Una niña a quien no se le haya apagado el espíritu por la inactividad o se le haya teñido la inocencia con la falsa vergüenza siempre será traviesa.

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Capitulo IV : Equidad

El gris lluvioso y el zarandeo de los árboles, esos milenarios expectantes.

Después de la tormenta era el momento ideal. Kiba, el hijo del líder de la seguridad del gran imperio de la seda, le enseña a Sai las tácticas de guerra y las estrategias que hicieron victoriosos a los triunfadores del los grandes conflictos bélicos. Hinata no puede estar, Hiashi se pondría iracundo y su madre volvería a los eternos planteos de las señoritas y sus modales pétreos. Hinata tampoco puede resistirse a los relatos sanguinolentos, su naturaleza superficial es de una chiquita pacifica, pero el pecho se le agita desconcertado cuando los temas que rodean el aprendizaje son justicia, valentía y sobretodo equidad... esa fascinante palabra. La señal llega luego de la ultima cortina de agua violenta que muta a un chispeo imbécil, cuando, después del té costoso de las tres, Sai le da un leve golpe en el tobillo izquierdo a su hermana algunos meses menor. Todos los dan por niños obedientes que duermen la siesta y es cuando corren con la destreza del griego de maratón hasta finalizar esa amplia secuencia de invernaderos. Kiba los espera y le traspiran un poco las manos vendadas al ver a tan tierna criatura aproximarse hacía él, hacia sus relatos, hacia su sabiduría empírica de niño impulsivo y combativo. También esta Shino, el hijo del capataz de los trabajadores, el permanece como vive: en la neutralidad.

Hinata se arremanga el kimono azul profundo y las buenas costumbres se hunden en el barro boscoso. Los niños juegan al Peloponeso o a Salamina, saben atacar, formarse y defenderse. A Hinata a veces se le vuelve la piel morada y nadie se fija en sus moretones, entonces ella se siente igual, desea que el tiempo se enclave en ese claro. Equidad es la más hermosa palabra.

Los niños reflexionan y planean técnicas, han sabido evadir la guardia como quizá nadie podría. Un día robaron los dangos que aguardaban por el festejo del cumpleaños de Sai. Nadie jamás supo quienes fueron los autores del cometido.

Hubo una ocasión en que Kiba saltó de emoción salpicando al resto, cuando Hinata superó con clase guerrera a Sai con unas katanas fabricadas de madera que se habían creado ellos mismos para batallar. A veces le tomaba la muñeca y le indicaba cuales eran los movimientos claves. Ella, sonrojada obedecía y aprendía a velocidades abismales. Pero el inocente entrenamiento se puso no tan inocente el día que Shino trajo armas blancas de verdad. Su prima se había mudado cerca y era la hija y heredera de los máximos fabricantes de armas. Acero de lujo. Kiba, con el rostro enajenado hacía movimientos, letales para cualquiera, con una en cada mano, Hinata lo observaba en estado de trance. Shino sonrió y Sai abrió en dos la yema de su indice, al apenas rozar el resplandeciente metal, para comprobar su legitimo filo. Las peligrosas rondas se armaron con entusiasmo y por sorteo. En el transcurso de la tarde, Sai dañó seis de sus diez dedos y se dislocó el hombro. Shino por poco se queda sin orejas y Hinata tiene una cicatriz entre la clavícula y el seno izquierdo, que hasta el día de hoy luce como serpiente de carne retorcida. A veces la toca para recordar al autor: Sai. La mano le tiembla cuando la recorre con minuciosa atención en los bordes irregulares y en el final, que paradojicamente forma una S. O quizá a ella le gusta encontrarle forma de S, o quizá ella relaciona a su hermano con todo lo que tiene un final.

El día de los dangos hurtados, fue en el que Kiba con la boca enchastrada comentó que había oído, de boca de su madre, que las legiones romanas se acercaban por la ruta de la seda — Deberían saber que son verdaderas maquinas asesinas—comentó y esa frase todavía le zumba los tímpanos de la Hyuga.

Finalmente llegaron el día del cumpleaños de su hermano. Querían robar el secreto de la seda que los japoneses Hyuga le habían arrebatado a los chinos, ¿era justo?. No hubo dangos, festejos, ni tampoco más enfrentamientos después del té.

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Temari, rozando la impaciencia, le asestó un golpe en la cabeza a su amiga, que se hallaba perdida en los túneles del recuerdo.

—¡Au!—fue la única y quejosa respuesta.

No esperaba que la escuchase. La rubia sonrió con dientes apretados y repitió una vez más la pregunta del millón, detestaba ser reiterativa, pero cuando Hinata sufría ausencias inconexas con la realidad... no había otra forma —¿Que es lo correcto?-—luego divagó con la mirada y se autocorrigió —Fue una pregunta tonta. ¿Quien puede decir que es lo correcto?.

Claro que volver de Asia hacía Roma le tomó unos minutos. Hinata sacudió el cerebro, asesinó sus pensamientos y la observó —¿Yo?. Marchémonos.

—¿Ni siquiera los vas a tener en cuenta?— Temari intentó tomar una uva del plato recién servido y Hinata se lo arrebató a segundos de ser ingerido. La observó con rostro ofendido.

—Mucha gente sufre en Egipto para que unos pocos las coman—explicó y la aplastó con su indice y pulgar— No confío en ellos—luego, por la ceja en alto de su compañera, supo que allí se iniciaba un amplio y prolongado debate.

—Calma Tiziano— bromeó—Esa uva se ve igual en el piso que en mi estomago. El tal Naruto, parece autentico. Y no, no me gusta, así que deja de mirarme con ese rostro, Hyuga. Con respecto a Sasuke... bien, no confiaría ni de mi sombra si esta se ve proyectada cerca de él. Tiene una mirada... no lo sé. Como si los gusanos te comieran la carne en donde enfoca sus ojos. Como un fuego negro...

La aludida cambió de gesto y abrió los ojos —Temari, por favor.

—Pero tienen poder. Mucho poder. Y deberíamos aceptar que una mano... bueno, que una manota de ellos, sería ... no lo sé. ¿Optima?.

Hinata peinó su cabello con la yema de los dedos. Habían sido enviadas a una sala de baño... otra vez. Con agua tibia y perfumada, también con ropa de ensueño. —Es que... es allí es donde me surge la duda. Tienen mucho poder. ¿Para que nos necesitan?.

Temarí estrechó ambas palmas en un aplauso sonoro sobresaltando a Hinata -—Exacto. Tendrán poder, armas y mujeres que le masajean el trasero, pero no tienen tu poder persuasivo—con el dedo indice la empujo suavemente hacia atrás.

Hinata como respuesta torció la boca—Yo no manipulo a nadie. Solo ayudo. Se los debo...

—No es manipulación— bufó—Hasta yo me enamoraría de ti escuchándote recitar— ante el rostro estupefacto de la Hyuga aclaró —¡Es un chiste!. Yo solo estaré enamorada de una sola persona. A pesar de que nunca supe su nombre. ¡Soy ridícula!

Los ojos se le apaciguaron y contempló el agua calma y los mosaicos con dibujos de hombres oscuros— Yo también.

—Hay veces en que me pregunto que tan condenadamente guapo debió haber sido ese tal Kiba para que siempre lo invoques. Volviendo a Sasuke y tu poder de discurso, ¿Crees que el podría convencer a alguien?. Si sé que se ve como un todopoderoso blá blá, pero ¿como lo ves diciéndole al pueblo? "Hola soy Terreo, en realidad el hijo del emperador y quiero que rebelarme ante él" el mismo emperador que se caga en ustedes y su hijo, la misma mierda con otro nombre. Vamos, Tizi.

—Nuestra gente no se enfrentará a las legiones romanas. No nos inmolaremos por una causa ajena. Es un suicidio en masa — aclaró.

Temari asintió —Lo sería, en efecto. Aun así debemos escuchar lo que tienen para decirnos.

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Mordió el pan y lo masticó con ojos apretados. Su lengua se retorcía evitando sentir el sabor rancio y las migajas análogas con piedras casi le lastimaban las encías. —Una mierda—lo arrojó y el alimento rodó hasta Sai, que lo juntó y lo guardo —Es una duda enorme la que me consume cuando me cuestiono como carajo puedes seguir soportando despertar un día mas en esta vida de mierda—su compañero le dedicó una sonrisa gentil. Le recordó a Hinata, a pesar de lucir falsa, el espacio que quedaba entre los labios y los dientes, y la forma en que se arqueaban las cejas prensando la piel que contornea el ojo, era idéntica a la de su hermana. El recuerdo raspaba como el pedazo de pan que se le había atorado en la garganta.

—Una vez mas me estas mirando con rostro extraño.

— Olvídalo— respondió Kiba con vos seca como la arena bajo ellos y volvió su vista al Nilo. En realidad estaba observando su interior.

—La celebración de Min es en dos días. Los he oído programarla. Habrá danzas, bebidas y romanos ebrios.

— Romanos ebrios— coincidió y quedó observando su uñas, luego frunció el ceño y miró a Sai— ¿Min?.

—El dios de la fertilidad. ¿Crees que es prudente hacerlo?.

—No tengo paciencia para esperar "ordenes eficaces" de ese par de niños consentidos— escupió con bronca un resto de pan.

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—Tu hablaras con Sasuke—ordenó Temari severamente y encaminándose a la puerta.

—¿Por qué yo?—cuestionó Hinata siguiéndola.

—Porque, querida amiga mía, te he escuchado dar cátedra a multitudes— le aseguró palmeandole el hombro.

—Pe...pero Temari.

La tomó por la espalda, y repitiendo la escena del carruaje, le susurró antes de empujarla—Sin peros, sin Temaris y sin tartamudear. Sé que puedes.

Hinata ingresó trastabillando a la habitación marmolada, con ropa de hombre un poco más lujosa y el pelo perfectamente acomodado. Ya no había mujeres y Sasuke parecía entretenido en leer algo que parecían papiros. Levantó los ojos neutrales y Hinata sintió los gusanos carnívoros de Temari sobre el rostro. Ya no era burlón, ni soberbio, ni nada, se había vuelto indescifrable. La sospecha de las muchachas se desvanecía y pasaba a convertirse en veracidad: las mujeres, los dichos sexuales a Hinata, todo era una simple provocación que consiguió su objetivo principal, verlas cabreadas y en acción.

—¿Que han decidido?— indagó, mientras buscaba otras hojas.

—No... no — "No tartamudear" se autoreprimió— no se pueden tomar grandes decisiones con tan poca... información.

—¿Que es lo que te interesa saber?— preguntó con esa permanente y nueva frialdad y con los ojos concentrados en su labor.

—El objetivo real—dudó— y los los medios... las formas ... no lo sé... todo.

—El objetivo— se aclaró la garganta mientras doblaba otro papiro—Único objetivo. Bajar a Madara del podio que se ha subido. Yo necesito liberar a mis colegas gladiadores, tu tienes mujeres y esclavos que salvar. Las formas y los medios son grandes legiones. Entrenaremos hasta que nos sangre el culo.

Hinata comenzaba a incomodarle la situación de estar allí parada en el medio de aquel enorme lugar y sentir como le pesaba la indiferencia del gladiador—¿Por qué nosotras?.

Mientras mojaba un dedo para pasar ahora algo así como un libro, la miró—Haré como que no oí esa pregunta.

—Hablo en serio— se animó a decir y tuvo la suerte de que su voz se oyó firme, aunque algo elevada.

—Yo también hablo en serio, no juegues a hacerte la tonta conmigo. Hinata Hyuga, hija del dueño de los campos de seda asiáticos más grandes de todo el puto oriente y de madre occidental. Has guiado, convencido e inculcado educación a enormes masas de gente. Tienes un problema en tu rodilla derecha luego de que te apaleara un hombre por defender a su mujer y a sus hijas de él. Prácticamente nadie sabe que eres mujer. Las mujeres te adoran como a mi. Mi hermana moja sus calzones con solo verte. Eres una aberración para el consulado. Todo lo que mi papá no quiere. Todo lo que necesito. Y la otra, Temari, es letal con las armas ya que sus padres las fabricaban, tiene muchas de ellas. Delicioso acero Japones. Además tiene carácter y sabe cerrar la boca del idiota de mi hermano.

Hinata tuvo que tragar nada para cerrar los labios que se le habían entreabierto. Manejaba mucha y muy buena información. ¿De donde la obtuvo?—¿Naruto es tu hermano?.

—Si, así es como funciona la mala suerte.

—¿Que tienes en contra de Madara?.

—No necesitas saberlo.

—¿Nos usaras para conseguir poder?.

Sasuke se puso de pie y caminó hasta una puerta contigua—No es exactamente poder. No te alarmes, si yo consigo lo que pretendo, ustedes podrán cumplir sus cometidos.

—¿Estas diciendo que si tu llegas a la cabeza del imperio liberaras a los esclavos y protegerás a las mujeres?.

Uchiha asintió—¿De que otra forma crees que ambos saldríamos ganando?.

Aclaró la garganta, era hora de poner los puntos—Uchiha Sasuke, quiero condiciones— debió sonar imponente, pero la voz le tembló de forma leve.

Él le hizo un gesto impaciente— Dilas.

—Esto es una alianza, por ende nos encontramos en forma horizontal y no vertical. No somos tus subordinadas. No somos sumisas y Temari no dudará en revanarte la garganta si llevas a cabo una idea si consensuarla con nosotras.

—Veo que no eres la niña que hacia temblar los racimos de uvas en mi habitación. Me parece justo.

—Tengo una ultima duda— tragó la no-saliva— ¿Qué hay de tus hermanas?.

—Ino es mi hermana y Sakura es mi prima. Ellas también forman parte de esto. Están siendo entrenadas por mi hermano También les dará una mano.

Hinata alzó las cejas y Temari ingresó como una ventisca al lugar —¡No lo necesitamos!— gritó desde la puerta.

—¿Sabes quien es mi hermano antes de bramar como una perra en celo?.

La Hyuga, dió zancadas veloces hasta Temari y le tapó la boca —¿Naruto?— preguntó.

—Mi hermano mayor .

—No tienes hermano Mayor— Dijo la rubia, luego de librarse de la mano de Hinata, habiéndola mordido.

—¿Conoces el gladiador negro?.

—Es mentira— Temari pareció haber visto una aparición. Hinata la miraba sin comprender.

—Sorpresa— ironizó abriendo los ojos — Vengan— ordenó y desapareció por la puerta con papeles en las manos. Luego de mirarse entre ellas, las muchachas lo siguieron con recelo por largos pasillos laberínticos, blancos y exquisitamente decorados —Es importante que memoricen cada sala— explicó. Su voz hacía un eco que le sonó a Hinata a algo así como un dios que daba ordenes desde olimpo.

—Aún no hemos decidido nada— aclaró Temari.

—Como sea— dijo Sasuke abriendo dos grandes puertas. Cuantas grandes puertas, pensó Hinata. Detrás de cada una de ellas siempre había una sorpresa, una más aterradora que la otra. La luz solar se abusó de sus orbes y las chicas fruncieron los parpados. El campo que se abría paso ante ellas era enorme y estaba lleno de hombres fuertes, algunos descansaban en las galerías que rodeaban el predio, la tal Sakura andaba de aquí a allá curando heridas. Enseguida un tipo se acercó a ellos. Era tal cual Sasuke pero más alto, quizá con ojos más amables y pestañas mas largas. ¿Que hacían ellas fijándose en las pestañas del tipo?. El cabello largo y llevaba solo la parte de abajo de su armadura. Los cuatro, encantados y espantados ojos, recorrieron cada curva de su musculatura.

—Finalmente— dijo con una voz que las dejó endulzadas— Temari, Hinata. Es un placer conocerlas— ambas tuvieron unos segundos de muerte cerebral y se codearon entre ellas, volviendose mutuamente a la seria realidad.

Sasuke rodó los ojos —Itachi es mi hermano. Madara no sabe que es su hijo. No pregunten. Es el famoso gladiador negro que entrena a los esclavos que luchan en el coliseo, y a los que están a nuestro favor. Si aceptan nuestra oferta, el les dará el más magnifico entrenamiento.

—Si acepto— dijo Temari con una voz que sonó estúpida. Hinata la pisó. En ese momento Ino ingresó corriendo con un plato lleno de panes dulces.

— Para Tiziano— aclaró con odio, cuando Naruto, enteramente sudado se acercó para tomar uno.

— Vete Ino, molestas— reprochó Sasuke.

— Ella... — dijo Hinata con una voz femenina que pronto supo disimular —ella puede entrenar junto con nosotros.

— ¿Realmente?— preguntó la rubia con suma emoción. Sasuke, con clara molestia miró a Itachi, quien asintió con ojos tranquilos.

—También puede venir Sakura — agregó para suspirar. Naruto e Ino continuaron la guía turística por el lugar. Entonces Itachi, luego de verlos desaparecer, dijo— Ya abras notado el parecido que Hinata tiene con ...

— En dos días hay una celebración en Egipto— interrumpió.

— Sasuke...

— Ya te he dicho que no recuerdo el rostro de nuestra madre.

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Una vez recostadas en la poco cómoda cama de la ínsula, no podían abordar los sueños y fue Temari, con ambos brazos detrás de la nunca, quien se animó a hablar.

—No estoy pensando en firme pecho de Itachi, lo juro. Esto dejó de ser optativo desde que llegamos a los oídos de estos tipos. Saben mas de nosotras de lo que nosotras mismas sabemos. Sasuke supo detectarte en el coliseo. Naruto apenas te tuvo en brazos te pregunto tu nombre. Dejemos de lado las coincidencias. Fueron a nuestro hogar. Nos provocaron. No podemos simplemente irnos y dejar a todos estos romanos locos y forzudos con tanta información a su merced. Debemos aceptar.

Hinata elevó las cejas y suspiró—Parece que...—y aunque lamentaba aceptarlo—Todos los caminos conducen a Sasuke.


Supongo que este fue un poco más largo, se los debía. Realmente les quiero contestar, pero acabo de sacrificar horas de estudio de las culturas mesoamericanas para terminar el capi.

Contestaré algunos rev en sus fics, que tanto me gustan.

Al resto, como siempre, les agradezco de todo corazón, uno por leer y dos por comentar. No hay nada mas lindo que colgar un capi y leer sus comentarios, son la paga y el aliento de seguir con esto.

A los nuevos lectores, bienvenidos. Gracias por considerar semejante locura. Espero leer sus comentarios... ya saben que a cierta cantidad de rev, actualizo.

Lxs Quiero.

Au revoir.