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Natsu no tenía sueño, nada de nada. No sabía si era por la adrenalina o el hecho de que se encontraba solo con una mujer en una habitación. Bueno dadas las circunstancias es mejor estar con ella que solo en este lugar sacado de una novela de terror. Natsu se reacomodó en el incómodo y horroroso sillón de piel. No era broma cuando decían que esos sillones te dejaban entumido totalmente. En vez de dormir, Natsu se puso a pensar en porqués y se puso hacer conclusiones mentales acerca de lo que estaba pasando, de cómo se suponía que iba a sobrevivir en esta ciudad de pesadilla. Digamos que los zombis son fruto de un virus creado por una corporación llamada Umbr…
-¡Venga ya! Que no es Resident Evil- susurró entre dientes, lo bastante bajo para no despertar a Lucy, quién dormía tranquilamente en la única cama matrimonial que estaba en ese cuarto. Natsu se sentó y apoyó los codos en las rodillas, le dolía la cabeza por sacar conclusiones tan ilógicas y estúpidas. Pero ¿Qué más podía hacer? No podía dormir, y la cabeza le dolía un montón.
Decidió que era inútil pensar en todo esto por el momento. Natsu se levantó y caminó con cuidado hacia el baño, le dio un vistazo a la cama, donde la rubia dormía beatíficamente entre las sábanas. No sabía mucho de ella, salvo que tenía tres años menos que él y que estaba estudiando la universidad. Solo eso, además de su nombre y se dijo que eso estaba bien. Estaba bien que no supiera mucho de ella, porque si por alguna razón a ella le pasaba algo, no quería encariñarse demasiado. Natsu casi no pensaba en ese tipo de cosas sobre una chica, cosas como el matrimonio o el amor. Realmente no lo hacía, no es que fuera gay o asexual pero simplemente no tenía tiempo para eso. Natsu suspiró pesadamente y cerró la puerta del baño, la verdad no tenía ánimos de darse una ducha, pero pensó que lo necesitaba, además de que por un momento se olvidaría de la delicada situación en la que se encontraba. Realmente debo proteger a Lucy, no importa cómo o qué haga. No quiero que más vidas se pierdan. Aunque pensándolo bien, Natsu no quería jugar el papel del héroe. No sería recomendable hacerlo, porque después sería él el que saliera perdiendo al final. Solo ayudaría a Lucy a escapar.
Y quién sabe… tal vez jugar al héroe no sería tan malo después de todo.
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Lucy se despertó gracias al ruido de la ducha, abrió los ojos con pereza y por un minuto olvidó donde se encontraba y qué había pasado. Se restregó los ojos con mucho sueño. Había dormido muy pesado, no siquiera tenía la sensación de haber estado durmiendo. Lucy se recogió el cabello en una coleta mal hecha, la verdad le importaba un comino su aspecto, solo quería comer algo y ducharse. Se levantó de la cama y se terminó de estirar, varios de sus huesos tronaron. Le dolía el brazo, se imaginó que era porque durmió encima de él. ¿Qué importa el brazo? Mejor busca algo útil, antes de que se venga la matanza. Lucy miró bien a su alrededor, la habitación se veía bien y ordenada. Buscó en el clóset una maleta o ropa, había una maleta de color caoba escondida en el fondo, al lado de la caja fuerte. Lucy la sacó con un solo brazo, pero después tuvo que usar el otro porque la maleta estaba muy pesada.
Con esfuerzo la puso encima de la cama, se limpió las gotas de sudor que tenía en la frente, aunque había dormido un poco todavía se sentía cansada. No había comido en casi dos días ni tampoco había bebido nada. Pobrecita de ti, no has comido nada. Aunque comas de nada servirá, de todas maneras terminaras sudando lo que comas. Lucy sacudió la cabeza, a veces su subconsciente se encargaba de hacerla entrar en razón o amargarle esperanzas. No pensó más en eso, abrió la maleta y sintió una pequeña oleada de felicidad al ver su contenido.
Era ropa, era ropa limpia y tal vez de su talla. No importaba, se la pondría de todas maneras. Aunque la lleve arrastrando de lo holgada que estaba, le hacía mucha falta cambiarse de ropa. Escuchó la puerta del baño abrirse, se giró completamente cubriéndose los ojos. Natsu había salido del baño, por unos momentos olvido completamente ese detalle, el que tenía un acompañante.
-Ah, Lucy-san- la voz de Natsu sonó nerviosa. Muy nerviosa, Lucy se cubrió con más fuerza los ojos. Cámbiate rápido, cámbiate rápido. Por lo que más quieras, cámbiate rápido.
Lo último que Lucy necesitaba era que sus hormonas se alborotaran al ver el abdominal de un chico de veinticuatro años. Pero está terriblemente sexi…
Lucy se dio unas palmaditas en las mejillas, se las dejó rojas.
Natsu la miraba entre diversión y extrañeza. Era un tanto curiosa, se terminó de poner los pantalones de mezclilla. La ropa le había quedado bien, había corrido con mucha suerte.
-Lucy-san, ya estoy- le avisó caminando hacia la pequeña nevera que estaba debajo de la televisión. Lucy no dijo nada, o si lo hizo no la escuchó.
Encontró cervezas, cerveza de raíz, refrescos, agua embotellada y algunos dulces. Aunque suene mediocre, algo es algo. Prefiero comer cochinadas en lugar de nada.
Natsu tomó una botella con agua, el tacto helado le supo a gloria. La destapó y en cuatro grandes tragos se bebió el agua embotellada.
-¿Quieres una?- le preguntó a Lucy, quién todo este tiempo no le despegó la vista de encima. Lo miraba… lo miraba raro. Natsu tronó los dedos, haciendo saltar a la rubia. Aunque se hacía el tonto, él sabía qué tipo de mirada tenía Lucy mientras lo miraba embobada. Esa mirada que ya había visto incontables de veces en las mujeres que lo llegaban a conocer, atracción. Atracción ¿tal vez? Lucy asintió, con las mejillas rojas de la pena tomó una de las botellas que Natsu le ofrecía. La destapó y con pequeños tragos se la bebió.
Natsu tomó unas galletas, un gansito y unos choco roles congelados. Lucy tiró la botella a la basura. Natsu saboreó el chocolate y la piña de los choco roles, caray cómo tenía hambre. Le ofreció el gansito a Lucy, ella lo tomó con dedos temblorosos. Se terminaron las galletas en completo silencio, Natsu tiró los empaques al pequeño cesto de basura, se acostó en la cama, olvidándose por unos momentos de que Lucy estaba ahí.
-Ah- exclamó suavemente, sintiéndose apenado por haberla ignorado.- Lo siento Lucy-san, pero creo que dormiré un poco. Si escuchas algo raro, despiértame.
Lucy asintió con una pequeña sonrisa nerviosa, buscó ropa en la maleta. Encontró unos shorts de mezclilla y una blusa negra. Entró al baño y cerró la puerta con llave, debajo del chorro de agua tibia Lucy se llevó una mano al pecho, sintiendo como este palpitaba con fuerza.
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Gray dio un puñetazo a la pared de roca, esto es una mierda total, una pila de basura inservible. ¡¿Cómo Dioses ocurrió esto?! Dando un suspiro terminó de pegarle a la pared, se le había venido encima cuándo un temblor sacudió la calle entera. A base de golpes, patadas y algunas maldiciones logró quitarse de encima la pared de la oficina. Todo había pasado muy rápido para él, estaba en la oficina del periódico- él es el dibujante de las tiras cómicas de los periódicos, unos cómics basados en las aventuras de "el cubo mafioso y la paleta justiciera". Un nombre bastante estúpido para un cómic muy estúpido, estaba trabajando en el diseño de la paleta justiciera cuándo escuchó el chirrido de unas llantas y después ¡PLOM! Se vino abajo la maldita fachada que tenía cómo pared. Gray se estiró y comprobó que no tuviera moretones o rasguños, o en el peor de los casos, un hueso roto. Pero no, nada. Gracias a que había puesto el codo. Gray corrió hacía la puerta, encontrándose cosas horribles en el camino, cómo vísceras y cuerpos descompuestos. No sabía qué había pasado mientras se recuperaba del shock, llegó a la puerta y la abrió de una patada muy certera. Se encontró con un escenario apocalíptico, digno de una novela o película de terror. Gray caminó con las piernas temblando, por el shock, varios coches estrellados entre sí, un camión de marinela estrellado en la pared de las oficinas de la prensa. Así que había sido el camión.
Escuchó unos pasos arrastrarse.
-No…- susurró apenas, era una muchacha, o lo que quedaba de una. Por los harapos de ropa que tenía podía juzgar que no pasaba más de los quince. Su cabello de un teñido color cenizo solo quedaban mechones, la mitad de su cabeza había desaparecido, dejando ver su cráneo destrozado y su cerebro a la luz. Le dieron ganas de vomitar. Gray corrió, empujó a varios cuerpos en su camino. Empujó a su jefe, dándole una patada en las partes bajas. Ojalá me hubieses dado el aumento de sueldo que me merecía, ahora te mueres bastardo. Gray siguió corriendo, pasando al lado de un hospital. Hasta que escuchó una voz cantarina pidiendo ayuda, era una chica de pelo azul largo, ojos cafés y vestía un traje de médico.
-¡Ayuda!- gritaba corriendo hacia él, Gray no dudo en detenerse y tomarla de la mano. Arrastrando a la chica encontraron una moto, con las llaves puestas y el tanque lleno.
-¡Sube!- le dijo a la chica, Gray nunca había manejado una moto antes, pero rogaba de que no se cayeran. La chica obedeció, Gray encendió la moto, que respondió con un suave rugido. Bien, ahora irse a dónde sea. Ojalá que este cacharro aguante hasta el hotel que está a siete manzanas de aquí. La moto dio un tumbo muy brusco, la chica soltó un gritito y se aferró un poco más a la cintura de Gray. ¡No es momento para sonrojarse! ¡Chiflando y aplaudiendo!
La moto salió disparada, haciendo a Gray inclinarse hacia adelante para no caer, no se quejó cuándo sintió las uñas de la muchacha encajarse en su estómago.
-¡¿Cómo te llamas?!- le gritó por encima del rugido, la peli azul se acercó más para poder escucharlo.
-¡Wendy!- fue su respuesta, Gray aceleró, pasando al lado de varios muertos vivientes.
-¡Soy Gray!- le contestó inclinándose un poco adelante y tomando más velocidad.
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Natsu avanzó con cuidado sobre el piso alfombrado, ahí estaban… eran uno, dos, tres, cuatro… cuatro muertos. Lucy se pegó un poco más a la espalda de Natsu, sentía muchas mariposas en el estómago. Apretó el mango del cuchillo con fuerza, se sentía un poco mareada por la adrenalina. Bien, el plan de Natsu era bastante sencillo, o eso parecía. Era correr y llegar hasta la lavandería salir por el ducto de ventilación de ahí o si no por la salida de emergencia de la cocina. Un plan sencillo y fácil.
-¿Lista Lucy-san?- le preguntó susurrando sin despegar su vista del pasillo. Sintió como la rubia asintió todavía con la cara pegada en su espalda. Como si fuese una misión secreta, Natsu levantó el puño a la altura de su cara, después lo bajó rápidamente, dándole la señal a Lucy de que corriera. Lucy tomó aire y corrió en puntillas, sin hacer ruido hacia las escaleras. Se quitó los tenis y aunque le daba un asco terrible bajó las escaleras trotando. En un tiempo record llegó a la lavandería, había una ventana. Se sintió como un agente súper secreto al caer con una mano y una rodilla apoyada al suelo. Escuchó un quejido, Natsu salía de la ventana torpemente, cayó de sentón.
-¡No es gracioso!- se quejó infantilmente mientras Lucy reía. Lo ayudó a levantarse.
-¿A dónde, capitán?- le preguntó Lucy poniéndose los tenis, Natsu señaló con el cañón de la pistola hacia el sur.
-A Lupinos, teniente- bromeo, empezando a correr, seguido por Lucy. Creo que después de todo… jugar al héroe no será tan malo.
¡Hola a todos! Perdónenme mucho por no publicar, he tenido algunos problemillas que me quitaban las ganas de escribir. Pero aquí esta un nuevo capitulo. Disfrutenlo :D.
Muchas gracias a los que comentan, cualquier duda, sugerencia o critica constructiva es bien recibida.
Nos leemos en el siguiente capitulo.
