- Pero no fue así.

- No. Bob era de los nuestros. Eso me hizo replantearme todo.

A mí – paró un momento para reordenar los recuerdos que se mantenían dispersos sin orden ninguno en su cabeza - me metieron en el coche diciéndome que me tranquilizara y que ellos lo solucionarían todo.

No sabía qué pensaban hacer para solucionarlo, ahí estaba la bala, el proyectil de mi arma. Estaba tan nervioso que no estaba seguro si mi arma aparecía en alguna base de datos donde se hallaría que la cabeza del proyectil del cuerpo de Armen era realmente de mi arma. Ahhh… – Suspiró un segundo - Por lo menos yo tenía el casquillo de la bala ya que usaba revólver, pero… por otra parte, quien sabe si también alguien nos podía haber visto entrar al callejón.

Al día siguiente, me lo aclararon todo, pusieron pruebas para acusar a un cabeza de turco para que pagara por aquello. Evidencias que claramente apuntaban a un habitual de comisarías.

Aunque sacaran el proyectil del cuerpo de Armen no harían la prueba de balística ya que habían pruebas suficientes para incriminarlo. Ya sabes que nuestros presupuestos estaban… je – sonrió burlonamente - y siguen estando muy limitados. Por aquel entonces, eran unas pruebas que costaban al departamento bastante más dinero que hoy en día, no hacían estas pruebas a menos que fuera estrictamente necesario.

Me imagino que sabrás quien era el cabeza de turco que escogieron.

- Pulgatti – Confirmó escuetamente.

- Había cometido tantos delitos de robo, estafa, tortura, agresiones… no se le había podido inculpar de ningún asesinato aunque sabíamos que los había cometido. Su dossier estaba repleto. Era más que creíble que fuera él porque estaba relacionado con el supuesto jefe al que robamos, se dispuso como un ajuste de guerra de bandas. De paso, esta muerte haría justicia por las otras muertes de las que Pulgatti se libró.

Pulgatti pidió abogado, unos pocos rechazaron el caso, hasta que llegó el que se encargaría. Un licenciado joven, recién salido del colegio de abogados de los que creen que se van a comer el mundo y no saben que es el mundo quien se come a ellos. Tenía tanta carrera por delante como inexperiencia.

Aquello fue como una jauría de lobos contra un animal malherido. Y el animal malherido era aquel abogado intentando proteger a una hiena.

El abogado tenía la declaración de Pulgatti diciendo que no tenía nada que ver con él, revisó todas las pruebas que habían preparado para el caso. Al final, el abogado pidió la prueba de balística para la comparación de las estrías de la cabeza del proyectil y restos de pólvora encontrados en el escenario con el arma de Pulgatti presentada en las pruebas.

Por unos días pensamos que nos iban a descubrir. El abogado, gracias a Pulgatti, se dirigía en la dirección correcta de lo que había sucedido en el callejón.

Esos nuevos recursos ya no pasaban por nuestras manos, en un principio no podíamos hacer nada para falsear las pruebas. McAllister y Raglan visitaron a los técnicos para intentar sustraer las pruebas y falsearlas tal como habían hecho en el callejón. Las tenían un equipo nuevo. Conseguirlas no sería tan fácil como con los equipos de los veteranos. Ellos tenían otro concepto de cubrirse las espaldas. Había que hacerlo a escondidas.

Raglan fue al laboratorio con la excusa de conocer los resultados y corroborar que su investigación era correcta. Cuando fue acababan de contrastar los resultados, así que se ofreció a llevar las pruebas y los papeles de los resultados. Se lo denegaron, no querían romper la cadena de cesión de pruebas. Insistiendo más consiguió leer la documentación completa. De ese modo vería si habían detectado que los proyectiles pertenecían a mi arma.

- ¿Cómo pudo falsear luego las pruebas sin que los técnicos del laboratorio se enterasen? Ellos podrían testificar en el juicio.

- No hizo falta. Al leer el informe vio que la conclusión del técnico era que el proyectil de la bala tenía las mismas estrías que las que producía el arma de Pulgatti.

- ¿Cómo es eso posible? ¿No habías dicho que no pudisteis extraer la bala del cuerpo de Armen?

- Sí. Y Raglan tampoco entendía. Imagínate, nosotros menos. Por la tarde tuvimos respuesta a eso.

Resulta que las pruebas no sólo las examina el abogado y su defendido, también las examina el fiscal del distrito. En la vista preliminar Pulgatti ya se había declarado inocente y fue cuando mandaron realizar estas pruebas. La parte de la fiscalía conocía su alegato. Y fue uno de la fiscalía quien preparó el cambio. Cogió el arma de Pulgatti, la disparó y sustituyó la bala extraída del cuerpo de Armen por ésta nueva.

Él sabía que habían policías que realizaban la justicia por su cuenta, y que precisamente no eran Los Vigilantes. Consiguió averiguar todo y vio su oportunidad para dar su golpe y beneficiarse. Vino a hacernos un trato, casi un chantaje: él conocía toda la verdad, la cual sacaría a la luz sin dudar. Tenía el proyectil original impregnado con la sangre de Armen y le resultaría muy fácil acusarnos de haber manipulado las pruebas; de todas, incluso de ese cambio. Más o menos se conocía a los policías que practicaban la justicia por su cuenta, por lo que podría acusarnos de eso y mucho más. Podía hundirnos en la miseria mientras que él saldría impune porque no encontraríamos ninguna prueba que lo incriminase de manipular pruebas, ni siquiera encontraríamos ni una multa de tráfico. A los ojos de los demás siempre fue una persona íntegra.

Lo que él quería era dinero para dar un empujón a su carrera política y sabía que nosotros teníamos un gran botín. Así que nos pidió ese dinero que robamos a Armen de las extorsiones, él se encargaría de que Pulgatti no saliera de la cárcel, y le cayeran todos los años que la fiscalía demandara y nosotros nos librábamos. Al final todo el mundo ganaba.

No era la primera vez que teníamos dinero de extorsiones. Ya lo habíamos hecho varias veces, ése era otro lote de otros tantos que "recaudamos". Así que si habíamos conseguido éste, de esa misma forma podríamos conseguir otros. Aunque es verdad que aquel era uno de los de mayor cuantía. Y ese tipo tuvo su dinero para conseguir un puesto en la cámara de representantes.

- ¿Qué hacíais vosotros con el dinero conseguido?

- Pagábamos a soplones, a gente para dar palizas por nosotros. Dios… en aquella época siempre llevaba los nudillos en carne viva. Pagábamos para que ninguna prueba apuntase a nosotros, y… algunos de esos dólares también nos lo quedábamos. Era imposible tener una vida desahogada con el sueldo del cuerpo.

Después de aquel caso no quise saber más de… esas prácticas. No quería que volviera a ocurrir otro "Bob Armen". Quizás ya hubiese cometido otro "Bob Armen" y no me había enterado. No quería eso de nuevo.

- ¿Tan diferente fue esa vez?

- Sí. Pasó algo. Las otras veces siempre habíamos ido contra maleantes pero esta vez había muerto alguien que quería hacer lo mismo que nosotros pero…

- Pero por el camino correcto.

- Sí. McAllister y Raglan me convencieron que aquello fue una baja colateral, lo compararon con las misiones de la guerra. Pero… ellos no eran como el pelotón. Dejaron intuir que no sólo lo negarían sino que, si intentaba denunciarlos, destaparían aquello se encargarían de que buena parte de las acusaciones recayesen sobre mí. No me acuerdo bien pero era algo como… a causa del stress del ejército había empleado algunos de los métodos de interrogatorio e intimidación a los civiles.

Después de eso me quité definitivamente la venda de los ojos. Ya era tarde para ciertas cosas. Después de ver realmente cómo eran quise enmendar dentro de mis posibilidades todo aquello que hice. Quise convertirme en un buen policía. Bueno… simplemente en un auténtico policía, no alguien usando placa y pistola.

- ¿Por qué no me llamaste? Mi padre podría haberte ayudado. Sabes que él

- Yo – la interrumpió - no quería pedir ayuda, no podía pedir ayuda – a ratos se le entrecortaba la voz de la propia frustración que sentía contra sí - Cargaba con una vergüenza más grande que mi pesar. Con aquello… tu padre estaba a punto de jubilarse. Y… él, vosotros, erais como mi familia, sentía tal deshonra que no me atrevía ni veros. Si sabías lo que yo había hecho me… no me atrevía a defraudaros.

- Roy, ¿Qué disparate dices? – Negando con la cabeza - Chst, qué se le va a hacer – Arqueando las cejas y sentándose de nuevo a su lado - Ahora ya no puedes cambiar nada ¿Qué pasó luego?

- Me mantuve con la boca cerrada. Siendo policía, pero con la boca cerrada. Eso me supuso cierta enemistad de los más allegados a ellos pero también conocí más gente. Gente que no era como ellos. Mi vida cambió, conseguí estabilidad pero algo seguía atormentándome en mi interior.

Pasaron… unos 7 años y aquellas prácticas policiales también disminuyeron. Por lo menos estaban peor vistas por los superiores del cuerpo. El sistema estaba menos corrupto… o eso parecía.

Por ese tiempo ya era detective de primer grado. Aspiraba a más y siempre fallaba algo en el examen, o bien otros llevaban mejores recomendaciones… Día tras día seguía en mi puesto de detective. Hasta que…

Roy se sacó el teléfono móvil y miró la hora

- Tory, no tengo mucho tiempo.