¿Qué pasara cuando una extraña chica llega al castillo Pacto de Sangre? ¿Será ella a quién Yuuri se refería al hablar a Conrad? ¿Qué es lo que verdaderamente está sintiendo?

Nota: Por favor no me vayan a matar. A partir de aquí las cosas se van a complicar un poquito más para el pobre Wolf. Quiero aclarar que este capítulo está estructurado para constar de dos partes, que a su vez se subdividen en otras dos partes, una contada desde la perspectiva de Yuuri y otra desde la de Wolfram. Para que no se vayan a confundir, jeje. Espero les agrade. :)


Capítulo IV.I

La nueva prometida del Maou.


Primera Parte

Desde Yuuri..

En los días que siguieron al ajetreado cumpleaños del Maou, las cosas volvieron a un estado de relativa normalidad en el castillo Pacto de Sangre.

Wolfram regresó a dormir en la habitación de Yuuri al día siguiente (cosa que alegró sobremanera al Maou, aún cuando no lo quisiera admitir) y de esa manera, la rutina y la cotidianeidad se restauraron, al menos en apariencia.

Si bien todo parecía seguir a la costumbre dentro del palacio, para cierto chico de ojos negros, las cosas, de pronto, habían dado un giro exxtraño y desconcertante. En cierto modo, todo parecía más complicado ahora, sobre todo en los asuntos que a Wolfram se referían.

De la noche a la mañana la cabeza de Yuuri se había tornado en un completo desorden, al punto de que el rey ya no sabía ni que pensar de absolutamente nada, ni de sí mismo.

En la mañanas se la pasaba distraído, distante, ausente, incapaz de concentrarse en nada de lo que hacía (lo que le valía las miradas asesinas de Gwendal y los lamentos de Gunter). Por las noches, la pasaba pensativo, intranquilo; no podía dormir y permanecía despierto durante largo rato hasta que encontraba una posición lo bastante cómoda que le permitiera por fin perderse en la inconsciencia (hay que decir que normalmente dicha posición incluía el pegar su cuerpo lo más posible al del muchacho, asombrosamente bello, que dormía a su lado).

Pero, ¿cuál era la verdadera causa de la repentina intranquilidad del monarca?

La respuesta a esa pregunta involucraba a un par de ojos verde esmeralda, una mata de cabello dorado y un rostro angelical, todos ellos pertenecientes al soldado mazoku que Yuuri consideraba su mejor amigo en todo el mundo.

-¡Despierta, enclenque! Estás derramando toda el azúcar en la mesa.

- ¿Eh? ¿qué? – Yuuri dio un saltó de desconcierto al darse cuenta de que en lugar de haber estado echándole azúcar a su taza de té, la había estado desparramando por toda la mesa.

- ¿Pero qué rayos te ocurre, Yuuri? – le preguntó Wolfram con consternación.

Yuuri se volvió con desconcieto a su compañero. Sintió un vuelco al corazón nada más verlo. Era mediodía y ambos tomaban el almuerzo juntos después de una ardua sesión de entrenamiento con la espada. Soplaba una brisa suave y fresca que hacía que el cabello de Wolfram ondeara levemente alrededor de su rostro de manera encantadora y angelical. Yuuri se sonrojó un poco "¿Por qué áquel chico tenía que ser tan sobrecogedoramente hermoso? – pensaba sin poder contenerse".

Al joven de cabellos negros le tomó varios minutos encontrar su voz antes de responderle al otro:

- Eh… ah no… no es nada – balbuceó torpemente, al tiempo que se rascaba la cabeza con nerviossismo – Sólo pensaba en la gran cantidad de trabajo que aún tengo por hacer antes de que terminé el mes.

- Wolfram lo miró con suspicacia. El rey demonio intentó parecer tranquilo e impasible. Al final el soldado mazoku se rindió y dijo:

- Más te vale, debilucho, que si no…

- Vale, vale – lo apaciguó Yuuri.

El resto del almuerzo se desarrolló en completo silencio por parte de ambos. La mente de Yuuri era un caos total en ese momento, de manera que no se molestó en romper áquel silencio tan poco natural.

Desde la plática que había tenido con Conrad en su oficina áquel otro día, el Maou no había dejado de pensar un solo día en Wolfram, y no sólo pensaba en él sino que también parecía haber desarrollado una cierta afición a mantenerlo cerca la mayor cantidad de tiempo posible. Era como si, repentinamente, hubiera desarrollado cierta adicción enfermiza a su compañía, lo cual resultaba bastante perturbador, aunque atemorizante era quizá una palabra más adecuada.

En efecto, Yuuri había descubierto, con verdadero horror, que en determinados momentos de las últimas semanas había sentido un acuciante impulso por abrazar a Wolfram, atraerlo todo lo posible hacia sí y quedarse de ese modo con él para siempre… Sólo abrazándolo, sólo aspirando su aroma…

Y lo peor era que, ya en más de una ocasión, el rey se había sorprendido a sí mismo mirando a su amigo rubio de reojo cada vez que creía que éste no lo estaba observando. Cuando esto sucedía, Yuuri se reprendía mentalmente, tomaba un bonche de papeles del escritorio y se ponía a firmarlos como un desaforado, intentando furiosamente borrar de su mente las imágenes que comenzaban a formarse al mirar al joven de cabello rubio. En los casos en que esto ocurría estando en un lugar diferente a su oficina, donde no había documentos con los que distraerse, Yuuri optaba por huir hacia los járdines para tomar aire fresco y despejar la mente.

Y con cada día que pasaba, Yuuri se asustaba más y más de sus propios pensamientos. El colmo fue cuando una noche, tras despertarse agitado después de un sueño muy raro en el que un Wolfram con ojos llorosos y expresión agonizante le suplicaba que no lo abandonara y lo invitaba a besarlo, Yuuri comenzó a cuetionarse si en verdad resultaría tan malo tener que besar al verdadero Wolfram. Es decir, sus labios parecían ser tan suaves que el joven pensó que quizá no era tan mala idea y que no resultaría tan desagradable. Al voltearse para acomodar su almohada y sacudir de su cabeza semejante pensamiento inapropiado se había encontrado cara a cara con el rostro, terriblemente hermoso, de su compañero durmiente.

La luz de la luna iluminaba su pálidas facciones y sacaba destellos dorados de su cabello. Al Maou, poco le había faltado para besarlo de verdad. Ya se había inclinado sobre él con los ojos cerrados y sus labios habían estado a punto de rozar los del otro con delicadeza, cuando se dio cuenta de la barbaridad que había estado por cometer. De inmediato se había levantado de la cama y salido corriendo de la habitación.

No regresó hasta estar seguro que su corazón había regresado a su lugar dentro de su pecho y de que ya no latía a mil por hora. Eso había estado cerca… demasiado cerca…. Yuuri estaba asustado.

Unos labios que invitaban… una tentación… demasiado cerca…

Con todo,Yuuri tampoco podía evitar permanecer al lado del soldado mazoku la mayor parte del tiempo. No podía evitar hablar con él , salir de paseo con él, reír con él, entrenar con él. Por mucho que le remordiera la consciencia y trastornara a sus sentidos, Yuuri se encontró de pronto intentando acaparar la atención de Wolfram en todo momento por cualquier medio, cosa que resultaba difícil, pues por alguna razón incomprensible, el joven demonio parecía estar intentando evitarlo. Era algo apenas perceptible, casi étereo, pero Yuuri lo notaba a pesar de todo y esto lo entristecía e inquietaba todavía más.

- ¿Vendrás hoy a mi oficina, Wolf?

- ¿Eh?

- Sería bueno que me acompañaras. El trabajo siempre es menos aburrido cuando estás cerca – Yuuri le sonrió.

Wolfram se sonrojó un poco, pero luego dijo:

- No creo que pueda, Yuuri. Tengo varios asuntos que atender y no quiero que Gwendal se moleste si me distraigo de mis responsabilidades – y con estas palabras, el chico salió de la habitación.

Yuuri se sintió decepcionado.

Las últimas palabras que Conrad le dijera la mañana de su cumpleaños continuaban dando vueltas en su cabeza, pero el rey aún se negaba rotundamente a pensar que lo que sentía por Wolfram pudiera ser algo más que simple amistad. Sencillamente era imposible que así fuera. A Yuuri le gustaban las chicas, sin duda.

Le gustaba el rostro angelical y delicado de las ñiñas (Wolfram lo tenía), los ojos brillantes (Wolfram los tenía), la gracia y elegancia (definitivamente Wolfram tenía aquello), el cabello bonito (ni hablar). "Ahh…¡Demonios!… ¿acaso no podía pensar en alguna característica de las mujeres sin tener que regresar a Wolfram todas las veces? –pensaba con desepero" Bueno, Wolfram evidentemente no tenía pechos, ni cintura como los de una mujer, aunque sí tenía una figura muy bonita, un cuerpo esbelto, fuerte, trabajado…"!Por Shinou! Eso tampoco sonaba nada bien."

Yuuri necesitaba acabar pronto con todo aquello, de lo contrario acabaría por volverse loco. Tenía que romper el compromiso y deshacerse de toda esa culpa y de todos esos pensamientos encontrados que sin duda eran la causa del desequilibrio emocional que sentía. Él joven, trataba desesperadamente de convencerse de que todo se debía exclusiva y únicamente a su deseo de no herir a su querido amigo y de que cuando hablara con él y terminara el compromiso, todo volvería a acomodarse y a encajar en áquel rompecabezas de sentimientos en su corazón.

No queremos comprender…


En medio de tanta confusión, Yuuri se sintió increíblemente feliz, por no decir extremadamente agradecido y aliviado, cuando una tarde de mediados de Agosto apareció frente a las puertas del castillo un fastuoso y elegante carruaje azul celeste tirado por briosos córceles blancos, y de él descendió con paso majestuoso la que sin duda era la joven dama más hermosa que el Maou hubiera visto jamás en Shin Makoku.

- ¡Yuuri! – exclamó la bella y recién llegada chica, corriendo hacia él nada más verlo salir del palacio para recibirla - ¡Pero que gusto el volver a verte! – le dijo y, al llegar a su lado, le rodeó el cuello con los brazos en un efusivo abrazo.

- ¡Bienvenida, Roselyn! – Yuuri correspondió al gesto de la joven con jovialidad, pero casi enseguida se arrepintió de haberlo hecho pues acababa de ver algo que le hizo palidecer de puro espanto.

El rey sintió que el alma se le escapaba del cuerpo cuando vió a Wolfram, quien iba llegando en ese momento de los establos después de una cabalgata de vigilancia alrededor del castillo con su escuadrón, y había presenciado todo el espectáculo.

Yuuri, que a esas alturas no sabía ni en donde meter la cabeza para esconderse y deseaba que en ese instante que se lo tragara la tierra, apartó bruscamente a la muchacha de sí y se preparó para lo peor.

El arranque de celos de su prometido sería violento, sin lugar a dudas y el Maou estaba seguro que acababa de firmar su sentencia de muerte. No podìa mirarlo a los ojos, pues estaba seguro que lo que vería en ellos serían la cólera y a las palabras "¡Maldito infiel!" refelejadas en las orbes esmeralda de su amigo.

Estaba a punto de empezar a balbucir un montón de disculpas y suplicar por piedad cuando, contra todo pronóstico, Wolfram se adelantó hasta donde se encontraban y con toda la tranquilidad del mundo saludó cortésmente a ambos antes de entrar directamente y sin más miramientos al castillo.

Yuuri se le quedó viendo, completamente estupefacto, mientras el soldado subía las escaleras de la entrada sin siquiera mirar hacia atrás.

De todas las reacciones que Yuuri había esperado recibir por parte de Wolfram, aquella era la única que jamás se le habría ocurrido pensar. "Absolutamente imposible – pensaba el rey".

"¿Por qué Wolfram no había estallado? ¿Por qué no había intentado freírlo con su majutsu de fuego? ¿Por qué, de pronto, se comportaba de un modo tan indiferente?" Estas y mil preguntas más, plagaban su mente de incertidumbre.

Cierto era que Wolfram había cambiado en muchos aspectos y ahora controlaba mejor sus arranques de celos, pero Yuuri podría haber jurado que algo como lo que acababa de ocurrir jamás sería pasado por alto por su orgulloso prometido, es más, algo como aquello seguramente debía haberle ameritado un pase directo al otro mundo hecho pedacitos por la espada del soldado. El rey estaba seguro de que no podría salir indemne de aquello. Por lo menos esperaba que le hubiera gritado un poco, pero aquello era…¿cómo decirlo? Completamente anti-Wolfram.

Una pequeña parte del cerebro de Yuuri registró la ligera sensación de fastidio que la indiferencia del chico mazoku le había producido. Se había quedado estático por la sorpresa.

Una voz a sus espaldas llamó su atención en ese momento y lo sacó de sus cavilaciones.

- Etto… mmm…Yuuri, ¿te encuentras bien? – preguntó lady Roselyn, quien había presenciado la escena sin comprender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo.

Yuuri dio un respingo. El comportamiento de Wolfram lo había dejado tan pasmado que se había olvidado por completo de la presencia de la hermosa que joven a la que hacía unos momentos había estado abrazando.

- ¿Eh?… ah sí… todo está bien – contestó de manera apresurada y con gesto de disculpa – Todo está perfectamente, mi lady – aseveró, tomando una postura más más regia y tendiendo, con caballerosidad, un brazo a la joven para escoltarla dentro del palacio.

La joven le sonrió encantadoramente. El corazón de Yuuri dio un saltito de alegría al ver esto y el chico se regocijó por ello. "Aquello estaba mejor – se apresuró a pensar el chico." Sentir su corazón latir por la sonrisa de una mujer era algo mucho más agradable que sentir lo mismo al mirar a un chico.

Asimismo, Yuuri no tendría porque molestarse por la actitud de Wolfram, ¿cierto? A él no le gustaban los hombres, sino las mujeres. Eso era innegable y además él ya tenía a Roselyn como su persona especial, ¿verdad? Se había enamorado de ella, ¿verdad?

"¿Por qué tendría que moletarle el hecho de que Wolfram no hubiera hecho ni dicho nada al respecto?"No había razón alguna para ello; es más debería alegrarse de que su prometido se hubiera comportado con entereza frente a la chica. Suspiró.

- ¿Seguro que estás bien Yuuri? – le volvió a preguntar Roselyn nuevamente cuando entraban al vestíbulo.

- Por supuesto – le volvió a asegurar Yuuri mirándola a los ojos.

La chica guardó silencio unos minutos y luego bajo la mirada tristemente.

- Ese joven era Lord von Bielfeld, ¿verdad? – cuestionó la chica con congoja.

- Sí – respondió Yuuri tomándola del mentón y obligándola a alzar la mirada en su dirección –, pero no te preocupes, pronto acabara – le dijo.

- Pero…

Yuuri puso un dedo sobre sus labios para hacerla callar.

- Te lo prometí, ¿no es cierto? – inquirió el chico dando un suspiro – Aún no puedo hacer nada ahora, pero cuando todo esto termine yo… - se detuvo un momento buscando las palabras adecuadas para continuar –. Hice una promesa y la voy cumplir – acabó diciendo, sonando seguro, pero sintiendo lo contrario.

Roselyn pareció conforme con su respuesta y no dijo nada más. Yuuri le sonrió. Lo había prometido. Ya no había forma de echarse para atrás.

Una promesa que sellaba un destino…

Yuuri pensó que no tenía porque seguir torturándose pensando en su amigo rubio. Lo único que debía preocuparle en ese momento era el como terminar su compromiso con él para poder estar con Roselyn. Su corazón se encogió ante ese pensamiento, peroel rey se apresuró a suprimir ese sentimiento. "¡Basta de tonterías!" – pensó. Definitivamente había llegado el momento de romper el compromiso".

Yuuri ya no iba a dudarlo más. Tenía que hacerlo si quería proponerle a lady Roselyn. Además no estaba bien que siguiera dándole falsas esperanzas a Wolfram. Conrad tenía razón, si él de verdad valoraba a Wolfram, entonces tenía que ser sincero con él. Pero… ¿lo estaba siendo consigo mismo? Sacudió la cabeza para alejar los pensamientos que de nuevo comenzaban a asaltar su mente.

Mientras tanto, en el castillo Pacto de Sangre, todos se mostraron muy sorprendidos con la llegada de Lady Roselyn. Naturalmente, disimularon su sorpresa para no parecer descorteses. No obstante, aún así era un tanto evidente que no se esperaban aquello .

Yuuri se sentía avergonzado por esto. Había tenido tanto en qué pensar en las últimas semanas que se había olvidado por completo de que la noche en que conoció a Roselyn, cuatro meses atrás en un baile celebrado en el palacio, la había invitado a que pasarsa unos días con él en el castillo más o menos por esas fechas.

Lady Roselyn Elinore von Richthofen era la hija única de una adinerada familia de nobles mazoku. Debido a que de niña había tenido serveros problemas de salud, la chica casi nunca había salido de su casa, permaneciendo siempre encerrada y por su puesto alejada de todos los bailes y de la vida en sociedad. Sin embargo, con el tiempo su condición mejoro muchísimo y a la joven por fin le fue permitido asistir a un baile con el propósito de que su nombre y su cara fueran dándose a conocer en los altos círculos sociales y se comenzara a buscarle una pareja, pues ya tenía edad para casarse. Era muy bella y sus padres tenían grandes expectativas para su futuro. Por ello no dudaron en asistir al gran baile que se celebró en honor a su majestad Yuuri Shibuya, 27° Maou de Shin Makoku, por el cumplimiento de cuatro años de su reinado.

Para Yuuri había sido como amor a primera vista. En cuanto vio en los ojos de aquella muchacha tan hermosa y de apariencia tan gentil, supo que había sido flechado. Sus impresiones no resultaron equivocadas y la chica resultó ser un encanto en todos los sentidos. Era educada, amable, inteligente y más buena que el pan. Yuuri jamás había conocido a alguien con quien se sintiera más identificado.

Como Wolfram no se encontraba esa noche en el palacio, pues había tenido que atender a una llamada urgente de su tío y partido hacia el territorio de Bielfeld, el rey pudo bailar y platicar a gusto con Lady Roselyn.

Hablaron de muchas cosas y pronto se sintieron conectados y completamente en sintonía. En medio de su charla Yuuri le confesó que se sentía profundamente atraído por ella y Roselyn, sonrojada y apenada, hizo otro tanto correspondiendo los sentimientos de su rey, quien le hablo de su compromiso con Wolfram y de cómo todo había sido un accidente, prometiéndole que terminaría con dicho compromiso para poder estar a su lado.

No se habían besado, ni siquiera se habían tomado de la mano, ya que, a pesar de todo, Yuuri tenía un alto sentido de la moral y por muy accidente que hubiera sido él seguía comprometido con Wolfram, de modo que no traicionaría a su prometido siéndole infiel mientras ese lazo los uniera, pero muy pronto planeaba cambiar eso.

Con la promesa de volver a verse y de que la joven fuera a visitarlo a finales de la primavera, Yuuri y Roselyn se habían despedido muy satisfechos con la velada pasada.

Una promesa que sellaba su destino…


- ¡Bienvenida, querida! – había dicho Lady Cecil a Roselyn, una vez que el Maou hiciera las presentaciones adecuadas e introdujera a la chica como su invitada de honor.

Cabe destacar que Wolfram no estaba presente cuando esto ocurrió, cosa que no pasaba desapercibida por un Yuuri que comenzaba a preocuparse seriamente por el chico mazoku. Quizá esta vez había llegado demasiado lejos y lo había lastimado de verdad. Aunque, de todas maneras Yuuri sabía que lo iba a herir cuando hablara con él para acabar el compromiso. Tal vez fuera lo mejor que de una vez se fuera haciendo a la idea.

Su corazón se encogía de un modo especialmente doloroso cada vez que sus pensamientos volvían sobre el asunto referente a Wolfram, pero Yuuri continuaba deshechando el sentimiento. No quería arruinar la felicidad que sentía por la llegada de Roselyn. Además se sentía reconfortado con su presencia, pues creía que de ese modo sus dudas respecto a lo que sentía por Wolfram se disiparían por completo, permitiéndole regresar a su estado de comfort en el que sólo podía sentirse atraído por una chica y jamás por un chico.

Lady Cecil y Greta se apresuraron en organizar una pequeña bienvenida para Lady Roselyn y en acondicionar lo mejor posible una habitación para ella, supervisando que tuviera todo lo necesario para que la chica pudiera sentirse cómoda.

Por la noche se celebró un banquete en su honor.

Wolfram, quien había aparecido para entonces, ocupó el lugar que le correspondía en la mesa al lado de Yuuri y no mostró en ningún momento signo alguno de hostilidad contra la joven invitada, sino todo lo contrario. Le dio la bienvenida cordialmente, deseándole una feliz estancia; charló un rato con ella y luego entabló conversación con Greta, permitiendo de este modo que el Maou pudiera prestarle atención a la joven.

Yuuri encontró todo esto muy extraño. Era tan antinatural. Nada en la actitud ni en los modales de Wolfram indicaba que sintiera una pizca de celos o cólera. En cambio, charlaba animadamente e incluso reía.

Inconscientemente Yuuri estuvo coqueteando más de lo planeado con Roselyn durante toda la velada. Él quería creer que era sólo porque tenía mucho que no la veía, pero en el fondo, muy en el fondo, sabía que lo que realmente intentaba hacer era forzar algún tipo de reacción en su prometido que parecía tan calmado y en control de sí mismo. Yuuri no quería admitirlo, pero realmente le molestaba aquella indiferencia…

Una indiferencia que perturba sobramanera a tu alma…

A mitad de la celebración, Wolfram se despidió de los presentes y salió de la estancia, argumentando que se sentía demasiado cansado después de el patrullaje que había hecho en los alrededores del castillo áquel día.

¡Por fin!…. Yuuri pensó que aquello debía tener algún significado oculto y que probablemente aquella indiferencia por parte del demonio rubio , había sido sólo pura fachada. De algún modo, ese pensamiento lo tranquilizaba.

Al cabo de un rato, Greta, bostezando, también se despidió de todos y se retiró a descansasr. Más tarde le siguió Anissina y luego Gunter y Gwendal. Poco a poco todos se fueron retirando y el festejo concluyó.

Yuuri escoltó a Roselyn al cuarto que le habían preparado y, después de desearle buenas noches, se dirigió a su habitación, agotado por las emociones del día. Pero sus preocupaciones no habían acabado aún…

Al llegar a su cuarto encontró a Wolfram, aún con su uniforme militar azul, recargado contra la puerta fuera de la habitación, esperándolo… Al rey le impresionó lo increíblemente guapo que lucía el chico en aquella postura tan principesca y acorde a su manera de ser. Parecía un dios mitológico o un ángel caído.

En cuanto llegó a donde se encontraba su promentido, Yuuri inmediatamente adoptó una posición defensiva, pensando que al fin había llegado el momento que había estado temiendo toda la tarde. La bomba, seguramente estaba a punto de explotar con toda su fuerza frente él. Casi podía sentir el peligro latente emanando de la figura, extremadamente hermosa de Wolfram. De algún modo, esto le provocaba una cierta alegría y un placer incomprensibles.

Sin embargo, cuando su ojos negros se encontraron con los ojor verdes del otro chico, algo en la intensidad esmeralda de su mirada hizo que la sangre se le congelara en las venas.

Y es que no había ira, ni celos, ni ninguna clase enojo en aquellas orbes tan hermosas que te robaban el aliento, sino tan sólo determinación, sinceridad y quizá una capa de profunda tristeza oculta bajo un manto de serenidad y resignación.

- Tengo que hablar contigo sobre algo importante – le dijo Wolfram con calma, mirándolo directamente a los ojos.

Yuuri, a quien le costaba mucho trabajo sostenerle la mirada, se había quedado sin habla.

Aunque era mucho más alto que el otro muchacho, se sentía intimidado y perqueño al lado de aquella presencia imponente. Tenía miedo… mucho. Sentía un miedo tan inquietante y terrible que estaba seguro de que había palidecido.

La clase de miedo que se siente cuando se ha perdido algo precioso…

Aunque lo lógico habría sido que se sintiera aliviado de que Wolfram no intentara asesinarlo, Yuuri habría preferido mil veces aquello a lo que estaba pasando ahora. Cuando volvió a encontrar su voz para hablar, las palabras salieron estranguladas y roncas de su garganta.

- ¿Qué… qué pasa? – tartamudeó torpemente.

- Tal vez este no sea el momento ni el lugar apropiado para tratar el asunto, pero... – hizo una pausa – ¿Te parece si nos vemos mañana a mediodía en los invernaderos? – preguntó el chico.

A Yuuri lo recorrió un escalofrío, desde la cabeza hasta la punta de los pies. Haciendo de tripas corazón y reuniendo todo su aplomo, consiguió responderle:

- Claro, me parece bien.

- Te veo mañana entonces – le dijo Wolfram al tiempo que daba media vuelta y desaparecía por el pasillo rumbo a su propia habitación. Yuuri no necesitaba preguntar para saber que era allí a donde se dirigía y que el muchacho no dormiría con él esa noche.

Quiso detenerlo, pero las palabras no salieron de sus labios, que estaban secos de la impresión. En todo caso, ni el mismo sabía el por qué de ese arranque tan repentino o de su miedo, pero no podía evitarlo.

Entró a su habitación en penumbra y se derrumbó en la cama sin desvestirse. Algo dolía dentro de él... dolía mucho…

Sentimientos demasiado complejos…

Esa noche no durmió.


¿Qué tal este? ¿A qué Yuuri es un enclenque, verdad? Jajaja. Espero que continuen leyendo la otra parte, desde la perspectiva de Wolfram. Puede que me tarde bastante más en subirlo, pues aunque pronto serán vacaciones y dispondré de más tiempo libre, esa parte es argumentalmente más complicada y más emocional, por lo que tengo que planearla muy bien pues también será importante para el desarrollo de eventos posteriores en la historia. Por favor no desesperen. Matta nee.