—Ni se te ocurra pensar que esto va a volver a pasar. Tan sólo has tenido suerte, y además no me has pillado en mi mejor día —se cruzó de brazos tras decir esto, fingiendo estar enfadado.

—¿No puedes admitir sin más que soy mucho mejor que tú? Acéptalo, te he machacado —dije esta palabra separando cada sílaba—. Mira, tu personaje a penas puede ponerse en pie.

No era propio de mí ir restregando las cosas a los demás por la cara, pero para una vez que conseguía ganar a Jacob en un videojuego de lucha libre, quise saborear un poco la victoria. El pobre tenía una expresión que parecía que le habían dado una paliza de las de verdad. Reprimí las enormes ganas que tenía de reirme.

—¡Exijo la revancha!

—Si quieres volver a perder, por mí perfecto. Estoy en racha —dije esto último levantando mi brazo, mostrando unos músculos inexistentes. Jacob me miró con una ceja levantada.

—Ya veremos quién ríe el último —volvió a coger su mando, el cual había dejado tirado por el suelo tras haber perdido en la última partida—. ¿Preparada?

—Dale al play.

Diez minutos después, mi personaje estaba con el cuerpo lleno de moretones y sangrando por el labio. ¡Porras! Al parecer esta vez se lo estaba tomando muy en serio.

—¿Lista para besarle los pies al maestro de la lucha libre? —en su voz había un tono de picardía que no me pasó desapercibido, pero que ignoré rápidamente para no desconcentrarme.

—Tú alucinas, chaval —hablé entre dientes, casi escupiendo las palabras.

Justo cuando su personaje tenía acorralado al mío en el suelo y el árbitro había comenzado a golpear la lona del ring, la pantalla del televisor se apagó junto con la PlayStation y las luces que teníamos encendidas en la habitación. El ambiente se sumió en un silencio repentino durante unos segundos. Escuchamos los ladridos de los perros de mis vecinos que se habían alterado al irse la luz sin previo aviso en todas las casas. Al parecer, había un corte de luz en todo mi vecindario.

Sin poderlo evitar durante más tiempo, empecé a reirme a carcajada limpia, tanto que no me caí al suelo de milagro; a penas podía respirar y mis ojos se estaban empañando de lágrimas.

—La única explicación coherente, lógica y racional que se me ocurre en estos momentos es que has hecho un pacto con el diablo, ¿me equivoco? —dijo Jacob finalmente uniéndose a mis risas.

Cuando nos calmamos y yo pude volver a hablar, decidimos encender la chimenea ya que la calefacción funcionaba con electricidad y, si el corte de luz duraba mucho tiempo, íbamos a congelarnos. Mientras Jacob investigaba cómo se encendía (yo calculaba que la chimenea llevaba sin utilizarse unos cinco o seis años), fui a la cocina a tientas para tirar los restos de pizza que nos habían sobrado con cuidado de no chocarme con nada.

Me lo estaba pasando realmente bien. Hacía bastante tiempo que no me sentía tan agusto con una persona haciendo algo tan simple como jugar con videojuegos y compartir una pizza. Me di cuenta de que lo que había necesitado durante los últimos días era un momento como ese para desestresarme. ¿Qué importaba si a Jacob no le gustaba? A lo largo de los años y después de haber pasado por muchas cosas juntos, él me había demostrado que siempre iba a poder contar con su amistad, y al fin y al cabo eso era lo que yo más quería y apreciaba de él. Aunque me había dado cuenta de que le amaba (puede que esa palabra fuese demasiado fuerte, pero así era), supe que yo podría vivir sin su amor, pero no sin su amistad. Sonreí para mí misma al darme cuenta de eso.

Regresé al salón y comprobé que había conseguido encender con éxito la chimenea; poco a poco se iban prendiendo los troncos hasta formarse una llama cada vez más grande. Cogí una manta del armario y me senté al lado de Jake sobre la alfombra en el suelo, frente al fuego, extendiéndo seguidamente la tela lo suficiente para que nos cubriera a los dos.

Nos quedamos en silencio, cada uno vagando por sus pensamientos, disfrutando del agradable calor que emitía el fuego. De repente, noté la tenue risa de mi amigo y le miré con curiosidad.

—¿De qué te ríes?

—Estaba acordándome de aquella vez que robaste caramelos a los demás niños de la guardería para dármelos.

Me esperé cualquier respuesta menos esa, ¿por qué pensaba ahora en eso? Aunque la verdad era que me agradaba que todavía se acordara.

—Espero que los disfrutaras en su momento, porque lo que no olvido facilmente fue la regañina monumental que me echó Charlie cuando la profesora llamó a casa para contarle lo que había hecho —dije sonriendo de lado—. ¿Y te acuerdas de aquella vez que tropecé en el bosque y tú rompiste tu camiseta preferida para vendarme la herida que me había hecho en la pierna?

—Esa camiseta era muy guay —suspiró con nostalgia.

—¿Es que aún sigues siendo fan de las Tortugas Ninja o qué? —me burlé de él, mirándole con los ojos entre cerrados. Su única respuesta fue sacarme la lengua como un niño pequeño.

Me abracé las piernas y apoyé mi cabeza sobre mis rodillas. Me sentí feliz porque Jacob recordara todos esos momentos que para mí eran importantes… me hacían pensar que también eran importantes para él.

Cuando volvió a hablar, con la vista fija en el fuego, lo hizo en un tono muy bajo.

—A veces me gustaría poder volver atrás en el tiempo. Todo es mucho más fácil cuando eres pequeño, ¿no crees? —me miró—. No tienes preocupaciones de ningún tipo, no piensas en las consecuencias que puedan tener tus actos, lo dices todo tal y como lo ves sin que los demás te juzguen… Luego llega la adolescencia y lo jode todo —volvió a dirigir su mirada hacia la chimenea, bajando aún más el volumen de su voz—. Sí. Definitivamente, todo era mucho mejor cuando era un crío.

Jacob no podía llevar más razón.

En ese momento, las llamas, que estaban consumiendo un tronco bastante grande, lo partieron por la mitad, haciendo que sonara un chasquido.

—Nessie.

Su voz se había convertido en un murmullo. Le miré para que supiera que le estaba escuchando. Él también había fijado su vista en mí.

—Perdona si el otro día te incomodé con mis preguntas, no era mi intención —evidentemente se refería a aquella especie de interrogatorio sobre mi vida amorosa que me había hecho el viernes a la salida del instituto.

—No te preocupes.

No dijo nada más, pero no apartó su mirada de la mía, y yo tampoco lo hice; algo me decía que no lo hiciera. La luz que emitía el fuego se reflejaba en su rostro con más intensidad en ciertas zonas, haciendo que me resultara aún más guapo; sin embargo, me fijé en que tenía la frente un poco arrugada, como si estuviera… confuso, indeciso.

Sin esperarlo, extendió una mano hacia mi rostro y con delicadeza tomó entre sus dedos uno de mis mechones rebeldes, colocándomelo después detrás de la oreja. Mi corazón comenzó a latir a mil por hora cuando no apartó su mano, sino que la dirigió hacia mi mejilla, acariciándola con la yema de los dedos. Jake simplemente sonrió.

—Veo que me hiciste caso, ya no te recoges el pelo tan a menudo. Tus rizos son demasiado bonitos como para que quieras esconderlos.

Hice ademán de bajar la cabeza y apartar mi mirada de la suya al sentir que mi cara se estaba tiñiendo de un color rojo terriblemente vergonzoso, pero él lo impidió colocando su mano en mi mentón y alzándome el rostro para que volviera a mirarle. ¿En qué momento se había acercado tanto a mí? Tenía su cara a escasos centímetros de la mía, y en sus ojos había un brillo que nunca antes había visto en ellos.

—No te comprendo, Nessie. ¿Por qué tienes tan poca seguridad en ti misma? —su pregunta me dejó totalmente desconcertada. Él continuó—. Vales más que todas las personas de este pueblo juntas, tienes un corazón que ni con todo el oro del mundo podría comprarse y, aunque por alguna razón extraña que no consigo entender tú estás empeñada en que no es cierto, eres realmente hermosa. Si la gente se mete contigo en alguna ocasión ten por seguro que es porque te tienen envidia, ya que ninguno te llega ni a la suela de los zapatos. Quiero que te metas eso en la cabeza, ¿de acuerdo?

Y tras decirme esto, sin dejarme tiempo para que me recuperara del efecto paralizante que habían tenido sus palabras, me besó.

Me sentía aturdida, atontada, como aquellas personas que ni siquiera recuerdan su nombre en medio de una catástrofe. La única diferencia es que esto no se podía catalogar como catástrofe, por supuesto.

Jacob movía con suavidad sus labios sobre los míos, incitándome a que yo hiciera lo mismo. Cuando mis neuronas volvieron a conectarse y fui consciente de lo que estaba pasando, una gran cantidad de preguntas inundaron mi mente en décimas de segundo, entre las que podían destacarse: ¿Por qué me estaba besando? O, la más importante, ¿qué se supone que debía hacer ahora? Y la que más me preocupaba: si le devolvía el beso, ¿qué consecuencias podía tener? Lo último que quería era estropear nuestra amistad por un estúpido (pero deseado) beso.

Jake deslizó su mano hasta mi nuca, enredándose en mi pelo y apretándome más contra sí, mientras que llevaba su otra mano hasta mi rostro. Fue en ese momento cuando comprendí que debía dejar mi mente en blanco y actuar según mi corazón y no mi cerebro: le devolví el beso.

En mi barriga se empezó a formar una sensación extraña e indescriptible pero muy placentera, como si de un aleteo de mariposas se tratase, que fue extendiéndose por todo mi cuerpo, haciendo que tomara vida propia. Llevé mis manos torpes hacia su cuello, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía al notar el roce de mis dedos con su piel. Me fue imposible reprimir un leve gemido cuando atrapó mi labio superior entre los suyos, y él aprovechó ese momento en el que yo estaba más desarmada para introducir su lengua en mi boca. Esas mariposas invisibles que volaban libres por mi cuerpo aletearon con mayor intensidad cuando mi lengua se encontró con la suya, enredándose y comenzando un baile frenético. Apartó la mano que tenía en mi rostro y la colocó sobre mi cintura, atrayéndome más hacia él (si es que eso era posible) posesivamente, mientras mantenía la otra estática en mi nuca, haciendo imposible que me separa (aunque en esos momentos ya tenía muy claro que no pensaba hacerlo). Era un beso dulce, lento y húmedo, sin prisas, pero también tenía un toque de pasión.

Lamentablemente los dos éramos humanos, y por tanto necesitábamos respirar para poder vivir. Jacob aflojó su agarre muy despacio, pero no llegó a soltarme. Nuestros labios se separaron tan sólo unos milímetros, lo justo para llenar de aire nuestros pulmones. Parecía que mi mente se había vuelto a poner en funcionamiento, ya que de nuevo me estaba atormentando con decenas de preguntas para las que no tenía respuesta.

—Me parece que va siendo hora de que nos sinceremos entre nosotros, ¿no te parece? —me estremecí al sentir su aliento sobre mis labios. Después, alejó un poco su rostro para poder mirarme. En sus ojos ahora había una determinación y decisión que me impresionaron—. No sé como decir esto sin que suene como una cursilada monumental, pero… en fin, ¡qué importa! Es ahora o nunca —apartó su mano de mi nuca para tomar la mía y situarla sobre su pecho. Sentí cómo su corazón latía con intensidad, casi tanto como el mío—. Ness, sabes que siempre has sido para mí algo más que una simple amiga… de hecho, eres mucho más que eso. Siento algo muy fuerte por ti desde que tengo uso de razón —suspiró mientras murmuraba para sí mismo "Joder, qué difícil es esto"—. No te había dicho esto antes porque tenía miedo de que me rechazaras o algo así, pero me has devuelto el beso y eso me hace pensar que, bueno… que tú también sientes salgo por mí. Aunque para serte sincero, ahora mismo estoy realmente acojonado porque llevas un rato sin decir absolutamente nada y no sé si es porque has entrado en estado de shock o porque estás pensando en la mejor forma de mandarme a freir espárragos, así que por favor, dime algo. Lo que sea.

Abrí mi boca en un primer intento para hablar, pero de ella no salió nada. Fue en el segundo intento cuando reaccionaron mis cuerdas vocales.

—Un "lo mismo digo" quedaría un poco fuera de lugar, ¿verdad? —dije con una sonrisa nerviosa y medio tartamudeando. Aún dudaba de si esto era un sueño o la realidad, pero si era un sueño, rezaba para que no me despertara.

Fue entonces cuando Jacob se relajó y me devolvió la sonrisa dulcemente.

—No queda fuera de lugar, eso es justo lo que quería oír.

Volvió a besarme, esta vez de una forma mucho más pasional y sin ningún tipo de reparos, quizás por lo anhelado que resultaba este momento, invitándome a que hiciera lo mismo.

No sabía cuánto llevaba besándole, porque la verdad era que el tiempo había dejado de tener sentido. Tampoco sabía en qué momento me había colocado sobre su regazo. Tan sólo era consciente de sus manos recorriendo mi cuerpo y de sus labios sobre los míos.

Dejó de besarme un momento, para bajar sus labios por mi mandíbula y terminar en mi cuello, haciéndome suspirar profundamente. Una corriente eléctrica atrevesó mi cuerpo cuando metió su mano por debajo de la camiseta de mi pijama y la sentí en contacto directo con mi espalda.

No aguantaba más, me estaba volviendo loca. Quería más de él.

Me separé un momento para mirarle a los ojos y llevé mis manos hasta el cuello de su camisa. Desabroché el primer botón a la vez que me mordía los labios, con un poco de vergüenza. Segundo botón. Tercer botón. Jacob no dejaba de mirarme, pero no decía absolutamente nada. Cuarto botón. Acaricié su pecho, ya medio desnudo, notando cómo su piel se erizaba a la vez que sus párpados se cerraban. Quinto botón. Puso rápidamente sus manos sobre las mías para evitar que continuara; sus ojos me miraban de nuevo fijamente.

—¿Estás segura de que quieres hacer esto?

—Creo que pocas veces en mi vida he estado tan segura de algo como ahora.

Se quedó un momento callado, asimilando el significado de mis palabras. Finalmente asintió con la cabeza, y fue él mismo el que terminó de desabrocharse los pocos botones que quedaban. Le quité la camisa y la arrojé por el suelo, sin mirar dónde. No sé por qué me sorprendí al ver sus perfectos abdominales (ya los había visto muchas veces antes), pero no pude evitar la tentación de tocarlos, era algo que siempre había querido hacer.

Colocó sus manos a ambos lados de mi cadera a la vez que volvía a atender mis labios; tomó mi camiseta y empezó a a levantarla para quitarmela, así que alcé los brazos para hacerle el trabajo más facil. Al terminar de quitármela la tiró en cualquier parte, al igual que yo había hecho con su camisa. Acarició mi piel con total libertad, para luego colocar una mano en la parte más baja de mi espalda y tumbarme en la alfombra con una delicadeza infinita. De nuevo comenzó a bajar sus labios por mi cuello, trazando un camino de besos cortos por mi cuerpo mientras yo le acariciaba el cabello. Cuando llegó a mi vientre se centró en besar y morder con suavidad mi ombligo; intenté reprimir un gemido mordiéndome los labios pero no lo conseguí, lo que sin duda pareció gustarle, ya que le sentí sonreir sobre mi piel. Seguidamente cogió mi pantalón por el elástico y lo bajó con cuidado, acariciando mis piernas mientras lo deslizaba por ellas. En esos momentos agradecí enormemente el no haber decidido ponerme horas antes ropa interior con estampado de ositos o algo parecido, porque si no ahora me estaría sintiendo ridícula.

Volvió junto a mí y yo me incorporé un poco apoyándome en mis codos, pegándome más a su cuerpo, dejándole espacio para que me quitara el sujetador. No me sorprendió que pudiese desabocharlo con toda la facilidad del mundo, era consciente de que él había estado con varias chicas antes en esta misma situación. Me sentí un poco mal al pensar en eso, y él lo notó.

—¿Ocurre algo? —preguntó mirandome con preocupación.

—Tranquilo, no es nada —respondí para acto seguido besarle. No pareció quedar muy convencido, pero no dijo nada.

Deslizó los tirantes del sujetador por mis hombros y mis brazos, quitándomelo finalmente. Volví a echar todo mi peso sobre la alfombra y me sonrojé de nuevo (me pasaba con bastante frecuencia) al ver cómo Jacob me observaba con atención. Sabía que mis pechos no eran los más bonitos del mundo pero jamás me había acomplejado por ellos, aunque la verdad era que ahora me estaba comenzando a sentir insegura.

—Lo que yo decía.

—¿Cómo has dicho? —pregunté confundida.

—Lo que yo decía: eres preciosa.

Me dio un beso rápido y se puso de pie para quitarse sus pantalones vaqueros. Sentí un cosquilleo en mi bajo vientre al ver su enorme excitación debajo de su ropa interior. Vi cómo tomaba su cartera del bolsillo del pantalón antes de arrojarlo por el suelo, abriéndola y cogiendo un preservativo. No fue hasta ese momento cuando me di cuenta de que yo no había pensado en ningún tipo de protección y me reprendí a mí misma mentalmente. Aparté la mirada disimuladamente hacia el fuego de la chimenea mientras él se quitaba los boxers y se colocaba el preservativo. Se tumbó sobre mí otra vez cuando hubo acabado, dándome un beso corto en los labios y sonriendo de forma tranquilizadora. Una de las cosas que más me gustaban de Jacob era que era capaz de transmitir su alegría y contagiar a todo el mundo su felicidad. Al menos, conmigo siempre lo conseguía.

Colocó su mano en uno de mis pechos, acariciándolo y apretándolo sin llegar a hacerme daño, por supuesto, consiguiendo así que me excitara aún más. Mi otro pecho fue atendido rápidamente por su boca, y arqueé la espalda para darle un mayor acceso. Sentía su lengua húmeda sobre mi piel, que me estaba proporcionando un placer magnífico, pero fue cuando sus dientes mordieron suavemente mi pezón cuando me volví completamente loca, agarrando un mechón de pelo de su cabeza y tirando hacia arriba (me consta que le dolió porque me llevé varios cabellos suyos en mi mano, pero no se quejó).

Quería deshacerme de una maldita vez de la única prenda que nos separaba. Quería sentir a Jake por completo. Quería que me hiciera suya.

Siempre me había dicho a mí misma que no sería de ese tipo de chicas que se tiraban al primer tío que se cruzaba con ellas; me prometí que, la primera vez que me acostara con alguien, sería porque estaba completamente enamorada… y efectivamente, no había faltado a mi propia promesa.

Jake se incorporó un poco para retirar con más facilidad la prenda que cubría mi parte más íntima, y lo hizo sin dejar de mirarme a los ojos en ningún momento. Suspiré profundamente cuando volvió a colocarse sobre mí, preparándome para lo que venía a continuación. Él notó mi nerviosismo y acarició mi rostro para tranquilizarme.

—Si crees que… Si no… —al parecer, él también estaba un poco nervioso—. Si no estas segura de esto, podemos dejarlo aquí.

—De eso nada. Es sólo que… ya sabes, es mi primera vez.

Me sonrió tiernamente ante mi confesión. Sabía perfectamente que él estaba al tanto de mi virginidad, pero supuse que le alegró que se lo dijera abiertamente. De repente, su rostro se tornó de un aspecto de seriedad.

—Te quiero, Nessie.

Sus palabras tuvieron un efecto muy grande en mí, llenándome de seguridad al completo. Puede que yo no fuese la primera chica que hacía el amor con él, pero sí era la primeracon la que lo hacía estando enamorado de verdad, y eso me llenaba de satisfacción.

—Yo también te quiero. Siempre lo he hecho.

Me besó dulcemente en los labios una vez más, para después ir separando mis piernas sin ninguna prisa, acariciando la parte interior de mis muslos mientras lo hacía. Se posicionó lo más cómodamente posible sobre mí y comenzó a repartir besos por mi rostro para intentar que me relajara todo lo que pudiera antes de penetrarme, supuse que quería evitar hacerme daño. Le sentí justo en la entrada de mi cuerpo, y fue entonces cuando fijé mis brazos alrededor de él y coloqué las manos en su espalda con la intención de pegarlo más a mí, cosa que en realidad resultó innecesaria. Me miró a los ojos, comprobando si estaba lista. Asentí levemente y cerré los ojos. Pegó su frente contra la mía, y entonces, entró en mi interior.

Se quedó estático durante unos segundos, esperando a que me acostumbrara a él. Cuando el dolor que había sentido en un principio se fue apaciguando, se lo hice saber.

—Sigue —susurré muy bajito cerca de su oído a la vez que le acariciaba el cuello con la yema de los dedos, provocándole un escalofrío.

Jacob paseó su mano desde mis caderas hasta la parte interior de mis rodillas, elevándome la pierna y llevándola hasta su cintura para tener un mejor acceso a mí. Comenzó alejándose despacio y entrando de nuevo en mí un poco más rápido, aumentando poco a poco la velocidad, hasta que mi dolor fue reemplazado por completo por el placer.

No podía describir con palabras lo que estaba sintiendo, era algo absolutamente increíble. Acabé enredando las dos piernas en su cintura y subí mis caderas para tener un contacto más profundo con él. Jacob colocó una mano en la parte baja de mi espalda para mantenerme así, sin dejar de deslizarse por mi interior. Llegó un momento en el que estabamos en un contacto tan pleno, tanto física como psíquicamente, que no sabía con seguridad quién era quien; parecía como si nos hubiesemos fundido en una sola persona. ¿Cómo era posible que supiera exactamente qué hacer y en qué momento hacerlo para que me retorciera de puro bienestar? Aunque seguramente mis gemidos le daban alguna que otra pista.

No pude evitar hincar mis uñas en su espalda cuando sentí que una oleada de placer invadía cada poro de mi cuerpo. Grité su nombre. Sentí a Jacob temblar en mis brazos, justo cuando mis músculos se contraían a su alrededor, arrastrándole conmigo al éxtasis.

Su cuerpo cayó lacio sobre el mío cuando nuestras pulsaciones cardíacas y nuestras respiraciones fueron volviendo a su ritmo normal, enterrando su rostro en mi cuello. Estabamos pegajosos por el sudor, pero la verdad es que no me importaba. Sentía su respiración tranquila y acompasada en mi cuello mientras le acariciaba el cabello húmedo. Nos mantuvimos así durante unos minutos más, hasta que Jacob hizo un enorme esfuerzo para incorporarse. Le miré. En sus ojos había una dulzura que me dejó completamente desarmada. Me besó lentamente, como queriendo grabar así el sabor y la textura de mis labios. Sonreí contra su boca, y él hizo lo mismo.

Se levantó y buscó con la mirada la manta que habíamos usado antes. La localizó, se tumbó a mi lado y nos tapó a los dos con la tela, para después abrazarme fuertemente.

Por fin estaba comenzando a creerme que todo aquello no era un sueño.


¡Hola de nuevo! He modificado este capítulo incontables veces para que quedase decente pero la verdad es que no estoy demasiado satisfecha con el resultado, aunque bueno, podría haber quedado mucho peor así que no me quejo. Hoy me apetece comentar un poquito el capítulo, así que allá voy: aquí podemos ver lo profunda que es la amistad entre ellos dos, y creo que donde más se aprecia es en las palabras que le dice Jacob a Renesmee antes de besarla, porque él la conoce muy bien y se da cuenta de que ella se valora a sí misma muy poco (sobre todo por culpa de todas las veces que se han metido con ella y la han insultado en el pasado, e incluso todavía en el presente, que aunque yo no haya escrito escenas totalmente explícitas sobre eso, lo he ido mencionando alguna que otra vez); lo digo porque creo que es una parte importante de este fic y quizás no se pueda entender bien por mi culpa. Por otro lado, ¡al fin se han confesado lo que sienten! Ya iba siendo hora, porque está más que claro que siempre han estado enamorados aunque no lo quisieran admitir e incluso intentaran engañarse a ellos mismos. Y bueno... el amor y las hormonas han hecho de las suyas y ¡tachán! ahí está el lemon (espero que no os haya decepcionado). Por último me gustaría decir que he publicado un one-shot de Sam y Leah llamado Volver a sonreír, por si queréis pasarlos a leerlo. Eso es todo, nos vemos en el siguiente capítulo, que además es el último. ¡Un besito!