cuando estaba inspeccionando lo que iba a tomar del noble, no había ninguna herradura, las bolsas no tenían ninguna herradura cuando las tomó. Las bolsas estuvieron con él en todo momento, desde que salió del carruaje hasta que montó el caballo, ¿dónde se había perdido su bolsa con el oro? Estuvo pensando durante unos instantes hasta que recordó que en algún momento del robo chocó con alguien tirando la bolsa. Iba con prisa así que tomó la primera que vio, se parecía demasiado así que tal vez se había equivocado, era lo más lógico que podía pensar, tenía que ser eso.
Tenía que volver al pueblo, pero no podía decirle a Bokuto, mucho menos a Kuroo, se burlarían de él y aún tenía que recuperar la poca dignidad que le quedaba. Se preparaba para volver al pueblo, tenía que encubrirse de nuevo y llevar armas diferentes por si lo descubrían, aunque había un problema con su plan que acababa de crear para encontrar a la persona con la que chocó; no sabía quién era. No sé tomó la molestia en mirarlo o mirarla, no sabía si era hombre o mujer, probablemente hombre porque parecía ser alto, pero ¿buscar un hombre con una bolsa de joyas en lugar de herraduras en todo un pueblo? No sería fácil, su propio plan estaba empezando a sonar estúpido, pero no había tiempo de pensar, iría al pueblo y allá lo resolvería.
Abrió la puerta, quería salir sin que esos dos se dieran cuenta, pero cuál fue su sorpresa cuando vio a ese dúo tirados a causa de que estaban espiándolo. — ¡¿Qué…?! —Tuvo que tomar un suspiro para tratar de controlarse. — ¡¿Qué carajo hacen?!
— Hey~ mi querido Tsukishima, estábamos pasando por aquí, ¿sabes? Y pues…
— Pensábamos que probablemente estabas en problemas. —Completó lo que Kuroo no pudo terminar. — Ya sabes con tu problema de bolsa incorrecta.
— ¿Cómo saben que me equivoqué de bolsa? — ¿Cómo era posible que ellos se dieran cuenta de que era la bolsa incorrecta antes de que él lo supiera?
— Vimos cuando chocaste con alguien, estabas tan apurado que no te molestaste en mirar y tomaste la primera bolsa que viste; pero no te diste cuenta que el chico también tenía una bolsa. —Kuroo parecía muy feliz al decir eso, parecía feliz de que Tsukishima se hubiera equivocado, lo cual hacía rechinar los dientes de rabia al rubio. — Y parece que necesitas nuestra ayuda… Otra vez.
— ¿Por qué necesitaría su ayuda? —Interrogó frunciendo las cejas.
— Porque sabemos quién es el chico con el que chocaste. —Dijo Bokuto algo cantarín.
— Nosotros si nos tomamos la molestia de saber a quién tiras en el camino.
— Ya entendí. Si saben quién es, llévenme con él. —Lo dijo en forma de orden, tratando de usar otro tono de voz.
— No tan rápido, cuatro ojos. —Apresuró Kuroo. — No puedes llegarle así al pobre chico, ¡le dará un infarto! —Advirtió Kuroo, parecía algo preocupado de sólo pensar que eso pasara.
— Yo sé lo que hago. —Masculló con rabia el rubio. — Sólo díganme quién es.
Kuroo iba a objetar, pero Bokuto lo calló para dirigirle una sonrisa pícara, tenía algo planeado. — Está bien, está bien. Te diremos quién es, cuando lleguemos al pueblo, ya sabes, para hacerlo más emocionante. —Terminó diciendo algo juguetón.
Tsukishima sólo rodó los ojos y asintió. Con tal de que lo llevaran con él que tenía su bolsa, estaba de acuerdo. De hecho parecía no tomarle importancia a las miradas que se dirigían esos dos.
Rápidamente empezaron alistarse para salir de nuevo al pueblo, pues era un viaje largo, por suerte aún tenían los caballos, podían devolverlos, pues realmente no les servían de mucho, preferían uno de esos nuevos autos que empezaban a circular. Mientras se alistaban, Kuroo aprovechó que el rubio parecía distraído para tomar un pequeño maletín de su habitación y esconderlo entre el caballo donde él se iría.
Kuroo y Bokuto ahora iban normales, como pueblerinos cualquiera, ellos podían hacerlo, ya que ellos sí ocultaban su identidad. No como Tsukishima, tampoco tenía tantas ganas de disfrazarse, sólo se puso su sombrero de siempre, cambió sus lentes y alzó el cuello de su chaqueta. Tampoco era como si muchas personas lo hubieran mirado fijamente mientras robaba, además todos los carteles que había de él, estaba mal su descripción. Pero no le importaba, mejor para él que le dieran un aspecto físico diferente.
Después de una larga caminata de aproximadamente de media a una hora, llegaron al mismo pueblo de esa mañana. Dejaron los caballos en un lugar escondido, para que nadie sospechara que eran caballos de policías y así mezclarse con todas las personas que andaban caminando por el pueblo.
— ¿Y bien? ¿Quién es? —Tsukishima estaba impaciente.
— La persona que buscas es un chico, de unos diez o nueve centímetros más bajo que nosotros, más o menos. Es moreno, castaño, bonitos ojos y tiene pecas. Con eso lo encontrarás, es la única persona en todo el pueblo que tiene pecas. —Kuroo lo describió haciendo todo los gestos que podía.
Tsukishima giró un poco su cabeza, ¿la única persona que tiene pecas? Tal vez podía encontrarlo con eso, no sabía si sería suficiente. Iba a decirle algo aquellos dos. Pero cuando se giró nuevamente hacia ellos, ya no estaban. Lo habían dejado completamente solo. Tal vez por venganza por haber tirado a Kuroo del caballo, no lo sabía, pero de lo que sí estaba seguro era que los odiaba. En fin, tenía que encontrar a ese chico con la descripción que le había dado Kuroo e intercambiar las bolsas con él. Dijeron que era un chico, probablemente estaría rondando por su edad, sería más fácil de tratar.
Empezó a caminar por todo el pueblo buscando, cuando creía que lo había encontrado, no estaban las pecas. No había visto ni a una sola persona con pecas en todo el pueblo.
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— ¡Hey, Yamaguchi! ¿Cómo ha estado nuestro pecoso favorito? —Lo primero lo dijo Bokuto y lo terminó Kuroo. Ambos mientras entraban a un pequeño local que era un consultorio médico, donde era hogar y trabajo de la familia de Yamaguchi.
— ¡Kuroo! ¡Bokuto! ¡Qué alegría verlos! —El pecoso en cuanto los vio entrar fue a recibirlos bastante emocionado. — ¿Quieren algo de tomar?
— Agua estaría bien. —Respondió Bokuto con una gran sonrisa, era tal y como lo recordaban.
Yamaguchi rápido fue por dos vasos de agua. Parecía muy feliz de que estuvieran ahí. — ¡A pasado algo de tiempo! ¿Cómo han estado? —El dúo se había sentado en un sofá de espera que estaba por ahí, mientras el castaño en una silla.
— De aquí para allá, de un lado a otro, ya sabes. —Kuroo trató de decir en tono neutro, pero parecía en realidad que estaba muy emocionado de que alguien le preguntara. — ¿Cómo va el negocio de consultas? —Dijo mirando todo el lugar.
— Va bien, pero casi no atiendo a nadie, mi padre casi siempre lo hace, a veces parece que yo sólo estoy como portero. —Dijo notablemente aburrido, pues ser cuidador no era para nada emocionante.
— Ya llegara tu momento de brillar, como cuando venimos la primera vez. —Trató de animarle Bokuto.
— ¿Qué los trae por aquí? —Respondió con un cambio de tema.
— Nada en especial, sólo paseábamos como siempre y decidimos visitar a alguien especial con pecas.
Yamaguchi se ruborizó de vergüenza, siempre le daba pena que se refirieran a él como "el de pecas". Aunque ya estaba algo acostumbrado. — ¿Se quedarán esta noche en el pueblo?
— No, lo siento, de hecho sólo pasábamos a saludar. Ya que iremos al pueblo vecino.
— Oh… —Parecía algo decaído al escuchar eso. — Como exploradores siempre deben de tener prisa. —Ahora lo decía con mucha alegría.
— Si, ya sabes, siempre tenemos que ir de un lado a otro. Pero como pasábamos por aquí te trajimos un regalo. — Kuroo le entregó un pequeño maletín con el que habían entrado.
— ¡¿Para mí?! —El pecoso estaba muy entusiasmado. Tomó el maletín con ambas manos, quitando los seguros y abriéndolo. Que le hubieran traído un regalo significaba mucho para él, aunque no sabía cómo reaccionar a esa clase de regalos. — ¿Un… Un arma? —No le gustaban las armas, sabía disparar porque su abuelo insistía en que era fundamental, pero no le gustaban, jamás le había disparado a alguien. Siempre que lo obligaban a practicar insistía en que fueran a latas.
— Te la regalamos para protección. —Dijeron al unísono mientras asentían.
— ¿Protección? —Repitió confundido.
— ¡Sí! Como sabes el ladrón Tsukishima está suelto. —Dijo Bokuto mientras fingía temblar de miedo.
— Sabemos que pasas mucho tiempo en la cabaña de tu abuelo, ese lugar está lejos y solo, así que úsala para protección cuando vayas a ese lugar.
— Es más, la cargaremos por ti, para que sólo dispares. Te enseño como recargar, mira…
Era posible que Kuroo y Bokuto le hubieran mentido a Yamaguchi. Hace tiempo esos dos habían estado a punto de ser capturados, estaban heridos y sin una sola moneda de oro en ese pueblo que no conocían. Entonces un ángel de pecas y cuyo nombre era Yamaguchi los salvó, curó sus heridas y les dio techo hasta que sus heridas sanaran. Cuando el menor preguntó a qué se dedicaban, en un momento de desesperación dijeron que eran exploradores y que siempre se hacían heridas a causa de sus asombrosas aventuras. Jugar con la inocencia de un alma tan pura como la del pecoso debería considerarse pecado. Yamaguchi les creyó e incluso les contó que todas las tardes iba a la cabaña de su abuelo, donde cuidaba de sus animales. Sólo la familia sabía dónde estaba, ellos insistieron en ir, pero era un patrimonio familiar, así que Yamaguchi no podía decirles.
— Tenla escondida en la casa de tu abuelo. — Dijo Kuroo cuando ya le había enseñado lo fundamental del arma, esos dos no sabían que el pecoso ya sabía disparar y no sólo eso, que tenía una excelente puntería. Pero Yamaguchi no les decía nada porque parecían muy emocionados explicándole cómo funcionaba.
— Gracias, aprecio mucho el regalo…Pero nunca me ha pasado nada allá. —Dijo con voz algo susurrante sin despegar la vista del arma.
— Nunca se sabe cuándo podría ser el día. Podría ser hoy o mañana, nadie lo sabe.
— Pero si ves a un ladrón, promete que le dispararás.
— Y más si es el bastardo de Tsukishima, ¿lo prometes? —Kuroo dijo mirando fijamente a los ojos del menor.
— Claro, lo prometo.
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¡HOLAAAAAAAA!
Apenas me acabo de dar cuenta que el capítulo anterior donde había puesto los asteriscos para explicar las armas… Y no expliqué las armas :/ Soy un fracaso(?) Como sea, les tengo planeado algo a Kuroo y Bokuto. (Aunque aún no sé muy bien cómo escribirlo, pero les tengo algo(?)
¿Qué tal el capítulo? ¿Comentarios? ¿Críticas?
SIENTO MUCHO LA DEMORA ;;
