¡¡Atención!! Este capitulo contiene lemon, escena de sexo explícito.

Este capitulo y este lemon están dedicados especialmente a Saiyan Dragon, una gran amiga que me ha ayudado mucho para no cometer esas faltas ortográficas que os han hecho daño a la vista xD.

CAPITULO 4

CARICIAS DEL PASADO

Poco tiempo después de que Bulma se vistiera con esa prenda que llevaría durante la noche, el príncipe bajó hasta la cocina, donde antes de situarse a cenar, se quedó un rato observando.

Se le hacía tan extraño volver a estar ahí de nuevo, que sintió un cosquilleo en su estómago.

Repasaba cada parte de aquella habitación como si de un informe de revisión se tratara.

Su mirada se detuvo al ver ante él la imagen angelical y sensual de aquella mujer.

Ese camisón le sentaba estupendamente, y no pudo evitar sentir algo en su cuerpo ante aquella imagen y los recuerdos que viajaron de nuevo a su mente.

"Maldita. Ya intenta distraerme con sus encantos. ¡Será vulgar! Podría tener un mínimo de respeto y taparse o ponerse más adecuada. Aunque no puedo negarme que se ve realmente preciosa y atractiva con ese atuendo."

-Vegeta. –La voz de Bulma lo sacó de su sueño.-Siéntate aquí, te pondré la cena.

-Mujer… - Titubeó. – ¿No crees que vas demasiado ligera?

-¿Cómo dices, Vegeta? –Fingió inocencia.

-La cena. –Dijo cambiando de tema. –Que no quiero que me pongas comida ligera de humanos, quiero buena comida.

-Oye, no te me pongas exigente. –Le recriminó indignada. – Te recuerdo que estás en mi casa amablemente, y que te preparé toda la cena con mucho cariño.

-Ni que el cariño la hiciera saber mejor, mujer.

-Ya estás tan insoportable como siempre, Vegeta.

-Se ve que pensamos igual el uno del otro. –Dijo sonriendo arrancando de la cara de la mujer, una mirada de enfado.

Se separó de él para servirle la cena y cuando apoyó el plato en la mesa el pequeño camisón cedió un poco más hacia arriba, dejando a la vista uno de los muslos ligeramente suaves de la mujer.

Los ojos de Vegeta se abrieron instantáneamente al verlos, y su propia reacción le hizo que levantara la mano con un instinto de acariciarlo.

Pero la mirada atónita de Bulma lo observaba fijamente.

-¡Vegeta!. –Exclamó sorprendida. - ¿Qué haces?

-Mirar tu desfachatez de andar medio desnuda por la casa. –Dijo mirando al otro lado de la habitación. –Sabía que tenías pocos modales, pero esto ya es el colmo.

-Serás animal.

-Serás bruja…

-Imbécil.

-Se ve que tu corto vocabulario humano no te deja decir mucho, mujer. –Sonrió de forma victoriosa.

-Se me olvidaba que el gran príncipe de los monos tiene un gran vocabulario diferente al de los humanos. –Dijo con el mayor sarcasmo.

-Tú lo has dicho, soy un príncipe así que tenme respeto y haz tu trabajo.-La miró a los ojos. –Y sírveme de una maldita vez toda la cena que tengo hambre.

Con una mirada resignada Bulma siguió sirviéndole la cena a Vegeta, el que estaba pendiente en todo momento de los movimientos de la joven.

Estaba colocando una gran cantidad de platos para deleite del príncipe., cuando una caída intencionada hizo que Bulma se sentara encima de Vegeta, arrancando de éste una cara de expresión como pocas se le había visto.

Por unos segundos ambos se quedaron mirándose mutuamente.

Y como era de esperarse, Vegeta había estado mucho tiempo sin contacto directo con una mujer, por lo que su cuerpo comenzó a reaccionar como Bulma había planeado.

Sin pensárselo dos veces y para sorpresa del guerrero, la chica acercó su mano al fuerte pecho de Vegeta, realizándole una caricia demasiado perturbadora para él.

Sus dedos rozaron los pequeños pezones de Vegeta y bajaba de forma sensual, volviendo a subir hasta su cuello, rozándolo con las yemas de los dedos, acelerando completamente la respiración del príncipe.

Vegeta solo podía mirarla y dejar escapar pequeños suspiros de su boca, Bulma estaba excitándose y se podía comprobar através de la ligera tela del camisón, la cual marcaba sus endurecidos pezones.

Las caricias de Bulma estaban haciendo que Vegeta regresara hacía tras, donde tiempo antes disfrutaba de esa mujer todas las noches, impregnándola de él, haciéndola estremecerse con sus caricias, sus besos, sus embestidas… todo eso volvió a su memoria y deseó que no desapareciera nunca más.

Bulma sentía en su trasero el miembro de Vegeta endurecerse, estaba consiguiendo lo que quería, al fin esta noche volvería a ser suyo, su príncipe.

No hicieron falta palabras, ni tampoco quisieron buscarlas.

Ambos se abrazaron, rozándose mutuamente sólo con los labios sobre sus bocas y sintiéndose respirar el uno al otro.

Querían sentirse completamente, saber que estaba cada uno con su dueño.

Ambos eran así, posesivos, celosos, aunque ninguno quería reconocerlo, eran demasiado orgullosos.

La mano de Vegeta acarició delicadamente el muslo de la mujer, ascendiendo, perdiéndose entre la tela completamente.

-Vegeta… - suspiró en la boca del príncipe.

Vegeta apresó la boca de la mujer con la suya, besándola, apoderándose de ella de una forma casi desesperada.

En cada beso le demostraba que la necesitaba, ambas lenguas deseaban unirse completamente.

Las manos de Bulma, una en el cuello y otra en el pecho, no dejaban de acariciarlo con deseo.

Vegeta se encontraba explorando el vientre de la mujer con sus manos, a la vez que la apretaba contra sí para que lo sintiera más aún.

Bulma dejaba las huellas de sus manos en la piel del príncipe.

Abandonando su boca momentáneamente, descendió a su cuello, rozándolo con la punta de su lengua haciendo que Vegeta cerrara los ojos para poder sentir más intensamente lo que estaba experimentando.

La joven continuó su camino de besos por su pecho mientras su pelo era acariciado por Vegeta, el que estaba sintiendo un gran grado de satisfacción.

Era algo que no podría llegar a comprender, sólo con esos besos llenos de cariño lo hacía experimentar el placer, con ella nunca sintió que tuviera sólo sexo, ella se entregaba completamente para él, le daba mucho cariño con cada acto que hacía.

Bulma siguió descendiendo, el vientre del príncipe era ahora la víctima de sus besos tan tiernos.

Continuó bajando con intención de propinarle sexo oral al guerrero, cuando sin esperárselo, Vegeta cogió su cara y la subió, y le besó en los labios abrazándola y cargándola en brazos.

Durante el camino a la habitación de Bulma, no dejaron de besarse en ningún momento.

La chica iba agarrada a su cuello y se devoraban la boca mutuamente, deseando estar ya completamente juntos, y sobre todo unidos.

Al llegar al cuarto, la dejó cuidadosamente en la cama y se quedó mirándola.

Se terminó de quitar la poca ropa que le quedaba en la parte de abajo, y se quedó sólo con los boxers.

Mirándola a los ojos podía ver el deseo de Bulma por sentirlo completamente con ella.

Sin dejar de clavar sus oscuros ojos en los de su mujer, Vegeta se acariciaba él mismo su entrepierna mirándola, notando su propia erección.

Este gesto excitó de sobremanera a la chica, su deseo por tocarlo ella iba creciendo indudablemente.

Vegeta sin apartar sus ojos de los de ella, comenzó a masturbarse por encima del boxers, entreabriendo la boca, suspirando y notando como el deseo de Bulma crecía.

Ella no pudo esperar más, estaba muy excitada, así que se incorporó y pasó su mano donde estaba la de Vegeta y acarició la zona que poco después seria rozada con sus labios.

Vegeta cogió su cabeza, acariciándole el pelo, fijando su mirada en la joven.

Le estaba dando una dulce tortura, porque deseaba sentirla completamente, y así estaba consiguiendo que se excitara tanto como lo estaría ella.

La volvió a levantar para extrañeza de Bulma, y la acostó en la cama boca arriba, se situó entre sus piernas y le besó los labios apasionadamente, deslizando así sus manos por sus muslos, subiendo de forma posesiva por debajo del camisón.

Sus bocas estaban completamente unidas sintiendo el sabor de cada uno.

Bulma notaba la erección de Vegeta en su sexo, excitándose de sobre manera haciéndolo notar en sus braguitas, ya bastante húmedas.

La lengua de Vegeta dejó su boca para marcar su cuello, haciendo un recorrido de besos y lametones que la hacían volverse loca de placer.

Sus pechos fueron víctima indiscutible del príncipe, que con mucho deseo rozó con sus labios, succionó sus pezones, impregnando con su saliva los montículos de la chica, para sacarle el mayor partido.

Bulma estaba extasiada, sus manos estaban en la cabeza del guerrero, acariciándole el pelo, y arqueando la espalda por el intenso placer que hacia mucho no disfrutaba.

La chica bajó sus manos por la espalda de Vegeta y las metió en el interior de sus boxers, acariciando así sus glúteos de forma desesperada, intentando pegarlo aún más a ella.

Vegeta como si la hubiera escuchado interiormente bajó su ropa interior, dejando completamente visible su miembro erecto.

Un suspiro de deseo se escapó de la boca de Bulma, quería sentirlo dentro de ella de nuevo.

Imaginando que Vegeta se introduciría dentro de ella, lo miró a los ojos sonriendo.

Equivocada estaba al pensar eso, porque Vegeta cogió él mismo su miembro completamente duro y lo estuvo restregando por el sexo de la mujer.

Arrancando de ella gemidos, y torturándola con esta acción que la estaba haciendo perder el control completamente.

-Vegeta…- Suplicaba entre jadeos. – No me tortures más.

-No es ninguna tortura, mujer. - Dijo susurrando intentando creérselo él mismo. -Quiero disfrutarte.

-Quiero sentirte dentro de mí. – Confesó al fin.

Vegeta al oír eso sonrió de forma victoriosa. Había ganado, la había hecho decir lo que deseaba, y él se lo iba a dar.

Colocó la punta de su miembro en la entrada y hacía el movimiento de entrada y salida, sin llegar a introducirlo por completo.

Bulma no podía más, estaba completamente desesperada, la estaba torturando sexualmente, deseaba tenerlo dentro, sentir su dureza, su fuerza, necesitaba que entrara en ella completamente entero.

Pero una vez más sólo rozó su sexo completamente húmedo y volvió a introducir sólo la punta de su masculinidad.

La joven movía las caderas de forma desesperada e insinuante, intentando por ella misma introducírselo así, pero sus esfuerzos eran en vano ya que Vegeta, completamente excitado también sonreía pícaramente diciéndole con los ojos que sería inútil, que él llevaría las riendas de la situación.

La chica se sentía un ser frágil sin poder hacer nada ante tanta tortura y deseo que sentía.

Notaba las manos de Vegeta en sus caderas y la mirada de él fijada en sus ojos.

Ella misma se acariciaba los pechos y se mordía los labios intentando reprimirse y calmarse.

Estaba al borde del precipicio, esto era muy cruel, necesitaba sentirle pronto o acabaría gritando que la poseyera de una maldita vez.

Cuando Vegeta la vio completamente metida en sí misma intentando estabilizarse, fue cuando la penetró completamente, y de una sola embestida entró totalmente en ella.

Bulma no esperaba esta acción y de su boca escapó un sonoro y deseoso gemido de satisfacción.

Se quedó un momento quieto, contemplando su cara de placer, sin moverse, totalmente dentro de ella.

Bulma le abrazó con las piernas la cintura, y en esta posición comenzó a moverse lentamente, sus movimientos eran menos fuertes pero si más profundos.

Las manos de Vegeta ya no estaban en las caderas de la chica, si no que ascendían hacia arriba rozando levemente sus pechos.

Realmente lo que quería era sujetar sus muñecas e ir entrelazando las manos con ella.

La boca del príncipe se perdió en el suave cuello de la mujer, que solamente se dedicaba a arquearse y a gemir por el grado de satisfacción que estaba consiguiendo.

Comenzó un lento movimiento, entrando y saliendo de ella, mientras lamia su cuello y abría su boca para morderla.

Dejo su marca en el cuello, como tiempo atrás hizo, ese gesto hizo a Bulma convulsionar, y alcanzar rápidamente el orgasmo, soltando irremediablemente varios gemidos de placer.

Vegeta llego a su límite al sentir la boca de Bulma posesionarse de su cuello, y realizar la acción que segundos antes él había hecho con ella.

Se quedaron unos minutos así, con los ojos cerrados, manteniendo la respiración acelerada, respirándose mutuamente en los labios.

No solo habían tenido sexo, si no que habían hecho el amor, recordando esas caricias del pasado que tanto hicieron disfrutar a ambos.

Poco tiempo después Bulma reposaba su cuerpo sobre el firme pecho de Vegeta.

Varias lágrimas se escaparon de sus ojos mojando el torso del guerrero.

El príncipe había estado como en trance, ni se había dado cuenta en que momento la mujer se adueñó así de su pecho y se acostó ahí.

Como era de esperar para salvaguardar su imagen, la aparto de él, siendo algo brusco como de costumbre con esos sentimentalismos humanos como él llamaba.

-¡Vegeta! – Dijo sorprendida al ver la reacción de éste. -¿Qué haces?

-¿No lo ves, mujer? –Respondió bruscamente. – Ya he tenido suficiente relación contigo por hoy, no pienso quedarme para sentimentalismos estúpidos también.

-Pero Vegeta… -Lo miró a los ojos. –Yo pensaba que…

-¿Pensaste qué? –Fijo sus ojos en los de ella mostrando frialdad.- ¿Qué yo soy el estúpido de Yamsha, y que te dirá palabras con sentimentalismos humanos de esos tan estúpidos?

Ante estas palabras tan duras por parte del príncipe, Bulma se sentía completamente destrozada.

Tenía unas inmensas ganas de llorar.

No entendía por qué se portaba de nuevo así, si habían hecho el amor de la forma más romántica y bonita que jamás hubiera imaginado por parte de él.

¿Por qué otra vez la trataba así? ¿Acaso solo había sido sexo para él?

Bulma lo miró a los ojos, esperando ver en alguna parte de esa oscuridad algo de amor, pero Vegeta apartó la mirada y salió por la puerta sin mirar hacía atrás.

La joven se quedó unos minutos como fuera de la realidad, no podía encontrar lógica alguna a este comportamiento de su príncipe.

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¿Otra vez discutiendo? ¿Seguro que el príncipe no ha sentido nada con ese momento hot que han tenido?

Resolveré alguna de vuestras dudas en el próximo capitulo.

Espero que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo.^^

Gracias a las personas que me leen y me dejan su comentario.

Muchos besos y que tengais mañana una feliz entrada de año nuevo y disfruteis mucho.

Saludos , Princessa.