De nuevo empecé este capítulo de cero pero con los argumentos que presentaba el documento original con algunas adiciones que explicaré en las notas finales para no alargar mucho éstas. Aquí me dedicaré a agradecer a todos los que aún siguen la historia :)

Disclaimer: Digimon y sus personajes no me pertenecen.


Huracán

~4~

Catherine Deneuve dejaba la televisión encendida mientras se arreglaba para salir a la universidad. A pesar de que llevase en Japón sólo seis meses ya manejaba un buen nivel de japonés y escuchar los noticieros le ayudaba a practicar su oído.

Estaba a punto de apagarla para recoger sus cosas e irse a la escuela cuando salió la señalización de una noticia de última hora. Justamente la noticia por la que había esperado una semana:

Se acaba de informar que Taichi Yagami, consejero del mundo digital en las naciones unidas, que llevaba desaparecido poco más de ocho días, ha sido encontrado. Se han reservado los pormenores de su estado de salud y de su paradero actual debido a las investigaciones. Estaremos informando conforme salgan a la luz más detalles.

Cuando Catherine llegó a la oficina de su profesora de metodología de la investigación, la encontró con la televisión a todo volumen. Natsuko Takaishi se encontraba viendo a un punto fijo en la pared mientras se frotaba el mentón.

—Takaishi-san —le llamó Catherine al entrar—. He venido para la revisión del proyecto semestral.

—Ah, hola Cath-san —le bajó el volumen de inmediato al aparato televisivo—. Toma asiento, disculpa que me haya olvidado de nuestra cita.

—No tenga cuidado. Al parecer también se ha enterado del consejero Yagami Taichi-san.

La ahora profesora de cátedra le sonrió y asintió; si algo compartían aquellas dos mujeres era la pasión por el mundo digital. De hecho, Catherine había decidido hacer su intercambio en el país nipón para conocer a la profesora Takaishi. El abuelo Michel le había hablado mucho de su hija.

Claro que sabía que era la madre de Takeru Takaishi, el elegido de la esperanza, pero Natsuko ignoraba que Catherine también había sido una niña elegida.

—Convocó a rueda de prensa el día de mañana, después de que rinda su declaración en el ministerio de justicia. De hecho estaba pensando pedir pases de prensa a un buen amigo mío, ¿te gustaría venir?

A Catherine le brillaron las pupilas: —¡Por supuesto!

~ô~

Taichi se encontraba en el balcón de la que había sido su habitación cuando niño. Koushiro le había convencido de ir a donde sus padres ya que ambos estaban bastante preocupados.

Desde la altura de su piso podía observar toda la isla artificial de Odaiba, resaltaba especialmente por sus luces neón la Daikanransha (1). Se permitió sonreír al recordar aquella vez que subió a la rueda con Agumon.

¿Por qué las cosas no pudieron quedarse como estaban? Le parecía increíble que la paz entre digitales y humanos hubiese durado tan poco tiempo. Claro que siempre que hay cambios significativos en la humanidad existen los detractores pero no era nada serio, nada fuera de lo natural. Entendía que eran necesarias las legislaciones pero, ¿solo si beneficiaban a unos cuantos?

Le había dicho a Agumon que lo necesitaba de vuelta en el mundo real para la conferencia de prensa sin embargo lo necesitaba más en ese momento, para abrazarle y que el dinosaurio anaranjado pudiese darle un poco de ánimos. A la vez no deseaba que su eterno compañero le viese así tan… impotente.

No se sentía así desde el verano de 1999, cuando regresó a casa después de la batalla con Apocalymon.

—Hermano —la suave voz de Hikari le interrumpió sus pensamientos—, ¿No piensas dormir? Mañana será un día pesado.

—No puedo dormir —le contestó sin voltear hacia la puerta deslizable.

—Yo tampoco pero creo que sería más fácil para ambos si entraras y lo intentaras. Sería como cuando éramos niños y compartíamos la litera. Si quieres puedo dejarte la cama superior.

Taichi sonrió y se levantó del piso, se sacudió el pijama y entró a la habitación no sin antes darle un beso a su hermana en la frente. Hikari le estrechó por la cintura.

—Mamá lloró todos los días. No fueron pocas las veces que casi le dije que sabía que seguías con vida. Era muy duro.

—Lamento haberte hecho pasar por todo eso.

—Es que no comprendo…

—No deseaba que nadie se involucrase, o al menos eso decía. Creo que más bien tenía miedo a volver porque no tengo la menor idea de que es lo que tengo que hacer de ahora en adelante —Hikari le miró preocupada—. Las cosas se han complicado más de la cuenta.

—Si todos nos unimos lo resolveremos como siempre lo hemos hecho —quiso infundirle ánimos a su hermano mayor. Taichi negó con un semblante pesimista.

—Nunca hemos peleado contra humanos, Hikari.

~ô~

Iori Hida había pasado la noche en vela también, aunque él sí que se encargó de hacer algo más productivo. Había repasado sus libros de derecho internacional, penal en materia de secuestros y agravios a la vida pero en ese momento luchaba contra sus propios párpados que deseaban cerrarse. Dio gracias a los dioses del digimundo que Koushiro acababa de entrar, con dos cafés tamaño monstro, a la oficina de la comisaría.

—El tuyo tiene doble expreso, se notaba que lo necesitabas.

—Gracias, espero no morir de una taquicardia.

—No te preocupes, Jou estará en la sala.

Iori asintió no muy convencido. No era que no le agradase Jou si no que sus pruebas se veían comprometidas cuando Taichi insistía en no dejarse tocar por otro médico o no dejarse entrevistar por otro detective que no fuese Ken Ichijouji. Aunque, para efectos de su propio argumento, él tampoco debería ser su representante legal.

—Esto parece una reunión del Memorial —dijo de mala gana antes de tomarle un sorbo a su vaso de café. Koushiro solo le sonrió.

Taichi y Jou tuvieron que ser escoltados hasta la entrada del ministerio de justicia pues los medios de comunicación se habían aglomerado para encontrarles. Catherine se encontraba subida en los hombros del amigo de la profesora Takaishi para poder tomar algunas fotografías; el flashazo hizo que Taichi voltease a donde ella estaba.

Tal vez había sido que la luz del flash le había dejado semiciego pero vio chispas salir de la cabellera rubia de la fotógrafa. Catherine no se dio cuenta porque revisaba el display de su cámara.

—Tengo las fotos. Se lo agradezco Ishida-san.

Natsuko se rio mientras veía como Hiroaki trataba de agacharse para que Catherine bajase de sus hombros. El hombre estaba colorado pero no sabía si era por tener a una chica sobre de él o por el esfuerzo que estaba haciendo para doblar sus rodillas.

—Creí que nunca te vería con una niña en los hombros.

Una vez que Taichi y Jou estuvieron dentro, se reunieron con los demás en la sala que habían tomado como centro de mando. Iori estrechó la mano del consejero y le externó lo aliviado que se sentía por tenerlo de vuelta. Jou, por su parte, le entregó el parte médico que había levantado sobre la condición de Taichi.

—Te lo agradezco Jou-san.

Apenas terminó Iori cuando Ken Ichijouji entraba a la habitación. Saludó a todos amistosamente y cuando se dirigió a Taichi no pudo contenerse y terminó abrazándolo.

—Estoy muy feliz de que te encuentres bien. Tuvimos días muy difíciles sin saber de ti.

La relación entre Ken y Taichi se había fortalecido con el pasar de los años. Habían compartido algunas asignaturas en la universidad y Miyako también había sido factor para su entendimiento. Habían descubierto que hacían un buen equipo, ya fuese en las misiones digitales o en las parrilladas que ambos ofrecían de vez en cuando para el resto de los elegidos.

—Conflicto de intereses —murmuró Iori un tanto pálido.

—Bueno, es hora chicos.

Ken, Taichi y Iori se cambiaron a la sala contigua donde solo se encontraba una mesa rectangular grisácea y tres sillas: dos frente a una. Ken colocó su gabardina en la silla individual mientras que Iori y Taichi tomaron asiento uno a lado del otro.

—¿Una sala de interrogatorio? —preguntó Iori.

—Es lo más seguro que puedo ofrecer en el edificio.

—Es bastante… austera —comentó Taichi después de observar alrededor.

—Claro. Cuando estamos interrogando a sospechosos no queremos nada que los distraiga, no hay nada que incentive a la creación de una mentira. Es para nosotros más fácil hacernos del poder de la conversación y saber cuándo es que dicen la verdad.

—Interesante —dijeron Iori y Taichi al mismo tiempo.

Ken les sonrió antes de volver a su faceta detectivesca. Hizo un ademán con las manos para que Taichi empezara cuando estuviese listo. El consejero digital se aclaró la garganta antes de comenzar.

—Una alarma sonó en mi computadora, parecía haber problemas en una zona a mi cuidado. Cuando quise abrir la puerta al digimundo noté que me había dejado la tarjeta en mi auto. Baje rápidamente al estacionamiento y mientras buscaba en mi guantera algo me golpeó en la cabeza. Desperté, no sé cuánto tiempo después, en una bodega o algo parecido.

—¿Una alarma en el digimundo? ¿Sabes de que se trata?—preguntó Ken. Iori revisó el papeleo que traía en las manos.

—Según el reporte de Izumi-san, en la hora y fecha del secuestro, hubo una fuga en un dique que inundó una villa cercana. Agumon, Tentomon y Hawkmon fueron a ayudar y lograron sacar con vida a todos los habitantes, entre ellos un par de humanos turistas.

Ken anotó los datos en su tableta digital. —Prosigue, por favor.

—Bueno. Estaba atado a una silla por los tobillos y tenía las muñecas anudadas juntas. En ese momento me encontraba solo pero podía escuchar voces al otro lado de una puerta de madera, en el otro extremo de la habitación había otra puerta pero metálica. Quería gritar pero no encontraba las fuerzas para hacerlo, era como si no tuviese poder sobre mis acciones porque tampoco podía moverme como yo deseaba. Me tomó unos cuantos minutos volver a coordinar.

»Empecé a jalar las piernas, las cuerdas se encontraban muy ajustadas y me quemaban. Creo que realmente aún no entendía la realidad de lo que pasaba hasta que pude, finalmente, escuchar claramente las voces. Hablaban de dispararme.

Iori y Ken contuvieron el aliento al escuchar aquella última oración y Taichi reprimió un escalofrío que le había empezado a nacer en la espina dorsal.

—Fue en ese momento que de verdad me empeñé en desatarme. Giré mis tobillos como podía y por alguna especie de milagro, el amarre fue cediendo. Cuando liberé mis piernas e intenté ponerme de pie me fui de bruces al suelo. De nuevo empezaba a tener problemas para moverme.

—¿Hay algún estudio de toxicología?

—El doctor Kido, en su informe, confirma que se encontraron rastros de succinilcolina. Un anestésico que actúa como relajante muscular y que se administra de forma intravenosa.

—No recuerdo ninguna inyección aunque hace sentido a que no pudiese caminar al principio, igual que al principio me tomó unos minutos recuperar el control.

—Kido-san detalló que no es de efecto duradero por lo que supongo que empezaba a disminuir el nivel cuando despertaste.

Ken de nuevo anotó los datos en su tableta y le pidió a Taichi que prosiguiera:

—Me dirigí hacia la puerta metálica. La cerradura no estaba puesta pero al destrancarla hizo un ruido muy fuerte. Me encontraron cuando yo estaba con un pie en el exterior. Era algo así como un bosque o parque, había muchos árboles. Corría mientras les escuchaba gritar pero tampoco lograba avanzar a gran velocidad: las piernas aún no me respondían normalmente y la vista se me nublaba. Mis sentidos estaban tan adormilados que ni siquiera escuché el disparo, fui consciente de que me habían atinado al brazo debido al dolor.

»Estaba herido, perdido, aún tenía las muñecas unidas. Les escuchaba los pasos tras de mí y cuando se acabó la maleza di con un acantilado. Ni siquiera me detuve a pensarlo y salté. Yo no sé porque no me rompí una pierna, desde abajo la altura se notaba mayor a la que yo había calculado desde arriba. Por supuesto que me lastimé pero no me detuvo de seguir escapando.

»Empecé a sentir las cuerdas de mis muñecas aflojarse, supongo después de tantos jaloneos. Cuando pude liberar mis manos, me arranqué la manga de mi camisa para hacer un torniquete y contener la hemorragia del brazo. Pasaron unos minutos cuando vi las luces mercuriales de un camino que seguí hasta donde fui capaz de reconocer. En aquel momento solo pensaba en encontrar un lugar seguro así que me dirigí a mi antiguo departamento de estudiante, en el distrito de Shinjuku. Pocos días después pude contactarme con Koushiro Izumi.

Nadie habló en los minutos que le siguieron al final de la declaración de Taichi. Tanto Iori como Ken se encontraban pasmados porque definitivamente sí que estuvieron cerca de perder a su compañero. En todo ese momento Taichi se dedicó a observar sus propias manos como si fuesen lo más interesante del mundo.

—Bueno... —Ken se aclaró la garganta que se le había secado— ¿Qué lesiones presenta?

Las manos de Iori mostraron un leve temblor al pasar las hojas del parte médico:

—Herida de bala en el brazo izquierdo. Fue un rozón pero mostró señales de infección debido a los días que pasó incomunicado y sin atención médica. Hay hematomas en piernas, pecho, abdomen y espalda. Cortadas varias pero no son de importancia. Y bueno, tenemos el informe de toxicología que ya mencioné. Kido-san también refiere un alto nivel de estrés post-traumático y desestabilidad emocional.

Taichi en ese momento pensó que iba a matar a Jou.

—Anotado. Dime Taichi, ¿sospechas de algún motivo o persona en especial?

—No —mencionó con su voz pero dijo asintió con la cabeza—. Pero creo que no están muy felices con su trabajo inconcluso, creo que pueden volver a por mí.

Ken y Iori supieron que tendrían los pormenores que faltaban en una reunión con los demás elegidos. Era claro que se habían metido en un gran problema y ahora debían ser cautelosos.

~ô~

Sora se encontraba en la habitación sacando toda la ropa que tenía en su armario. La NASA le había adelantado un entrenamiento especial a Yamato y lo requerían un mes antes de lo previsto de vuelta en Houston así que tenía que apresurarse a preparar la mudanza.

Un mensaje en su celular le recordó de algo importante:

Yamato I. [3:51 PM]: Voy a casa con unas cajas de cartón. Enciende la televisión en el canal del noticiero. Van a pasar la conferencia de prensa de Taichi.

Cuando Yamato llegó Sora se encontraba sentada en la cama viendo al televisor como si no existiese otra cosa. Incluso ni siquiera se dio cuenta cuando el astronauta le llamó sino que fue hasta que se sentó a su lado. El aparato electrónico mostraba a Taichi y Iori al frente de una conferencia con la prensa, el noticiero estaba transmitiendo en vivo.

—Realmente no han dicho mucho. Solo que se encuentra bien de salud, con excepción de la herida de bala del brazo. Qué acaba de rendir la declaración y que trabajará con las autoridades en las investigaciones.

Yamato asintió al resumen que acababa de hacer Sora.

—Se ve pálido y ojeroso. Dudo mucho que haya dormido anoche —mencionó Yamato.

—Tengo un mal presentimiento. Me pregunto si…

Sora dejó la oración al aire y a un Yamato bastante confundido. El rubio analizó el semblante de su novia y notó la nube de la nostalgia en los ojos de Sora.

A Yamao no le gustaba cuando Sora se ponía nostálgica porque a veces tomaba decisiones basadas en sentimentalismos. Sin embargo, allí estaba, observando la figura de Taichi con una intensidad que le asustaba desde que era apenas un adolescente.

—¿Qué Sora? —Le instó.

—Estoy preocupada por Taichi.

No le sorprendía esa respuesta, en lo absoluto.

—Él sabe cómo manejar esto. A veces no le das el crédito que merece, deseas cuidarlo a todo momento.

Sora despegó los ojos de la televisión cuando Yamato alcanzó el remoto y la apagó. La pelirroja le miraba pero sus ojos, de nuevo, mostraban que en realidad estaba muy lejos de aquella habitación.

No podía dejar de preocuparse por Taichi, y no era que no creyese en su capacidad para resolver los problemas del digimundo. Era más bien recordar lo último que le había dicho lo que la traía de los nervios:

Las cosas jamás podrán ser como antes.

Ha pasado demasiado entre tú y yo, entre él y yo y sobre todo entre tú y el que no puedes pedirme así como si nada que sigamos siendo amigos los tres como cuando teníamos once años. No puedes pedirme que actúe como si nada hubiera pasado.

En el momento que te subas a ese avión sé que se habrá acabado para siempre. Quiero que tú también estés consciente de ello.

—¿Sora? —Yamato notó que sus ojos empezaban a cristalizarse. Sonaron alarmas en su cabeza—. Sora, mírame por favor —le tomó de la barbilla para levantarle el rostro hacia él. Sintió una punzada en su corazón—. No puedes tener dudas…

—Es que yo…

—Esto es algo importante— le interrumpió lo que fuese a decir—, ya no somos adolescentes, ya es momento de tomarnos las cosas enserio. Te pedí que te vinieras conmigo porque cada vez soporto menos el tenerte lejos pero también es un compromiso después de tanto tiempo de tomar las cosas a la ligera.

»Taichi ya no tiene cabida en esto.

Yamato en ningún momento retiró sus dedos del mentón de la pelirroja. Sora se sentía abrumada por la intensidad del momento de sinceridad de Yamato. De toda la niebla, al horizonte, podía sentirse capaz de vislumbrar el futuro que él le planteaba.

¿De verdad podría llevar a cabo todo aquello que él deseaba?

—No puede haber dudas, Sora. Dímelo ahora: ¿sí o no?

—Yamato… —susurró su nombre.

Sora odiaba lastimarle así. Él que siempre había evitado ese tipo de compromisos ahora le escogía a ella. Sabía que él la amaba y ella, en sus momentos de lucidez, se había dicho segura de amarle también.

Yamato tenía razón: no podía seguir comportándose como una adolescente. Por supuesto que tenía miedo pero era natural, estaba por dejarlo todo para irse con Yamato al otro lado del mundo. Y si Tai se rehusaba a alegrarse por ellos pues ni hablar. Pensó que podrían ser mejores que las circunstancias y realmente no podía culparle pues también Taichi tenía su dosis de razón: había pasado demasiado entre los tres.

—Sí —le contestó a un cardíaco Yamato después de su pequeña epifanía. —Sin dudas.


Notas:

(1) Daikanransha: es la rueda de la fortuna que se encuentra en un centro comercial y de entretenimiento de Odaiba. En diversos capítulos en el anime y en los OVAS pudimos verla desde las ventanas de la casa de Tai.

Datos especiales:

Originalmente este capítulo se componía de 2520 palabras, el nuevo cuerpo contiene 3076 palabras. La aparición de Catherine no era hasta ya más entrada la historia y al principio se iba a tratar de una OC pero luego quise meter a la elegida francesa. El Sorato no me costó tanto trabajo manejarlo a como cuando escribí el original. La declaración de Taichi sufrió ligeros cambios en detalles e incluí a Iori como testigo porque en el original se quedaba fuera con Jou y Koushiro.

Re-edición: Madrugada del 25 de Julio, 2015.