Capítulo 4: Pesadilla

Quedé satisfecha con la deliciosa comida que nos prepararon las hijas del jefe de la aldea. Sango se notaba cortante, aunque que el comportamiento de Miroku no era como de costumbre, raramente, no coqueteaba con las muchachas. Supuse que había cambiado su conducta debido a la pelea que había tenido con Sango ese mismo día. Luego de cenar, nos acostamos en nuestros respectivos cuartos, Sango, Kirara y yo dormimos en el fondo y Miroku, Inuyasha y Shippo en el sótano. No estaban conformes con la decisión, pero no nos podíamos quejar ya que habían tenido la amabilidad de brindarnos comida y techo.

A la mitad de la noche, me despertó un sonido seco en el techo, me asusté pensando que era un demonio, recogí mi arco y salí de la casa del jefe. Afuera había cientos de serpientes cazadoras, su deber era juntar las almas de las personas para luego llevárselas a la sacerdotisa Kikyo ya que ésta no podía sobrevivir sin ellas. Sonaba raro que una sacerdotisa que se encargaba de purificar el alma de las personas luego, cuando mueren, se alimente de ellas, no tenía sentido. Sin pensarlo dos veces, seguí a las serpientes que me condujeron hasta Kikyo, no tenía razones para hacerlo y pensarán que soy una tonta, pero solo seguí lo que me decía mi intuición sin interrogarla. De a poco me iba internando en el espeso bosque.

Y allí estaba, sentada en un árbol frondoso llenándose de las almas que le entregaban las serpientes. Su rostro mostraba una tranquilidad impresionante, parecía estar soñando con algo realmente hermoso que le otorgaba paz. Me detuve para pensar en el por qué quise encontrar a Kikyo.

-Inuyasha, ya pronto estarás aquí conmigo- dijo Kikyo, soltando una traviesa risa. Inuyasha en un pasado había tenido una fuerte relación con ella.

Me deje caer en el pasto, no quería que eso pasara, ya que si Inuyasha vería a Kikyo, se olvidaría de mí y de todos, iría al infierno con ella, se lo llevaría para siempre y sería felíz con él en un mundo que desconocía. No iba a dejar que se encuentren. Pero antes de que pudiera hacer algo, apareció Inuyasha entre los árboles, corrió hasta ella y sus labios se encontraron tan pronto como pudieron. Obviamente ignoraban mi presencia, me sentía invisible, derrotada y no querida. Inuyasha amaba a Kikyo y era un sentimiento con el que no podía luchar y triunfar, yo sabía que él prefería estar con ella antes de que conmigo, ¿por qué insistía tanto en estar con él? Y en ese momento, mientras observaba su interminable y apasionado beso, un sentimiento nuevo renació en mí, uno que no había sentido antes tan profundamente hacia otro ser. Me costaba aceptarlo, pero era la pura realidad.

-Amo a Inuyasha- solté esas hermosas palabras junto con algunas lágrimas.

No necesitaba ver más para saber que él era felíz con otra persona, así que me levanté y corrí hacia el pozo traga huesos sin avisar de mi repentina decisión. No volvería más.

Cuando llegué a la época actual me dirigí hacia mi cuarto, ignorando los reproches de mi madre. Recostada sobre la cama pensaba en lo tonta que era, ¿cómo podía amar tanto a alguien que ni siquiera se fijaba en mí? Las lágrimas no dejaban de correr por mis rosadas mejillas, intentaba no acordarme de lo sucedido, pero era inútil, viví mi peor pesadilla. Estaba a punto de quedarme dormida, hasta que alguien, dando un portazo, abrió la puerta.

- Kagome, teléfono – dijo mi madre, bajando el tono de voz en las últimas sílabas.- Eri, ahora no puede atenderte, está bañándose. Llámala mañana o le digo que cuando termine te llame, un beso querida.- Cortó el teléfono, me conocía bastante como para darse cuenta de que en ese momento no podía atender a Eri, una de mis mejores amigas. –Kagome, ¿qué te pasa hija mía? Ya se que hemos tenido algunas diferencias los últimos días pero…

-No es por eso mamá- no la dejé terminar la frase, otra vez, comencé a llorar.

-Entonces… ¿qué es lo que te tiene tan preocupada? Anda, cuéntame.

-No, no quiero hablar sobre eso ahora.

-Bueno, pero déjame darte un consejo, tal vez te sirva. Llorá todo ese dolor, la tristeza y las tragedias, todo, porque ocupa el lugar de la alegría y del amor. Llorá por lo que esperás, pero reí sabiendo que vendrá. Las relaciones humanas son complicadas. A veces las cosas llegan cuando ya es tarde. Otras, lo que esperas llega cuando aun no estas lista. Todo tiene su momento. Cuando lo que querés tarda en llegar, el deseo crece, se fortalece, y tu corazón se va preparando para recibir eso. Si no estás listo para ello, no lo disfrutas. Por algo ciertas cosas se hacen esperar. Las cosas más importantes llevan tiempo, cuestan trabajo, esfuerzo. Los humanos son débiles, queremos todo rápido, pero saber esperar, es saber desear. Así que no te des por vencida y lucha por lo que tanto quieres hija.

-Gracias mamá, y perdón por todo. Te amo- la abracé fuertemente. Esas palabras eran muy ciertas, yo lo amaba y no iba a dejar que Kikyo me saque lo que más quiero en el mundo.

- De nada hija, también te amo. Sabes que por más que nos peleemos, yo estoy aquí para ti.- Me besó la frente con ternura- Ahora tienes que dormir, mañana te espera un largo día en la época feudal. Creo que tienes temas pendientes allí.

Creo que me equivocaba al pensar que mi madre no me conocía, en la vida siempre hay lugar para las discusiones, pero no hay que dejar que esas pequeñas diferencias amarguen todo los momentos felices vivídos. Sonreí y deje que el sueño me venza una vez más.

Yo estaba dormida, pero según lo que me contaron luego, Inuyasha había entrado por la ventana esa misma noche. Todavía desconozco el motivo de su visita, solo sé que me besó en la mejilla y se marchó a su época.