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— ¡Jefe de guerra!
El primer pacto de paz entre los residentes de Lordaeron y Stormwind, algo que no se había visto desde los días del reinado de Terenas Menethil, fue violado y descartado en segundos. Tantas vidas que cimentaron la pequeña tregua con el objetivo en común de frenar a Gul'dan y derrotar a la legión fueron ignoradas en el momento que Sylvanas ordenó la retirada. No hubo alternativa, Vol'jin fue quien la colocó en esa disyuntiva, atrapada entre la espada y la pared.
"...No deje que la horda muera así..."
Sitiados, vencidos y al borde de un precipicio... Fue una petición directa de su líder, ella misma era parte de la horda y no podía perecer en ese lugar, aunque las vidas del bando aliado fueran sacrificadas. Sus fieles Val'kyr se encargaron de llevar en brazos a los heridos de mayor relevancia y el descarnado corcel que montaba los sacó de esa tumba, el jefe de guerra estaba herido de muerte y necesitaba atención inmediata. Un vistazo al horizonte mientras se aleja en su barcaza, el inmenso poder de la magia vil eriza su piel ceniza. Un susurro, nuevo lamento de la reina banshee, esta vez no dedicado a su linaje sino a un lobo que vestía con el estandarte de un león dorado...
"Lo siento..."
Los gritos de la alianza hacen eco en sus oídos: cobarde, traidora, asesina... derrota sin honor ni gloria. Todos evitan mirarla, agachan el rostro o desvían la mirada... Nadie sabe, nadie entiende. El momento ha llegado, Vol'jin está agonizando y un nuevo jefe de guerra deberá ser nombrado. Todos se reúnen excepto ella, su desgana es evidente, ¿para que asistir? Desde luego está lejos de aspirar a ser candidata y no por la falta de habilidades, simplemente está en gracia de nadie. No hay opción, es líder de los forsaken y su pueblo debe ser representado ante la comitiva. Entra en el oscuro recinto, todos la observan, todos la juzgan.
— Acércate, Windrunner...
La voz de Vol'jin reclama su presencia, débil y apagada, apenas audible, forzada y mezclada con las exhalaciones del dolor que consumen al viejo troll.
— Jefe de guerra...
— Los espíritu loah dicen que la muerte vendrá pronto por mi...
— Al final la muerte viene por todos... pero la horda siempre vivirá.
— Nunca confié en ti y nunca habría imaginado que en nuestro momento más difícil tú serias quien nos salvaría...
Todos se asombran, incluida Sylvanas. No es sorpresa su desconfianza, Thrall fue el único que la miraba sin tanto recelo como los demás, pero está reconociendo su esfuerzo, agradeciendo el sacrificio de su dignidad como la vieja forestal que solía ser. El jefe de guerra continua su discurso.
— Los espíritus me han aclarado todo... una visión... susurran un nombre. Pocos lo entenderán, pero debes salir de las sombras y liderarlos... Debes ser jefa de guerra...
La voz del warchief se apaga junto con su vida. Con su ultimo aliento ha nombrado el sucesor que tomará su lugar frente a las razas de la horda y nadie celebra, nadie habla. Sylvanas está anonadada, ¿ella como jefa de guerra? Toman el cuerpo de Vol'jin para iniciar los preparativos fúnebres, darle el merecido descanso que merece por su larga trayectoria como líder. Ella permanece de pie hasta que cae el ocaso, se fuerza a reaccionar, tiene que encender la pira funeraria. El resto de líderes se han encargado de todo, una multitud aguarda paciente entre lloriqueos y lamentos por la enorme pérdida que tuvo el estandarte rojo. Tiene que dirijirse a ellos y esta vez no van a ignorarla, deben respetarla o los obligará a hacerlo. Arroja una antorcha encendida que de inmediato consume la paja y madera, el cuerpo del cazador de sombras es devorado por las llamas.
— Vol'jin ha muerto. ¿Quienes de ustedes me ayudarán a vengarlo?
Gritos y bramidos eufóricos, salvajes, molestos y deprimidos responden a su llamado. No aclaman su nombre, no actúan bajo la orden de Sylvanas... Orcos, Taurent, Trolls, Goblins, Blood elfs, Pandaren y Undead siguen su mandato porque es la nueva jefa de guerra y solo tuvo que sacrificar la confianza que la alianza depositó en ella... después de todo, el título de warchief siempre se condecora con la sangre del contrincante.
