Hola muchachos, lo prometido es deuda, sé que me he tardado mucho, pero si siguen mis otras historias sabrán la razón; y para aquellos que apenas me conocen, soy estudiante de último años de universidad, lo cual significa que tengo que lidiar con proyectos, exámenes, investigaciones, ponencias y demás cosas a la par de los problemas clásicos que nos da la vida. Pero les prometo que hago mi mayor esfuerzo para traerles lo más puntualmente posible mis actualizaciones.

Ahora bien, este capítulo es más corto de mis estándares normales, pero algo que he aprendido con la práctica es mejor no atiborrar de detalles, no se impacienten, esto es solo la entrada, pronto les traeré el resto de este banquete literario, si quieren saborearlo pronto déjenme al menos dos comentarios. Si tienen también alguna petición o sugerencia soy feliz de escucharlos, o mejor dicho de leerlos. Bueno sin más dilación, el cuarto capítulo de este Spin off de "El Correcto"

Un perfume

Sentada frente al espejo de su habitación Rin se ponía las chapas, para luego fruncir el ceño, se había pasado con el colorete, tomo una toalla desmaquillante, se quitó la pintura del rostro y luego la arrojo al basurero, que estaba a reventar de más toallitas. Era la… había perdido la cuenta de que cuantas veces se había desmaquillado y vuelto a empezar; ese día era su primera junta inter-empresas desde que empezó a trabajar hace solo un mes, quería verse perfecta, profesional. Hecho un vistazo al traje color melocotón que tenía colgado en su puerta, Kagome lo había comprado especialmente para ella y era la oportunidad perfecta para estrenarlo.

Hecho un vistazo a sus maquillajes, quizá la paleta de colores era incorrecta, había agarrado sus paletas favoritas pero eran demasiado fuertes y brillantes. Los quito del tocador y saco otra paleta más sencilla, que le habían regalado en una promoción de su tienda favorita. Se colocó una sombra perlada en la base y luego jugo un poco con el color dorado y el naranja pastel, se puso un colorete color rosa pálido y su labial de color rosado carmín. Se apartó y miro el resultado, no estaba mal, de hecho era el que más le había gustado hasta ahora.

Un vistazo al reloj le dijo que ya no había tiempo de corregirlo. Se dio un último toque a su cabello, y luego tomo una botella de perfume de su tocador, pero la devolvió, no creía que el Hypnotic Poison1 que le regalo Jakotsu en su cumpleaños fuera apropiado para el trabajo. ¿Qué perfume sería apropiado? ¿El Channel número 5? No, demasiado clásico. ¿Quizá el sands de Shakira? Tampoco, le irritaba la piel. Finalmente tomo una botella de cristal, la sostuvo como si fuera un objeto valiosísimo, Eau de Rochas Fraîche, la apretó ligeramente.

Paseaban por Burlington Arcade, uno de los centros comerciales más bellos y antiguos de Londres, no podía evitar sonreír, casi parecía que estaban en una cita. Bueno, más bien era una especie de compensación; por haberse distraído viendo un poster en la biblioteca se había resbalado con una pluma y había terminado tirándole su desayuno encima a Sesshomaru. Por suerte el café no estaba caliente, pero al ver la enorme mancha que le quedo en su camisa blanca se sintió muy mal. Al final, aunque él insistió que no era un problema, ella logro convencerlo de comprarle otra.

Y ahí estaban, paseando por el centro comercial buscando una tienda de ropa para hombres, habían pasado por muchas, pero Sesshomaru era demasiado quisquilloso. Unas camisas eran demasiado brillantes, otras eran corrientes, y la última le provocaba picores. Pasaban por una sección de cosméticos cuando una vendedora le salto enfrente, bueno, más bien frente a Sesshomaru, comenzó a ofrecerle toda clase de lociones y productos para el cuidado de la piel, Rin casi se echó a reír.

Pero la verdad esa mujer le causaba pena ajena, está bien que Sesshomaru fuera guapo y sexy, además tenía una de las carteras más abultadas de la universidad, pero de lo que había aprendido con sus primos, era que una actitud así de desesperada los espantaba más de lo que ayudaba. Mientras ella lo entretenía, Rin se puso a ver algunos productos, no era fanática del maquillaje, pero pronto iniciarían sus clases de teatro y quizá lo necesitará. Estaba echando un ojo a unas sombras de ojos cuando un vendedor la intercepto.

- señorita ¿Qué hace viendo esa marca barata de maquillaje? – sonrió un joven de pelo castaño, Rin lo miro sonriendo.

- ¿no quiere probar nuestra nueva fragancia? Es ideal para jóvenes que empezar la universidad o entran a trabajar – Rin extendió su muñeca y el vendedor la roció de perfume, no era muy excesivo el aroma, pero si dulce y fresco, como a ella le gustaban.

Contenta pregunto el precio, pero su sonrisa cayo en cuestión de segundos, era equivalente a casi todo su presupuesto del mes. Declino la oferta de comprarlo, pero acepto cuando el vendedor le obsequio una botellita de muestra gratis. Estaba por alejarse cuando vio a Sesshomaru parado fuera de la tienda y con cara de malas pulgas; después de ver reojo la mirada de puñal de la vendedora no necesito usar su imaginación para saber lo que ocurrió.

Ni bien Sesshomaru la vio hecho a andar y ella tras él. Pasaron un par de tiendas más cuando de pronto él se detuvo de golpe, iba a preguntarle que ocurria cuando se dio la vuelta y le sujeto la muñeca. Se sonrojo, por extraño que parezca nunca la había tomado de la mano, no desde que se conocieron al menos. Sintió que el vapor salía de sus orejas cuando la llevo a su rostro y aspiro profundamente, la tenía sujeta tan cerca que prácticamente podía sentir el roce de sus labios en su piel.

- este no es tu perfume habitual – consiguió escucharlo murmurar, tuvo que agitar la cabeza para despejarse.

- no… es una muestra que me dio un vendedor en la tienda ¿me queda bien? – le pregunto, intentando apagar el rojo de sus mejillas, la miro a los ojos un segundo antes de gruñir levemente y volver a aspirar el aroma de su muñeca.

- muéstramelo – ordeno, Rin le pasó la botella diminuta.

- ¿Por qué no lo compraste? – le pregunto después de ver el frasco, era una buena marca y el producto parecía de calidad.

- es muy caro, tendría que quedarme un mes sin comer para comprarlo – se encogió de hombros Rin. Dos semanas después encontró una caja con el perfume dentro frente a su puerta.

Iba bajando por el ascensor, estaba furioso, se había desvelado una semana para preparar todo para la reunión con esa empresa, y ahora resulta que el inútil de su hermano no aparecía por ninguna parte. Bueno, el encargado de recursos humanos juraba y perjuraba que sello su llegada y no había salido, así que debía estar por alguna parte del edificio. Ahora la pregunta era ¿Por qué tenía que buscarlo precisamente él?

Bajo hasta el noveno piso y salió del ascensor; desde que Inuyasha se casó, su padre le ofreció devolverlo a su antiguo puesto, pero el muy bruto se había negado, decía que el trabajo de vicepresidente ocupaba demasiadas horas del día y no podría gozar un buen tiempo con su mujer y su cosa. Estaba recorriendo las oficinas cuando vio su puerta semi abierta ¿se habría retrasado por llamar a su mujer? No sería la primera vez, solo que ahora lo iba a matar.

- ¡Inuyasha! – lo llamo con un gruñido, nada. Entro en la oficina dando pisotones, nada tampoco, estaba por retirarse cuando un sonido seseante y grutal se escuchó cerca del escritorio. Camino hasta ahí, lo rodeo, bingo, justo ahí estaba su medio hermano, tumbado en el suelo como la fea durmiente y roncando con la boca abierta.

- ya levántate idiota – le gruño mientras lo empujaba con el pie, su medio hermano frunció el ceño y se cubrió los ojos con el brazo.

- ¡ash! cállate la boca – le gruño acomodándose para seguir durmiendo, sin siquiera mover las pestañas. Sesshomaru frunció el ceño, ¿no se quería despertar por la buena? Bien.

- ¡auxilio! ¡Se está hundiendo el barco! ¡Me ahogo! ¡Me…! – se levantó Inuyasha de un salto cuando un chorro de agua fría le cayó en la cara, más específicamente en su boca.

- ¡me lleva el diablo!, ¡¿se puede saber qué te pasa Sesshomaru?! – tosió molesto al percatarse de la presencia de su hermano mayor en la oficina.

- eso debería preguntarte yo, imbécil, ¿se puede saber qué haces tumbado a la bartola en horas de trabajo? – le pregunto dejando de lado la jarra de vidrio.

- Jade se enfermó un poco por culpa de la vacuna de la influenza, lloro toda la noche - gruño Inuyasha secándose la cara y algo de la camisa con un pañuelo.

- no es razón para que ronques en la oficina – bufo Sesshomaru despectivo.

- trata de calmar a una bebé con fiebre y tos constante, Kagome no pudo ni levantarse de la cama esta mañana – gruño, escurriéndose el cabello.

- lo que sea, ponte presentable, los ejecutivos no tardan en llegar – dicho eso salió de la oficina de su hermano.

Volvió al ascensor principal, cuando llego al piso de la sala de juntas algo le golpeo de lleno. Agito la cabeza y aspiro con fuerza, flotando por el pasillo había una estela de perfume, casi imperceptible pero persistente, como si el aroma se peleara porque él lo inhalara. Sus labios se tensaron y sus cejas se juntaron, no podía ser, pero tampoco podía equivocarse, no con eso, no con ese perfume.

Comenzó a marchar por el pasillo, siguiendo como un sabueso aquel aroma, estaba casi seguro de haber empujado y casi atropellado a más de un empelado a su paso, pero no le importo, solo quería llegar a la fuente de ese perfume. Abrió la puerta de la sala de juntas B estrellándola contra la pared, fue casi un milagro que el cristal no se quebrara en mil pedazos. Se le seco la boca y su garganta se cerró, ahí, parada entre los inversionistas estaba ella, con un traje de color melocotón, el cabello recogido y abrazando un portapapeles y un par de carpetas.

- ah, Sesshomaru justo a tiempo, dejame presentarte al señor Hamada el director de Hanami Hotels, el señor Sakuraba jefe de mercadotecnia y su asistente de recursos humanos la señorita… - intento sonreír su padre, aunque se notaba molesto, siempre los había regañado cuando estrellaban las puertas, incluso de niños.

- Rin Tsuki – interrumpió Sesshomaru, los presentes, incluido su padre se miraron extrañados, mientras que ella le dio una sonrisa tímida.

- ustedes… ¿se conocen? – pregunto el que, el joven supuso, era el jefe de Rin. Ambos se miraron un segundo en incomodo silencio.

Una hora más tarde

La junta avanzaba como la seda, bueno, Inuno no se concentraba del todo, tenía un ojo puesto en los ponentes, y otro vigilando a Sesshomaru. Había estado raro desde que entro a la oficina, distante, distraído, la última vez que lo vio así fue cuando tenía 9 años y no se decidía entre ir de campamento en la playa o en la montaña. Este último por su parte no escuchaba al ponente en absoluto, tenía todos sus sentidos alerta de aquella joven. Cada movimiento, cada gesto, cada rasgo eran escrudiñados por él como un profesor examinado una tesis de titulación, no podía creerlo, después de 6 años luchando por olvidarla inútilmente ahora aparecía frente a él, como en bandeja de plata.

Frunció el ceño fuertemente, verla ahí, sentada solo a unas sillas de él, con el cabello recogido, maquillaje natural y ese traje de oficina, no se parecía a la chica que era en la universidad. Aquella chiquilla ruidosa e infantil, pero ahora parecía tan seria y profesional, miraba al frente y tomaba notas… ¡ni siquiera se había dignado a verlo desde que la junta comenzó! Cuando fue su turno de levantarse para hablar apretó los dientes. Aquel traje marcaba su figura de una manera tan elegante… parecía una dama de la familia real.

Aunque no era la ponente principal, cuando le tocaba decir algo era clara y concisa. Su voz tenía la tonalidad adecuada, mantenía el ritmo al hablar y sus explicaciones eran perfectas, al igual que su sincronía con el material audiovisual presentado. Para cuando se dio cuenta la junta había terminado, ¡y esa niña ni siquiera le prestó el mínimo de atención!, pero todas sus notas estaban hechas un chicharrón y para colmo su pluma fuete le había dejado la mano azul.

Rin se sentía al punto del desmayo, no sabía cómo lo había conseguido, pero había gastado toda su energía en comportarse de manera adecuada, y considerando lo activa y problemática que era, aquello era toda una odisea. Pero lo peor de todo había sido Sesshomaru ¡no había cambiado nada! Bueno casi, podía jurar que estaba más guapo que la última vez que lo vio, su cabello plateado se veía tan sedoso, sus rasgos como esculpidos en mármol por un artista, sus manos elegantes... Tuvo que mantener sus ojos alejados de él y escuchar la junta como si fuera el discurso de un Dios para no babear sobre sus papeles; es más, sino les hubiesen interrumpido cuando llego ella se habría echado a sus brazos.

Se sonrojo e intento pensar en su padre y en el regaño que le daría si se enterara de sus pensamientos. Le entraron escalofríos pero no fue suficiente, aun le ardían las mejillas, mejor pensaba en su madre, sus reglas de etiqueta, su complejo método para caminar con tacones sin encorvarse ni arecer una furcia. Eso funciono, su madre podía extinguir incluso los fuegos del infierno con sus reglas absurdas. Cuando se calmó se giró para buscar a Sesshomaru, no había tenido oportunidad de saludarlo en condiciones antes, pero no lo veía por ningún lado.

- ¡Tsuki! – escucho que le gritaba su jefe.

- ¿si señor? – pregunto volviendo a la realidad de golpe.

- Ven aquí un momento, quiero que aclares un par de dudas a estos caballeros – sin muchas opciones obedeció a su jefe.

El agua fría contra su rostro fue un alivio momentáneo a su pesar, ¿Qué le estaba ocurriendo? Salió a todo correr de la sala de juntas ni bien el último orador termino de hablar, cosa que jamás había hecho, ni siquiera en su primer día. Alzo su mirada al espejo y frunció el ceño, con esas pintas, la cara mojada, la corbata desabrochada y la camisa hecha un chicharrón… ¡parecía un condenado adolecente después de una juerga! Se pasaron las manos por el cabello con fuerza en un intento de calmarse, pero solo se desalineo más.

Enfadado abrió nuevamente la llave del lavabo y se froto las manos con fuerza para quitarse las manchas de tinta de la piel, pero fue inútil borrar el rastro azul que quedo en el puño de su, hasta entonces, inmaculada camisa. Se arregló lo mejor que pudo para volver a la junta cuanto antes, no iba a arriesgar su reputación por un percance hormonal. Por suerte siempre traída un peine en la chaqueta para casos de emergencia, lo único que lamentaba era no tener una camisa de repuesto, la suya no era más que un desastre.

- eres un desastre Inuyasha ¿Cómo te empapaste así la camisa y el saco? – escucho la voz de la mujer de su hermano no muy lejos.

- ¡ya te dije que no fui yo! Fue el idiota de Sesshomaru el que me vacío la jarra de agua encima – gruño Inuyasha mientras su mujer le apretaba el nudo de la corbata.

- si claro, desde que se inventaron las excusas se acabaron los pretextos. Date de santos que se me ocurrió pasar por la tintorería de regreso del pediatra – gruño Kagome haciendo una bola las prendas mojadas antes de meterlas en una bolsa de plástico. Sesshomaru sonrió de medio lado, ver a su patético hermano siendo reducido por su mujer era algo que realmente lo ponía de buen humor.

- ¡cuñado! – la voz estruendosa de esa mujer reboto por los pasillos haciendo respingar a ambos hermanos.

- ¡pásate a cenar con nosotros el sábado! ¡Preparare el pastel que tanto les gusta! – le grito sonriente, varios empleados que estaban alrededor se quedaron paralizados con la boca abierta, Sesshomaru era temido entre el personal, y eso era decirlo de forma amable, y que esa mujer le hablara con tanta familiaridad era aterrador. Sesshomaru cuadro más los hombros y se marchó dando de pisotones, como odiaba ese día.

- te pásate de la raya – le gruño Inuyasha a su mujer luego de llevarla a su oficina.

- ¿Por qué? Es tu hermano, por ende mi cuñado y tío de hija – lo señalo acusadoramente sin dejar de sonreír, Inuyasha se rasco la cabeza.

- estás loca ¿lo sabias? – le pregunto tomándola entre sus brazos.

- y a mucha honra, resígnate - Kagome se encogió de hombros con una sonrisa, ella sabía perfectamente que a Inuyasha y a Sesshomaru los chinchaba la palabra "cuñado", era literalmente restregarles en las narices que tenían lazos consanguíneos innegables, además de que físicamente eran idénticos, por eso los molestaba con eso. Era divertido.

- ¡oh! Eso ya lo hizo hace mucho, y créeme que no te querría de ninguna otra manera – sonrió antes de besarla, la verdad era que él también estaba medio loco.

Sesshomaru entro a la sala de juntas justo en el segundo en que Rin era rodeada por hombres, la mayoría de ellos asisten de inversionistas, sin saber porque aquella escena le revolvió las entrañas y le hirvió la sangre a punto de ebullición. Un segundo después ella posos sus ojitos color avellana sobre él, no alcanzaba a ver su boca por encima de los hombros de los demás pero podía jurar que le sonreía, aquello lo mitigo un poco.

- Sesshomaru volviste, ven, queremos tu ojo experto sobre una propuesta – le indico su padre, ni bien se acercó el aroma de Rin le lleno los pulmones, tanto que bien podría asfixiarlo pero no le importo.

Se inclinó un poco en la mesa para ver los planes, se trataba de un proyecto colaborativo entre las dos empresas para restaurar un viejo hotel en una zona tradicional de la ciudad. Al momento de recargarse en la mesa su mano rozo con la de Rin, estaban codo con codo, el calor de su piel y su perfume lo hipnotizado nuevamente, solo que esta vez fue consiente también de su altura, traía tacones, por lo que su cabeza le llegaba casi a la altura del hombro, quizá un centímetro encima. Tampoco le fue indiferente la forma de sus labios, eran el punto exacto del tamaño, ni largos, ni angostos, ni muy gruesos ni muy finos, eran perfectos.

- ¿entonces qué opinas? – la voz de su padre lo saco de su ensoñación.

- ¿perdón? – pregunto sintiéndose torpe, además de que su vista había descendido un par de centímetros más debajo de la clavícula de Rin.

- el proyecto Sesshomaru, ¿estás de acuerdo con lo que expone? – no había leído ni un miserable punto de ese texto, por primera vez en 29 años, estaba en blanco para responder la pregunta de su padre.

- hay algunas cosas que pulir a largo plazo, pero está bien para comenzar a trabajar – respondió intentando sonar lo más seguro posible; Inuno lo observo seriamente por tres segundo que se le antojaron una hora entera, pero finalmente sonrió e hizo sonar sus palmas.

- ¡excelente! Señor Hamada, creo que entonces podremos empezar – el hombre de cabello sal y pimienta sonrió mostrando un canino de oro.

- y cuanto antes mejor, pero comprenderá que al ser una inversión de ese calibre se requerirá… de un equipo especializado – la sonrisa del general fue brillante.

- mi hijo en persona supervisara el proyecto de principio a fin ¿verdad Sesshomaru? – el recién nombrado asintió, sabiendo que le acababan de caer varias horas sin dormir por culpa de esa distracción innecesaria.

Entre su padre y el director de los hoteles Hanami comenzó un estira y afloja sobre a quién poner y quien excluir del equipo de trabajo para el nuevo hotel. Esta vez Sesshomaru escucho todo con detalle, no podía seguir desviando su atención del trabajo, tenía una reputación por una razón y no pensaba desperdiciar todo el tiempo y estudio invertido en ello por un par de pestañas risadas. Cerca de media ho0ra después el equipo parecía consolidado y Sesshomaru se mostraba satisfecho, conocía a casi todos los involucrados, ya sea por colaboración previa o reputación y ciertamente sería una coalición eficiente.

- si se me permite… - interrumpió el señor Sakuraba, no había abierto la boca en casi toda la reunión, por lo que muchos casi habían olvidado que estaba presente.

- quisiera sugerir un miembro más en el equipo de trabajo – dicho y hecho avanzo hasta Rin y le dio un suave empujón en la espalda.

- ¿quiere incluir en este importante proyecto a la asistente de recursos humanos? – expreso el señor Hamada algo… consternado.

- ¿porque no? – pregunto casi burlón, Rin trago saliva y se abrazó a la carpeta blanca que tenía en sus manos.

- jefe Sakuraba yo realmente…. – intento intervenir, pero su fina voz quedo ahogada en el grito del señor Hamada.

- ¡es una novata! ¡No lleva ni tres meses trabajando para nosotros! Ya accedí a que viniera a esta reunión pero no pienso consentir que una niña… - la ola de reproches cesó con un gesto del señor Sakuraba.

- sé muy bien todo eso, pero esta "niña" como usted la llama, es un recurso valiosísimo, es dinámica, es energética y aprende muy rápido; si se le da la oportunidad será uno de los pináculos de su nuevo hotel. Pongo mi propia reputación al fuego en esto – el director miro a Inuno buscando apoyo, pero era una causa perdida.

- personalmente no veo ningún problema, por supuesto no la pondríamos a cargo de cosas vitales de inmediato, comenzara de ayudante general e ira escalando - el patriarca Taisho era famoso por su severidad, pero más por apoyar a talentos jóvenes.

- para su tranquilidad señor director ¿Por qué no la pone bajo la supervisión personal del joven Sesshomaru? Es un hombre abiertamente experimentado y la señorita Tsuki es muy ágil mentalmente, vera que los resultados le quitaran las palabras de la boca – termino de sellar el ataúd el señor Sakuraba.

- bien, pero solo bajo esas condiciones; y espero que lo recuerde antes de venir a rogar cuando lo mande a la fila del desempleo - dicho y hecho, Rin Tsuki y Sesshomaru Taisho acababan de ser engarzados el mismo proyecto, trabajarían hombro con hombro, y no en sentido figurado.

Continuara…

1 Perfume de Christian Dior. Sus notas de salida de chabacano, ciruela y coco, se funden magistralmente con un corazón de nardos, jazmín, lirio de los valles, palo de rosa de Brasil y alcaravea. Así mismo, se da paso a un rico fondo de sándalo, almendra, vainilla y almizcle. Con una estela que va de moderada a pesada y una longevidad muy alta, esta fragancia es un imprescindible para la noche y los fríos días de otoño e invierno.