04. PRIMERA MISIÓN OFICIAL

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Llegó con desgano al aula, a grandes pasos alcanzó su asiento y se desplomó en la mesa enterrando su rostro entre las manos después de dejar a un lado la mochila. Estaba adormilada y hastiada de todo lo mal que le iba.

Aquella mañana tuvo que madrugar para usar una de ésas lavadoras automáticas del sótano en los dormitorios; ya que justo como calculó, el dinero le quedaba corto si seguía saltándose labores. El siguiente sueldo no se lo darían hasta dentro de una semana más.

Por eso, tuvo que echar la dignidad por los suelos e intentar pedir a una de ésas chicas presumidas que al menos le enseñaran a apretar los botones. La buena suerte es que se encontró con alguien genial que le salvó de las risas mal disimuladas. No sólo le ofreció la ayuda sino que también la acompañó en la faena.

Era extraña, de cabello negro y curiosos lentes que cubrían gran parte de su frente; intentando que el momento fuera lo menos incómodo posible, se enteró que la chica de nombre Harvey era también una de sus compañeras de aula a la que nunca le tomó atención por su escasa participación. Era un arma al igual que ella, una lanza con forma de punta de rayo exactamente e incluso ya tenía una compañera desde el primer día de clases. Al final sólo le agradeció la ayuda y apenas y prometieron entrenar algún día juntas ya con sus camaradas. No quería promesas de amistad que la ataran.

No aún.

Y ahí estaba, con la cabeza pegada a la mesa deseando que el final de ése viernes llegara de una vez para echarse a dormir de inmediato. Al menos, fuera del ligero cansancio de brazos por andar bajando y subiendo los cestos de ropa; el resto de molestias en su cuerpo desaparecieron casi por completo, la escalinata de Shibusen ya no le suponía grandes esfuerzos. Con el pesar de su orgullo, tenía que admitir que la compulsiva-obsesiva de Death The Girl tuvo razón y el estúpido entrenamiento, si es que podía llamarlo así, surtió efecto.

Aunque después de aquél lunes, no la volvió a ver ni por los pasillos. Y ni hablar de ir a la biblioteca, le agarró cierta alergia a pasarse por ahí después del trauma. No así, sentía que necesitaba verla de nuevo, y no por gusto, sino más bien por la maldita y traicionera curiosidad de saber qué clase de relación tenía con Mike.

En su mente se repetía la excusa de que sólo buscaba una forma de conectarse un poco más con el joven, ya que preguntarle a Red era un suicidio social con sus estúpidas malinterpretaciones. Esperaba que a la cabeza hueca se le pasaran pronto las ideas si tomaba en cuenta que la siguiente semana iniciarían los entrenamientos oficiales rumbo a las clasificatorias de EAT.

Lo cual llevaba al siguiente problema, su supuesto compañero llevaba ya tres semanas desde el incidente sin aparecer en clases. A casi de un mes de instalarse en Death City, sentía que estaba familiarizándose al fin con las actividades y labores diarias, salvo por el gusto de las aburridas clases teóricas.

Pese a los esfuerzos de los profesores; ella quien tomaba lecciones particulares y sólo de vez en cuando iba a clases para sobornar a los maestros con notas medias que sus padres nunca se tomaron la molestia de investigar, no lograba encajar en éste nuevo sistema donde ni siquiera contaba con el dinero suficiente. Estas personas, todos en Shibusen se tomaban muy en serio el papel de héroes del mundo y, tampoco es que quisiera quejarse. De primera mano conoció el terror que ésas bestias monstruosas provocaban, un sentimiento que incluso ahora de recordarlo le provocaba angustia. Si no fuera por Girl, justo ahora no estaría con las marcas de la madera en su cara.

Aun así, consiguió meterse algunas cosas básicas como la forma en que Shibusen trabaja a través de misiones que podían ir de cosas simples como búsqueda de personas desaparecidas hasta las de batalla. Hizo notas mentales de algunas características de los diferentes seres que transitan por el mundo: brujas, demonios, criaturas místicas, técnicos, armas y un gran etc.

Su interés por supuesto estaba en los últimos; siendo las armas, poseedoras del extraño gen producto de experimentos entre armas normales y la habilidad de transformación de las brujas, que les permitía convertirse a voluntad; y si se agregaban ciertas técnicas especiales apoyados en las ondas de almas que algunos técnicos podían manipular, su nivel de combate aumentaba.

Aparte, si un arma lograba consumir 99 almas de demonio más la de una bruja, obtenía el título de Death Scythe. El arma de armas digno del Dios de la Muerte, Shinigami-sama.

En total sólo existían 9 y una de ellas era nada más y nada menos que Heart Albarn. Cuando oyó el apellido no pudo evitar pegar un chillido de sorpresa que a todos en el salón le sacó risas y al maestro Sid un ceño fruncido. No pudo evitarlo, era demasiada la conmoción de descubrir que aquella histérica mujer de cabellos rojos no sólo era la madre de Mike sino también una Death Scythe.

Un inexplicable sentimiento de amargura se apoderó de ella desde entonces, porque aun con la reticencia de Sid y Red de hablarle del asunto, el tiempo avanzó tan rápido sin que Mike se presentara que fue inevitable no enterarse de la forma más estúpida. Tarde o temprano, ésa clase llegaría y Mike no pareció tener el interés suficiente para hablar con ella antes, cuando claramente se veía que era un tema delicado para él. Le dolía el abismo de confianza entre los dos.

O ¿Tal vez era ella quien le daba demasiado peso al asunto? De todas formas, sentía que había más.

—¿No debería sentirse orgulloso de que su madre sea tan importante? —preguntó al aire sin despegar la cabeza, sus cabellos blancos caían a su lado en un revoltijo de hebras. Instintivamente su mano se movió para sacar el pesado libro de la mochila. Lo puso a su lado y sólo así, giró un poco para mirarlo. El título le provocó ansiedad. Lo cargó todos los días a todas horas porque siendo él tan misterioso, no tenía idea de cuando aparecería por algún pasillo— ¿Y si no regresa? ¿Y si se arrepintió? Tal vez su madre lo convenció de que no debería ser su compañera… o su padre Y ¿Por qué diablos no habla conmigo? ¿No me veo como alguien en quien confiar? Tal vez… debería regresarlo.

Suspiró y antes de cerrar los ojos de nuevo, el libro desapareció de sus manos.

—Hey, éste es el que necesito; con razón no lo encontré en la biblioteca. Por un momento pensé que ya no llegaría.

El corazón de Life dio un vuelco. Alzó el rostro y al voltear por el lado contrario, se encontró con Mike sentado a su lado hojeando el libro.

—¡¿EH?!

—Shh, no alces la voz que molestarás a los demás —Con el dedo en los labios, Mike la reprendió. Su ceño fruncido, sus ojos jade brillantes, los rasgos suaves de su rostro rebosante de color. No era una ilusión. Mike estaba ahí mirándola.

No cabía de la fascinación.

—¿Cuándo es que entraste? —Le preguntó.

—Mientras dormías, lo cual fue desde hace unos diez minutos.

Sus nervios se crisparon de inmediato. Sintió el color subir a su rostro.

—¿Eso… quiere decir…? ¡¿C-cuánto oíste?!

Mike se encogió de hombros de nuevo con el gesto de silencio.

—¡Te digo que bajes la voz! No escuché nada, pensé que sólo balbuceabas entre sueños. Estuve leyendo todo este rato.

Soltó el aire retenido. Se pasó la mano por el cabello aliviada, habría sido tan vergonzoso que él se diera cuenta de la desdicha con que hablaba… ¿Desdicha? ¿Por qué ella iba a sentir eso?

Sus pensamientos se detuvieron cuando reparó en algo.

—Espera… ¿Dónde está Red?

—Allá —El chico señaló al otro lado del pasillo, sólo Tsubaru estaba ahí saludándolos con una sonrisa amable en el rostro.

Alzó la mano para saludarlo también.

—Red no está ahí.

—Es porque quiere ser el centro de atención, llegará tarde ya verás.

—Oh ya —Lo creía, no era la primera vez que sucedía.

Echando un vistazo alrededor, no tenía idea de cuánto su letargo mental duró para que el resto de la clase llegara.

Se hundió de nuevo en el asiento.

—Y tú ¿Estás bien?

—¿Por qué no lo estaría? —Mike no la miró en ningún momento, su atención estaba totalmente en el libro que le quitó antes.

—La última vez que te vi andabas con muletas en intento de momia barata —gruñó Life por la nula atención, sólo intentaba ser amable— ¿Al final si hay elevadores aquí?

Satisfecha vio como el libro era apretado de más.

—No los hay —replicó sin mirarla— Y escucha, sé que no tengo la mejor apariencia pero soy lo suficiente fuerte como para recuperarme de cualquier herida. Eso no fue nada, y menos con la medicina de Shibusen. No nos subestimes.

Su petulancia era graciosa. Tanto que no pudo evitar la risa que hizo que más de uno volteara. Aunque no era sólo burla, en parte era alegría de que con todo lo pasado, al chico no se le acabara el humor y que al fin estuviera ahí, junto a ella de vuelta. Por supuesto, eso es algo que él no podía saber, de lo mucho que verlo le quitaba enormes pesos del interior.

—¡Eres tan molesta! ¡No me dejas leer en paz! —gimió frustrado el muchacho.

—Es que eres taaaan adorable con toda ésa arrogancia que nada pega a cómo te ves ¿De dónde sacas tanta autoestima? —continuó picándole el orgullo.

—Del mismo lugar de dónde sacas tu feminidad —respondió dejando el libro sobre la mesa—, pegarte tanto con Red te está quitando lo princesa y ahora tienes pinta de bestia ¿Dónde quedó la ropa de marca y el perfume caro?

Eso sí que le hizo hervir la sangre. Si había otra palabra aparte de princesa que odiara más, esa sería bestia.

—Tal vez tengas razón —masculló entre dientes alzándose orgullosa en su asiento—, pero no importa porque lo que me falta de femenina a ti te sobra.

—También te falta cerebro.

—¿Cómo lo sabes si ni has venido a clases? No pienso pasarte ni un apunte.

—¿Traes libros al menos? No los necesito, que he estudiado en casa, incluso estoy más adelantado que tú.

—Serás… ¡Claro que los traigo! ¡También vengo a estudiar!

—Ya lo veremos en el examen del lunes.

—¡¿Hay examen?! Espera ¡¿Cuándo dijeron eso?!

—Oh vaya ¿No que muy estudiosa? Y serán preguntas abiertas por cierto.

—¿¡QUÉ!?

La discusión murió cuando la puerta del aula se abrió y la profesora Nygus entró al aula. Chillidos de mesas, cuchicheos y giros de cabeza dieron cuenta del espectáculo que estaban montando. La vergüenza los llenó a ambos.

—¿Ves lo que provocas? —Le susurró Mike sacando sus cuadernos.

—Tú empezaste.

—Y tú seguiste.

—No voy a dejar que me insultes.

—¿Y yo sí?

—¿No eso hacen los caballeros? Darle la razón a las damas.

—Oh ¿Eres una?

—¡Hey…!

Ya no pudo continuar debido al sonido de los libros cayendo ruidosamente sobre el escritorio en lo que marcaba el inicio de la clase. Mike enseguida fue absorbido por el ruido de cuadernos y plumas saliendo. Suspiró, mejor hacer lo mismo, le esperaba un fin de semana como para tener algún castigo.

—Buen día chicos —saludó la profesora Nygus alzando la manos—, me alegra ver que ya todos estén aquí… —La mujer recorrió de extremo a extremo el aula deteniéndose por segundos en Mike a quién sonrió, un gesto que para Life no pasó desapercibido. Pasando de largo, su mirada decayó en una negativa cuando vio el asiento vacío de Red— o al menos, la mayoría.

Life casi pudo sentir el aura de depresión que rodeaba al pobre de Tsubaru. Menos mal que la chica sabía luchar a lo bestia, al menos en ésa parte estaban adelantados.

—Como saben, el lunes comenzaremos con los entrenamientos arma-técnico para prepararlos para las clasificatorias a la clase . —continuó la profesora; de uno de los cajones sacó una pequeña caja que contenía una decena de sobres—, Dado que el nivel actual de todos es mayor al registrado en años anteriores, ya que las armas pueden convertirse al menos en un 90% y con los equipos formados casi en su totalidad, creemos que la mejor forma es afianzar el lazo de sincronización para evitar rechazos.

Life de inmediato se interesó por completo en las palabras de la profesora. En su mente seguía presente la imagen de las manos humeantes de Mike. Sus ojos carmín se desviaron a ellas pero no pudo ver su estado actual debido a la pluma y libro que sostenía.

—Por eso, en éste fin de semana tendremos una pequeña misión que deberán llevar a cabo con su compañero, en caso de no tenerlo, deberán reunirse con el resto que no tenga para realizar la actividad —Los murmullos de agitación y éxtasis no se hicieron esperar—. Necesito que el técnico a cargo se acerque y tome un papel, una vez los tengan todos les explicaré lo que harán.

En orden, cada chico incluido Mike se acercó a la profesora para tomar uno de ésos sobres. Cuando estuvo de vuelta, Life le pidió que le permitiera ver esperando saber de qué se trataba aquello, sin embargo, lo único que tenía el sobre era una nota con lo que parecía una dirección y un par de boletos para un juego de béisbol.

Justo antes de que el último pasara, la puerta del salón se abrió de una patada que casi la manda al suelo por completo provocando uno que otro brinco en algunos chicos. Triunfante, Red saltó hacia dentro con el pecho inflado, riendo y gritando a todo pulmón.

—¡He llegado al fin, simples mortales! ¡No tienen que seguirse privando de mi increíble presencia! ¡Sé la falta que les ha…!

—¡RED STAR VEN POR UN SOBRE Y VE TU ASIENTO DE UNA VEZ SINO QUIERES ACABAR EN LA OFICINA DEL DIRECTOR!

—¡A-a s-sus órdenes profesora!

Más rápido que parpadear, Red estaba en su asiento con sobre en mano recibiendo reprimendas susurrantes cortesía de Tsubaru. Más de uno rió con la escena incluyendo a Life. Mike en cambio, sólo se limitó a suspirar.

—Ahora que SI estamos todos, les explicaré de qué trata esto.

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Los gritos apenas le dejaban oír, era molesto y quería irse de una vez por todas de ahí. La noche usualmente fresca era calurosa, peor cuando el tipo a su lado saltaba de su asiento pegándose a ella. Era asqueroso. La mezcla de olores de dulces y cosas fritas no ayudaba en nada, sentía que sus sentidos se embotaban en el ruidoso lugar.

Contrario a ella y su incomodidad, Mike que estaba a su otro lado estaba en calma, sin nada que le perturbara. De vez en cuando le veía hacer muecas de disgusto pero en lo general, no daba tantas quejas como ella. Él si estaba concentrado en la encomienda.

Resultó que la pequeña misión se trataba de recolectar información sobre otras misiones mucho más riesgosas. Datos sobre grupos de mafia, escondites, conglomerados de demonios y hasta informes sobre brujas. La red de información de Shibusen era tan amplia y peligrosa que algunos informantes pertenecían a ésas mismas organizaciones; para evitar ser descubiertos elegían lugares al azar y a una hora exacta se hacía el intercambio con agentes de la Academia. Al parecer, al director y profesores les pareció buena idea que el grupo de novatos fueran esos agentes, pese al riesgo de ser descubiertos y morir… claro, porque cutres exposiciones en láminas no eran de interés para Shibusen.

Y ahí estaban, en el juego de béisbol de un equipo que no le podía interesar menos, esperando a que la hora sea la indicada para la aparición del sujeto que les daría lo que necesitaban y luego se largarían de ahí.

Su sábado sí que era entretenido.

—¡Life avísame si ves a alguien con la descripción!

Tan fácil que hubiera sido sentarse al lado del tipo encubierto, pero no, necesitaban ubicarlo entre miles de personas y sólo tenían quince minutos después de verlo para ir por él antes de que desapareciera. Debían trabajar en equipo para completar la tarea con éxito, de eso se trataba buscar la sincronización.

Echó un vistazo al reloj de mano que les dieron.

—¡No logro ver nada con tanto empujón! —gruñó revisando el reloj que consiguió en la tienda de regalos— ¡Y sólo quedan cinco minutos para que el descanso! ¿Cómo vamos a encontrarlo con tanto idiota reventando los oídos?

No era su culpa estar tan enojada, es que sus lugares estaban justo en medio de un montón de tipos gigantes que a la menor provocación echaban gritos y derramaban soda. Cuánto quería probar su cuchilla en ellos, pero no podían revelarse antes de tiempo, era durante uno de los descansos en que debía moverse.

—¡Por eso hay que concentrarse! ¡No será ni la primera ni la única distracción que tendremos!

Bufó, cuánto odiaba la situación. Aunque al menos era mejor que intentar no ser comida por una bestia topo apestosa.

Siguió pendiente del reloj mientras Mike buscaba en los alrededores.

Esperó, hizo acopio de todo su temple para no maldecir después de ser empujada dos veces y casi perder el ojo con un codazo de algún imbécil que intentó capturar una pelota voladora.

Cuando volvió a prestar atención al reloj, ya éste marcaba daba por terminado los cinco minutos faltantes con el sonido del pitido en la cancha de juego. Tiró de la manga a Mike.

—¡Es hora! —dijo, el chico asintió y sin perder tiempo, ambos se pusieron a la tarea de buscar en los asientos laterales esperando encontrar una corbata blanca como decía el indicio.

Tres minutos pasaron y la frustración de no ver a nadie comenzó a ofuscarla. Mientras revisaba por su lado, se topó con una extraña escena que no sabía ni por qué estaba viendo. Un par de chicos de la nada estaban ¡Besándose! No sería raro y lo pasaría por alto sino fuera por las risas de las personas que les rodeaban. Pasó de largo y la escena se repitió ésta vez con un par de ancianos, volvió a girar la cara por otro lado maldiciendo su poca concentración para toparse con lo mismo con un par de adultos, entonces sólo porque un chico que estaba al lado de ellos señaló al frente es que se dio cuenta de lo que ocurría.

En las pantallas se transmitían los besos encerrando las caras en un corazón bajo una etiqueta de kiss cam. La gente respondía eufórica con chiflidos y aplausos.

No tenía sentido ¿Acaso ésas personas se besaban sólo porque una estúpida cámara los apuntaba? ¡Eso era absurdo! Ésta era una razón de más para pasar de cosas multitudinarias. En una esquina de la pantalla notó la hora ¡Sólo quedaban 10 minutos más! El sudor ya empezaba a bajar por su rostro. Mike a su lado no estaba en la mejor condición también, pese al ruido podía oír sus dientes castañeantes.

Tragó duro, no podía fallar en su primera misión como equipo oficial, no después de haber pasado tres semanas agonizantes sin saber del chico y ahora que estaba a su lado sano… no, definitivamente no debían fallar.

—Podemos hacerlo, sé que podemos —Le escuchó susurrar intranquilo.

Estuvo a punto de intentar alguna frase cursi de motivación cuando los chiflidos estallaron a su lado provocándole un respingo, los tipos la veían… no, no eran sólo ellos ¡Todas las miradas estaban en ella! Por un momento creyó que los descubrieron y los matarían pero algo en ésas sonrisas y ojos soñadores le hicieron voltear de regreso a la pantalla.

Oh no… debía ser una completa y maldita burla.

¡LA CÁMARA LOS APUNTABA A ELLOS!

¡AL DIABLO! ¡Ni loca, muerta o resucitada! ¡Que se jodan con su morbo!

—¡Lo tengo! —Ésta vez sí brincó en su asiento del susto, Mike señaló unas filas a metros de ellos donde un tipo vestido de jugador tenía una corbata y un maletín con la probable información— ¡Vamos por él!

Alivio inmediato.

—¡Vamos! —asintió.

Sin embargo, cuando quisieron pasar, nadie se los permitió.

—¿¡Qué!? ¡Por favor necesitamos pasar! —pidió en vano Mike, nadie se movió y en cambio seguían mirándolos sonrientes. De reojo, Life comprobó que seguían en con la estúpida Kiss cam sobre ellos— ¡Es un asunto urgente!

—¡Que no se escapen!

—¡Todos lo hacen, ellos también deben hacerlo!

—¡No se van hasta que se besen!

Ciento de gritos y reclamos les recibieron. Su cuerpo tembló ¿Qué clase de gente era ésa?

—¡¿De qué están hablando?! —Mike se veía confundido, no se había dado cuenta de nada y ahora con ésa barrera, estaba perdido.

El tipo de corbata se levantó, dándoles la espalda. Los minutos corrían, el tiempo se acababa.

—Sólo tienes que besar a la chica, campeón —Le respondió alguien.

—¡¿Qué yo qué?!

—¡Que la bese, que la bese!

—¡Eso es una tontería! ¡No va a pasar nada de eso! —alzó la voz alterada, las cosas se estaban poniendo pesadas ¿Por qué la cámara no pasaba de ellos?

¡Eran prácticamente unos niños para eso! (bueno, no tanto) Y… era Mike ¡MIKE POR FAVOR! Esto sobrepasaba cualquier intento de entendimiento, apenas conocía al chico, apenas lograba comunicarse con él, y un montón de pervertidos ¿Querían que se besaran? ¡Todos estaban tan perturbados!

—¡No se van hasta que lo hagan!

—¡Nadie puede escapar!

—¡NO! ¡ME NIEGO! ¡TODOS USTEDES SON UNOS RETRASADOS! —Gritó encolerizada, con fuerza se lanzó contra la línea de cuerpos intentando pasar de ésos tipos. Pero no funcionaba, nadie se movía— ¡Esto es un asunto oficial! ¿¡Por qué no entienden!?

Se acabó, su paciencia tenía un límite. El cosquilleo se hizo presente en su brazo, la poco a poco sensación de costumbre. Su piel comenzó a brillar y… se apagó en cuanto la mano de Mike tomó con fuerza su brazo.

Encontró severidad en sus ojos jade.

—No lo hagas, tenemos que hacerlo simple y sin llamar la atención.

Sintió la bilis subir a su cabeza.

—¡¿Entonces cómo vas a zafarte de esto?! ¿¡No ves la situación en la que estamos!? ¡Sólo voy a asustarlos un poc…!

Su mente se quedó en blanco, su visión cubierta por la imagen de cabellos cenizos meciéndose con el viento. Había una extraña suavidad pegada a sus labios. Sólo eso, suavidad.

Cinco segundos que hicieron corto en su mente.

Silbidos, exclamos de asombros y aplausos.

—¡Listo y ahora déjennos ir!

La gente hizo el espacio suficiente para dejarlos avanzar. Perdida, Life avanzó en automático sintiendo el agarre de Mike en su mano. Sus pies se movieron solos. Lo único seguro, es que corazón latía como loco y no precisamente por la corretiza.

El resto de la misión pasó tan rápido que fue hasta en la noche antes de entrar a su dormitorio que sus pensamientos acomodaron los eventos.

Mike la besó para poder cruzar sin usar sus habilidades de arma.

Alcanzaron al intermediario justo antes de que abandonara el estadio, él les entregó el maletín y ellos el sobre de dinero.

Una vez hecho, abordaron el auto de Shibusen que los llevó hasta ahí. En el camino rumbo al dormitorio femenino, ellos se disculparon por el embrollo de la Kiss cam, ya que fue su idea proyectarlos para darle indicio al informante de que eran los agentes. No esperaban que la gente se apasionara con la idea, y hasta rogaron porque lo ocurrido no saliera de ahí y mucho menos llegara a oídos de Hearth Albarn.

Cuando bajó del auto en la entrada del dormitorio, Mike la miró con ésos fantasmagóricos jade. Sonriendo se despidió:

—¡La misión fue un éxito! Estoy seguro de que si seguimos así pronto seremos los mejores ¡Nos vemos el lunes Life!

—L-lo fue, si. Hasta el lunes.

Todavía se quedó observando el desaparecer del auto entre las calles.

Mike actuó como si nada, le restó importancia y hasta juró que nadie diría nada porque no había sido realmente nada.

Algo en ésas palabras le provocaron un retortijón y no sabía por qué. Es decir, Mike era el mismo ¿Por qué a ella debía afectarle?

—Eres una idiota Life —Se dijo, antes de cerrar los ojos y dejarse caer por al sueño debido al cansancio de los eventos.

Ella también olvidaría aquél incidente. Nunca pasó, nunca pasaría de nuevo. Porque ellos eran sólo compañeros de equipo y en un futuro ella sería una gran Death Scythe y él su técnico. La meta era clara, una sola y nada se interpondría en cumplirla.

Ni siquiera aquellos confusos sentimientos.

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Notas Finales:

Hello~ si, me tardé de nuevo pero espero que lo sucedido lo compense (?) ¿No les pasa que andan sin hacer nada y de pronto viene su padre a cambiar el canal de la tele para ver ése programa de "enamorándonos" marca tv mexicana con la dichosa kiss cam?... ¿No? Bueno, pues he ahí el culpable de esto ;D quería hacer una temática de ésa mentada cosa infringe moral y pues sentí que nada mejor que meterlo aquí. Y si, puede que sean jóvenes y asi pero como Life dice, no es nada ni lo será (o eso quiere creer) es un hecho aislado que ocurrió. Quien sabe, puede que cuando resuelvan todos los demás problemas que aun les esperan en ésta travesía puedan aceptar lo que pasó (?) En fin, agradezco el apoyo a ésta versión ¿fumada? Y como siempre, me gustaría saber sus opiniones al respecto. Nos vemos en otra actualización~