NOTICIA INESPERADA
—Capítulo 4—
Al día siguiente un delicioso desayuno esperaba a Zoro cuando salió de su recámara. Law estaba terminando de colocar los cubiertos para ambos.
—Preparé comida de más, ¿quieres un poco? —el peli verde sonrió de lado, sabía que aquel desayuno era un intento del médico por hacer las paces. Tomó asiento mientras su amigo le servía un poco de jugo.
—Oye, siento haberte corrido así del cuarto —si Law había dado el primer paso, le correspondía empezar a hablar,
—estás perdonado —contestó el mayor con una sonrisa malévola sin admitir que también había tenido la culpa. Zoro sintió que le latía una vena en la sien, «imbécil» se tragó la palabra para evitar que una nueva discusión comenzara.
Miró a su alrededor un tanto extrañado de no ver a Corazón, casi siempre andaba deambulando a la hora del desayuno. No era nada de qué preocuparse, algunas veces el fantasma dejaba de aparecer un par de días. Por lo que Zoro suponía los espíritus no tenían noción del tiempo.
—Hoy tengo dos cirugías seguidas, sólo espero que a Cora-san no se le ocurra aparecer a esas horas —agregó el médico adivinando hacia donde divagaban los pensamientos de su acompañante. Le dio un trago a su café y recargó la cabeza en una de sus manos—. Zoro-ya, ¿te he contado sobre la vez en que ese idiota casi incendia la comisaría? —el peli verde esbozó una sonrisa mostrando su entera atención. A Law le gustaba contar anécdotas de su protector cuando éste desaparecía, era su manera de lidiar con lo mucho que lo extrañaba.
—Era mi cumpleaños número trece, por ese entonces Cora-san todavía no obtenía el cargo de detective. Le habían pedido cubrir un turno extra dentro de las oficinas, así que no podría llevarme a festejar. Decidió que lo acompañara ese día y me quedé sentado en su escritorio viéndolo trabajar. No era como que me molestara realmente, con un buen libro en la mano podía entretenerme con facilidad. Me pidió que aguardara un momento y salió corriendo. Los demás policías comenzaron a rodearme con el semblante serio, debo aceptar que me sentí un poco intimidado… de repente, en medio de todos ellos apareció Cora-san con un pastel y una enorme vela en medio, todos a mi alrededor comenzaron a felicitarme… —Law hizo una pausa mientras que en su rostro se iluminaba una sonrisa, dio otro sorbo a su café y continuó—. Cuando Cora-san colocó el pastel sobre el escritorio no se dio cuenta que estaba demasiado cerca de la vela y prendió fuego a su uniforme, entró en pánico y comenzó a correr en llamas. Para su mala suerte aterrizó sobre una pila de informes y… bueno… el fuego se extendió rápidamente. El pánico se hizo general y tuvieron que desalojar el lugar. Lo único que recuerdo después de eso es al Capitán Momonga, dando órdenes para extinguir el incendio mientras que Cora-san, todo chamuscado, me sostenía en brazos agradecido de que no me hubiera pasado nada.
Zoro no pudo aguantarse una carcajada, simplemente no podía imaginarse a alguien tan problemático como aquel fallecido hombre. Era casi un milagro que su muerte no hubiera estado relacionada con sus recurrentes incendios…
Prefirió no decir palabra sobre lo último que le vino a la mente. Law le contó hace tiempo que Rocinante había sido asesinado en una misión donde trabajaba de encubierto. Los altos mandos de la policía se negaron a revelarle los detalles de su muerte, y a pesar de que Zoro tenía la posibilidad de preguntarle al fantasma, no estaba seguro de que cómo reaccionaría ante tal cuestionamiento.
Tras una amena charla se despidieron y cada quien partió rumbo a su trabajo. Zoro sacó del estacionamiento su destartalada motocicleta, hace mucho que no tenía la necesidad de usarla —bien, sólo tengo que salir de la ciudad y tomar rumbo por la antigua carretera —llegar a la mansión era pan comido, al menos eso era lo que pensaba.
Dos horas y media después Zoro logró dar con la mansión, suspiró molesto, no comprendía como demonios había hecho menos de una hora el día anterior. «Menos mal que no tengo horario de llegada» pensó mientras atravesaba los hermosos jardines que rodeaban la casa.
—Buenos días, joven Roronoa —saludó Pagaya quien se encontraba a la sombra del pórtico leyendo un periódico, a su lado una chica rubia con un peinado similar al de él le servía un vaso de té—, puede dejar su moto junto a los demás autos detrás de la casa, por cierto discúlpeme si no le había presentado a mi hija, ella es Conis y trabaja también aquí como mucama,
—¡heso! —saludó alegremente la chica, Zoro movió la mano en gesto amistoso, «¿heso?», prefirió no prestarle atención a su extraño saludo,
—¿le costó mucho llegar con las indicaciones que le di? —preguntó el viejo con aire preocupado,
—no, al contrario, fue un trayecto rápido —mintió el despistado peli verde mientras frotaba su cabeza, no quería que el amable hombre se disculpara por no haber sido más claro—. Bueno, nos veremos más tarde —padre e hija asintieron mientras continuaban con lo suyo.
Tras rodear la casa encontró el lujoso garaje donde varios coches que en su vida había visto desfilaban en una hilera perfectamente acomodados. «Parece que el dueño de esta casa no sólo colecciona espadas» pensó con pesadumbre, «los ricos no saben en qué gastarse el dinero».
Al entrar por el garaje se sintió confundido, comenzó a caminar sin saber muy bien donde quedaba el taller…
De repente su mirada se clavó sobre una persona que venía avanzando hacia él, se frenó en seco, sintió que sus piernas temblaban ligeramente. ¿Acaso estaba soñando?
—Hola, supongo que tú eres Zoro, no nos han presentado… —una mujer con gafas y el rostro idéntico al de Kuina le extendió la mano para saludarlo. Zoro sintió que el aire le faltaba, movió un par de veces los labios hasta que finalmente soltó dos palabras,
—¿eres… real? —la chica se sonrojó al escuchar esa pregunta,
—¿¡cómo que si es real!?, quita esa cara de idiota y salúdala apropiadamente. Ella es Tashigi, sobrina del señor Dracule y tu jefa inmediata —hasta ese momento el confundido peli verde notó la presencia de la molesta Perona a su lado,
—lo… lo siento, es que eres muy parecida a… no es nada —extendió la mano finalmente para regresarle el saludo, por un momento había pensado que se trataba del fantasma de su querida Kuina,
—todo lo que tenga que ver con la colección de armas es coordinado por Tashigi, así que cualquier duda, consúltalo directamente con ella —agregó la asistente mientras tomaba rumbo hacia unas escaleras que finalmente Zoro pudo reconocer, había logrado llegar a la estancia principal.
—¿Te gustaría acompañarme a ver la galería? —la chica de las gafas rojas esbozó una leve sonrisa, Zoro asintió de buena gana todavía con la respiración acelerada por la impresión que se había llevado.
Atravesaron las puertas de la galería. A diferencia de su visita anterior esta vez era la luz del sol que se colaba por enormes ventanales la que alumbraba las hermosas piezas. A pesar de ser la segunda vez que Zoro las contemplaba no pudo evitar esbozar una enorme sonrisa,
—¿acaso no es lo mejor que has visto en tu vida? —exclamó la chica como si estuviera enamorada de aquel sitio—, la colección tiene grandes Meito tales como Kitetsu, que se dice está maldita —señaló una bella katana con el mango rojo y destellos azules en el filo de la hoja—. Esta otra es Shusui… —explicaba la chica a cada paso que daba, Zoro la seguía sin esconder su entusiasmo—, … pero la pieza más importante se encuentra aquí, es la hermosa Yoru… y ¡ahhhh! —Tashigi pegó un grito, se acomodó los lentes y se acercó hasta la hoja de la espada que presentaba un ligero rasguño—. ¡Lo ha hecho otra vez! —empezó a temblar de frustración armando una rabieta—, mi tío tiene la mala costumbre de usarlas, no está de acuerdo con tratarlas sólo como piezas de exhibición… —respiró profundo y soltó el aire de una sola vez—, al menos ahora estarás tú aquí para ayudarme con su mantenimiento.
Zoro, que era el culpable de aquel rasguño, tosió ligeramente y desvió la mirada. Era mejor no decir nada,
—sabes, espero grandes cosas de ti, hace mucho tiempo que mi tío no contrataba a alguien directamente así que debes tener un talento nato,
—gracias, pero sólo soy un principiante —exclamó en tono humilde. Tan sólo había logrado estudiar los dos primeros años de la carrera como restaurador. El accidente con Kuina que lo había mantenido seis meses viviendo en el hospital había provocado que perdiera su beca, y por ende, que le fuera imposible costearse el resto de la universidad,
—como sea, bienvenido al equipo —la chica le sonrió, Zoro le devolvió aquel gesto, parecía una buena persona, no como la arrogante asistente de Mihawk.
• • •
Esta vez Zoro recordó a tiempo que debía comer y dejó a un lado el tanto que estaba restaurando. Todavía no terminaba de quitarle el óxido a la hoja aunque ya había avanzado bastante. Entró en el enorme comedor y se sorprendió al encontrarlo vacío, dio unas cuantas vueltas, jaló una de las sillas y tomó asiento esperando a que apareciera alguien más.
—Hey, Zoro, ¿qué haces ahí? —desde la puerta de la cocina Perona le hacía señas para que se acercara como si estuviera preocupada de que lo descubrieran— ¡ven! —insistió apremiante. Zoro se acercó curioso sin comprender lo que pasaba, la mujer lo tomó de la playera y lo jaló hacia dentro. Al otro lado de la puerta estaban todos los trabajadores de la casa, incluyendo a Tashigi, quien platicaba alegremente con Conis y su padre.
—¿Qué demonios hacías en el comedor principal?, ahí sólo el jefe toma sus alimentos, todos los demás comemos aquí —le señaló una bonita mesa de madera corriente muy distinta al lujoso lugar donde había cenado la noche anterior. Zoro se sentó frente a Tashigi y a su lado se acomodó Perona, que en vez de comer, hojeaba una y otra vez la enorme agenda que siempre sostenía entre las manos.
—Perona-chaaan, dime qué quieres que te prepare y lo haré en este mismo instante —el cocinero rubio que Zoro había visto antes se hincó frente a la mujer quien simplemente parecía ignorarlo, «qué tipo tan arrastrado», pensó el peli verde,
—no me molestes ahora, el jefe me acaba de cancelar todo lo que teníamos para la tarde y no tengo tiempo para tus comentarios —Zoro soltó un bufido burlón. Sanji lo miró unos instantes y luego regresó su atención a su querida chica gótica,
—oye cocinero, ¿vas a servirme algo o esperarás a que Perona se de cuenta de que existes? —exclamó el peli verde al sentirse completamente ignorado, las risitas del resto no se hicieron esperar. Sanji se puso de pie y lo miró con un aire de superioridad que consiguió encresparlo,
—yo no le sirvo a idiotas, ahí están las ollas, puedes hacerlo tú solo —Zoro respiró profundo y se dirigió hasta donde estaban las cosas para servirse él mismo, no iba a dejar que aquel tipo de cejas raras lo molestara tan fácilmente. De regreso pasó a su lado y le dio un golpe con el hombro mientras el chef encendía un cigarrillo,
—por cierto Perona-chan, ¿sabías que el señor Dracule cenó ayer acompañado? —ahí estaba nuevamente, ¿qué demonios ganaba con molestarlo? Los ojos de las chicas miraban al rubio sorprendidas, Conis comenzó a toser al sentir que un pedazo del pan que había mordido se le había ido por otro lado. Merry y Pagaya, que estaban al tanto de todo, optaron por guardar silencio. Perona que todavía tenía su agenda entre las manos comenzó a hojearla rápidamente,
—eso es imposible, no tengo registrada ninguna visita —exclamó sorprendida—, ¿con quién cenó?, ¡habla de una vez! —el rubio sonrió y señaló a Zoro quien tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para pasarse el bocado que se había metido. Todos lo miraban con los ojos desorbitados haciéndolo sentir de lo más incómodo,
—parece ser que alguien busca favores especiales —este último comentario de Sanji fue demasiado lejos. Zoro se puso de pie sorprendiendo al resto y dio unos pasos hasta donde estaba el rubio encarándolo con un gesto amenazador,
—no sé qué demonios te traes en mi contra pero ya me estoy cansando —Sanji sonrió burlón y le dejó ir el humo de su cigarrillo directo a la cara. Zoro lo tomó del saco, estaba a nada de golpearlo cuando Perona se interpuso entre ambos,
—Sanji, sabes que el jefe no tolera las peleas, y Zoro, recuerda que estás aquí en período de prueba, será mejor que te comportes,
—como tú digas mi hermosa Perona-chaaan —canturreó el rubio regresando a lo suyo. Zoro tomó nuevamente asiento sin poder ocultar su mal humor,
—no le hagas caso, está celoso porque vas a trabajar con Tashigi —le susurró Conis—, antes era él quien le ayudaba a cargar cajas pesadas y a acomodar las cosas dentro de la galería.
Zoro soltó un pesado suspiro, al parecer ese rubio no era más que un simplón enamorado. A su alrededor todos querían hacerle preguntas sobre su cena con el jefe, pero al verlo con el rostro tan intimidante decidieron seguir con lo suyo y dejar el tema a un lado.
• • •
Horas más tarde alguien tocó a la puerta del taller, Zoro miró de reojo a la mujer que venía entrando, se trataba de Tashigi así que decidió detener su trabajo para ver qué era lo que quería —quiero pedirte una disculpa por lo de hace rato, Sanji puede comportarse como un imbécil cuando está celoso,
—¿celoso?, yo no lo llamaría de una manera tan educada —la chica se sentó frente a él y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Hace tiempo entró a trabajar un hombre que creíamos era un buen tipo, su nombre era Kuro y por mucho tiempo fue el mayordomo de la casa. Un día en el que el tío Mihawk y Pagaya estaban fuera quiso propasarse con Conis… —Tashigi se talló los brazos como si aquel recuerdo todavía le afectara—, Perona fue la primera que escuchó sus gritos, corrió a auxiliarla pero el hombre era fuerte y la golpeó con fuerza dejándola inconsciente… yo también intenté pelear con él pero fue en vano… la casa es muy grande y es difícil estar al tanto de todo lo que sucede. Fue hasta que mis gritos se unieron con los de Conis que Sanji nos escuchó, él apareció furibundo y casi mata a golpes al tipo ése. Desde entonces tiende a ser hostil con casi todo hombre que tiene trato con nosotras. Digamos, que él siempre nos protege.
—Eso no le quita que sea un perfecto idiota —exclamó Zoro arrancándole una ligera sonrisa—, por cierto… ¿qué tiene de especial que haya cenado con Mih…, el señor Dracule anoche? —la sobrina se acomodó las gafas y carraspeó ligeramente,
—porque… aparte de Akagami Shanks que es su amigo más cercano, mi tío jamás había invitado a nadie,
—¿ni siquiera a ti? —preguntó sin disimular su sorpresa,
—bueno, a mí me llegó a extender la invitación un par de veces, a fin de cuentas somos familia, pero considérame la única excepción a la regla. Él siempre ha sido muy reservado, de hecho creemos que… bueno… ya ha rechazado varias entrevistas de matrimonio y jamás ha traído una sola mujer a esta casa… todos aquí pensamos que se quedará solo por el resto de sus días —Zoro desvió su atención hacia una de las paredes intentando que los nervios no se dibujaran en su rostro. La mujer se sonrojó ligeramente, tal vez su comentario había sido demasiado indiscreto,
—creo que debo seguir trabajando —soltó Zoro de repente tajando la conversación, Tashigi entendió el comentario y se dirigió a la puerta,
—cualquier cosa que necesites, sólo llámame, estoy en el estudio al final de este pasillo.
En cuanto salió Zoro tapó su boca con una mano como si quisiera ocultar la sonrisa que se había formado, «jamás invita a nadie a cenar con él», y pensar que incluso había subido hasta su recámara. Sintió como si un golpe de adrenalina le atravesara el estómago, tenía que admitir que cada vez se sentía más atraído hacia ese hombre.
• • •
Perona anunció a través del interfón la llegada de Shanks, pero antes de que Mihawk pudiera dar la instrucción de permitirle la entrada el pelirrojo abrió la puerta sin tocar —¡Mihi! —corrió con los brazos abiertos hasta donde estaba su amigo y lo abrazó con más fuerza de la necesaria. El aludido soltó un suspiro, cómo detestaba ese sobrenombre,
—Akagami, cuéntame lo que te traes entre manos —el pelirrojo lo liberó, se sentó en la silla frente a él y subió los pies sobre el fino escritorio de Mihawk,
—tengo una gran noticia, pero antes… —hizo una seña indicando que quería tomar algo, el anfitrión avanzó hasta una pequeña cantina dentro de su estudio, extrajo un fino coñac y le acercó la copa a su amigo quien le dio un enorme trago,
—iré al grano —tomó aire, se notaba que estaba nervioso,
—Mihi… voy a casarme.
Mihawk no pudo ocultar en sus ojos la tremenda sorpresa, ese gesto, por más leve que hubiera sido, fue captado por su amigo quien soltó una risotada —¡así es!, ¿puedes creerlo? hace un año ni siquiera hubiera pensado en esa posibilidad,
—¿quién es la afortunada? —preguntó el hombre de los ojos amarillos mientras tomaba asiento en su silla controlando la respiración lo más que podía,
—se llama Makino y la conocí hace seis meses… créeme, jamás me había sentido más enamorado… lo siento mi amigo, ya no seremos el par de solteros más codiciados de la ciudad —le guiñó el ojo de manera pícara—, se acabaron las noches de juerga para mí,
—¿y cuándo será la boda?
—en un mes —el hombre de los ojos amarillos le dio un trago a su bebida más grande de lo normal,
—Akagami, piénsalo bien, es demasiado rápido, no creo que encuentres un buen lugar para llevar a cabo la fiesta contando con tan poco tiempo,
—lo sé, pero queremos hacerlo cuanto antes. Bueno es que… no te he dicho la mejor parte…
El anfitrión sintió como todo su cuerpo se tensaba repentinamente.
—Estamos… esperando un bebé.
Mihawk tuvo que colocar la copa sobre el escritorio para que no se le resbalara —vaya, Akagami, esa… es una gran noticia —los ojos del pelirrojo lo miraban llenos de entusiasmo, tanto que no prestó atención a lo turbado que estaba. El dueño de la mansión desvió por un momento la mirada al sentir que el aire le faltaba. Se puso de pie y admiró por su ventana los hermosos jardines que adornaban su enorme casa. Se cruzó de brazos y cerró los ojos un momento intentando recuperar su temple. —Si quieres puedes casarte aquí, me encargaré de los preparativos que sean necesa… rios —antes de acabar la frase sintió un fuerte abrazo sobre sus hombros,
—Mihi, muchas gracias, sabía que podía contar contigo —Shanks pegó la cabeza sobre su espalda poniéndolo nervioso—, sólo quisiera pedirte un último favor…, —giró a su compañero sin soltar sus hombros para mirarlo a los ojos—, sabes que te considero como mi hermano... y Makino no tiene quien la entregue, ¿podrías hacerlo tú?,
por mucho que eso le doliera, el hombre de los ojos amarillos se sabía incapaz de negárselo —será un honor —respondió mientras sus labios mostraban una ligera y fingida sonrisa.
Los brazos de Akagami volvieron a rodearlo con fuerza, Mihawk percibió el aroma de su cabello sin querer, ese aroma que se sabía de memoria. Por dentro se sentía morir, le dio unas suaves palmadas en la espalda como señal de afecto a pesar de que deseaba apretarlo contra él con la misma intensidad,
—gracias, en serio muchas gracias, no puedo esperar a que conozcas a Makino… ¡ahh!, ¡y por cierto!, en la boda te presentaré a una de sus primas, se llama Hancock y es una verdadera belleza…
—sabes que no me gustan las citas arregladas —comentó Mihawk mientras deshacía el contacto entre ambos,
—perdona, a veces olvido que eres un amargado —agregó el pelirrojo con una enorme sonrisa—, si sigues así vas a ser un solterón el resto de tu vida, deberías ir pensando en tu futuro —le acomodó unas fuertes palmadas en el hombro y regresó a su silla para terminarse el trago. Mihawk permaneció el resto de la reunión en completo silencio, sólo asintiendo de vez en cuando a lo que Akagami le contaba con tanto entusiasmo.
Fue una visita corta, Shanks tenía que pasar por su nueva prometida, pues todavía debían ir a darle la noticia a su familia.
…
Cuando Mihawk finalmente pudo reaccionar se dio cuenta que llevaba más de veinte minutos aferrado a su silla, dejó salir el aire de sus pulmones sintiendo como si su alma se escapara con su aliento. Apretó el botón del interfón —Perona, por favor avísale a todos que pueden tomarse la tarde libre, tú también, nos vemos mañana —colocó el rostro entre sus manos y cerró los ojos. Quería estar solo, necesitaba asimilarlo.
Akagami, el hombre del que siempre había estado enamorado… estaba a punto de casarse… y de formar una familia.
