Capítulo 3: Heridas, Piratas y Princesas.

En Berk todo era… frio y vikinguezco, a excepción de ese día, bueno, ese día si era muy frio, estaban en pleno invierno y la nieve cubría toda la isla. Ese día, muy temprano, un vikingo y un dragón salieron a volar como lo hacían todas las mañanas.

Era perfecto, el cielo era de ellos dos; las nubes esponjosas eran perfectas para volar y dejarse llevar por el viento… pero ese día el viento se pasó de fuerte y los arrastro fuertemente hasta el bosque, haciéndolos lastimarse gravemente, en medio del bosque.

Aquella ventisca había llegado también a Berk, algunos cerraron sus ventanas, otros siguieron haciendo sus deberes y los chicos de la academia se preguntaban dónde estaba el jefe de entrenamiento.


Chimuelo recupero la conciencia minutos después de la caída y lo que vio no le gusto para nada. Preocupado, el dragón corrió lo más rápido posible al pueblo en busca de ayuda. Para su buena suerte, Estoico estaba en el gran salón y cuando el jefe vikingo vio preocupación en los grandes ojos del dragón, lo siguió a toda prisa junto con Bocón.

Chimuelo se detuvo un par de metros lejos de su jinete para no lastimarlo más. Cuando Bocón y Estoico lo miraron, rápidamente lo tomaron en brazos y corrieron, literalmente, hasta la aldea.

Con la duda en la cara, los chicos de la academia fueron a buscar a Hipo a su casa, pero cuando llegaron a la casa de la colina, lo único que vieron fue un desesperado Estoico con un malherido Hipo en brazos y un Bocón apresurado a ir por los doctores de la aldea.

Los chicos se quedaron esperando a Bocón para indagar en la situación. No esperaron mucho, dolo fue cuestión de unos minutos. Cuando llego, Astrid lo detuvo.

-¡Bocón! ¿Qué pasa?-pregunto preocupada.

-No puedo decirte ahora, Astrid.-Bocón se liberó de la mano de Astrid y entro a la casa cerrando la puerta tras de sí.

Astrid y los demás se quedaron mirando la puerta por donde Bocón había entrado. Unos minutos después, se escucharon fuertes alaridos de dolor que hicieron sobresaltar a los jóvenes vikingos, sobre todo a Astrid. Los alaridos sonaron varios minutos más; cuando terminaron y Bocón salió, Astrid se puso delante de Bocón.

-Bocón ¿Qué pasa?-pregunto nuevamente.

-Nada.-Anunció el fornido vikingos.-Todos váyanse a sus casa.-dijo y luego se retiró hacia la fragua.

Astrid se fue a su casa inconforme. Una vez ahí tomo su hacha y cuando se dirigía al bosque escucho nuevamente aquellos alaridos que le taladraban los oídos, sabía perfectamente de quien eran, pero prefirió alejarlos de su mente y se adentró al bosque.

Astrid no estaba de humor para entrenar, así que solo anduvo deambulando por el bosque. Se fue a un acantilado que le daba perfecta vista del puerto y el océano. Minutos después regreso a su casa con aquel pensamiento ¿Qué le había pasado a Hipo? Pero cuando llego al pueblo, justo cuando abrió la puerta, los alaridos volvieron a hacerse presentes escuchados como un débil eco a la distancia en donde se encontraba Astrid, pero para ella, fue como si hubiera estado a la puerta de la casa de donde salían.


Había pasado una semana desde el accidente que Hipo había tenido volando sobre Chimuelo; Astrid todavía no sabía que le había pasado, pero los alaridos habían disminuido al tercer día.

Esa mañana todo estaba tranquilo hasta que el vigía anuncio con su particular canto –"Barco a la vista"-

Astrid estaba en un acantilado cerca de la torre del vigía y cuando escucho el aviso miro rápidamente hacia donde el vigía había dicho. Y en ese instante reconoció aquel navío.

La rubia corrió rápidamente hasta el muelle. Para cuando ella había llegado a los puentes de madera, el navío apenas se estaba alistando para amarrar, pero antes de que el navío amarrara, dos de los tripulantes saltaron al muelle.

-¡Jack, Camicazi!-Exclamo Astrid.

-Astrid.-Dijo Jack jadeando. Camicazi había estado todo el viaje corriendo de un lado a otro, preocupada por Hipo.- ¿Qué paso con Hipo?-pregunto después de haber tomado aire.

-No lo sé, Bocón se niega a decirme.-contesto con un dejo de tristeza en su voz.

-Sea lo que sea, Camicazi parece decidida a averiguarlo ahora.-dijo señalando a Camicazi que ya se encontraba lejos del muelle.

-¿Qué saben ustedes de Hipo?-pregunto Astrid mientras ella y Jack caminaban hacia la casa de Hipo.

-Pregúntale a Camicazi, fue a ella a quien le llego una carta de Estoico y después de eso me dijo que teníamos que venir urgentemente.-contesto mientras recordaba lo sucedido poniendo cara de malos recuerdos.

-¿Por qué esa cara?-Astrid se desvió del tema.

-Eran las cuatro de la mañana cuando le llego la carta, a las cuatro con cinco ya estaba en mi cuarto tirándome de la cama.-dijo con serenidad.

Astrid trató de sofocar una risa, pero no pudo.

-¿Y tú qué sabes de él?-pregunto Jack.

-¡Absolutamente nada!-respondió con derrota.-Bocón no me quiso decir nada y Estoico no ha salido de su casa desde entonces.

-Bueno, creo que lo descubriremos enseguida.-Jack señalo la casa de Hipo frente a ellos.

A Camicazi le faltaba poco para trepar y entrar por una ventana, pero cuando llego Jack y Astrid, Estoico abrió la puerta y Camicazi entro como rayo a la casa.

-Pasa, Jack. Astrid, perdón, pero no puedes pasar.-dijo Estoico.-Son ordenes de Hipo.

-Pero…-comenzó a decir.- ¿él está bien?-pregunto.

-Si.-dijo para no preocuparla.

Después de que Jack entrara a la casa, Estoico cerró la puerta dejando a Astrid en el porche hundida en sus pensamientos. Hipo había ordenado que no la dejaran pasara ¿Qué le pasaba? ¿Ya no la quería o qué? Astrid alejo esos pensamientos y se fue a volar un rato con Tormentúla.


Camicazi había entrado corriendo a la habitación de Hipo y cuando lo vio en la cama se tranquilo un poco al darse cuenta de que le podía hacer más daño.

-Hipo…-Dijo en un hilo de voz acercando cuidadosamente al castaño.

-Vinieron.-contesto él.

Hipo no estaba tan mal en esos momentos, pero cuando recién se había accidentado estaba fatal. En ese momento, tenía algunos rasguños de las ramas; le habían quitado la camisa para vendarle una horrenda herida que tenía en la espalda y parte del abdomen. En su cara había más heridas pequeñas que ya habían cicatrizado. Tenía su pie lastimado mientras que el muslo de la otra pierna había sido alcanzado por una roca filosa. Y en sus hombros tenia moretes y rasguños. Al pobre chico lo habían hecho molidillo.

-¡Dios mío, Hipo!-Exclamo un poco horrorizada de ver a su amigo enfundado en vendas.- ¿Qué te paso?

-Oh, guau.-dijo Jack al entrar a la habitación y ver a Hipo.

-Me accidente mientras volaba con Chimuelo, pero ya estoy bien.-dijo con una sonrisa.

-No, amigo, esto no se ve nada bien.-comento Jack acercándose.-Tienes todo el cuerpo vendado.

-Se veía peor antes cuando estaba sangrando a chorros.-dijo con sarcasmo tranquilo.

-¿Cómo puedes actuar tan tranquilo cuando casi te partes por la mitad?-pregunto sorprendida Camicazi.

-¿Astrid sabe que te paso?-pregunto Jack cruzando los brazos, sabia la respuesta, pero de todos modos pregunto.

-No. Y por favor no le digan, no quiero que se preocupe.-respondió.

-¿Mas?-pregunto con exaltación el pelinegro.

-Hipo, Astrid está hecha un manojo de preocupación y tú no le quieres decir.-dijo Camicazi.- ¿Qué clase de novio eres?

-No lo sé.-dijo soltando un suspiro y haciendo una mueca de dolor.-Me duele hasta respirar.

-Nos quedaremos aquí hasta que estés mejor, Hipo.-dijo Camicazi sonriendo.

-¿Qué?-Jack volteo a mirar a Camicazi con una ceja arqueada.

-Que nos quedaremos aquí hasta que se recupere.-Camicazi resalto cada silaba mientras miraba fulminantemente a Jack.

-Lo que digas, encanto.-dijo intimidado.

-No tienen por qué hacerlo.-comento Hipo.-Estaré bien pronto.

-No importa, nos quedaremos hasta verte correr nuevamente sin dolor.-Camicazi sonrió cálidamente.

-Gracias.-Hipo le devolvió la sonrisa.

-¿Qué vamos a hacer con Astrid?-pregunto Jack a un lado de la ventana.

-No le digan cual es mi estado, por favor. Tal vez cuando este mejor ella pueda verme sin explotar en preocupación.

-Está a punto de explotar en preocupación.

-Ustedes podrán encontrar la manera de no decirle nada.

-¿Dónde está Chimuelo?-pregunto Camicazi al no ver al dragón.

-Él es otro Astrid.-contesto con sarcasmo.-Esta en el establo de atrás, mi padre solo lo deja verme en las noches para dormir aquí.

Estoico entro a la habitación de Hipo con algunas vendas en las manos y algunos ungüentos de olor a rayos.

-Jack, Camicazi ¿Nos permiten?-pregunto cordialmente Estoico. Jack y Camicazi asintieron, se despidieron de Hipo y salieron por la puerta.

-¿dolerá?-pregunto Hipo.

-Solo un poco.-Respondió Estoico y comenzó a retirarle las vendas a su hijo.

Astrid se había ido a la Academia mientras Jack y Camicazi habían hablado con Hipo, así que ambos se quedaron solo platicando camino al muelle.

-¿Cómo se lo ocultaremos a Astrid?-pregunto Camicazi.

-Encontraremos la forma.-Jack rodeo a Camicazi con su brazo Izquierdo y esta al ver la mano de Jack vendada se liberó de ella.

-¿Qué te paso?-

-Me lastime cuando me tiraste de mi cama.-contesto con toda naturalidad.

-¿Me perdonas?-Camicazi puso ojitos de perrito de triste

-Claro que si.-Jack volvió a abrazarla y le dio un beso en la sien.

Un par de horas se encontraron con Astrid.

-¿Qué paso con Hipo?-pregunto apresuradamente antes que nada.

Jack y Camicazi se miraron el otro al otro hasta que Camicazi se decidió a responder.

-Hipo está bien, Astrid.-Camicazi iba a proseguir, pero Jack la interrumpió.

-No, Camicazi, no hay que mentirle a Astrid.-dijo Jack con tono serio.-Astrid.-se dirigió hacia donde estaba la rubia.-Astrid, Hipo no quiere que lo veas en la condición que esta.-dijo reuniendo fuerzas, Astrid tal vez reaccionaria mal.

-¿A qué te refieres? ¿Qué le pasó?-pregunto con voz trémula.

-Astrid, Hipo solo no quiere que te preocupes.-prosiguió Camicazi.

-Pues la próxima vez que lo vean.-Astrid sentía la garganta caliente.-Díganle que estoy muy preocupada y enojada con el.-dicho esto, Astrid se alejó de ellos refunfuñando y conteniendo las lágrimas. ¿Cómo se atrevía Hipo a hacerle eso?

-¿Hicimos lo correcto?-le pregunto Jack a Camicazi.

-Creo que si.-Respondió mirando como Astrid se alejaba.-Le dijimos la verdad y creo que Hipo se sentirá feliz por eso.


-¿Qué hicieron que?-pregunto Hipo exaltado una vez que ambos le contaran lo que le habían dicho a Astrid y su reacción.- ¡Dioses, mejor me hubieran matado!-dijo levantando con dificultad lo brazo en una mueca de dolor.

-Creo que nos equivocamos en decirle a Astrid.-Dijo Jack.

-O tal vez hicimos mal en decirle a Hipo.-añadió Camicazi con una sonrisa inocente que se borró al ver la expresión de su novio.

-Hipo, tranquilízate.-Jack hizo un intento fallido de tranquilizarlo.

-¿Cómo quieres que me calme?-Hipo se giró hacia Jack haciendo una pequeña mueca de dolor; gracias al ungüento que su padre le había puesto le dolía menos la herida.

-Trataremos de arreglarlo, no te preocupes.-Dijo Camicazi.

-Es que se nota que no la conocen.-contesto Hipo con sarcasmo.-Ella es la persona más terca que conozco.

-¿Pues qué no ves a Camicazi?-pregunto en susurro Jack, como si quisiera que Camicazi no lo oyera.

-Está bien.-dijo Hipo dejando caer su cabeza sobre la almohada.-Solo traten de que no quiera matarme.

-Terminar de matarte.-Corrigió Jack.

-Descuida, Hipo, nosotros nos encargaremos de eso.-Dijo Camicazi y luego Jack y ella salieron de la casa.

Y se encontraron con Astrid yendo al bosque. Jack y Camicazi se miraron el uno al otro y luego la siguieron.

Mala idea.

Astrid se había dado cuenta de que la iban siguiendo, sabía quiénes eran y no quería verlos en ese momento. Fingió que no sabía que la seguían y entreno como si nada. Hasta que se precipito a sacar su hacha de un árbol y lanzarlo contra Jack, que solo por sus rápidos reflejos pudo esquivar el hacha a tiempo o sino Astrid hubiera partido su cráneo como un melón.

-¿Ahora que me van a decir?-pregunto Astrid con voz trémula.- ¿Qué no me quiere volver a ver?

-No, Astrid, no.-dijo Camicazi.

-El solo no quería que te preocuparas.-añadió Jack

-¿No quería que me preocupara ocultando lo que le pasa?-Las lágrimas comenzaron a querer salir de los ojos de Astrid.

-Astrid, cuando el este… mejor… te explicara todo.-dijo Jack.

-¡Que me lo explique ahora!-unas pequeñas lagrimas surgieron de los ojos azules de Astrid.

-Astrid, por favor, tranquilízate.-dijo Camicazi.-Por los dioses, Hipo no quiere que lo veas como está ahora por temor a que te preocupes; él no quiere ser una carga para ti, él no quiere que te preocupes por él.-Camicazi comenzó a acercarse a Astrid.

-Astrid.-interrumpió Jack.-Debes entender que él te quiere mucho y no le gustaría que tú te desvivieras por el.-dijo.

-Él debe entender que yo también lo quiero mucho y por eso me preocupo por el.-dijo Astrid

-Y él está feliz de tener a alguien como tú a su lado.-Jack sonrió encantadoramente.

-Él te quiere mucho.-dijo Camicazi.-Y no quiere que sufras por su culpa.

Astrid se quedó pensativa un rato. Jack y Camicazi tenían razón, Hipo la quería demasiado como para dejar que ella sufriera por su culpa. Pero ella no sufriría, ella amaba a Hipo, y no era sufrimiento hacer lo que fuera para que él se sintiera mejor.

-Bueno…-comenzó Jack.-Ya está empezando a oscurecer deberíamos ir a la dormir ¿no?

-Vayan ustedes, yo me quedare aquí un rato mas.-Astrid tomo su hacha y la lanzo contra un árbol.

-Descansa.-dijo Camicazi y luego ella y Jack se fueron hacia su barco.

Jack y Camicazi iban a dormir en el camarote del barco, claro que Jack iba a dormir en el sillón y Camicazi en la cama.

Aquel camarote era elegante a lo pirata con sus alfombras rojas y cortinas color vino. Al entrar al camarote se encontraba un escritorio y una silla con unos grandes ventanales tras de estos; a la derecha se encontraba una puerta doble que daba a la habitación donde estaba una gran cama y un sillón, un armario y unas pequeñas mesitas.

-¿Crees que podamos resolver esto?-pregunto Jack ya acostado en el sillón.

-No lo sé.-respondió Camicazi desde la cama.

-Los dos son muy tercos.

-Pero Astrid causa miedo en Hipo.

-Y otras cosas más.-aventuro Jack con un poco de lasciva en su voz

-Jack…-reprimió Camicazi para que el pelinegro dejara sus malos pensamientos a un lado. Jack era un encanto, sí. Pero tenía ese lado pervertido en lo más profundo de él que Camicazi adoraba, a pesar de no aceptarlo.

-¿Qué? Es la verdad.-dijo ofendido

-¿Yo que causo en ti?-Ahora era Camicazi la que tenía el tono lascivo en su voz

-¿enserio quieres saber?-pregunto Tímido

-Si.-Camicazi respondió firme.

Jack agradeció que estuvieran a oscuras para que Camicazi no pudiera ver su cara del color de un tomate. Después, fingió un bostezo

-Creo que ya deberíamos ir a dormir.

-Como tú digas.

-Sueña conmigo.

-Tú también sueña conmigo.

-Siempre lo hago.

Y luego ambos se quedaron profundamente dormidos.


Ya era de día, y Jack y Camicazi iban a ir a hablar con Hipo sobre la conversación que habían tenido con Astrid.

Ambos pasaron a la habitación de Hipo y lo encontraron escribiendo algo.

-¿pueden darle esto a Astrid?-dijo Hipo mientras arrancaba la hoja de la libreta, la doblo y luego se las tendió. Camicazi lo tomo

-Claro, pero ¿Qué es?-pregunto Jack mirando la hoja que Camicazi sostenía.

-Es una carta.-respondió sencillamente

-Dudo que con una carta se arregle lo que… nosotros…hicimos.-dijo Camicazi.

-No es para arreglar nada.-Hipo sonrió inocentemente

-Entonces ¿para qué es?-pregunto Jack.

-¿No puedo escribirle una carta a mi novia?

-Bueno…-comenzó a decir Camicazi.

-Nos vemos luego.-termino Jack la oración.

Hipo se despidió de ellos mientras salían de su habitación

Una vez afuera, ambos fueron a buscar a Astrid. Pero… ¿Dónde estaba?

Habían buscado en la academia, en el bosque, en su casa, en la fragua, incluso le habían preguntado a Estoico, pero él no sabía nada. Era como si Astrid hubiera desaparecido de la tierra. Parecía que se la hubiera tragado la tierra.

-Comienzo a preocuparme por Astrid.-dijo Camicazi.

-Yo también.-respondió Jack.

-Creo que deberíamos ir al bosque otra vez.-sugirió Camicazi.

Cuando ambos iban a comenzar a caminar hacia el bosque, una luz verde llego hasta ellos. Era una carta de los gemelos Olav y Olaf.

-¿Una carta de Olav y Olaf?-pregunto Jack perplejo.

-Hay que ver que dice.-Dijo Camicazi, entonces abrió la carta y esta se elevó frente a ellos.

Para: Jack William Davidson.-Decía. Las cartas mágicas que los gemelos enviaban eran muy complejas, pues solo se podía poner un solo destinatario.

Jack, Camicazi.

Astrid, la novia del castaño bonito según Svetla, fue secuestrada por Dan "Barba gris" Harrison. Lo vimos cuando salimos a pescar. La rubia estaba en la cubierta amarrada al mástil. Díganle a Hipo, rápido. Sabes de lo que Barba Gris es capaz.

Atentamente: Olaf y Olav.

-Esto es mal, muy mal.-dijo Jack con los ojos desorbitados después de leer la carta.

-Pero ¿Qué quiere Barba Gris?-pregunto Camicazi angustiada.

-No lo sé, creo que él ni conoce a Hipo.-Jack estaba realmente desconcertado.

-¿Deberíamos decirle?-pregunto Camicazi con preocupación.

-¿Decirle que a quién?-pregunto una voz a sus espaldas.

-¡Hipo!-exclamo sorprendida Camicazi.

-Veo que ya te sientes bien, amigo.-dijo Jack ocultando la carta.

-Jack, Camicazi ¿Qué pasa?-pregunto Hipo. Ya podía caminar, pero tenía algunas vendas y tenía el torso vendado aun, pero llevaba puesta la playera.

-Hipo, no te vamos a mentir, tienes que saberlo.-dijo Jack. El sincero y encantador Jack.

-¿Qué debo saber?-indago Hipo.

-Barba Gris secuestro a Astrid.-dijo.

-¿Qué?-pregunto Hipo preocupado-Pero ¿Cómo? Además, ¿Quién es Barba Gris?

-No lo sabemos.-respondió Camicazi.-pero tenemos que averiguar para que se la llevo.

-Barba Gris es un pirata malo.-dijo Jack.-Es ese tipo de piratas que deshonran el título de Capitán Pirata. Él es lo más despreciable del mundo.-dijo Jack. Si el príncipe pirata intentaba calmar a Hipo, estaba haciendo mal su trabajo.

-Tenemos que ir por Astrid.-dijo Hipo decidido.

-Nosotros iremos por ella.-dijo Camicazi, poniéndose frente a Hipo.

-Iremos todos.-propuso Jack.-Pero no será fácil encontrarlo.

Hipo lanzo una mirada hacia su casa.

-Sera fácil si vamos en algo que tenga buen olfato.-dijo mirando a ambos piratas con astucia.


Allá iban, Hipo, Camicazi y Jack, sobre dragones. Hipo claro estaba que iría con su mejor amigo Chimuelo, él nunca se separaría de él, el lazo que los unía era más fuerte que cualquier cosa y perder a alguno de los dos, sería como romper el mundo del otro a la mitad. Camicazi y Jack iban sobre Nadders entrenados.

-¿Podrían identificar el barco de Barba Gris?-pregunto Hipo.

-Si no reconoces la bandera de Barba Gris, no eres un pirata.-respondió Jack.

-Bien.-dijo Hipo.- ¿Puedes rastrear el olor de Astrid, amigos?-pregunto Hipo a Chimuelo.

Chimuelo rugió en afirmación.

-La dulce Astrid.-Dijo Jack.-Cuando la vi me recordó a Camicazi.-decía como si estuviera solo.-Esos ojos azul hermoso; su sonrisa, esa sonrisa que enamora; y su cabello como seda rubia, tan perfecto.-decía con una sonrisa estúpida en la cara.

Camicazi no dijo nada, en lugar de eso, salto de su Nadder hacia el Nadder de Jack y se puso frente a él; luego tomo su rostro entre sus manos y le dio un tierno beso en los labios.

Hipo tosió incómodamente.

-perdonen por interrumpirlos, pero creo que luego de rescatar a Astrid tendrán mucho tiempo para besarse.-dijo con tono sarcástico.

Camicazi volvió a su Nadder. El trio continúo su viaje en búsqueda de la secuestrada Astrid.


Mientras tanto, en el navío de Barba Gris, Astrid estaba encerrada en uno de los camarotes de la nave. Había pensado en saltar por la ventana, pero estaba demasiado lejos de Berk. Había tomado un alambre e intentado abrir la puerta, pero no había funcionado.

-Perfecto.-musito mientras golpeaba la pared.

Astrid había salido muy temprano a recoger leña con su hacha cuando unos extraños hombres comenzaron a seguirla. Ella había tratado de llevarlos a una trampa, pero ellos eran los que tenían la trampa preparada para ella. La acorralaron y luego, amordazada, la llevaron hasta la nave de Barba Gris.

Desde que había abordado el navío se habían dirigido a ella como "princesa". Ella no comprendía nada, pero habían tratado de ponerle un lindo vestido y ella no se había dejado. Así que de castigo la habían encerrado.

La puerta se abrió y entro un hombre alto y robusto con la cara llena de cicatrices; sus ropas estaban muy sucias, tanto que casi no se sabía de qué color eran; su barba, descuidada y gris. Su cabello era castaño y sus ojos negros. Era muy tétrico.

-Me dijeron que no te querías poner este lindo vestido.-dijo con el vestido azul en la mano. Su voz era tan profunda y a la vez repugnante.

-Y no lo hare.-respondió Astrid tajante.

-He sido muy paciente contigo, princesa, pero mi paciencia se agota.-dijo acercándose a Astrid.- ¿Te vas a poner el vestido sí o no?-pregunto enseñando sus dientes podridos.

-No.-respondió secamente.

-Ya veremos si no.-dijo.

Y entonces se lanzó contra Astrid, pero esta reacciono a tiempo y con un movimiento rápido corrió al corrió al otro lado de la habitación. Barba Gris la miro con rabia y luego comenzó a perseguirla. Astrid corrió ágilmente por todo el camarote hasta que tropezó y cayó al suelo, Barba Gris se acercó y la tomo por el pelo y la hizo mirlarle.

-Nos has causado muchos problemas, pequeña.-dijo mientras veía como Astrid forcejeaba contra él.

-En primer lugar, no soy una princesa.-dijo tratando se zafarse de la asquerosa mano del pirata.

-Oh, claro que no eres una princesa, no ahora.-respondió.-pero cuando seas ofrecida al príncipe de una isla pirata y él te acepte, te casaras con él y te convertirás en la princesa y yo tendré muchísimo oro.-dijo.

-Estás loco si crees que aceptare casarme con ese príncipe pirata del que hablas.-dijo aun forcejando.

-¡No me importa si quieres o no!-exclamo el pirata lanzando a Astrid contra el sofá.- ¡Te casaras con él y yo seré millonario!-Apunto a Astrid con su sucio dedo.- ¡Ahora ponte este vestido y deja de quejarte!-exclamo lanzando el vestido sobre Astrid.

-¡No!-respondió firmemente.

-Vamos a ver si no.-Dijo Barba Gris lanzándose nuevamente contra ella.

Esta vez Astrid no tuvo tiempo de reaccionar, y ahora se encontraba bajo Barba Gris; sentir su peso sobre ella la hacía enfurecer, pero no podía quitárselo de encima. Poco a poco comenzó a sentir como le quitaban las botas y desabrochaban su cinturón. Astrid comenzó a gritar y forcejear contra el peso de Barba Gris, pero era inútil.

El Pirata comenzó a retirar la falda de Astrid con mirada lasciva y cuando estuvo a punto de deshacerse de su pantalón y blusa, se escucharon fuertes detonaciones en la cubierta superior; pero no le dio importancia y siguió con su tarea. Y entonces, la ventana del camarote exploto provocando una nube de humo gris, y de esa nube, apareció un Furia Nocturna y un chico castaño de ojos verdes, realmente encantador y atractivo con sus perfectas pecas.

-¿Es así como tratas a las princesa, Barba Gris?-pregunto con sarcasmo.

-¡Hipo!-exclamo Astrid aliviada de ver a Hipo, ignorando las vendas del muchacho.

-¿Quién eres?-pregunto Barba Gris con rabia, levantándose del sillón y desenvainando su espada.

-No te importa.-contesto tajante.-Pero si no quieres que destruya tu barco, dame a Astrid y te dejare en paz.-dijo con tono severo.

-Jajaja.-se rio.- ¿Crees que me intimidas, muchacho?-pregunto burlándose.-Esta chica me hará millonario.-Volvió a levantar a Astrid del pelo.

-¡Hipo!-grito Astrid.

-¡Suéltala!-ordeno Hipo con enojo.

-¿O si no que?-se burló el asqueroso pirata.

-O si no te partiré a la mitad.-dijo una voz atrás de ellos.

Era Jack, y tenía su espada desenvainada y lista para atacar a Barba Gris.

-¿Tu?-pregunto burlonamente.-No eres más que un simple príncipe pirata, una vergüenza para la sociedad pirata.-dijo con desprecio.

-¡Cállate!-grito Jack con furia.

-¿Y si no quiero?-volvió a burlarse.

-Entonces se hombre y lucha.-Jack blandió su arma contra Barba Gris y lanzo una estocada tratando de no lastimar a Astrid.

-¿Tanto les importa esta perra?-dijo después de esquivar el ataque de Jack.

-¡Cállate, maldita basura!-grito Hipo con enojo.

-¡Así no se trata a una dama, Barba Gris!-exclamo Jack blandiendo nuevamente su espada hacia él.

-¿Una dama?-pregunto. Miro a Astrid forcejeando y mirándolo fulminantemente. Barba Gris la puso contra la pared y él se colocó frente a ella, muy cerca de su rostro.-Pero si ella no tiene nada de dama, más bien es una puta.-dijo.

Luego escucho un sonido sordo y a continuación sintió el frio acero en su garganta.

-Si sueltas a la chica.-decía una voz misteriosa. La persona que se había unido llevaba una capa negra y una máscara de cuero en sus ojos; sus manos estaban enfundadas en guantes negros de cuero.-No morirás ahora.-dijo firmemente.

-¿Y tú quién eres?-pregunto con su voz podrida.

-Tu peor pesadilla.-respondió la figura misteriosa.-Ahora suéltala si te gusta tu cuello en su lugar.-dijo.

Astrid miraba a aquella persona tratando de averiguar quién era. No podía ser Camicazi, ella tenía los ojos azules y la persona que tenía una espada en el cuello de Barba Gris tenía los ojos verdes.

-Como quieras.-dijo Barba Gris comenzando a darse vuelta y de pronto lanzo a Astrid hasta el otro lado de la habitación, desenvaino su espada y arremetió contra el persona extraña, pero esta la detuvo a tiempo.

-¡Astrid!-exclamo Hipo y el y Jack corrieron por ella.-Astrid, Astrid, ¿Estas bien?-pregunto Hipo preocupado mientras Jack lo ayudaba a poner en pie a Astrid.

-¿Quién eres sabandija?-pregunto enfurecido Barba Gris.- ¿Y porque la máscara?

-¿Eso importa?-pregunto burlonamente lazando una estocada hacia Barba Gris.

-Me gusta saber quiénes son mis victimas.-Barba Gris sonrió mostrando sus asquerosos dientes.

-Que bien, pero yo no seré tu victima.-La persona misteriosa bloqueo el ataque de Barba Gris con maestría y luego salto hacia un lado y pateo fuertemente los muslos del pirata; pero este solo dio un paso hacia adelante.

-Pero que cobarde eres, pequeña.-dijo Barba Gris.

-Entonces ahora que sabes que soy una chica, creo que te enfureciste más por ser un macho orgulloso ¿cierto?-dijo con desdén la chica misteriosa.

Barba Gris no respondió, solo levanto su espada por encima de su cabeza y lanzo una estocada hacia la chica de la máscara como si su espada fuera un hacha. La ojiverde de la máscara evadió el ataque saltando a un lado y golpeando a Barba Gris en la cara. Esta vez había caído, pero no inconsciente.

Jack e Hipo miraban la pelea desde el otro lado con Astrid aun inconsciente. Jack había querido ir a ayudar a la persona misteriosa, pero Hipo lo había detenido.

Enfurecido, Barba Gris tiro de uno de los pies de la extraña persona haciéndole caer. Ambos comenzaron a luchar en el piso; Barba Gris era fuerte y robusta, pero la chica era ágil y rápida.

Entonces la misteriosa figura diviso una botella de vidrio tirada y comenzó a tratar de ir por ella. Barba Gris, sin saber lo que su oponente tramaba, trato de mantenerla en el piso, pero la chica le dio una bofetada y se dirigió a la botella, la tomo, y mirando a Barba Gris con desprecio lo golpeo en la cabeza dejándolo inconsciente. La chica se puso de pie.

-Rápido, deben salir de aquí.-dijo dirigiéndose a los chicos.

-¿Quién eres?-pregunto con curiosidad Hipo a un lado de Astrid.

La chica de la máscara ladeo la cabeza.

-¿Te conozco?-pregunto.-Te me haces, vagamente familiar.-dijo y luego miro a Jack.-Tu, pelinegro lindo ¿Conoces a una rubia de ojos azules que esta allá afuera sobre un Nadder?

-Si.-respondió.- ¿Por qué?-pregunto con un poco de preocupación.

-Pelea muy bien.-dijo la enmascarada.

-¿Por qué la máscara?-pregunto Jack.

-¿Acaso está prohibido usar mascara?-pregunto con astucia.

-Bueno…No.-respondió desconcertado.

La persona enmascara sonrió, se despidió a lo pirata y luego se lanzó hacia el mar. Jack se acercó al agujero por el que se había lanzado, pero no vio nada.

-Tenemos que salir de aquí pronto.-Dijo Hipo subiendo a Astrid a Chimuelo.

Jack se acercó para ayudarlo, y luego ambos se dirigieron a la cubierta donde Camicazi había noqueado a todos los piratas.

-Peleas muy bien.-dijo Jack subiéndose al Nadder.

-Gracias.-respondió con una sonrisa.

Ambos piratas despegaron del barco y tomaron camino hacia Berk, siguiendo a Hipo y Chimuelo.

-Oigan.-dijo Camicazi.- ¿No vieron a una persona enmascarada?-pregunto

-Sí. ¿Por qué?-pregunto Jack.

-Me ayudo contra los piratas.-respondió.

-Dijo que peleabas bien.-tercio Hipo.

-Oye, Hipo, creo que la bella durmiente ya está despertando.-observo Jack a Astrid.

-Astrid.-dijo Hipo casi en un susurro mientras Astrid se acomodaba.

-Hipo.-dijo.- ¿Por qué me duele la cabeza?-pregunto con las manos sobre su frente.

-¿No recuerdas nada, Astrid?-pregunto Jack.

-Solo que un pirata me secuestro.-Contesto. Después de analizar bien sus recuerdos, al fin se dio cuenta de lo que estaba pasando.- ¡Hipo!-grito golpeando al castaño en el brazo.

-¿Qué te hice ahora?-pregunto sobándose el brazo.

-Me preocupaste.-contesto, pero en lugar de volverlo a golpear, lo abrazo por la cintura.-Y luego me rescataste.-apretó un poco más el abrazo.

Cuando Astrid abrazo más fuerte a Hipo, lastimo su herida haciendo que Hipo llevara su mano a su abdomen y frunciera sus gruesas y perfectas cejas en una expresión de dolor.

-¿Qué te pasa?-pregunto Astrid quitando las manos del torso del castaño.

-Me accidente con Chimuelo.-respondió con una mueca de dolor.

Entonces, Astrid lo golpeo en el brazo.

-Eso, por preocuparme.-dijo después de golpearlo.

-¿Y no hay ningún por todo lo demás?-pregunto con inocencia.

-Tal vez.-respondió.

-Oigan, ya llegamos a Berk.-dijo Jack.

Los cuatro aterrizaron, Jack y Camicazi se despidieron de los vikingos y se dirigieron a su barco.

-No vuelvas a hacer eso.-dijo Astrid señalando severamente a Hipo con el dedo acusador.

-¿Hacer que?-pregunto Hipo levantando las manos en tregua.

-No decirme que te pasa.-dijo.-si te lastimas, yo estaré ahí.-continuo.

-Está bien, no lo volveré a hacer.-dijo.-Pero quita ese dedito acusador, por favor.-pidió.

Astrid dejo de apuntar a Hipo. Luego, sin previo aviso, lo abrazó y apoyo su cabeza en el hombro del castaño.

-Gracias.-le dijo al oído.

-Ni lo menciones, princesa.-contesto Hipo.

Astrid golpeo nuevamente a Hipo en el brazo.

-¿Por qué?-pregunto el castaño adolorido.

-Por no dejar que me enterara del accidente.-respondió.-Y esto.-Tomo a Hipo por el cuello de la camisa y lo beso en los labios delicadamente.-por todo lo demás.-termino.

-Astrid, prométeme que siempre que vayas al bosque, llevaras a Tormentúla contigo.-dijo Hipo mirando como el Barco de Jack y Camicazi se alejaba de la isla.

-Te lo prometo.-dijo Astrid con una sonrisa.-Pero tú prométeme que si te vuelves a accidentar, me lo dirás.

-Te lo prometo.

Astrid abrazo nuevamente a Hipo hasta que este gimió de dolor a causa de su herida; Astrid rápidamente se separó de él.

-Perdón.-se disculpó.

-No te preocupes.-dijo con las cejas fruncidas de dolor.-Ven, vamos a ver si no se volvió a abrir.-Dijo.

Astrid e Hipo entraron a la casa de la colina. Astrid había ignorado todo el tiempo los pequeños rasguños que Hipo tenía en la cara, y cuando se dio cuenta de ellos, comenzó a besarlos para, según la creencia, quitarles lo rojo e hinchado.


¿Les gusto? ¿Qué les pareció?

Primero, gracias del tamaño de un Seadragonus giganticus maximus por sus Reviews. Me impulsan a seguir escribiendo.

Espero que les haya gustado esta historia. ¿Les gusto que Jack y Camicazi regresaran? ¿Podrían averiguar quién es la misteriosa figura? ¿Ustedes también creen que Hipo es la cosa más tierna, torpe, hermosa y perfecta del mundo? xD

Bueno, creo que ya no hay nada más que decir. Nos leemos en otra ocasión J