Capitulo tres: No todo es lo que aparenta ser.


Soundtrack: American Beauty Soundtrack (American Beauty)

the spectre – alan Walker


"Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver"

(Proverbio judío)

.

Capitulo tres: No todo es lo que aparenta ser.

No se había percatado de cuánto tiempo habría estado dormida, solo sintió que había demasiado ruido y que su pequeña bebe dormía plácidamente al lado de ella. Era algo que le provocó ternura pero entonces escucho…. Su voz.

Sin entender cómo y porque estaba allí se levanto en silencio. Avanzó hacia el exterior y estando en el marco de la puerta escucho sus voces con mayor fuerza, todos estaban allí… o casi todos, no sabía que decir con precisión.

Bajo por las escaleras, por suerte estaba vestida con la ropa del trabajo, así que no iba muy indecente que digamos, pero era algo que no le importaba. Estaba por asomarse en la cocina cuando le escucho de nuevo. ¿Por qué estaba aquí? Estaba feliz de verle, ver como estaba el niño pero… aun no estaba lista… no del todo.

Sin percatarse que su cuerpo se había asomado en la cocina le observo en silencio. Él estaba más fuerte, su piel estaba más tostada, su musculatura había cambiado un poco, se le veía más serio, pero ahora se veía tranquilo, su rostro demostraba serenidad, no como hace unos años atrás.

– Abril ve quien viene a vernos – Miguel Ángel tomándola por los hombros la dirigió al centro de la cocina, donde la mesa flotante estaba al medio de ellos.

– ¿Quién lo diría verdad? – ella haciendo el ademan de asentir con la cabeza se le quedo viendo fijamente, le miraba seriamente… ¿Qué estaría pasando por su cabeza ahora mismo?

– ¿No vienes a saludar? – pregunto con amabilidad y Leonardo soltando el aire con una tímida risa se le acercó para abrazarle.

– Lo siento – y abrazándola con fuerza le dio un fuerte beso en la mejilla, provocándole sorpresa.

Abril abriendo los ojos con impresión se giro a ver a los demás presentes que se reían a lo bajo. Todos dirigiéndose miradas furtivas terminaron riéndose a carcajadas cuando Leonardo la soltó de golpe y les dirigió una mirada asesina a sus hermanos.

– Mira Abril, Leo ahora es todo un latinoamericano – y ella entendiendo la broma soltó una risa nerviosa también.

– Me doy cuenta de lo que se ríen, ¿También fue así con ustedes? – todos asintiendo siguieron riéndose mientras Abril se iba a reposar al lado de Donatello, y él dirigiéndole una sonrisa suave le beso la frente.

– ¿Todos son tan efusivos Leo? – pregunto Robín mientras veía a su hijo acercarse a la conversación.

– Robín no te los imaginas, yo soy un amargado y antisocial a su lado – y los adultos soltando otra risotada no notaron cuando Rafael se acercó a su padre y estirándole la mano le pidió la atención.

– Papa quiero manzana – y el padre entregándole un pote con manzana picada dejo al niño sentado en el suelo comiendo su merienda.

– Es igual a ti Raph – el nombrado mirando a su hermano mayor y luego a su hijo soltó un bufido.

– No Leo, aunque no lo creas, no es nada parecido a mí – el quelonio de azul extrañado se le quedo mirando fijamente, pero aun no comprendía.

Era la viva copia de él cuando era un niño, tenía el ceño fruncido mientras abría la tapa de su manzana, sus ojos verdes por su madre, pero no era importante eso, era su piel, sus manos, su forma de expresarse… lo era todo.

– Bueno, si tu lo dices – terminó diciendo mientras dejaba de observarle.

– ¿Y tú? – pregunto Rafael padre a su hijo. – Este no es un lugar para ti, comienza a marcharte ahora – dándole un empujoncito con el pie hizo que se parara y empezara a caminar hacia la puerta.

Esto se ganó las miradas curiosas de todos los adultos sobre su anatomía, y girándose molesto les miró fijamente.

– Es más intruso y menos inocente de lo que aparenta – justifico mientras miraba a su esposa. Lentamente ella asintió con la cabeza mientras retomaba la atención.

– Es intruso, mira hacia todas partes, desarma todo… es un… no sé cómo decirlo… es mn… encontrare la palabra – sonrojándose por el exceso de atención miró a Leonardo, intentando cambiar su rol.

– ¿Y tu hijo Leo? – pregunto mientras miraba en dirección hacia todas partes.

– Kenshō está ahora con los niños, actualizándose. Ya no es él y Kenzie ¿entiendes? – encogiéndose de hombros decidió no pensar más en eso por ahora, debía liberarse de un peso… por lo menos.

.

En el momento que lo excluyeron se sintió otra vez abandonado, por parte de sus tíos no era nada nuevo, pero… ¿por qué él? Se sintió apartado, dejado de lado. Lo peor de todo fue que… ¿No podía ser con otra persona que no fuera ella?

– Kenshō mira como he crecido – el niño estaba sentado en el sofá, estaba mirando la nada cuando llego su prima "favorita".

Ella llevaba puesto un vestido rojo pastel con puntos blancos, tenía dos colitas de caballo en cada lado, con una sonrisa de oreja a oreja. Se le acerco a su primo en el momento en que llegó y le vio serio y decidió animarlo.

– No conoces a nuestros otros primos – acercándose al respaldo del sofá miró hacia todos lados, buscando a su hermano y a su primo James.

– No me importa – ella ignorando su comentario siguió en su tarea.

– No digas eso, te caerán bien – estuvo unos minutos más, de hecho estuvo como media hora llamándoles, sin ningún resultado.

– Ya vuelvo – bajándose de un salto se fue corriendo hacia no se sabe dónde, pero a kenshō eso no tenía relevancia.

– Al fin – el niño soltando un suspiro de agradecimiento siguió sumergido en sus pensamientos.

No pasaron ni dos minutos cuando sintió que se hundía el sofá por un costado, elevando la mirada por el rabillo del ojo vio a un niño tortuga como él, era el primero que veía de su edad. Girando la cabeza le vio con interés y él otro niño devolviéndole la mirada lo estudio también.

– Es primera vez que veo a una tortuga de mi tamaño… o parecido al mío – pronunció el mayor.

– Valla que eres alto – kenshō soltando una pequeña risa negó con la cabeza.

–Solo tengo ocho años, soy cuatro años mayor que tu... em…

– Rafael… igual que mi padre – el mayor asintiendo sonrió con pereza.

– Yo a veces me escondo de mi hermana porque es muy… – kenshō mirándole con los ojos muy abiertos le pregunto.

– ¿Irritante? – el menor abriendo los ojos también con asombro asintió.

– Si… así es – entonces ambos sonrieron a lo bajo y no hicieron ningún otro sonido, solo dedicándose a guardar la calma.

En silencio absoluto, algo que ambos disfrutaban con afán.

.

La noche llegó….

Finalmente llegó el temible momento en que Mackenzie los encontró y trajo consigo a James y a Casey junior, todos se quedaron mirando las caras y empezaron a jugar entre ellos… aunque kenshō no quiso participar, no se sentía cómodo.

Pero no era de extrañar, él hace unas horas atrás estaba jugando con sus amigos, hace unos días estaba viviendo en un lugar con mucho calor, ahora tenía frío, mucho frío.

Los adultos llegaron para empezar a dispersarlos, Rafael y Robín se llevaron a sus dos hijos, Casey padre se llevó a su pequeño y Donnie llevó a dormir a James…. Kenshō estaba solo de nuevo… casi le agradó… casi…

En el momento en que la familia de Rafael se iba Splinter se despidió cariñosamente de sus nietos.

– Les amo a los dos, vengan a ver a su viejo abuelo ¿Está bien? – ambos niños asintiendo fueron besados en la frente mientras le daban un abrazo.

– Te amo abuelito – pronuncio Mackenzie con sumo aprecio, y el menor de los hermanos mirándole con los ojos bien abiertos espero a que Splinter se diera cuenta de lo que pedía.

– Ah, casi me olvidaba de eso, gracias Rafael eres un niño muy atento – y sacando de sus bolsillos unos dulces se los dio a ambos infantes.

– Nos vemos – regalándole otros dulces a Junior se fueron a casa la familia Jones.

– Entonces nos vemos papá – Donatello tomando en brazos a su pequeño hijo empezó a llevarse, cuando James llamó a su abuelito a gritos.

– ¡Pero el abuelo tiene dulces! – exclamo mientras Splinter se acercaba para darles dulces también.

– Perdón James – el pequeño humano metiéndose una paleta a la boca siguió siendo guiado por su padre.

Splinter girando con la ayuda de su bastón vio a Kenshō mirándole fijamente a los ojos, Ambos se sostuvieron la mirada por unos segundos, y el anciano soltando un bufido se metió un puñado de dulces, mientras le sonaba el estomago a Kenshō.

No podía confiar en él… no podía confiar en él…

"La indiferencia es una forma de pereza, y la pereza es uno de los síntomas del desamor. Nadie es haragán con lo que ama"

(Aldous Huxley)

TBC