Los personajes son propiedad de Masami Kurumada.
"Los humanos fueron alguna vez perfectos, pero la evolución no siempre es buena. Las creaturas de ese día no eran completamente humanas, eran una evolución de los humanos."
…
El bosque parecía estar intacto, como si la guerra tan repentina y cruel no alcanzara los viejos troncos ni las delgadas ramas.
Las hojas eran una excepción, la lluvia provocaba la apariencia de estar llorando, como si lamentaran la muerte de tantas personas.
Mientras caminaban, el castaño trataba de animar un poco a Saori. Ambos habían perdido seres queridos, ambos habían perdido la única familia que les quedaba; por eso Seiya creía que podían apoyarse mutuamente para no sentir tanta soledad.
-¿Sabes? Cuando estaba triste, mi hermana siempre dijo que las estrellas tenían la respuesta.- dijo Seiya tirándose en el suelo boca arriba.
-¿Qué haces?- preguntó ella.
-Mira las estrellas, guarda silencio e intenta escucharlas.- dijo Seiya estirando una mano hacia el cielo. –Si te imaginas que puedes tomarlas, tendrás una pequeña parte del cosmos en la palma de tu mano.-
Ella se sentó junto a él y le preguntó con una sonrisa: -¿Eso también te lo dijo tu hermana?-
-No, eso lo aprendí por lo que ella me dijo.-contestó el castaño.
Se quedaron en silencio un momento hasta que Seiya volvió a sacar tema de conversación.
-Nunca creí que el oro fuera tan ligero.- dijo Seiya tomando el arco dorado.
-Con eso mataron a mi padre…pero me parece algo muy bello.- dijo ella tomando la flecha.
-No lo dudo, tanto el arco como la flecha poseen un brillo semejante al del sol…Y el sol es algo muy bello*- dijo Seiya tomando la mano de Saori en que tenía la flecha.
Ella derramó unas cuantas lágrimas y se recostó en el suelo junto al castaño, colocando su cabeza en el brazo de este.
Pasó un buen rato en el que solo se escuchaba el sonido del viento y la madera crujiendo en el fuego a lo lejos, hasta que el ruido de unos pasos apresurados y varas caídas los alteraron.
Seiya tomó el arco y flecha y se puso en guardia mientras protegía a Saori como un escudo humano.
Pero se dieron cuenta pronto de que no era necesario pelear. Era un joven más o menos de su misma edad que venía llorando de manera desconsolada.
Seiya se acercó al chico rubio y puso su mano en el hombro de este.
-Oye…tranquilízate un poco ¿Si? Ven hablemos un poco.- le dijo el castaño al desconsolado chico.
Hubo un largo momento que estuvo ocupado por un fúnebre e incómodo silencio.
-¿Cómo te llamas?- preguntó Saori.
-Hyioga.- contestó un poco más tranquilo.
-Hyioga…Supongo que los motivos que te trajeron hasta aquí son los mismos que los nuestros.- dijo el castaño.
-Guerra, muerte, un hombre desconocido.- dijo apretando sus puños y derramando lágrimas de impotencia combinada con rabia y tristeza.
-Entonces supongo bien.- dijo Seiya.
-¿Quiénes son ustedes?- preguntó Hyioga.
-Yo soy Saori…Creo que es mejor dejarlo solo en eso ¿Les parece?- dijo la pelilila.
Ambos asintieron.
-Yo soy Seiya.- dijo el castaño.
-Y, bueno, ya lo dije ¿No? Me llamo Hyioga.- dijo riendo un poco.
-¿Tienen alguna idea de quién provocó los ataques?- preguntó Saori.
-Nada…- dijo Hyioga.
-Solo sé que quién sea que haya sido, lo voy a encontrar para que me devuelva a mi hermana.- dijo Seiya.
-¿Secuestraron a tu hermana?- preguntó el rubio.
-Eso quiero pensar, si no estaba entre las personas muertas, tienen que haber sido ellos.- contestó el castaño.
-A mi padre si lo mataron.- dijo Saori jugando con sus dedos.
-Yo no recuerdo mucho de mi familia de sangre, pero a mis maestros los mataron también. Uno murió a causa de una avalancha por mi culpa y al otro lo asesinaron frente a mis ojos.- dijo Hyioga volteando su mirada hacia el cielo estrellado.
-Yo tampoco recuerdo mucho de mis padres, por eso mi hermana fue mi mundo durante mucho tiempo.- dijo Seiya.
-Mi padre siempre hizo el papel de ambos, madre y padre, siempre estuvo ahí.- dijo Saori.
Mientras hablaban, otro ruido los alertó, pero esta vez supieron al instante que no debían pelear porque aquel ruido era alguien hablando aparentemente con un niño.
-¿Ves? Ahí donde tus ojitos no pueden ver está tu padre. Detrás de esas miles de estrellas brillantes, viéndote preocupado por tus lágrimas.- decía un chico ya bastante cerca.
El chico se paró en seco cuando los vio a todos sentados en el suelo y sonrió.
-¿Será que puedo quedarme con ustedes esta noche?- dijo el chico pelinegro que cargaba a un niño de unos cinco años.
-Claro. Por tus palabras creo que el destino ha decidido reunirnos a todos aquí.- dijo Saori.
-Gracias. Soy Shiryu y él es Kiki.- dijo presentándose.
-Hola, Kiki.- dijo Hyioga saludando al niño.
El niño se acurrucó más en los brazos de Shiryu evitando el contacto de la mano de Hyioga.
-Serán amigos, Kiki, saluda.- dijo el pelinegro.
-Hola.- dijo el niño aún sollozando un poco.
-¿Puedo preguntar qué te trajo hasta esta reunión de desdichados de luto?- preguntó Seiya con cierta gracia para animar el ambiente.
-Mis maestros murieron y mi amiga también. Uno de mis maestros es el padre de Kiki- contestó Shiryu.
-Papá dice que ustedes no son solo amigos.- dijo el niño.
Shiryu se sonrojó y dijo bastante nervioso.
-Ciertamente, Kiki, ella es como mi hermana, una parte de mí.- dijo provocando risas en todos los presentes.
-Creo que ya todos entendimos que esa chica tiene ganado el corazón de cierto nuevo amigo mío.- dijo Seiya.
Shiryu bajó la mirada y sonrió tristemente.
-Así es…Pero…- rió un poco mientras miraba hacia arriba y trataba de esconder las lágrimas.
-Yo…Lo siento, no quise…- dijo Seiya.
-No importa, al contrario, te lo agradezco. Necesitaba llorar un poco.- dijo Shiryu viendo que el niño se había quedado dormido en la pierna de Hyioga.
-Te haré un resumen de todo lo que nos ha pasado a nosotros. A mi hermana la han secuestrado esos malditos, al padre de Saori lo mataron esos mismos malditos, a los maestros de Hyioga también los asesinaron y lo más probable es que también lo hayan hecho los mismos malditos.- dijo Seiya.
-Gracias, qué fino.- dijo Shiryu con un poco de sarcasmo.
…
Él sabía muy bien que esa guerra no era normal, que había algo diferente en todo eso. La presencia de aquellas creaturas no era humana, era algo intimidante como impresionante. Si no hubiese estado tan triste y molesto, quizá se hubiera quedado paralizado por aquella presencia.
Llevaba consigo la espada con cadena de su padre, había algo además del cargo dentro de ese objeto, algo que siempre había llamado la atención de Shun. Desde la primera vez que la vio hasta ahora que la tenía en su mano.
-Hijo del Emperador…Tengo una idea de porque me tiraron a la intemperie.- dijo tomando aire entre cada palabra.
Cada vez su andar se volvía más lento y pesado, el aire del bosque parecía desvanecerse a su alrededor.
-Maldición…¡¿No puedo si quiera caminar en paz?! ¡¿Tienen que tratarme así?! ¡¿Qué les he hecho?! Ya ni siquiera me quedan mis amigos animales.- dijo recostándose en un árbol.
En ese momento sintió algo lamiendo su rostro. Abrió los ojos y se topó con los únicos amigos que le quedaban.
-Toru, Kurorín, me alegra que estén bien.- dijo acariciando a ambos. –Si ya no despierto ¿Me traerían una flor de mi jardín?- dijo Shun con un tono no muy divertido, cosa que molestó a cierto gato. –Anda, no te enojes que bien sabes que es enserio.- dijo un poco antes de quedarse dormido.
…
Sentimientos, amor, gratitud, confianza…Todo parecía haber perdido un significado, como si su alma se hubiera tornado negra o simplemente hubiese desaparecido.
La única esperanza que le quedaba después de la muerte de todas las personas a quienes quería era su hermano. Pero como el destino parecía no tener ni una pizca de suerte para él, el que su padre dijo era el hogar de su hermano había sido destruido.
Entonces, había llegado a la terrible conclusión de que el amor solo lleva al dolor, la solución era alejarse de todo y de todos para no sentir el dolor de perder a alguien.
Caminando y caminando perdió el rumbo, pero al fin y al cabo ya no interesaba si moría de sed y hambre o si lo devoraban los lobos.
Claro, eso hasta que ve una carita muy conocida cubierta de sudor y abriendo desesperadamente su boca en busca de aire.
El peliazul se le acercó despacio, con el corazón latiendo tanto que casi parecía salirse de su pecho.
-Shun…Eres tú.- dijo al ver su cabello verde y su pálida piel; pero lo que le convenció, fue aquel medallón de plata y bronce que colgaba de su cuello.
Esperaba una respuesta pero lo único que salía de los ya decolorados labios de Shun eran gemidos que buscaban aire. Al ver esto, Ikki recostó a su hermano en sus rodillas mientras acariciaba su pecho de arriba hacia abajo y con la otra mano rozaba suave y delicadamente su garganta.
-¿Me escuchas? puede que sí, puedo que no; pero igual lo diré: Mamá hacia esto cuando eras un pequeño bebé y siempre me decía que solo estabas durmiendo y soñabas que estabas en el agua…Ella siempre cuidó muy bien de ti, bueno, al menos eso parecía.- dijo el ojiazul.
-¿Eres mi hermano?- preguntó el peliverde con una voz atrapada en un suspiro.
-Shun…Sí, soy tu hermano y me llamo Ikki.- dijo el peliazul con una sonrisa sincera en el rostro.
Ahora volvía a tener una razón para vivir, ahora tenía la imagen de esos ojos curiosos y llenos de vida para recordarle la alegría de la vida. Al parecer su alma había regresado al ver el alma de su hermano.
Shun se sentó con un poco de dificultad para verle a los ojos.
-¿Cómo sabes que soy tu hermano?- preguntó el más joven con un poco de nerviosismo en su voz.
-Pues, si no me equivoco, deberías tener 13 años, tener un cuerpo débil ante las enfermedades, tu hogar ha sido destruido, y llevas un medallón de bronce y plata en tu cuello.- dijo acariciando la blanca mejilla de Shun.
-¿Ese medallón era tuyo?- preguntó dándole varias vueltas al objeto.
-No, era de mamá, te lo dio cuando naciste. Dijo que eras el único que podía llevarlo.- dijo Ikki.
-¿Nuestro padre es…?- el peliazul le interrumpió.
-El Emperador…bueno, era, murió.- dijo rascándose la nuca.
-Buenooo.- dijo parándose y estirándose el peliverde. –Hay personas hacia el norte, creo que debemos ir.- dijo.
La mirada de Ikki parecía confundida por el repentino cambio de su hermano, pero decidió seguirlo.
Era gracioso, Ikki, el gran hijo del Emperador, el hombre más fuerte que Japón hubiera conocido jamás ahora seguía a un niño de trece años que hablaba tranquilamente con un gato.
El peliazul rió un poco ante el pensamiento y siguió caminando tras el peliverde que de vez en vez se volteaba para verlo y dirigirle una inocente sonrisa.
Unos minutos de caminata y había llegado a donde estaba un grupo de personas sentada alrededor de un fogata.
-¡Más amigos nuevos!- gritó un chico castaño.
-¿Cómo pasas de hablar de venganza a "¡Mas nuevos amigos!"?- preguntó el pelinegro.
-¿Podemos quedarnos con ustedes? ¿Por lo menos está noche?- preguntó el más joven de los hermanos.
-Claro, pero antes debemos preguntarles por qué han acabado en este bosque tan profundo tan tarde en la madrugada.- dijo Seiya.
-¡Seiya! No puedes preguntar esas cosas así a la ligera.- regañó la pelilila.
-No importa. Mis amigos y mi padre fueron asesinados.- dijo Shun.
-Toda mi familia fue asesinada de manera bastante extraña.- dijo Ikki.
-Entonces todos estamos en una situación similar. Por eso debemos apoyarnos entre todos ¿No creen? Así podemos también tomar venganza por nuestros seres queridos.- dijo Seiya.
-Me llamo Shiryu y, como ya dijo Seiya, mi situación es similar a la suya, asesinaron a mis maestros y a mi mejor amiga.- dijo u volteó a ver a Kiki.- y él es Kiki, hijo de uno de mis maestros.-
-Yo soy Saori y mi padre está muerto a causa de malas personas.- dijo la pelilla un poco triste.
-Y a mi hermana la secuestraron.- dijo Seiya. –Ya dijeron varias veces mi nombre, así que ya no es necesario.- dijo Seiya.
-Mis maestros murieron. Me llamo Hyioga.- dijo el rubio.
-Bueno, pues, ya dije que pasó. Me llamo Shun.- dijo el peliverde.
-Yo soy Ikki.- dijo el peliazul.
-Bien, ya que nos presentamos, ¿están dispuestos a unirse a nosotros en busca de venganza?- dijo el castaño.
-Bien.- dijo Ikki.
-Los acompañaré también.- dijo Shun.
La idea de la venganza no era de su agrado, pero había algo extraño en ese grupo de personas que estaba frente a él, algo que le intrigaba porque se sentía identificado con ese "algo".
-Creo que todos necesitamos dormir un poco ¿Qué dicen?- dijo Shiryu tras un bostezo.
-Duerman, pero hay guerra. Yo haré la primera guardia.- dijo Shun.
-Gracias.- dijo Hyioga.
…
El sol ya se asomaba por el horizonte. Era tan cínico como hermoso pensar en el hecho de que las guerras generalmente se esconden en las tinieblas tenebrosas de la noche, que el sol rara vez veía las masacres y escuchaba los desgarradores gritos de personas torturadas y horrorizadas.
-Por eso te admiro Amaterasu**- dijo en voz baja mientras sacaba un espejo circular que tenía algo parecido a un sol en el centro. –Pensar que cuando robé este espejo estaba robando algo que en cierta parte era mío…Yata no Kagami, el espejo de la sabiduría y la honestidad.- en ese momento el sol bajó un poco su brillo.- ¿Qué sucede? ¿Te molesta que yo lo tenga, Amaterasu?-
…
Notas: Holi! Suri154, gracias por tu apoyo en todos mis fics, de verdad se aprecia! Sychronicity girl, sí, hay que confiar en Camus…Confíen en Camus.
*…Si alguien de aquí ya ha leído mis otros fics se dará cuenta que he recomendado una saga "Los héroes del Olimpo", que es la segunda saga de Percy Jackson (la primera no la he leído a fondo porque me aburrió) por eso recomiendo la segunda. El caso es que si lo han leído van entender que hay SeiyaxWill subliminal! No me maten, es pura bayuncada.
**…Amaterasu es la diosa Japonesa que representa al sol, al parecer está encerradita en una cueva y con el espejo Yata no Kagami la diosa Ame-no-Uzume reflejó a Amaterasu al salir de la cueva. El espejo junto con la espada Kusanagi y el collar de joyas son los tres tesoros de la Familia Imperial Japonesa desde que le dieron el espejo y la espada al nieto de Amaterasu.
Gracias por leer!
Sigan dejando sus comentarios, en verdad ayudan mucho a inspirarme y saber que la historia es de su agrado!
Nos vemos luego!...bueno, leemos…no creo ver a ninguno muy pronto.
Bueno, Bye!
