Capítulo 3
La Encantadora Autora
Hikaru Asahina habitaba un departamento en Roma, Italia. Su estancia en Europa atendía a sus estudios de doctorado. Era una novelista prestigiosa del medio local bajo la etiqueta "Forbbiden Love", amor prohibido, rasgo distintivo presente en todas sus novelas, donde el amor se manifestaba como jugoso liquido extraído de una deliciosa fruta, hasta que la fatídica prohibición aparecía como el tiempo para pudrir el bendito fruto de Dios.
La elegancia de su pluma solo era superada por la de su propia persona, culta y de buen gusto. Toda su ropa era de alta costura y sus perfumes solo podían costearse con las regalías de la casa editorial que publicaba sus novelas.
Aquel sábado por la mañana Hikaru hablaba por skype desde su smartphone con Miwa, su madre.
-Hikaru, tienes que regresar a Japón para asistir a mi boda.
-No me la perdería por nada en el mundo -la suave voz de Hikaru siempre parecía una insinuación.
-Te extraño mucho, cuando estuve en Berlin quería hacer escala en Milán y Roma, pero ya vez, con tanto ajetreo me ha sido imposible, ya ansió verte en mi boda-Miwa desconocía el presente de su hijo porque habían pasado años desde la ultima vez que le vio tomar el avión con rumbo a la capital cultural del mundo. Claro esta que ignoraba la existencia de los libros publicados en Italia, y mas importante aun, la autentica existencia de su descendiente, que ya no era un varón sino una mujer. Por ello Miwa reía con jubilo en tanto Hikaru torcía los labios ante la incertidumbre de no saber como reaccionarian los Asahina al verlo. -Quiero obsequiar un vestido a Ema-continuó hablando su madre -ya que estas en Italia ¿podrías comprarlo por mi?, pide a tu novia u alguna amiga que te ayude a escogerlo, quiero sorprender a Ema.
Hikaru vacilo por un instante ante el peso de una verdad inconfesable que saldría a la luz por su propio peso -mamá, yo...-se aventuró a decir, pero no encontraba las palabras, pese a que rondaban por su cabeza desde el primer momento que se supo una mujer.
-¿Si hijo, que pasa?.
- Yo... nada, dime la talla y esta tarde paso a Via Condotti para comprar un vestido digno de nuestra nueva hermanita, sobran vendedoras de buen gusto que me ayuden a escogerlo... cuenta con ello... tengo que irme ya mamá, nos vemos pronto-se despidió con los dedos y una sexy sonrisa, mientras colgaba la vídeo llamada.
"Ah, tu también Hikaru, siempre corriendo"-bufó Miwa.
Hikaru llevaba una camisa blanca de tirantes, su cabello rojo peinado en una coleta y su finísimo rostro impoluto era terso y suave. Miwa siempre dijo que su hijo Hikaru tenía rostro de niño pequeño.
Frente al tocador tenia lugar la transformación del jovencito con rostro afeminado y cuerpo muy delgado, en la bella autora de novelas Asahina. Arregló su apartamento hasta que todo estuvo limpio y en su sitio, para luego tomar una pera del canasto de frutas antes de salir y cerrar la puerta con llave.
Fue al estacionamiento y reviso la guantera para confirmar que llevaba consigo su licencia de manejo, allí estaba. Frente al volante, con los retrovisores en su sitio y una mañana llena de trafico en las angostas calles italianas, Hikaru reflexionaba sobre su pasado en busca de la fuente de su feminidad, que siempre estuvo allí, pero fue hasta que abandonó una sociedad tan costumbrista como la japonesa cuando pudo exteriorizarla, en efecto, Italia le había quitado el yugo para darle su independencia en una sociedad mas abierta. Es asombroso que el ser humano sea capaz de iluminarse en sitios comunes, a pesar de la inercia de un mundo materializta donde seria preferible no pensar en ciertas cosas.
Por fin llegó a su destino.
El campus de la universidad lucia especialmente melancólico con los arboles bañados de otoño y el crujir de las hojas resecas que se deslizaban al compás del viento. Los estudiantes iban y venían en todas direcciones con libros y computadoras portátiles bajo el brazo. La asistente de profesor de literatura, Hikaru Asahina, caminaba por el camino empedrado que conducía hasta el monumental edificio principal de la Universidad de Roma.
Hikaru la autora era; muy hermosa, su cabello rojo ondeaba como las hojas otoñales, y sus ojos de ruby embellecían su magnética mirada sensual. Era delgada, de rasgos faciales finos, nariz afilada y labios pronunciados, busto pequeño pero trasero grande y un porte muy elegante. Siempre sonriente, siempre alegre, comprensiva y clara con sus alumnos, por eso y mucho mas, Marco Veranni, un estudiante, quedo pérdidamente enamorado de ella.
Aquel sábado, los alumnos del profesor Sabella, de la clase de apreciación literaria de América Latina, ansiaban que el profesor se ausentara, pues en esos casos, enviaba a una linda estudiante extrajera de doctorado para impartir la clase. Marco entraba a la clase, sin ser una asignatura que correspondiera a su carrera, ante la sola posibilidad de presenciar la entrada de la suplente por el umbral del salón de clases, y verla de cerca, al frente, desde donde se percibía la dulce fragancia de su perfume de mil trecientos euros.
Para buena suerte de los estudiantes, aquel día Hikaru acudió a impartir la clase. Fiel a su costumbre, la profesora suplente iniciaba el día con una -lamento llegar temprano, es que la sala de maestros es mas aburrida que la clase del profesor Sabella-inmediatamente el salón se inundó en risas -pero bueno, ya que estoy aquí, ¿porque no comenzamos la clase y vamos a almorzar temprano-sonrió con sensualidad.
Escucharla era tan ameno y agradable que en realidad, la clase sobre la influencia de autores chilenos en la literatura iberoamericana se extendió por horas. Para Marco Veranni cada palabra era como un exquisito regalo incrustado en su corazón como una flecha lanzada por la deidad de cupido. Marco, con su desvergüenza europea pero vacilación propia de su edad, había intentado acercarse a Hikaru sin mucho éxito para sus desvaríos amoríos.
La clase terminó. Poco a poco los estudiantes vaciaban el aula hasta que solo quedaron la profesora y el caprichoso visitante.
-Profesora.
-¿Si Marco?.
-Dejeme ayudarla con esos libros, a que son pesados.
-En realidad no.
-Vale si no es por los libros, permitame hacerle compañía hasta su auto.
Hikaru sonrió, pero si realmente pretendía alejar a Marco, mostrar esa magnánima sonrisa no era la mejor de las estrategias, mas era un gesto tatuado en su rostro, esa afable sonrisa fruto de una persona bendita y amable -¿no tienes que ir a clases?
-No tengo materias registradas los sábados-dijo Marco con orgullo viril.
Toda confesión de amor puro es un alago en primera instancia, hasta que se ve frustrado por una dosis de cruel realidad, siempre injusta e irremediable. Hikaru no era una mujer como las demás, por lo tanto, ni su sonrisa ni su perfume, ni su belleza o encanto, la autorizaba a responder al cortejo como una mujer. De modo tal que Marco se había enamorado de la capa exterior de una realidad que ocultaba su verdadera esencia en la intimidad del hermoso andrógino.
-Ve a casa Marco y concentrate en tus asignaturas-Hikaru tomo los libros del escritorio y se dispuso a salir pero Marco la sujeto por la muñeca impidiéndole el paso.
-!LA AMO¡-fueron las desgarradoras palabras del joven.
-Dejate de tonterías, tu conducta es inapropiada en un estudiante.
Marco atrajo el delgado cuerpo de la profesora hacia el suyo, la sujetaba entre sus brazos con firmeza, determinación y locura, para así robarle un beso egoísta.
Hikaru no tuvo tiempo para reaccionar, ese beso era como ya no los hay en el mundo; apasionado, desbordante de amor, dulce y ácido, una suave caricia a la vez que una desvergonzada profanación. La profesora estaba rendida, su corazón se acelero y sus labios cedieron al arrebato del estudiante, su cabeza decía no, pero su corazón gemía la resurrección.
"Que Dios me perdone, pero si ha de existir un paraiso debe ser este"-pensaba Marco al tomar las manos de la profesora y fundir sus labios con los suyos.
La pelirroja aparto al estudiante con un movimiento brusco que nada tenia que ver con la expresión extasiada que desbordaba su rostro -!Basta, esto no puede ser¡
-Tambien me amas.
-¿Que rayos estas diciendo?, tendre que reportarte ante la rectoria de la Universidad, si no te alejas de mi, iré a la policía.
-!Tus labios me han dicho que me amas¡-suplicaba Marco -no puedo sacarte de mi mente, esta pasión esta quemandome por dentro, si no estas conmigo nada tendrá ya sentido, cualquier lugar, cualquier vida, cualquier cosa sin ti sera un crudo tormento, la amo profesora.
Hikaru ocultaba la vista bajo la sombra de su cabello -no, no me ames o saldrás lastimado, algunas personas simplemente tenemos prohibido amar-susurro para si misma, sin percatarse que Marco escucho la ultima frase.
- Solo nuestro amor es irremediable, ¿porque te lastimas de esa forma?, ¿me has escuchado?, te eh dicho que te amo. Si es por la política de la Universidad, ahora mismo voy a claudicar de mis estudios, trabajaré y buscare otras opciones, justo ahora soy capaz de cualquier cosa excepto estar lejos de ti.
-Nada es tan fácil-sonrio Hikaru con sarcasmo mientras salia del aula ocultando sus lágrimas.
A las 10:00 p.m. de ese mismo día la profesora suplente de la Universidad de Roma partía en primera clase rumbo a Japón para asistir a la boda de su madre. Pudo haber partido días después, pero seguía escapando de lo único que realmente no podía escapar, de si misma.
** Me honras con tu lectura :)
Si tienes un tiempecin para comentar, te lo agradecere muchisimo
