Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi, es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi y de sus respectivos autores y distribuidores.


As if in a dream

por Onmyuji

IV.

Se detuvo al borde del pozo, retadora. Titubeó un segundo sobre la idea de irse o quedarse ahí en cuanto dio la vuelta y lo encaró. Y por unos instantes, casi puede jurar que él se sintió terriblemente mal (lo supo por la expresión que tenía en el rostro), a punto de retractarse y decirle que todo era una broma; especialmente porque su ira estaba tomando nuevos niveles... y él no quería verla enojada. Les haría daño.

—¿Estás loco? ¡No pienso entrar al pozo! ¡No puedes obligarme! —De todas las voces irascibles que podía escuchar sin inmutarse, esta era la única que no quería escuchar, muchos menos por ser la causa.

Sin embargo, helo aquí, escuchando a su irritada mujer gritándole. Y todo lo había provocado él mismo.

Dio un paso hacia atrás, sintiéndose completamente amenazado por la ira que su mujer sentía en ese momento. Mejor era ser cauteloso pues, a su parecer, ella se veía mordaz. Sus manos apretadas en puños en sus costados lo indicaban—. Es lo mejor, allá estarás más segura. —Respondió él, cauteloso, tratando de conservar la paciencia y la calma. Ella bufó. Eso le molestaba.

—¿Seguridad? —Ella parecía incrédula. Enarcó una ceja, suspicaz—. Soy tu mujer y tu deber es cuidarme.

Touché.

—Estoy haciendo esto para cuidarte. —Replicó él, cada vez más nervioso por el volátil humor de su esposa, que se estaba alterando demasiado y eso podía hacerle daño a ella y al cachorro.

Se estaba a empezando preocupar y mucho.

—Si no estoy aquí, no puedes cuidarme.

Touché de nuevo.

—Esto es por tu bien.

Error.

—No me harás saltar al pozo.

—No te estoy preguntando si quieres.

De pronto sintió que estaba caminando sobre hielo delgado.

—No soy una propiedad tuya, Inuyasha. —Repitió ella sin dejar que su postura se desvaneciera.

—Oh, claro que lo eres. Eres mi mujer.

Hielo delgado. Hielo delgado. Hielo delgado.

—Eso no me convierte en una cosa, Inuyasha. —Explicó ella, haciendo acopio de toda la paciencia que podía. Era evidente que los humos de Kagome se estaban calentando y los intentos de Inuyasha por conservar la paciencia para tranquilizar a su mujer se estaban agotando.

—¡De acuerdo! Ahora salta al pozo. —Los ojos de Kagome se abrieron de pronto y tembló. Se sentía muy pálida y la cabeza le daba vueltas, como si de repente todo se hubiera movido estrepitosamente de lugar. Se tambaleó un poco en su propio sitio. No se sentía nada bien—. ¿Kagome? —Ella no hizo caso a la llamada del hanyou y se puso de cuclillas en el piso, sosteniéndose la cabeza.

Su garganta se apretaba en un nudo inhumano y sus ojos ardían, de forma que pronto comenzaron a fluir lágrimas desabridas de sus ojos. Se sentía confundida, ofendida, tan frágil. Desde hacía dos días, cuando Inuyasha volvió, estaba tan diferente. Era menos indiferente y más atento, había dejado de lado incluso las agresiones y los insultos para con ella y, desde esa mañana, estaba más precavido, cariñoso y cuidadoso con su persona. ¿Qué pasaba con él? ¡No podía venir y hacerla sentir bien con esa clase de atenciones cuando ella sabía toda la verdad!

¿Tan desagradable era su presencia para él que prefería buscar una excusa rápida para quedarse solo y hacer lo que le viniera en gana? Porque estaba convencida de que si ella se marchaba, él correría en pos de...

¿Tanto era su deseo de deshacerse de ella para irse con su amada mujer muerta? Eso le rompía el alma. ¡Ella que tanto lo amaba! ¿Es que acaso Inuyasha no lo notaba? ¿Es que acaso para él no valía de nada que ella fuera su mujer? ¿Que llevara en su vientre a su hijo, aunque renegara de él?

Decidió que, si era niño, lo llamaría Yamato.

Y lloró tanto que no pudo dilucidar si sus malestares eran producto de su tristeza o de su embarazo. Sólo dejó que las lágrimas expiaran su alma y la limpiaran del dolor, acompañadas de agónicos sonidos.

Claro que estaba sufriendo.

Y reafirmó esa convicción que tenía. Kagome no quería al bebé. ¿Para qué quería un bebé si su padre no lo quería? Entonces ella tampoco lo deseaba. Por mucho que hubiese pedido a ese bebé antes. Lo único que quería era no tener al hijo de ese hombre creciendo en su vientre.

Era tan mala.

Confundido por la inestabilidad emocional de su mujer, Inuyasha se encaminó hacia ella con pasos suaves y cuidadosos. Odiaba verla llorar: lo hacía sentirse culpable y bastardo. Había provocado el llanto de la humana, el sufrimiento de su mujer y de su cachorro. ¿Por qué lloraba ella? ¿Porque no quería irse? ¡Pero si lo estaba haciendo por su bien! ¿Acaso no lo entendía? Tenía qué estar en un lugar donde nadie pudiera lastimarla, lejos de los youkais que no dudarían un segundo en matarla.

Inconsciente de sus actos, se arrodilló a su lado y la abrazó, permitiéndole sollozar y liberar todo aquello que sentía. Ella permitió el contacto, acunándose en la calidez de su marido; se dejó consolar, imaginando que él la amaba a ella y no a alguien más—. Entiende, Kagome. Esto es por tu bien. Nunca antes habías recibido un ataque youkai tan deliberado. Y vendrán más. Y no quiero poner tu seguridad y la del cachorro en peligro. —La miko lloró más fuerte, totalmente desconsolada por el rechazo de su esposo.

—¡Eres un imbécil, Inuyasha! ¿Cómo te atreves a-...? —Pero entonces abrió los ojos y detuvo su llanto de súbito, luego de procesar lo que él había dicho. Así que deshizo el abrazo en que se encontraban, viéndolo incrédula—. ¿Qu-...? ¿Qué dijiste? —Las lágrimas seguían saliendo de sus ojos sin control y entonces las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar parcialmente. Inuyasha clavó sus ojos en los de ella, completamente preocupado. Y sus ojos no mentían, estaba realmente preocupado por ella.

Inuyasha no lo estaba haciendo sino por cuidar de ellos. De ella y el bebé.

—Quiero que tú y el cachorro estén seguros. Kagome, el cachorro es-...

Ella no lo dejó continuar—. No. Quiero decir ¿Cómo es que sabes eso? —Exigió ella, ahora más nerviosa y asustada que molesta o enferma. Y se puso pálida de nuevo, dejando de llorar.

—Después del ataque del oni, hace dos días, energía demoníaca del cachorro fue demasiado evidente en ti. Luego lo fue su aroma. Quería aguardar a que tú lo supieras por tu propia cuent-... ¡Espera! ¿Tú ya lo sabías? —Demandó él con una extraña y falsa molestia, esperando que ella respondiera a sus preguntas. Kagome retomó color y sus mejillas enrojecieron al escucharlo preguntar. Avergonzada, bajó la cabeza y miró hacia donde sus cuerpos aun seguían unidos a través de los férreos brazos de su esposo.

—Yo... me di cuenta la noche anterior a tu regreso. —Y diciendo esto, se hundió en el reconfortante abrazo del hanyou, quien reafirmó el agarre sin soltarla para nada. ¡Ahora entendía por qué sus amigos la habían notado rara! ¡Ella estaba nerviosa y asustada por ser madre!—. ¡Tenía miedo, Inuyasha! ¡No sabía cómo reaccionarías cuándo supieras que vamos a tener un bebé! —Mintió mientras se dejaba consolar por su marido, entregándose precisamente a esa sensación de protección que él le estaba brindando.

—Estoy... muy feliz, Kagome. —Y la soltó, sólo para verla a los ojos y que ella viera la felicidad en ellos—. ¡Vamos a ser padres, Kagome! ¡Vamos a tener una familia! —Kagome notó la entera devoción de su hanyou con esas palabras. Y sus ojos no le mintieron. La miko sonrió, completamente enternecida por la emoción de su compañero. Y casi vuelve a llorar cuando sintió que él frotaba suavemente una de sus garras contra su vientre, aún a la espera de que su pequeño cachorro creciera.

Y ella estaba renegando de su pequeño e inocente cachorro...

—¿Realmente tengo qué volver a casa sola? —Preguntó ella, ciertamente más tranquila pero dispuesta a hacer un último intento, menos asustada y más convencida de la autenticidad de los sentimientos de su pareja sobre esto de ser padres.

Él no la vio por unos momentos. Quizás estar separados no sería fácil: con la creciente ansiedad de Kagome al ser una madre primeriza, Inuyasha no quería perderse ni un detalle más del crecimiento de su cachorro y el cambio de mujer. Pero tampoco podía dejar que ella se quedara más tiempo en el Sengoku Jidai.

—Iremos juntos. ¿Eso te agrada? —Ella sonrió tímidamente al saber que compartirían el viaje juntos y enrojeció, a modo de afirmación—. Entonces está decidido. —Y diciendo esto se levantó y la ayudó a levantarse suavemente. Y caminaron juntos al pozo devorador de huesos, tomados de las manos.

Tal vez sólo era su imaginación, suposiciones falsas acerca de lo que estaba pasando Inuyasha y toda su ausencia de la aldea, lejos de ella y su bebé. Quizás ella había estado sufriendo sin motivo alguno. Y se tragó todas sus palabras de desprecio hacia él para retomar aquello que estaba perdiendo: la dulce inocencia jovial y alegre que siempre caracterizó su pura y blanca alma.

Juntos, saltaron al interior del pozo. Inuyasha y Kagome se vieron a los ojos, felices. Kagome sonrió.

Tal vez ser madre no sería tan malo después de todo.

Fin del capítulo IV.


PS. Bueno, pues aquí les traigo el capítulo cuatro. Ahora ya nos evitamos problemas con el embarazo, ambos ya lo saben :D pero aún hay muchos detalles que descubrir, así que no pierdan la pista, especialmente sobre este viaje a la época actual. Si en algunos momentos se siente que la historia avanza muy lentamente, es porque pretendo desarrollar esa parte de la psicología de Kagome que niega a su hijo e Inuyasha, así que ha sido la historia que me ha marcado el ritmo.

El próximo capítulo es una sidestory, que no afecta en cuanto a la lectura de los capítulos normales, pero que permite que tengan una visión más completa del fic :D, así que no se los pierdan, porque tendrán pistas interesantes sobre el camino que toma el fic :D.

Oh, y una cosa que estaba pasando por alto, ahora que Kagome ya decidió los posibles nombres para su bebé, sólo comento que Himawari significa "girasol", mientras que Yamato, significa "perteneciente a la montaña". Quiero leer sus teorías, ¿qué creen que será, un niño o una niña? (el género del bebé ya está decidido, pero siempre es interesante conocer sus teorías :D).

Si les gustó, no duden en dejar un review :D prometo responder (aunque a veces me tarde un poco, pero respondo, de veritas X3). Espero leernos pronto :D

Onmi.