Hi everybody! Acá les traigo el cuarto capítulo. es el cuarto, ¿cierto?
Estoy en una pelea mental, y sabrán de qué se trata el próximo capítulo. Es que no sé si... bueno, no importa. Lo importante es que... bueno, ¡dejen de leer esto y comiencen con el capitulo!

Disclaimer: no soy dueño de dbz— como TODOS saben—, eso es del Toriyama y los de la Toei. Marca registrada de Shueisha ( así se escribía, ¿no?). Lo único mío es la historia, los personajes son de los mencionados anteriormente.


Éste es un estribillo de una canción del año 77, una de mis favoritas. Estaba yo, terminando de escribir el capítulo, pensando en una canción que ponerle acá, y justo di con la indicada, después de escucharla trescientas veces.
Aquí tienen:

Barracuda (fragmento). Heart. 1977

So this ain´t the end —

I saw you again today

Had to turn my heart away

You smiled like the Sun —

Kisses for everyone

And tales — it never fails!

You lying so low in the weeds

Bet you gonna ambush me

You´d have me down on my knees

Wouldn´t you, Barracuda?


Desde que la peliazul había llegado, toda la paz que le había ofrecido el día se había ido por la puerta. Al fin que disfrutaba cinco minutos pacíficos, tenía que llegar el tsunami y barrer todo lo bueno que le estaba pasando.

Hacía mucho tiempo que no la veía. Desde que se había ido con su novio ese día de verano, luego de regresar de Namek. Se había dicho que ya no sentiría nada hacia esa mujer. Meses tratando de convencerse sobre eso. Y cada vez que lo lograba, siempre volvía a caer en lo mismo. Era la primer mujer que lo había amado, y él había sentido lo mismo, o eso creía.

En realidad, había llegado a un punto de no saber si realmente la había amado o sólo la quería por ser la única chica que se había arriesgado a tener "algo "con él. Ella había sido un sentimiento nuevo, algo que siempre había querido sentir. Amor. Eso que en su momento le había hecho que mariposas volaran en su estómago. Había sentido celos de Goku cuando había encontrado una mujer antes que él, pero con el tiempo aprendió que el amor se hacía esperar. Aunque se le hacía difícil esperarlo con su amigo y su esposa revoloteando cerca de él todo el tiempo.

Tal vez por eso había atrapado al primer pez que se le había cruzado por las redes. Un pez azul, chillón pero brillante.

Ahora estaba sentado en una silla mirando su boca sin parar de moverse, largando palabra tras palabra, muchas no tenías sentido. La miraba y cierto brillo salía de sus ojos, pero ese desparecía cuando el novio de ella acotaba alguna cosa. Sí, había ido con su novio. Era otro hombre, diferente del que ella había aceptado después de dejar a Krilin.

Él cerró sus ojos con paciencia, y los abrió viéndola hablar y hablar sin parar. Era hartante. Y además decía cosas que a nadie le interesaban, y el novio hacía como si fuesen geniales. O tal vez él era tan idiota que creía que lo que ella decía estaba bien.

En estos momentos se preguntaba dónde estaba la rubia. La muchacha sin nombre que tal vez lo salvaría de ésta. No paraba de hablar, y si la chica estuviese ahí la callaría en un instante. Pero no, había decidido irse a la habitación de Krilin, y cerrar la puerta para no escuchar la voz chillona de la chica. Maldita sea, cuando más podía sacar a flote su ira de mujer, desaparecía.

—...Y así fue como llegamos aquí. Es que justo vimos una casa y Frank me dijo que tal vez aquí habría alguien. Y si no lo había, podríamos pasar la noche aquí. ¿No es así, cariño?— le decía Maron al novio. Él se reía como idiota.

Krilin estaba harto de todo. Sería mejor estar con ella sola, sin ese idiota que no para de reírse como si le hubiesen extirpado el cerebro.

— ¿Qué tal si vas a buscar algo de gasolina a la estación de servicio, y yo me quedo aquí con Krilin?— el chico asintió con fuerza y salió corriendo de su casa, sin saber — o tal vez sabiendo— que la única gasolinera estaba a más de treinta kilómetros de donde estaban. Les hubiera sido más fácil ir caminando hasta un pueblo, que además quedaba cerca.

Ahora estaba solo con dos mujeres. Y cualquiera diría: "¿Cómo puede estar tan serio con las perfectas MUJERES que tiene en su misma casa?

Y claro, cualquiera no sabía lo que para él significaba.

Apenas quedaron solos, Maron comenzó a hablar sobre los recuerdos que tenía sobre ella y Krilin. Él dio vuelta la silla, quedando el respaldo frente a su pecho, y acostó su cabeza en la silla, escuchando sin importancia.

Por su cabeza pasaban muchas cosas, pero sobre todo una. ¿Cómo podía haberlo hecho sufrir tanto, y luego regresar como si nada hubiera pasado? ¿Acaso no estaba consciente de que lo había dejado refregándole su nuevo novio en la cara, y además lo había engañado con una docena más? Realmente no podía entender cómo había sido tan idiota para aceptar estar con... esa.

Por otro lado, también estaba la clásica pregunta: ¿Qué hombre no querría estar con ella? Eso respondía algunas cosas. Sin pensar en lo mal que ella lo había dejado después de su ruptura, había pasado divertidos momentos. Aunque siempre que la invitaba a reuniones de grupo, "casualmente" era la más importante del lugar.

Celos. Celos por todos lados. Él no se jactaba de ser tan celoso, pero era casi imposible no serlo cuando buscaba a su chica con la mirada y estaba coqueteando con Yamcha. Para su suerte, pensaba Krilin, ya no era suya. Aunque a veces no podía evitar pensar qué habría sido su vida si se casaba con ella.

— ¡Oh! Krilin, recuerdas ese día, cuando éramos novios, — decía jovialmente la peliazul, como si hubiese tenido una brillante idea—en el que estábamos yo y tú en la playa

—Se dice tú y yo—le corrigió el calvo.

—Eso es lo que digo: yo y tú. — Krilin soltó un gran suspiro. "La burra por delante. Jamás mejor dicho" pensaba— Que estábamos en la playa y que dijiste no me acuerdo qué y luego me agarraste y me tiraste en la arena, luego subiste mi...

Él saltó de su silla y la frenó, tapándole la boca. Miró hacia la puerta de su cuarto que estaba cerrada. Por supuesto que se acordaba, pero no era una buena idea andar contando sus intimidades a los cuatro vientos. Esa ocasión había sido una de sus intimidades más privadas, y la muchacha las contaba como si hubiera estado en un picnic campestre con todos sus amigos. ¿Tan poco le importaba?


A18 estaba en el cuarto de Krilin. No había soportado ni un segundo más la vocecita desafinada de la peliazul. Esa voz aguda que casi podía romper todos los vidrios. Además, lo que la había superado era que lo único que decía esa chica eran profundas idioteces. Hablaba como una niña de cinco años, sin vergüenza y sin guardarse nada. Esa chica no tenía ni pudor por lo que andaba "ventilando" acerca de su vida privada.

Era una descerebrada. No creía que hubiese chicas así en el mundo. Ahora lo sabía.

Por lo que estaba escuchando, ella y el calvo habían sido algo. Ahora, ¿quién demonios podría soportar aunque sea dos minutos estando con ese loro azulado? 18 no era de esas personas que escuchaban detrás de las puertas, pero la aparición de esa chica le había hecho querer saber más sobre ella y su relación con el calvo.

Y ahora se preguntaba... ¿Por qué le interesaba el calvo?

"Bueno, a mí no me interesa el calvo, lo que me interesa es saber quién es la idiota que invadió mi casa, nada más" se excusó en su mente.

Se alejó de la puerta y se acercó a la ventana. Miraba hacia los árboles desde hace un mes. Ella no sabía por qué lo hacía, pero había una razón concreta: Esperaba a su hermano. En realidad, no lo esperaba. Esperaba no verlo, nunca más. Pero, ahora que estaba como un demente destrozando ciudades a diestra y siniestra, ella no se podía confiar que no llegaría hasta ese pequeño lugarcito en medio del bosque. Además, a su hermano le gustaba cazar. Si llegaba hasta ahí sería por estar buscando animalitos para matar. Y ellos lo serían si los encontraba.

No le tenía miedo a su hermano. Bueno, en realidad sí. Ok, un poco de ambas. Jamás le tendría miedo a su hermano, pero sin embargo, y aunque ella no quisiera admitirlo, él poseía mayor fuerza que ella. No le gustaba tener batallas con él, ya que siempre ganaba y se lo presumía en la cara. 18 sacudió su cabeza, no quería estar pensando en su hermano.

El estómago le rugió. Jamás le había pasado. Tal vez era por el hecho de no haber comido por tres días. Pero ella ya había pasado más tiempo sin comer en meses anteriores. La comida de ese idiota era adictiva, y le estaba debilitando el estómago. Pero era deliciosa, y no pensaba decírselo. Se alejó de la ventana para salir del cuarto, cuando pasó por el espejo.

Se vio de arriba a abajo, intentando recordar todo lo que había vivido. Hacía tanto que no se miraba al espejo. En el baño de esa choza no había espejo, y el único que había estaba en esta habitación. Pero ella no lo utilizaba para vestirse ni nada por el estilo. Se colocó un mechón de cabello detrás de su oreja. No había cambiado, a excepción de su ropa. Esa que le había dado el hombre en el shopping le había quedado perfecta. Metió su mano dentro del bolsillo y sacó la cápsula con el vestido que le había dado la muchacha de esa tienda. Era un vestido de casamiento, y ahora se daba cuenta de que no creía poder usarlo. Nunca. Se acercó a los cajones y metió la cápsula en uno de ellos, resignada. Sabía que en ese cajón el enano chusma no lo vería. En su mente admitía que se sentiría algo avergonzada si él se llegaba a enterar de que ella tenía un vestido así.

Con pasos fuertes salió de esa habitación, azotando la puerta cuando salió de allí.

— ¡Oh!—exclamó Maron— ¿y esa chica de dónde salió? Hola, mucho gusto, soy Maron. — La peliazul le extendió la mano para saludarla. A18 La miró de arriba a abajo con desprecio. Maron no entendió por qué ella no la saludaba ni la alagaba, como todos.

Directamente, la rubia dirigió su mirada a Krilin, quien se paró de la silla al instante en el que ella salió de la habitación.

—Cocina— le dijo— tengo hambre. — A Krilin eso le pareció raro. Jamás le pedía que cocinara. "Tal vez está celosa de que yo hablo con una chica bonita", pensó el calvo. De pronto a ella le gruñó el estómago. El pensamiento de Krilin se borró de su mente. Simplemente tenía hambre.

—Ahora no, estoy charlando con una vieja... amiga— lo último lo dijo con cierto desgano.

—Me da igual. Yo AHORA tengo hambre.

—Y yo AHORA estoy ocupado. — no le iba a decir que se cocinara ella, por la regla número tres. Tercero. Yo no cocino, cocina tú, le había dicho en esa ocasión.

A18 se cruzó de brazos— estoy muriendo de hambre.

—"Me da igual"— dijo imitando la voz de la muchacha.

— ¿Te estás burlando de mí?— acercó su cara a la de él, desafiantemente. El retrocedió su cara, frunciendo el ceño.

—Mírense. Se ven muy graciosos— acotó la peliazul. A18 levantó la mirada y la miró casi matándola con los ojos. Maron no entendía, y siguió sonriéndole en la cara, lo que enfureció aún más a la androide.

— ¿Gracioso?— dijo ella entre dientes. "Esta chica es una idiota. Se ve que quiere morir rápido. No, mejor la mato lentamente, para que sufra, por estúpida", pensaba.

—Sí... son muy graciosos. Me recuerdan a una pareja que conocí. Uno era un chico alto y muy musculoso, y tenía a una esposa vieja y decadente. ¿Los recuerdas, Krilin? Creo que eran tus amigos. — "Goku y Milk", pensó Krilin. Se aguantó una risita pasajera al escuchar cómo la recordaba a su amiga. —Ustedes se comportan igual. Ella, que no para de gritarle; y él, que no la insulta. Son graciosos. Hacen una hermosa pareja. — Los dos abrieron los ojos sorprendidos. Ahora sí, 18 se aseguraba de una cosa: Ella era idiota, sin lugar a duda. Seguro que le había extirpado una parte de su cerebro para una experimentación.

—Sí, claro, y no sabes cómo— le decía Krilin sarcásticamente. —Nos vamos a casar y toda la cosa.

— ¿En serio?— no se le podía hablar sarcásticamente a esa chica.

—Ya quisieras, idiota—le respondió la rubia, ácidamente. — No te toco ni con un palo de tres metros.

— y yo ni con un puntero láser— le respondió el calvo.

—Oye, tú, la rubia— interrumpió por segunda vez Maron la pelea— a ti te conozco. Te he visto en la tele, hace muchísimo. Como hace siete meses, en las noticias.

A18 iba a responder, de alguna forma que se le ocurriese, cuando algo hizo como un tic, como una vibración extraña que recorrió su mente. Algo la hizo saltar, mover todas sus entrañas y erizar todos sus vellos del cuerpo. Sus pupilas se contrajeron, y movió rápidamente su cabeza hacia la ventana más cercana. Por la ventana se veían algunos árboles que se movían, el viento de pronto se comenzó a mover más rápido, sacudiendo las hojas de las flores que recién surgían de las pequeñas plantas. Las nubes se movían contra el viento. Nada bueno se acercaba, y ella estaba casi segura de saber qué era. O mejor dicho quién...


Krilin miraba a la muchacha. Había reaccionado de forma extraña sin razón aparente. Esperaba una lluvia de insultos después de lo que le había dicho, pero ella quedó estática, mirando por la ventana. Maron se inclinó hasta estar mirando en la misma dirección. Krilin afinó los ojos. Tal vez, esa extraña cosa que hacía que ella mirase por la ventana todas las tardes se estaba acercando.

Mientras la miraba, notó varias cosas. Tenía las manos cerradas, apretando los puños fuertemente, casi se le marcaban las venas. Sus piernas temblaban casi imperceptiblemente. Sus ojos miraban un punto fijo fuera de la casa. Ellos demostraban una mezcla de temor, coraje, fiereza y un nosesabequé que Krilin no lograba percibir. Tenía la boca entrecerrada, apretando los dientes con fuerza.

Krilin enarcó una ceja, dudando de las actitudes que tomaba la rubia. De pronto pudo notar que un árbol de unos treinta metros se caía secamente. Luego se escuchó el disparo de una escopeta

— ¡Lindos animalitos hay por aquí!— gritó un chico bien fuerte. Luego se escuchó un disparo, probablemente de una escopeta.

A Krilin se le erizaron todos los pelos del cuerpo, excepto de la cabeza, porque no tenía. Pero si hubiese tenido, estaría despeinado. Cuando escuchó el sonido que hacía años que no escuchaba, el de una bola de energía chocando contra el suelo, pudo darse cuenta de que era el androide nº17 el que se acercaba a su casita.
Sabía que no podría ganarle ni en un millón de años, ni con toda la fuerza del universo. Si debía pelear, lo utilizaría como último recurso.
Agarró a la rubia del brazo, sacándola de su trance, y la escondió junto a él en su habitación. Cerró la puerta y corrió las cortinas. La muchacha sólo se quedó ahí, luego se sentó en el suelo a esperar.

Krilin no podía evitar pensar que se estaba olvidando algo. Pero no sabía qué era exactamente. Escuchó un árbol que estaba cerca de su casa caerse, y justo en ese momento recordó.
Maron.


A17 venía avanzando tranquilamente, paso por paso, caminando entre los grandes árboles. Cargado con una escopeta calibre 16, y vistiendo un saco de lana importado—según lo habían dicho los de esa tienda que le "regaló" la prenda—.

Caminaba tranquilo, pateando los árboles que se cruzaban por su camino, y cazando animales grandes y feroces que estaban pastando o cazando sus presas en ese lugar y momento.

A lo lejos se pudo divisar una casita, media destruida y parecía abandonada, de no ser porque un extraño brillo, posiblemente el de una televisión, salía desde adentro. Eso quería decir que no sólo había personas, sino que también tenían electricidad. Esa casa podría serle de utilidad, antes de tener que conseguir una. Aunque, estaba muy destrozada, y se fijaría si la necesitaba o no.

Cuando empezó a acercarse a la choza, agudizó su oído, para saber si había alguien adentro. Ni un sonido, a excepción del de la tele. O tal vez las voces eran de personas, y la tele estaba sin sonido. No, debía de ser la tele. Ninguna voz humana sonaría tan rayada y distorsionada. Se notaba que era una televisión de mala calidad, hasta de lejos. Entonces se paró frente a la puerta, apuntándole con el arma.

— Salga quienquiera que esté ahí dentro, o será asesinado brutalmente— gritó. "Aunque, de todos modos, serán asesinados, salgan o no", pensó el joven.

De pronto, se abrió la puerta, no del todo, sólo un poco. De ahí salió una mujer. A17 elevó una ceja, interesado.

— ¿Cariño, eres tú?— dijo Maron. Al salir, miró al joven de cabello negro de arriba a abajo, confundida— tú no eres Frank. ¿Quién eres?

—Eso da igual, ¿o no? Lo que importa es quién eres tú. Vives aquí, ¿Cierto?

— ¿Yo?— se auto señalaba la peliazul— Yo soy Maron. ¿Y tú?

17 sopló hacia arriba.

—Por lo que veo, tú no vives aquí. Una chica como tú jamás podría estar habitando en esta choza.

—Es verdad, yo no vivo aquí. Que chistoso, lo mismo me dijo Frank el día que me pasó a buscar en lancha a Kame House. Esa fue la segunda vez que me pasaron a buscar allá. La primera fue...

17 se preguntaba, ¿estarían hablando el mismo idioma? Claramente, esa chica tenía serios problemas, pero era muy sexi, y no se podía enojar con alguien así.

— ¿Estás sola?

— No, yo tengo novio. Se llama Frank. Aunque también está Jasón, Lucas, Manuel, John. Así que, da igual.

—No me refería a eso...— la chica lo miraba sin entender de qué estaba hablando. Buscó otra forma de expresarle lo que quería decir— Como sea. ¿Hay personas ahí dentro?— él bajó el arma.

En esos momentos, la mente de Maron procesaba la información. Primero, recordó que su madre le había dicho que no debía hablar con extraños. Después, recordó lo de esa página de internet que le decía que no debía darle información personal a nadie que no fuese de su confianza. Idear planes no era lo de ella, por supuesto, pero utilizaría el arma más letal que tenía, después de su belleza. Esa arma se llamaba: razonamiento.

"Veamos. La oración pronunciada por el chico fue: ¿Hay personas ahí dentro? Haber: verbo. Indica la existencia de algo en un lugar específico, refiriéndose a gente y a objetos. Ahí dentro, es la casa. Personas, en un sustantivo. Personas, gente. Gente, alguien en particular. Alguien en particular, sujeto. Sujeto: Sustantivo. Persona que suele llevar nombre y apellido, pero que se es desconocido la información de éste.
Traducción: ¿Está Gente dentro de la casa?"

—Bueno— comenzó a hablar la muchacha—"Personas" no está en esta casa. No hay nadie así, a excepción de mí. Si te estás refiriendo a esta casa, no está, pero puede que esté en OTRA casa.

Osea, no había nadie.

—... está bien. Te dejaré vivir, porque me caes muy bien. Cuídate, hay personas muy malas en este bosque, así que avanza con precaución. — Comenzó a irse por dónde había venido— y otra cosa, ya que querías saber, mi nombre es 17.

— ¡Mucho gusto en conocerte, 17!— Maron agitaba la mano, en señal de saludo— ¡Espero volver a verte! ¿Por qué presiento que ese chico ya lo he visto antes, en la tele? Y ese nombre también... Seguro es del canal 17, de modas. Tiene cara de modelo. ¡Me encanta tu nombre!

Seguido de eso, sonrientemente volvió a ingresar a la casa.

****Ç****

Krilin estaba que no podía salir de su asombro. Había escuchado las "sabias" palabras que había utilizado su ex novia, y lo habían sorprendido. Jamás había escuchado hablar a Maron con tanta precaución, y a la vez expresó la respuesta que quería el androide, pero en otro contexto. ¡Wow! No conocía ese lado de la peliazul.

Salió de su habitación y se asomó por la ventana, cerciorándose de que el androide de cabello negro se hubiera ido. Al ver que ya no estaba, una sonrisa ocupó su rostro. Se acercó a Maron y la abrazó. Luego la felicitó por su forma de actuar y usar su inteligencia que, al parecer, tenía oculta. Muy oculta dentro de sí, en un rinconcito pequeño de su cerebro, lleno de telarañas.

—Eres un genio. Te luciste

—Gracias, Krilin. Nadie me había dicho eso.

De pronto alguien tocó la puerta, y se escuchaba un auto afuera. Era Frank.

—Ya me tengo que ir, pero gracias por dejarme estar aquí unos momentos.

Krilin le abrió la puerta— No, gracias a ti.

— ¿Por qué?

—Por evitar que ese androide me quebrara todos los huesos que tengo, y por volverme más resistente.

— ¿Ante qué?

—Las mujeres.

Luego de eso, Maron lo saludó y se marchó con Frank. Él miraba el auto irse, siguiendo el curso del viento y el sol, que se movía al oeste. Luego entró a la casa. Y aunque había sido una gran visita, no quería volver a verla. "A veces es necesario evitar y olvidar, para poder ir hacia adelante. Pero sin olvidar las enseñanzas, porque todo lo malo te deja una." Pensaba Krilin, mientras se ponía a trabajar con las verduras.


Otra vez, en la misma situación. Era como un Dejà Bu. Una semana, nada más, había durado la amistad entre ellos dos. Otra vez, Krilin se quería tirar a un pozo, y no regresar, para ver si esa chica que aún no le dice su nombre aprende a hacer algo por sí sola.

Al parecer, el hobbie de ella era hacerlo enfurecer. Al parecer, le había encantado el verlo sacando chispas y humos por la cabeza la semana anterior, y ahora quería que se repitiese. Para desquitarse, él entrenaba a escondidas de ella, pero, sin saber cómo, ella siempre lo encontraba. Y como si fuera un deporte, se ponía a insultarlo y señalarle los defectos que tenía. Claro, ella si peleaba, nadie no podía marcarle lo que hacía mal, porque según ella "todo lo que hace está bien".

Él no quería odiarla, porque algo le decía que no era conveniente tenerla de enemigo, pero esa tarea se le hacía más difícil cuando ella lo molestaba y/o insultaba.

Krilin estaba tirado boca arriba en su cama. Eran las tres de la madrugada, y la rubia no salía del baño desde hacían unas dos horas. Dudaba de que si estuviera allí dentro todavía, o por lo menos estuviera viva. Tal vez estaba meditando su situación actual, él ya lo había hecho antes, aunque no en el baño.

Apenas ella había ido al baño, él se había encerrado en su habitación. Siempre había sido de él, pero ella desde que había llegado se la había usurpado. Y claro, como no quedaba otro lugar, él tenía que dormir en el sillón. Eso era una injusticia bárbara.

Se levantó de la cama al escuchar que el cerrojo del baño se movía. Cuando salió, casi choca contra ella, que estaba saliendo del baño. Y al ser el pasillo tan angosto, estaban bien cerca. Él le dirigió una mirada de odio, y ella una fría e insensible. Luego cada uno fue para un lado diferente. Él para el living, y ella a la habitación.

Se sentó en el sofá y cambió de canal. No había nada para ver, y menos a las tres de la mañana. La mitad de los canales estaban sin programación, y otros ofrecían programas informativos. Él bostezó, pero no se quería ir a dormir. Algo no le permitía dormirse, es como si su mente se hubiera arreglado para no dormir.

Entonces un fuerte golpeteo irrumpió en la casa. La puerta de entrada se sacudía por los golpes que algún hombre, seguramente bien macho y del triple de alto y ancho que Krilin, estaba dando. Casi se podía ver cómo la madera se iba rasgando, por poco atravesaba la puertecilla de pobre calidad.

El calvo pensó si se trataría del androide, o tal vez el otro androide, el supuesto hermano de nº17, estaba ahí. Tomó valor y se acercó a la puerta.

Al abrirla, los golpeteos cesaron. Krilin quedó estático analizando a la figura humana de esa persona que había estado golpeando la puerta. Por lo poco que se veía gracias a la oscuridad nocturna, él pudo distinguir mínimos detalles.

Tenía unas botas de tela, simples pero fuertes, y se notaba que habían sido muy usadas. Estaban gastadas por la cantidad que había caminado con ellas. Subió sus ojos. Tenía un pantalón que se metía dentro de las botas. Era grande y holgado. Siguió subiendo. Ahora sí que se sorprendió. Eso que tenía era... ¿un kimono? Lo traía corto, para poder moverse mejor, al parecer. Con los brazos cubiertos, y un pañuelo amarillo atado a los hombros. Miró el rostro, estaba oscuro, pero era imposible no reconocer al sujeto. Con el cabello atado, que a diferencia de veces anteriores, en una coleta. Un flequillo irrumpía en su cara, tapando su frente. Sus ojos brillaron de felicidad, y una gran e inmensa sonrisa se dibujó en su cara.

— ¡Milk!— gritó con locura.

— ¿Krilin?— preguntó ella. Entonces lo miró detenidamente, por unos segundos. — ¡Krilin!— y saltó a abrazarlo con fuerza, casi sacándole el aire.

Él la hizo entrar, pero antes, sacó la cabeza y miró hacia todos lados, exclamando:
— ¿Alguien más quiere venir? ¿Alguno más encontró mi casa y quiere pasar? ¿Me voy a tener que mudar otra vez? ¿No? Bueno. — Y cerró la puerta. Dentro de la casa encendió las luces, que estaban apagadas.

A18 escuchó el escándalo. Se levantó de la cama y asomó su cabeza por la puerta, pasando desapercibida. Esperaba no ver a la peliazul otra vez, pero se encontró con una sorpresa al ver a la muchacha que había sido asesinada por su hermano. Ella misma lo había visto. No podía ser posible, estaba muerta. Tenía que salir de ahí, si la veía la reconocería. Cerró suavemente la puerta, y luego salió por la ventana.

—¿Cómo llegaste hasta aquí?— le dijo en buen tono el petiso.

—Bueno— dijo, le dio un sorbo al té que había servido su amigo, y prosiguió— estaba buscando algún animal para cazar, cuando me descubrí a mí misma corriendo como una loca porque un puto jabalí me perseguía. Hubiera acabado con él de no ser por ese maldito tigre. Bueno, el caso es que estaba corriendo, cuando vi a mi derecha una casita. Toqué la puerta lo más despacio que pude, y tú me abriste. —"¿despacio? sí, claro" pensaba el hombre. — Pensé que estaba muerto. Ya sabes, por lo de Freezer y el ataque fulminante.

—Y yo pensé que tú estabas muerta. Roshi me dijo que los androides te habían matado. —"Ese Roshi, más chusma que un programa de chimentos de la tarde" pensaba con odio la mujer.

—Si pude casarme y tener un hijo con el hombre más fuerte del universo, luego soportar que un alien verde se lo llevara, más tener que aguantar a todos su amigos raros y salidos de la sociedad que tenía casi viviendo en casa, pude soportar el criar a un sayajin y cuidar al idiota de su padre, los ataques de los malditos sayajins que querían destruir la tierra y encima vivíamos en el medio de la nada misma, a mí, un pobre ataque no me va a eliminar.

Esa mujer era la viva imagen de la inmortalidad. Se veía joven, y más linda, fuerte y jovial. Podía resistir el ataque de los androides, y poder vivir para contarlo. Pero, de todas formas, Krilin quedó pensando en una frase. "¿Dijo que nosotros éramos amigos raros y salidos de la sociedad?"

—Wow, Milk, eres muy fuerte— dijo el pelón

— ¿y tú? mira cómo estás. Estás más fuerte que cuando te vi por última vez. ¿Vives solo?

— De hecho, no. — No quería tocar ese tema, pero tenía que hacerlo. —Vivo con una chica. No te emociones, no somos nada. Y espero que jamás lo seamos. Es una chica, linda, rubia, ojos azules, todo bien hasta ahí. El problema es la forma de ser. Me trata como si yo fuera su mascota. Quiere que haga la comida, que limpie la casa, y además no deja de insultarme por todo. No la soporto más. No dejo de esperar el día en el cual ella se vaya de esta casa.

Milk estaba sorprendida, no creía que existieran mujeres así. Pero, en cierta forma, sabía cómo se sentía.

—Ahora me entiendes— le dijo ella, apoyando una mano sobre la pierna de él— Claro, todos dicen que Goku era muy bueno y todo eso, pero ellos no estaban casados con él. La esclava de la cocina, así me auto etiquetaba. Aún no sé si él me veía como su esposa, o como la cocinera esclavizada del hogar. Pero, sabes qué, cuando Goku se fue, aunque yo no quería verlo más, cuando desapareció sufrí, y mucho. Te doy un consejo, valora la compañía que tienes, porque no sabes cuánto va a durar, ni cuándo se va acabar. Si esa chica se va, verás que todo es diferente. Te lo digo por experiencia.

Krilin le sonrió a la mujer de su mejor amigo. Tal vez tenía razón.

Al rato ella se tenía que ir, él le dio algunas reservas de comida y se marchó. Él apagó la tele y se acostó en el sofá, pero sin dormirse. Quizá debía darle una oportunidad a ella, para poder ser amigos. Después de todo no eran tan diferentes. O mejor dicho, no eran tan iguales. Pero, de todas formas, era algo así como una persona especial para él.

Pero sólo la quería como amigos. Jamás tendría algo con ella, si ya estaba en el infierno conviviendo juntos, de amor ni hablar ni pensar.
Amigos, nada más.


Gracias por leer! El próximo capítulo vendrá el lunes. Gracias a los que me siguen. Leo todos los comentarios y realmente les agradezco. No los contesto porque... no hace falta. En general, gracias a todos!