¡¡Hola!! Sé que ya se me está haciendo costumbre, pero de nuevo empezaré esta actualización pidiéndoles unas sinceras disculpas por el retraso, es que necesito estar de un humor especial para poder escribir esta historia, ¡y luego las malvadas Musas que sólo cooperan cuando se les da la gana! Je, en fin, de verdad lamento la demora y espero que el capítulo sea de su agrado n_n
Roxy Kou: (¿O prefieres Leonis-Alterf? n.n) ¡Qué gusto que el capítulo anterior haya sido de tu agrado! Ojalá que también disfrutes esta actualización, profundiza un poco menos en las emociones del cangrejito, pero tendrá mucho peso más adelante. Saludos y muchas gracias por tus reviews n_n
Kisame Hoshigaki: ¡Qué bien tenerte por aquí también! Disculpa que haya tardado con la actualización, pero ando medio apurada de tiempo y todavía mi mente que se pone a idear otras cosas n_nu
Kagome-Black: Me da mucho gusto que la historia te haya agradado y que simpatices con mi descripción del cangrejito dorado. Gracias por tu review. Saludos.
4. Recuerdo de un primer día
¡Grecia! Tierra heredera de una historia y una cultura fascinante; cuna de artes y ciencias diversas… punto de encuentro de aquellos poderosos guerreros a los que las constelaciones llamaban para poner su vida al servicio de la Diosa protectora del mundo.
Para cierto niño siciliano, llegar a ese fascinante país representó el inicio de una nueva vida, o más bien, el inicio de su verdadera vida, esa vida por la que siempre estuvo dispuesto a darlo todo…
-Camina, niño-llamó Fausto de Eridanus al pequeño de ojos y cabellos azules que lo seguía a través de antiguas construcciones, deteniéndose cada pocos pasos para contemplar fascinado todo lo que lo rodeaba.
Y es que el infante en verdad tenía razones para sentirse cautivado: no sólo acababa de llegar a un país diferente, luego de haber vivido toda su corta existencia en una pequeña isla del Mediterráneo, sino que parecía haberse adentrado en un mundo completamente distante del tiempo actual, pues, a medida que avanzaba en los terrenos del Santuario de la Diosa de la Sabiduría y la Guerra Justa, le parecía que iba entrando en un lugar en el que el tiempo se había congelado para conservar las magnas construcciones que parecían guardar el esplendor de la era del mito. Y no sólo eso, las personas allí vestían también a la manera de las antiguas tradiciones griegas y, de vez en cuando, podía ver pasar a algunos hombres o mujeres que portaban relucientes armaduras.
-Si no te das prisa, te dejaré aquí-amenazó sin inmutarse el santo de Eridanus, ya varios metros por delante del pequeño, quien de inmediato apresuró el paso lo más que pudo para darle alcance.
-¿A dónde vamos?- le preguntó el chiquillo llegando hasta él y caminando un par de pasos a sus espaldas.
-Tengo que presentarme ante el Gran Patriarca-explicó el santo plateado sin volver la mirada- Un guardia dijo que estaba supervisando el avance de algunos santos por aquí cerca-
Ambos continuaron caminando en silencio durante varios minutos, alejándose poco a poco de la zona habitable del Santuario y adentrándose en un terreno rocoso que parecía desértico.
Mientras avanzaban, el pequeño peliazul iba intentando recordar todo lo que Fausto de Eridanus le había hablado acerca del Santuario de la Diosa durante su viaje desde Sicilia.
-El Gran Patriarca es la máxima autoridad de este lugar, ¿cierto?- le preguntó tímidamente al santo de plata, quien se limitó a asentir con un ligero gruñido- ¿Él tiene que aprobar que yo me quede a entrenar?- volvió a preguntar y el hombre respondió de manera similar a como lo había hecho antes, con lo que el niño se mordió ligeramente su labio inferior con expresión preocupada- ¿Y… qué pasa si él no cree que yo…?-
-El Maestro Shion estará de acuerdo en que te conviertas en aprendiz- lo interrumpió el santo de Eridanus con voz suave aunque sin emoción- Si incluso un santo de plata como yo pudo notar el potencial que tiene tu cosmos, es seguro que el Gran Patriarca no tendrá reparos en que entrenes para convertirte en santo-
El niño respiró profundamente al escuchar aquello, pero no podía evitar sentirse nervioso, pues pese a las múltiples advertencias que Fausto le había hecho sobre lo terrible que podía resultar el entrenamiento y sobre la difícil vida que tenían que afrontar los santos atenienses, algo en su interior parecía estar convencido de que él debía estar en ese lugar… y de verdad esperaba que el Gran Patriarca del Santuario pensara lo mismo.
La caminata de aquel par de prolongó solamente un poco más, pues apenas unos metros más adelante, el santo de Eridanus se detuvo al ver aparecer en su campo visual a un pequeño grupo de hombres que avanzaba en dirección a ellos. Dos de aquellos hombres eran guardias del Santuario, mientras que otros 2, más jóvenes, portaban unas resplandecientes armaduras que reflejaban cual espejo los rayos del sol. Pero a pesar de lo hipnóticas que podían resultar aquellas majestuosas y sagradas vestimentas, la vista de Fausto de Eridanus y del pequeño que lo acompañaba quedó fija en la última persona que conformaba aquel grupo frente a ellos: un hombre de porte imponente, de rostro sereno y largos cabellos de color verde, que iba ataviado con una túnica blanca.
-Gran Patriarca- saludó respetuosamente el santo de Eridanus, haciendo una reverencia, en cuanto aquel hombre se le acercó.
-Eridanus, qué gusto tenerte de regreso- le devolvió el saludo el peliverde con expresión amable.
Y luego, el Patriarca dirigió su mirada directamente hacia el pequeño peliazul, fijando sus ojos en los azules del niño, quien contempló con verdadera fascinación aquellos ojos de un peculiar tono liláceo, que parecían contener una infinita sabiduría.
El infante sintió cómo aquel hombre lo analizaba con la mirada y, durante el breve momento que el contacto visual se mantuvo, casi tuvo la certeza de que esos ojos de mirada tan profunda no sólo estaban viendo su exterior, sino que podían ver incluso su alma. Así que el niño se quedó quietecito durante ese pequeño lapso, hasta que tuvo la sensación de que el peliverde había terminado con su escrutinio visual, momento en el que hizo una reverencia ante él, logrando que el Patriarca le devolviera el saludo con un ligero movimiento de su cabeza a la vez que le sonreía con benevolencia.
El Gran Maestro del Santuario despachó a los guardias y a los santos que lo acompañaban y estos se alejaron del lugar tras ofrecerles sus respetos al peliverde.
-¿Cuál es tu nombre, pequeño?- le preguntó el Patriarca al niño con voz amable y en un impecable italiano en cuanto hubiera quedado a solas con ellos.
-Ángelo, señor- respondió el chiquillo con energía.
-Lo encontré en Sicilia- intervino Fausto, dirigiéndose con respeto al Patriarca- Este niño pudo despertar su cosmos durante unos instantes, Gran Maestro… y es un cosmos bastante… peculiar- agregó seriamente.
El peliverde volvió a fijar su mirada en los ojos del niño, al mismo tiempo que colocaba su mano derecho sobre la cabeza del pequeño, elevando ligeramente su propio cosmos.
Ángelo sintió claramente cómo cada milímetro de su cuerpo era recorrido por aquella especie de cálida energía que emanaba del Patriarca, y a la vez, algo en su interior pareció despertar en respuesta a ella. Fue una sensación extraña, como si un pequeño universo comenzara a vibrar en la parte más profunda de su ser. Ya había experimentado una sensación similar cuando había visto a su amiga Juno en peligro, hacía tan sólo unos cuantos días, pero en esta ocasión había algo diferente, pues tenía la impresión de que aquel "universo" en su interior se desperezaba lentamente de un profundo letargo… y ya no habría manera de hacerlo dormir de nuevo.
-Ciertamente, un cosmos interesante- comentó Shion con una sonrisa, quitando su mano de la cabeza del niño y viéndolo amablemente- ¿Lo tomarás como discípulo?- le preguntó entonces al santo de Eridanus, volteando a verlo.
-Si usted lo dispone de ese modo, no tengo inconvenientes, Gran Patriarca- contestó el plateado en tono respetuoso.
-Creo que no podría ser de otra forma- declaró el peliverde a la vez que respiraba profundamente y luego volvió a fijar su mirada en el pequeño siciliano- ¿Bajo qué signo zodiacal naciste, Ángelo?-
-Eh… soy cáncer, señor- respondió el niño y, por alguna razón, el Patriarca sonrió ligeramente al escuchar su contestación.
-El destino tiene una forma muy particular de hacer las cosas- susurró el Gran Maestro sin dejar de sonreír y desviando su mirada hacia el cielo, dejando confundidos tanto al niño como al santo de plata- En fin, necesito confiarte otra misión antes de que inicies el entrenamiento del pequeño, Fausto-
El santo de plata asintió con seriedad y el Patriarca les pidió que lo acompañaran a ver a unos aprendices que también quería supervisar ese día, mientras aprovechaba para revelarle al guerrero los detalles de su misión. Así que los 3 comenzaron a andar de nuevo a paso lento. Al parecer, la nueva misión del santo de Eridanus lo enviaría fuera de Grecia por un par de días, pero el pequeño Ángelo no pudo comprender del todo lo que el Gran Patriarca y su futuro maestro comentaban, pues ellos habían empezado a hablar en griego, idioma que, si bien no le era del todo desconocido, no dominaba lo suficiente como para seguir la conversación en detalle.
-Entonces partiré lo antes posible a Roma-recapituló Fausto, luego de escuchar lo que el sumo pontífice le decía.
-Por favor, Eridanus, te lo encargo mucho- asintió el Patriarca, deteniendo sus pasos para ver al plateado- Una vez que regreses, este pequeño y tú podrán ponerse a entrenar tranquilamente-agregó dirigiéndole una amable sonrisa al chiquillo- Él puede quedarse aquí hasta que vuelvas-
-Como usted diga, Maestro Shion- aceptó el santo haciendo una ligera reverencia, luego de lo cual se dirigió al niño- Disfruta de tus últimas horas de tranquilidad, mocoso- le sugirió viéndolo seriamente y sin más, se alejó del lugar, dejando a su futuro aprendiz con el peliverde.
-No te espera un entrenamiento sencillo al lado de Fausto de Eridanus- le dijo el Patriarca al niño en cuanto el plateado se perdió de vista- No es fácil llegar a ser un santo ateniense, pero lo lograrás si le pones todo tu empeño-
-Lo haré, señor-aseguró el pequeño con decisión, logrando que una sonrisa se dibujara en los labios del Patriarca.
-Muy bien, esa es la actitud que se necesita- le reconoció Shion, empezando a avanzar de nuevo para ir con los aprendices a los que quería supervisar.
Ángelo caminó a su lado en silencio, mas no tuvieron que avanzar mucho antes de que comenzaran a llegar hasta ellos ruidos de golpes y exclamaciones de pelea. Algo más adelante, el camino por el que avanzaban terminaba de manera abrupta, dejando frente a ellos una pequeña planicie un par de metros por debajo del nivel en el que se encontraban. Y justo en ese sitio, ajenos a los recién llegados observadores, 2 chicos libraban un pequeño combate de entrenamiento entre ellos.
Uno tenía los ojos de un profundo color verde y el cabello corto y castaño; no llegaba ni a los 10 años, pero se movía con una agilidad asombrosa, y resultaba evidente que aquella pelea no le estaba exigiendo demasiado esfuerzo, aunque su oponente era bastante hábil.
Ángelo abrió desmesuradamente los ojos al ver a ese segundo niño, un chiquillo de alborotados cabellos oscuros y vivaces ojos negros que sin duda debía tener más o menos la misma edad que él, pero que combatía ya de manera excepcional.
Ambos chicos estaban tan centrados en su pelea, que ni siquiera parecieron notar que eran observados. El más pequeño atacaba con una mezcla de fuerza y velocidad que parecía impropia de alguien de su edad, aunque, algo que de inmediato captó la atención de Ángelo, fue que varios de los golpes que aquel niño lanzaba, los ejecutaba moviendo sus manos como si estas fueran un par de cuchillas en movimiento. No cabía duda de que ese infante hacía un gran trabajo, sin embargo, su oponente no lucía ni remotamente agitado, y se limitaba a esquivar o a frenar los ataques de su rival sin hacer mayores esfuerzos. Pero el más joven parecía decidido a probar que era un digno contrincante para él, así que se preparó para dar su mejor golpe.
Tanto Ángelo como el Patriarca pudieron notar, aún a la distancia, la decisión del rostro del pequeño, a la vez que un tenue resplandor cubría su cuerpo por completo, y entonces, aquel niño se lanzó contra su oponente, con la mano derecha en alto, cual espada desenvainada y presta para el ataque.
El chico castaño se movió a gran velocidad para esquivar la embestida, pero el pequeño, moviéndose con gran agilidad, logró redirigir su ataque y de nuevo se lanzó contra su rival. Para cualquier persona normal, hubiera resultado simplemente imposible evitar aquel nuevo asalto… pero el castaño no era para nada alguien ordinario y, en ese instante, se movió a tal velocidad que prácticamente desapareció durante una fracción de segundo, esquivando así el ataque y provocando que este fuera a dar contra unas rocas que habían estado a su espalda.
Ángelo observó asombrado cómo la mano del pequeño atravesaba aquellas rocas, de la misma manera en que un afilado cuchillo habría rebanado un pedazo de queso… o al menos así fue por algunos instantes, porque, luego de haber cortado limpiamente casi la mitad del espesor de las rocas, el ataque del niño se detuvo tan rápidamente como había empezado, quedando la mano del chiquillo atrapada entre los fragmentos de piedra.
El castaño se mantuvo expectante, en posición defensiva, listo para cualquier nuevo ataque, pero su pequeño oponente, lejos de continuar con el combate, cayó de rodillas a la vez que su rostro se descomponía en un gesto de profundo dolor y con su mano aún entre las rocas.
Los ojos verdes del mayor de los contrincantes se abrieron completamente al comprender lo que había pasado y, de inmediato, se apresuró a acudir en auxilio de su pequeño oponente.
Desde su lugar como espectador, Ángelo observaba atentamente aquella escena, cuando escuchó suspirar al Patriarca, mas no tuvo tiempo ni de levantar la mirada para ver su rostro pues, súbitamente, experimentó una extraña sensación, como de vértigo, que le hizo cerrar los ojos y para cuando volvió a abrirlos, se encontraba tan sólo a unos pasos de los jóvenes aprendices junto con el Maestro Shion.
El pequeño siciliano volteó más que sorprendido hacia el sitio desde el que momentos antes hubieran estado contemplando el combate, sin comprender cómo es que había llegado al punto en el que ahora se encontraba en menos de un segundo, pero antes de que hubiera podido decir algo, escuchó que el Patriarca se dirigía a los chicos.
-¿Estás bien, Shura?- le preguntó amablemente al más joven, quien ya había sacado su mano de entre las rocas y la sostenía con sumo cuidado con su mano izquierda y con una expresión de dolor impresa en la cara.
-Creo que se rompió el metacarpiano y al menos una falange del meñique, Gran Patriarca- intervino el castaño, dirigiéndola una mirada de sincera preocupación a su compañero.
Shion tomó con mucho cuidado la mano del niño entre las suyas, pero no era difícil comprobar que lo que decía el ojiverde era cierto, pues el meñique del infante se había torcido en una extraña posición y resultaba evidente que el mínimo roce sobre él le producía un profundo dolor.
-Esto va a doler- le advirtió el Patriarca con voz suave al pequeño a la vez que se preparaba para acomodarle el dedo en su lugar.
El niño asintió con el rostro, respirando agitadamente debido al dolor. Por su parte, Shion intercambió una mirada con el chico castaño, quien también asintió con el rostro y de inmediato sujetó los hombros del pequeño, que apenas y cerró sus ojos y apretó con fuerza sus labios cuando, a un movimiento del Patriarca, su mano emitió un pequeño crujido.
Unas lágrimas alcanzaron a escapar de los ojos del chiquillo, pero ni un solo quejido surgió de sus labios. Ángelo no lo sabía en esos momentos, pero esa imagen viviría por mucho tiempo en su memoria, pues justo entonces comenzó a comprender lo que de verdad significaba ser un santo de Atena, justo en ese instante, empezó a asimilar que su vida estaría llena de muchos tipos de dolor… y él debería aprender a continuar con valor a pesar del sufrimiento.
-¿Por qué dudaste, Shura?- le preguntó entonces Shion al pequeño ojinegro, aún con su manita entre las suyas, y elevando ligeramente su cosmos, de modo que este envolviera también la mano del infante- Lo estabas haciendo muy bien, fácilmente habrías partido esas rocas sin ningún problema- le aseguró con voz amable, logrando que el niño fijara sus ojos en él.
-¿De verdad lo cree?- le preguntó tímidamente.
-¡Claro que sí! Y tú también deberías creerlo. Si dudamos de nosotros mismos, no llegaremos muy lejos-
-Has mejorado mucho desde el último combate que tuvimos- le comentó el joven castaño dedicándole una sonrisa- Si sigues así, pronto me veré en graves aprietos contigo-
Ese comentario hizo que una radiante sonrisa apareciera en el rostro del pequeño. Shion también sonrió ligeramente, aún ocupado en concentrar un poco de su cosmos en la mano del niño.
-¿Está mejor así?- le preguntó tras unos instantes soltando por fin su mano.
El infante movió con cuidado su dedo pequeño, pero el dolor había desaparecido por completo.
-Muchas gracias, Gran Patriarca- le agradeció con una gran sonrisa y en un idioma que el pequeño siciliano no alcanzó a reconocer.
-Será mejor que no le exijas mucho a tu mano por el resto del día, pero para mañana estará como nueva- le aseguró Shion devolviéndole la sonrisa y luego se dirigió hacia el castaño- Aioros, quería pedirte un pequeño favor-
-Dígame en qué puedo serle útil, Gran Maestro- fue la respetuosa contestación del aludido.
Por respuesta, Shion le hizo una seña a Ángelo para que se acercara a ellos, pues él se había quedado un poco alejado, observando todo.
-Ángelo, ellos son Aioros y Shura- le presentó a los dos chicos, hablando en italiano, en cuanto él se acercó- Chicos, él es Ángelo, acaba de llegar hoy al Santuario y pronto empezará con el entrenamiento para convertirse en santo- lo presentó a su vez, pero hablando en griego.
El castaño le sonrió amablemente al siciliano a modo de saludo, lo mismo que el pelinegro, y Ángelo les devolvió la sonrisa, aunque tímidamente.
-Hay varios asuntos de los que debo encargarme- se explicó Shion en italiano- El maestro de Ángelo volverá hasta dentro de unos días, así que necesito a alguien que le enseñe el lugar y que lo oriente en cualquier duda que tenga-
-Por supuesto, Maestro Shion- aceptó Aioros de buena gana.
-¡Yo también coopero!- se apuntó Shura con emoción.
-Muchas gracias, se los encargo mucho, por favor- el Patriarca les sonrió agradecido a ambos chicos para luego dirigirse al peliazul- Quedas en buenas manos, Ángelo, te lo aseguro-
El pequeño siciliano asintió ligeramente. Shion no se quedó mucho con ellos después de eso y pronto se retiró dejándolos solos.
-¿Eres de Italia, Ángelo?- le preguntó Shura en un titubeante italiano en cuanto el Patriarca se hubo marchado.
-Sí, de Sicilia- respondió el aludido- ¿Tú eres griego?-
-Nop, soy de España- contestó el otro niño con orgullo- Aioros es quien sí es de Grecia-agregó señalando al castaño.
Ese fue sólo el inicio de una larga conversación entre los chicos. Y así, mientras recorrían tranquilamente el camino de regreso hacia el centro del Santuario, Ángelo se enteró de que Aioros llevaba ya varios años entrenando y, en palabras de Shura, era ya un poderoso guerrero que no había tenido problemas en darse a conocer ante todo el Santuario; afirmaciones que el castaño consideró algo exageradas. También, el siciliano pudo averiguar que el español llevaba apenas un año entrenando y que, en esos momentos, sólo estaba de paso en el Santuario, pues él entrenaba usualmente en la ladera sur de los Pirineos, pero su maestro lo había dejado en lo que cumplía con una misión que le había asignado el Patriarca.
Ambos chicos eran agradables y fueron ellos los que llevaron principalmente la plática, pues el peliazul era más bien del tipo reservado e introvertido, pero no por ello habría podido negar que había pasado un momento ameno en compañía de aquel par.
No les tomó mucho estar de regreso entre las antiguas y magníficas construcciones del Santuario. Todo el trayecto lo habían recorrido sin prisas, pero Ángelo había podido notar que Aioros parecía algo inquieto, y esa sensación se hizo más evidente en cuanto el imponente coliseo del lugar quedó frente a ellos.
-Casi es hora- comentó el griego seriamente, dirigiéndole una mirada al cielo, como para comprobar la posición del sol.
-¿De qué?- preguntó el pequeño siciliano confundido.
-Pronto habrá un gran combate en el coliseo- explicó Shura- Hoy, dos aprendices se batirán por una armadura dorada-
-¡¿Por una armadura dorada?!- exclamó Ángelo sorprendido, recordando lo que Fausto le había dicho sobre esas armaduras destinadas sólo para los guerreros más poderosos.
-Sí, y no es algo que se vea fácilmente- comentó el pequeño español- Mi maestro me dijo que el último combate de ese tipo se dio hace por lo menos 50 años-
-En estos momentos, sólo 2 armaduras doradas tienen dueño- explicó Aioros al notar la interrogante mirada del peliazul- Aries y Libra son las únicas casas zodiacales que tienen guardián actualmente, luego de la muerte de Alcander de Leo y Fakhir de Escorpio… Por lo que he escuchado del maestro Shion, cuando alguien quiere reclamar un armadura dorada, él como Patriarca debe juzgar si es apto o no para portarla, además de que la armadura debe reconocerlo como su dueño, pero, en caso de hubiera más de un solicitante y ambos tuvieran las aptitudes para fungir como santo dorado… debe haber un combate entre ellos, incluso antes de que se confronten con la armadura-
-Y eso es algo que no había pasado en mucho, mucho tiempo- agregó Shura- Todos en el Santuario andan emocionados por ese combate-
¡Y sí que podía notarse la emoción en el ambiente! Pues, para cuando los pequeños entraron en el coliseo para poder observar la pelea, este estaba ya lleno de espectadores, tanto santos, amazonas y aprendices, como otras personas relacionadas de una u otra manera al Santuario. Allí también ya se encontraba el Gran Patriarca, quien iba ataviado con su túnica blanca, pero usaba además una especie de casco de color rojo y una máscara que cubría su rostro. Él estaba ubicado en un palco preferencial entre las gradas y, frente a él, una caja dorada resplandecía con los rayos del sol. A pesar de la distancia que los separaba del sumo pontífice, los chicos podían distinguir con claridad, desde el puesto que habían ocupado al lado de una entrada en las primeras filas cerca de la arena, las figuras de unos gemelos grabadas en una de las caras de la caja de oro.
-¿Géminis?- murmuró Ángelo con la vista fija en aquellas figuras que representaban a Cástor y Pólux.
-Sí, Géminis- asintió Aioros seriamente, con la mirada atenta en la arena central del coliseo, pese a que aun no había ni rastro de los contendientes-Hará cosa de una semana que un aprendiz solicitó la armadura; es un buen guerrero que ha entrenado durante más de 10 años en el ardiente desierto egipcio, pero…-
-Pero aquí en el Santuario se ha estado entrenando otro aprendiz que también buscaba reclamar la armadura de Géminis- terminó Shura con seriedad.
-Otros 2, de hecho- susurró Aioros con voz apenas audible- De cualquier modo, el maestro Shion no pudo negarle a ninguno la oportunidad de al menos luchar por la armadura-
-Pero es obvio quién es su favorito- comentó el español con una sonrisa a la vez que recorría las gradas con la mirada.
-Sí- coincidió el castaño también sonriendo ligeramente- Sin embargo, como juez de este combate, el maestro Shion será completamente imparcial con los resultados-
Ángelo tuvo el impulso de averiguar más sobre los contendientes, más ya no tuvo oportunidad de hacerlo, pues, justo en ese momento, una verdadera ovación se dejó escuchar por todo el coliseo cuando uno de los combatientes hizo su aparición en la arena central.
Se trataba de un chico de unos 16 o 17 años, alto y de músculos bien definidos. Su piel era bronceada y sus cabellos y ojos era de color negro. Era fácil notar que estaba muy seguro de sí mismo y que estaba dispuesto a darlo todo en ese combate.
-Ese es Seth- dijo Aioros, aunque apenas y se había detenido a verlo, pues en lugar de eso, se había puesto a recorrer las gradas con la mirada, acción que el pequeño español aún seguía haciendo, como si ambos estuvieran buscando a alguien.
Pero las miradas de ambos se dirigieron de inmediato a la arena central cuando una nueva ovación anunció la llegada del segundo contendiente.
Este era mucho más bajo y delgado que su adversario. Su piel era blanca, sus cabellos largos y azules, y sus ojos eran de un hermoso tono verde. Sin duda debía ser más alto que el promedio de los chicos de su edad, pero cuando mucho tendría unos 10 años, aunque, la seriedad de su mirada y de sus gestos parecían los de alguien mucho mayor.
-Él es Saga- explicó Aioros en un susurro, dirigiéndole una última mirada a las gradas a su alrededor, para finalmente fijar su vista en el peliazul, quien también le dio una ojeada a los espectadores del coliseo antes de que su mirada se cruzara con la del castaño.
Sosteniéndole la mirada, Aioros negó suavemente con el rostro al mismo tiempo que se encogía de hombros con expresión contrariada. El pequeño contendiente, por su parte, se limitó a suspirar a la vez que esbozaba una ligera sonrisa, como para restarle importancia a un asunto.
Entonces, el Gran Patriarca se puso de pie y el silencio cubrió por completo el estadio. El sumo pontífice sólo dijo unas pocas palabras para pedirles a los jóvenes contrincantes que pelearan con honor y que dieran lo mejor de sí en aquel combate, a lo que ambos chicos asintieron seriamente y por fin, cada uno tomó su posición, el uno frente al otro, listos para comenzar.
La pelea dio inicio a una voz de Shion y, desde el primer momento, todos los espectadores pudieron notar por qué ambos adversarios creían tener derecho sobre la armadura en disputa, pues los dos se movían con una velocidad asombrosa, desplazándose por toda la arena con gran agilidad, y repartiéndose entre ellos golpes y patadas que con facilidad habrían destrozado los huesos de una persona normal.
Desde su lugar en las gradas, Ángelo observaba asombrado aquel espectáculo. Nunca en su vida había visto algo como eso. La velocidad y fuerza que aquellos jóvenes estaban demostrando era tal, que hasta le daba un efecto inverosímil a aquel combate.
La pelea parecía muy pareja, a pesar de la diferencia de edades, y el público ovacionaba a los contendientes más que entusiasmados, al menos así lo hacían gran parte de los espectadores, mientras que otros cuantos seguían el enfrentamiento con mirada analítica.
El pequeño siciliano se sorprendió al notar la seriedad que había adoptado el rostro de Aioros mientras veían el combate; incluso Shura parecía muy concentrado en seguir detalles que para él resultaban aún inapreciables. Con esa expresión en sus rostros, ambos chicos parecían mayores de lo que en verdad eran, y lo mismo aplicaba para los dos oponentes que luchaban en la arena central, sobre todo para el joven griego, que si bien era mucho menor que su rival, estaba mostrando con verdadera maestría el control de un guerrero experimentado. Quizás, por sus edades, ellos aún podían ser llamados "niños", pero resultaba más que obvio que, al menos ante un combate, podían demostrar la misma madurez que el más centrado adulto… y Ángelo no pudo evitar preguntarse si ese sería un efecto colateral del entrenamiento para convertirse en santo… y también si con él pasaría lo mismo.
Pero mientras aquellos pensamientos rondaban la mente del pequeño siciliano, en la arena del coliseo, el combate seguía su curso sin interrupciones. Ninguno de los oponentes daba tregua a su rival y ambos atacaban si descanso, logrando que el público hasta contuviera el aliento mientras los veía pelear de semejante manera.
-Saga es sorprendente- comentó de pronto Shura, siguiendo la lucha con mirada atenta.
-Lo es- coincidió Aioros también atento al combate, aunque de pronto frunció el ceño- Pero no se está concentrando lo suficiente en la pelea- comentó con voz preocupada, haciendo que los dos niños que lo acompañaban voltearan a verlo con expresión sorprendida- Si esto sigue así…-
Más no hubo necesidad de que el ojiverde dijera algo más, pues justo en ese momento, el egipcio, concentrando su cosmos en sus manos, lanzó un poderoso ataque al chico griego, quien apenas y pudo cubrirse con sus brazos para protegerse parcialmente del impacto, pero no pudo evitar que este lo mandara a volar un par de metros, arrancándole una exclamación de sorpresa a todos los espectadores.
Saga logró estabilizar su cuerpo a tiempo para caer de pie después de aquella agresión; sin embargo, Seth no perdió tiempo y de inmediato se fue sobre su rival, que apenas y tuvo tiempo de preparar su defensa para hacerle frente al nuevo embate del egipcio.
-¡Vamos, Saga! ¿Qué estás haciendo?- exclamó Aioros con voz ahogada y apretando los puños, viendo cómo el peliazul comenzaba a perder terreno ante su oponente.
Shura y Ángelo intercambiaron miradas entre ellos, contagiándose con la preocupación que el castaño experimentaba en aquellos momentos.
El pequeño español volvió a dirigirle una ansiosa mirada al resto de las gradas, sin que el siciliano comprendiera qué era lo que buscaba, pero justo en ese instante, el pequeño peliazul escuchó unos pasos que acercaban a toda velocidad por la entrada junto a la que ellos se encontraban y, entonces, por allí apareció un agitado chico que, curiosamente, era idéntico al joven griego que se batía en ese preciso momento en la arena del coliseo.
El recién llegado respiraba agitadamente, intentando reponerse de la carrera que acababa de realizar, pero su mirada estaba bien atenta en la arena, donde su perfecto doble retrocedía poco a poco, cubriéndose con los brazos, ante el ataque decidido del egipcio.
-¡¡¿Qué crees que estás haciendo, idiota?!!- le gritó a toda voz a la vez que se acercaba lo más que podía al barandal que separaba las gradas de la arena central, olvidándose completamente de su cansancio y logrando que muchas miradas se dirigieran hacia él- ¡¡Saga, si pierdes esa armadura te juro por todos los Dioses del Olimpo que te enviaré de una patada directo al Hades!!-
Ninguno de los 2 contendientes pareció inmutarse ni remotamente por la llegada de aquel chico, sin embargo, Saga dejó de retroceder ante las embestidas de su oponente, a la vez que un tenue resplandor comenzaba a cubrir su cuerpo.
Seth pareció sorprenderse ante aquel cambio en su rival, pero, en respuesta, él también hizo aumentar su cosmos para asestarle un nuevo y más poderoso golpe al peliazul. Más antes de que su puño golpeara al griego, este simplemente desapareció… o al menos eso pareció, y no pocos espectadores se quedaron casi con la boca abierta al ver cómo el joven egipcio salía volando hasta el otro lado de la arena, sin que hubieran podido ver ninguno de los movimientos del griego, debido a la velocidad con la que este se movió.
El egipcio cayó pesadamente debido al golpe que le habían dado, pero de inmediato volvió a ponerse en pie. Aunque el breve tiempo que le tomó hacer eso bastó para que su contendiente intercambiara una mirada con aquel chico que le había gritado desde las gradas, dirigiéndole una fugaz sonrisa que le robó un suspiro resignado al recién llegado.
-Serás imbécil, hermano- susurró el chico en las gradas, negando con el rostro y esbozando una ligera sonrisa, mientras que el combate continuaba.
-De verdad llegué a temer que no vendrías, Kanon- le dijo entonces Aioros, haciéndolo voltear hacia donde él y los pequeños estaban.
-¡Aioros!- exclamó el aludido con algo de sorpresa, pues en su apresurada llegada ni siquiera lo había visto, aunque entonces notó también a los otros niños- ¿Ahora eres niñero?- le preguntó en un tono burlón que provocó que Shura lo viera con malos ojos, aunque el castaño se limitó a sonreír ligeramente.
-Qué bueno que hayas llegado a tiempo- le dijo Aioros con una amable sonrisa.
-¡Feh! Al tarado de Saga sólo le gusta que lo vea lucirse- comentó en tono despectivo, pero de inmediato adoptó una expresión más seria- Idiota, ¿de verdad pensaba perder si yo no llegaba?- se preguntó más para sí mismo aunque en voz alta.
-Él confiaba en que llegarías- le aseguró Aioros viendo cómo, en la arena central, el peliazul había tomado ya el control de la pelea con una habilidad prodigiosa-Más que lucirse ante ti… creo que sólo quiere que entiendas que él está dispuesto a ganar la armadura de Géminis por ustedes dos… ya que tú renunciaste a luchar por ella-
-No tengo madera de santo- comentó Kanon sin inmutarse, siguiendo el combate con la mirada- Esa armadura significa mucho más para él que para mí… y yo no pienso quedarme a su sombra todo el tiempo- agregó con un susurro.
Si Ángelo hubiera sabido en ese momento el modo en el que ese chico influiría en su vida años más tarde, quizás le hubiera prestado mucha más atención, pero en esos momentos, estaba más interesado en el combate que tenía lugar ante sus ojos, y mismo que no tardó mucho en terminar con una sorprendente explosión que incluso hizo vibrar el coliseo entero… a pesar de que su creador no había puesto en ella toda la fuerza de su cosmos, una fuerza tan descomunal, que no tardaría en adquirir la fama de que era incluso capaz de destruir galaxias…
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-Me sorprende la claridad con la que recuerdas ese día- comentó Juno con voz suave, sentada en el pasto a la sombra de un árbol, abrazando sus piernas, aún entre las ruinas de lo que tiempo atrás hubiera sido una aldea, luego de que el santo dorado de Cáncer le hubiera platicado acerca del primer día que pasó en el Santuario de Atena.
-¿Crees que un día así puede olvidarse fácilmente?- le preguntó MM sin emoción, sentado a prudente distancia de la chica, con la espalda recargada en una roca- A pesar del tiempo, al pensar en ese día, aún recuerdo con claridad la emoción que experimenté al ver cómo Saga peleó por ganar su armadura. Lástima que al año siguiente nadie se atreviera a disputarse con Aioros por la de Sagitario, hubiera sido algo digno de verse- agregó esbozando una ligera sonrisa.
-¿Los admirabas?- le preguntó Juno fijando en él la mirada de sus ojos azul grisáceos.
-¿A Saga y Aioros?- exclamó MM como si la joven hubiera preguntado lo más obvio del mundo- Creo que no ha habido en el Santuario quien los haya conocido sin admirarlos- contestó con sinceridad, pero sin que su rostro delatara emoción alguna- Ambos habrían podido ganar sus armaduras desde antes, pero, por lo que sé, el maestro Shion no les permitió reclamarlas entonces-
-¿Por qué no?- cuestionó la chica con curiosidad.
-Ser un santo dorado es genial- comenzó a explicar el cangrejo dorado seriamente- Como estar en la cima de la pirámide alimenticia de un ecosistema salvaje y brutal. Pero al mismo tiempo… puede ser agotador. Grandes privilegios con grandes obligaciones y responsabilidades. Si por el Patriarca Shion hubiera sido, probablemente no hubiera entregado una armadura dorada a alguien menor de 15 años, pero las circunstancias no se lo permitieron-
Los dos jóvenes se quedaron en silencio por algunos minutos, cada uno sumido en sus propios pensamientos, Juno con la mirada en el suelo y MM con la vista en las ramas de los árboles que se mecían sobre su cabeza con el viento.
-Y…- el momentáneo silencio fue roto por la titubeante voz de Juno- ¿Cuándo… cuándo fue que Ángelo comenzó a desaparecer?- preguntó abrazando con más fuerza sus piernas.
-No podría decirlo con exactitud- contestó MM con un suspiro y con la mirada aún en las ramas de los árboles- Sé que yo comencé a forjarme como santo dorado desde ese primer día. Haber conocido a Saga, Aioros y Shura del modo en el que lo hice, tuvo mucho peso en otros momentos de mi vida… Fausto regresó 3 días después- continuó tras una breve auto interrupción- No volví al Santuario hasta algunos meses después y para entonces… yo ya había cambiado completamente-
-¿O sea que sólo te tomó unos meses convertirte en Máscara Mortal?- le preguntó Juno viéndolo atentamente.
-No me tomó ni un minuto adoptar ese nombre, Juno- fue la fría respuesta del cangrejo dorado, que continuaba con su mirada hacia arriba- Pero entonces era sólo eso: un nombre… un nombre que servía como una máscara que cubría mis temores-
-¿Tus temores?-inquirió la joven confundida.
-Siempre tuve una sensibilidad especial para ver y escuchar ciertas "cosas"- comentó MM sin emoción y Juno entendió a la perfección de lo que hablaba- Y esa sensibilidad se aumentó considerablemente desde el primer día que empecé a entrenar. Lo que antes percibía como siluetas y murmullos se volvieron tan nítidos, que a veces ni siquiera podía distinguirlos de los vivos. Era como para volverse loco- agregó esbozando una amarga sonrisa.
De nuevo, el silencio volvió a hacerse entre ellos, pero ahora Juno ya no tenía la mirada en el suelo, sino en el santo de Cáncer, que tenía la mirada perdida en las ramas de los árboles. Él sabía que no tenía que decir nada más para que ella comprendiera lo que esa situación había significado para él, y no estaba equivocado, la joven no tuvo problemas para imaginar lo amarga que debió resultarle aquella experiencia.
-¿Qué hiciste entonces?- interrogó la chica, viéndolo con una mezcla de pena y sincera preocupación.
Por respuesta, MM sonrió ligeramente con ese gesto despectivo que le salía con tanta naturalidad.
-Seguí el consejo del idiota de mi maestro y me entrené sin descanso para pasar de ser el mensajero a ser el rostro, o al menos, una máscara de la Muerte-
-… ¿Cómo dices?- exclamó Juno más que confundida ante semejante explicación.
-Resulta algo poético si lo piensas detenidamente- comentó MM sin inmutarse- Ángelo significa "Mensajero", y yo pase de eso… a convertirme en lo último que muchos vieron antes de irse al otro mundo-
-El rostro de la Muerte- repitió Juno comprendiendo al fin el significado de esa frase.
- Máscara Mortal, Rostro de la Muerte, Máscara de la Muerte, Death Mask, Maschera di Morte, como prefieras- dijo el santo del Cangrejo encogiéndose de hombros despreocupadamente, aunque su rostro pronto se mostró sombrío- Supongo que Ángelo ya estaba desapareciendo cuando decidí seguir el consejo del maestro Eridanus- comentó seriamente- Pero te aseguro, que eso sólo fue el principio…-
¡Uf! Pues por fin pude terminar el capítulo 4 n.n ¿Por qué será que las condenadas Musas me visitan cuando más apurada ando? Como sea, de verdad espero que este capítulo haya sido de su agrado y espero con ansias sus reviews para conocer su opinión. Me gustaría poder prometer que no demoraré tanto con la siguiente actualización, ¡¡pero se me vienen encima los exámenes finales y la presentación de mi tesis!! ToT Y aunque mis inoportunas rachas de inspiración probablemente andarán al máximo, no aseguro tener el tiempo para escribir, así que una disculpa anticipada si me vuelvo a retrasar con la historia n_nu
¡Ah! Una pequeña aclaración: Los santos Alcander de Leo y Fakhir de Escorpio que Aioros menciona son sólo productos de mi loca, desenfrenada y desbordante imaginación. Los últimos santos dorados de dichas casas sobre los que se tiene información oficial son los mencionados en Lost Canvas (Regulus y Cardia), pero bueno, en 200 años bien pudo haber otros santos dorados, ¿no? Digo, es que normalmente los humanos no vivimos tanto tiempo, a menos que se tenga la protección de una Diosa mitológica para custodiar un sello que encierra a otro Dios o algo así n_nu En fin, esas son sólo ideaciones mías, jeje.
Y bueno, como ya me estoy extendiendo demasiado, termino este capítulo esperando que este año que termina les haya dejado muchas experiencias que los ayuden a ser cada día mejores y deseándoles de todo corazón un año nuevo llevo de éxitos, amor y alegrías. ¡¡Muchas felicidades!! XD
